
Monseñor Jesús Fernández ha celebrado este martes su cumpleaños rodeado de los miembros de la Curia diocesana
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Identificados con el Señor, y cargando en la mochila la Palabra de Dios que es luz y guía, nos echaremos al camino para caminar cerca de los que no conocen a Jesucristo o lo tienen olvidado, para acompañarlos y abrirlos a la verdad del Evangelio, para tratar de insertarlos en procesos de formación y, finalmente, para dotarlos de las herramientas suficientes para ser luz en medio del mundo
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La representación del auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca tendrá lugar el próximo sábado, 26 de septiembre, a las 21:00 horas
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Las obras comenzaron hace un año y en este tiempo se han solventado numerosas incidencias
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Javier Garrido, a punto de ordenarse diácono, y Juan Nazario Balón, seminarista de segundo curso, han vivido este verano una experiencia que -confiesan- jamás olvidarán.
Durante unas semanas han acompañado a los sacerdotes mayores de nuestra Archidiócesis en la Casa Sacerdotal ‘Santa Clara’, colaborando con los auxiliares en la preparación y el servicio de sus comidas y acompañando a los presbíteros. Juan Nazario describe su quehacer diario en esta casa diocesana como “esencialmente estar, acompañar, asistir y escuchar”. Sin embargo, pese a la sencillez de sus tareas, este seminarista asegura que la experiencia le ha impactado muy positivamente. Recuerda cómo al ingresar en el Seminario entregan una cruz grabada con la inscripción ‘Sé fiel’. “Esta inscripción -explica- está grabada en el corazón de cada sacerdote de la Casa Santa Clara, pero quizás ligeramente modificada: ‘He sido fiel’, y completada con aquello de San Pablo: “He combatido el noble combate, he completado mi carrera, he conservado la fe”. Por eso, lo que me ha aportado esta experiencia es, sobre todo, grandes deseos de ser fiel al Señor en la vocación sacerdotal, hasta el final”.
Por su parte, Javier Garrido asegura que “han sido días muy buenos. Me faltan adjetivos para poder expresar lo que llevo en el corazón”. Si bien, de entre todo lo vivido, destaca la celebración diaria de la misa. “A las doce estaban la mayoría en la capilla. Los sacerdotes con sus estolas, hasta los más mayores. Juntos rezábamos el Ángelus y comenzaba la Eucaristía. Todos concelebran y uno presidía. Una de las mujeres leía las lecturas, otro sacerdote proclamaba el Evangelio y otro las peticiones. Nosotros amenizábamos la celebración con cantos”.
El valor del cuidado
Este servicio ha ayudado también a los seminaristas a acercarse a la realidad del cuidado, especialmente del enfermo y de las personas que están al final de su vida.
Al respecto, Javier Garrido opina que su apostolado en la Casa Sacerdotal le ha reafirmado en la enseñanza de la Iglesia: “La vida tiene un valor incalculable desde la concepción hasta la muerte natural, porque algunos de los sacerdotes están apagándose lentamente, a veces hasta con dolor o molestia, pero su vida sigue teniendo sentido. Ver un sacerdote que prácticamente no habla mucho ni come solo, pero reza contigo, vive la comunión espiritual y te da la bendición… No es solo lo que hace y da, sino lo que es”.
En esta línea se expresa Juan Nazario quien señala que “el sacerdote está crucificado con Cristo, y el ministerio sacerdotal es inseparable al misterio de la Cruz. En estos sacerdotes, esta unión se significa de una manera muy concreta y profunda. A ojos utilitaristas y materialistas, podría parecer que estos sacerdotes ya no ejercen su ministerio, son inservibles y no dan frutos. Sin embargo, a ojos de la fe, ¿cuánto vale la oración de un sacerdote que sufre? ¿Cuánto fruto pastoral hay tras el dolor de un sacerdote? ¿Cuánto bien para la Iglesia”, se pregunta.
Humildad y fidelidad
Son dos valores que ambos seminaristas han encontrado en los sacerdotes mayores que residen en la Casa Sacerdotal. Al respecto, el seminarista de segundo curso argumenta que le ha edificado el testimonio de humildad de estos sacerdotes. “Entre ellos había profesores de teología, doctores, antiguos rectores del seminario… Sin embargo, eso ahora no parece importarles, parecería haber quedado atrás, quedando ahora, sin embargo, la alegría humilde del sólo hecho de ser sacerdotes de Cristo”. A lo que el futuro diácono añade que conocer sus testimonios le ha hecho profundizar en la certeza de que Dios está con nosotros hasta el final y en la fidelidad de su promesa. “Poder conocer, ayudar y servir a sacerdotes que han dado su vida por el Señor en esta tierra, y ver cómo acaban sus días siendo fieles -muchos de ellos muy desgastados pero fieles-, me ha dado fortaleza y esperanza en que es posible y gratificante dar la vida por Cristo y en su Iglesia”.
