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Pascua de Resurrección: Un acontecimiento de salvación para todos

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Mensaje de Pascua de Mons. Bernardo Álvarez, Obispo Nivariense.

Verdaderamente ha resucitado

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Carta Pastoral de Mons. Adolfo González, Obispo de Almería, para el Domingo de Resurrección.

La adoración de la Cruz deja a los fieles diocesanos ante el misterio de la Pascua

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La crudeza del madero de la Salvación fue protagonista en la celebración del Viernes Santo a cargo del pastor de Asidonia-Jerez en la que el Cristo de Bertemati, recién restaurado, fue expuesto al tributo de los participantes en la misa de la sede catedralicia

Homilía en la Misa de la Cena del Señor

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Homilía de Mons. Adolfo González Montes, Obispo de Almería, en la Misa del Jueves Santo.

El Triduo Pascual llena de fieles los templos de Asidonia-Jerez

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Monseñor José Mazuelos, quien este Viernes Santo presidirá también la celebración de la Pasión de Cristo en el primer templo diocesano, hizo un llamamiento a ver en el signo del lavatoria de pies propio del Jueves Santo una actitud de vida

Vigilia Pascual del Sábado Santo (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la vigilia Pascual del Sábado Santo en la Catedral de Málaga el 19 de abril de 2014.

VIGILIA PASCUAL

DEL SÁBADO SANTO

(Catedral, 19 abril 2014)

1.- Queridos hermanos en el Episcopado, D. Fernando y D. Antonio. Estimados sacerdotes y ministros del altar. Queridos fieles todos. Hoy de un modo especial un saludo fraternal a los que vais a recibir las aguas bautismales.

                Esta noche es una noche espléndida; es la noche más hermosa de la liturgia de la Iglesia. Noche Santa en la que la comunidad cristiana se reúne para cantar las hazañas del Señor, para proclamar la historia de la Salvación.

Las siete lecturas, que hemos proclamado del Antiguo Testamento, han sido un repaso de la historia salvífica, comenzando por la creación del mundo y acabando con la renovación de nuestro corazón.

La noche está repleta de signos preciosos: las tinieblas y la luz. Hemos entrado en la Catedral a oscuras, guiándonos sólo la luz de Cristo, simbolizada por la luz del Cirio Pascual, la luz de Cristo resucitado que ilumina nuestras vidas.

Después hemos tomado de esa luz y la tomaréis los catecúmenos que vais a recibir el bautismo. Cristo va a regalaros su luz, para que caminéis con esa luz en vuestra vida.

2.- Otro símbolo será el agua, que bendeciremos a continuación, y en las que seréis bautizados. El agua que limpia, que renueva; pero que también es símbolo de Pascua. El agua puede producir muerte: el diluvio, el mar Rojo; esas aguas fueron de muerte para los paganos; pero para los que creen en Cristo son vida, renovación, purificación.

Después seréis ungidos con óleo, que hemos bendecido este miércoles Santo, junto con los presbíteros de la Diócesis. Seréis ungidos con el óleo de los catecúmenos y con el Santo Crisma de la Salvación.

3.- El profeta Isaías nos ha planteado algo que a veces no pensamos, dice: «mis planes no son nuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos» (Is 54, 8).

Voy hacer una pregunta a los catecúmenos: ¿pensabais hace unos años que estaríais hoy recibiendo el bautismo? Los planes del Señor no son nuestros planes. Y tampoco sabéis lo que os espera de bueno y de hermoso.

Esta noche también está presente un buen número de miembros de las Comunidades neocatecumenales, de las parroquias de Santo Tomás y de la Purísima, en Málaga, y de la parroquia de Cristo Resucitado, en Torremolinos. Tampoco pensabais que hoy el Señor os iba a regalar en esta fiesta poder terminar una etapa de vuestro Camino.

