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Cristo ha resucitado: La Catedral de Jaén celebra con gozo y esperanza la Vigilia Pascual

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El Sábado Santo ha comenzado en el coro de la Catedral de Jaén con el Rezo de Laudes. Una jornada de profundo silencio, ante el misterio de la sepultura del Señor. Un día para acompañar a María en su dolor, alimentando la esperanza en la resurrección de Cristo.

Asimismo, a las 22.30 horas, la Vigilia Pascual ha reunido en la noche santa a numerosos fieles en el primer templo diocesano, para celebrar, con gozo y esperanza, que la luz ha vencido a las tinieblas, que Cristo ha resucitado.  

En el interior del templo, junto a la Puerta del Perdón, se encontraba el brasero que contenía el fuego nuevo que bendecía el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez. Posteriormente, tras la incisión de la cruz, del alfa y el omega y de los otros signos en el Cirio, incrustó los cinco granos de incienso, en recuerdo de las llagas del Señor. Culminaba el rito encendiendo el Cirio Pascual, símbolo de la vida y la resurrección.

Con el Cirio encendido, el diácono permanente D. Manuel Rico encabezó la procesión hasta el presbiterio, con el templo totalmente a oscuras.  Lo seguía un seminarista con el báculo, el Obispo, algunos Canónigos de la Catedral, y otros sacerdotes, los seminaristas, los ministros y los niños que iba a recibir las aguas del bautismo, junto con sus padres y padrinos. Cerraba la comitiva los fieles reunidos en esta solemne celebración. 

De camino hacia el altar mayor se entonaba tres veces «Luz de Cristo», mientras se levantaba el Cirio. En el primer canto, el Obispo encendía su candela. Tras entonar el segundo, uno a uno, todos los congregados encendieron las suyas. Una vez en el presbiterio, se pronuncia el tercer «Luz de Cristo», mientras se encendían algunas luces del templo y el Cirio Pascual se instalaba junto al ambón.

El Deán de las Catedrales de Jaén y Baeza, D. Francisco Juan Martínez Rojas, fue el encargado de cantar el pregón Pascual. Le siguieron siete lecturas, con sus salmos. A continuación, con el canto del Gloria se encendieron todas las luces del templo y los seminaristas vistieron la mesa del altar. Después, las campanas volteraron, anunciando que Cristo ha resucitado. Tras la lectura de la Epístola, se entonaba el Aleluya. Y, finalmente, el diácono permanente Manolo Rico proclamaba el Evangelio de San Lucas.

De forma especial, participaron en esta celebración la primera comunidad del Camino Neocatecumenal en Jaén, que completan su itinerario de preparación. Fueron los propios neocatecumenales los que acompañaron toda la liturgia con sus cantos.

Homilía
El Obispo quiso comenzar su homilía recordando el sentido profundo de la Vigilia Pascual: «Esta es la noche santa, la más sagrada de todas las noches. Esta es la noche en la que Cristo, rompiendo las ataduras de la muerte, resucitó victorioso del sepulcro. Esta es la noche que nos devuelve la vida, que nos arranca de las tinieblas y nos hace caminar en la luz. Esta es la noche donde todo cambia: el dolor se transforma en gozo; la cruz, en triunfo; y el sepulcro, en fuente de vida».

Asimismo, Don Sebastián quiso hacer alusión a las palabras de la primera carta de San Pablo a los Corintios, la confesión más antigua y más importante de la fe cristiana: «“Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras; se apareció a Cefas, y luego a los Doce…” ». Para subrayar que «este es el corazón del cristianismo: la resurrección del Crucificado».

Además, recordó que «esa fe no nació de la tumba vacía. Nació del encuentro». Para añadir: «Hoy celebramos una irrupción de Dios en nuestra historia. Dios ha intervenido. La muerte ha sido vencida. El pecado ha sido redimido. Y la esperanza ha sido abierta para todos».

Del mismo modo, el Pastor diocesano, haciendo referencia al Evangelio de San Lucas, sobre el relato de las mujeres que acuden al sepulcro, subrayó que: «La piedra más pesada de todas, la de la muerte, ya ha sido removida por Cristo». En este sentido Don Sebastián quiso invitar a los fieles a reflexionar sobre nuestras propias piedras, en lo que creemos perdido, en nuestras heridas… «Y ahora escuchemos la voz que retumba en el alma: “No temáis. Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí”. Esa tumba vacía es la señal: ¡La vida ha vencido!» Y continuó: «Pidamos a María que nos ponga con su Hijo Resucitado. Que nos dé la gracia de recibir su consuelo. Que sepamos descubrir las piedras que ya fueron corridas por Él, y las que todavía debemos confiarle para que las mueva».

