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Fallece el padre carmelita descalzo José Luis Zurita

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Al amanecer del 22 de febrero, y tras un largo periodo de enfermedad y dependencia en el que su comunidad lo ha rodeado de cuidados y atenciones, ha fallecido el P. José Luis Zurita Abril (Fr. José Luis de la Cruz)

En el comunicado remitido por su comunidad de carmelitas descalzos de Málaga, se recuerda que el «P. José Luis Zurita nació en Melilla el 12 de octubre de 1926. Profesó el día 5 de octubre de 1958 y recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1962. Ha culminado su camino con 94 años de vida cristiana, 63 de vida carmelitana y 58 de servicio sacerdotal en las comunidades de Cádiz y Málaga entre otras. 

Al dar gracias a Dios por la vida consagrada y ministerio de este hermano que ha caminado con nosotros en la tierra del Carmelo, pedimos para él que, por intercesión de Nuestra Madre Santísima del Carmen, sea admitido al banquete celestial». 

Sus exequias se celebrarán el martes 23 de febrero, a las 12.00 horas, en la iglesia conventual y parroquial de Stella Maris. La capilla ardiente quedará instalada hasta entonces en dicho templo.

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El Obispo celebra el rito de admisión en la Catedral

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El Obispo celebra el rito de admisión en la Catedral

Cuatro catecúmenos participaron en este rito el primer domingo  de Cuaresma en la Santa Iglesia Catedral

El obispo de Córdoba presidió este domingo, 21 de febrero, primer domingo de Cuaresma, el rito de admisión de cuatro catecúmenos que tras un largo periodo de tiempo, se están preparando para recibir los sacramentos de Iniciación Cristiana en la Vigilia Pascual.

La celebración, denominada también como rito «de la elección» o «de la inscripción del nombre» para los catecúmenos, tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral, y comenzó con la acogida en la Puerta de las Palmas de los catecúmenos y sus padrinos por parte del Obispo.

Una vez en el interior del templo, el Obispo explicó a todos el misterio divino contenido en la llamada de la Iglesia y en su celebración litúrgica.

Monseñor Demetrio Fernández recordó en su homilía el significado de este rito que comenzó en la “puerta de la Iglesia” como símbolo de acogida, “porque el Bautismo es la puerta de los sacramentos, el sacramento por el que entramos en la Iglesia”.

“Habéis encontrado el valor de Jesucristo, su Iglesia, sus Mandamientos y su Evangelio. Dais un paso más para ser recibidos por la Iglesia en este día y para ser incorporados en la comunidad cristiana”, indicó el prelado.

En este primer domingo de Cuaresma, Domingo de las Tentaciones de Jesús, el pastor de la Diócesis instó a los fieles a que no tengamos miedo a la tentación, a las dificultades, “porque muchas de ellas vienen para nuestro desarrollo y para aprender cómo vencer al demonio”. Al hilo de esto, explicó que en el rito de admisión, los catecúmenos reciben la unción con el óleo para fortalecerlos en la lucha contra el demonio y todos los males que la vida pueda traer.

Asimismo, el Obispo pidió a los catecúmenos permanecer siempre “a la escucha del Señor”, intensificando la oración y siguiendo las pautas de nuestro Señor como tiene que hacer un cristiano. “La vida cristiana es seguir la pauta de Cristo, nuestro Señor y redentor”, aclamó el Obispo al tiempo que dio la bienvenida a estos nuevos miembros de la Iglesia.

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Gran Canaria Televisión – Entrevista del padre Báez a mons. Mazuelos – Domingo, 21 de febrero de 2021

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Gran Canaria Televisión – Entrevista del padre Báez a mons. Mazuelos

Vea también:

– Entrevistas

– Domingo, 21 de febrero de 2021

El nuevo Obispo de la Diócesis de Canarias, Monseñor Mazuelos fue entrevistado por el polifacético padre Báez y emitido en Gran Canaria Televisión este domingo 21 de febrero.

Respecto de la actualidad de la Diócesis relató que ha realizado únicamente los cambios mínimos y necesarios, porque en el primer año siempre procura que se vaya conociendo poco a poco, y tener paciencia para que cada parroquia pueda tener los nombramientos mas adecuados.

