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Los Seises volvieron a bailar en Guadix en la fiesta de la Inmaculada Concepción

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El Obispo de Guadix, Mons. Ginés García, presidió la celebración de la Eucaristía el día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, en la catedral de Guadix. Concelebraron los canónigos y fueron muchos los fieles que se dieron cita para participar en una Misa Pontifical que forma parte ya de la tradición más arraigada en la ciudad accitana.

Mons. Bernardo Álvarez presidió la celebración de la Inmaculada Concepción

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El obispo Bernardo Álvarez presidió la celebración de la Inmaculada Concepción de María en la Sede Catedral. El prelado comenzó su homilía felicitando a todos los fieles porque con esta celebración, indicó, «festejamos el triunfo del Señor sobre el pecado en María que es imagen de lo que el Señor quiere en nosotros.»

La fiesta de la Patrona de España y el gozo de las ordenaciones sacerdotales un año más

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Carta Pastoral de Mons. Adolfo González, obispo de Almería.

El Obispo de Guadix presidió la Vigilia Diocesana de la Inmaculada en Baza

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El Obispo de Guadix, Mons. García Beltrán, presidió el sábado 7 de diciembre la Vigilia Diocesana de la Inmaculada, en la Iglesia de la Piedad, de Baza. La celebración comenzó con el rezo de un misterio del Santo Rosario en la Plaza de la Merced. Después tuvo lugar la procesión de entrada para comenzar la Eucaristía, que ocupó buena parte de la celebración de la Vigilia.

Finalizan la cúpula de la iglesia de Santiago de Lorca

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En el día de hoy, 5 de diciembre,  se han retirado los andamios de la parroquia de Santiago Apóstol de Lorca que fue una de las más afectadas por los terremotos del 11 de mayo de 2011, los seísmos desplomaron la cúpula y parte de la estructura de la iglesia. Desde entonces se ha trabajado con mucho esfuerzo técnico, laboral y económico para recuperar este templo, según afirma el Vicario para la Economía, D. Antonio León. Todavía queda mucho trabajo por hacer (instalación eléctrica, pintura, retablos, zona del coro y el presbiterio…) pero la estructura ya está terminada.

Ordenaciones de presbíteros y diáconos en la Catedral

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Como cada año, la solemnidad de la Inmaculada Concepción ha sido un día grande en nuestra Diócesis porque dos seminaristas han sido ordenados sacerdotes, Pedro Castelo y Florencio Muñoz; y otros tres diáconos, Gaetano Cantavenera, Jesús Linares y Ronaldo Lourenci.

Conciertos de Navidad en la parroquia de San Miguel Arcángel de Murcia

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La parroquia de San Miguel Arcángel de Murcia organiza un ciclo de conciertos de Navidad que comenzará este sábado, 7 de diciembre, a las 21:00 horas con la música de Ángel Guirao. El domingo, festividad de la Inmaculada Concepción, también habrá música a cargo de la Coral Ars Música que cantarán durante la Eucaristía.

La Diócesis de Asidonia-Jerez se prepara para celebrar la Inmaculada Concepción

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Monseñor José Mazuelos Pérez, el obispo diocesano, presidirá las celebraciones de la Eucaristía previstas en Las Esclavas (sábado, 21 horas) y la Santa Iglesia Catedral del Salvador (domingo, 11 horas)

Vigilia de la Inmaculada (Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Vigilia de la Inmaculada (Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga) celebrada el 7 de diciembre de 2013.

VIGILIA DE LA INMACULADA

(Santuario Santa María de la Victoria-Málaga, 7 diciembre 2013)

Lectura: Jn 2, 1-12.

1.- Esta noche, en compañía de la Virgen María, contemplamos la escena que María, Jesús y sus discípulos vivieron en Caná de Galilea. Quisiera recordar tres puntos.

El primero, contemplemos con la mirada de María. Ella tenía una mirada especial como mujer, como persona delicada y sabía captar las necesidades de los demás; sabía mirar el mundo con la mirada de Dios. Jesús también lo habría visto, se supone; pero María se acerca a Jesús, que tal vez pensaba que aún no debía de manifestar públicamente su divinidad.

María sabe contemplar a quien está alrededor para descubrir lo que necesita. ¿Cuántas veces nosotros pasamos por delante de tanta gente y no nos damos cuenta de cómo están, qué quieren, qué esperan de nosotros, qué necesitan? Llevamos mucha prisa a veces para no llegar tarde, para ir a donde queremos. Pero hay rostros de Jesús que día a día pasan a nuestro lado y no descubrimos que Jesús está en ellos.