Monseñor Chico Martínez quiso felicitar, también, a la primera comunidad Neocatecumenal de Jaén, que en la celebración ha concluido su largo itinerario de fe, con la renovación de las promesas bautismales. «Los vemos revestidos con la túnica blanca de los bautizados, signo de la vida nueva en Cristo, al alcanzar con gozo la meta de un camino que ha durado más de cuarenta años. Nos unimos a su alegría y damos gracias a Dios por la obra que Él ha realizado en ellos». Además, les recordó que esta culminación «no es un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa en vuestra vida de fe. Con la madurez en la fe que habéis alcanzado, estáis llamados a ser, más que nunca, testigos del Resucitado en medio del mundo».  

Para concluir el Obispo ha añadido: «que en nuestro corazón resuenen siempre estas palabras que lo cambia todo: ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!».  

Sacramento del Bautismo
Tras la homilía, el diácono permanente portó el Cirio Pascual hasta la pila bautismal, donde Don Sebastián bendijo el agua. Allí se bautizó a los dos pequeños: Fernando, Pedro y Ana.

A continuación, los fieles que estaban participando en la Vigilia Pascual renovaron las promesas bautismales. Se unieron, de manera significativa, y en el altar, la comunidad del Camino Neocatecumenal que ha culminado su itinerario de preparación. Y, con las candelas encendidas, al igual que el día de su Bautismo, el Obispo fue asperjando a todos los presentes.

Posteriormente, en la oración de los fieles se pidió de manera especial por Fernando, Pedro y Ana, que acaban de recibir el Bautismo, y por sus padres y padrinos. Las ofrendas fueron presentadas ante el Obispo las familias de los neófitos.

Tras la bendición final, el Obispo quiso desear una feliz Pascua de Resurrección a los fieles y felicitar a las familias de los niños recién bautizados, por el sacramento recibido. Del mismo modo, ha querido tener palabras de cariño para la comunidad del Camino Neocatecumenal.  La celebración culminaba cantando el Regina Coeli y unas fotos de familia.

Galería fotográfica: «Vigilia Pascual 2025»

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Mensaje del arzobispo de Sevilla en el Domingo de Resurrección

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Mensaje del arzobispo de Sevilla en el Domingo de Resurrección

Mensaje del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, con motivo del Domingo de Resurrección de 2025.

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Mons. Saiz: «El mundo necesita cristianos firmes, vivos, alegres, entregados»

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Mons. Saiz: «El mundo necesita cristianos firmes, vivos, alegres, entregados»

El trascoro de la Catedral de Sevilla ha acogido desde las once de la noche la celebración de la vigilia pascual, celebración central de la fe cristiana, que ha presidido el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses. Como el arzobispo ha destacado al inicio de su homilía, «esta es la noche santa, la madre de todas las vigilias, la noche en la que el Resucitado ha vencido el pecado y la muerte, y ha abierto para nosotros las puertas de la vida eterna».

La vigilia comenzó en la Puerta del Príncipe de la seo hispalense, donde el fuego iluminó el cirio pascual, del que se encendieron las velas que portaban las personas que han participado en el acto. Ya en el trascoro se procedió a la lectura de pasajes bíblicos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo hasta la victoria de Cristo.

Entre los asistentes a la vigilia se encontraban 175 hermanos del Camino Neocatecumenal, pertenecientes a las siguientes comunidades: 1ª de la parroquia Nuestra Señora de los Ángeles y san José de Calasanz, de Dos Hermanas; 2ª Comunidad de la parroquia Nuestra Señora de los Remedios, de Sevilla; 2ª Comunidad de la parroquia san Antonio María Claret, de Sevilla; 2ª Comunidad de la parroquia san Pablo, de Sevilla; 5ª Comunidad de la parroquia Sagrada Familia, de Sevilla. Todos ellos, «después de un largo y profundo itinerario de fe», renovaron solemnemente sus promesas bautismales. Además, recibieron el sacramento del bautismo dos niños que, como destacó el arzobispo, «naciendo a la vida nueva de los hijos de Dios».

Cuando pasaban ocho minutos de las doce de la noche se hizo la luz en el interior del templo metropolitano y repicaron las campanas de la Giralda. Este fue el signo visible del gran acontecimiento de la historia: La luz ha vencido a las tinieblas, Cristo ha resucitado.

El arzobispo comenzó su homilía destacando el solemne motivo del encuentro en la Catedral: «Celebrar la victoria del Señor, su paso de la muerte a la vida, su triunfo sobre las tinieblas del pecado. Esta noche luminosa nos envuelve con el fuego nuevo, con la Palabra viva de Dios y con el agua que regenera, como signos sacramentales de la presencia gloriosa de Cristo entre nosotros».

