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La renovación de puertas de la Residencia Hogar San Pablo culmina mejorando seguridad, confort y eficiencia energética

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Cáritas ha llevado a cabo este proyecto subvencionado por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía

Cáritas Diocesana de Córdoba ha culminado con éxito la renovación de todas las puertas interiores y exteriores de la Residencia Hogar San Pablo, una actuación desarrollada en el marco del proyecto «Equipamiento Hogar San Pablo», subvencionado por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía con una ayuda de 37.189,55 euros, dentro de la convocatoria destinada a proyectos de inversión con fines sociales en equipamientos y vehículos adaptados.

La intervención ha supuesto una mejora significativa de las instalaciones de la residencia y ha beneficiado directamente a las 40 personas mayores residentes, reforzando las condiciones de seguridad, confort, accesibilidad y eficiencia energética del centro.

Las nuevas puertas cumplen con la normativa vigente en materia de accesibilidad y contribuyen a crear un entorno más funcional y acogedor, adaptado a las necesidades de las personas mayores. Esta actuación favorece además los procesos de recuperación, bienestar y vinculación social de quienes residen en el Hogar San Pablo.

El proyecto «Equipamiento Hogar San Pablo» tiene como finalidad mejorar las condiciones físicas y funcionales de la residencia, promoviendo espacios que aporten confianza, estabilidad y calidad de vida. Esta iniciativa responde al compromiso de Cáritas Diocesana de Córdoba por ofrecer una atención integral centrada en la persona, donde el entorno también desempeña un papel esencial en el cuidado y el acompañamiento.

Con esta actuación, la Residencia Hogar San Pablo continúa avanzando en la construcción de un espacio seguro, accesible y acogedor, coherente con un modelo de intervención que sitúa el bienestar de las personas mayores en el centro. Un lugar concebido como un auténtico «hogar como guarida», donde cada mejora contribuye a reforzar la dignidad, la autonomía y la calidad de vida de quienes lo habitan.

La Travesía Senderista San Juan de Ávila celebra su quinta edición

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Fe, deporte y peregrinación entre Córdoba y Montilla se unieron la noche del sábado, 4 de julio

La Travesía Senderista San Juan de Ávila ha alcanzado este año su quinta edición consolidándose como una de las propuestas de peregrinación más singulares de la Diócesis. La iniciativa ha recuperado el histórico recorrido que realizó en numerosas ocasiones San Juan de Ávila entre Córdoba y Montilla, dos lugares estrechamente vinculados a su vida y a su ministerio sacerdotal.

El itinerario, de 55 kilómetros, puede realizarse en ambos sentidos, Córdoba-Montilla o Montilla-Córdoba, evocando los frecuentes desplazamientos del santo hacia la Catedral de Córdoba, como Iglesia Madre de la Diócesis, y su regreso a Montilla, ciudad donde descansan sus restos y que se ha convertido en un importante destino de peregrinación.

La marcha se desarrolla durante la noche, una circunstancia que aporta un significado especial a la experiencia. Más allá del esfuerzo físico, la travesía invita a los participantes a vivir un encuentro entre lo humano y lo divino, como explica el rector de la Basílica, Fernando Suárez, disfrutando del silencio nocturno, la contemplación del cielo estrellado y la inmensidad de la creación como espacios propicios para la oración y la reflexión.

Coincidiendo con el quinto aniversario de esta iniciativa, el rector ha destacado que el camino se ha convertido en una oportunidad para acercar a muchas personas a la Iglesia, incluso a quienes habitualmente no mantienen un contacto cercano con ella. El recorrido ha permitido descubrir tanto la Santa Iglesia Catedral de Córdoba como la Basílica de San Juan de Ávila en Montilla, donde los peregrinos pueden encomendarse a la intercesión del patrono del clero secular español.

Al finalizar la travesía, los caminantes recibieron la «avilana», la acreditación que certifica la realización completa del recorrido.

Recital de música sacra “Ad Lucem”, en la parroquia de La Zubia

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El día 11, a las 20:30 horas, con la granadina Norah Wanton, considerada como una de las pianistas extraordinarias de su generación.

La joven granadina Norah Wanton de 17 años, considerada como una de las pianistas extraordinarias de su generación, ofrecerá un Recital de música sacra en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de La Zubia el sábado día 11, a las 20:30 horas.

