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Medina Sidonia acoge con gratitud la visita pastoral de Mons. Rafael Zornoza

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Medina Sidonia ha recibido la visita pastoral de Mons. Rafael Zornoza, que comenzó el pasado viernes 2 de mayo y ha estado marcada por una intensa agenda de actividades pastorales, encuentros y celebraciones litúrgicas.

La visita se inició con la celebración de la Eucaristía en el convento de las Monjas de Abajo, un emotivo momento de oración compartida con la comunidad religiosa. Posteriormente, el prelado fue recibido oficialmente en el Ayuntamiento de la localidad, donde fue acogido por las autoridades municipales.

Durante su estancia, Mons. Zornoza ha mostrado una especial cercanía con los más necesitados y los mayores, acompañado de la Pastoral de la Salud en su visita a los ancianos de la localidad. Asimismo, compartió un almuerzo con los sacerdotes del arciprestazgo, en un clima de fraternidad y comunión.

El Obispo también se reunió con distintos grupos parroquiales, como los voluntarios de Cáritas, los jóvenes que se preparan para la Confirmación y el coro parroquial, con quienes dialogó y animó a continuar con su compromiso eclesial. La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía en la parroquia de Santiago.

El sábado, Mons. Zornoza mantuvo un encuentro con el Consejo Local de Hermandades y Cofradías de Medina Sidonia. Visitó la Residencia de Mayores Amor de Dios, donde  almorzó junto a residentes y personal del centro. En la visita estuvo acompañado por las hermanas franciscanas del Rebaño de María que viven y trabajan voluntariamente en la propia residencia, así como el P. Gerardo de la Hoz y David Salazar miembros y representantes legales de la Fundación Alonzo Picazo, a la que pertenece la Residencia de mayores; «todos los que formamos esta casa queremos mostrar nuestra gratitud al Sr. Obispo por tan honorable visita que supone para nosotros un gran apoyo y aliento de esperanza para proseguir con nuestra tarea de dignificar a los mayores dependientes con nuestros mejores cuidados» señalaba así David Salazar. Por la tarde, presidió la Santa Misa en la parroquia de Santa María la Coronada.

La visita pastoral concluirá este jueves 8 de mayo con la celebración de la Eucaristía en la parroquia de San Juan de Dios, poniendo fin a unos días de vida comunitaria en los que el obispo ha podido compartir la fe y el amor con los fieles de Medina Sidonia.

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El salto de la fe

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Cuando Pedro reconoce a Jesús salta para ir a su encuentro. En el tercer domingo de Pascua la Iglesia revive a través de la Liturgia la tercera aparición de Cristo Resucitado a sus discípulos, según el testimonio del evangelista san Juan. Jesús se muestra a los discípulos junto al lago de Tiberíades y obra en ellos un cambio admirable: al principio no reconocen al Señor, después de cumplir su palabra y comer con Él saben bien que el Señor les acompaña. La Palabra y el Alimento otorgan la sabiduría de la fe. ¡Dichoso banquete en que el Señor sirve a los comensales, les prepara el alimento, les reparte su palabra y les otorga la sabiduría! No hay saber más importante en esta vida que aquel que permite reconocer al Señor. En el evangelio de este domingo se nos desvela la manera de alcanzar la sabiduría que es Vida: acompañar a Pedro en el salto que le lleva a Jesús. El relato de la tercera aparición de Jesús resucitado se desarrolla en dos momentos: primero, pesca y encuentro; después, diálogo con Pedro. En aquél se describe el salto que lleva a Pedro de la barca a la orilla; en éste, Jesús pide a Pedro el salto definitivo, el del amor incondicional hacia Él.

En el primer momento hallamos comunidad, trabajo, confesión y encuentro. Las apariciones previas de Jesús han empezado a curar las heridas del miedo, de la increencia y de la división. Los discípulos vuelven a reunirse: juntos afrontan tareas de antaño. Estar ociosos aleja del Resucitado. Jesús se aparece cuando ellos están trabajando. Lo hace a cierta distancia, desde la orilla. No habrá encuentro si no se supera la distancia de la desconfianza. Con la resurrección de Cristo todo se renueva. Pedro, en cierto modo, lo sabe y busca su nuevo inicio. Tras una noche de pesca infructuosa, Jesús lo llamó y lo hizo pescador de hombres. Ahora, una nueva pesca extraordinaria evoca el primer encuentro. Juan confiesa con los labios, Pedro con su salto. En otro salto a las aguas sintió el peso de la duda y comenzó a hundirse. Ahora la fe quiere firmeza definitiva y la encuentra en las palabras y en las obras que identifican de forma inequívoca a Cristo Resucitado. En la orilla Jesús espera, acoge e invita a comer. Sus palabras y sus gestos sobre los alimentos despejan las dudas y abren al verdadero conocimiento; lo saben bien, Jesús es el Señor y come con ellos.

