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Las delegaciones de jóvenes del sur se han reunido en Málaga

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El nuevo delegado de infancia y juventud, Antonio Jesús Marcos, ha representado a la diócesis de Guadix en este encuentro.

Ya han comenzado los Rosarios de la Aurora en la parroquia de Santa María de Huéscar

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El mes de Octubre es conocido por todos como el “mes del Rosario”. Y en muchos lugares los fieles se juntan para rezar esta bonita oración de la Iglesia. Michos de esos grupos se suelen hacen por la mañana temprano, en lo que todos conocemos como el Rosario de la Aurora.

Misa del Alba y Rosario de la Aurora en el Monasterio de las Dominicas de Baza

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A las 7,30 de la mañana del domingo 2 de octubre, en la Iglesia del Convento de la Monjas Dominicas de Baza, ha tenido lugar una celebración de la Misa del Alba y el Rosario de la Aurora. Para tal evento, la imagen de la Virgen de la Piedad, Patrona de Baza, fue trasladada en solemne procesión el sábado por la tarde desde su templo hasta la iglesia del Monasterio de las Dominicas.

Primer encuentro del Preseminario de este curso

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Durante el fin de semana del 31 de septiembre al 2 de octubre ha tenido lugar en el Seminario Conciliar el primer encuentro del Preseminario con la comunidad del Seminario Menor. En esta ocasión han asistido tres muchachos, ya que por motivos familiares ha faltado uno de los preseminaristas veteranos.

Encuentro de Delegados Diocesanos de Juventud de Andalucía (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Encuentro de Delegados Diocesanos de Juventud de Andalucía (Catedral de Málaga) celebrado el 2 de octubre de 2016.

ENCUENTRO DE DELEGADOS DIOCESANOS

DE JUVENTUD DE ANDALUCÍA

(Catedral-Málaga, 2 octubre 2016)

Lecturas: Hab 1, 2-3; 2, 2-4; Sal 94, 1-2.6-9; 2 Tm 1, 6-8.13-14; Lc 17, 5-10.

1.- El justo vivirá por su fe

El profeta Habacuc se hace eco de la preocupación que tiene el fiel creyente de combinar la fe y la vida. A veces pedimos a Dios que resuelva nuestros problemas. Habacuc, casi con un grito, dice: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas?» (Hab 1, 2). Es la experiencia de pedir a Dios cosas que no concede, bien porque no nos conviene o porque su voluntad es otra.

Hemos de hacer un esfuerzo para saber qué significa vivir la fe en la vida cotidiana; fe y vida: unir ambas cosas. O lo que es lo mismo, hemos de pensar en cómo acoger la voluntad de Dios en mi vida, pues esto implica y supone mucho, y a veces resulta muy difícil.

Nos cuesta admitir la realidad cruda y dura de la vida: enfermedades, guerras, violencias, opresiones, y, sobre todo, la manipulación y el abuso del hombre por otro hombre.

En todo esto la Palabra de Dios, hoy, nos habla de la importancia del creyente en esta sociedad y en este mundo. El Señor, en boca de Habacuc, dice: «Mira, el altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá» (Hab 2, 4). Aquel que se enraíza o se conecta y entra en comunión con Dios vivirá y vivirá eternamente. Y el que pone la confianza en sus proyectos, en sus cosas, como la casa que se construye sobre la arena, caerá. Si no está edificada sobre sólidos fundamentos, sobre roca, sobre Cristo, nuestros proyectos caerán; aunque sean proyectos pastorales hermosos.

Es muy importante lo que habéis trabajado estos días, habéis compartido, reflexionado y rezado; pero hablando de esa vinculación de fe y vida, a veces hacemos proyectos juveniles muy hermosos y al final lo importante es que el joven viva la fe como joven, en su vida. El joven que es estudiante, hijo de una familia, hermano de hermanos, amigo, o trabajador, o profesional, que viva la fe como tal. Si no propiciamos que los jóvenes sean protagonistas de los proyectos, todo se viene abajo. Lo más importante y lo más difícil es ayudar al adolescente y al joven para que viva la fe diariamente, para que armonice fe y vida en una sociedad en lo que eso está separado.

