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Cáritas Diocesana de Cádiz invita este Jueves Santo a compartir bajo el lema “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”

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La colecta del Jueves Santo ayudará a impulsar los programas de Cáritas Cádiz que acompañan a familias en situación de dificultad.

Un año más, Cáritas Diocesana de Cádiz lanza su tradicional invitación a compartir con motivo de la celebración del Jueves Santo. En esta edición, la jornada lleva por lema “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”. Este mensaje es una invitación directa a vivir este día desde la entrega, el servicio y la solidaridad, valores que Jesús dejó grabados en la Última Cena y que la Iglesia actualiza cada año en este día tan profundamente significativo.

Durante los Oficios del Jueves Santo, la comunidad cristiana contempla dos gestos esenciales del Evangelio: el Pan partido, el Vino entregado y el lavatorio de los pies, signos inseparables de la Eucaristía y del servicio fraterno. Cáritas recuerda que no hay cristianismo sin caridad, ni Iglesia sin servicio, y que estos gestos se traducen hoy en un compromiso real con quienes viven situaciones de vulnerabilidad o exclusión.

Una colecta que transforma vidas
La colecta del Jueves Santo, que se realizará en todos los templos con culto público de la Diócesis, estará destinada íntegramente a sostener los programas de Cáritas Diocesana de Cádiz en favor de personas y familias que atraviesan dificultades. Estos proyectos requieren tanto recursos humanos como económicos para seguir acompañando procesos de promoción personal, cobertura de necesidades básicas, apoyo familiar y caminos de integración social.

“Este Jueves Santo, invitamos a toda la comunidad cristiana a dar un paso al frente, a compartir lo que somos y lo que tenemos, y a tender la mano a quienes más lo necesitan”, señala Vicente Pablo Ortells Polo, director de Cáritas Diocesana de Cádiz. “Cada aportación es un gesto concreto de amor que se transforma en oportunidades reales para quienes acompañamos”.

Una llamada a lo esencial: el amor que se hace gesto
El lema de este año, “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”, recuerda que allí donde hay un ser humano, existe la posibilidad de que el amor se exprese en forma de tiempo, escucha, cercanía, misericordia o apoyo material. La campaña subraya que la fe no se mide solo en palabras o ritos, sino en la capacidad de reconocer al otro como hermano y compartir con él lo recibido.

Cómo colaborar
Las personas que deseen contribuir pueden hacerlo a través de la colecta de los Oficios de la Cena del Señor en la tarde del Jueves Santo en sus parroquias o mediante donación directa en la cuenta habilitada para esta campaña ES98 2103 4000 6733 0000 0639 o por BIZUM 00883.

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“La llamada del Señor siempre es un descubrimiento, que sorprende”

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Entrevista al delegado episcopal para la vida consagrada, D. Francisco Tejerizo, sobre la propuesta “Pascua contemplativa”, que se ofrece con el monasterio de San Jerónimo, para chicas de entre 18 y 35 años.

Por segundo año consecutivo, la Delegación diocesana para la vida consagrada y el monasterio de San Jerónimo ofrecen la “Pascua monástica” o “Pascua contemplativa”, por ser un modo especial de vivir la Pasión y Resurrección del Señor, en convivencia con esta comunidad. Está dirigida a chicas de entre 18 y 35 años, que quieran compartir un modo de vida comunitario en los días centrales de la Semana Santa.

Entrevistamos al delegado diocesano para la vida consagrada, D. Francisco Tejerizo, sobre la vocación y la ocasión con esta iniciativa de dar una oportunidad a despertar el corazón a una posible llamada del Señor o a vivir los Misterios de Jesús desde un monasterio contemplativo.

  • Padre Tejerizo, ¿en qué consiste la propuesta de Pascua contemplativa y monástica?