En el segundo momento hallamos un diálogo singular: preguntas que se repiten por tres veces, respuestas que consolidan la confianza, encargo de misión que sólo desde el Amor del Buen Pastor se puede llevar a cabo. La firmeza de Pedro no descansará más en sus propias fuerzas o en lo que él crea saber de sí mismo, sino en Quien le conoce y le ama sin límites. Confiesa amor por tres veces, quien tres veces renegó; y por tres veces recibe misión de pastoreo quien ha experimentado el amor de Cristo que elige, perdona y envía. Para confirmar en la fe, hay que estar firme en el amor. Y el amor que el Señor pide, por ser respuesta al infinito que Él concede, exige expropiación y seguimiento. Con su salto Pedro venció miedos, salvó distancias, secundó palabras eternas, comió manjar de sabiduría, halló perdón, fue examinado de amor y recibió encargo para apacentar. A cada uno según su vocación, pero a todos, se nos pide saltar. El salto de Pedro es el salto de la fe.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

El salto de la fe

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Palabra de Vida de Monseñor José Rico Pavés

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Monseñor José Rico Pavés: «La Palabra y el Alimento otorgan la sabiduría de la fe»

Cuando Pedro reconoce a Jesús salta para ir a su encuentro. En el tercer domingo de Pascua la Iglesia revive a través de la Liturgia la tercera aparición de Cristo Resucitado a sus discípulos, según el testimonio del evangelista san Juan. Jesús se muestra a los discípulos junto al lago de Tiberíades y obra en ellos un cambio admirable: al principio no reconocen al Señor, después de cumplir su palabra y comer con Él saben bien que el Señor les acompaña. La Palabra y el Alimento otorgan la sabiduría de la fe. ¡Dichoso banquete en que el Señor sirve a los comensales, les prepara el alimento, les reparte su palabra y les otorga la sabiduría! No hay saber más importante en esta vida que aquel que permite reconocer al Señor. En el evangelio de este domingo se nos desvela la manera de alcanzar la sabiduría que es Vida: acompañar a Pedro en el salto que le lleva a Jesús. El relato de la tercera aparición de Jesús resucitado se desarrolla en dos momentos: primero, pesca y encuentro; después, diálogo con Pedro. En aquél se describe el salto que lleva a Pedro de la barca a la orilla; en éste, Jesús pide a Pedro el salto definitivo, el del amor incondicional hacia Él.

 En el primer momento hallamos comunidad, trabajo, confesión y encuentro. Las apariciones previas de Jesús han empezado a curar las heridas del miedo, de la increencia y de la división. Los discípulos vuelven a reunirse: juntos afrontan tareas de antaño. Estar ociosos aleja del Resucitado. Jesús se aparece cuando ellos están trabajando. Lo hace a cierta distancia, desde la orilla. No habrá encuentro si no se supera la distancia de la desconfianza. Con la resurrección de Cristo todo se renueva. Pedro, en cierto modo, lo sabe y busca su nuevo inicio. Tras una noche de pesca infructuosa, Jesús lo llamó y lo hizo pescador de hombres. Ahora, una nueva pesca extraordinaria evoca el primer encuentro. Juan confiesa con los labios, Pedro con su salto. En otro salto a las aguas sintió el peso de la duda y comenzó a hundirse. Ahora la fe quiere firmeza definitiva y la encuentra en las palabras y en las obras que identifican de forma inequívoca a Cristo Resucitado. En la orilla Jesús espera, acoge e invita a comer. Sus palabras y sus gestos sobre los alimentos despejan las dudas y abren al verdadero conocimiento; lo saben bien, Jesús es el Señor y come con ellos.

 En el segundo momento hallamos un diálogo singular: preguntas que se repiten por tres veces, respuestas que consolidan la confianza, encargo de misión que sólo desde el Amor del Buen Pastor se puede llevar a cabo. La firmeza de Pedro no descansará más en sus propias fuerzas o en lo que él crea saber de sí mismo, sino en Quien le conoce y le ama sin límites. Confiesa amor por tres veces, quien tres veces renegó; y por tres veces recibe misión de pastoreo quien ha experimentado el amor de Cristo que elige, perdona y envía. Para confirmar en la fe, hay que estar firme en el amor. Y el amor que el Señor pide, por ser respuesta al infinito que Él concede, exige expropiación y seguimiento. Con su salto Pedro venció miedos, salvó distancias, secundó palabras eternas, comió manjar de sabiduría, halló perdón, fue examinado de amor y recibió encargo para apacentar. A cada uno según su vocación, pero a todos, se nos pide saltar. El salto de Pedro es el salto de la fe.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Domingo III de Pascua. Ciclo C. 4 de mayo de 2025

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Domingo III de Pascua. Ciclo C. 4 de mayo de 2025

Este relato, compuesto por tres perícopas (fragmentos) bien diferenciadas, es el último capítulo del Evangelio de Juan, aunque parece más bien un apéndice, ya que supuestamente este evangelio termina en el capítulo anterior.