«Vuestra presencia aquí esta noche es una luz, un signo de esperanza para la Iglesia»

Posteriormente se dirigió a los padres de los dos niños que han sido bautizados esta noche: «Queridos padres y padrinos, esta noche Dios os confía un tesoro inmenso. Al presentar a vuestros hijos al Bautismo, los ofrecéis al Señor para que Él los transforme, los selle con su Espíritu y los haga hijos suyos. Esta decisión implica una gran responsabilidad: ser los primeros catequistas, los primeros testigos del Evangelio para vuestros hijos. La familia es la primera iglesia, la primera escuela de fe, el lugar donde se aprende a amar a Dios y al prójimo».

También ha tenido palabras para los hermanos del Camino Neocatecumenal que han renovado sus promesas bautismales: «después de años de catequesis, de convivencia, de sufrimientos y alegrías, habéis llegado al momento de la renovación solemne de vuestro Bautismo. En medio de una sociedad secularizada, a menudo indiferente a Dios, vuestra presencia aquí esta noche es una luz, un signo de esperanza para la Iglesia».

«La Pascua no es solo para aquellos que se sienten fuertes en la fe»

Monseñor Saiz Maneses ha subrayado que la resurrección de Cristo «no es una idea, no es un consuelo piadoso». Al contrario, se trata de «un hecho real, acontecido en la historia, que ha cambiado el rumbo del mundo». En esta línea, ha afirmado que «la Pascua no es solo para aquellos que se sienten fuertes en la fe; es, sobre todo, para los heridos, para los que buscan, para los que se sienten frágiles. Esta noche -ha añadido-, la piedra del sepulcro ha sido removida también para ti, que quizás vienes cansado, con dudas, con heridas. El Resucitado no te reprocha, sino que se acerca a ti con sus llagas gloriosas, como a Tomás, y te invita a tocar, a creer, a comenzar de nuevo». En consonancia, ha animado a los presentes a que no dejen que esta Pascua pase como «una celebración más de un año más»: «Vivid como resucitados, renovad de modo incesante vuestra fe, salid al encuentro del hermano. El mundo necesita cristianos firmes, vivos, alegres, entregados. Al final de esta noche, saldremos a nuestras casas, a nuestros barrios, a nuestras responsabilidades. Pero no saldremos solos. El Resucitado viene con nosotros».

«La fe, si no se anuncia, se marchita. El amor, si no se comparte, se enfría», ha destacado el arzobispo, que a renglón seguido, y para finalizar  su homilía, ha pedido que no nos avergoncemos de Cristo, porque «Él no se avergonzó de vosotros».

«Un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo…»

La liturgia marcó a continuación la ceremonia de bautizo de dos niños, Lourdes y José, en la capilla de San Antonio de la seo hispalense. Seguidamente, 175 miembros del Camino Neocatecumenal renovaron sus promesas bautismales, concluyendo de esta forma un largo itinerario de fe.

RETRANSMISIÓN del acto en el canal de la Catedral en youtube

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mensaje del arzobispo de Sevilla con motivo del Domingo de Resurrección

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«Tras la peregrinación de la Patrona por siete parroquias del centro histórico, aún queda mucho Año Jubilar»

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NoticiaVictoria, Gloria a Ti

Publicado: 20/04/2025: 30

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Victoria, Gloria a Ti

El Domingo de Resurrección, el Hermano Mayor de la Victoria de la Victoria, Miguel Orellana, se acercaba de nuevo a los micrófonos del podcast VICTORIA, GLORIA A TI para hacer balance de los que había supuesto la peregrinación de la imagen de la Patrona de la ciudad y la diócesis de Málaga por siete parroquias del centro histórico, y vislumbrar en el horizonte los actos aún previstos en este Año Jubilar que concluirá el próximo 8 de septiembre. Aquí pueden escuchar le podcast.

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Domingo de Pascua de Resurrección 2025 (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá, obispo de Málaga, en la Misa celebrada en la Catedral el Domingo de Pascua de Resurrección 2025.

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN

(Catedral-Málaga, 20 abril 2025)

Lecturas: Hch 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4; Lc 24, 13-35). 

Resucitar con Cristo

1.- El libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrece hoy el discurso del apóstol Pedro en casa del centurión Cornelio. El contenido de su mensaje constituye la exposición más completa de su predicación kerigmática, es decir, del núcleo del Evangelio; y, aunque reelaborado por Lucas, refleja lo fundamental de la primera predicación cristiana: la proclamación de la obra salvífica de Jesús (cf. Hch 10, 34-41), su mandato misionero (cf. Hch 10, 42), y el acuerdo con las promesas (cf. Hch 10, 43).

Refiriéndose a Jesús de Nazaret lo describe como el «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10, 38).

2.- Al igual que los discípulos directos de Jesús, los cristianos del siglo XXI somos testigos de su obra redentora, confesando su muerte en cruz y su resurrección (cf. Hch 10, 39-40).

