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El Clero joven se reúne en Málaga para despedir el curso

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Los días 22 y 23 de junio, los sacerdotes del Clero joven, que pertenece al primer decenio de ministerio sacerdotal, participamos en la convivencia de final de curso, que ha tenido lugar en la Casa Diocesana Trayamar, en Málaga. Un encuentro que ha tenido momentos de oración, formación, fraternidad y descanso, y que contó en todo momento con la presencia y cercanía de nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez.

La convivencia comenzó con una oración de acción de gracias por el curso pastoral que está acabando. Este momento estuvo animado por D. Juan Baena Raya, vicerrector del Seminario Diocesano de Málaga, quien ayudó a los participantes a elevar la mirada al Señor a través de sus canciones y reflexiones, favoreciendo un clima de agradecimiento por el camino recorrido durante este año.

La tarde estuvo dedicada al descanso y después a la formación permanente, una dimensión esencial del ministerio sacerdotal. Fue D. Juan Manuel Ortiz Palomo, actual rector en funciones del Seminario de Málaga y vicario episcopal, quien presentó en líneas muy generales la encíclica Magnificas humanitas, recientemente publicada por el Papa León XIV. Perspectivas para la formación permanente del sacerdote en un mundo en el que actualmente tiene mucho peso el paradigma digital y la reflexión sobre la dignidad de la persona, dando pie a un enriquecedor diálogo sobre los desafíos y oportunidades que plantea hoy la formación continua de los presbíteros.

La jornada culminó con la celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo, y con una velada fraterna en la que no faltaron los momentos de conversación, convivencia y descanso compartido.

El segundo día comenzó con el rezo de Laudes junto a la exposición del Santísimo Sacramento, seguido del desayuno y una excursión a la localidad malagueña de Frigiliana. Allí, los sacerdotes pudieron recorrer algunos de los lugares más emblemáticos de este bello pueblo andaluz, compartiendo tiempo de fraternidad en un ambiente distendido y cercano. El encuentro concluyó con una comida conjunta antes del regreso a Jaén.

Durante toda la convivencia, el Obispo Don Sebastián animó a los sacerdotes a cuidar, sostener y compartir estos espacios de encuentro, subrayando la importancia de vivir el ministerio sacerdotal desde la fraternidad presbiteral. Asimismo, recordó que estos momentos fortalecen los vínculos entre los sacerdotes y ayudan a afrontar con renovada ilusión y esperanza la misión pastoral encomendada por la Iglesia.

Delegación Episcopal para el Clero

La Diócesis de Huelva celebrará una Santa Misa por las víctimas del terremoto en Venezuela

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La Diócesis de Huelva celebrará una Santa Misa por las víctimas del terremoto en Venezuela

La Diócesis de Huelva invita a toda la comunidad diocesana a participar en la Santa Misa que se celebrará el próximo sábado, 27 de junio, a las 20:00 horas, en la Santa Iglesia Catedral, con el propósito de elevar una oración al Señor por las víctimas del terremoto ocurrido recientemente en Venezuela.

Durante la Eucaristía se pedirá especialmente por las personas fallecidas, por sus familias, por los heridos y desaparecidos, así como por cuantos están entregando sus esfuerzos en las tareas de auxilio, atención humanitaria y reconstrucción de las zonas afectadas.

Asimismo, la celebración será una expresión de cercanía y comunión de la Iglesia de Huelva con el pueblo venezolano, haciéndose eco del sufrimiento de tantos hermanos que atraviesan estos momentos de dolor e incertidumbre.

De manera especial, la comunidad diocesana encomendará al pueblo venezolano a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que el Señor conceda consuelo a quienes sufren, fortaleza a quienes sirven generosamente y esperanza a toda la nación.

La Diócesis de Huelva se une así en oración con el pueblo venezolano, reafirmando los lazos de fraternidad y solidaridad que unen a la Iglesia universal.

«Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza.»
Salmo 46, 2

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Cáritas invita a abrir la puerta al buen trato a las personas mayores

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Cáritas invita a abrir la puerta al buen trato a las personas mayores. Con motivo de la reciente celebración del Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, el pasado 15 de junio, la Cada Hogar «Andrés Cristino» de Cáritas en Andújar ha acogido un acto de sensibilización. En ella han participado los ediles andujareños Manuel González, concejal de Bienestar, Familia e Inclusión Social, Seguridad Ciudadana y Movilidad, y Rosa Sola, concejala de Participación Ciudadana, Pedanías y Diseminados, y Mujer e Igualdad. Han sido recibidos por el coordinador de Cáritas Interparroquial de Andújar y administrador de Cáritas Diocesana de Jaén, Manuel Ruz, y por la responsable de Mayores y directora de la Casa Hogar de Cáritas, Lourdes María Roldán.

En sus palabras de bienvenida, además de dar las gracias a las personas asistentes, Roldán ha instado a la sociedad a frenar el ritmo actual para evitar que quienes acumulan más experiencia y sabiduría «queden relegados al silencio, a la invisibilidad o a la soledad». Ha invitado a los asistentes a poner rostro y nombre a los mayores que han marcado sus vidas, recordando que el objetivo del encuentro va mucho más allá de un acto institucional: «No estamos aquí simplemente para celebrar una jornada; estamos aquí para defender la dignidad de las personas que nos precedieron». También ha querido poner el foco sobre aquellas formas de violencia y desatención que a menudo pasan desapercibidas en el día a día. En este sentido, ha advertido de que el maltrato no siempre deja marcas físicas, sino que frecuentemente se manifiesta de forma sutil y estructural. «Una persona nunca pierde su valor con los años. Las personas mayores no necesitan compasión, necesitan derechos. No necesitan ser apartadas, necesitan ser incluidas», ha aseverado con firmeza.

Bajo el lema de la jornada, “Abre la puerta al buen trato. Tú tienes la llave”, Lourdes María Roldán ha insistido en que las soluciones a esta problemática no dependen de grandes discursos, sino de la responsabilidad individual y de pequeñas acciones cotidianas. Una llamada de teléfono, una conversación sin prisas, una visita inesperada o el respeto a sus decisiones son, según la responsable, los verdaderos motores del cambio. Estas pautas de acción conectan directamente con la campaña anual de la entidad, “Elige Amar. Elige Comunidad”. Al respecto, ha recordado que la comunidad no se construye con edificios, sino con personas que deciden cuidarse mutuamente «sin que nadie quede atrás». Como parte del acto central de la mañana, se ha invitado a los participantes a escribir en una llave de papel un gesto sencillo de buen trato para conformar un mural colectivo.

Roldán ha concluido su intervención con un deseo de transformación social: «Ojalá que no estemos llenando un mural, sino abriendo corazones», señalando que el verdadero avance comenzará cuando se deje de mirar a los mayores como parte del pasado y se les reconozca como «una parte imprescindible de nuestro presente y nuestro futuro».

Los asistentes han podido compartir sus reflexiones sobre aquellos aspectos que garantizan el buen trato a las personas mayores. De igual manera, han podido escribir en llaves de cartulina aspectos que abren y cierran la puerta al buen trato a los mayores. Finalmente, José Torres, residente de la Casa Hogar de Cáritas en Andújar, ha sido el encargado de dar lectura al manifiesto de este año.

Manifiesto del 15J
Hoy volvemos a encontrarnos para visibilizar la importancia de los buenos tratos y para reconocer, como sociedad, la necesidad urgente de seguir construyendo espacios y relaciones de cuidado y respeto con las personas mayores.

Este día nos invita a parar y repensar, como comunidad, qué papel jugamos cada una y cada uno de nosotros en la construcción de relaciones basadas en el buen trato. Nos invita a reflexionar sobre cómo cuidamos, cómo miramos y cómo acompañamos, reconociendo el lugar central que las personas mayores ocupan en nuestras vidas y en nuestra sociedad.

El compromiso con un envejecimiento digno no empieza cuando llega la vejez. Empieza hoy, en cada gesto cotidiano, en la manera en la que acompañamos a las personas a lo largo de toda su vida. Hablar de envejecimiento digno es hablar de nuestro propio futuro, porque todas las personas nos hacemos mayores y todas deseamos envejecer con dignidad, calidad de vida, derechos y amor.