 
Situados en el lago Tiberíades (nombre pagano del lago de Galilea), nos encontramos en un escenario universal y de increencia. Y es aquí, fuera de Jerusalén y de un ambiente religioso, donde un grupo de siete discípulos, que representan la totalidad de la Iglesia, después de haber sido enviados por Jesús a la misión, realizan la tarea evangelizadora de la comunidad cristiana en medio de las dificultades del mundo, simbolizada en la acción de la pesca. 
 
La evangelización no es una labor individual, sino que compromete a toda la comunidad. El éxito de la misión no depende solo de nuestro esfuerzo y empeño, sino de sentirnos colaboradores del Señor resucitado, que nos orienta con su palabra y nos alimenta con la Eucaristía. 
 
La segunda perícopa es un encuentro y diálogo íntimo entre Jesús y Pedro, el líder y representante del grupo de los discípulos. Pedro tiene un asunto pendiente con el Maestro tras haberlo negado tres veces antes de la crucifixión y porque no siempre comprendió a Jesús, pues él entendió el liderazgo desde el poder y no desde el servicio y la entrega a los demás. Jesús examina por tres veces los sentimientos de Pedro, el cual reafirma por tres veces su amor al Resucitado. Es el amor al Señor, y no sus cualidades, el que lo capacita para ser elegido como aquel que se hará cargo de la comunidad cristiana en nombre de Cristo.
 
La tercera perícopa es la conclusión del Evangelio de Juan, libro que recoge el testimonio y la experiencia personal y comunitaria de los creyentes en el Resucitado.
 
 
Emilio J., sacerdote
 
https://elpozodedios.blogspot.com/
 

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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas, dos celebraciones para el 11 de mayo

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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas, dos celebraciones para el 11 de mayo

Un año más somos invitados a celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, que tendrá lugar el 11 de mayo “Domingo del Buen Pastor”, este año bajo el lema: «Para el Señor, en los hermanos». En el camino de la vida podemos preguntarnos: «¿Para quién soy?». Una respuesta general a este interrogante es: «Para el Señor, en los hermanos». Somos para Dios, pues Él nos ha creado, nos ha llamado a la existencia, no para vivir para nosotros mismos, encerrados en nuestro egoísmo, sino que hemos sido creados para los demás, para servir a los otros a ejemplo de Jesús nuestro maestro. En este contexto, cada uno de nosotros estamos llamados a descubrir nuestro camino personal, en la comunidad de la Iglesia, para el mundo.

La celebración conjunta de estas dos jornadas vocaciones, que son preparadas y difundidas de manera conjunta por el servicio de Pastoral Vocacional de la Conferencia Episcopal Española, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Obras Misionales Pontificias (OMP) y la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS), tienen como objetivos: suscitar en los jóvenes la pregunta sobre su vocación; invitar a toda la comunidad cristiana a promover las vocaciones con su oración y su acompañamiento; y colaborar con las vocaciones de especial consagración que surgen en los territorios de misión, conocidas como vocaciones nativas, para que ninguna de ellas se quede frustrada por falta de recursos.

Como preparación para esta Jornada se lleva a cabo la Semana de Oración por las Vocaciones (Del lunes 5 al viernes 9 de mayo), buscando así, a través de una serie de reflexiones y oraciones, acompañar a los jóvenes a profundizar en la invitación del Señor a seguirle en un proyecto de vida concreto dentro de las diferentes formas de vida en la Iglesia y a llevar a todos, como familia cristiana, a sentirnos comprometidos en la tarea de despertar y acompañar las vocaciones, uniéndonos en oración para que el Señor siga suscitando las vocaciones que la Iglesia necesita en nuestro mundo.

En nuestra página web publicaremos cada día de la Semana de Oración por los Vocaciones los textos bíblicos, meditaciones y oraciones correspondientes para que en nuestras parroquias, comunidades y hogares podamos reflexionar sobre este llamado que nos hace el Señor y nos unamos en oración por las vocaciones en nuestra Iglesia.