Cristo resucitado se nos aparece en nuestro camino, como se apareció a los discípulos de Emaús, quienes escucharon su enseñanza (cf. Lc 24, 27) y lo reconocieron al partir el pan (cf. Lc 24, 30-31).

Muchas veces me he preguntado, queridos fieles, por qué el Señor Resucitado no se apareció a quienes la habían condenado a muerte (Pilato, Anás y Caifás, Sanedrín y quienes gritaban «crucifícalo»), para demostrarles que realmente él era Hijo de Dios y que ellos reconocieran que estaban equivocados. ¿Por qué no se aparece Jesús a ellos, para rebatirles de su error? Porque Jesús no se apareció a todo el pueblo, «sino a los testigos designados por Dios» (Hch 10, 41); solo a quienes tenían fe en él. Si tenemos fe, podremos contemplarlo resucitado.

3.- La Pascua de Señor es nuestra esperanza. Resucitados con Cristo en el bautismo, debemos seguirlo con una vida santa, caminando hacia la Pascua eterna, sostenidos por la certeza de que las dificultades de la vida, las pruebas y los sufrimientos, incluida la muerte temporal, no podrán separarnos de él ni de su amor. Nuestra vida no termina con la muerte temporal, porque estamos llamados a la vida eterna.

La resurrección de Cristo ha creado un puente entre la vida temporal y la eterna, por el que todo ser humano puede pasar, para llegar a la verdadera patria (cf. Benedicto XVI, Domingo de Pascua 2009). ¡Resucitemos con Cristo, hermanos! Atravesemos ese puente, que es Cristo resucitado.

En la Eucaristía está presente el Señor resucitado y nos purifica con su misericordia de nuestras culpas; nos alimenta y nos infunde vigor para afrontar las duras pruebas de la existencia y para luchar contra el pecado y el mal. Cristo es el camino seguro de nuestra peregrinación hacia la morada eterna del cielo; no hay otros caminos, ni otras sendas.

Por eso hoy se nos exhorta a resucitar con Cristo y aspirar a las cosas del cielo: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios» (Col 3, 1).

4.- El apóstol Pablo nos recuerda nuestra tarea: «Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra» (Col 3, 2). Hemos «nacido» para este mundo, pero hemos «renacido» para la vida eterna; por eso hemos de tender, como meta, a los bienes eternos.

Hemos de aspirar a la vida con Cristo: «Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios» (Col 3, 3). La fe cristiana es fe en la vida, porque Jesús vive glorioso y resucitado, tras pasar por la experiencia de la muerte y desvelarnos su misterio. Así lo ha atestiguado y transmitido siempre la Iglesia; y así lo confesamos y proclamamos los cristianos de hoy.

Creer en la resurrección es apostar por la vida frente a la muerte; por el bien frente al mal, por el amor frente al odio, por la verdad frente a la mentira, por la justicia frente a la injusticia.

En Cristo, Vida y Amor han triunfado para siempre. La muerte, el pecado, el odio, la injusticia, la violencia han quedado sometidos de manera definitiva. Cristo ha resucitado y nosotros con Él; ésta es la certeza que celebramos en la Pascua.

5.- El «Aleluya» que hemos entonado y cantaremos durante todo el tiempo pascual será el canto de alegría, de alabanza y de esperanza por la resurrección del Señor. Toda la Iglesia repite estas palabras: «Cristo ha resucitado!». Después de morir y ser sepultado, al tercer día Jesús fue devuelto a la vida por el poder de Dios; y de ello nosotros damos testimonio. Al igual que los apóstoles y discípulos fueron los testigos de los primeros tiempos de la Iglesia, nosotros somos los testigos de hoy.

En esta verdad se asienta la fe de la Iglesia; aquí radica y nace la humanidad nueva, que vive en esperanza y edifica un mundo nuevo, donde se vive el amor y habita la justicia.

Y no podemos silenciar esta verdad, aunque no nos comprendan o nos vituperen, porque es la gran esperanza que las personas necesitan. El ser humano puede vivir en la esperanza de la victoria de la vida, del bien, de la verdad, de la belleza, de la justicia, de la paz y del amor.

¡Cantemos con gozo y exultemos de alegría por la victoria de la Vida sobre la muerte; por la victoria de Cristo sobre el mal! ¡Resucitemos con él! Os invito a saludarnos con la felicitación pascual «Feliz Pascua».

La Virgen María, que vivió junto a su Hijo Jesús, nos ayude a vivir el don de la Pascua y a ser testigos fieles y gozosos del Señor resucitado. ¡Feliz Pascua a todos! Amén.

