Fotografía: Imagen de archivo de la pasada celebración de la Jornada Pro Orantibus en el Convento de las Clarisas en Jerez
El Convento de San José de Jerez de la Frontera, casa de la Orden de Santa Clara, celebra hoy la festividad de Santa Clara de Asís, fundadora de las clarisas.
La comunidad religiosa vivirá esta jornada de manera especial con la celebración de la Santa Misa a las 20:00 horas, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
La celebración permitirá dar gracias por el carisma de Santa Clara, marcado por la pobreza evangélica, la oración, la fraternidad y una vida plenamente entregada a Dios.
La presencia de las clarisas en Jerez forma parte de la riqueza de la vida consagrada en la Diócesis de Asidonia-Jerez, donde las comunidades contemplativas sostienen con su oración la misión evangelizadora de toda la Iglesia.
La Eucaristía de esta tarde será también una oportunidad para acompañar a la comunidad del Convento de San José en el día de su fundadora y renovar la gratitud por el testimonio de quienes viven su vocación desde el silencio, la contemplación y la entrega a Dios.
La Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, que la Iglesia celebra cada 15 de agosto, tendrá un especial protagonismo en distintos puntos de la Diócesis de Asidonia-Jerez, con celebraciones destacadas en Trebujena, Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera.
La primera de las citas tendrá lugar el 14 de agosto en Trebujena, donde se vive de manera especial esta solemnidad bajo la advocación de Nuestra Señora de PalomaresCoronada. A las 20:00 horas, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez presidirá la Eucaristía.
Al día siguiente, 15 de agosto, la celebración se trasladará a Sanlúcar de Barrameda, donde la Virgen de la Caridad Coronada ocupa un lugar central en la devoción de la ciudad. La Basílica de Nuestra Señora de la Caridad Coronada acogerá a las 11:00 horas la Eucaristía presidida también por Monseñor José Rico Pavés.
La solemnidad tendrá igualmente presencia en Jerez de la Frontera, sede de la Diócesis. Junto a la Iglesia de San Dionisio Areopagita, templo dedicado al patrón de la ciudad, se encuentra la Plaza de la Asunción, presidida por un monumento dedicado precisamente a la solemnidad que la Iglesia celebra el 15 de agosto.
Por este motivo, la parroquia realizará el 14 de agosto, a las 19:30 horas, una ofrenda floral ante este monumento, sumándose así a las celebraciones diocesanas en honor de la Virgen María.
Tres citas que muestran la especial presencia de esta solemnidad mariana en la vida de la Diócesis y que invitan a los fieles a celebrar juntos la Asunción de María.
La parroquia de San Miguel ha vivido estos días con especial fervor y alegría la celebración solemne de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores y una de las grandes figuras de la Iglesia española. Los cultos, organizados conjuntamente por la Hermandad Sacramental de San Miguel y Pontificia Archicofradía del Santísimo Rosario y la parroquia, han congregado a numerosos fieles, que han participado con devoción en cada uno de los días del triduo y en la fiesta litúrgica de santo Domingo.
La solemnidad fue precedida por un triduo, durante el cual el párroco, Antonio Fajardo, fue desgranando con profundidad y brillantez la figura humana, espiritual e histórica de Santo Domingo de Guzmán. A través de su predicación, los asistentes pudieron acercarse a la vida y obra de aquel gran santo burgalés que hizo de la predicación del Evangelio, la oración y la búsqueda de la verdad el centro de su existencia.
A lo largo de estos días, el párroco invitó a contemplar no solamente al Santo Domingo fundador y predicador, sino también al hombre de profunda vida interior, de caridad ardiente y de extraordinario amor a la Iglesia. Sus palabras nos ayudaron a descubrir la vigencia de su ejemplo y a comprender cómo su figura continúa siendo una llamada a vivir con mayor fidelidad nuestra condición de cristianos.
