Por la unidad de los cristianos y el impulso del ecumenismo en nuestras diócesis, para que caminemos juntos hacia la plena comunión, fortaleciendo el diálogo y la colaboración mutua.
Febrero:
Por la acogida y acompañamiento de las personas sin hogar y en situaciones de exclusión social, para que encuentren en nuestras comunidades un hogar y un signo vivo del amor de Cristo.
Marzo:
Por los niños, jóvenes y adultos que están completando su Iniciación Cristiana, para que, dóciles al Espíritu Santo, encuentren su vocación y lleguen a ser miembros vivos de la Iglesia.
Abril:
Por los enfermos y los que los cuidan, para que en la fragilidad de la enfermedad puedan descubrir la cercanía y ternura de Dios y la solidaridad de la Iglesia.
Mayo:
Por las madres, especialmente las que afrontan la maternidad en situaciones difíciles, para que encuentren apoyo, respeto y acogida en la comunidad cristiana y en la sociedad.
Junio:
Por los laicos comprometidos en la acción social y caritativa, para que sean instrumentos de justicia, paz y fraternidad en favor de quienes viven en situaciones de sufrimiento y de dificultad.
Julio:
Por los trabajadores del campo y del mar, para que se reconozca y valore su dignidad y esfuerzo, y sean apoyados en sus necesidades materiales y espirituales.
Agosto:
Por las familias, para que en este tiempo de descanso refuercen los lazos entre sus miembros y generen espacios de encuentro y comunión.
Septiembre:
Por los catequistas y los educadores cristianos, para que, viviendo su vocación como un servicio, transmitan la fe y la esperanza en las comunidades cristianas con fidelidad y creatividad.
Octubre:
Por los misioneros y misioneras, para que su entrega generosa al anuncio del Evangelio sea sostenida por la oración y el compromiso solidario de toda la Iglesia.
Noviembre:
Por los ancianos y las personas mayores, para que reciban el reconocimiento y el cuidado que merecen, y sigan siendo testigos de fe y de sabiduría en nuestras familias y comunidades.
Diciembre:
Por los que viven la Navidad en soledad o sin recursos, para que la luz del nacimiento de Cristo les brinde esperanza, consuelo y fraternidad.
Con una Eucaristía solemne y festiva se celebró el día de la Epifanía del Señor en la Catedral de Guadix, culminando los días grandes de la Navidad. Presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, la celebración contó con la presencia de los Magos de Oriente, que, en colaboración con el ayuntamiento de Guadix, ofrecieron sus cofres al Niño Dios en el belén montado en el altar mayor.
En la homilía, el obispo recordó cómo en la Epifanía se celebra la manifestación suprema y universal de Dios a toda la humanidad y se nos anuncia que la salvación traída por el Niño Dios no se restringe a un solo pueblo o grupo religioso, sino que es un derecho de todos los hombres. Por eso, insistió Mons. Orozco, esta es la fiesta de la misión, de la evangelización, con la que la Iglesia propone, sin imponer, la buena noticia de Jesucristo a todos, sin exclusión.
También habló de los Magos de Oriente, que se nos presentan como modelo de eternos buscadores: “Hoy es la fiesta de los buscadores, del que nunca se cansa de buscar, del que no vive cómodamente ya en su burbuja” sino que peregrina guiado por la estrella de la fe. Esos mismos Magos, al llegar y postrarse ante el Niño Dios, nos enseñan que la Epifanía es también la fiesta de la adoración, invitándonos a arrodillar nuestra existencia y reconocer a Dios en nuestras vidas.
Finalmente, el obispo destacó cómo el encuentro real con Cristo conlleva necesariamente una conversión, simbolizada en el regreso de los Magos “por otro camino”: “Dejarse encontrar por el Señor es siempre volver por otro camino”, dijo Mons. Orozco . Frente a las ideologías y mentiras del mundo, representadas por la hipocresía de Herodes, quien encuentra a Dios cambia su forma de vivir, de relacionarse y de actuar.
La homilía terminó recordando que el papa León clausuraba el Año Jubilar de la esperanza esa misma mañana en Roma. Ha sido un año, dijo, que nos impulsa a ser luz en medio de la oscuridad y testigos de que el amor de Dios es para todos.
La celebración finalizó con el reparto de golosinas a los más pequeños y a todos los que se quisieron endulzar en la fría mañana.