Es importante que afinemos nuestra mirada para mirar como María y para mirar como Jesús. Hace falta sensibilidad, salir de uno mismo. Si nos vamos contemplando a nosotros mismos no contemplamos al otro. Si nos miramos hacia dentro no miramos al que está de frente. Hace falta vaciarse de sí, para poder acudir al otro, para poder discernir, para captar lo que los otros necesitan.

2.- Segundo punto. María les dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Y la pregunta es: ¿cómo escuchamos lo que Jesús nos dice?, ¿qué nos dice Jesús?, ¿dónde nos lo dice?, ¿cómo nos lo dice?, ¿en qué momentos nos lo dice?

Este año queremos potenciar la prioridad pastoral, que ya teníamos en el curso anterior, de hacer lectura orante de la Biblia. Hemos de crear grupos de lectio divina. No se trata de hacer una simple lectura de la palabra de Dios o de orar con la Palabra de Dios. Es un método consolidado en la Iglesia desde hace muchos siglos y queremos retomarlo y ofrecerlo, para que muchos de vosotros forméis grupos; o que en vuestros grupos introduzcáis este método de la lectio divina. Escrutando la Palabra de Dios, meditándola, rezándola, reflexionándola, interiorizándola sabremos qué nos pide el Señor.

Hemos de hacer oración silenciosa, como María, oración contemplativa. ¿Señor qué quieres que haga? En el silencio de la oración: Señor, ¿qué me pides? Pero sobre todo hemos de meditar su Palabra. Hemos de ser personas más conocedoras de la Palabra de Dios, más contemplativas de la Palabra, más orantes de esa Palabra; de lo contrario nuestro corazón no se transformará, no haremos lo que Dios quiere, seguiremos haciendo nuestros planes y proyectos.

3.- El tercer punto: ser vino bueno. Dios convierte el agua en buen vino. Málaga es tierra de buen vino; a veces perdemos de vista cómo se hace el vino. ¿Cómo se puede llegar a ser vino bueno? El vino, ¿de dónde proviene? (Respuesta de los jóvenes: de la uva). Cierto, el vino proviene de la uva. Y la uva, ¿dónde está? (Respuesta de los jóvenes: en la vid). Muy bien. Y ¿qué hay que hacer con la uva de la vid? (Respuesta de los jóvenes: cortarla). Si no se corta, no se puede hacer el vino.

Apliquemos ese proceso a nuestra vida. Para ser buen vino hay que dejarse cortar; tenemos muchas cosas que hay que cortar. Después hay que pisar la uva, machacarla, trapichearla. Jesús se dejó pisar en el lagar de la cruz. Pero nos cuesta dejarnos pisar y trapichear.

¿Ya tenemos el buen vino o aún no? Eso es mosto. Para que haya vino tiene que fermentar. ¿Qué quiere decir eso a nivel espiritual? Pues, que tenemos que ser transfigurados por Cristo. No es suficiente el zumo o el mosto que sale de unas uvas pisadas; eso hay que dejarlo fermentar y fermentar es transformar. Podemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios, por la Eucaristía, por la oración, por los sacramentos; pero si no estamos transformados, no nos convertimos en vino.

Hemos dicho tres verbos: ser cortados, ser pisados y ser transformados. Sólo entonces podremos ser vino bueno. Ese vino bueno dará aquello para lo que ha sido hecho. Y, ¿qué aporta la vida y al encuentro fraterno, a la comunidad, al banquete un vino bueno? (Respuesta de los jóvenes: alegría). ¡Alegría, la chispa de la alegría! Luz, chispa, alegría, alimento. Sólo de esa manera podremos aportar a la sociedad esa alegría que le falta.

4.- El papa Francisco ha escrito su primera exhortación apostólica hablándonos de la alegría de evangelizar, la alegría del Evangelio. A este mundo le falta mucha alegría; necesitamos esa alegría.

Hace un par de años, para celebrar el 25 Aniversario de la Fundación Santa María de la Victoria, fuimos a Roma en peregrinación. En la Audiencia general del miércoles, con el Papa, la banda de música de la Fundación estuvo tocando en la plaza de San Pedro, junto con otra banda alemana; al Papa le gustó. Y cuando terminó la Audiencia fui a saludarle; al presentarme como el Obispo de Málaga, el Papa me miró sonriente, me cogió de la mano y me dijo: “Málaga, bella música y buen vino”. ¡Quedé sorprendido!

