
Cuidar a un enfermo en casa nunca es fácil. Puede ser gratificante, beneficioso para el necesitado, a veces incluso heroico, y sin duda, es un acto de amor. Pero se trata de una labor ardua, en la que el cuidador invierte largas horas, se arma con la mejor de sus sonrisas y echa mano de toda la paciencia de la que dispone.





