
Antonio y Marisol ven crecer a Blanca Esperanza cada día con más decisión. La niña de cuatro años recibe cada día el estímulo de sus padres y con el amor de estos, verdadera savia de su desarrollo, está desafiando un diagnóstico médico incompatible con la vida desde las veinte semanas de gestación. En su camino, ha encontrado muchos obstáculos que su padres han transformado en fortaleza y fe, tanto que cada domingo por la tarde Antonio está en la capilla del Hospital Reina Sofía de Córdoba para celebrar la palabra y compartir con familiares de pacientes cómo su experiencia de fe da un sentido nuevo al día a día junto a su mujer y a su hija. Juntos volverán este año en junio al santuario de Nuestra Señora de Lourdes tras peregrinar hasta allí en 2017. Desde este primer viaje con la Hospitalidad de Córdoba, la vida de esta familia cambió; aseguran que no solo por los avances de su hija, sino porque la convivencia con más personas unidas al dolor ha relanzado su vidas cristianas.


