Con el título “Ad Lucem” (“Hacia la luz”), la joven pianista ofrecerá este concierto, el último en Granada, antes de marcharse en otoño a estudiar a suiza. En septiembre, Norah Wanton se incorpora a la Hochschule der Künste Bern (HKB), una de las instituciones de referencia en la formación musical europea, donde ingresará en la clase de piano de la profesora Zlata Chochieva, quien a su vez se formó como discípula de Mijaíl Pletnev, leyenda del piano ruso, Medalla de Oro del Concurso Chaikovski de 1978 y fundador de la Russian National Orchestra.

Durante su interpretación, la propia Norah introducirá con una explicación cada una de las obras.

“El programa no es una sucesión de piezas, sino un recorrido espiritual. Ad Lucem está construido enteramente con música sacra de los siglos XVII al XX, en un arco que va de la súplica a la alabanza, pasando por la conversión, el consuelo y la oración mariana”, explican los organizadores del Recital.

En el Recital, que durará en torno a una hora con una breve pausa, “suenan tres corales de Johann Sebastian Bach en transcripciones pianísticas de Busoni, Myra Hess y Wilhelm Kempff; el Aria de la Tercera Suite en la versión de Siloti; la célebre Meditación de la ópera Thaïs de Massenet; el Laudate Dominum y el Ave verum corpus de Mozart; la Consolación n.º 3 de Liszt; y el Ave María de Schubert, en la transcripción de Stephen Heller. El concierto se cierra en comunidad: el coro La Alegría se une al piano para interpretar ‘Huracán’, del grupo católico español Hakuna”.

Norah Wanton se graduó con 11 años en el Conservatorio Profesional Ángel Barrios de Granada con Matrícula de Honor en piano y con 12 en guitarra clásica, y obtuvo el Premio Extraordinario de Enseñanzas Artísticas Profesionales de Andalucía. Durante cuatro años fue becaria del programa Liceu Junior de la Fundación Ferrer-Salat en el Conservatori Superior del Liceu de Barcelona, y se ha formado también en la Fundación Barenboim-Said. Ha ganado múltiples premios internacionales en concursos de piano, guitarra clásica, música de cámara y canto en Europa, Asia y América.

Como solista ha actuado en España, Italia, Alemania, Polonia, Rusia, Letonia, Lituania, Croacia y Reino Unido. Ha ofrecido además recitales benéficos para pacientes oncológicos en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada y en el Hospital Universitario Santa María de Lérida.

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La futura iglesia del Molino de la Vega da un paso decisivo

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La futura iglesia del Molino de la Vega da un paso decisivo

El acto comenzó con el rezo del Ave María en la parroquia de Santiago Apóstol, dirigido por su párroco, Manuel Beltrán, poniendo bajo la protección de la Virgen este proyecto tan esperado por la comunidad cristiana del barrio.

Posteriormente, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, estuvo acompañada por el primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo y Medio Ambiente, Felipe Arias; el concejal de Cultura y Patrimonio Histórico, Nacho Molina; así como por Alfonso Castro, concejal de Seguridad, Presidencia y Relaciones Institucionales; Manuel Jesús Soriano, concejal de Participación Ciudadana y Mª de los Milagros Rodríguez, concejal de Participación Ciudadana.

Durante su intervención, la alcaldesa recordó el compromiso adquirido por el equipo de Gobierno con los vecinos del Molino para hacer posible este proyecto. «Es un compromiso que adoptamos, al igual que el centro de salud del Molino. Somos un equipo de gobierno que se caracteriza por escuchar y, desde el área de Urbanismo, junto a todo su equipo, se ha trabajado para hacer realidad la iglesia que este barrio merece».

Miranda reconoció que se trata de una aspiración largamente esperada por los vecinos, pero quiso trasladar un mensaje de confianza: «Es cierto que esto lo lleváis escuchando muchos años, pero ahora va a ser una realidad. Estamos trabajando intensamente para que todos los barrios de Huelva cuenten con las mejores condiciones y servicios. Hay mucha ilusión porque todo un barrio se ha unido para hacer algo muy bonito».

Por su parte, el primer teniente de alcalde, Felipe Arias, explicó los detalles urbanísticos de la actuación, enmarcada dentro de la transformación que experimentará esta zona de la ciudad. Según señaló, el proyecto se integra en el desarrollo del nuevo eje Puerto-Ciudad y en la futura reordenación del entorno del bulevar hacia el puente de Punta Umbría.