Es una invitación para las chicas entre 18 y 35 años que quieran hacer la experiencia de la vida contemplativa y la vida monástica, en un lugar tan extraordinario como es el monasterio de San Jerónimo. Es verdad que la propuesta está abierta no sólo para la experiencia vocacional de aquellas chicas que, escuchando la llamada del Señor, se atrevan a compartir esos días con la comunidad jerónima, sino también para todas las personas que deseen compartir en este monasterio las celebraciones de estos días de la Pascua del Señor. Estas celebraciones son los Oficios de la Cena del Señor (Jueves Santo), a las 19 horas; la celebración de la Pasión del Señor (Viernes Santo), a las 16 horas; la Vigilia Pascual (noche del Sábado Santo), a las 22 horas; y la Pascua de Resurrección del Señor (Domingo), a las 11 horas.

  • Y, en concreto, ¿qué es lo que se propone?

En principio, quienes quieran venir a hacer la experiencia tendrían que venir sobre todo las chicas que se atrevan a escuchar la llamada del Señor, compartir la vida con las hermanas, incorporarse a la vida de la comunidad y hacer la vida de la comunidad contemplativa de este monasterio. Luego, las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Ahora mismo, yo quiero aprovechar para lanzar este reto, y para llamar a quienes el Señor está llamando, que escuchen la invitación, la propuesta que yo hago también, de parte del Señor y de parte de la Iglesia, a quienes quieran atreverse a hacer esta experiencia.

  • El tema de la vocación es eso, paso a paso, y luego ir descubriendo y ver esa intuición, o por lo menos ponerse en marcha. En cualquier caso, lo que es seguro es que serán días en los que se podrá compartir un modo de vida que también puede ser un descubrimiento, ¿no?

Seguro que es un descubrimiento. Primero, la llamada del Señor siempre es un descubrimiento, que sorprende. Eso lo he vivido yo en mi propia experiencia. Pero, además de permitirse atender la llamada del Señor, está la propia aprobación. Es decir, yo me coloco en situación de ponerme ante Dios para decir “¿qué quieres de mí?”.

Paqui Pallarés

Las chicas interesadas en participar en esta Pascua con la comunidad contemplativa del monasterio de San Jerónimo pueden contactar en los teléfonos 958-279-337 y 605-158-361, o en el correo electrónico realmonasteriodesanjeronimo@gmail.com

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Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de la Soledad. Villafranca de Córdoba

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La imagen de la Soledad procesionaba con el Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo, antes de comenzar la estación de penitencia colocaban la imagen de la Virgen en el atrio de la ermita

Esta hermandad es la que le sigue en antigüedad a la denominada de la Santa Veracruz, en las Visitas Generales del obispado de 1589 aparece con el nombre de Cofradía de la Soledad de Nuestra Señora, en esta época ya está consolidado el fervor a esta imagen en la localidad, así lo atestiguan las limosnas que recibe antes de esta fecha. Desde sus inicios ha tenido su sede en la antigua ermita de San Benito, que pronto recibió el nombre de La Soledad, el apogeo de la hermandad hace que desde el principio formaran parte de ella hombres y mujeres; también por esos años acoge a la cofradía del Nombre de Jesús ubicada en la misma ermita. La imagen de la Soledad procesionaba con el Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo, antes de comenzar la estación de penitencia colocaban la imagen de la Virgen en el atrio de la ermita, acompañada por las de San Juan y Santa María Magdalena y allí durante el Sermón del Descendimiento desclavaban a Cristo de la Cruz y lo introducían en el Sepulcro.

La guerra civil va a suponer un duro golpe para la hermandad, la ermita fue casi destruida y las imágenes desaparecieron; sin embargo, al reorganizar la semana santa después de la contienda no olvidaron que la tarde del viernes el Santo Entierro fuese acompañado por una Dolorosa que acompañaba al Nazareno, le ponían un manto negro y se procesionaba para esta ocasión con el título de Soledad.

Tendríamos que esperar hasta 1987 para que la cofradía consiguiera la imagen de su titular, esta procedía de una Dolorosa de origen desconocido que reformada por el imaginero cordobés don Miguel Arjona la convirtió en la actual efigie de Nuestra Señora de la Soledad, de singular belleza. Dos años más tarde el párroco de la localidad don Tomás Pérez Escudero reunió a un grupo de jóvenes y le propuso la refundación de la cofradía, asunto que ellos acogieron con tal entusiasmo que el 8 de diciembre del, festividad de la Inmaculada, fue coronada en la parroquia. por el mismo sacerdote, ante él, entusiasmo y contenida emoción de sus cofrades.