Los obispos recibimos cartas y correos de personas que empiezan diciendo: “yo soy católico, apostólico y romano”, cuando uno empieza así, esperad a ver lo que hay detrás. Porque casi siempre es “pero…” y te ponen verde. Si eres católico, apostólico y romano no me digas que estás a favor del divorcio, del aborto, del… No, fe y vida deben estar unidas.

Esta fiesta dominical de hoy nos incide en que debemos pensar y repensar cómo vivimos la fe en nuestra vida.

El papa Benedicto, en la carta a los jóvenes, invitándoles a la JMJ-Madrid 2011 (Vaticano, 6.08.2010), les explica lo que significa vivir arraigados, firmes y fieles, y evoca el texto del justo, que, como el árbol junto al agua, crece y da fruto. Para mantenerse junto a la corriente, crecer, y no ser arrastrado por las aguas torrenciales, debe haber raíces profundas, y cimientos de piedra.

2.- Dar testimonio de Jesucristo

San Pablo anima a su discípulo y amigo Timoteo a reavivar el don recibido en la imposición de manos (cf. 2 Tm 1, 6). Esto, dicho a Timoteo o dicho a los sacerdotes y a los obispos, como en sentido amplio se puede aplicar a todo cristiano que ha recibido el bautismo y la confirmación, con la donación del Espíritu Santo, porque ha recibido una imposición de manos. Hoy, lo que dice san Pablo a Timoteo nos lo dice también a nosotros. Reavivar el carisma, el don del Espíritu; es decir, la fe, la esperanza y la caridad que recibisteis en el bautismo y en la confirmación, que es el sacramento que perfecciona el bautismo. Ambos sacramentos son inseparables, deben ir unidos.

Dios nos ha dado un espíritu de fortaleza, de amor y de templanza (cf. 2 Tm 1, 7). La fuerza no es nuestra, sino de Dios. No debemos tener miedo, como nos animaba el papa Juan Pablo II desde el inicio de su pontificado.

Y, sobre todo, el apóstol Pablo nos exhorta hoy: «No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1, 8). Este es un tema importantísimo de la fe testimoniada. A veces nos avergüenza llamarnos cristianos porque nos señalan con el dedo en la Universidad, porque nos critican, por muchas cosas.

El Señor, en palabras de san Pablo, nos anima hoy a que no nos avergoncemos de ser testigos de Jesús allá donde estemos.

Ese sería el objetivo de la pastoral juvenil: ayudar, animar a los jóvenes a que sean testigos de Cristo, a que vivan su fe en el medio en donde se encuentren sin avergonzarse, sin miedos.

3.- Recompensa: Anunciar el Evangelio

Cuando Pablo dice: «¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). ¿En qué consiste la recompensa? En evangelizar, en anunciar a Cristo, esa es la recompensa. A veces, esperamos una recompensa distinta: que se me valore, que se me ayude, que se me ponga en una tarea o en un cargo. El anunciar el Evangelio en sí es la recompensa.

El grupo de hoy, tanto el obispo, sacerdotes, delegados, miembros de las delegaciones, colaboradores tenemos la misma tarea y la misma recompensa: el hecho de ser testigo y anunciadores del Evangelio. Esa es la tarea y la recompensa a la vez. No busquemos ni pensemos otras cosas.

Todos vosotros recibiréis la recompensa de ser anunciadores del Evangelio. Recordad lo que decía san Pablo: «El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio» (1 Co 9, 16-18).

4.- Siervos inútiles

El Evangelio de Lucas también toca el tema de la fe y su relación con la vida. Los apóstoles pidieron al Señor: «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5). Y el Señor les recriminó su falta de fe: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería» (Lc 17, 6). No creo que nuestra fe llegue a tanto, de hecho, hay muchas cosas que nos gustaría, pero como no tenemos suficiente fe no lo conseguimos.