Arias destacó que la nueva iglesia se ubicará en una parcela situada junto al parque, en un espacio triangular que permitirá desarrollar el proyecto sin afectar al entorno, integrándose de forma armónica con el incremento previsto de las zonas verdes. Asimismo, indicó que esta actuación contribuirá a configurar «la nueva fachada del Molino hacia la ría, sin darle la espalda», dentro de uno de los proyectos de transformación urbana más importantes previstos para la ciudad.

La futura construcción del nuevo templo supone un paso significativo para la comunidad parroquial de Santiago Apóstol, que desde hace años viene trabajando y rezando para contar con un espacio que responda al crecimiento pastoral del barrio y favorezca el desarrollo de la vida cristiana, la celebración de los sacramentos y la acción evangelizadora.

La Diócesis de Huelva agradece la colaboración institucional y el compromiso mostrado para hacer posible este proyecto, al tiempo que invita a toda la comunidad a continuar acompañando con la oración este camino, confiando en que la futura iglesia sea un lugar de encuentro con el Señor y un signo de esperanza para los vecinos del Molino.

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“Que mantengas vivo el espíritu que está detrás de estas piedras”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía de la toma de posesión del nuevo Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada, celebrada en la Capilla de Granada el 5 de julio de 2026.

Querido don Manuel Reyes,

Querido don José Carlos,

Queridos sacerdotes capellanes reales de esta insigne Real Capilla,

Querido deán de la Catedral,

Querido abad del Sacro Monte,

Querido don David,

Queridos seminaristas,

Querida madre y familia de don José Carlos,

Queridos familiares y amigos,

Queridos hermanos y hermanas en el Señor,

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios y la verdad es que podíamos aprovecharnos de una parte del Evangelio, donde el Señor nos dice “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. Y a final de curso, y ya en el mes de julio, un mes vacacional, pues nos vendría muy bien esta palabra de Dios que hasta el Señor nos dice que descansemos.

Pues no voy a ir por ahí. Claro que merecemos descansar. Y esto es lo que le decía a don Manuel, a quien agradezco todos estos años. Estas tres décadas, al frente de la capellanía real de esta insigne y real Capilla. Don Manuel, ya es tiempo de que descanse, que se ocupe de sí mismo, y no de tantas y tantas cosas en las que ha servido a esta Diócesis de Granada en los diferentes cargos de responsabilidad. Y sobre todo aquí, en esta insigne y real Capilla, que nos la ha descodificado para que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, podamos aprender de lo que aquí en estas paredes se refleja. Y sobre todo, del significado que supone este templo, que es mucho más que un templo precioso, un templo que ha puesto el paso del gótico al Renacimiento. Pero pesa sobre todo tantas y tantas realidades importantes para la ciudad de Granada. Importante para nuestra nación, importante para América Latina y Filipinas.

Esta capilla es toda una lección. No es simplemente un homenaje a unos reyes insignes, también, a los Reyes Católicos. No es simplemente un monumento funerario que recuerda la memoria de unos difuntos, sino que está expresando aquello que dio razón de ser, especialmente, a la reina Isabel Primera de Castilla, la Reina Católica, la sierva de Dios. Y es la de la gloria de Dios.

Y al mismo tiempo, en lo humano, el reflejo como una adelantada de su tiempo. Descubriendo en los seres humanos, el reflejo y la imagen de Dios. Por tanto, su igual dignidad. Y esto, de manera incipiente, pero real en su en su gobierno. Ella lo quiere llevar a la práctica, con las limitaciones de una mentalidad todavía con trazos de vasallaje, con los trazos del antiguo régimen medieval.

Pero ella, que después lo plasmaría en la Escuela de Salamanca, con todos los grandes teólogos de la Universidad de Salamanca. Plasmaría en el derecho de gentes, en el derecho que daría lugar después el derecho internacional. Y que el Papa supo también resumir de manera tan elocuente, tanto en el discurso en su recepción en el Palacio Real, del que fui testigo, en su única visita, por ahora, a España.

Y lo mismo en el Parlamento, en las Cortes Generales de nuestro país. La reina Isabel, los Reyes Católicos, pero la Reina, sobre todo, dejó esa impronta que se materializa en esta Real Capilla. Donde su devoción, especialmente con la devotio moderna del aprecio a la humanidad de Cristo, nos enseña y nos dirige la mirada a Cristo. Al Señor esperado que canta hoy el profeta, y que invita al gozo y la alegría de cuando lleguen los tiempos mesiánicos a anticiparlo.