La Virgen de la Soledad se custodia en la ermita de las Angustias desde el año 2007, en esa fecha culminó la importante reforma que se llevó a cabo en esta ermita y fue consagrada de nuevo al culto, el 7 de julio de ese mismo año, por el prelado cordobés don Juan José Asenjo Peregrina, siendo párroco de esta localidad don Tomás Pérez Escudero.

Los estatutos de esta Hermandad fueron aprobados el seis de enero, Epifanía del Señor, del dos mil dieciocho. El cuatro de agosto del dos mil veintidós se modificaron los estatutos por incorporación de las Hermandades del Santo Sepulcro y de la Inmaculada, a la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de la Soledad.

En la actualidad, cuenta con cerca de 300 hermanos y comparte, espacio sagrado de la ermita y fusión de Hermandad, con el Santo Sepulcro; además de estación de penitencia el Viernes Santo, que procesionan por las calles de Villafranca.

Los cultos se celebran en el mes de setiembre, en concreto el día 14(Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz) y el día 15(Festividad de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen, primer dolor de María; además, del segundo fin de semana de Cuaresma, según el calendario de hermandades y cofradías de la localidad. También, el ocho de diciembre celebra cultos por la Inmaculada.

Esta Hermandad, desarrolla una activa participación en los fines de evangelización, caritativos y sociales.

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MARTES SANTO: «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO», por María José López Serrano

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Hay escenas del Evangelio que atraviesan los siglos porque hablan, en realidad, de lo más hondo del corazón humano. Este Martes Santo se nos coloca ante una de ellas: la traición, la fragilidad, el miedo, la decepción. Y, en medio de todo eso, Jesús: la esperanza que no se apaga y el amor que permanece.

“Uno de vosotros va a traicionarme” (Jn 13,21). La constatación de una herida. Jesús sabe que va a ser vendido. También sabe que Pedro, ese que acaba de prometerle fidelidad absoluta, acabará negándolo tres veces. Judas falla. Pedro falla. Todos fallamos. Quizá por eso este Evangelio resulta tan actual.

Vivimos tiempos en los que parece que todo tiene un precio. Todo se mide, se calcula, se negocia. Treinta monedas de plata: esa es la cantidad por la que Judas entrega a Jesús. Y quizá hoy no hagan falta monedas para repetir aquella escena. Basta a veces con la indiferencia, con la comodidad, con el silencio ante la injusticia, con la facilidad con la que juzgamos a los demás o con la rapidez con la que dejamos enfriarse el amor. Qué palabra tan fuerte para nuestro tiempo. Porque hay algo que se enfría en una sociedad crispada, impaciente y tantas veces polarizada. Se enfría la compasión. Se enfría la misericordia. Se enfría la capacidad de mirar al otro no como amenaza, no como rival, no como alguien a quien vencer, sino como prójimo.

Jesús, en este Martes Santo, no responde a la traición con odio. No contesta al mal con más mal. No humilla al que va a caer. Le duele, sí. Hay en Él un corazón que se conmueve y que casi se rompe. Porque Cristo no es ajeno al dolor humano: lo habita. Siente la decepción de quien ama y no es correspondido, el peso de la soledad, la angustia de saberse entregado. Y aun así no señala. No juzga. No condena. No deja de amar. Esa es quizá una de las lecciones más difíciles y más luminosas de la Pasión: devolver bien por mal. No porque el mal no importe, no porque la injusticia no deba ser enfrentada, sino porque el odio nunca salva. La justicia es necesaria, pero sin compasión se vuelve fría; la verdad es imprescindible, pero sin misericordia puede convertirse en arma. Ahí está el centro de nuestra esperanza. Fallamos, sí. Nos alejamos. Tenemos miedo. Negamos a veces con nuestras palabras, con nuestras omisiones, con nuestra tibieza. Pero Cristo no deja de mirarnos con misericordia. No nos reduce a nuestra peor noche. No nos identifica para siempre con nuestra caída. Nos llama de nuevo. Nos levanta. Nos sigue amando.