La realidad de los malos tratos hacia las personas mayores existe y no puede seguir siendo invisible. Hablamos de maltrato psicológico, presente en el 28,4 % de los casos denunciados; de abandono, en el 16,8 %; de maltrato económico, en el 15,6 %; y de negligencias, en el 10,9 % de los casos. (Datos del Teléfono contra el Abuso y Maltrato a las Personas Mayores de la Confederación Estatal de Mayores Activos)

Hoy estamos aquí para recordar una idea fundamental: el buen trato no ocurre por casualidad. El buen trato se elige y se construye cada día. Abrir la puerta al buen trato implica compromiso institucional, profesional, familiar y comunitario. Pero también implica un compromiso personal, porque todas y todos formamos parte de la solución.

La llave está en nuestras palabras, en nuestras miradas y en nuestros gestos cotidianos. La llave está en escuchar, en respetar, en no infantilizar, en no ignorar y en no mirar hacia otro lado. La llave está en rechazar cualquier forma de maltrato: el psicológico, el económico, la negligencia, el abandono, la soledad impuesta y el desprecio normalizado.

Hoy reivindicamos una sociedad que valore y reconozca a las personas mayores; que garantice apoyos y cuidados sin anular su autonomía; que las incluya en los espacios de participación social, comunitaria y cultural; y que tenga en cuenta sus necesidades, deseos y decisiones.

Denunciamos una realidad que con frecuencia permanece oculta tras paredes cerradas y silencios incómodos. Porque el maltrato a las personas mayores no es un asunto privado: es una injusticia social y una responsabilidad colectiva.

Defender el buen trato a las personas mayores es defender la dignidad humana. Es cuidar el presente y proteger el futuro. Porque, si la vida nos lo permite, todas las personas llegaremos a envejecer.

Hoy, juntas y juntos, elegimos abrir esa puerta. Elegimos derechos. Elegimos respeto. Elegimos dignidad. Elegimos buen trato.

Abre la puerta al buen trato. Tú tienes la llave.

39 fieles de la Asunción de Jódar reciben la efusión del Espíritu Santo

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La parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Jódar acogió, en un clima de alegría y celebración, la administración del sacramento de la Confirmación a 39 jóvenes de la comunidad parroquial. Una jornada especialmente significativa para estos chicos y chicas, sus familias y toda la Iglesia local, que culmina un intenso proceso de formación, acompañamiento y crecimiento en la fe.

La solemne Eucaristía estuvo presidida por el Vicario Episcopal de la Vicaría de Jaén-Mágina, D. Jesús Millán Cubero, quien fue el encargado de conferir el sacramento. Durante su homilía, destacó la importancia de este paso en la vida cristiana de los confirmandos y agradeció la dedicación generosa de los catequistas que, a lo largo de estos años, han acompañado a los jóvenes en su preparación para recibir la plenitud del Espíritu Santo.

Asimismo, el Vicario dirigió unas palabras especialmente cercanas a los confirmandos, animándolos a vivir con valentía su fe, a ser testigos de Cristo en medio del mundo y a comprometerse con el servicio a los demás. Del mismo modo, les invitó a continuar vinculados a la vida de la Iglesia, participando activamente en grupos y movimientos juveniles como Kairós, donde puedan seguir creciendo humana y espiritualmente acompañados por otros jóvenes.

Tras la renovación de las promesas bautismales y la imposición de manos, los 39 jóvenes recibieron el sacramento de la Confirmación, fortalecidos por los dones del Espíritu Santo para asumir con mayor responsabilidad su vocación cristiana.

La celebración concluyó con un ambiente de gratitud y esperanza. La comunidad parroquial encomendó a los nuevos confirmados para que, guiados por el Espíritu Santo, sean luz en sus ambientes y vivan con entusiasmo la misión de anunciar el Evangelio mediante el testimonio de su vida cotidiana.

Vídeo de la ponencia marco de la Asamblea Diocesana

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Aquí pueden consultar el documento completo con la síntesis de las aportaciones de las más de 4.000 personas de toda la diócesis que han participado en los grupos de Conversación en el Espíritu.

Síntesis de las aportaciones de la fase implementación diocesana
Síntesis de las aportaciones de la fase implementación diocesana

Vídeo de la presentación de la Asamblea por Mons. Satué

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Vídeo de la dinámica «Diseñemos juntos el Plan Pastoral»

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En este documento tienen la base de la ponencia de Patxi y Unai sobre cómo diseñar el Plan Pastoral juntos, la fundamentación y el calendario para la redacción del próximo Plan Pastoral.

