María Dolores Gámez tiene 53 años, padece esclerosis múltiple y cuida de su madre, enferma de Alzheimer. Estas circunstancias no le han impedido seguir desarrollando su labor como catequista, que realiza desde hace 23 años. «Cuando me detectaron la enfermedad, a los niños a los que doy catequesis se les saltaron las lágrimas… Siempre pedían por mí. Ese momento se me ha quedado grabado para siempre».