Especialmente conmovedora resultó la predicación en torno a las virtudes que adornaron la vida del santo, cuya entrega a Dios y a las almas le hizo merecedor de ser llamado, con toda justicia, «estrella refulgente de la fe y gloria de la Iglesia de España». Su celo apostólico, su amor a la verdad, su espíritu de oración y su devoción a la Santísima Virgen y al Santísimo Rosario constituyen un luminoso ejemplo para todos los que hoy formamos parte de la Iglesia.
La celebración solemne, que tuvo lugar el 8 de agosto, día de santo Domingo, puso el broche de oro a estos días de gracia. La capilla de la Virgen del Rosario, por encontrarse San Miguel en obras, ha sido testigo de una celebración muy concurrida y vivida con especial recogimiento, en la que la comunidad parroquial y los hermanos de la hermandad se unieron para honrar a Santo Domingo y pedir su intercesión.
Finalizada la celebración, y como expresión de fraternidad y convivencia, la Hermandad ofreció a todos los asistentes una riquísima sangría, que permitió prolongar en un ambiente distendido la alegría de la jornada. En torno a ella se compartieron conversación, amistad y buenos momentos, poniendo de manifiesto que la vida de una parroquia se construye también desde la convivencia fraterna.
La Hermandad Sacramental de San Miguel y Pontificia Archicofradía del Santísimo Rosario reconoce y agradece a José Manuel Martos Segura su especial dedicación por la recuperación de la fiesta de santo Domingo, a Rafael Teófilo Sánchez, que con la música y su magnífica voz solemnizó la sagrada Eucaristía, a Mari Carmen que día a día reza el santo rosario, y especialmente lo ha hecho en estos cultos, a Jesús y Antonio Manuel que han acolitado todos los días con especial cariño, a las religiosas hijas de la Sagrada Familia que siempre acompañan y a cuantos de un modo u otro han colaborado para hacer posible esta celebración. Y de manera especial, agradece al párroco, Antonio Fajardo, sus profundas y hermosas predicaciones, que nos han permitido conocer y amar un poco más la figura de Santo Domingo de Guzmán.
Encarni Sánchez Ruiz
Secretaria de la Hermandad Sacramental de san Miguel y Pontificia Archicofradía del Santísimo Rosario de Guadix
La comunidad cristiana de Cortes y Graena ha celebrado con alegría la fiesta de San Lorenzo Mártir, patrono de la localidad de Graena, en unos días marcados por la participación de vecinos, familiares y visitantes y por un profundo ambiente de fe, convivencia y fraternidad.
La celebración, promovida por el Ayuntamiento de Cortes y Graena, ha tenido como protagonistas a los cuatro núcleos que integran el municipio: Cortes, Graena, Los Baños de Graena y Lopera. Las distintas actividades han permitido vivir la fiesta no solamente como una sucesión de actos, sino como una verdadera ocasión de reencuentro familiar y de amistad, recuperando vínculos y fortaleciendo el sentido de comunidad.
Uno de los aspectos más significativos de estos días ha sido la acogida ofrecida por los vecinos. Las puertas de muchos hogares se han abierto para recibir a familiares, peregrinos y visitantes, mostrando la sencillez, cercanía y afabilidad que caracterizan a las gentes de estos pueblos. Una realidad que, como destacó el párroco, Gerardo José Rodríguez Pérez, constituye «un verdadero tesoro para nuestra Diócesis de Guadix».
La celebración religiosa tuvo como centro la Eucaristía solemne en honor de San Lorenzo. En ella, la comunidad dio gracias a Dios por la vida y el testimonio del santo diácono y mártir, modelo de fe, valentía y servicio a los más pobres.
Durante la homilía, el párroco recordó uno de los episodios más conocidos de la vida de San Lorenzo. Cuando le fueron reclamados los tesoros de la Iglesia, el santo presentó a los pobres y necesitados y afirmó: «Estos son los tesoros de la Iglesia».
A partir de esta expresión, el párroco invitó a descubrir que el verdadero tesoro de una comunidad no está solamente en sus bienes materiales, sino, sobre todo, en las personas: los mayores, los enfermos, las familias, los niños, los jóvenes, quienes viven solos y todos aquellos que necesitan acompañamiento y esperanza.