Ese gozo y esa alegría es la que le hemos pedido al Señor, precisamente, en la oración colecta. Que le hemos dicho que Dios, “mediante la humillación de tu Hijo, has levantado en la humanidad caída, nos concedas el gozo. La santa alegría de gozar la condición de libres, de salidos del pecado y de la esclavitud del pecado a la libertad de la gracia de los hijos de Dios.”

Ese paso de la esclavitud a la libertad lo ha proclamado Isabel permanentemente, y ha entendido su acción evangelizadora que promovió en el Nuevo Mundo como una acción liberadora. La teología de la liberación no llega en el siglo XX. Llega, ya en el fondo, con el Evangelio proclamado. Ese Evangelio que tienen que ser para nosotros las claves, y esas claves los las ha dado el Señor, precisamente, y solo las entendemos desde el propio Evangelio, desde la sencillez, desde la humildad.

“Te doy gracias, Padre, Señor de Cielo y Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado los sencillos.” En esa condición es la que entiende el Evangelio Isabel la Católica. A pesar de su realeza, ella lo entiende. Desde esa lógica, que es la lógica de la Cruz, que es la lógica de Jesucristo. Que es la lógica de la que muestra su devoción, su oración, su vida de piedad.

Jesucristo es el centro para ella. Y eso lleva a tener el Espíritu de Cristo, al que nos invita hoy la Carta a los Romanos, precisamente del capítulo ocho, que es la vida en el Espíritu. San Pablo describe esa vida en el Espíritu y nos dice que quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Isabel, la Reina Católica, sí tenía el Espíritu de Cristo.

Nosotros estamos llamados a vivir ese mismo Espíritu que nos hace tener la lógica de ese Espíritu. La lógica del Evangelio, la lógica de la sencillez, la lógica de las bienaventuranzas, la lógica de la Cruz. Y no la lógica de la carne, la lógica del mundo, la lógica del poder. Esta es la lección que nos da la Palabra de Dios en este domingo. Y en este día, querido José Carlos, se hace realidad lo que tus hermanos del Cabildo de este capítulo real de esta Capilla insigne te han encomendado.

Tiene que ser esa lógica. Y aquí no conservas arte. No eres un conservador de arte, no eres alguien que simplemente mantenga esto. Sino que mantengas vivo el espíritu que está detrás de estas piedras, detrás de estas obras de arte, detrás de estas rejas, detrás de tanta y tanta belleza, que ciertamente es un camino hacia Dios. Que ciertamente ya explicita la manera de entender del Espíritu. Las cosas nobles y grandes, de unidad, de grandeza, de apertura a la trascendencia, de igualdad de los seres de humanos, de esperanza en la Resurrección. Todo eso que se lee en los cuadros, en las obras de arte, en la configuración arquitectónica, en su retablo, con especial devoción de los santos Juanes, el Bautista y el evangelista. Y sobre todo con Santa María en el centro, la Madre de Dios y Madre nuestra.

Querido José Carlos, sigues y recoges un testigo. Aquí no hay una alternancia de poder, porque no es esa la clave. Aquí no hay una alternancia de un cargo sin más, y que ahora viene otro que representa otra cosa. No, aquí se recoge un testigo para continuar un camino del que es depositario en su trazado la Iglesia de Granada. La Iglesia que tanto contribuyó a crear los Reyes Católicos, que tanto Hernando de Talavera puso empeño en poner con estilo nuevo. Ese estilo al que nos ha llamado el Papa León XIV, en su discurso a los obispos españoles.

Queridos amigos, querido José Carlos, a tomarte en serio, como hace siempre esto, el Señor, a los capitulares. Podría haber sido cualquiera de ellos. Les ha dado unos dones, gracias a Dios. Ahora, todos en comunión y en unidad, a seguir poniéndolo por obra, para preservar esta capilla, que no solo el Cabildo de esta insigne Iglesia ha puesto en tus manos, José Carlos, sino toda la Iglesia de Granada y su Arzobispo.

