En el marco de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, la Catedral de Guadix ha sido el escenario de un emotivo encuentro de fe y gratitud. El acto, organizado por la delegación diocesana de Familia y Vida, ha tenido lugar el domingo 26 de julio, a las 12:00 h y ha congregado a numerosos fieles para honrar la figura de nuestros mayores bajo el lema bíblico «Yo no te olvidaré» (Is 49, 15).
La celebración ha estado presidida por el canónigo José Antonio García, quien ha dirigido el rito de bendición en un ambiente de profunda cercanía. Durante la liturgia, se ha hecho especial hincapié en el mensaje del Santo Padre León XIV, quien en su misiva para esta jornada asegura que el amor de Dios es más grande que el de una madre y que los rostros de los mayores están «tatuados en las palmas de sus manos». El mensaje pontificio subraya que la Iglesia es una madre que no olvida a nadie y llama a redescubrir la ternura de Dios especialmente en la etapa de la ancianidad.
En su homilía, José Antonio García ha dedicado unas bonitas palabras a los abuelos y personas mayores presentes, resaltando su valor fundamental como pilares de nuestras familias y de la comunidad cristiana. En sintonía con las indicaciones de la Santa Sede, ha recordado que los mayores son un «nuevo pueblo» con una vocación especial: el ministerio de la intercesión y la oración, especialmente necesaria en tiempos marcados por la violencia y los conflictos bélicos. También ha instado a los presentes a no tener miedo de la fragilidad propia de la edad, pues esta puede ser una «nueva potencialidad» que ilumine a las demás etapas de la vida.
El evento ha concluido con una solemne bendición, reafirmando el compromiso de la diócesis de Guadix de que ningún mayor se sienta solo o descartado, tal como exhorta el Papa al pedir que esta jornada sea un estímulo para retomar la bella costumbre de visitar y acompañar a los abuelos de nuestras comunidades. Jesús e Inma Delegados diocesanos de Familia y Vida. Guadix
Concluye este encuentro de laicos de parroquia en el que hemos rezado y celebrado, hemos escuchado y dialogado, para acoger la luz y la fuerza del Espíritu y seguir adelante en la misión de compartir caminos y acompañar esperanzas.
Compartir el camino de quienes están a nuestro lado, incluso cuando avanzan en la dirección equivocada, siguiendo el ejemplo de Jesús resucitado, que caminó junto a los discípulos de Emaús, los escuchó sin prisa, los iluminó con la Escritura y compartió con ellos el pan. Acompañar las esperanzas de la gente con la gran esperanza que nos ofrece Jesucristo: la certeza de que nunca estamos solos, de que su amor incondicional nos salva y de que su Espíritu hace posible que vivamos como hijos e hijas del Padre, como hermanos y hermanas de la gran familia humana, anticipando así la vida plena y definitiva en la eternidad de Dios.
Para cumplir esta misión común, que toma un rostro concreto en cada uno de nosotros, la Palabra de Dios que acabamos de proclamar nos propone al menos cuatro actitudes fundamentales.
Primera actitud: buscar
Voy a servirme de un comentario del papa Francisco (Ángelus del 30 de julio de 2023) a la parábola del comerciante que hemos proclamado. Decía el Papa: «El evangelio nos ha hablado de un comerciante emprendedor, que no se queda quieto, sino que sale de su casa y se pone a buscar perlas preciosas. […] Y esto nos invita a no encerrarnos en la costumbre, en la mediocridad de los que se conforman, sino […] a buscar la novedad del Señor».
Podríamos preguntarnos, por tanto: ¿tenemos cada uno esta actitud de búsqueda en nuestra experiencia de fe, en nuestro compromiso familiar, social y parroquial: en la catequesis, en la liturgia, en la acción social? ¿Tiene la Acción Católica General esta actitud de búsqueda en su tarea de articular, formar e impulsar a la misión al laicado de parroquia? ¿Favorecemos que nuestras comunidades y diócesis busquen, como decía san Juan Pablo II hace tantos años, «un nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones» para vivir y anunciar el Evangelio, siempre el mismo y siempre nuevo?
La actitud de búsqueda no es necesaria solo para quienes aún no han encontrado a Jesucristo. Más aún, debería caracterizar especialmente a quienes creemos en Él. El papa León lo explicó en Barcelona: «Estamos hechos a medida del infinito y por eso, todo horizonte finito, todo paso, toda conquista, mientras nos satisface al mismo tiempo nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar “descendiendo interiormente”, es decir, yendo a lo profundo».