En este sentido, señaló que también Cortes, Graena, Los Baños de Graena y Lopera son un tesoro, porque detrás de sus calles, casas y tradiciones hay personas, familias, historias compartidas y una comunidad llamada a cuidarse y a caminar unida.
La celebración fue también una ocasión para agradecer el servicio de quienes trabajan por el bien de estos pueblos. El párroco saludó con especial afecto a la alcaldesa, Fabiola Romero, y a su equipo de colaboradores, agradeciendo su dedicación y expresando el deseo de que quienes tienen responsabilidades públicas puedan seguir trabajando por las necesidades de los cuatro núcleos, desde el diálogo, la colaboración y la búsqueda del bien común.
Gerardo José quiso tener también unas palabras de reconocimiento hacia la alcaldesa, que ha anunciado que no optará nuevamente a la alcaldía en los próximos comicios municipales, agradeciéndole el servicio realizado durante estos años y deseándole lo mejor en la nueva etapa que se abra en su vida.
La celebración de San Lorenzo ha puesto de manifiesto, una vez más, la estrecha relación existente entre fe, pueblo y comunidad. La fiesta patronal se ha convertido en una oportunidad para fortalecer la convivencia, renovar la esperanza y recordar que una comunidad crece cuando sus miembros saben acogerse, respetarse y ayudarse mutuamente.
Al finalizar la celebración, el párroco encomendó a San Lorenzo a las familias, a los mayores, a los enfermos, a los niños y jóvenes, así como a todas las personas que forman parte de estos cuatro pueblos.
Pidió también que el santo patrono interceda para que Cortes, Graena, Los Baños de Graena y Lopera sigan siendo comunidades vivas, acogedoras y fraternas, donde nadie se sienta solo ni excluido y donde cada persona pueda sentirse parte importante de la vida de sus pueblos.
La novena a la Virgen de los Reyes encara ya la semana previa a la jornada central del 15 de agosto. En la tarde de hoy, el predicador, monseñor José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá, ha dado un paso más en su itinerario espiritual para estos nueve días, invitando a los fieles y devotos que se han dado cita en la Catedral a “comprender que la vida cristiana solo se hace fecunda cuando aprende a entregarse”.
Apoyado en la lectura del día (Jn 12,24), el arzobispo ha afirmado que Jesús anuncia su Pascua: “Su muerte no será un fracaso, sino la semilla de una humanidad nueva”. En la misma línea, ha señalado que “una vida que se ofrece por amor descubre una fecundidad que jamás habría imaginado”.
Monseñor Ulloa ha recordado que vivimos en una cultura que nos invita continuamente a conservar, acumular y asegurar –“se nos hace creer que la felicidad consiste en no perder nada, en protegernos de todo sacrificio y en pensar primero en nosotros mismos”, apunta-, y que el Evangelio, en cambio, nos propone un camino diferente. Así, “la vida crece cuando se entrega, el amor madura cuando se comparte y la alegría se multiplica cuando deja de girar alrededor de uno mismo”. Y esto, ha añadido, se comprende cuando miramos la vida cotidiana, los desvelos de los padres por los hijos, quienes cuidan de un enfermo, acompañan a un anciano, educan a un niño o escuchan a quienes están solos. Todo ello, “a los ojos del mundo quizá parezca una pérdida; a los ojos de Dios, es una siembra”.
“La Iglesia no era rica por lo que guardaba, sino por el amor con que servía”
A continuación, el predicador ha hecho referencia a la festividad de hoy, san Lorenzo, para quien “la Iglesia no era rica por lo que guardaba, sino por el amor con que servía”. Ha recordado que san Lorenzo terminó entregando su propia vida, y aunque humanamente parecía que todo acababa allí, “sin embargo, tantos siglos después, seguimos pronunciando su nombre y recibiendo el testimonio de su fidelidad”.