Las personas que deseen descargar la guía completa y demás materiales para esta Jornada pueden hacerlo en el siguiente enlace: https://paraquiensoy.com

John Alexander Melo Arévalo

Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional

Vocaciones Semana Oración por Vocaciones 11 mayo cartel

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La gran plomada

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Desde que fuera recuperada en un rincón de las cubiertas donde estaba arrumbada, este objeto ha pasado a ser un elemento curioso para quienes visitan la Catedral.

Puesto en valor por la Escuela Taller Molina Lario, que estuvo operativa desde 1996 bajo la dirección del aparejador Fernando Ramos, a simple vista no es más que un soporte metálico que contiene una piedra cilíndrica y otra prismática suspendida de una maroma. Son la nuez y el perpendículo de la enorme plomada que se utilizó durante las obras de construcción de la ampliación de la Catedral, en la segunda mitad del siglo XVIII. La misma marcaba la línea vertical esencial para la seguridad de la estructura que se iba levantando. Es, prácticamente, lo único que queda de los utensilios empleados por los obreros que hicieron posible la maravilla de nuestra iglesia madre por lo que, en cierta forma, la plomada viene a ser un homenaje a su labor.

Sabemos, por la documentación capitular, que durante las obras se levantó un gran cobertizo frente a la fachada principal que, además, hizo de taller. En marzo de 1784, una vez que era una certeza la paralización de los trabajos por falta de fondos, el Ayuntamiento exigió al Cabildo que dicho almacén fuera desmontado. Hoy, doscientos veintidós años después, un nuevo sotechado enclavado en el Postigo de los Abades y provisto de toda la tecnología de nuestra época vuelve a prestar servicio a los trabajadores que están acometiendo la construcción del ansiado tejado.

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Nuestra Señora de los Remedios de Estepa coronada

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Nuestra Señora de los Remedios de Estepa coronada

La mañana de este sábado 3 de mayo, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, coronó la imagen de Nuestra Señora de los Remedios de Estepa, titular de la hermandad del mismo nombre. La Eucaristía que tuvo lugar en la plaza del Carmen de la localidad fue concelebrada por el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Marcelino Manzano, el párroco de Santa María y San Sebastián y director espiritual de la hermandad, Manuel Ávalos, junto a sacerdotes del arciprestazgo.

Durante su homilía, en la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, monseñor Saiz Meneses destacó que “es un día de gracia, de historia y de fe. Es un día que quedará grabado en la memoria y en el corazón de este pueblo como testimonio de una devoción viva, fecunda y transformadora”.

Por ese motivo, “con inmensa alegría y profunda gratitud a Dios nos hemos congregado en esta celebración solemne para coronar canónicamente a la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Remedios, venerada y amada desde hace siglos en esta ciudad de Estepa, faro de fe y tradición mariana en nuestra Archidiócesis”.

El arzobispo de Sevilla recordó que “la coronación canónica no es un simple acto devocional o una exaltación estética. Es, ante todo, un reconocimiento oficial de la Iglesia a una devoción mariana profundamente arraigada en el pueblo fiel, que ha dado frutos de santidad, de conversión, de caridad y de fidelidad al Evangelio. Es un gesto litúrgico y pastoral que quiere poner de relieve que María es, en verdad, Reina y Madre, intercesora y guía, consuelo de los afligidos y remedio para los pecadores. Coronarla es proclamar su realeza espiritual y reconocer que, en la historia concreta de Estepa, ella ha sido mediadora de gracias y estrella luminosa en el camino hacia Cristo”.

Subrayó que la celebración “tiene además una resonancia especial al coincidir con la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago el Menor, dos columnas de la Iglesia primitiva. Sus vidas fueron testimonio de un seguimiento radical de Cristo, de fidelidad hasta el martirio, de entrega al anuncio del Evangelio”.

Minutos antes de la coronación ante una plaza expectante, el arzobispo de Sevilla recordó que “al coronar a Nuestra Señora de los Remedios, el pueblo de Estepa se pone bajo su protección con renovada confianza. Que esta corona, fruto del amor y la devoción de generaciones, sea también un compromiso de fidelidad al Evangelio, de renovación pastoral, de apertura a la gracia”.

La imagen de Nuestra Señora de los Remedios es de autor anónimo datada en torno al siglo XVII, que porta al Niño Jesús en sus brazos, obra posterior del siglo XVIII, y que tiene una devoción muy arraigada no solo en Estepa y su comarca, sino que trasciende más allá de sus fronteras. Esta gran devoción va en aumento año tras año. La octava de los Remedios, que se celebra en mayo, da buena cuenta de ello.