Dicho con otras palabras: en la búsqueda no se trata tanto de vagar de un lugar a otro cuanto de adentrarnos en la profundidad de lo que somos y de la misión encomendada. En esta línea, la mística y laica francesa Madeleine Delbrêl animaba a cada creyente «a ser una torre de perforación hacia la capa de amor inagotable: el Dios oculto y desconocido que puede aplacar toda sed».
Por eso, no cedamos a la tentación de dejar de buscar, creyendo que ya lo sabemos todo o que ya lo hacemos todo bien. Solo buscando conoceremos mejor a Dios y disfrutaremos más plenamente de sus dones; solo buscando cumpliremos nuestra misión con mayor fruto para nosotros mismos y para los demás.
Segunda actitud: discernir
Así describía el papa Francisco al comerciante de la parábola: «Es una persona prudente, que “tiene ojo” y […] sabe “discernir” para encontrar la perla». No basta, por tanto, con buscar; es necesario discernir. Discernir en nuestra vida cotidiana, en nuestra experiencia de fe y de Iglesia, y en la misión propia de cada uno.
No discernimos para elegir el camino que nos reporte más ventajas personales, grupales o eclesiales, sino aquel que nos permite ser más fieles al Señor y a la misión que nos ha encomendado. Discernimos para no dejarnos llevar por las apariencias; para no despreciar lo nuevo por ser nuevo ni lo antiguo por ser antiguo, porque tanto en lo nuevo como en lo antiguo hay perlas y también baratijas. Aprendamos del escriba que entiende del Reino y «va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». Pidamos al Señor, como Salomón, un corazón dócil, sabio e inteligente para discernir los caminos que Él nos va mostrando en cada momento de la historia.
Aprovechemos la riqueza del Sínodo sobre la sinodalidad para aprender a discernir personal y comunitariamente. Muchos de nosotros hemos practicado la conversación en el Espíritu. ¡Qué experiencia tan hermosa y enriquecedora! Atendiendo a nuestro propio interior y no tanto a nuestros prejuicios, escuchándonos unos a otros y acogiendo la Palabra de Dios en torno al altar, vamos discerniendo los caminos que Él quiere para su Iglesia —para el laicado y la Acción Católica en particular— y para este mundo nuestro, que Dios ama apasionadamente.
Tercera actitud: apostar
Seguimos “escuchando” a Francisco: «Al darse cuenta de su inmenso valor, [el comerciante] vende todo, sacrifica todos sus bienes para tenerla. Cambia radicalmente el inventario de su almacén; no queda nada más que esa perla: es su única riqueza, el sentido de su presente y de su futuro».
Este comerciante ciertamente apuesta. Apostar significa tomar un camino concreto, aunque no tengamos todas las certezas, renunciando a otras posibilidades, no desde la lógica de la renuncia por la renuncia ni de un Dios que nos «quita» cosas, sino desde la libertad de quien ha encontrado algo —o, mejor, a Alguien— que merece verdaderamente la pena.
Apostar en la vida de fe significa renunciar a muchas cosas, incluso buenas, para abrazar la perla preciosa que es Jesucristo. Como decía Francisco: «Él es la perla preciosa de la vida que hay que buscar, encontrar y hacer propia. Merece la pena invertirlo todo en Él, porque, cuando uno encuentra a Cristo, la vida cambia».
Apostar en la Acción Católica, en la parroquia y en la diócesis significa tomar decisiones, a veces dolorosas, para dedicar nuestros mejores esfuerzos a la misión de compartir caminos y acompañar esperanzas. Apostar por la misión significa renunciar a la obsesión por los números, al afán de quedar bien y a la búsqueda de poder, para abrazar decididamente, aunque a veces parezca inútil, el estilo del Evangelio: la humildad, la verdad y la compasión, especialmente hacia las personas más vulnerables.
No me negaréis que apostar es el paso más difícil, el más comprometido y, quizá por eso, el más decisivo. ¿No os sucede también a vosotros y a vuestras comunidades que, después de buscar y discernir, incluso después de redactar un plan pastoral, apenas somos capaces de cambiar en nuestro encuentro con Jesucristo, en la vida de nuestro grupo de fe, en la parroquia o en la diócesis?