Finalmente, ambos agradecen al Seminario la oportunidad de vivir esta experiencia durante el verano y reconocen que cada pastoral a la que son enviados “nos enriquece y nos ayuda en nuestro discernimiento vocacional”, en palabras de Javier Garrido.
“Nuestro mundo actual desconfía del compromiso. No cree en la posibilidad de comprometerse para siempre, de entregarse de manera definitiva, de apostar por decisiones que comporten toda la vida, y los seminaristas y sacerdotes podemos ser tentados en estas convicciones. La Casa Sacerdotal muestra con fuerza lo contrario: Es posible ser fiel hasta el final, es posible la fidelidad al Señor y a la vocación, es posible entregar la vida, y no solo es posible, sino que vale la pena y, además, es hermoso”, concluye Juan Nazario.
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Esta mañana se ha celebrado la primera sesión del Consejo Episcopal de la Archidiócesis de Sevilla correspondiente al curso pastoral 2026-2027. Ha sido presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y a su inicio ha jurado su cargo, como vicario de la zona Sevilla 2, el sacerdote José Miguel Verdugo.
Nacido en Sevilla el 21 de abril de 1970, fue ordenado presbítero en septiembre de 2001, de manos de monseñor Carlos Amigo. Entre sus destinos pastorales figuran las parroquias de Santiago el mayor, en Villanueva del Río y Minas; San Juan Bautista, en Alcolea del Río; Nuestra Señora de la Estrella, en Valencina; Nuestra Señora de Guadajoz, en Guadajoz; y el arciprestazgo de San Bernardo. Miembro del Consejo Presbiteral, su nombramiento como vicario de la zona Sevilla 2, de la capital hispalense, fue publicado el pasado mes de junio.
El Consejo Episcopal es el órgano de gobierno de la Archidiócesis de Sevilla, encargado de asistir de forma directa al arzobispo en la dirección y administración general de la diócesis. Este órgano se reúne las mañanas de los martes en el Arzobispado, balo la presidencia del arzobispo.
GALERÍA fotográfica del acto
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El encuentro tendrá lugar el jueves 24 de septiembre, a las 17.00 horas, en el Seminario Diocesano de Huelva, situado en la avenida Santa Marta, 82.
La convocatoria está dirigida a todas aquellas personas adultas que desean comenzar un camino de preparación para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, bautismo, confirmación y eucaristía, así como a quienes estén interesadas en conocer el proceso de acompañamiento y formación que la Iglesia ofrece para este itinerario de fe.
La reunión está organizada por la Delegación Diocesana para la Catequesis de Iniciación Cristiana y Catecumenado de Adultos, desde la que se impulsa y acompaña este proceso en la Diócesis de Huelva.
Este camino pretende ofrecer a los adultos que se acercan a la fe un espacio de encuentro, formación y acompañamiento, ayudándoles a descubrir y profundizar en la vida cristiana y a prepararse para el proceso de la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana.
La Diócesis de Huelva invita a las personas interesadas a participar en este encuentro y a dar este primer paso en un camino de fe y de incorporación a la vida de la Iglesia.
Lugar: Seminario Diocesano de Huelva, avenida Santa Marta, 82.
Fecha: jueves, 24 de septiembre.
Hora: 17.00 horas.
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El 12 de septiembre, memoria del Dulce Nombre de María, fue coronada canónicamente la venerada imagen de la Virgen de la Sangre, titular de la Hermandad de la Vera Cruz de la localidad de Gerena.
Los orígenes de esta Hermandad se remontan según la tradición a 1258, año en el que el rey Alfonso X hizo donación a los benedictinos que acompañaban a los conquistadores de Gerena, los caballeros de la Orden de Alcántara, de unas tierras donde se establecieron para comenzar su labor evangelizadora y asistencial, fomentando la devoción a San Benito Abad. Así, fundan un Hospital, que ya existía en 1308 según Ortiz de Zúñiga, en cuya iglesia surgirán las hermandades de la Santa Vera Cruz, cuyas reglas se aprobarán en 1389, y la del Señor San Benito Abad, las cuales se fusionarán alrededor del año 1598.
La comunidad benedictina, junto con el Hospital, desapareció debido a la desamortización de Mendizábal, conservándose en la actualidad la iglesia, sede de la Hermandad que venera con especial devoción al Santísimo Cristo de la Vera Cruz, de finales del siglo XIV, y a la Virgen de la Sangre, recibiendo culto ambos en el retablo mayor, interesante obra del siglo XVIII rematado por un relieve que representa la coronación de espinas del Señor.
María Santísima de la Sangre es una bella imagen de candelero, obra anónima del siglo XVIII, en la que se destaca la delicadeza de sus facciones, subrayada por la policromía que presenta. Presenta su cabeza una ligera inclinación a su derecha, lo que le añade una nota de dulzura y humildad.