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Castril acoge esta Semana Santa un grupo de jóvenes universitarios de la Fundación San Pablo CEU

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Castril acoge esta Semana Santa un grupo de jóvenes universitarios de la Fundación San Pablo CEU

Han ayudado al párroco en las celebraciones del Triduo Pascual

 Este triduo Pascual la diócesis de Guadix acoge en Castril a un grupo de la pastoral universitaria de la Fundación San Pablo CEU de toda España para celebrar, junto la parroquia y sus anejos, la Semana Santa. Para muchos va a ser un primer contacto con las celebraciones de estos días y no se podía haber elegido mejor forma de hacerlo que sirviendo. Vienen acompañados del sacerdote Jesús Zurita, capellán de CEU de Madrid, quien dirige y forma a los chicos a lo largo de estos días. Cuentan también con la ayuda del párroco de Castril, Mario García, y de Maika Fornieles, directora corporativa de Pastoral y Voluntariado de CEU, y delegada de Apostolado Seglar de la diócesis de Guadix.

Durante estos días, los jóvenes han participado en el Viacrucis, en la preparación de los oficios, han explicado los distintos momentos del Triduo Pascual al pueblo, han pasado la noche en oración ante el monumento y, sobre todo, han convivido con los feligreses de Castril y les han llevado el mayor regalo que han recibido, el amor de Dios.

Además de en Castril, también están ayudando en Fátima y Almontaras, para que, así, ninguna de las pedanías de los alrededores se quede sin oficios.

Desde que llegaron, el pueblo se ha volcado y se siguen volcando con ellos, haciéndoles sentir como en casa.

Están agradecidos al obispo, D. Francisco Jesús Orozo, por acogerlos en la diócesis y, por supuesto, a Dios por la oportunidad de estos días. Esperan volver a Madrid habiendo acompañado a Jesús en su Pasión y con la alegría de la Resurrección en sus corazones.

Pastoral universitaria de la Fundación San Pablo CEU

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Restaurado el Nazareno de la parroquia de Alfacar

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Hoy Viernes Santo sale en procesión, tras su intervención dado el “crítico estado”.

La Sagrada Imagen del Nazareno, atribuida a José Risueño (1665-1732), en Alfacar hace hoy Viernes Santo su estación de penitencia luciendo su reciente restauración.

Este Nazareno, que representa a Jesús cargando con la cruz a cuestas camino del Calvario, hubo de ser intervenido dado el “crítico estado” en el que se encontraba, tras tres siglos de culto de la Imagen. “El estado crítico aconsejó una rápida intervención a la que el ayuntamiento, en coordinación con la hermandad y la parroquia respondió rápidamente”, informó el consistorio.

Los trabajos de restauración, a cargo de los presupuestos 2024 del ayuntamiento, fueron encargados a Adrián José Ruiz Álvarez, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada, Máster en Historia del Arte: conocimiento y tutela del Patrimonio Histórico por la Universidad de Granada y Grado en Conservación y Restauración de Bienes culturales por la Universidad de Granada; y a Andrea Ortega Escobar, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada y Grado en Conservación y Restauración de Bienes culturales por la Universidad de Granada.

Ambos han realizado otros trabajos de restauración como la de piezas para la exposición de Torcuato Ruiz del Peral, Santiago Matamoros de la iglesia de Santa Ana en Granada y la Virgen de la Humildad de Guadix.

Estos trabajos, realizados en los últimos seis meses, se han centrado en el refuerzo estructural de la peana, las articulaciones y el cierre de grietas. También se ha fijado la policromía, se ha limpiado el barniz y la suciedad eliminando algunos repintes y se han estucado las pérdidas nivelándolas con la policromía original.

La Sagrada Imagen, que sale hoy Viernes Santo en procesión para su estación de penitencia, recibe culto desde hace tres siglos y preside uno de los retablos laterales de la parroquia de la Asunción de Alfacar.

“La señal del cristiano es la Santa Cruz”: Homilía en la celebración de la Pasión del Señor

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la celebración de la Pasión del Señor, el 18 de abril de 2025, en la S.A.I Catedral.

Queridos sacerdotes, seminaristas, diácono,

Queridos hermanos y hermanas,

Estamos celebrando de esta manera tan sencilla, como pide la liturgia, la Pasión del Señor. Cuyas partes, os he anunciado al principio. Una primera parte de escucha de la Palabra de Dios, que nos da el sentido de lo que celebramos. Y hemos escuchado la pasión según San Juan, la que se lee todos los Viernes Santo.

Los libretos de la Pasión fueron los primeros textos del Evangelio. Y hemos escuchado también la voz profética del libro de Isaías en uno de los cantos del siervo de Yahvé, donde nos describe cómo era el siervo, cómo iba a ser el siervo. Esto que los judíos no supieron descubrir en Jesús. Esperaban un Mesías glorioso, triunfador. Y resulta que Jesús, tomando el título del Hijo del Hombre, con el que siempre se llama a sí mismo, tomado del profeta Daniel, pero carga sobre Él toda la teología y todo lo que ha expresado el libro de Isaías. El sufrimiento vicario, que es tomar nuestros pecados. Cargar sobre sí nuestras culpas para librarnos.