En este Martes Santo, cuando contemplamos a un Dios traicionado por los suyos, se nos revela la forma más alta del amor. La gloria de Jesús no está en imponerse ni en vencer aplastando, sino en asumir el dolor de quien sufre injustamente sin dejar de amar.

Quizá hoy, más que nunca, necesitamos volver a ese Evangelio. Necesitamos más compasión, más misericordia, más justicia. Necesitamos corazones capaces de conmoverse ante el dolor ajeno. Necesitamos recordar que el prójimo no es una idea, sino un rostro, y que solo el amor sostiene de verdad la vida. Porque al final, cuando tantas cosas se compran y se venden, sigue habiendo algo que no tiene precio: un amor infinito que permanece hasta el extremo, un amigo que da la vida por nosotros, y una mirada que, incluso después de nuestras traiciones, sigue diciendo en silencio: todavía cuento contigo.

María José López Serrano

Laica y miembro del Consejo diocesano Sinodal

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El Obispo publica el Decreto sobre el ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo

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En el mismo el prelado dispensa del cumplimiento de este precepto en todo el territorio de la diócesis de Córdoba

Monseñor Jesús Fernández ha emitido el Decreto sobre el ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo, precepto que se ha mantenido a lo largo de los siglos en memoria de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y como acto de penitencia que favorece una verdadera conversión del corazón. No obstante, el Obispo, atendiendo a las características propias de la celebración de la Semana Santa en la Diócesis, en particular la amplia participación y asistencia a las numerosas procesiones organizadas por hermandades y cofradías, que dificultan a muchos fieles el cumplimiento de estas prácticas, dispensa del cumplimiento de este precepto en todo el territorio de la Diócesis.

El Obispo invita a los fieles a mantener esta tradición, siempre que puedan, y cuando no sea posible realizar otras penitencias en forma de obras de caridad y prácticas de piedad.

Puede consultar el Decreto completo en el siguiente documento Decreto Viernes Santo

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Lunes Santo de Pasión y Misericordia

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Lunes Santo de Pasión y Misericordia

Iniciada la Semana Santa, el Lunes Santo es un día que invita al recogimiento y a la contemplación de la misericordia de un Dios que nos salva desde la cruz. Así se ha vivido este Lunes Santo en la diócesis de Guadix, con procesiones como la del Cristo de la Misericordia, en la ciudad accitana, o el Viacrucis de la Federación de Hermandades, en Huéscar, o la procesión del Cristo de la Paz y la Virgen de la Esperanza, en Baza.

Las procesiones con esas imágenes han llenado de emoción a cofrades y a los que acuden para ver las imágenes. El entorno también ha ayudado, como el que se disfruta en la ciudad accitana, al paso del Cristo de la Misericordia por la Alcazaba y la Plaza de Santiago, donde el fuego hace acto de presencia más allá de los cirios. Es esta una procesión que se inicia en las Cuevas y concluye en la Catedral, a la que asiste el obispo y el cabildo.

Viacrucis de la Federación en Huéscar

El Viacrucis de la Federación de Hermandades y Cofradías de Huéscar viene haciéndose desde el año 2011 y recorre las calles del municipio en un ambiente de recogimiento y oración. Este acto, ya consolidado en la vida cofrade y pastoral de la localidad, ha reunido este año a numerosos fieles que han acompañado el rezo de las distintas estaciones, portando en su mano una pequeña vela encendida.

Cada una de las hermandades ha sido la encargada de leer las estaciones del Víacrucis, dándole a la celebración de un carácter participativo y comunitario. A lo largo del recorrido, el Cristo del Perdón, sagrada imagen con la cual se reza el Viacrucis, ha sido portado también por los hermanos de las distintas hermandades, dejando momentos de especial devoción entre los asistentes.

El acompañamiento musical ha corrido a cargo de la Capilla Musical Virgen de la Piedad, y del coro de Santa María, cuyas voces han contribuido a realzar la solemnidad del acto mediante la interpretación de cantos propios de este tiempo litúrgico.