Es aquí donde se pone a prueba nuestra fe. Es aquí donde se manifiesta si realmente nos fiamos de Dios o si seguimos aferrados a nuestras seguridades: costumbres, instituciones, métodos, reglamentos… Pidamos pues al Señor que nos conceda la confianza y la valentía necesarias para apostar cada día por Él, por la comunidad, por la fraternidad y por la misión.
Cuarta actitud: confiar
La parábola de la red, al igual que la del trigo y la cizaña que escuchábamos el domingo pasado, nos invita a confiar.
Aunque en el mar del mundo haya peces buenos y malos, y en el campo de nuestro corazón convivan el trigo y la cizaña, podemos confiar. Todo lo verdadero, todo lo bello y todo el amor que sembremos en nuestra relación con los demás y en nuestra misión no se perderá. Todo será recogido en cestos de eternidad.
Confiemos siempre en el Señor, también en las circunstancias sociales y eclesiales que nos toca vivir, con sus luces y sus sombras, porque, como nos recuerda el apóstol en la segunda lectura, «a quienes aman a Dios todo les sirve para el bien».
Adelante, hermanas y hermanos laicos de parroquia y de la Acción Católica. Adelante, hermanos obispos, sacerdotes y diáconos, que acompañáis al laicado y, a la vez, aprendéis tanto de él. Adelante también vosotros, abuelos y abuelas del encuentro organizado por Mensajeros de la Paz, que os habéis unido en esta celebración.
Sigamos buscando, discerniendo, apostando y confiando; y ayudemos a quienes caminan con nosotros a buscar, discernir, apostar y confiar. Que María, la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga y de Melilla, nos acompañe e interceda por nosotros. Amén.
Rubén Camacho, secretario de la Hermandad de la Virgen de la Victoria, Patrona de la Diócesis y la ciudad de Málaga, se acerca a los micrófonos de la Delegación de Medios de Comunicación para contar a los oyentes los detalles de la romería del 15 de agosto, la bajada de la Patrona el 23, y la novena del 30 de agosto al 7 de septiembre. Aquí pueden escuchar el podcast.
Llegada de la Virgen de la Victoria a la Catedral, tras la bajada, en 2025
La última carta dominical del curso del arzobispo de Sevilla está dedicada a la Jornada de los Abuelos, en la fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana.
Monseñor José Ángel Saiz lamenta que en este mundo que “se caracteriza por la rapidez, la productividad y la búsqueda del beneficio inmediato” se corre el riesgo de considerar a las personas mayores como una carga. “El Papa denuncia este anonimato que cubre las vidas con el velo del olvido. La dignidad de una persona no depende de su salud, de sus capacidades ni de su rendimiento. Procede de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, redimida por Cristo y llamada a la vida eterna. Una sociedad verdaderamente humana se reconoce por el modo en que cuida a sus miembros más frágiles”, defiende el arzobispo hispalense en su carta, publicada en el último número de la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’.
Por el eso, don José Ángel exhorta a todos los fieles a acompañar, escuchar y visitar a los ancianos, a “permitirles ocupar el lugar que les corresponde en la familia y en la comunidad cristiana”.
Este domingo 26 de julio, en la Misa de 12 de la Catedral, habrá bendición de los abuelos y las personas mayores, en una celebración especial
Este domingo 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores. En todas las parroquias se rezará por ellos y se tomará conciencia de la necesidad de no relegar a un segundo plano a los mayores, pues deben seguir ocupando el papel fundamental que han tenido siempre en la sociedad.
La parroquia de Santa Ana, de Guadix, que está celebrando sus fiestas patronales, ha vivido su propia celebración de bendición de los mayores y, en este caso también, de sus nietos. La celebración ha tenido lugar en el transcurso de la novena en honor de Santa Ana que se ha celebrado en la parroquia. Y han sido muchos los abuelos, acompañados de los nietos, que han recibido la bendición.
Y así se va a vivir también en la catedral, este domingo a las 12 de la mañana, en la celebración de la Eucaristía, en la que se bendecirá a todos los mayores que quieran recibir la bendición. La celebración estará organizada por la delegación de Familia y Vida, que invita a todos los abuelos de Guadix a participar de este acto y a dar gracias a Dios, en la Eucaristía, por los años y la familia.
