Pro Terra Sancta

Carta pastoral de Mons. Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, para la Colecta Pro Terra Sancta.

A los párrocos, religiosos con cura

de almas y responsables de

iglesias y oratorios

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo 29 de marzo, Viernes Santo, al mismo tiempo que contemplaremos en la liturgia la entrega total del Señor por la humanidad, derramando hasta la última gota de su sangre por nuestra salvación, celebraremos también la Jornada de Tierra Santa, un día de oración y de ayuda a nuestros hermanos cristianos que viven en la tierra de Jesús y custodian los lugares santos que nos recuerdan su paso por la tierra.

En los últimos años, estamos asistiendo con gran preocupación a la catarata de agresiones mutuas entre Israel y el pueblo palestino. Hemos conocido episodios de una crueldad insólita, que han producido un alto número de víctimas, entre ellas niños inocentes. La Santa Sede, en distintos momentos, ha clamado a favor de la paz, señalando que la opción militar no es una solución y la violencia, venga de donde venga y bajo cualquier forma que adopte, ha de ser firmemente condenada.

La herida que parece no cerrarse nunca agudiza el problema de la emigración, que inexorablemente priva a la minoría cristiana palestina de sus jóvenes, sin duda las mejores razones para mirar con esperanza al futuro. La tierra que fue cuna del cristianismo corre el peligro de quedarse sin cristianos. Por ello, me siento en el deber de apelar a la sensibilidad de los fieles de nuestra Archidiócesis pidiéndoles que recen por la paz en aquella tierra bendita, al tiempo que les extiendo la mano en demanda de auxilios económicos para nuestros hermanos cristianos de Palestina, que en nuestro nombre cuidan los Lugares Santos. Lo hago con gratitud, pues en año 2012 nuestra Archidiócesis, a pesar de no figurar a la cabeza de las Diócesis españolas en renta per cápita, ha respondido generosamente a esta llamada, figurando entre las primeras de España en contribuir a esta noble causa. Gracias por ello de corazón.

En los inicios de la vida de la Iglesia, San Pablo organizó una colecta a favor de la comunidad de Jerusalén, en la que participaron todas las iglesias fundadas por él. El Apóstol motiva esta colecta diciéndonos que si de aquella comunidad cristiana hemos recibido tantos bienes espirituales, es justo que nosotros les sirvamos con los bienes materiales (Rom 15,27). Efectivamente, la colecta expresaba la deuda de sus comunidades hacia la Iglesia madre de Palestina, de la que habían recibido el don inefable del Evangelio.

La comunidad cristiana en Tierra Santa es pequeña: 175.000 cristianos, fragmentados en 18 iglesias o confesiones cristianas, con diversos idiomas, credos y liturgia. Y todo ello en medio de seis millones de judíos y más de tres millones de musulmanes. Por ser una minoría y además dividida, es un grupo marginado. Por ello, siente la tentación permanente de la emigración, que en los últimos años ha sido fortísima y constante, hasta el punto de que no faltan quienes piensan que en los próximos años la tierra de Jesús podría quedarse sin cristianos que hagan presente a Jesucristo, su Evangelio y su Iglesia y colaboren con los Padres Franciscanos en la custodia de los Santos Lugares. Además de pequeña, la comunidad cristiana en Tierra Santa es pobre. Más del 50 % de los cristianos palestinos viven por debajo del umbral de la pobreza, mientras el paro alcanza al 70 % de la población.

Por todo ello, como nos ha indicado el Cardenal Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, en carta fechada el 8 de febrero pasado dirigida a los Obispos, es de todo punto necesario ayudar a la antigua porción de la Iglesia que vive en Tierra Santa en la educación de sus niños y jóvenes, facilitado a los matrimonios y a las familias viviendas dignas, servicios sociales y puestos de trabajo; trabajando por la promoción de la mujer para que salga de su marginación; y a los ancianos que carecen de jubilación y sanidad. Es necesario además colaborar para mantener los santuarios que nos recuerdan el paso del Señor entre nosotros, encargo que cumplen de modo admirable los Padres Franciscanos.

La colecta por Tierra Santa tiene el carácter de imperada y pontificia. Fue establecida por el Papa Martín V en el año 1421 y tiene lugar cada Viernes Santo mientras adoramos la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Ruego pues a los sacerdotes y también a los religiosos con iglesias abiertas al culto público que la realicen con todo interés y que la envíen a la Administración Diocesana. Les pido además que inviten a los fieles a ser generosos por amor a la Tierra del Señor y a aquellos hermanos nuestros de los que hemos recibidos tantos y tan grandes bienes espirituales. Pueden utilizar para ello algunos de los términos de esta carta.

Deseándoos un final fructuoso de la santa Cuaresma, para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

Sevilla, 20 de marzo de 2013

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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