
Antes de que así Roma lo hiciera, antes de que otros santos o personajes ilustres de la cristiandad lo hicieran, mucho antes de que otras ciudades e instituciones lo hicieran, la ciudad de Baeza, en el año 1618 juró solemnemente, en su Universidad, la defensa de la limpieza y pureza de la mejor de las nacidas, de aquella joven humilde de Nazaret, que con su sí cambió el rumbo de toda la humanidad y que después de 2000 años continua reuniendo a generaciones en torno a su amor.



