El final del mes de julio nos dirige de nuevo la mirada al barrio de Triana. La Real Parroquia de Señora Santa Ana es el centro de las celebraciones religiosas en torno a la festividad de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen, que reciben culto en la denominada ‘ Catedral de Triana’.
La novena se celebrará entre los días 18 y 26 de julio, con la predicación a cargo del párroco, Manuel Soria, y cada día se hará una invitación especial a un sector de la feligresía. Comenzará a las ocho y cuarto con el rezo del Rosario, para continuar con el ejercicio de la novena y celebración de la Eucaristía. El primer día se invitará especialmente a los enfermos y las personas atendidas por Cáritas parroquial. Tras la misa, Amparo Rodríguez Babío, archivera de la Biblioteca de la Facultad de Teología San Isidoro, impartirá la ponencia titulada ‘La Virgen de la Antigua de la Real Parroquia de Señora Santa Ana’. Al día siguiente, la invitación especial tendrá como destinatarios a las viudas de la parroquia, al término de la Eucaristía intervendrá María Esther Repiso con los ‘Cantos a Señora Santa Ana’.
El tercer día de la novena estará dedicado de forma especial a los jóvenes, y el cuarto -el martes 21- a las parejas que este año contraerán matrimonio durante el año 2027. El miércoles 22 será el turno de los matrimonios que cumplen 25 y 50 años de casados. Posteriormente, concierto de música sacra con las intervenciones de la soprano Marián Pérez, el tenor Arturo Garralón y el organista Emilio Bautista.
El jueves 23 de julio, sexto día de la novena, tendrá lugar el acto de presentación y bendición de los niños bautizados este año en la parroquia y de las mujeres que estén embarazadas. El viernes 24, el delegado diocesano de Patrimonio Cultural, Antonio Rodríguez Babío, impartirá la ponencia titulada ‘Iconografía de santa Ana en la Catedral de Sevilla’.
El octavo día de la novena -sábado, 25 de julio, festividad de Santiago apóstol- se hará la ofrenda de nardos y macetas de albahaca durante la misa. Con este motivo, en la puerta de la parroquia se instalará un puesto para adquirir los nardos y las macetas, y lo que se ingrese se destinará a Cáritas parroquial.
Nardos y albahaca por santa Ana
La jornada del 26 de julio, momento central de la celebración, comenzará a las dice de la noche con los Gozos de Señora Santa Ana, a cargo de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, luminarias y repique de campanas desde el campanario de la parroquia. A esa hora se abrirán las puertas de la parroquia para la ‘salutación’ a santa Ana, que este año estará a cargo de Juan Carlos Gallardo. A su término se continuará con la ofrenda de nardos y macetas de albahaca, quedando la imagen de santa Ana expuesta en besamanos. A las nueve y cuarto de la mañana se rezará el Rosario y a las diez se celebrará la primera Eucaristía del día. A las doce será la misa en honor de san Joaquín y santa Ana, la conocida como ‘Misa de los Abuelos’, y con este motivo desde la parroquia se hace un llamamiento especial a la participación de los más mayores. La última misa del día será a las ocho y media de la tarde, presidida por el párroco.
Finalmente, del 27 de julio al 3 de agosto se celebrará la octava de santa Ana. Las misas comenzarán a las diez de la mañana.
De llamativa brevedad, pero con la clara descripción que supone haber encontrado la fe que nos permite descubrir el valor del reino de Dios, Mateo coloca tres parábolas en su evangelio con las que hacernos sentir lo agraciados y afortunados que somos por este hallazgo.
El tesoro y la perla son dos enseñanzas de un proceso por el que todo creyente pone en valor el descubrimiento de forma inesperada del reino de Dios que pasa desapercibido y que a veces, por encontrarse mezclado con otros valores de la sociedad con los que ha de competir, no siempre es tenido en cuenta.
El reino de Dios se hace lo más valioso y maravilloso para quien lo encuentra cuando es consciente de lo afortunado que le hace tener la fe que llena de sentido nuestra vida, por lo que está dispuesto a renunciar y cambiarlo todo por Dios.
La parábola de la red habla de la mezcla de todo tipo de personas a las que se ha anunciado el reino de Dios mediante la evangelización, y forman parte de él. No todos se salvarán, sino solo aquellos que han sabido vivir los valores del reino en esta vida.