Galería de la celebración eucarística 

Retransmisión de la coronación 

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COPE ESPEJO ALMERÍA: La histórica visita a Albox de la «Pequeñica» hoy en la entrevista

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ACTUALIZACIÓN 3 DE MAYO. Información sobre el estado de salud del Sr. Obispo

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El obispo de Málaga, D. Jesús Catalá Ibáñez, fue intervenido en la mañana del martes 22 de abril de un pólipo en la vejiga.

Mons. Catalá Ibáñez permanece en la UCI

La operación programada fue satisfactoria transmitiendo el prelado su agradecimiento por las muestras de cercanía, oración y afecto fraterno que le hicieron llegar con motivo de su operación.

En la mañana del martes 29 de abril, Mons. Catalá fue operado de la próstata y presentó una infección; por la tarde, nuevamente fue intervenido con buen resultado; manteniéndose el paciente en la UCI con pronóstico reservado. 

El parte médico de este sábado 3 de mayo comunica que hay una evolución positiva y favorable del estado de salud de D. Jesús Catalá, dentro de la gravedad.

Mañana domingo, después del parte médico de las 13.00 h, se informará nuevamente.

Se agradecen las oraciones que se están elevando por su salud y se ruega que se siga orando por él.

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Lecturas del III Domingo de Pascua (Ciclo C)

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Lecturas del III Domingo de Pascua (Ciclo C)

Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles, diciendo: «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.

Salmo

Salmo 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y 12a y 13b

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

– Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

– Tañed para el Señor, fieles suyos, celebrad el recuerdo de su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

– Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Segunda lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11-14

Yo, Juan, miré, y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».

Y escuché a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar —todo cuanto hay en ellos—, que decían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos».

Y los cuatro vivientes respondían: «Amén».

Y los ancianos se postraron y adoraron.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Juan 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron: «No».

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».

Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice: «Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Él le dice: «Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?»

Y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

El precioso evangelio de hoy cuenta la última aparición de Jesús en el evangelio de Juan. El texto combina una aparición con un relato de milagro, paralelo de la pesca milagrosa narrada en Lc 5,1-11. Pedro y otros discípulos han regresado a Galilea y vuelven a ejercer su oficio de pescadores. Son siete, la comunidad está reunida, pero falta el Señor. Sin él, aún es “de noche” (21,3). Cuando “ya amanecía” (21,4: con Cristo siempre llega la luz), el Maestro les pide algo de comer, pero ellos están aún en la carencia: no han reconocido al Resucitado y por eso no tienes qué darle. Jesús toma la iniciativa y sucede el milagro: la pesca es muy generosa, como el vino en Caná (Jn 2,1-10) o el pan en Galilea (6,5-15). A Dios nadie le gana en largueza. Cristo es el que da el alimento sin medida y, con él, la vida. El número de los peces, 153, es cifra de superabundancia y universalidad. Todos caben en esta barca eclesial. La red no se rompe. Asimismo, es interesante reparar en las diversas maneras que tienen los discípulos de reaccionar ante la pesca milagrosa. Como en la tumba vacía, el discípulo amado reconoce al Resucitado: “Es el Señor” (21,7). Él posee el don de la fe para reconocer al Señor en cualquier circunstancia. El discípulo amado transmite su hallazgo a Pedro y este reacciona con urgencia: Pedro representa el celo del amor pastoral capaz de tirarse al agua y cargar con la red de peces. Se ata la túnica como signo de respeto. En cambio, los otros se quedan en la barca: siempre hace falta que alguno atienda a las cuestiones ordinarias. Es una preciosa escena en la que se realiza la metáfora del cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12-27): cada uno desempeña una misión (el discípulo amado interpreta, Pedro reúne, los otros pescan) y todos son necesarios. La aparición y el milagro culminan con una comida pascual. El Resucitado sigue presente en su Iglesia a través de la Eucaristía. Es su mediación privilegiada en esta nueva época. Finalmente, Jesús dialoga con Pedro para rehabilitarlo. El amor sincero por el Señor, más allá del orgullo herido, es la base del verdadero pastoreo.

 

Preguntas:

  1. En la primera lectura, aquellos discípulos que habían huido muertos de miedo en la pasión ahora son testigos valientes del Resucitado gracias al don del Espíritu. ¿Das testimonio convencido de la fe en tus ambientes?
  2. La segunda lectura, del Apocalipsis, es un atisbo de la gozosa liturgia celeste. ¿Celebras con fe y alegría la resurrección del Señor el domingo en tu comunidad eclesial?
  3. ¿Con qué discípulo te identificas en el evangelio: con la fe del discípulo amado, con el arrojo de Pedro, con el servicio de los otros?

 

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