Los caminos y los planes del Señor no son los nuestros. Y sirve para cualquiera de los presentes. Cuando uno se deja acariciar por el Señor, cuando se pone en sus manos le cambia la vida totalmente. Y nos la cambia a todos los bautizados, a todos los hijos de Dios.

4.- El profeta Ezequiel, después, nos ha dicho en la lectura que nos va a rociar de agua y nos va a transformar. Va a cambiar el corazón de piedra en uno de carne. Un corazón de odio o que no ama lo va a transformar en un corazón que ama (cf. Ez 36, 25-26a). Un corazón que es capaz de sangrar, que no es duro, ni frío, como el corazón pagano. El corazón que no ama, el corazón que no ve a Dios es un corazón frío y de piedra.

Dios quiere cambiar nuestro corazón en uno tierno, delicado, amante, cariñoso, afectuoso. Y eso va a ser obra de Dios, no va a ser obra nuestra. Con el bautismo vais a recibir una nueva vida, un corazón nuevo, un espíritu nuevo. Todo esto lo simbolizaréis con una vestidura blanca, con una pieza blanca, como están con vestidos blancos los miembros de las comunidades Neocatecumenales.

5.- El Señor quiere obrar maravillas en nosotros; dejémosle que las obre, dejemos que el Espíritu actúe en nosotros, que nos moldee como el barro en manos del alfarero, que nos transforme a la imagen del Hijo.

En el bautismo se os va a regalar el don de la fe, de la esperanza y del amor. Vais a quedar marcados por la figura de Cristo. Vais a quedar sellados por el Espíritu, quien os sellará con la marca de Cristo; una marca indeleble, que no se borrará jamás, hagáis lo que hagáis; aunque renunciarais a la fe. Ese sello, marca o figura es acción del Espíritu en cada uno de los bautizados, que nos configura a Cristo; hace en nosotros la figura de Cristo. Nuestro pecado la emborrona y la desfigura; pero el perdón de los pecados vuelve a configurarnos con Él. La Iglesia os pide que mantengáis esa figura limpia en vosotros. Ese sello que recibiréis del Espíritu en el bautismo y en la confirmación. Y a cada uno de nosotros que seamos también dóciles a la acción el Espíritu.

6.- En esta noche Pascual démosle gracias por las grandes maravillas que ha obrado, tanto en el Pueblo de Israel y como en el nuevo Pueblo de la Iglesia.

La Iglesia, en esta noche santa, está haciendo renacer nuevos hijos como vosotros en todo el mundo. Seréis engendrados por la Iglesia en la fe; seréis nuevos hijos y nuevos testigos. Hoy empieza una etapa significativa y definitiva en vuestra vida, mucho más llena y hermosa que la que habéis llevado hasta hoy como paganos. Vais a dejar de ser paganos, el Señor os va a convertir en cristianos. No os suena bien eso de paganos, pero es así. El no cristiano es un pagano. Peor aún los cristianos que viven a lo pagano.

Damos gracias a Dios por toda esta maravilla, por su Pascua, por la salvación que nos ha traído, por ese paso de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz y a la resurrección.

Él nos ha unido a su Pascua; celebremos, pues, la Pascua, como hemos cantado en el Pregón, hermosa, llena de luz y de maravillas del Señor. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía en el Jueves Santo

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Homilía de Mons. Ginés García, obispo de Guadix, en el Jueves Santo.

Viernes Santo (Catedral-Málaga). Mons. Antonio Dorado Soto

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo del Viernes Santo en la Catedral de Málaga el 18 de abril de 2014.

VIERNES SANTO

(Catedral-Málaga, 18 abril 2014)

(Mons. Antonio Dorado Soto)

Contemplar el rostro doliente de Cristo

“Mirad el árbol de la Cruz, en que estuvo clavada la salvación del mundo”. Con estas palabras nos invita la Liturgia de este Viernes Santo a concentrar toda nuestra mente y nuestro corazón en Jesucristo Crucificado.