Adelante. Y no digo a engrandecer, porque ya es grande, pero sí a conservar, a difundir y todos a mostrar un estilo que es el del Evangelio y que el Papa, tomando pie de Hernando de Talavera, ha querido que lo vivamos también ahora como estilo evangelizador. Como manera de presentar el cristianismo, mostrándolo, no imponiéndolo, ofreciéndolo, no exigiendo. Sin más. Y ese es el estilo que nos enseñaron los que fundaron esta casa.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Que Santa María, nuestra Reina y Señora, la omnipotencia suplicante, te ayude. Y cuenta con nuestra oración y nuestro apoyo.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Capilla Real de Granada
5 de julio de 2026

Homilía en la bendición del nuevo camarín de la Esperanza de Triana

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Homilía en la bendición del nuevo camarín de la Esperanza de Triana (04-07-2026)
Capilla de los Marineros, Sevilla.

4 de julio de 2026

Queridos hermanos y hermanas: En la bendición de este nuevo camarín de Nuestra Señora de la Esperanza no celebramos una simple inauguración artística, ni un acto social, ni una presentación patrimonial. Celebramos un acontecimiento de fe. Bendecimos una obra humana para que quede orientada a la gloria de Dios, a la veneración de la Santísima Virgen y al bien espiritual del pueblo cristiano.

La primera lectura ha puesto en nuestros labios una confesión de alegría: «Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios» (Is 61,10). Es el gozo del creyente que reconoce que todo bien viene de Dios. También hoy damos gracias por tantos trabajos, desvelos, estudios, aportaciones y generosidad que han hecho posible la construcción de este camarín. En él se han unido la pintura mural, la cerámica, la talla, el dorado y la ornamentación, pero todo ello con una finalidad superior: ayudar al fiel a rezar, a contemplar a María y, por María, llegar a Cristo.

El camarín tiene un rico contenido catequético: el Magníficat, las letanías de la Virgen, la Inmaculada Concepción, la Asunción, las virtudes, los ángeles músicos, las mujeres fuertes de la Escritura, la pureza de María y el ancla de la esperanza. No son adornos vacíos. Son signos que hablan, son una predicación silenciosa. Nos recuerdan que la belleza, cuando nace de la fe y sirve a la fe, no distrae de Dios, sino que conduce hacia Él.

En el Evangelio hemos escuchado el Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,46-47). María no se anuncia a sí misma. No se coloca en el centro. Toda Ella es transparencia de Dios. Toda Ella es humildad, alabanza, disponibilidad y servicio. Por eso la Iglesia la venera, por eso el pueblo cristiano la ama, por eso Triana la llama Esperanza.

El Concilio Vaticano II enseña que María «brilla ante el Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza cierta y de consuelo» (Lumen gentium, 68). Esta afirmación se hace especialmente viva aquí. ¡Cuántas personas habrán venido a esta capilla a confiar una pena, una enfermedad, una preocupación familiar, una herida interior, una súplica callada! ¡Cuántos habrán encontrado ante Nuestra Señora de la Esperanza un poco de luz en medio de la noche! La esperanza cristiana no es optimismo superficial. La esperanza cristiana nace de Cristo muerto y resucitado. María es Madre de la Esperanza porque nos lleva al Señor, porque nos enseña a permanecer firmes en la fe, también cuando la cruz pesa.

La piedad popular tiene una misión muy hermosa. El 18 de mayo del año pasado, al final la Eucaristía de inicio de ministerio petrino, el Papa León XIV dirigió un cordial saludo a los miles de peregrinos que habían acudido de todos los continentes con ocasión del Jubileo de las Cofradías, y les agradeció que mantengan vivo el gran patrimonio de la piedad popular. El papa Francisco recordó que la piedad popular posee una verdadera fuerza evangelizadora y debe ser valorada como lugar de encuentro entre la fe y la vida del pueblo (Evangelii gaudium, 122-126). Como yo mismo os recordé en la homilía en el Jubileo de las Hermandades y Cofradías del 25 de octubre de 2025, las hermandades están llamadas a ser escuelas de vida cristiana y que han de existir para evangelizar.

Pero a mí me corresponde como pastor de esta familia diocesana recordar una y otra vez que la piedad popular sólo es auténtica cuando conduce a Cristo, a la conversión, a los sacramentos, a la caridad y a la vida eclesial. Una hermandad no puede quedar reducida a estética, emoción, costumbre o pertenencia social. Una hermandad es Iglesia. Una hermandad custodia una devoción recibida, pero también tiene la obligación de transmitir la fe, formar cristianos, servir a los pobres y anunciar el Evangelio. El camarín será verdaderamente fecundo si quienes lo contemplen y hagan un rato de oración salgan de aquí con más amor a Dios, más amor a la Virgen, más fidelidad a la Iglesia y más caridad hacia los hermanos.