Las estaciones del Víacrucis, situadas en distintos lugares de las calles de Huéscar, forman parte del patrimonio devocional del municipio desde el año 2011. Fueron instaladas con motivo de la llegada de la Cruz y del icono de la Virgen, procedentes de Roma, en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud, dejando desde entonces una huella permanente en la vida religiosa de la localidad.

La celebración concluyó en la iglesia de Santa María, donde, tras rezarse la última estación, los fieles participaron en un momento de adoración al Cristo del Perdón. El acto finalizó en un clima de profundo silencio y recogimiento, con la salida pausada de los asistentes.

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El Obispo pide a los costaleros ayuda para la Virgen ante la Merced

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Monseñor Jesús Fernández ha hecho su primera “levantá” en la Semana Santa de este año

Ntra. Madre y Señora Santa María de la Merced se disponía a entrar en carrera oficial cuando ha tenido lugar un momento especial para esta hermandad. Monseñor Jesús Fernández se ha acercado al paso de la Virgen para hacer una “levantá”. “Con fuerza y con espíritu arriba animando a Nuestra Madre, ayudándola y acompañándola” han sido las palabras del Obispo a los costaleros antes de tocar su llamador. Un momento emotivo en la que ha sido la primera “levantá” del prelado en su primera Semana en Córdoba.

Esta misma mañana de Lunes Santo el pastor de la Diócesis ha visitado a la hermandad en la parroquia de San Antonio de Padua, momento en el que ha bendecido al Señor Humilde en su Coronación de Espinas y a Santa María de la Merced.

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Presentación al Pueblo pide la venia antes de entrar por primera vez en carrera oficial

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De esta manera el hermano mayor, Ángel Cervera, ha pedido permiso para entrar en la Santa Iglesia Catedral

Ante el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, y el presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Manuel Murillo, la Hermandad de la Presentación al Pueblo, representada en su hermano mayor, Ángel Cervera, ha pedido la venia a su llegada, por primera vez a carrera oficial. Pedir la venia en Semana Santa es un acto protocolario mediante el cual la cofradía solicita permiso oficial para entrar en la carrera oficial hacia la Catedral. El hermano mayor ha reafirmado la fidelidad de la hermandad «al obispo de Córdoba y a toda su santa Iglesia».

La mañana de este Lunes Santo el Obispo ha visitado a la hermandad de Cañero en su sede canónica, en la parroquia San Vicente Ferrer. En su visita el Obispo ha rezado ante Nuestro Padre Jesús de los Afligidos en su Sagrada Presentación al Pueblo. Sin duda alguna, este Lunes Santo quedará grabado para siempre en esta joven hermandad, que ha visto cumplido su sueño de hacer su estación de penitencia dentro de la Semana Santa cordobesa.









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El obispo vive su primer Domingo de Ramos en Málaga y Ronda

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El obispo vive su primer Domingo de Ramos en Málaga y Ronda

D. José Antonio Satué vivió este domingo de Ramos su primer contacto con la Semana Santa malagueña dejando escenas de cercanía y gestos significativos, tal y como ha relatado el delegado diocesano de cofradías, Salvador Guerrero.

De camino a la Casa Hermandad de la Pollinica, en la mañana del Domingo de Ramos, el obispo había querido detenerse en el ambiente previo que se respiraba en las calles, donde se encontraban los nazarenos ultimando su preparación. Allí, según Guerrero, Satué «estuvo viendo la formación de los nazarenos, charlando con ellos, interesándose por los detalles más cotidianos de la estación de penitencia».

Tras esta visita, la comitiva se dirigió a calle Parras, a las puertas de la casa hermandad. Allí fueron recibidos por el hermano mayor antes de la salida procesional. El momento más emotivo llegó cuando el propio obispo realizó el primer toque de campana tanto del Señor de la Pollinica como de la Virgen.

La jornada continuó por la tarde en Ronda, donde el obispo prosiguió su toma de contacto con distintas realidades cofrades. Allí visitó dos hermandades en parroquias diferentes, comenzando por una corporación joven en un barrio de la ciudad: la hermandad del Prendimiento.

