
Seguimos comentando el contenido del capítulo primero de la Encíclica: Las sombras de un mundo cerrado. La sombra es lo contrario a la luz, como metáfora del bien y el conocimiento. En este sentido, proyecta una sombra intranquilizadora la visualización de un mundo cerrado, sin conexión real que lleve a la idea de pertenencia a un mundo que es de todos y para todos.
