San Juan Pablo II enseñó que María «precede constantemente al Pueblo de Dios en el camino de la fe» (Redemptoris Mater, 6). Ella nos precede porque creyó, porque escuchó, porque permaneció junto a la cruz, porque esperó cuando todo parecía humanamente perdido. Y Benedicto XVI afirmó que quien tiene esperanza vive de otra manera, porque se le ha dado una vida nueva (Spe salvi, 2). Esto es lo que pedimos hoy: que Nuestra Señora de la Esperanza nos ayude a vivir de otra manera, no instalados en la queja, el miedo o la tristeza, sino sostenidos por Cristo. En este camarín está presente el ancla, símbolo tradicional de la esperanza. El ancla permite que la nave no quede a merced de la tormenta. También nuestra vida necesita estar anclada en Cristo. Las familias, los niños y los jóvenes, los enfermos, necesitan esa ancla. Sevilla necesita esa ancla.

Querida Hermandad de la Esperanza de Triana: recibid esta bendición como una llamada. Custodiad este camarín con amor, pero custodiad sobre todo la fe. Cuidad la belleza, pero cuidad más aún la vida cristiana. Promoved los cultos, la formación, la caridad, la comunión eclesial y la misión. Que este camarín sea un lugar privilegiado para la oración, para el encuentro con Cristo y con la Madre. Que nadie mire a la Virgen sin escuchar en el fondo de su alma aquellas palabras del Evangelio: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5).

Que Nuestra Señora de la Esperanza bendiga a esta Hermandad, a todos sus hermanos, a sus devotos, al barrio de Triana y a toda nuestra Archidiócesis. Agradecemos los trabajos y el servicio de la Junta saliente, especialmente este camarín y la Misión de la Esperanza, y pedimos a nuestra Madre que bendiga y acompañe los trabajos de la nueva Junta. Que Ella nos enseñe a cantar el Magníficat con la vida. Que nos ayude a reconocer las maravillas de Dios, a vivir humildemente, a servir con alegría y a caminar siempre hacia Cristo, a remar mar adentro por los océanos de la vida y de la historia. Así sea.

Monseñor José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“Sed imitadores de Cristo, sed seguidores de Cristo”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Domingo XIV del Tiempo Ordinario, celebrada en la Catedral el 5 de julio de 2026.

Queridos sacerdotes concelebrantes,

Queridos diáconos,

Queridos hermanos y hermanas en el Señor,

Acabamos de escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, en este Domingo del Tiempo Ordinario. En este mes de julio, ya un mes vacacional. Y puede sonarnos de manera especial el Evangelio que acaba de ser proclamado y que Jesús nos invita que vayamos a Él los que estamos cansados y agobiados del curso, del trabajo. La necesidad del descanso.

El propio Evangelio nos dice que Jesús se lleva a sus discípulos a un lugar apartado para que descansen. Para que estuvieran con él, para instruirlos. Es necesario el descanso, ciertamente. Y el descanso no es no hacer nada. El Señor incluso nos da una pista de cómo tiene que ser el auténtico descanso, que no solo es el reposo material, reposo físico, la recuperación de las fuerzas físicas, sino también es ese descanso en el Señor.

Aprended, venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. ¿Cuál es el alivio de Dios? ¿Qué es lo que nos descansa? Nos descansa su Espíritu, como dice el himno, como dice la secuencia: “Descanso del duro trabajo, brisa en las horas del fuego”, refiriéndose al Espíritu Santo. Jesús nos da la receta del auténtico descanso. Ese descanso en el Espíritu, del que nos habla san Pablo en la segunda lectura tomada de la Carta a los Romanos, del capítulo precisamente dedicado a la vida en el Espíritu, nos ha dicho que si no tenemos el Espíritu de Cristo, no somos de Cristo.

El Espíritu Santo es el que nos asemeja a Jesús, el que va conformando en nosotros nuestros rasgos a imagen de los de Cristo, que es el modelo, que es el Mesías esperado que anuncia la profecía de Zacarías, que ha sido proclamada. Luego, queridos amigos, nuestra vida cristiana no es otra cosa que cincelar en nosotros, conformar en nosotros y moldear en nosotros a Cristo mismo.