A continuación, se ha referido a María, que “vivió también esta lógica del Evangelio”: “Toda su existencia fue una entrega silenciosa, se entregó cuando respondió al anuncio del ángel sin conocer de antemano el camino que Dios le proponía, se entregó en la pobreza de Belén, en la incertidumbre de Egipto y en los años escondidos de Nazaret. Se entregó cuando permitió que Jesús comenzara su vida pública y aceptó que su Hijo pertenecía a la misión que el Padre le había confiado. Y se entregó plenamente al permanecer de pie junto a la cruz”.
Volviendo la mirada a la patrona, que preside el altar del Jubileo a la espera de su salida procesional, el arzobispo de Panamá subraya que “su realeza no nace del poder humano, sino de su entrega”. “María -ha añadido- es Reina porque primero fue servidora”.
Dirigiéndose a los sevillanos, monseñor Ulloa ha valorado la forma en que han conservado durante siglos “una fe viva”. Ello fue debido a que “hubo generaciones enteras que comprendieron el valor de la entrega”: Padres y madres que transmitieron la fe a sus hijos, sacerdotes que gastaron su vida anunciando el Evangelio, religiosas y religiosos que sirvieron a los más necesitados y tantos laicos que sostuvieron silenciosamente sus comunidades.
De Sevilla a Panamá
Por ello, ha destacado que la verdadera historia de la Iglesia no se escribe únicamente con grandes nombres: “Se escribe, sobre todo, con la fidelidad de innumerables personas sencillas que aceptaron servir sin buscar aplausos”. “Son el grano de trigo escondido en la tierra de Sevilla”, ha añadido. La misma conclusión ha sacado del relato de quienes evangelizaron América a lo largo de siglos. “Ellos sembraron sin conocer toda la cosecha. Quizá nunca imaginaron que, más de cinco siglos después, un arzobispo panameño llegaría hasta esta Catedral para dar gracias por la fe recibida. Así actúa Dios”, ha afirmado.
El arzobispo de Panamá ha concluido su homilía invitando a los asistentes a la novena a “mirar nuestra historia con los ojos de Dios”. O, dicho de otro modo: “Ningún acto de amor queda estéril. Ninguna oración ofrecida por otra persona es olvidada. Ninguna lágrima derramada por fidelidad deja de tener valor delante del Señor. Quizá nosotros no lleguemos a ver toda la cosecha, pero Dios sí la ve. Y eso debe bastarnos”.
Representaciones de Peñaflor y Aznalcázar
Esta tarde, la novena ha contado con la participación especial de representaciones de dos hermandades de la provincia: la Hermandad de Nuestra Señora de Villadiego, en Peñaflor, y la de Santiago, en Aznalcázar. La primera celebra este año dos acontecimientos: la coronación canónica de su titular (celebrada el pasado 9 de mayo) y el centenario de su romería durante el mes de agosto. Por su parte, la corporación aznalcazareña conmemora en 2026 el 450º aniversario fundacional. Como en jornadas anteriores, el canónigo Manuel Soria, ha sido el encargado de entregar a las dos delegaciones un recuerdo de su paso por la novena.
El grupo de jóvenes malagueños que se encuentra en Colombia realizando una experiencia misionera desde el pasado 25 de julio continúa con normalidad su labor a pesar del fuerte terremoto que ha afectado a parte del país.
Una joven participante en la experiencia «Espíritu Misionero Colombia 2026», en una de las clases del instituto de Barú en el que han colaborado
Los jóvenes misioneros María Becerra Ruiz, Inés Gómez Reyes, María de la Paz Guatura Ruiz, Manuel Benítez López, Alba Barranco Benítez y Lola Benavente Becerra, junto a las responsables Carmen Anaya Gutiérrez y María del Mar Carbonero Vallejo, y el delegado de Misiones José Luis Pereyra Quintián, misionero de la Consolata, se encuentran bien en Cartagena de Indias, una zona donde la población apenas ha notado el seísmo de magnitud 7,4. «Afortunadamente, ni siquiera hemos sentido el terremoto –afirma el delegado de Misiones–. Nos enteramos por los medios de comunicación de lo que sucedió en el Chocó, que está bastante lejos de la zona donde estamos nosotros. Así que estamos todos bien».