Fundamentación y calendario para la redacción del próximo Plan Pastoral
Fundamentación y calendario para la redacción del próximo Plan Pastoral

Misionero malagueño en Venezuela: «Hemos sentido el temblor, pero los daños no nos han alcanzado»

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Tras los dos gravísimos terremotos que han golpeado Venezuela, Juan Manuel Barreiro, misionero malagueño destinado en la Misión Diocesana, en el curso alto del río Orinoco, afirma que allí se han sentido solo levemente los seísmos, aunque «han sido muy fuertes». Barreiro, con el que la delegación de Misiones ha contactado nada más conocerse la noticia, explica cómo se encuentran los habitantes de la misión y pide oraciones por los afectados, cuyas cifras crecen.

Era medianoche en España, las 18.05 hora local en Caracas, cuando dos terremotos de 7.2 y 7.5 han hecho temblar la tierra en el país donde Málaga tiene un pedacito de su misión. Los seísmos han provocado, en los primeros recuentos, 32 muertos y más de 700 heridos, una cifra que las peores previsiones consideran minúsculas para el alcance de los seísmos., y que de hecho van creciendo a medida que se conoce la situación. En la capital y el estado de La Guaira, en la costa noroeste del país de Venezuela, hay edificios derruidos, hospitales afectados, falta de información y miedo entre los habitantes.

El misionero malagueño afirma a diocesismalaga.es que «ha sido un desastre en algunas zonas del país, especialmente Caracas, el litoral y el centro, incluso el aeropuerto está dañado. Nosotros estamos muy en el interior, en la sabana, y aquí solo se sintió el tintinear de puertas y ventanas, no hay peligro aquí de momento, solo desperfectos livianos. Lo hemos sentido, sí, pero los daños no nos han alcanzado como a otras zonas. Vamos siguiendo la actualidad y conociendo los daños, deseando que sean los menos posibles».

Caicara del Orinoco se encuentra en plena temporada de lluvias, lo que, en palabras del sacerdote, es bueno a la hora de facilitar la recuperación. Invita a apoyar a los afectados a través de la oración. «Hay que rezar por los que lo han sufrido en primera persona».

En su labor se encuentra también sembrar la paz y la confianza: «Se están extendiendo mensajes por los móviles que generan cierta “psicosis” ante las posibles réplicas o un posible tsunami», cuenta. «Me quedé dormido atendiendo al teléfono y ahora, al amanecer, así seguimos. Rezando e informándonos».

LOS OBISPOS ESPAÑOLES MANDAN SUS CONDOLENCIAS A VENEZUELA

En nombre de todos los obispos de España, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello García, ha enviado sus condolencias a Mons. Jesús González de Zarate, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, tras los graves terremotos que ha sufrido el país en las últimas horas. «Nos unimos espiritualmente a vuestras oraciones por el eterno descanso de los fallecidos e imploramos el consuelo divino a sus familias y la pronta recuperación», ha destacado en la carta enviada hoy a su homólogo venezolano, en la que pide la intercesión de la patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto.

El obispo de Caracas ha pedido oraciones mientras recorre las iglesias para conocer los daños.

Lorenzo Orellana publica su autobiografía: «Dios escribe su historia contigo si tú te dejas»

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¿Cómo describiría esta publicación? 

Tengo muchos recuerdos de mi trabajo en la diócesis, en Melilla y en Venezuela, de la cual alguna cosa cortita había escrito. Y quería escribir algo sobre un cura de pueblo… Y dándole vueltas, pensé: ¿por qué no escribo de mi vida, que es la de un cura en un pueblo, o muchos pueblos? Y he escrito mi experiencia, que, cuando se llega ya a los 89, tiene uno historias para rato. La he escrito con el deseo de que “se pueda leer”.

¿Y qué ecos van llegándole?

Pues me van llegando de mucha gente. El Señor y los hombres buenos me han regalado mucha experiencia de ese amor. Durante cuatro años fui superior de los alumnos del Seminario Menor, y a la vuelta de muchos años -lo recojo en el libro- me he encontrado que hoy, que ya son todos padres de familia y abuelos, se siguen reuniendo y recordándome a mí y aquellos años que compartimos. El día que firmé en la Feria del Libro de Málaga pasaron a verme y algunos me dice que lo han leído ya varias veces.