En esta visita fueron recibidos por la hermana mayor, Belén García, junto al párroco y otras autoridades locales, entre ellas el presidente de la Agrupación de Cofradías y la alcaldesa de la ciudad. En el templo de San Cristóbal, el obispo participó en un momento de oración y posteriormente mantuvo un encuentro con la junta de gobierno.

Guerrero destaca algunos gestos que reflejan el talante del prelado: aceptó ponerse un costal que le ofrecieron los hermanos, “en un ambiente distendido”, y accedió también a realizar la levantá del Señor del Prendimiento. «Lo hizo con gusto, con emoción», subraya, apuntando que fue un instante especialmente vivido por todos los presentes.

El recorrido continuó acompañando la salida de la cofradía, que procesiona desde un tinglao, lo que permitió al obispo observar de cerca una realidad distinta a la de la capital.

Posteriormente, la comitiva se trasladó a la parroquia de Santa María de la Mayor, donde el obispo pudo conocer a diversos hermanos mayores. Allí mantuvo un encuentro especialmente significativo con los costaleros, a quienes dirigió unas palabras en la sacristía, animándolos a vivir la fe en su día a día y a seguir el ejemplo de Cristo.

No faltaron tampoco los gestos cercanos: una fotografía con los más pequeños de la hermandad, en un ambiente distendido, y una nueva levantá, en esta ocasión del «Manué” (el Cristo de los Gitanos), ya en la calle. El capataz, Luis Muñoz, le dedicó unas palabras de agradecimiento antes de cederle el martillo. Por su parte, Mons. Satué, dirigió unas palabras a los presentes en las que animó. a valorar «a los gitanos no solamente por lo que son para ellos mismos sino por lo que pueden aportar a la sociedad y a la Iglesia». D. José Antonio, que es obispo responsable de la pastoral con los gitanos de la Conferencia Episcopal Española, animó a los gitanos presentes a estar «orgullosos de serlo» y a «aportar lo mejor de vosotros mismos a la sociedad en la que vivís y que esta religiosidad la viváis los 365 día del año».

Una jornada intensa, recalca el delegado, marcada por la cercanía, la escucha y la implicación directa del obispo en las tradiciones cofrades. Un primer contacto que, lejos de lo protocolario, se está construyendo desde la experiencia compartida con hermandades y fieles.

Qué ha dicho Mons. Satué en su primera Misa del Alba

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Homilía de D. José Antonio Satué en la Misa del Alba de la Cofradía del Cautivo.

Querida Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad, estimadas autoridades, hermanas y hermanos:

En estos seis meses compartidos con vosotros, me habéis enseñado –y en esta mañana lo estoy viviendo– quién es el Cautivo para esta ciudad. El Cautivo es familia, raíces, reencuentros. El Cautivo son los abuelos que nos trajeron aquí de la mano por primera vez… Para nosotros el Cautivo lo es todo. Es Dios con nosotros.

Ante esta imagen tan querida, con su túnica blanca, su rostro moreno y esa mirada que verdaderamente cautiva, quisiera invitaros a vivir tres actitudes que iluminan la Semana Santa… y la vida entera: reconocer, acoger y liberar.

1. Reconocer nuestra cautividad

También nosotros conocemos el cautiverio, distinto al que sufrieron los deportados de los que habla Isaías, distinto al de Jesucristo, cuyas manos vemos atadas porque puso en cuestión las estructuras de dominio, violencia, honores y privilegios. Jesús fue —y sigue siendo— una amenaza para quienes solo se aman a sí mismos; por eso, ayer y hoy, se intenta silenciarlo, maniatarlo.

Las cuerdas que nos atan son menos visibles, pero igualmente reales: estamos cautivos de nuestros pecados, que nos encadenan por dentro y por fuera; cautivos de una vida solitaria, poco comunitaria, donde cuesta compartir y dejarnos acompañar; cautivos de modas inútiles, de aspiraciones imposibles, de la necesidad de aparentar; cautivos de un enfrentamiento que llevó al pueblo de Dios a dividirse en dos reinos y a nosotros en dos bandos. Esta polarización nos dificulta convivir, enriquecernos mutuamente y llevar adelante proyectos que beneficien a todos.