Y Cristo nos ofrece su estilo, su manera de ser. Nos lo expresa en el Sermón de la Montaña, nos lo expresa en sus dichos y nos lo muestra en sus obras en el Evangelio. Por eso, la necesidad de conocer cada vez más a Cristo, conocer más el Evangelio, conocer más las palabras de Jesús, aprender sus milagros, aprender de Cristo.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”, hemos escuchado. Y eso nos dará una paz y una serenidad grande. Muchas veces queremos a imitar a Cristo, queremos tener los rasgos de Cristo, pero sin imitar a Cristo. Sin hacer ese esfuerzo de conformar nuestra vida interior, nuestra manera de ser, con el Evangelio. No, no es posible. No es posible, no podemos tener solo el pensamiento de Cristo teórico, sino que nuestra vida tiene que ser la imitación de Cristo, como dirían los clásicos o la “Sequela Christi”. El seguimiento de Cristo. Parecernos a Él.

También es como dice el dicho “quien me mire, te vea, Señor”. De tal manera que nos pase como a San Pablo “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí. Mi vivir es Cristo”. Y eso tiene que ser para nosotros, sin vacaciones posibles, el empeño de nuestra vida cristiana. Vivir según el Espíritu de Cristo, dejarnos llevar y cultivar los dones del Espíritu. Cultivar esa vida interior, ese progreso espiritual, ese ir quitando de nosotros lo que nos aparta de Dios y nos aparta de los demás.

Ese ir haciendo vida de nuestra vida. La lógica de Cristo, que es la lógica de la cruz. Y esto, queridos hermanos, sólo lo entendemos cuando le pedimos al Espíritu Santo la sabiduría de Cristo, esa que hablaba hoy en el Evangelio el Señor. “Te doy gracias, Padre, Señor de Cielo y Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las ha revelado a los humildes”.

Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo. Y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar. ¿Y a quien se revela, a quien se muestra Jesús? A los humildes, a los sencillos. Solo podemos entender así a Dios. Desde la sencillez, desde la humildad. Es más, el mismo Jesús trata constantemente de enseñar esto a sus discípulos. Incluso les pone a un niño como ejemplo. Lo abraza y dice “quien no se hace como uno de estos, no puede entrar en el Reino de los cielos”. Y no es cuestión de que nos hagamos unos niños físicamente. No es cuestión de eso. No, y menos en la edad del pavo. No es cuestión de eso, sino que vivamos una sencillez de vida, que vivamos con los criterios y la lógica del Evangelio. Que vivamos con esa lógica de las bienaventuranzas, esa lógica del perdón. Esa lógica de los últimos serán los primeros, esa lógica del abandono en la providencia del Señor, esa lógica de la paciencia cristiana. Esa lógica, en definitiva, del trato y de la oración confiada a Dios.

Queridos amigos, vamos a pedirle al Señor descansar en Él, aprender de Él. Y con esa humildad, que es vernos como somos, nuestros defectos, para corregirlos. Reconocerlos, corregirlos, pedirle al Señor perdón. Y al mismo tiempo, de conocer también las cosas buenas que Dios ha sembrado en nosotros y que hemos de hacer fructificar. Pidamos que el Espíritu Santo… No le estorbemos la obra de Dios que pueda hacer en nosotros.

Y sobre todo, ese amor que, como nos dice San Pablo también en la Carta a los Romanos, ha derramado en nuestros corazones, lo llevemos a la práctica en el amor a Dios y en el amor al prójimo.

Que acudamos a la Virgen. A ella, el pueblo cristiano le dice “Muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre”. Es a Él a quien hemos de imitar.

Sed imitadores de Cristo, sed seguidores de Cristo. Parecernos a Cristo, sed como Cristo. Ese es el imposible de la santidad cristiana, que es posible porque el Señor se ha hecho uno de nosotros. Para que nosotros nos parezcamos a Él y vivamos el viejo sueño de ser como Dios.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
5 de julio de 2026

Monseñor José Rico Pavés junto al Papa León XIV durante su visita a España

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Monseñor José Rico Pavés junto al Papa León XIV durante su visita a España

Desde la Diócesis de Asidonia-Jerez compartimos una de las imágenes más significativas de la reciente Visita Apostólica del Papa León XIV a España: el encuentro entre el Santo Padre y Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, durante la visita del Pontífice a la Conferencia Episcopal Española.