                Para poder contemplar con hondura conmovida la Cruz del Señor, tenemos que acercarnos con una mirada de fe, de esperanza y de amor.

                El papa Juan Pablo II nos invitaba en una de sus últimas Cartas Apostólicas a contemplar el “rostro doliente de Cristo” que nos lleva así a acercarnos al aspecto más paradójico de su misterio. Misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración. Rostro sangrante de la escena de la agonía en el Huerto de los Olivos. Rostro desencajado por la soledad y el abandono en la Cruz. De su boca sale un grito que no es de desesperado, sino de quien confía al Padre su vida. Es el dolor hondo por el hombre, que se resiste al amor del Padre. En esa resistencia al amor de Dios consiste el pecado.

                Como dice el Papa, hay que caer de rodillas; hay que contemplar, con mirada agradecida y anonadada ese rostro de Cristo. Es una contemplación iluminadora que requiere sosiego y ninguna prisa. San Agustín proponía tres tareas: “Vide pendentem. Audi clamantem. Considera morientem”. Así lo han hecho muchos santos.

                En el rostro de Cristo vemos el rostro de la Iglesia. Y nos acercarnos al Misterio de la Iglesia. Nos duelen, en primer lugar, nuestros pecados, que se reflejan en el rostro doliente de la Iglesia. Hoy el rostro de la Iglesia recibe además con mucha frecuencia golpes preparados, a veces con saña. Y nos debe doler mucho la desafección y la crítica a la Iglesia de los mismos cristianos.

                Y en el mismo rostro de dolor, el cristiano descubre el “sufrimiento de los hombres”, de la humanidad. Jesús hizo suyas las heridas de los hombres, las injusticias que soportan, la violencia que mata. Hoy Jesús recorre el Vía Crucis de los pobres, inmigrantes, amenazados, perseguidos.

                Estos son los tres puntos de la contemplación que os propongo para este viernes y sábado santos.

                1ª contemplación: El rostro doliente de Cristo.

                San Juan termina la historia de la Pasión del Señor con esta afirmación: “Mirarán al que traspasaron”. Es lo que hacemos hoy y es lo que debemos hacer con frecuencia y con agradecimiento. Es una mirada obligada y sanadora que hoy también nos cura. Esta mirada profunda es la fe.

                Si se mira pausadamente y con la hondura de la fe, el misterio de la Cruz cura del egoísmo, de la prepotencia y de la ambición, de la soberbia, de la idolatría, del oro, de la mentira y de la apariencia. Son los males que traen la ruina y empujan a los hombres a la lucha mortal de unos contra otros y a la explotación inhumana.

                A veces nos domina la mentira, pero también la falta de libertad y el desamor. La contemplación de la Cruz es buena noticia. El pecado fue vencido por Cristo; el pecado fue el que quedó clavado en la Cruz, mientras el Crucificado fue liberado.

                Porque Cristo subió a la Cruz, el hombre tiene fundada esperanza. “Nos abrió el camino”, dicen los Evangelios y San Pablo. El hombre tiene futuro y hoy es urgente hablar de esta esperanza que engendra el misterio de la Cruz.

                “Mirarán al que traspasaron”. Es verdad que para mirar y acercarnos a la Cruz necesitamos la fuerza del Espíritu. Si no lo hacemos así, miraremos sin ver, pensaremos sin entender, al fin, dejaremos de mirar y nos encerraremos en el estrecho mundo de lo nuestro, del egoísmo.

                Para mirar con fruto al rostro doliente de Jesús hay que ponerse de rodillas, como él hizo en Getsemaní, y orar. Es muy serio hablar de Getsemaní y de la historia de la Pasión. Si me lo creo, he de pararme y adorar. Otra actitud sería la superficialidad irresponsable.

                Este mirar hace “testigos”. Sólo los testigos hablan con sentido, con audacia, y no se callan esta página espléndida del amor de Dios, manifestado en el rostro doliente de Cristo.