 

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“La tarea de la Cuaresma que se nos propone es mirar a Cristo”

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Homilía en la Eucaristía del I Domingo de Cuaresma, el 21 de febrero de 2021.

Acción Católica General: `¿Qué buscas? ¡Ven y verás!´

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Acción Católica General: `¿Qué buscas? ¡Ven y verás!´

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– Acción Católica General

Acción Católica General Ven y verás

 

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La consejera de Cultura, D. Patricia del Pozo, visita la Parroquia «Ntra. Sra. de la Asunción» de Huércal-Overa.

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El pasado día 17 de febrero, Miércoles de Ceniza, en torno a las dos de la tarde llegaba al Templo parroquial de Huércal-Overa la Consejera de Cultura, D. Patricia del Pozo, acompañada de distintas autoridades autonómicas, provinciales y locales, buscando la bella imagen del Nazareno (Salzillo 1745), para cuya restauración se ha concedido una subvención por parte de la Junta de Andalucía. Venía a admirar la devota imagen, pero la sorpresa fue aún mayor cuando contempló el magnífico retablo barroco inserto en el gran templo parroquial de esta Villa diocesana.

Recibida por el párroco, D. Víctor Fernández, al pie del altar, preguntó inmediatamente por el «Cura Valera», atendiendo con mucha emoción a las explicaciones sobre la vida y obras del Siervo de Dios; se interesó por el proceso de Canonización ofreciendo los medios a su alcance para poder llevarla a cabo, a la vez que pidió oraciones para que, por la intercesión de D. Salvador Valera, puedan tomar las decisiones más acertadas para el bien de todos. Obsequiada con varias biografías, un rosario y una pulsera del Cura Valera, se emocionó, queriendo que todos sus acompañantes conocieran la vida de este gran sacerdote.

Al entrar en la capilla del Nazareno quedó gratamente impresionada permaneciendo varios minutos delante de la preciosa imagen contemplando cada detalle y piropeando directamente a la imagen. El párroco- arcipreste, junto con el Hermano Mayor y camarera de Ntro. Sr., estuvieron explicando el motivo de que en Huércal- Overa se rindiera tan especial culto al Nazareno. Pudo sentir ella misma la mirada sosegada y compasiva que el mismo Cristo dirigía a los pecadores que a Él se acercaban y que el imaginero Francisco Salzillo supo tan bien plasmar en el rostro de esta preciosa imagen.

Pasadas las tres de la tarde se despedía del templo parroquial fotografiándose ante la imagen del Cura Valera que se haya frente a iglesia de la Villa en la plaza del Cura Valera, no sin antes pedir que se le informe cuando acabe la restauración para volver a admirar de cerca a Ntro. Sr. Jesucristo Nazareno.

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Domingo I de Cuaresma. Ciclo B. 21 de febrero de 2021

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El pasado miércoles iniciábamos la Cuaresma con el antiguo rito litúrgico de la imposición de la ceniza, en recuerdo de nuestra debilidad humana y de nuestro deseo de conversión: destruir el pasado para renacer a una nueva vida en Pascua.
En el inicio de estos cuarenta días de oración y de penitencia, nos encontramos con el pasaje de las tentaciones que Jesús tuvo en el desierto al comienzo de su vida pública, tras el bautismo en el río Jordán, y que aparece en los demás evangelios sinópticos (Mateo y Lucas). Lo curioso aquí es que Marcos coloca este episodio de las tentaciones al comienzo de su evangelio, que lo cerrará con la escena de la Pasión y Muerte del Señor, ya que el último capítulo, el capítulo 16, el referente a la Resurrección del Señor, es un añadido posterior para completar los misterios de nuestra fe.