La parroquia de Santa María de Huéscar acogió, el martes 6 de enero, festividad de la Epifanía, una entrañable celebración navideña con la representación del Belén Viviente protagonizado por los niños y niñas de catequesis, que también lo realizaron el día 25 de diciembre, día d ela Natividad del Señor. Además, en esta representación se contó con la esperada visita de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, que estuvieron presentes durante toda la Misa.
Los más pequeños, acompañados por sus catequistas y familiares, dieron vida a los principales personajes del nacimiento de Jesús, recreando escenas llenas de sencillez, ilusión y mensaje cristiano. María, José, el Niño Jesús, los pastores y los ángeles, Herodes, los Reyes Magos… fueron representados con gran cariño, despertando la emoción de todos los asistentes que había en el templo parroquial, en la celebración de la Eucaristía de 12 de la mañana.
Al finalizar, los Reyes se trasladaron a la parroquia de San Clemente, donde de nuevo la cuadrilla canto la Misa. Uno de los momentos más especiales fue al terminar la Eucaristía, cuando en la puerta de la parroquia, Melchor, Gaspar y Baltasar, entregaron regalos a los niños que viven en ese barrio. Los Reyes Magos dedicaron unas palabras a los niños, animándolos a vivir estos días con alegría, generosidad, espíritu de solidaridad y con mucha fe.
En un ambiente festivo y familiar, se ponía así un broche final a las celebraciones navideñas, que han dejado un recuerdo imborrable tanto en los niños participantes como en los vecinos que acudieron a acompañarlos.
Desde la parroquia se agradeció la implicación de catequistas, familias y colaboradores, de la cuadrilla, del ayuntamiento de nuestro municipio, por toda la colaboración que tiene en estos días, y siempre, con la parroquia, destacando el valor de este tipo de iniciativas para transmitir la fe y mantener vivas las tradiciones.
El próximo domingo 11 de enero, Almería celebrará la Romería de Torregarcía, una de sus tradiciones religiosas más arraigadas y significativas. Esta romería es reconocida como la primera romería que se celebra cada año en España, abriendo el calendario nacional de peregrinaciones populares en honor a la Santísima Virgen del Mar, Patrona de la ciudad.
El sentido de la romería
La Romería de Torregarcía es una peregrinación popular que recuerda la aparición de la Virgen del Mar en 1502 y la devoción que el pueblo de Almería mantiene desde entonces. El camino hasta su ermita, junto al mar, expresa el inicio del año poniéndose bajo la protección de la Virgen, en un gesto sencillo de fe compartida y tradición.
Programa de actos
9:00 h. Santa Misa de romeros, presidida por el Rvdo. P. prior del Convento, rector del Santuario y consiliario de la Hermandad, Fray Vicente Grau i Monrós, OP. Al finalizar, salida de la Santísima Virgen del Mar hacia la playa de Torregarcía.
11:00 h. Llegada de la comitiva al torreón de la playa de Torregarcía, desde donde la Virgen será portada hasta su ermita, acompañada por la Banda Municipal de Música de Almería.
12:30 h. Santa Misa Estacional en la ermita de Torregarcía, presidida por Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería. Canta la Agrupación Folklórica Alcazaba.
13:30 h. – 16:30 h. Veneración de la Santísima Virgen del Mar, Patrona de Almería, en la ermita de Torregarcía.
16:30 h. Regreso de la Virgen por el recorrido tradicional, con paradas en distintas iglesias parroquiales de la ciudad.
19:30 h. Llegada a la Iglesia Parroquial de San Sebastián y traslado final hasta el Santuario de la Virgen del Mar, acompañada nuevamente por la Banda Municipal.
El recorrido final discurrirá por Plaza San Sebastián, Puerta Purchena, Plaza Flores, Plaza San Pedro y Plaza Virgen del Mar, donde tendrá lugar la bendición y el canto de la Salve antes de la entrada en el Santuario.
La Romería de Torregarcía vuelve así a reunir a los almerienses al comienzo del año, manteniendo viva una tradición que forma parte esencial de la historia, la fe y la identidad de Almería.
Ya próximos a la fiesta de la Epifanía, transcribimos esta preciosa poesía que la Madre Luisa dedicó a una sobrinita de María Abaurrea Álvarez-Osorio, alto cargo de Acción Católica en Sevilla.
La Sierva de Dios estuvo dedicada, desde muy joven, a evangelizar a través de Acción Católica. En Nerva fundó las benjaminas y las aspirantes, que eran dos ramas de A.C. En 1939 fue nombrada secretaria comarcal de Acción Católica Juvenil (A.C.J.) de esa misma localidad. Posteriormente, en 1941, ya como delegada, daba charlas por las parroquias de todos los pueblos de su comarca y otros de la archidiócesis de Sevilla.