Pero lo más importante es la tarea que nos toca. No sólo que la recompensa es el hecho de anunciar el Evangelio, sino que el Señor nos dice que somos siervos inútiles.

Somos siervos inútiles; pero nos consideramos muy importantes y a veces hasta imprescindibles.

Sin embargo, el Señor Jesús nos hace ver la realidad de que somos siervos inútiles: «Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17, 10). Simplemente hemos hecho lo que teníamos que hacer; y muchas veces ni siquiera eso.

Levantad la mano los que habéis hecho todo lo que el Señor os ha mandado. (Nadie levanta la mano). ¿Qué pasa? Pues que ni siquiera somos siervos inútiles, somos mucho más que inútiles, porque ni siquiera hacemos lo que el Señor nos pide.

Por tanto, no podemos decir: “he hecho lo que el Señor me pedía”. Y el Señor me dirá: “pues eres un siervo inútil”. Tenemos que ponernos delante del Señor y decirle que lo sentimos, que ni siquiera hemos hecho lo que Él nos pedía. Entonces el Señor nos dará un abrazo de amor y esa será nuestra recompensa.

Nos animamos y asumimos la tarea de animar a los otros jóvenes a que vivan así, a que se dejen penetrar por esa presencia salvadora de Cristo, por esa luz que ilumina la vida, la del Evangelio. Y vivir esto en la vida diaria. No hace falta grandes empresas, cada día, cada domingo, cada lunes y cada martes en el trabajo, en los estudios, en la familia… unir fe y vida, que a veces están demasiado separadas.

Pedimos a la Santísima Virgen María, en su advocación de Santa María de la Victoria, Patrona de la diócesis, en cuyo Santuario estamos celebrando esta eucaristía, que nos dé su maternal intercesión y su ayuda para ser buenos y valientes testigos del Evangelio, y que nos ayude a hacer lo que nos toca, sin esperar recompensas humanas. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Esta tarde, bendición de embarazadas en San Ramón Nonato

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La parroquia de San Ramón Nonato, en la barriada malagueña de Cortijo Alto, celebrará este miércoles, 31 de agosto, a las 20.00 horas, la bendición de las madres embarazadas y de los niños nacidos a lo largo del último año.

“Unidos para que el mundo crea”

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Este es el lema que llevará el Encuentro Diocesano de Laicos que tendrá lugar el 7 de octubre del 2017 y para el que se encaminan todos los laicos de la Diócesis. Para informar de este encuentro, el día 30 de septiembre se celebró la Asamblea de ACG.

Monseñor José Mazuelos cierra septiembre con once nombramientos

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El curso comienza con nuevos delegados diocesanos para la Vida Consagrada y Manos Unidas, secretario general de Cáritas y párrocos de El Bosque, Benamahoma, Benaocaz, Torrecera y La Ina.

En la inauguración del curso en la Facultad de Teología de Granada

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Homilía de Mons. Ginés García, Obispo de Guadix, en la Misa del Espíritu Santo con la que se inauguró el curso en Facultad de Teología de Granada

Envío misionero de una familia del Camino Neocatecumenal y colación de los Ministerios Laicales de Lector y Acólito (Parr. Ntra. Sra. de Fátima-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el envío misionero de una familia del Camino Neocatecumenal y colación de los Ministerios Laicales de Lector y Acólito (Parr. Ntra. Sra. de Fátima-Málaga) celebrado el 1 de octubre de 2016.

ENVÍO MISIONERO DE UNA FAMILIA

DEL CAMINO CATECUMENAL

Y COLACIÓN DE LOS MINISTERIOS LAICALES

DE LECTOR Y ACÓLITO

(Parroquia de NªSª de Fátima-Málaga, 1 octubre 2016)

Lecturas: Hab 1, 2-3; 2, 2-4; Sal 94, 1-2.6-9; 2 Tm 1, 6-8.13-14; Lc 17, 5-10.