Él toma nuestro lugar. Sus heridas nos han curado. Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador. Enmudecía y no abría la boca. Nos ha ido describiendo de manera anticipada, siglos antes, los rasgos de la Pasión del Señor. No supieron verlo así los sumos sacerdotes. Le recriminan a Jesús que se llame el Hijo de Dios. Cómo va a salir de Galilea algo bueno. Como tú, que eres un nazareno, te atribuyes a ti mismo la condición divina.

Y es el diálogo que el evangelista San Juan nos ha ido mostrando en las semanas previas, las dos semanas previas, a la celebración del Triduo Pascual. Pero ese Jesús, el Hijo de María, ese Jesús de Nazaret, ese Jesús que se manifiesta humilde y sencillo, y que recorre los caminos de Galilea, ese Jesús inerme es el Hijo de Dios. Nada más y nada menos.

Y esa es la grandeza del misterio cristiano. Después hemos escuchado la proclamación del Evangelio de Juan, la Pasión. Con los personajes que en ella intervienen y que todos y cada uno nos da una lección. Nos muestran actitudes humanas que también son las nuestras de cara al Mesías, de cara a Jesús. Hemos visto cómo San Juan va mostrándonos el sufrimiento de Cristo. Hasta esa hora suprema de la entrega. Hasta esa hora suprema en que derrama su sangre por todos nosotros, de su costado abierto. Ante esa hora suprema en que siente que todo está consumado y nos da a María, su Madre.

El evangelista Juan, cuando se refiere a la Virgen, en palabras de Jesús… Siempre nombra a María en dos escenas una en las bodas de Caná y otra en la cruz con el nombre… No le dice Madre, no le dice María, le dice mujer. Porque María es la nueva Eva. Y Juan, cuyo evangelio tiene una profunda carga teológica, sobre todo el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, y un sentido ritual… Nos está mostrando que María es la nueva Eva. Que el discípulo la acoge como algo suyo.

María es inseparable del misterio de Cristo. Hacer un recorrido por la Pasión es aprender los rasgos fundamentales del misterio cristiano. ¿Qué amor nos ha tenido el Padre para mostrarnos así su amor en la entrega de su Hijo? Y el sentido teológico de lo que se celebra en la pasión nos lo ha mostrado la Carta a los Hebreos, una carta escrita para cristianos perseguidos.

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nosotros. No. Sino que se ha hecho igual a nosotros, excepto en el pecado. Por tanto, nos dice el autor de la carta de los Hebreos: “Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y ser socorridos en el tiempo oportuno”. Pero se va al meollo de la entrega de Cristo. Su obediencia. Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, nos dirá San Pablo. Con gritos y lágrimas, al que podía salvarlo de la muerte.

Pero aprendió obedeciendo. Aprendió con el dolor y el sufrimiento. Y ahora, ¿qué le damos nosotros a Cristo? ¿Cuándo contemplamos con el corazón en la mano todo lo que Cristo ha hecho por nosotros? ¿Qué has hecho tú por Cristo? ¿Qué haces tú, cristiano, cristiana, por Cristo? ¿Qué hago yo, cristiano, obispo, por Cristo? Aquí está lo que nos queda a nosotros por decir. Y este día del Viernes Santo es una buena ocasión para ello.

Con este sentimiento ahora haremos nuestras las necesidades de todos los hombres, para interceder por ellos, como Cristo en la cruz. Para interceder por todos y cada uno de los que sufren. Y después, como hemos ido repitiendo a lo largo del Via Crucis en la Cuaresma: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”. Y lo que era un instrumento de ignominia y de condena, lo hemos convertido porque así lo ha asumido Cristo, el instrumento de la victoria.

Y es la señal para el cristiano. Así lo decíamos en el catecismo, ¿Cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la Santa Cruz, ¿por qué es la señal del cristiano es la Santa Cruz? Porque en ella murió Jesucristo para redimir a los hombres. No os de vergüenza la cruz de Cristo. No la escondáis. Llevadla con orgullo, con sentido de fe.

Hay gente a la que le molesta la cruces en nuestros caminos, en los sitios públicos, ¿a quién ofende la cruz? Es la muestra de la reconciliación, del amor, del que nos abraza en la misericordia de Dios. Y después, hoy no hay celebración de la Eucaristía. Recibiremos el cuerpo del Señor custodiado en nuestros monumentos y al que hemos adorado en la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo.

Vivamos esto con sentido de fe. Démosle gracias a Dios por poder participar. Después las procesiones son la manifestación pública de esa fe que aquí se celebra. Porque en la liturgia está presente el mismo Cristo. Nos habla, se nos muestra. Estamos viviendo el misterio cristiano en su esencia.