Como responsable de A.C.J. de toda la zona de la cuenca minera, Luisa también ejerció su labor en Sevilla. Allí conoció y trabó amistad con un grupo personas de alta alcurnia, que se conocieron en A.C. Especialmente con María Abaurrea, entonces presidenta de A.C. Femenina de Sevilla.
A pesar de tener una vida cuajada de éxitos pastorales y sociales, la joven Luisa buscaba, por encima de todo, hacer la voluntad del Señor, que le había tocado profundamente el corazón. Ella misma resume, con este párrafo entresacado del Origen de la Obra, lo que era su vida en aquellos años:
«Pedí al Señor que me iluminara y en tanto, seguí con mis visitas de enfermos y mis actividades en la Juventud de Acción Católica, de la cual fui, primero, Secretaria Comarcal y luego, Delegada, y esto me llevaba de propaganda por todos los pueblos de mi Comarca y muchos de la Archidiócesis. Tenía mi vida llena, pero no de lo que ansiaba mi alma».
Y es que aún no se le había revelado su verdadera misión, lo que ocurriría el año 1950, cuando tuvo la visión de la Santísima Trinidad y en la que el mismo Jesús Nazareno le pidió: “Ancianas”. A partir de entonces, la Madre Luisa comenzó a servir a Jesús en las ancianas.
Por su parte, María Abaurrea marchó a Cádiz para ser rectora de la Escuela de enfermería «Salus Infirmorum». A pesar de la distancia, mantuvieron una profunda amistad durante toda su vida, como muestra este regalo que le escribió a su sobrinita.
Deseamos que esta poesía nos ayude a situarnos ante el misterio de la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús, cuya fiesta eran tan celebrada en el Asilo, y en que la Madre Luisa se prodigaba con abundantes regalos a las ancianas, a las niñas, y por supuesto, a las Hermanas.
Los Reyes Magos
Escucha, Madre, el cantar que yo aprendí de memoria para poderlo contar sin mentir en esta historia.
La noche del seis de enero tranquilamente dormía con un niñito hechicero, Jesusito el de María, soñaba dulce y dichosa cantándole mil canciones y pidiéndole amorosa que mueva los corazones.
Que los mueva, que sean buenos, que todos vayan al Templo, que del mundo sean los menos los que den malos ejemplos.
Esto pensaba y sentía, esto soñaba y pedía cuando de pronto sentí una grande algarabía. ¿Qué pasa? Me estremecí… Eran seres que venían que se acercaban a mí.
Una luz radiante y pura la mi estancia iluminó. ¡Qué dicha! ¡Qué gran ventura! ¡Ya el cortejo se paró!
Delantito de mi puerta casi junto a mi ventana que como estaba entreabierta pude contemplar ufana entre rayos y fulgores una divina visión que inundó de luz y amores a mi pobre corazón.
Sigue, niña, este cantar que yo aprendime de intento para poderlo contar sin mentir en este cuento.
Era casi a la mañana. Envuelta en luz de colores una hermosa caravana irradiaba resplandores.
Tres carretas orientales recamadas de oro y perlas son tiradas de animales que pugnan por sostenerlas.
De juguetes eran llenas, confites y cascabeles; de preciosas azucenas, de lirios y de claveles pensamientos y violetas florecillas y laureles, arcabuces y trompetas farolillos de papeles.
Tres camellos van delante con su elevada joroba; con su paso vacilante quieren entrar en mi alcoba.
En cada carreta, dentro hay un grave personaje y en los lados y en el centro llevan numerosos pajes.
Sus vestidos son de flores y de plumitas de aves alternando los colores más fuertes y más suaves.
Los mantos, todos de estrellas y de aljófar salpicados. Las coronas son muy bellas son rayos al sol robados.
En los pies luceros llevan, en sus manos leve brisa. Sus ojos al Cielo elevan y en sus labios hay sonrisas.
¿Mas quién son estos señores de tan regio continente, que irradian esos fulgores, que del Cielo van pendientes?
¿No lo sabes, niña mía? ¡Tan lista como tú eres! Sigue, pues, mi poesía. Yo te lo diré si quieres:
¿Te acuerdas de haber oído que a Belén por una estrella guiados habían ido tres Magos en noche bella?
Estos son precisamente los que a mi reja llegaron vestidos tan ricamente que mis ojos deslumbraron.
Los Reyes, los Reyes Magos eran sí, mi dulce niña, que atravesaron los lagos y pasaron las campiñas para llevar sus presentes sus mimos y sus cariños que ellos trajeron de Oriente para darlos a los niños.