¿A quién se imagina leyendo este libro? Porque cuando uno escribe, siempre hay rostros a los que se dirige. 

Lo he escrito en primer lugar para los curas, para que los curas, se vean en esta experiencia, que es mía pero también de todos. Si algunos curas lo leen y les hace bien, ese sería el gran regalo de la vida para mí. Y después lo he escrito también en agradecimiento a todos los que pasaron por mis manos. Gracias a Dios he sido un cura “movido”, me han destinado a distintos sitios y he podido adquirir una riqueza enorme, incluyendo el salto a Melilla y a Venezuela. Ahora, en la residencia en la que vivo, San Juan de Dios, en Antequera, voy también recogiendo el salto de tantos abuelos viviendo su vida, su alegría y su esperanza, a los que también toca ayudar.

Cuando le dice uno sí al Señor, ¿se imagina la aventura que viene después? 

Yo no me la imaginaba. Me imaginé muchas veces de cura de pueblo de la provincia, pero lo otro no. Aunque cuando ya llega uno a esta altura de la vida, uno se da cuenta que al ser lo poquito fiel que uno ha podido, Dios lo ha ido guiando. Dios escribe su historia contigo si tú te dejas. Tú eres libre, pero Dios te está iluminando para que sigas escribiendo esa historia que Él quiere. Y, como siempre, desde abajo, desde la sencillez. Creo que es lo más importante y lo más bonito, donde uno de verdad se realiza y es feliz. La alegría no la puede perder el sacerdote porque la alegría  y la paz son las antesalas de la acogida, y sin acogida no hay sacerdocio activo. Acoger a los demás me parece que es lo más importante. Yo digo que es el octavo sacramento de la Iglesia: la acogida.

¿Qué le diría a los compañeros que están empezando su ministerio? 

Les diría que hagan un diario, que escriban de una forma muy sencilla las impresiones pastorales que van recibiendo. Recuerdo que comparto en este libro una impresión que se me quedó grabada, que es cuando, recién ordenado cura, ayudando la parroquia de Santo Domingo, en Málaga, el párroco me encargó que fuera a una abuela a darle la unción de enfermos, que la había pedido en el corral del barco. Ese encuentro con aquella abuela que me pregunta antes de la unción: «¿Y usted, siendo tan joven, por qué se ha metido a cura?». Y que yo le contesté, con toda mi inocencia y mi verdad por delante: «porque sé que hay personas que están solas y quiero estar dispuesto cuando me necesiten». El otro día, mi compañero Pepe Morales me decía que le había impactado. Pues bendito sea Dios. Cuando pasen un montón de años, los más jóvenes, si llevan ese diario, descubrirán mucha riqueza que les ha hecho bien y cómo ellos pueden servir a los demás.

Con sus años de experiencia, ¿cómo mira a esta Iglesia nuestra, qué cree que Dios le pide?

En primer lugar, lo más importante, la unión. El presbiterio de Málaga ha estado siempre muy unido. Creo que la huella de don Manuel González y después de aquellos asociados que tuvimos en el Seminario, un don Francisco Carrillo, por ejemplo… Esa huella de aquellos que ponían por delante el amor al Sagrario, es muy importante, fundamental. Por ahí creo yo que irían los tiros.

 

Ser cura hoy  es una cosa interesante. Yo creo que hasta arriesgada, pero preciosa. Es tener capacidad para hablar del Absoluto, cuando en este mundo solo se habla del dinero y de lo presente.

 

Y cuando uno cumple años y ya se dejan de tener que atender necesidades pastorales de primera línea en la diócesis, aunque un cura no se jubila nunca… ¿Cómo se vive la entrega?