La fotografía recoge el momento en el que el Sucesor de Pedro saluda personalmente a nuestro pastor diocesano, en el marco del encuentro que el Papa mantuvo con todos los obispos españoles. Una imagen que simboliza la comunión de la Iglesia particular de Asidonia-Jerez con la Iglesia universal, presidida por el Obispo de Roma.

Este encuentro tuvo lugar en la sede de la Conferencia Episcopal Española, donde el Papa León XIV quiso compartir un tiempo de cercanía y fraternidad con los obispos de España. Tras una reunión conjunta con el episcopado español, llego el momento del encuentro personal con cada prelado, concluyendo la mañana con un almuerzo compartido antes de continuar su agenda oficial.

Para la Diócesis de Asidonia-Jerez, esta imagen constituye un recuerdo especial de unos días históricos para la Iglesia en España. Durante toda la Visita Apostólica, Monseñor José Rico Pavés acompañó al Papa León XIV junto al resto de obispos españoles en las distintas etapas de su peregrinación por Madrid, Barcelona y Canarias.

La publicación de esta fotografía permite conservar para la historia un instante de especial significado, en el que se hace visible la presencia de nuestra Diócesis junto al Santo Padre.

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La diócesis de Canarias celebra 622 años de historia en la festividad de san Marcial del Rubicón

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La diócesis de Canarias celebra este 7 de julio el 622.º aniversario de su creación, una fecha que coincide con la festividad de san Marcial del Rubicón.

En esta jornada de acción de gracias, toda la comunidad diocesana está invitada a unirse en la oración por la Iglesia que peregrina en Canarias: por sus obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, seminaristas, laicos, familias, jóvenes y por todas las personas que, desde sus parroquias, movimientos y realidades eclesiales, anuncian cada día el Evangelio.

Este aniversario adquiere un significado especial tras la histórica visita del papa León XIV a nuestra diócesis. Un acontecimiento que ha fortalecido nuestra fe, ha renovado nuestro compromiso evangelizador y ha dejado una profunda huella de esperanza, comunión y cercanía con quienes más sufren, especialmente con las personas migrantes.

Al celebrar a san Marcial del Rubicón damos gracias por más de seis siglos de historia, pero también miramos al futuro con renovada ilusión, conscientes de que el Señor sigue llamando a esta Iglesia particular a ser testigo del Evangelio en medio de la sociedad canaria.

Que la intercesión de San Marcial del Rubicón nos ayude a conservar vivo el impulso recibido en estas últimas semanas y a seguir caminando, unidos, como una Iglesia misionera, acogedora y llena de esperanza

La diócesis reúne este lunes al voluntariado de la visita de León XIV en la Catedral

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La diócesis de Canarias celebrará este lunes, 6 de julio, un encuentro de agradecimiento con los centenares de voluntarios que hicieron posible la histórica visita del papa León XIV a Gran Canaria el pasado 11 de junio. La cita tendrá lugar a las 18:00 horas en la Catedral de Santa Ana bajo el lema «Servimos con alegría, caminamos con esperanza», en un acto que pondrá el broche final a un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia de la Iglesia en Canarias.

El encuentro servirá para reconocer públicamente la entrega, disponibilidad y compromiso de quienes colaboraron en las distintas áreas de organización de la visita papal. Desde la acogida y la logística hasta la atención a peregrinos y medios de comunicación, los idiomas, el protocolo, la liturgia, los ministros extraordinarios y otros muchos servicios, el voluntariado fue una pieza esencial para el desarrollo de una jornada que reunió a miles de personas y proyectó la imagen de la diócesis al mundo.

La celebración comenzará con un tiempo de acogida y la proyección de imágenes de la visita. Posteriormente se desarrollará un acto de acción de gracias que incluirá una memoria audiovisual con algunos de los momentos más significativos de aquellos días, varios testimonios de voluntarios y coordinadores, las palabras de agradecimiento del obispo y la entrega de un recuerdo conmemorativo a todos los participantes.

El encuentro concluirá con una oración, la bendición final y una gran fotografía de familia en la que se invita a todos los asistentes a acudir con la camiseta y la gorra oficiales del voluntariado, como símbolo de la unidad y del servicio que hicieron posible la primera visita de un Papa a la diócesis de Canarias.

Con este acto, la diócesis quiere expresar, una vez más, su profundo agradecimiento a todas las personas que ofrecieron de forma desinteresada su tiempo, su ilusión y su trabajo para que la visita de León XIV dejara una huella imborrable en la Iglesia y en la sociedad canaria.

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