Aquel cuadro presentaba un aspecto singular. Yo de placeres temblaba y el placer me hizo llorar.
De los tres, el más anciano de su carreta bajó y con lirios en sus manos volando hasta mí llegó.
Su faz era sonriente su porte majestuoso, rayos de luz en su frente y su ademán cariñoso.
Un precioso regalito puso en mis manos mimoso mientras decía quedito tierno, dulce y amoroso
Este divino cantar que yo aprendí de memoria para poderlo contar sin mentir en esta historia.
“Sevilla, en Molviedro seis[1] vive una niña chiquita. Muy linda ¿la conocéis? Es una nena rubita.
Rubita cuál rubia espiga, sus ojos, azul de cielo, sus cantos suave cantiga sus rezos dulce consuelo.
Para esta nena bonita un regalo traigo yo: una cosa pequeñita que Jesusito escogió.
Dile que mucho la quiere que del Cielo la sonríe con su boca ¡si le viere! de rosas y de alelíes.
Dile que dice el Señor, el amor de sus amores que pida con gran fervor por los pobres pecadores.
Que cada vez que ella reza alguien del fuego se salva. Que, con riego, en la maleza entre espinas brotan malvas.
Dile que el Niñito teje una corona preciosa para cuando el mundo deje que le adorne toda hermosa.
Dile, en fin, que todos, todos tanto y tanto la queremos que todos de todos modos en ella nos complacemos.
Este fue, niñita hermosa el canto del Mago bello, canto que amores rebosa canto que irradia destellos
que yo aprendime de intento para poderlo contar sin mentir en este cuento que es cuento y un cantar.
Si quieres oír esta poesía declamada por Carmen Feito Maeso, la puedes encontrar a continuación:
Aprovecho la ocasión para agradecerle a esta famosa rapsoda su contribución generosa y desinteresada que, desde el principio, ha tenido para la Causa de la Madre Luisa.
Celia Hierro Fontenla, sobrina de la Madre Luisa y Postuladora de su Causa de beatificación.
[1] Este era el domicilio de María Abaurrea en Sevilla
Enero siempre es un mes especial para los niños. No solo porque sus Majestades los Reyes Magos los sorprendan el día de la Epifanía con sus juguetes favoritos, también porque hacia mediados del mes la Iglesia los invita a ser protagonistas de una de las jornadas más entrañables del año. Se trata de la Infancia Misionera, una las Obras Misionales Pontificias que este año se celebra bajo el lema ‘Tu vida, una misión’. Con este eslogan las OMP han querido “iluminar un aspecto clave de la vida cristiana: la vocación”. “Cada niño es portador de una llamada personal”, añaden, por tanto, la misión “comienza con el descubrimiento de quién soy a los ojos de Dios”.
‘Tu vida, una misión’ es, entonces, una propuesta “para descubrir que ser misionero no es solo hacer cosas por los demás, sino ser luz desde lo que soy, vivir con sentido, caminar con Jesús y dejar huella. Es una invitación a que cada niño se reconozca protagonista, llamado y enviado, con su estilo, con su voz, con sus manos. Porque el mundo necesita lo que solo tú puedes dar”.
José María Calderón, director de OMP, explica que “los niños, con su sencillez y con su normalidad, pueden y deben dar muestras de lo que su corazón vive y ama, y por ello ¡son una misión!”. Y con esta exhortación no buscan “forzar el compromiso de fe de los chavales: es ayudarles a ser conscientes de que todo lo que ellos viven, todas las circunstancias por las que pasan, todas las personas con las que ellos se encuentran son una oportunidad para ser apóstol, para ser evangelizador, para ser misionero”.
En esta línea, insiste en que cada niño o joven, “en su lugar y circunstancias concretas, con la personalidad y los talentos que Dios le ha dado, es una misión. Y hace posible que el plan de salvación que Dios tiene trazado para este mundo se vaya cumpliendo a lo largo del tiempo y de la sociedad”.
Precisamente, para que los niños puedan descubrir el plan de Dios en sus vidas, Calderón insta a los adultos que los acompañan a favorecer una relación personal y directa del niño con Dios a través de la oración y la vida sacramental.
Cuatro millones de niños
La Iglesia cuida de una manera muy especial a los niños en los territorios de misión con incontables iniciativas. Toda esta labor es sostenida y apoyada cada año a través de la Infancia Misionera. De este modo, los misioneros cuentan con la generosidad de los fieles -incluido los niños- de todo el mundo para llevar la Iglesia a todos los pueblos.
