“Nuestra hija nos enseña mucho, la fe es grandiosa”

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Antonio y Marisol ven crecer a Blanca Esperanza cada día con más decisión. La niña de cuatro años recibe cada día el estímulo de sus padres y con el amor de estos, verdadera savia de su desarrollo, está desafiando un diagnóstico médico incompatible con la vida desde las veinte semanas de gestación. En su camino, ha encontrado muchos obstáculos que su padres han transformado en fortaleza y fe, tanto que cada domingo por la tarde Antonio está en la capilla del Hospital Reina Sofía de Córdoba para celebrar la palabra y compartir con familiares de pacientes cómo su experiencia de fe da un sentido nuevo al día a día junto a su mujer y a su hija. Juntos volverán este año en junio al santuario de Nuestra Señora de Lourdes tras peregrinar hasta allí en 2017. Desde este primer viaje con la Hospitalidad de Córdoba, la vida de esta familia cambió; aseguran que no solo por los avances de su hija, sino porque la convivencia con más personas unidas al dolor ha relanzado su vidas cristianas.

P. ¿Qué os dicen los médicos a partir de las 22 semanas de gestación?
R. En una de las revisiones ginecológicas observan que la niña presenta líquido en sus riñones y que si no se reabsorbe, su desarrollo es incompatible con la vida. En la siguiente revisión, la médica que realiza la exploración comprueba que el líquido ha desaparecido y se queda asombrada. Nos dice que “era una niña milagro”, porque esta evolución se da solo en una de cada mil afectados. Ahí empezó nuestra lucha con ella, plantee con esperanza de que mi hija saldría adelante, pero lo haría dependiendo de mi actitud; entonces me agarré de la mano de la Virgen María y al Señor y ellos me siguen dando hoy la fuerza, porque si no Blanca no sería hoy la niña que es. Tiene seis especialistas y se quedan asombrados porque ningún médico apostaba por esta niña, pero nosotros sí apostamos. Por encima de todo está Dios y nos da la fuerza. Si le preguntas a Blanca ¿de qué está llena?, ella contesta: de amor. A la hora de comer, antes de poner los platos, es ella la que nos invita a bendecir los alimentos. Nos da un ejemplo de vida a todos los que la rodeamos.

P. En los momentos de zozobra, ¿cómo se sale adelante?
R. Se sale adelante porque nuestra hija es una enseñanza para todos. Dios quiere hacernos ver que se puede llevan una cruz al hombro y este sufrimiento para nosotros significó agarrarnos a la fe, confiarnos plenamente y estamos viendo cosas preciosas, nos damos cuenta de lo mucho que se saca de una cruz. El Señor te toca, y se siente con la dificultad. Cunado en Reina Sofía no nos daban esperanza, nos fuimos a la capilla del hospital y ahí empieza todo, en aquella capilla. Rezamos los dos y supimos que para Él nada es imposible, ante el crucifico tuvimos esa certeza. Le pedimos tanto que en una de las ocasiones la niña entró en el quirófano con peritonitis, los médicos no creían que saliera del quirófano. Nosotros esperamos rezando, la mejor medicina del mundo. Nos llenamos de paz. El equipo médico al salir, admitió que iba a tener que creer. Esta niña nos enseña mucho, la fe es grandiosa.

P. En este proceso el matrimonio puede fortalecerse o debilitarse ¿cuál es vuestro caso?
R. Para nuestra hija es muy importante nuestra unión. He tenido días muy malos como madre, peo también he sacado cosas buenas. Desde que la niña tiene seis meses, la he llevado sola en el coche a Aspacys, poníamos música y en cada semáforo me bajaba para colocar su cabecita, que por la hidrocefalia no se mantenía erguida. El Señor da lo instrumentos para poder hacer sola este tipo de tratamiento, mientras mi marido viaja por trabajo.

P. ¿Qué ocurre en vuestro primer viaje a Lourdes?
R. Blanca contaba solo con tres años y era un largo viaje en autobús para la niña. No sabíamos adonde íbamos, solo sabíamos que allí nos encontraríamos con algo muy grande, la Virgen. Esta hospitalidad se creó con mucha energía y ganas, el viaje fue nervioso para nosotros, pero muy tranquila para la niña, jamás pensamos que aguantaría tan bien dieciséis horas de autobús. No se sintió a Blanca, fue una maravilla. Al llegar allí, algo muy especial nos arropó desde el principio.

P. Y tras la visita a las piscinas, algo nuevo os impulsa…
R. Fuimos decididas a entrar a la piscinas y al llegar allí vimos a un aniña correr detrás de su papá y nos preguntamos ¿algún día veremos nosotros a nuestra hija correr, Dios mío?; la respuesta fue la paz y la tranquilidad, porque todo llegará. En ese momento nos llamaron y metimos en agua bendita a Blanca dos veces. La niña ha cogido un impulso muy grande a través de María.

P. Este año del 24 al 28 de junio volvéis a Lourdes con la Hospitalidad de Córdoba, junto a la de Toledo, ¿estáis preparando ya el viaje?

R. Estamos deseando volver. De jóvenes hemos ido a cruceros, a Venecia… estos son viajes materiales. En Lourdes entiendes a Jesucristo. Hay enfermos físicos y otros muchos del alma, que necesitan del agua que allí emana. Entiendes con los enfermos que la vida es un privilegio, estar de pie y ver a la Madre es precioso. Es uno de los viajes más bonitos que se pueden hacer, allí sientes a la Virgen, nuestra madre y sientes como te presenta a su Hijo.

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