Solidaridad con los Santos Lugares

Carta del arzobispo con motivo de la Jornada por los Santos Lugares, el Viernes Santo.

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo 22 de abril, Viernes Santo, al mismo tiempo que contemplaremos en la liturgia la epopeya grandiosa del amor inefable de Jesucristo por la humanidad, derramando hasta la última gota de su sangre por nuestra salvación, celebraremos también la Jornada por Tierra Santa, un día de oración y de ayuda a nuestros hermanos cristianos que viven en la tierra de Jesús y custodian los lugares santos que nos recuerdan su paso por la tierra.

En los últimos años, unas veces de forma continuada y otras de modo intermitente, estamos asistiendo con gran preocupación a la catarata de agresiones mutuas entre Israel y algunas facciones del pueblo palestino. Hemos conocido episodios de una crueldad inusitada, que han producido un alto número de víctimas, entre ellas niños inocentes. El Papa Benedicto XVI, en distintos momentos, ha clamado a favor de la paz, señalando que “la opción militar no es una solución y la violencia, venga de donde venga y bajo cualquier forma que adopte, ha de ser firmemente condenada”.

La herida que parece no cerrarse nunca agudiza el problema de la emigración, que inexorablemente priva a la minoría cristiana palestina de sus jóvenes, sin duda las mejores razones para mirar con esperanza al futuro. La tierra que fue cuna del cristianismo corre el peligro de quedarse sin cristianos. Por ello, me siento en el deber de apelar a la sensibilidad de los fieles de nuestra Archidiócesis pidiéndoles que recen por la paz en aquella tierra bendita, al tiempo que les extiendo la mano en demanda de auxilios económicos para nuestros hermanos cristianos de Palestina, que en nuestro nombre cuidan los Lugares Santos. Lo hago con gratitud, pues en el año 2010 nuestra Archidiócesis, a pesar de no figurar a la cabeza de las Diócesis españolas en renta per cápita, ha respondido generosamente a esta llamada, figurando entre las primeras de España, después de Madrid, Valencia y Barcelona, en contribuir a esta noble causa. Gracias por ello de corazón.

Ya San Pablo, en los inicios de la vida de la Iglesia, organizó una colecta a favor de la comunidad de Jerusalén, en la que participaron todas las iglesias fundadas por él. El Apóstol motiva esta colecta diciéndonos que si de aquella comunidad cristiana hemos recibido tantos bienes espirituales, es justo que nosotros les sirvamos con los bienes materiales (Rom 15,27). Como nos ha dicho recientemente el Santo Padre Benedicto XVI comentando este hecho, “la colecta expresaba la deuda de sus comunidades hacia la Iglesia madre de Palestina, de la que habían recibido el don inefable del Evangelio”.

La comunidad cristiana en Tierra Santa es pequeña: 175.000 cristianos, fragmentados en 18 iglesias o confesiones cristianas, con diversos idiomas, credos y liturgia. Y todo ello en medio de seis millones de judíos y más de tres millones de musulmanes. Por ser una minoría y además dividida, es un grupo marginal y marginado. Por ello, siente la tentación permanente de la emigración, que en los últimos años ha sido fortísima y constante, hasta el punto de que no faltan quienes piensan que en los próximos años la tierra de Jesús podría quedarse sin cristianos que hagan presente a Jesucristo, su Evangelio y su Iglesia y colaboren con los Padres Franciscanos en la custodia de los Santos Lugares. Además de pequeña, la comunidad cristiana en Tierra Santa es pobre. Más del 50 % de los cristianos palestinos viven por debajo del umbral de la pobreza, mientras el paro alcanza al 70 % de la población.

Por todo ello, es de todo punto necesario ayudar a la antigua y siempre joven porción de la Iglesia que vive en Tierra Santa; a la educación de sus niños y jóvenes; a los matrimonios jóvenes y a las familias para que tengan una vivienda digna y cuenten con servicios sociales y puestos de trabajo; a la promoción de la mujer para que salga de su marginación; y a los ancianos que carecen de servicios sociales, jubilación y sanidad. Es necesario también colaborar para mantener los santuarios que nos recuerdan el paso del Señor entre nosotros, encargo que cumplen de modo admirable los Padres Franciscanos.

La colecta por Tierra Santa establecida por el Papa Martín V en el año 1421 y confirmada por los todos los Romanos Pontífices posteriores, tiene lugar cada Viernes Santo mientras adoramos la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Ruego pues a los sacerdotes y también a los religiosos con iglesias abiertas al culto público que la realicen con todo interés, pues tiene el carácter de imperada y pontificia. Les pido además que inviten a los fieles a ser generosos por amor a la Tierra del Señor, por amor al Señor en definitiva y a aquellos hermanos nuestros de los que hemos recibido tantos y tan grandes bienes espirituales. Pueden utilizar para ello algunos de los términos de esta carta.

Deseándoos un final fructuoso de la santa Cuaresma, para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla  

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