                2ª contemplación: El rostro doliente de la Iglesia.

                El segundo momento de nuestra contemplación es detener la mirada en el rostro muchas veces doliente de la Iglesia. También la Iglesia se refleja en el rostro doliente del Señor.

                El “escándalo” que para muchos supuso Jesús en su tiempo, para no pocos lo provoca hoy la Iglesia. A veces sublimada, a veces degradada. Es verdad que Jesús pudo decir en su defensa: “¿Quién de vosotros me acusará de pecado?”. Eso, de nosotros, de la Iglesia, no cabe decirlo. El cielo de la Iglesia no es del todo transparente. Su rostro tiene zonas oscuras.

                Un sacerdote y filósofo del siglo XIX escribió una reflexión que tituló: “Las cinco llagas de la Santa Iglesia”.

                Os propongo hoy tres llagas: la persecución, nuestros pecados y la desafección.

                La persecución se cebó pronto contra la Iglesia. Los apóstoles conocieron las palizas, los calabozos y el martirio. La persecución duró de forma especialmente cruenta en los primeros siglos. En realidad, de un modo u otro, ha sido permanente y existe hoy también. La hemos sentido en los mártires cercanos de nuestro siglo y en los reiterados ataques de estos últimos meses.

                La persecución nos produce, a veces, extrañeza e indignación. Y es bueno que, como a los de Emaús, Jesús hoy nos diga que era necesaria la contradicción porque seguimos su camino y es indicador cierto de ir en la dirección acertada.

                Pero hay otro aspecto en el que el dolor de la Iglesia es más intenso: son nuestros pecados, nuestras caídas, el uso indebido del Evangelio, las cobardías, las incoherencias. Son los pecados de nosotros, sus hijos.

                Comenta el Vaticano II, y nos sirve para la oración: “La Iglesia es a la vez santa y necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación”. Tenemos necesidad del perdón de Dios y debemos orar cada día: “perdónanos nuestras ofensas”.

                El pecado de sus hijos produce dolor en el rostro de la Iglesia. El dolor se hace mucho más intenso porque nuestros pecados y nuestras incoherencias producen escándalo en descrédito del nombre de Jesús.

                En algunos de nosotros, entre nosotros, el dolor de la Iglesia proviene también de nuestra desafección, que, en su grado máximo, se expresa en la afirmación: “Cristo sí; la Iglesia no”.

                Frente a esta desafección cada uno debe sentirse feliz de pertenecer a la propia diócesis, a la propia parroquia. Cada uno puede decir de la propia Iglesia local: aquí Cristo me ha esperado y amado. A ella le debo lo mejor que yo tengo: el conocimiento de Jesucristo y la gracia de ser cristiano.

                Para Jesús la Iglesia es la “esposa” de Jesús, la Santa Madre de los cristianos y la presencia sacramental de Dios en el mundo.

                Al mirar hoy la Cruz del Señor le decimos con el alma entera:

                “Gracias, Señor Crucificado: te amamos y queremos poner nuestra vida en tus manos, vivir para ti, ser verdaderos discípulos tuyos y apóstoles de tu Evangelio…”. Amén.

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Mons. Zornoza, Obispo de Cádiz y Ceuta: “Con esta celebración se manifiesta la plenitud del sacerdocio de Cristo”

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El obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, ha presidido, este Miércoles Santo, la Misa Crismal, en la S.A.I. Catedral de Cádiz.

En esta consagración de los óleos, Mons. Zornoza, ha estado acompañado por los sacerdotes y diáconos que ejercen su ministerio pastoral en la diócesis.

Los hermanos cofrades hacen su Estación de Penitencia

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Cuatro hermandades y cofradías de Semana Santa salieron el Martes Santo de sus templos a las calles de Granada y realizaron su Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral, acompañados por nuestro Arzobispo, Mons. Javier Martínez.

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