¿Qué es lo que pretende o qué intención tiene Marcos, el autor? La intención de aclararnos las causas por las que Jesús termina, como consecuencia de esas causas, muriendo crucificado. La fidelidad de Jesús al inicio de su misión a los valores del reino de Dios y a los del Evangelio como proyecto de vida que él elige en el desierto, tendrán como consecuencia la muerte en cruz. Él eligió en libertad, porque tuvo otros caminos y otras ofertas para elegir (el poder, la fama, las riquezas…), pero eligió la propuesta del Padre, y lo hizo con esa obediencia que sólo se entiende desde el amor, y en una fidelidad hasta las últimas consecuencias. Al elegir tuvo que renunciar, y esa es la tensión que percibimos que Jesús sintió en el desierto, porque no es fácil la elección cuando humanamente nos sentimos atraídos por otras propuestas de felicidad, de satisfacción y de realización personal. Y a eso es a lo que llamamos tentaciones, a lo que se nos cruza en el camino para desviarnos de nuestro destino, de nuestra misión, de nuestra voluntad inicial…
El desierto, además de ser un lugar geográfico e inhóspito, solitario, salvaje y lleno de peligros, alejado del bullicio de las grandes poblaciones, etc., es también la representación de la situación espiritual que experimenta el creyente en determinados momentos de su vida y de su camino de fe. El desierto no es sólo el lugar, sino que es ese momento de oración contemplativa, de lucha personal con uno mismo y con sus pasiones más internas para conseguir la conversión, de búsqueda de respuestas existenciales y fundamentales… En el desierto no hay distracciones ni ruidos que nos impidan el encuentro con ese silencio que posibilita la meditación, la reflexión para mirar nuestra vida pasada, para escuchar la palabra de Dios que interpela nuestra vida presente, con sus grandezas y miserias, delante del Señor. En el desierto se aprecian mejor nuestras dependencias, esclavitudes, pecados… El miedo a enfrentarnos a lo que realmente somos y a las pruebas que se nos pueden presentar, hacen que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo evitemos el desierto.
Jesús no lo evitó, lo asumió durante cuarenta días, con sus noches, al igual que el pueblo de Israel lo atravesó durante cuarenta años tras la liberación de Egipto. Esa duración de cuarenta días o años subrayan su intensidad, el hacerse un hecho inolvidable, que te marca en tu historia personal y que, cuando termina y finaliza, puedes sentirte reforzado, crecido y madurado, cuando has superado pruebas y tentaciones.
Dios y la Iglesia durante cuarenta días nos proponen a los bautizados un tiempo litúrgico que hemos de vivir espiritualmente como una etapa de desierto que nos preparará, a través de un proceso de conversión, para vivir la Pascua como nuevos y verdaderos hijos de Dios.
No debemos reducir la Cuaresmas a un conjunto de tradiciones y devociones religiosas sin más. No la podemos desaprovechar cuando es un don anual que Dios, a través de la Iglesia, nos hace para bien nuestro, especialmente de nuestra alma. Somos hijos de Dios, y también somos pecadores. Somos pecadores necesitados de conversión y de la reconciliación con Dios y con los hermanos. Necesitamos poner a punto nuestra vida, mejorar nuestra vida cristiana, experimentar la misericordia divina: necesitamos llegar a nuestra meta al final de nuestro paso por esta tierra, y esa meta es la santidad que nos permitirá participar, gracias a la misericordia del Padre y a la acción del Espíritu Santo, de la resurrección del Hijo de Dios.
Este pasaje de las tentaciones ha de ser un estímulo que nos anime a vencer, con la ayuda de Dios, las tentaciones que como seres humanos tenemos. Cristo, el Hijo de Dios, las venció primero, y las venció también por nosotros. Así él nos demuestra que, aunque vivir el Evangelio por la causa y defensa del reino de Dios no es fácil, porque esa lucha nos hace estar en una continua tensión, merece la pena lucharlo, vivirlo, desgastarse y hasta morir en fidelidad a ese reino de Dios.
Emilio José Fernández, sacerdote
http://elpozodedios.blogspot.com/

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San Pedro Damián

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San Pedro Damián

Dante Alighieri, en el canto XXI del Paraíso, coloca a San Pedro Damián en el cielo de Saturno, destinado en su Comedia a los espíritus contemplativos. El poeta pone en los labios del santo una breve y eficaz narración autobiográfica: la predilección por los alimentos frugales y la vida contemplativa, y el abandono de la tranquila vida de convento por el cargo episcopal y cardenalicio.