Esta advocación mariana no hace referencia a la sangre de la Virgen, sino a la de su Hijo, y está muy vinculada a la devoción a la Vera Cruz de Cristo y a la preciosa Sangre que el Redentor derramó en el madero por nuestra salvación, poniendo de relieve así la participación de la Madre al pie de la cruz en el sacrificio de su Hijo. Históricamente el nombre puede derivar del hecho de que esta hermandad se encontraba radicada, como ya hemos comentado, en un hospital de sangre, así como que era venerada esta imagen mariana por una hermandad “de sangre”, es decir, que contaba con disciplinantes en su estación de penitencia.
En cualquier caso, esta bella y sugestiva advocación mariana pone de relieve la relación íntima y estrecha entre la Virgen y Jesús, ya que como afirmaba San Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Mater, gracias a su maternidad, “Jesús, Hijo del Altísimo, (…) es carne y sangre de María”.
No podemos olvidar igualmente que para la cultura judía la sangre es símbolo de la vida (Dt 12, 23), por lo que se presenta así a María como la Madre de la Vida, al habernos dado al que es la Vida, Cristo (Jn 14,6).
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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Comienza un nuevo curso y con él buenos propósitos, rutinas y hábitos. Además de comer más sano, ir al gimnasio o prometerse dormir más temprano, septiembre nos trae una nueva oportunidad para acercarnos más a Dios y a nuestra fe.
Por un lado, es un buen momento para retomar la oración diaria, que seguramente se ha visto trastocada durante las vacaciones; para acudir a los sacramentos con mayor asiduidad en nuestra parroquia de referencia o, incluso, para matricularse en alguna asignatura de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, que ofrece una amplia variedad de materias en distintos horarios y modalidades.
Además, con el calendario en la mano podemos planificar los próximos meses e incluir al menos un fin de semana de retiro espiritual. En este sentido, son muchas las opciones disponibles en la Archidiócesis de Sevilla. En primer lugar, los Cursillos de Cristiandad, que se celebran en San Juan de Aznalfarache y hacen una propuesta kerigmática, es decir, de primer anuncio del Evangelio de forma testimonial y alegre. También destacan los retiros de Emaús, basados en la lectura del Evangelio según san Lucas, que versa sobre los acontecimientos en el camino a Emaús. En nuestra diócesis se ha extendido por numerosas parroquias y celebran retiros mensuales tanto para mujeres como para hombres. La Renovación Carismática Católica, por su parte, organiza los Seminarios de Vida en el Espíritu, “una experiencia de evangelización en el que se proclama el amor de Dios y se invita a los cristianos a dinamizar su vida con la presencia del Espíritu Santo”.
Retiros para adolescentes, jóvenes y matrimonios
Asimismo, los más jóvenes tienen también sus propias propuestas espirituales, con los retiros Effetá (para chicos y chicas de entre 18 y 30 años) y Bartimeo (para adolescentes de entre 16 y 17 años). Así, durante un fin de semana participan en dinámicas testimoniales que abarcan toda la vida y promueven su encuentro con Jesús.
Igualmente, los matrimonios o novios que busquen profundizar en la verdad y la belleza de su vocación pueden participar en los retiros de Proyecto Amor Conyugal, basados en la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II sobre el amor humano.
Puede conocer toda la información, fechas y contacto para cada retiro aquí.
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Mensaje de Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de las Angustias. En sus palabras, un recuerdo especial por quienes más han padecido los terremotos, que nos han mostrado nuestra debilidad, con una invitación a la reconciliación, fraternidad, ayuda mutua y a superar las corazas de nuestra vida.
Queridos fieles de la Diócesis de Granada, devotos de la Santísima Virgen de las Angustias, un cordial saludo.
El mes de septiembre es para todos nosotros el mes de la Virgen. Un mes especialmente querido por los granadinos, que culmina cada año con la procesión de nuestra Patrona por las calles de la ciudad. Pero este año estamos viviendo de una manera distinta.
Hace un mes, en la madrugada de la Solemnidad de la Asunción del día de la Santísima Virgen, la tierra tembló bajo nuestros pies. Y siguió temblando durante los días siguientes. Muchas familias de la capital y de nuestros pueblos tuvieron que abandonar sus casas, algunas todavía esperan poder regresar a ellas. También sufrieron nuestros templos y entre ellos la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, especialmente su cúpula.
Por eso, este año la tradicional Ofrenda floral tendrá por escenario la fachada de la Catedral, la casa común, la casa de todo el pueblo de Dios de Granada. Será una celebración distinta, marcada también por estas circunstancias excepcionales. Después de que el pasado 30 de agosto acompañáramos a nuestra Patrona desde su Basílica hasta la parroquia del Sagrario, donde está con verdadera devoción de hijos.