Jóvenes malagueños de misión en la localidad colombiana de Barú
De esta manera, los malagueños continúan su tarea y compromiso misionero con los habitantes de las poblaciones de Barú, Santa Ana y Ararca adonde fueron enviados el pasado 19 de julio por el Obispo de Málaga. «Está siendo un tiempo muy bonito, tanto para los jóvenes como para la gente con la que estamos conviviendo –afirma Pereyra–. Estamos teniendo la oportunidad de vivir un montón de riqueza de experiencia misionera, sobre todo en el encuentro, en el diálogo con las personas, con los niños, con los más ancianos… Todo ello gracias a la ayuda de las que aquí se llaman las “servidoras”, que son agentes pastorales muy comprometidas que trabajan en coordinación con el párroco y que nos ayudan a integrarnos en todas las zonas que estamos visitando, colegios y otros grupos sociales que tienen mucho interés en conocernos y escuchar nuestra experiencia y también nosotros de escucharlos a ellos».
Un día de la misión de la experiencia «Espíritu Misionero Colombia 26»
Los participantes en la experiencia diocesana “Espíritu Misionero Colombia 26” celebran también la Misa con los niños y, en algunas residencias de ancianos, comparten su tiempo con las personas acogidas brindándoles su alegría, escuchándolos y orando por ellos.
En las próximas celebraciones previstas orarán especialmente por las víctimas del terremoto y sus familiares. Su regreso a Málaga está previsto para el próximo 21 de agosto.
El grupo de jóvenes malagueños que se encuentra en Colombia realizando una experiencia misionera desde el pasado 25 de julio continúa con normalidad su labor a pesar del fuerte terremoto que ha afectado a parte del país sudamericano y que, según las primera estimaciones, ha provocado más de un centenar de muertos.
Una joven participante en la experiencia «Espíritu Misionero Colombia 2026», en una de las clases del instituto de Barú en el que han colaborado
Los jóvenes misioneros María Becerra Ruiz, Inés Gómez Reyes, María de la Paz Guatura Ruiz, Manuel Benítez López, Alba Barranco Benítez y Lola Benavente Becerra, junto a las responsables Carmen Anaya Gutiérrez y María del Mar Carbonero Vallejo, y el delegado de Misiones José Luis Pereyra Quintián, misionero de la Consolata, se encuentran bien en Cartagena de Indias, una zona donde la población apenas ha notado el seísmo de magnitud 7,4. «Afortunadamente, ni siquiera hemos sentido el terremoto –afirma el delegado de Misiones–. Nos enteramos por los medios de comunicación de lo que sucedió en el Chocó, que está bastante lejos de la zona donde estamos nosotros. Así que estamos todos bien».
Jóvenes malagueños de misión en la localidad colombiana de Barú
De esta manera, los malagueños continúan su tarea y compromiso misionero con los habitantes de las poblaciones de Barú, Santa Ana y Ararca adonde fueron enviados el pasado 19 de julio por el Obispo de Málaga. «Está siendo un tiempo muy bonito, tanto para los jóvenes como para la gente con la que estamos conviviendo –afirma Pereyra–. Estamos teniendo la oportunidad de vivir un montón de riqueza de experiencia misionera, sobre todo en el encuentro, en el diálogo con las personas, con los niños, con los más ancianos… Todo ello gracias a la ayuda de las que aquí se llaman las “servidoras”, que son agentes pastorales muy comprometidas que trabajan en coordinación con el párroco y que nos ayudan a integrarnos en todas las zonas que estamos visitando, colegios y otros grupos sociales que tienen mucho interés en conocernos y escuchar nuestra experiencia y también nosotros de escucharlos a ellos».
Un día de la misión de la experiencia «Espíritu Misionero Colombia 26»
Los participantes en la experiencia diocesana “Espíritu Misionero Colombia 26” celebran también la Misa con los niños y, en algunas residencias de ancianos, comparten su tiempo con las personas acogidas brindándoles su alegría, escuchándolos y orando por ellos.