1.- El justo vivirá por su fe.

La Iglesia es muy rica porque el Espíritu Santo la lleva y le concede todo: los diversos ministerios, el servicio a la Iglesia… Y esta noche el Señor nos ha regalado una espléndida noche con el envío de una familia y con la colación de uno ministerios. Todo construye la Iglesia.

Hemos escuchado la lectura del libro del profeta Habacuc. Igual que el profeta, nosotros, muchas veces, pedimos a Dios que resuelva nuestros problemas: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas?» (Hab 1, 2). Y nos quedamos con la impresión de que el Señor no nos hace caso.

Pero habrá que preguntarse por qué no nos hace caso: ¿qué le estamos pidiendo?, ¿qué le estamos rezando?

Nos cuesta además admitir la realidad cruda y dura de la vida: enfermedades, guerras, violencias, opresiones; en definitiva, la manipulación y el abuso del ser humano por otro ser humano.

Nos expresaba Esperanza sus miedos, miedos que tenemos todos. Nos cuesta sentirnos desprotegidos, débiles, ser blanco de insultos y de palabras hirientes.

El Señor responde al creyente en palabra de Habacuc y nos responde a nosotros esta noche: «Mira, el altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá» (Hab 2, 4). Esto es un desahogo, esto es una esperanza. ¿Quién vivirá?, ¿quién se mantendrá en pie?, ¿quién continuará y prolongará su vida? El creyente que se fía de Dios y no le importa perder cosas, porque no pierde su vida, no pierde lo más importante: el amor que Dios le regala.

En este mundo crecen juntos el trigo y la cizaña (cf. Mt 13, 24-30). Hay que tener paciencia, hasta que Dios separe lo bueno de lo malo, como dice la parábola del juicio final (cf. Mt 25, 32-46). Los que hayan practicado misericordia se pondrán a su derecha en el reino de los cielos; los otros, a su izquierda. Ponerse en un sitio u otro, en la mentalidad bíblica, significa estar en el Reino o ser excluido del mismo.

Somos personas de fe y se nos invita, esta tarde, a vivir de la fe en el Señor. Hemos de confiar en el Señor y tener paciencia, para que Él actúe en nosotros. Hemos de fiarnos del Señor y poner nuestra confianza en Él.

Y una aclaración con respecto a la fe. La fe no me la han regalado mis padres, aunque seamos de una familia muy creyente. La fe no me la ha regalado la comunidad. La fe me la regala Dios en el bautismo; es un don de Dios; es una virtud teologal, un regalo, una iluminación, un cambiar a la persona, un enriquecimiento.

La Iglesia es la mediación. El único mediador es Jesucristo. Todo lo que viene de Dios es a través de Jesucristo y se realiza en el Espíritu. Y el Espíritu actúa en la Iglesia. Por lo tanto, en la Iglesia recibimos el don de la fe, de la esperanza y del amor, que son las tres virtudes teologales.

Es cierto que necesitamos a la Iglesia, que se expresa en distintas formas o agregaciones: diócesis, parroquias, comunidades, grupos, movimientos, y todos ellos nos ayudan a vivir la fe. Pero no perdamos de vista que la fe es un regalo de Dios mediatizado por la Iglesia.

Cuando se dice popularmente que una persona ha sido bautizada en la fe de sus padres no es cierto, porque uno se bautiza en la fe de la Iglesia; puede que ni sus padres sean creyentes ni practicantes.

2.- Dar testimonio de Jesucristo.

San Pablo anima a su discípulo y amigo Timoteo a reavivar el don recibido en la imposición de manos (cf. 2 Tm 1, 6). En sentido amplio, se puede aplicar a todo cristiano que ha recibido, en el bautismo, el don de la fe y, en la confirmación, se le impuso las manos donándole el Espíritu Santo.