Que mi primer acuerdo sea precisamente para quienes siguen viviendo lejos de sus hogares, esperando volver a ellos. Y quiero expresar también mi gratitud a todos los que durante aquellos días estuvieron al servicio de los demás, los servicios de emergencia, las fuerzas de seguridad, los voluntarios, los servicios médicos, los técnicos y trabajadores, y también tantos sacerdotes y comunidades cristianas que abrieron sus puertas y estuvieron cerca de quienes más lo necesitaban.
La Virgen de las Angustias, que permaneció junto a la cruz de su Hijo, conoce el sufrimiento y sabe permanecer junto a quien atraviesa momentos de incertidumbre, de dificultad.
A ella confiamos hoy nuestras angustias, especialmente a todas las personas afectadas. Todavía tenemos hoy reciente además el regalo del Viaje apostólico del Papa León XIV a España. Y quisiera que algunas de sus palabras, que nos dejó durante aquellos días, iluminaran este mes tan nuestro, dedicado a la Santísima Virgen de las Angustias, Reina y Madre de Granada, como le decimos en su Himno.
Durante su Viaje, el Santo Padre recordó la profunda huella que la fe cristiana ha dejado en la historia y en la cultura de nuestro pueblo, y para ello un ejemplo como es Granada. Y nos invitó también a superar los enfrentamientos, las divisiones, la polarización, buscando siempre la verdad y el encuentro y la reconciliación. Pero, quisiera detenerme especialmente en unas palabras que pronunció ante la Virgen de Montserrat el pasado 10 de junio. Allí, León XIV volvió a recordarnos la sencilla invitación de María en las bodas de Caná: “Haced lo que él os diga”, les dijo a aquellos criados. En realidad, ahí está contenido todo el programa de vida cristiana. Hacer lo que nos diga Cristo. María no se coloca en el centro, María nos lleva siempre a Jesús. Nos invita a escucharlo, a confiar en sus palabras y a dejarnos transformar por él.
¿Y qué nos dice Jesús a los cristianos? También esto es muy claro. “Esto os mando: que os améis unos a otros”. El Papa nos invitaba entonces a dejarnos reconciliar por el Evangelio y abandonar esas corazas con las que tantas veces nos protegemos, protegemos nuestras heridas y nuestros miedos.
Corazas que aparecen en nuestras palabras, en nuestros juicios, en nuestra manera de tratar a los demás, también en nuestras familias, en nuestras comunidades, en las redes sociales o en la vida pública, en la vida social, lo vemos en el mundo político, lo vemos ante los problemas como los de Ceuta. Y creo que estas palabras adquieren un significado especial en la Granada de este mes de septiembre. Un terremoto nos recuerda que, de repente, hasta qué punto somos frágiles. En unos segundos desaparecen muchas de nuestras seguridades y descubrimos cuánto necesitamos a quienes tenemos al lado. Durante estos días, lo hemos visto, vecinos que ayudaban a vecinos, personas que acogían a otras personas, comunidades que abrían sus puertas. Sería una pena que, pasado el miedo, volviéramos a colocarnos las corazas.
Quizá esta experiencia pueda ayudarnos también a mirar de otra manera a quienes tenemos cerca, a hablarnos con más respeto. Así lo decía el Papa, a escucharnos antes de juzgar, a reconciliarnos, a preocuparnos por quienes sufren, a recuperar esa fraternidad, que tantas veces damos por supuesto, hasta que llega una desgracia, una dificultad, que nos recuerda que necesitamos los unos a los otros, que necesitamos de Dios. Eso es también “hacer lo que él os diga” del Evangelio. Y eso es lo que quisiera pedir en este mes a la Virgen de las Angustias, que nuestra devoción a María, tan arraigada en Granada, no sea solamente una hermosa tradición recibida de nuestros mayores, que sea una fe viva, que nos acerque más a Jesucristo y nos haga más hermanos, que nuestra piedad popular tan querida siga siendo una fuente de caridad, de reconciliación, de esperanza para nuestro pueblo.
Se lo pido de manera especial por los enfermos, por quienes están solos, por quienes atraviesan dificultad, por quienes necesitan más protección y consuelo. Y en estos días, de manera muy particular, por cuantos todavía no han podido regresar a sus hogares.
Termino haciendo esa oración que tantas generaciones de granadinos ha dirigido a su Patrona: “En la vida y en la muerte, protégenos con Tu manto y nos consiga Tu llanto, el amparo del Señor”.
Que la Virgen Santísima, la Virgen de las Angustias, cuide de Granada, de nuestros pueblos y de todas nuestras familias.
Con todo mi afecto, os doy mi bendición y os deseo una maravillosa, una grande fiesta de la Virgen de las Angustias.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
15 de septiembre de 2026, Granada
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