El mes de mayo es el elegido para la celebración del sacramento de la Confirmación en la Catedral de Sevilla. Durante las cinco Eucaristías que tendrán lugar en la seo hispalense los viernes del mes mariano, se calcula que serán más de un millar las personas, jóvenes y adultas, que recibirán este sacramento con el que se cierra el ciclo de iniciación cristiana. Este dato plantea también varias cuestiones relacionadas con el día después de la Confirmación, en un momento en el que la Iglesia espera que la madurez cristiana se traduzca en un mayor compromiso.
Las confirmaciones que se celebrarán en la Catedral son sólo una muestra palpable de la importante tarea catequética que previamente se ha venido desarrollando en parroquias, colegios, comunidades o hermandades. En 2024, último año escrutado, fueron 13.021 las personas que recibieron el sacramento de la Confirmación en la Archidiócesis de Sevilla. Una cifra que mantiene los registros postpandemia, y que supera en 1.351 el número de los que recibieron ese año su primera comunión. Lejos quedan los 26.476 confirmados en 2017.
En el Catecismo de la Iglesia Católica se establece que la Confirmación vincula de manera más estrecha a los fieles con la Iglesia, dotándolos de una fortaleza especial para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras. Esta gracia, que completa la iniciación cristiana junto al Bautismo y la Eucaristía, arraiga al creyente más profundamente en su filiación divina, fortaleciendo su identidad y compromiso como testigo de Cristo.
Participación proactiva en la Iglesia
Los últimos pontífices han hecho referencia explícita a esta unión que se debe establecer, de forma más estrecha, entre los fieles y la Iglesia tras la recepción del sacramento. León XIV destaca que la Confirmación fortalece el sacerdocio común recibido en el Bautismo. Por su parte, el papa Francisco advirtió que el primer anuncio no termina al comenzar la iniciación cristiana, sino que debe reiterarse permanentemente. En la audiencia general del 30 de octubre de 2024, el Santo Padre instó a los feligreses a entender este sacramento como una invitación a participar proactivamente en la Iglesia.
0Al recibir la Confirmación el cristiano se compromete a vivir su fe activamente. El sacramento no es un término, un final, un proceso que se cierra. Al contrario. Óscar Díaz, vicario episcopal para la Nueva Evangelización, tiene clara la respuesta: “Pues ahora, Hechos 2, 42: Vivir la fe en la comunidad cristiana. Los hermanos perseveraban en las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. O sea, lo fundamental”.
Entre la mayor implicación y el alejamiento de la Iglesia
Díaz apunta que lo normal sería una incorporación plena en la comunidad eclesial. Pero ¿qué sucede hoy día en la práctica? El vicario para la Nueva Evangelización señala que “en ocasiones el confirmado no se involucra del todo tras recibir los sacramentos, cuando debería ser justo al contrario”.
Como se reitera desde el magisterio de la Iglesia, la Confirmación debería ser el inicio de una implicación más activa, no puede ser un rito más. ¿Y dónde puede estar el punto de inflexión? Óscar Díaz reitera algo evidente: Depende mucho de la formación y el contacto con la comunidad, “porque si uno se prepara por libre o lejos de una parroquia, se hace complicada la vinculación a una comunidad”, advierte.
Testimonio, catequesis y primer anuncio
No está de más reiterar las veces que sean necesarias, y en ese empeño persevera el responsable de la Catequesis en la Archidiócesis, que la Confirmación supone un fortalecimiento en el espíritu, “igual que ocurrió en Pentecostés con los apóstoles”, apunta. Eso conlleva fortaleza para vivir la fe y simboliza un compromiso personal más consciente, “porque tú has elegido la fe y debes dar testimonio”. Consecuentemente, la Confirmación implica madurez y participar de manera más activa en la Eucaristía, en la comunidad, con aplicaciones directas en las decisiones relevantes de la vida. Pero eso no es todo. Óscar Díaz añade que el sacramento “nos hace ser más responsables como testigos, llevando a la vida pública nuestra fe”.
En el Encuentro Nacional de Laicos, que se celebró en Madrid del 16 al 18 de febrero de 2024, se abundó en la necesidad de conectar catequesis con primer anuncio, dar un carácter “más kerigmático” a los procesos catequéticos y pasar “de una Iglesia que pone el énfasis en la administración de los sacramentos a una Iglesia evangelizadora, centrada en el kerigma, en la que la recepción de los sacramentos sea una consecuencia del primer anuncio y no una rutina pastoral”. Por lo tanto, “el anuncio central del Evangelio ha de traducirse en procesos de aproximación e iniciación cristiana que favorezcan el encuentro con Jesús”.
Con todo, no debemos caer en la tentación de querer ver un resultado inmediato. Como han reiterado los obispos, esa es tarea del Espíritu, que es el protagonista de la evangelización. Quizás haya que cambiar algunos clichés erróneamente establecidos, según los cuales la Confirmación pasaba por ser algo parecido a un “rito de paso”. Como apuntó el papa Francisco, tiene que ser vista como una activación del compromiso del creyente, que “no solo se siente parte de la comunidad, sino que también se responsabiliza de su desarrollo y bienestar”.
Gracias, catequistas
A la pregunta sobre lo que debe haber tras la Confirmación sólo cabe responder con más Iglesia, más misión, implicación, testimonio, etc. Dicho de otro modo, más madurez, y la aceptación de un papel activo en la tarea evangelizadora de la Iglesia. ¿Estamos todos preparados para este cambio de conceptos? En esta línea se trabaja, y aquí cabe destacar la labor de miles de personas que consagran su tiempo en parroquias, colegios y demás instituciones eclesiales de la Archidiócesis, a la catequesis, a la educación en la fe de niños, jóvenes y adultos.
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