
Para ser ordenado sacerdote, los jóvenes con vocación reciben seis años de formación en el Seminario, donde estudian numerosas y diversas materias en relación a la que más tarde será su labor. Esta educación previa al sacerdocio, donde además se cuida especialmente el discernimiento vocacional con el acompañamiento espiritual de los formadores, se entiende como algo normal antes de dar un paso tan importante como es la vida religiosa.




