Pedro nació en Rávena en 1007; fue el último hijo de una numerosa familia, y como quedó huérfano de padre en temprana edad, fue ayudado por su hermano mayor, Damiano, y esto explica el apelativo de “Damián”.

Después de haber estudiado en Ravena, Faenza y Padua, fue profesor de la universidad de Parma, pero pronto abandonó el cargo y entró en el monasterio calandulense de Fonte Avellana, de cuyo monasterio fue elegido prior. En ese tiempo la Iglesia estaba destrozada por las discordias y los cismas, consecuencia de ese grave perjuicio que se llama simonía, compraventa de puestos eclesiásticos, y también de la ligereza con que el clero resolvía el problema del celibato. Entonces la Iglesia necesitaba hombres íntegros y preparados como el culto y austero Pedro Damián.

Estuvo al lado de seis Papas como “enviado mensajero de la paz”, y sobre todo colaboró con Hildebrando, el gran reformador que llegó a ser Papa con el nombre de Gregorio VII. Pedro Damián, después de varias peregrinaciones en la diócesis de Milán, en Francia y en Alemania, fue nombrado por Esteban IX cardenal y obispo de Ostia. Ya anciano, fue llamado por Ravena, su ciudad natal, para poner orden en el conflicto suscitado por los seguidores de un antipapa.

Murió en Faenza (Favencia), en 1072, cuando regresaba de la última misión de paz. Fue venerado inmediatamente como santo y su culto oficial fue reconocido en 1828 por el Papa León XII, que también lo proclamó doctor de la Iglesia por sus numerosos escritos de contenido teológico.

https://www.santopedia.com/santos/san-pedro-damian

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LA VOZ de Rafael López, seminarista

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Podcast de la sección LA VOZ DEL SEMINARIO emitida en el programa IGLESIA NOTICIA en COPE MÁLAGA el domingo 21 de febrero de 2021. El seminarista Rafael López nos cuenta cómo llegó al Seminario de Málaga
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Rito de Elección de los Catecúmenos (Catedral-Málaga)

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Homilía del Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Rito de Elección de los Catecúmenos celebrado en la Catedral de Málaga el 21 de febrero de 2021.

RITO DE ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS

(Catedral-Málaga, 21 febrero 2021)

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

(Domingo Cuaresma I -B)

1.- En este primer domingo de Cuaresma celebramos el rito de la «elección» o «inscripción del nombre» de los catecúmenos, a quienes hemos recibido en la puerta del templo al comenzar la celebración (cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos [RICA], n. 133-142).

Oído el testimonio de los padrinos y de los catequistas, los catecúmenos reafirman su voluntad libre de prepararse de manera más inmediata durante la cuaresma para recibir los sacramentos pascuales de la iniciación cristiana.

Con esta ceremonia concluís el catecumenado, caracterizado por un largo aprendizaje y conversión de la mente y del corazón a Jesucristo y os comprometéis a seguirle con mayor empeño.

Los padrinos comenzáis a ejercitar públicamente vuestro oficio y los acompañaréis en la Vigilia pascual, quedando unidos con ellos para siempre por un vínculo de fraternidad; entre vosotros habrá una relación espiritual especial.

El obispo, en nombre de Cristo y de la Iglesia, admite a los «elegidos» y os exhorta a responder gozosamente a la llamada de la Iglesia y a vivir este camino cuaresmal como preparación inmediata de las solemnidades pascuales.

2.- Hemos escuchado en el libro del Génesis que Dios hizo un pacto con Noé, a quien salvó del diluvio (cf. Gn 9, 9.11). Ser salvado de las aguas significa la salvación por el bautismo, como recuerda san Pedro: aquello «era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando» (1 Pe 3, 21). Al igual que el agua tiene la virtud de limpiar, las aguas bautismales limpian y purifican; pero no de manera física, sino espiritual.

El bautismo es el comienzo de una vida nueva, que implica un proceso de conversión y conduce a la salvación. Jesús dijo a sus discípulos: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16).

Queridos catecúmenos, habéis sido llamados por el Señor a la vida nueva que os proporcionará el bautismo; os convertiréis en hijos adoptivos de Dios; seréis purificados y sanados por las aguas bautismales.