Y no solo sufrimos cautiverios: a veces los provocamos. Como Caifás y los sumos sacerdotes, que justificaron la muerte del inocente “por el bien de la nación”; hoy se sacrifica a personas y pueblos en nombre de intereses inconfesables. A veces, también nosotros con nuestras palabras hirientes, nuestros gestos agresivos y nuestras decisiones egoístas, condicionamos, limitamos o apagamos la vida de otras personas, especialmente de las más vulnerables.

Reconocer esta realidad no supone hundirse, sino abrir la puerta a la gracia.

2. Acoger la salvación de Dios

En medio de nuestra historia herida, Dios no se desentiende. El profeta anuncia una promesa divina, que alienta la esperanza del pueblo: «Los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los haré una sola nación… Los liberaré… Los purificaré… Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre… Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo».

Este compromiso llevó a Dios a hacerse carne, a soportar las cadenas que nos atan, a sufrir nuestras heridas, a dar la vida para liberarnos. Aunque Caifás no intuyó ni de lejos la profundidad de sus palabras, él anunció que «Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos». Murió por ti y por mí, por quienes celebramos pacíficamente la Semana Santa y por quienes tienen que esquivar el peso mortífero de las bombas.

Mirad al Cautivo. Él nos consuela y nos salva no desde un poder que se impone a base de propaganda y de fuerza. Nos libera desde el silencio y la entrega de la vida, regalándonos una paz desarmada y desarmante, incluso para quienes ejercen violencia sobre Él. Mirad sus manos: están atadas, sí, pero se abren hacia nosotros, no sin esfuerzo, ofreciéndonos el amor más grande: el que da la vida. Solo ese amor puede liberarnos del sinsentido, del egoísmo, de la desesperanza, del pecado. Solo ese amor puede conducirnos a la felicidad plena y a una fraternidad sin fronteras.

Acogerlo es dejar que Él nos desate, nos purifique, nos consuele, nos salve.

3. Liberar como Él y con Él

Quien experimenta la alegría de sentirse liberado no puede quedarse de brazos cruzados. La salvación cristiana siempre impulsa la misión, una misión liberadora.

Tenemos cautivos muy cerca. Entre nuestra familia y amigos, algunas personas necesitan apoyo material, pero muchas más necesitan cercanía y afecto, vínculos de amistad que los sostengan. ¡Cuánto bien hace una parroquia o una hermandad en la que todos se sientan acogidos, valorados y queridos, en la que todos pueden dar y recibir!

En nuestra ciudad, podemos aliviar a tanta gente cautiva por la pobreza, a través de Cáritas, la Fundación Corinto apadrinada por las hermandades malagueñas y tantas otras iniciativas solidarias. Liberar es sembrar la esperanza en el corazón de la gente, de modo que nadie tenga la tentación de “quitarse de en medio” para dejar de sufrir.

En el ámbito internacional, como ciudadanos responsables, también estamos llamados a exigir a las autoridades de las naciones decisiones valientes, que prioricen la vida de los pueblos por encima de intereses económicos, estratégicos o ideológicos.

Conclusión: caminar con el Cautivo hacia la Pascua

Queridos hermanos y hermanas: que no nos engañen las apariencias. Cuando miramos al Cautivo, contemplamos al más libre del género humano. Aunque sus manos están atadas, Él está libre de pecado, de egoísmo, de miedos, de ruindad, de dobleces, de rencores, de ambiciones, de maldad… Jesús Cautivo entrega voluntariamente su vida por amor a los demás, por eso Él es la imagen más lograda de la palabra “libertad”. Pilato, al verlo atado y coronado de espinas, exclamó: “Ecce homo”, “he aquí el hombre”. Realmente, el Cautivo es el modelo más pleno y luminoso de lo que puede llegar a ser un ser humano. Como dice el Salmo 45, “Él es el más bello de los hombres”.

Que el Cautivo nos enseñe a reconocer nuestras cadenas, a acoger su salvación para ser libres y liberar. Acojamos esta llamada unidos a María. Abracemos, con nuestra vida y con nuestro “hágase”, como Ella y con Ella, el proyecto de amor y fraternidad que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sueña para la humanidad.

+ José Antonio Satué
+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

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