Que la mujer, la nueva Eva. María, nuestra Madre. La que hemos recibido como algo nuestro, nos acompañe para vivir el misterio de la Resurrección, habiendo pasado por la meditación de la Pasión.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

18 de abril de 2025
S.A.I Catedral de Granada

“La señal del cristiano es la Santa Cruz”: Homilía de Mons. José María Gil Tamayo en la celebración de la Pasión del Señor

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la celebración de la Pasión del Señor, el 18 de abril de 2025, en la S.A.I Catedral.

Queridos sacerdotes, seminaristas, diácono,

Queridos hermanos y hermanas,

Estamos celebrando de esta manera tan sencilla, como pide la liturgia, la Pasión del Señor. Cuyas partes, os he anunciado al principio. Una primera parte de escucha de la Palabra de Dios, que nos da el sentido de lo que celebramos. Y hemos escuchado la pasión según San Juan, la que se lee todos los Viernes Santo.

Los libretos de la Pasión fueron los primeros textos del Evangelio. Y hemos escuchado también la voz profética del libro de Isaías en uno de los cantos del siervo de Yahvé, donde nos describe cómo era el siervo, cómo iba a ser el siervo. Esto que los judíos no supieron descubrir en Jesús. Esperaban un Mesías glorioso, triunfador. Y resulta que Jesús, tomando el título del Hijo del Hombre, con el que siempre se llama a sí mismo, tomado del profeta Daniel, pero carga sobre Él toda la teología y todo lo que ha expresado el libro de Isaías. El sufrimiento vicario, que es tomar nuestros pecados. Cargar sobre sí nuestras culpas para librarnos.

Él toma nuestro lugar. Sus heridas nos han curado. Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador. Enmudecía y no abría la boca. Nos ha ido describiendo de manera anticipada, siglos antes, los rasgos de la Pasión del Señor. No supieron verlo así los sumos sacerdotes. Le recriminan a Jesús que se llame el Hijo de Dios. Cómo va a salir de Galilea algo bueno. Como tú, que eres un nazareno, te atribuyes a ti mismo la condición divina.

Y es el diálogo que el evangelista San Juan nos ha ido mostrando en las semanas previas, las dos semanas previas, a la celebración del Triduo Pascual. Pero ese Jesús, el Hijo de María, ese Jesús de Nazaret, ese Jesús que se manifiesta humilde y sencillo, y que recorre los caminos de Galilea, ese Jesús inerme es el Hijo de Dios. Nada más y nada menos.

Y esa es la grandeza del misterio cristiano. Después hemos escuchado la proclamación del Evangelio de Juan, la Pasión. Con los personajes que en ella intervienen y que todos y cada uno nos da una lección. Nos muestran actitudes humanas que también son las nuestras de cara al Mesías, de cara a Jesús. Hemos visto cómo San Juan va mostrándonos el sufrimiento de Cristo. Hasta esa hora suprema de la entrega. Hasta esa hora suprema en que derrama su sangre por todos nosotros, de su costado abierto. Ante esa hora suprema en que siente que todo está consumado y nos da a María, su Madre.

El evangelista Juan, cuando se refiere a la Virgen, en palabras de Jesús… Siempre nombra a María en dos escenas una en las bodas de Caná y otra en la cruz con el nombre… No le dice Madre, no le dice María, le dice mujer. Porque María es la nueva Eva. Y Juan, cuyo evangelio tiene una profunda carga teológica, sobre todo el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, y un sentido ritual… Nos está mostrando que María es la nueva Eva. Que el discípulo la acoge como algo suyo.

 

María es inseparable del misterio de Cristo. Hacer un recorrido por la Pasión es aprender los rasgos fundamentales del misterio cristiano. ¿Qué amor nos ha tenido el Padre para mostrarnos así su amor en la entrega de su Hijo? Y el sentido teológico de lo que se celebra en la pasión nos lo ha mostrado la Carta a los Hebreos, una carta escrita para cristianos perseguidos.

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nosotros. No. Sino que se ha hecho igual a nosotros, excepto en el pecado. Por tanto, nos dice el autor de la carta de los Hebreos: “Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y ser socorridos en el tiempo oportuno”. Pero se va al meollo de la entrega de Cristo. Su obediencia. Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, nos dirá San Pablo. Con gritos y lágrimas, al que podía salvarlo de la muerte.

Pero aprendió obedeciendo. Aprendió con el dolor y el sufrimiento. Y ahora, ¿qué le damos nosotros a Cristo? ¿Cuándo contemplamos con el corazón en la mano todo lo que Cristo ha hecho por nosotros? ¿Qué has hecho tú por Cristo? ¿Qué haces tú, cristiano, cristiana, por Cristo? ¿Qué hago yo, cristiano, obispo, por Cristo? Aquí está lo que nos queda a nosotros por decir. Y este día del Viernes Santo es una buena ocasión para ello.