La entrega no tiene fin. Toca seguir entregándose. Y hay entregas mínimas que son preciosas, como la persona que vino a mí ayer y me dijo «yo quiero hablar con usted». Y estuvimos una hora, yo escuchando principalmente, pero ella sintiéndose acogida. La entrega está hasta en una sonrisa. Y el cura será cura siempre cuando haga de verdad su sacerdocio. Y esto es muy importante porque es como nosotros podemos dar testimonio del amor del Señor. Ser cura hoy  es una cosa interesante. Yo creo que hasta arriesgada, pero preciosa. Es tener capacidad para hablar del Absoluto, cuando en este mundo solo se habla del dinero y de lo presente. Y hablar de Dios merece la pena. Cuando pedí a D. Jesús pasar a una segunda línea me vine aquí con mi hermana, que me ha cuidado mucho. Y cuando le diagnosticaron un cáncer, me vine aquí con ella. Y en la residencia estoy intentando hacer reír a los abuelos, por lo menos, y escuchándolos. Creo que se puede ser siempre sacerdote.

Cuando relee este libro en el que reúne prácticamente toda su vida, si se pudiera condensar en unas páginas, ¿qué cree que el Señor le ha pedido y cómo cómo de fielmente ha respondido? 

Si quieres que me confiese, me confieso. Veo mi vida como un regalo del Señor. De peoncillo de la carpintería con mi padre, a oír hablar del Seminario y ver una luz, y seguirla, Después en el Seminario, el crecimiento, la juventud, el desarrollo… Dominar mi genio. Ordenarme y empezar a ser feliz. Aceptar que no me mandaran a los pueblos como a los compañeros, sino de vuelta al Seminario. Fui feliz porque  los muchachos me enseñaron. Estar atento a la gente es descubrir en cada uno un mundo distinto. Ya no eran borregos, eran personas distintas para mí. Después solo nueve meses en Antequera. Y a Venezuela, que, aunque me costó, fue un regalo del Señor. Cuando vas amando a la gente, tu oración cambia, porque ya está llena de rostros de las personas. Y el cura tiene que rezar con los rostros y las biografías de su gente. Después me enviaron a estudiar a Madrid, luego a Melilla, que fue una enseñanza preciosa, una encarnación muy bonita. El Señor me siguió regalando, me mandó al Arroyo de la Miel, con tanta gente buena, trabajadora, sencilla, maravillosa… Y en San Gabriel, en la capital, que me he pasado la mitad de mi vida de cura, 27 años. Otro mundo, otras personas, gente buenísima, gente extraordinaria con la que se puede convivir, alegrarse, trabajar… Siempre he intentado ser feliz, porque si el cura no es feliz, no hace feliz a la feligresía.

 

Cuando uno acoge a una persona con todas las dificultades y pecados que tenga, aprende y esa persona se va reconfortada. Ese es nuestro ministerio: confortar, fortalecer, dar esperanza. Y eso sí lo hacemos como pueblo, como grupo, como comunidad, es el camino de la Iglesia del futuro, aunque la comunidad sea pequeña. Cuando hay una comunidad viva, eso se irradia.

 

Estamos en plena fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad. ¿Cuál sería tu consejo?

El abecé de la sinodalidad comienza por la escucha. Si no escuchamos, no hay sinodalidad posible. Nos escuchamos y nos vamos conociendo. Y cuando nos vamos conociendo todos (desde los obispos hasta los vicarios, desde los arciprestes hasta los párrocos), entonces nos podemos escuchar mejor. Y la escucha comienza cuando hay encuentro, por lo que hay que facilitar los encuentros. Y después, acogida: cuando uno acoge a una persona con todas las dificultades y pecados que tenga, aprende y esa persona se va reconfortada. Ese es nuestro ministerio: confortar, fortalecer, dar esperanza. Y eso sí lo hacemos como pueblo, como grupo, como comunidad, es el camino de la Iglesia del futuro, aunque la comunidad sea pequeña. Cuando hay una comunidad viva, eso se irradia.

Alfonso Crespo, en su prefacio, le da las gracias por ofrecernos el agua fresca de su memoria.¿Cuál es el manantial de ese agua fresca?

Yo no sé de dónde me nace, pero sí sé que yo aprendí hace tiempo, buscando cómo orar mejor, esa oración del corazón: «Señor Jesús, ten misericordia de mí». Ante lo bueno, lo malo, lo triste, lo alegre y lo grandioso me remito a ella y me remito al Señor. Creo que de aquí viene nuestra alegría, y de la Eucaristía, del encuentro con el Señor. De ahí viene el agua clara, el agua limpia, el agua viva que le dijo el Señor la Samaritana.

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