Esta tarde san Pablo nos dice que reavivemos el don que hemos recibido (cf. 2 Tm 1, 6). Reavivadlo, que no se apague, que esté vivo, que sea fecundo, que dé frutos, que no languidezca, que no se pudra.

Dios nos ha dado un espíritu de fortaleza, de amor y de templanza (cf. 2 Tm 1, 7). La fuerza no es nuestra, sino de Dios. Fiándonos de Dios y dejándonos ser instrumentos suyos, Él puede hacer maravillas a través de nosotros. La fuerza no es nuestra, somos simples instrumentos en manos del Espíritu. No debemos tener miedo, como nos animaba el papa Juan Pablo II desde el inicio de su pontificado.

El apóstol Pablo nos exhorta hoy: «No te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1, 8). ¿Cuántas veces nos avergonzamos de ser cristianos porque nos pueden señalar o nos insultan o nos excluyen o se burlan de nosotros? Es una tentación avergonzarse del Evangelio.

Pedimos al Señor esta tarde que nos dé su fuerza, la fuerza del Espíritu, para ser testigos valientes del Evangelio. No es fácil, ni en el ambiente donde estáis, ni en el ambiente de misión en el extranjero, en Francia, o aquí, en España.

3.- Recompensa: Anunciar el Evangelio.

Queridos Jesús y Esperanza: el Señor os llama a ser testigos suyos y de su Evangelio en el sur de Francia. Mucho se ha hablado de la laica Francia; pero también es cierto que hay allí muchos bautismos de adultos. Está habiendo un florecimiento en toda Francia de adultos no bautizados que están acercándose a Dios a través de los testigos, mediante la mediación de los testigos. El Señor os ha llamado a que, a través de vuestro testimonio, otros muchos, incluso algún musulmán, se acerque a conocer al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo y a profesar la fe cristiana.

Si recibís ataques, recordad las palabras de Jesús: «Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Lc 6, 22-23).

A ti, Agustín, el Señor te confiere en esta tarde los ministerios laicales de Lector y Acólito. Es un servicio que te pide la Iglesia, sin recompensarte, sin contrapartidas. No es un honor, no es un poder, es un servicio humilde.

Todos vosotros recibiréis la recompensa de ser anunciadores del Evangelio. Recordad lo que decía san Pablo: «El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio» (1 Co 9, 16-18). Esa es nuestra paga, el mismo anuncio del Evangelio, que nos permite el Señor. Esa es nuestra paga, no esperemos más.

4.- Siervos inútiles.

En el texto del Evangelio de hoy, el Señor nos hace ver que somos siervos inútiles. Nosotros creemos que hacemos muchas cosas y estamos contentos por las cosas que hacemos. Eso humanamente está bien, pero Jesús nos hace ser más humildes y dice: «Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17, 10). Este texto me interpela mucho personalmente.

Levantad la mano los que habéis hecho todo lo que se os ha mandado. Cuando llegue ese día, deberemos decir incluso: “somos siervos inútiles”.

Pues imaginad si no hacemos ni siquiera lo que Jesús nos manda; entonces, ¿qué somos? Siervos inútiles”, más que inútiles. Así es como lo siento y lo vivo yo.

Pedimos a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nª. Sª. de Fátima, titular de la parroquia, que nos conceda a todos su maternal intercesión y os acompañe en ese peregrinar de anunciadores del Evangelio, de testigos, en otras tierras. Ese servicio, que hoy la Iglesia te confía, Agustín, y a cada uno de nosotros, la tarea que el Señor, desde el bautismo, nos ha confiado, no nos la ha confiado desde que pertenecemos a una Comunidad Neocatecumenal, o desde que somos sacerdotes, o desde que os casáis; eso son especificaciones y concreciones. Tenemos la misma missio desde el bautismo: la misión bautismal, que es importantísima, básica, la más fundamental de todas.

Pues que la Virgen nos ayuda a ser buenos testigos del Evangelio y a cumplir lo que nos manden, sin esperar recompensas humanas. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

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