DESARROLLO
Para la reflexión que nos ayude a conocer mejor el reino de Dios, la liturgia de hoy nos ofrece nuevamente tres parábolas. Se trata de unas parábolas breves, lo que hace que sean fáciles de entender y de recordar. Dos de ellas (la del tesoro y la de la perla) son prácticamente gemelas, y la tercera (la de la red) lleva el mismo mensaje que la del trigo y la cizaña del domingo pasado.
Un tesoro y una perla, cada una en su contexto, son encontradas de manera inesperada. Y es que el tesoro estaba oculto y la perla estaba mezclada con otras joyas, al igual que el reino de Dios que es poco visible y llamativo y mezclado con otras ofertas que nos hace la sociedad. Para lo cual es necesario descubrirlo, valorarlo y sentirlo como la preferencia para nosotros: lo mejor que nos ha ocurrido y que tenemos en esta vida. Y al final, el siguiente paso, es la renuncia de todo a cambio de poseer el reino de Dios, y comprometernos con él porque realmente estamos convencidos de que merece la pena.
La fe es un tesoro y una perla que nos cambia la vida, porque por ella encontramos a Dios. Así pues, la fe vale más que todo. Encontrar la fe es encontrar el tesoro o la perla. Tener fe y no sentirnos afortunados por ello, hace que creer cueste y se haga difícil. Cuando la fe es una cosa más de tantas, las exigencias y renuncias que conlleva se hacen cargas pesadas. Ser creyente es una suerte y una ganancia porque nos hace que la vida tenga un sentido y un futuro que nos beneficia.
La parábola de la red describe una escena diaria de pesca en el lago de Galilea donde Jesús y los suyos faenaban algunas veces. Pescar es evangelizar en una sociedad revuelta donde nos encontramos de todo, pero donde todos son destinatarios del reino. Son muchos los bautizados y miembros del reino de Dios, pero la clave está en cómo lo viven después.
Esta parábola nos habla del juicio final y con ella el evangelista Mateo se dirige a su comunidad para que vivan poniendo en práctica las enseñanzas del Maestro, especialmente en la convivencia fraterna. Hay una insistente y clara advertencia: al final seremos examinados por lo que hemos hecho en esta vida.
La Santa Iglesia Catedral ha acogido hoy, 25 de julio, solemnidad de Santiago Apóstol, patrón de España, la Eucaristía de toma de posesión del nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez, presidido por Froilán Solís.
La celebración ha estado presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien ha acompañado al nuevo Consejo en el inicio de esta etapa de servicio a las hermandades y cofradías de la ciudad. Asimismo, han estado presente distintas autoridades municipales y provinciales, autoridades judiciales y hermanos mayores de hermandades y cofradías.
Durante la homilía, Mons. José Rico Pavés tomó como punto de partida las palabras de Jesucristo en el Evangelio, «No será así entre vosotros», para recordar que la solemnidad de Santiago Apóstol constituye una llamada a la perseverancia en la fe. Recordó que la liturgia invita a pedir para que los pueblos de España permanezcan fieles a Cristo hasta el final de los tiempos y señaló que la Palabra de Dios muestra el camino para custodiar esa fidelidad.
Comentando la primera lectura, el prelado destacó el testimonio del apóstol Santiago, cuyo martirio pone de manifiesto que el éxito de la evangelización no se mide por el reconocimiento humano, sino por la fidelidad a Jesucristo. Recordó que el anuncio del Evangelio ha estado siempre unido al misterio de la cruz y que la historia de la evangelización de España está marcada por el testimonio de quienes entregaron su vida por Cristo. Por ello, animó a no tener miedo a abrazar la cruz del Señor y a asumir cualquier servicio en la Iglesia con la mirada puesta en Cristo crucificado, aun cuando el camino esté marcado por la incomprensión o el rechazo.
A continuación, profundizó en las palabras de san Pablo, quien recuerda que el tesoro de la fe se lleva «en vasijas de barro». Explicó que la vida nueva recibida en el Bautismo constituye el verdadero tesoro que los cristianos están llamados a custodiar y hacer crecer, siendo conscientes de la propia fragilidad y de que la misión de la Iglesia no depende de las fuerzas humanas, sino de la acción del Señor.