En las próximas celebraciones previstas orarán especialmente por las víctimas del terremoto y sus familiares. Su regreso a Málaga está previsto para el próximo 21 de agosto.
El Convento de Madre de Dios de Sanlúcar de Barrameda acogió la celebración de la festividad de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, en una jornada especialmente significativa para la comunidad de religiosas dominicas que reside en este histórico convento.
La Eucaristía estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien quiso acompañar a las Dominicas en el día de su fundador, compartiendo con ellas una celebración marcada por la oración y la acción de gracias por el carisma recibido.
La fiesta de Santo Domingo de Guzmán tiene además una especial relevancia en la Diócesis de Asidonia-Jerez por la presencia de la familia dominicana en distintos puntos del territorio diocesano, donde su espiritualidad, su vida religiosa y su misión continúan formando parte de la riqueza de la Iglesia local.
Esta presencia se hace visible también en Jerez de la Frontera, sede de la Diócesis, donde el legado de los hijos de Santo Domingo sigue profundamente vinculado a la historia y a la vida eclesial de la ciudad.
La celebración vivida en Sanlúcar de Barrameda permitió poner en valor la aportación de la Orden de Predicadores a la Iglesia, desde la contemplación, la predicación y el anuncio del Evangelio, y renovar la gratitud por la presencia de las Dominicas en nuestra Diócesis.
Ha pasado más de una semana desde el drama humano e institucional que ha vivido nuestra Diócesis en Ceuta. He necesitado reposar y comprender el alcance de lo que hemos sufrido y, al mismo tiempo, intentar comprender, con mis luces, la repercusión que excede lo que los medios de comunicación han ido mostrando. Ahora, quiero transmitiros lo que he vivido y, al mismo tiempo, lo que os propongo como medida para toda la Diócesis, en la medida en que cada uno pueda llevarla a cabo. Son días, además, de descanso de un año intenso, lleno de incertidumbres, que nos ha afectado a todos.
En primer lugar, miro el desastre humanitario que ha generado la ambición y la corrupción. Nada nuevo bajo el sol. A un lado de la frontera estaban jóvenes sin futuro que se lanzaron hacia lo desconocido, sólo por consignas políticas o por promesas malintencionadas; adultos que aprovecharon el desgobierno para huir de las responsabilidades penales de su país, quizá por algún indulto premeditado pergeñado para esta ocasión; niños y niñas que, abandonados por sus familias se convierten en carne de cañón para depredadores; y, por el otro, personas que se han sentido vulneradas en su espacio, familias temerosas a que, al llegar la noche o en plena luz del día, entraron en su casa y reclamaron comida o una recarga de batería de móvil; comercios cerrados, miedo en los ojos, incertidumbre ante la posibilidad de que vuelvan a aparecer, y sobre todo, la rabia que genera la desprotección que deben garantizar quienes gobiernan. Como comprenderéis, todo un cóctel de emociones que podrían haber estallado en un conflicto mayor y, que, gracias a la serenidad del pueblo de Ceuta, no se ha dado.
En segundo lugar, brota en mi corazón la gratitud de la fe. Desde el primer instante, Santa María de África ha sido el baluarte donde consolidar el refugio, la brisa suave de Elías, que, en medio de la persecución, da la respuesta que todos nos hacemos ¿Dónde está Dios? Ni en el huracán, ni en el terremoto… Está en la dulzura de una Madre, que llora ante la muerte de su Hijo, mientras lo acoge en su regazo. He podido percibir cómo la Madre y Patrona de Ceuta, una vez más en la historia, se ha convertido en el faro que guía nuestro surcar los mares embravecidos.