Benedicto XVI nos pedía que los cristianos de Málaga fuéramos buen vino, no sólo que tomáramos buen vino, sino ¡qué fuéramos buen vino!

El papa Francisco nos pide que pongamos alegría y chispa en la vida, en el anuncio del Evangelio.

5.- Voy a leeros un mensaje reciente del Papa: “Queridos jóvenes, les invito a poner sus talentos al servicio del Evangelio, con creatividad y con una caridad sin fronteras”.

Este texto puede resumir la Vigilia de esta tarde: ser buen vino para servir al Evangelio con alegría, con caridad y sin fronteras.

Le pedimos a la Virgen María, en cuyo Santuario nos encontramos, que nos ayude a descubrir con su mirada las necesidades de nuestros hermanos, y que sepamos escuchar lo que el Señor nos dice, para ser el vino que da alegría anunciando el Evangelio. Que así sea.

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Retiro a los seminaristas (Seminario-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Retiro a los seminaristas (Seminario-Málaga) celebrado el 6 de diciembre de 2013.

RETIRO A LOS SEMINARISTAS

(Seminario-Málaga, 6 diciembre 2013)

Lecturas: 2 Co 5, 17-21; Sal 102, 1-9.13-14.17-18; Jn 19, 25-27.

La Virgen María, madre de la reconciliación

1.- La Iglesia ha ido rezando y profundizando en el misterio de la redención; y también en la figura de María y en su misión dentro de la Iglesia. Como sabéis los dogmas tienen su proceso y su historia, lo que ocurre es que la fe de lo que la Iglesia vive en un momento determinado cristaliza o concreta en un título o en un dogma concreto.

La fe de la Iglesia, por tanto, ha ido creciendo y madurando hasta ver, contemplar y apreciar lo que significaba María dentro de la misma Iglesia como Madre del Redentor. En ese sentido se han ido haciendo esos dogmas que decíamos, declarando o proclamando como verdad a creer por parte de los fieles.

2.- Respecto a la Virgen, desde el principio, la Iglesia veía en Ella como madre de Jesús, sabiendo que Jesús era la paz, la reconciliación entre Dios y los hombres. Quitó el muro, las barreras que nos separaban, el que perdona nuestros pecados con su ofrenda en la cruz.

Por tanto, la Madre de Jesús, María es la Madre del Señor, la Madre que nos trae la paz, Cristo. Esta misma idea la va profundizando a través de la historia y en cada momento se la ha ido dando como un nombre a esa expresión de fe hacia la Virgen. Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 35, dice: «por su maternidad divina fue hecha colaboradora de Dios en la misma obra de la reconciliación». Una forma claramente de vivir, disfrutar y gozar de María como madre de la reconciliación. La Iglesia ha visto siempre a María vinculada al reconciliador, al mediador único entre Dios y los hombres. La Madre del mediador es una gran intercesora en esta tarea de la reconciliación entre Dios y los hombres.

3.- Uno de los títulos, que hace ya, al menos ocho siglos, se le dio a María fue la de «Refugio de pecadores». Las letanías del pueblo cristiano fiel han ido piropeándole, expresándole lo que sentía respecto a esa maternidad de María.

Y en el tema de hoy de la relación de María con la reconciliación, con los pecadores, con la redención, ha visto siempre el pueblo fiel que la Madre es Madre de reconciliación porque trae la paz al mundo, a Cristo; que es refugio de pecadores; que es intercesora en la reconciliación.

A veces, se ha criticado a los católicos, por parte de sobre todo el mundo protestante, de que divinizamos demasiado a María; pero no divinizamos más de lo que está divinizada. También el Señor reconciliándonos nos diviniza; es decir, nos hace más suyos, nos limpia de todo el pecado y de toda la mancha, de toda la porquería de nuestro egoísmo. Por tanto, también es una forma de divinizarnos. La Virgen queda sin mancha y queda divinizada en ese sentido; pero no porque no sea mujer, no sea un ser humano. Ella es un ser humano, no es Dios, cosa que Jesucristo sí lo es. Y poniéndolo en su punto es la Madre de Jesús, la Madre del Hijo de Dios.