En este contexto, subrayó el auténtico sentido de la tradición cristiana, entendida no como una realidad estática, sino como el cauce vivo que permite beber continuamente de Cristo. Recordó que el propio san Pablo habla de la tradición al referirse a la Eucaristía y al núcleo de la predicación apostólica, resumiendo esta misión en tres verbos fundamentales: «recibir, custodiar y transmitir».
Al comentar el Evangelio, Mons. Rico Pavés explicó que Jesucristo rechaza con firmeza la mentalidad del mundo cuando la madre de los hijos de Zebedeo pide para ellos los primeros puestos. Destacó que la respuesta del Señor —«No será así entre vosotros»— constituye una advertencia permanente para los discípulos de Cristo, llamados a no dejarse guiar por criterios de poder, protagonismo o intereses humanos, sino únicamente por la lógica del Evangelio.
Aplicando esta enseñanza a la vida de la Iglesia, afirmó que la fidelidad a Cristo exige no dejar que los criterios del mundo condicionen la misión eclesial. Invitó a abrazar la cruz, a reconocer la propia fragilidad poniendo toda la confianza en el Señor y a reaccionar con firmeza ante cualquier intento de introducir intereses ajenos al Evangelio en la vida de la Iglesia.
El Sr. Obispo dirigió después estas palabras al nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez, señalando que la toma de posesión y el juramento de fidelidad representan un compromiso público de servicio a la Iglesia y de conformidad con su sentir. Afirmó que la tarea encomendada al nuevo presidente y a los miembros de la Permanente será verdaderamente fecunda si mantienen siempre la mirada puesta en Cristo crucificado, afrontan con confianza las dificultades que puedan surgir y ponen por encima de cualquier otro interés el cuidado de la vida espiritual del pueblo fiel.
Recordando las enseñanzas del papa León XIV, evocó la homilía pronunciada en la solemnidad del Corpus Christi, en la que el Pontífice advirtió que la religiosidad popular no puede convertirse en una pieza de museo, sino que debe seguir siendo una fuente de vida para la Iglesia. En este sentido, retomó también la expresión de san Juan Pablo II que definía la piedad popular como una auténtica «escuela de vida cristiana», aplicándola igualmente a las hermandades y cofradías.
Finalmente, animó a las corporaciones a asumir como propia la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo especialmente el cuidado de la vida espiritual de sus hermanos, la fidelidad de los esposos en el matrimonio, la educación cristiana de los hijos, la transmisión de la fe y el fomento de las vocaciones. Concluyó pidiendo por el nuevo presidente, por los miembros de la Permanente y por todas las juntas de gobierno que recientemente han iniciado su servicio, para que permanezcan siempre fieles a las palabras de Cristo: «No será así entre vosotros». Asimismo, invitó a aprender de la Virgen María a permanecer al pie de la Cruz, confiando la propia fragilidad al Señor y perseverando siempre en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia.
Con esta celebración, Froilán Solís y los miembros del nuevo Consejo comienzan oficialmente su responsabilidad al frente de la Unión de Hermandades de Jerez.
El diácono permanente Rafael Barrera Pastor ha fallecido a los 71 años de edad. Nació en Sevilla el 27 de abril de 1955 y recibió la ordenación diaconal el 4 de septiembre de 2016.
A lo largo de su ministerio ejerció su servicio en las parroquias de Nuestra Señora de las Nieves y San José, de San José de la Rinconada. Asimismo, formó parte del Equipo Pastoral de Exequias de la Archidiócesis de Sevilla, desempeñando con generosidad el ministerio que la Iglesia le había confiado.
Quienes compartieron con él destacan «su testimonio como varón de la caridad, ofreciéndola en cualquier situación propicia: hombre fiel, de piedad sincera, orante, servicial y misericordioso, con una especial sensibilidad hacia los más pobres, a quienes llevó la esperanza de Cristo. Profundamente devoto de la Santísima Virgen, a quien acudía con confianza filial».
Sus restos mortales serán velados durante la jornada de hoy en el tanatorio de San José de la Rinconada. La misa exequial presidida por el vicario episcopal de la zona Norte, Antonio Salvago, se celebrará este domingo 26 de julio, a las diez de la mañana, en la Parroquia de San José, de esta misma localidad.
La Archidiócesis de Sevilla eleva sus oraciones por el eterno descanso de su alma, con la esperanza cristiana en la Resurrección, y agradece a Dios los años de servicio y entrega de Rafael Barrera Pastor al pueblo de Dios. Descanse en paz.