Pero mi agradecimiento se dirige también al Papa que, en su mensaje del pasado domingo puso de manifiesto que lleva a Ceuta en su corazón, a los sacerdotes, a las parroquias, a los religiosos y las religiosas de Ceuta, a los voluntarios de la Casa San Antonio y también a los de Cáritas, y especialmente, a la Hermandad de la Patrona. Juntos hemos intentado dar un ejemplo de unidad en medio de tanta crispación. Es justo que demos todos un mensaje de gratitud a esta pequeña comunidad cristiana, para que reciban un aliento fuerte del resto de la Diócesis, para que mantengan vivo el testimonio de la fe. Quiero creer que, tanto la Ofrenda floral como la Función y la Procesión con la Imagen de Santa María de África no ha sido un suspiro fugaz, sino un catalizador para romper la inercia que genera el miedo, la chispa para tomar conciencia de lo que aporta la fe en la re-construcción de la ciudad, el mayor desafío que tiene la sociedad y la iglesia en este tiempo que el Señor nos regala.
Como propuesta de acción eclesial a esta crisis humanitaria y de confianza, creo necesario poner nuestra mirada en Dios. Cuando las potencias vecinas amenazaban la fragilidad de Israel, los Patriarcas y Profetas alzaban sus manos y rogaban la misericordia divina. Así también, Jesucristo lloró ante la destrucción de Jerusalén. Por eso, os exhorto a que, en todas las parroquias de la Diócesis se realice una Vigilia de oración por la Paz, la estabilidad y la Justicia en Ceuta, como ha sugerido el Papa León XIV, en la noche de la víspera de la Asunción de María.
Así se realizará en el Santuario de Santa María de África, y así deseo que pueda hacerse, de la forma más adecuada posible, para que todos los católicos de nuestra Diócesis puedan rezar, a partir de las primeras vísperas, con la intención no sólo de solicitar la protección de la Ciudad de Ceuta, sino para que tomemos consciencia de la importancia de madurar la fe recibida, y solicitar la luz necesaria para que, unidos, vivamos estos momentos como un nuevo inicio cultural, y no simplemente como una crisis, que ojalá fuera pasajera. Estos acontecimientos me parecen que muestran la profundidad del cambio de cultura que se está generando, por eso, ahora más que nunca necesitamos alzar la mirada y rezar juntos el Padrenuestro diciendo: ¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!
‘Dios sabe más’ es el título del nuevo libro del sacerdote sevillano Ignacio del Rey, párroco de San Miguel Arcángel y San Francisco, de Morón de la Frontera, que se presentará el próximo miércoles, 12 de agosto, en la sede de las Fundación Caja Rural del Sur. El acto comenzará a las doce del mediodía y será presidido por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses.
La obra se presenta al público como “un devocionario para rezar con la vida”, y, como ha declarado recientemente el autor, ha surgido “sobre todo del silencio, del desierto, de la herida, de la esperanza, de la oración diaria, de escuchar, de compartir, de acompañar”, porque “detrás de casi todo lo que vivimos, hay una oración que quizá todavía no sabemos formular”. La obra, por tanto, es fruto de conversaciones, confesiones, encuentros, silencios y también experiencias personales.
El libro parte de una convicción sencilla: “se puede rezar la vida entera, lo grande y lo pequeño, lo hermoso y lo difícil. Lo que entendemos y también aquello para lo que no encontramos explicación”, apunta Ignacio del Rey. “A veces basta con poner delante de Dios lo que llevamos dentro y dejarle la última palabra. De ahí el título: ‘Dios sabe más’”, añade.
El devocionario reúne 300 oraciones breves para situaciones concretas de la vida ordinaria, organizadas en seis grandes ámbitos: la vida espiritual; la relación con uno mismo; la relación con los demás; la relación con la Iglesia; el trabajo, el estudio y el ocio; y las diversas circunstancias que van atravesando nuestra existencia. El libro no pretende enseñar a rezar mediante grandes teorías, sino “ayudar a empezar una conversación con Dios, a entablar una relación personal que va transformando la vida”.
En definitiva, ‘Dios sabe más’ quiere ayudar a descubrir que “todo lo que cabe en una vida cabe también en una oración”.
Los beneficios obtenidos con su venta estarán destinados a las obras de restauración de las parroquias de San Miguel Arcángel y San Francisco de Asís de Morón de la Frontera.