Con este sentimiento ahora haremos nuestras las necesidades de todos los hombres, para interceder por ellos, como Cristo en la cruz. Para interceder por todos y cada uno de los que sufren. Y después, como hemos ido repitiendo a lo largo del Via Crucis en la Cuaresma: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”. Y lo que era un instrumento de ignominia y de condena, lo hemos convertido porque así lo ha asumido Cristo, el instrumento de la victoria.

Y es la señal para el cristiano. Así lo decíamos en el catecismo, ¿Cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la Santa Cruz, ¿por qué es la señal del cristiano es la Santa Cruz? Porque en ella murió Jesucristo para redimir a los hombres. No os de vergüenza la cruz de Cristo. No la escondáis. Llevadla con orgullo, con sentido de fe.

Hay gente a la que le molesta la cruces en nuestros caminos, en los sitios públicos, ¿a quién ofende la cruz? Es la muestra de la reconciliación, del amor, del que nos abraza en la misericordia de Dios. Y después, hoy no hay celebración de la Eucaristía. Recibiremos el cuerpo del Señor custodiado en nuestros monumentos y al que hemos adorado en la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo.

Vivamos esto con sentido de fe. Démosle gracias a Dios por poder participar. Después las procesiones son la manifestación pública de esa fe que aquí se celebra. Porque en la liturgia está presente el mismo Cristo. Nos habla, se nos muestra. Estamos viviendo el misterio cristiano en su esencia.

Que la mujer, la nueva Eva. María, nuestra Madre. La que hemos recibido como algo nuestro, nos acompañe para vivir el misterio de la Resurrección, habiendo pasado por la meditación de la Pasión.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

18 de abril de 2025
S.A.I Catedral de Granada

Granada queda en silencio ante el Cristo de los Favores

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En la hora nona, que conmemora el momento de la expiración de Jesucristo en la cruz, durante el rezo de las cinco llagas en el Campo del Príncipe el Viernes Santo.

A las 3 en punto de la tarde sonó el cornetín en el Campo del Príncipe, ante el Cristo de los Favores en piedra, y en Granada se hizo el silencio. Es la hora en la que cada Viernes Santo, en este corazón del barrio del Realejo, se conmemora el momento de la expiración de Jesucristo en la Cruz.

La oración de las cinco llagas volvió a congregar a cientos de granadinos para participar en esta liturgia a pie de calle, precedida del rezo del via crucis, dirigido por el párroco de la iglesia de San Cecilio, D. Juan Manuel Molina.

Ante el Cristo de los Favores y la Sagrada Imagen de la Soledad de Nuestra Señora, que llegó en procesión desde la iglesia de Santo Domingo con su Cofradía del Señor de la Humildad, se rezaron las 14 estaciones del via crucis y, después, la tradicional oración de las cinco llagas de Jesús.

En este “lugar de encuentro con Jesús” cada Viernes Santo, como se refirió el arzobispo D. José María al Campo del Príncipe para esta Oración, Mons. José María Gil Tamayo oraba al Cristo de los Favores por distintas intenciones: “Al Cristo de los Favores, como arzobispo de Granada, le pido por los más necesitados, por los más pobres de Granada, para que superemos las brechas que nos dividen ideológicamente, pero también materialmente. Pidamos por los enfermos. Le pido por los enfermos, especialmente por los que están ya desahuciados, para que no pierdan la esperanza. Le pido por los jóvenes, para que encuentren empleo y un porvenir mejor. Un empleo y un trabajo que en Granada no esté manchado por la droga. Le pido por que las raíces cristianas de Granada, que se manifiestan en el Campo del Príncipe en esta tarde. Y le pido para que haya una vivienda digna para todos los jóvenes granadinos, para que puedan formar un hogar estable y seguro. Padre nuestro que estás en el cielo…”.

ORACIÓN CINCO LLAGAS

En la Oración de las cinco llagas se rezó también por la paz en el mundo y los misioneros; por los pueblos de todo el mundo, sobre todo los más pobres, perseguidos, abandonados, hambrientos y perseguidos; por quienes prometen una falsa felicidad y blasfeman contra el Nombre del Señor, y por la justicia en el mundo. Asimismo, se oró para que Dios bendiga los movimientos apostólicos de la Iglesia, hermandades y cofradías con sus Juntas de gobierno; y por quienes calumnian, por la unidad fraterna, por los enfermos, necesitados y quienes sufren dolor en su cuerpo, así como por las intenciones particulares de cada uno.

Acompañaron al arzobispo el delegado episcopal para Hermandades y Cofradías, D. José Gabriel Martín Rodríguez, y el sacerdote párroco de San Matías y secretario particular del arzobispo, D. David Salcedo.

La oración concluyó con la bendición del arzobispo de Granada a todos los fieles y asistentes, y especialmente a los enfermos y más necesitados.

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