La colecta de la Infancia Misionera es, por tanto, expresión de la solidaridad del Pueblo de Dios con los niños que viven en países de misión. “No es solo dinero: es cariño, oración y apoyo para que todos los pequeños del mundo vivan con dignidad y conozcan a Jesús”, señalan desde la OMP, que gracias a estos donativos pueden mejorar la vida de más de cuatro millones de niños en todo el mundo.
Respecto a las cifras, destacan los 2.942.832,76 euros recaudados en España el año 2024, de los cuales 97.432,70 euros provienen de la Archidiócesis de Sevilla, posicionándose como la séptima diócesis española en aportaciones para esta Jornada.
Con estos donativos se ayuda a cubrir necesidades espirituales y materiales de la infancia en las misiones, creando y sosteniendo dispensarios, centros de distribución de alimentos y artículos de primera necesidad, hospitales, instituciones de acogida para niños abandonados y huérfanos, escuelas infantiles, primarias y medias…
Un año más, estamos llamados a colaborar con esta Obra Mundial Pontificia a través de Bizum al 00500, llamando al 91 590 00 41 o en la web www.infanciamisionera.es.
La Infancia Misionera en Sevilla
La Archidiócesis de Sevilla se suma como cada año a esta Jornada con la celebración de un día lleno de actividades dirigidas a los más pequeños. El sábado 17 de enero tendrá lugar en el colegio Claret este encuentro que tiene como fin “celebrar y despertar en nuestros niños el espíritu misionero que surge desde la infancia y se desarrolla durante toda la vida. Una oportunidad para convivir y compartir con niños de otras parroquias, colegios, asociaciones y movimientos; una oportunidad para sentirnos familia que camina en misión”, explica el coordinador de evento, Juan Antonio Rodríguez.
Desde la Delegación Diocesana de Misiones animan a profesores, catequistas y responsables de grupos a acudir con niños de 3º de Educación Primaria (es decir, entre los siete y ocho años) en adelante.
El encuentro comenzará a las diez de la mañana e incluirá una feria misionera, minijuegos y testimonios. Además, está prevista la actuación de un grupo de música tradicional peruana y una rifa con camisetas del Sevilla FC y del Betis firmadas por los futbolistas, entre otros premios.
Aunque no es necesario inscribirse para participar, desde la Delegación de Misiones piden confirmación de asistencia antes del 14 de enero para una mejor organización de este evento diocesano, llamando por teléfono al 954 22 54 37 o a través del correo misiones-sevilla@omp.es.
Además, en la página web de la Archidiócesis de Sevilla o mediante solicitud directa a la Delegación de Misiones es posible adquirir materiales para preparar la Jornada de la Infancia Misionera en parroquias y colegios.
El sacerdote y profesor de los centros teológicos diocesanos invita a profundizar en el Evangelio de este domingo, solemnidad del Bautismo del Señor, 11 de enero de 2026 (Mt 3, 13-17).
El Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y nos introduce en el Tiempo Ordinario. Hoy Dios nos dirige su voz: «este es mi Hijo, el Amado, mi predilecto».Todo comienza desde la humildad, recibiendo el bautismo de Juan, para compartir la suerte de todos los hombres y cumplir la voluntad del Padre. Al salir del agua el Espíritu Santo lo envuelve y Dios lo reconoce. Jesús, el Hijo de Dios, ungido por el Espíritu, comienza su actividad. No con voces ni aspavientos, sino con su vida, Jesús será quien cambie definitivamente el rumbo de una historia de injusticias y violencias; con la fuerza del Espíritu liberará a los oprimidos por el pecado y pasará haciendo el bien.
Desde el bautismo ya no será nada igual para Jesús. ¿Y para nosotros? Seamos conscientes de la fuente de agua viva que, desde el día de nuestro bautismo, tenemos en lo más hondo de nuestro ser. Vivir el bautismo es vivir con mayor deseo de ser Iglesia; de tomarnos más en serio nuestra fe; de tener respeto a los valores humanos y sociales (derechos humanos, ecología, defensa de la mujer, lucha contra la marginación…), y, a la vez, ser críticos ante injusticias, consumismo, superficialidad, manipulación… Así vivimos nuestro bautismo y, como Jesús, nos hacemos evangelizadores. En la Eucaristía, una voz nos habla y el Hijo Resucitado se hace presente por el Espíritu en el altar; y esta voz nos dice: «este es mi Hijo, el Amado, mi predilecto». Él nos da la fuerza para vivir, de verdad, como bautizados.