El Señor hará una alianza de amor con vosotros, que responderéis con un compromiso de fidelidad. Dios es siempre fiel a sus promesas, a su palabra, a su amor y a su alianza; a nosotros nos toca corresponder gozosa y libremente a su amor. Estáis llamados a vivir un proceso de amor esponsal con Dios. Por todo ello damos gracias.

3.- El evangelista Marcos nos dice que Jesús fue al desierto empujado por el Espíritu; y allí soportó las tentaciones (cf. Mc 1, 12-13); pero no las describe.

Tres palabras nos ayudan ayudar a entender el texto evangélico de hoy: desierto, tentación y llamada. El desierto implica apartarse de la vida cotidiana, retirarse de la actividad social, desprenderse de muchas cosas que no son necesarias, vivir con lo esencial renunciando a lo superfluo, entrar en la propia intimidad, hacer silencio y estar a la escucha de Dios.

El desierto fue la experiencia del antiguo pueblo de Israel al salir de Egipto, donde Dios fue purificando su corazón y su fe para que viviera dependiente solo de Él. Es la experiencia profundamente humana de Jesús, que vive solo del diálogo con su Padre.

El Señor nos invita a hacer “desierto” para disponer nuestro corazón a su Palabra, para purificar nuestra alma de las adherencias y del lastre que nos impide seguir a Jesús.

En este camino la Iglesia nos invita a renunciar a muchas cosas, que no son necesarias o que van en contra de lo que nos pide el Señor; no se trata de una renuncia negativa, sino desprenderse de algo por un bien mayor. Todo el mundo es capaz de renunciar a ciertos alimentos por cuidar su salud.

4.- Retirado Jesús en el desierto sufrió las tentaciones del diablo. El poder, la gloria y las necesidades básicas son tentaciones que acechan siempre al hombre; los pecados capitales son siempre una tentación. Jesús sufrió las tentaciones y las venció. La culminación de estas tentaciones vendría al final de su vida en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46); ésta fue la tentación más fuerte que tuvo que sufrir Jesús.

Nosotros somos invitados a vivir nuestro desierto unidos al de Jesucristo y combatir con él las tentaciones, que siempre tienen la misma raíz: buscar el bien propio descartando a los demás, optar por lo fácil y con el menor esfuerzo, huir de lo que nos pesa, desear el goce personal a cualquier precio, buscar el goce inmediato, aunque después uno se quede más vacío que antes.

Unidos al Señor, que venció todas las tentaciones, también nosotros podemos vencer la tentación sin sucumbir al pecado con su fuerza y con su presencia. En la oración del “Padrenuestro” le pedimos a Dios que “no nos deje caer en la tentación”.

5. Después que Jesús fue tentado «marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios» (Mc 1, 14). Comienza su vida pública anunciando la buena nueva del Reino: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 15). La misión por la que Jesús ha venido al mundo es anunciar la salvación al hombre e invitarlo a participar del reino del cielo, que se manifiesta en su persona; es el reino del amor de Dios entre los hombres.

Caminando con Jesús en esta cuaresma podemos oír su llamada: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Merece la pena creer en esta gran noticia; vale la pena convertirse a Dios abandonando los ídolos; merece la pena cambiar el modo de pensar, para ser más felices; vale la pena cambiar la manera de vivir, uniéndonos a Jesús que nos llama.

Queridos catecúmenos, estáis llamados por el Señor que os ha invitado a seguirle. Vuestro corazón ha sido iluminado por su presencia y por su amor. Hoy manifestáis ante la Iglesia vuestra voluntad de seguir a Cristo, como Dios y Señor.

¡Que el Espíritu, que empujó a Jesús al desierto, y estuvo con Él para vencer las tentaciones, os acompañe en el proceso personal de conversión y en el camino cuaresmal hacia la Pascua! Y a todos nosotros, que hemos iniciado la Cuaresma, nos prepare para renovar las promesas bautismales.

Pedimos al Señor que nos mantenga unidos a Él; y a la Santísima Virgen María que nos acompañe en este camino cuaresmal. Amén.

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