4.- Sí que podemos, por tanto, pedirle con toda confianza como intercesora, como refugio nuestro, como Madre de reconciliación, como la Madre de quien trajo la redención y la paz al mundo acudir a Ella.

En la carta a los Corintios que hemos escuchado ahora, Pablo insiste que el tema de la reconciliación hace a la criatura nueva. Quien se reconcilia en Cristo es una criatura nueva; lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado (cf. 2 Co 5, 17). Es una criatura nueva, hay una novedad radical, ontológica, no es una simple suciedad externa la que ha limpiado el Señor, es una redención interna, es un cambio.

«Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo» (2 Co 5, 18). Nos reconcilió es que nos pasa de un estado de vieja criatura a nueva criatura. Ha sido necesaria la presencia de una mujer para que pudiera encarnarse el Hijo de Dios y reconciliar a la humanidad.

5.- Debemos estar agradecidos a Dios, agradecidos a la Madre, a quién se les trastocaron sus planes, como nos puede pasar a nosotros, hemos de estar abiertos a ello se le trastocaron los planes que tenía por aceptar la voluntad del Señor.

Y pedirle que nos ayude a vivir y aceptar esa reconciliación que su Hijo nos trae. La Madre del Redentor es Madre de reconciliación. Acudamos a Ella para que el Señor opere en nosotros ese cambio ontológico, ese ser nueva criatura, que significa estar reconciliado con Dios.

En el Salmo responsorial hemos recitado con alegría, casi con palabras de la Virgen: «Bendice, alma mía. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura» (Salmo 102, 3-4).

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo» (Salmo 102, 8-9).

Ya podemos agradecer al Señor y bendecir por todo esto. ¡Bendice alma mía al Señor por todo esto! Porque con la acción redentora nos permite una vida nueva.

6.- Los títulos de “Reconciliadora de los pecadores”, de “Madre de reconciliación”, de “Refugio de los pecadores” lo hemos utilizado en la oración colecta y lo seguiremos utilizando en la oración de las ofrendas y en el prefacio. Toda la eucología de la misa está como haciendo eco en nuestro oído y en nuestro corazón de lo que María ha significado en la historia de la Salvación.

Podemos decírselo de muchas maneras, pero al final es la acción intercesora de María. Esa es la palabra más adecuada.

Cuando se dice la palabra mediación decimos también que María es medianera de toda la gracia; pero eso puede sonar a la mediación que hace el Hijo. El único mediador, no hay más mediadores ni mediadoras, es Cristo entre Dios y los hombres. María es mejor que hablemos de intercesora. También media, por intercesión lógicamente, entre el Hijo y nosotros. Pero no entre el Padre y la humanidad, en el sentido propio del Hijo. Eso sólo le corresponde al que es Pontifex, al puente entre Dios y los hombres, al que es Dios y hombre. Esa es la mediación, el que realiza la reconciliación. Y María colabora en esta obra, intercede por nosotros ante su Hijo. María nos proporciona al Hijo.

Cuando hablemos es bueno que maticemos para que no identificar la acción de María con la acción del Hijo, Jesucristo.

7.- Bien, pues toda la celebración de hoy rebosa de terminología, de petición y de acción de gracias considerando a la Virgen como esa intercesora, como esa Madre de donde nace todo. A Ella le viene todo de la maternidad, por eso es “Refugio de pecadores”, “Madre de la reconciliación”, porque es Madre del Reconciliador, o Madre del Mediador entre Dios y los hombres.

Disfrutemos de la reconciliación que Dios nos ofrece, gracias a la acción previa de María de acogerlo en su seno. Y demos gracias a Dios que nos ha hecho criaturas nuevas.

Le pedimos muy filial y devotamente a la Virgen que Ella que fue la primera y la mejor criatura nueva, de tal manera que no tuvo pecado, no tuvo mancha, que nos ayude a nosotros a ser nuevas criaturas. Como reza el himno, todos los demás caemos y nos tenemos que levantar, la Virgen no cayó, la Virgen no ha tenido que levantarse. Dice el himno: “a los demás nos tienden la mano porque hemos caído en el suelo, en el pecado, pero tú María fuiste preservada”. Esa es la gran diferencia y por eso podemos acudir a Ella. Ella no cayó y Ella nos ayuda a levantarnos.

Pues, pidamos a la Virgen que nos ayude a levantarnos, a ser nuevas criaturas. Que así sea.

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