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La Semana Santa del corazón en Al Trasluz

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Esta semana el sacerdote Antonio Gil hace un reccorido por la semana más importante del año

Nos disponemos ya a celebrar la semana más importante del año, la Semana Mayor, la Semana Santa, sin procesiones por nuestras calles, debido a la pandemia que nos golpea todavía, pero con la devoción y el fervor a punto, en torno a nuestras imágenes. Será, sobre todo, una Semana Santa del corazón. Desde el Domingo de Ramos, hasta el Domingo de Pascua, la liturgia de la Iglesia, esplendorosa y magnífica, nos hace revivir intensamente el drama de la pasión y muerte de Jesús, coronada con el esplendor de su Resurrección.

Domingo de Ramos: Este domingo, llamado «de Ramos», nos sitúa en el pórtico de los días santos de nuestra redención. Se trata del máximo drama de la humanidad, el de su propia redención. Jesús nos invita en estos días a vivir su cruz. En estos dias santos revivimos la muerte de Jesús para resucitar con él y en él. Y este es el sentido de la aclamación hoy del pueblo sencillo a Jesús. Aplaude la victoria contra el mal, contra el orgullo y la violencia. Y aplaude nuestra gloriosa resurrección en él.

Martes santo: Misa crismal en la Catedral, presidida por nuestro obispo, en la que los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, respondiendo a la pregunta del prelado: «¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con Él?».

Jueves Santo: El lavatorio de los pies, el mandamiento nuevo, la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio. Humildad y servicialidad plena; amar al mundo como Dios lo ama, y al prójimo como Dios nos ama; aprender para siempre «la cultura de la eucaristía» y contemplar a los sacerdotes como «otros Cristos» en medio de nosotros.

Viernes Santo:La Cruz, trono de amor, cátedra de sabiduría y fortaleza, árbol de vida eterna, altavoz universal de salvación.

Vigilia pascual: En la Vigilia pascual, todo es nuevo. La bendición del fuego, la luz del cirio pascual, el agua de las pilas bautismales, símbolo de vida. Cristo resucitado se hace presente en medio de nosotros.

Domingo de resurrección: Un doble compromiso. Primero, resucitar las «zonas muertas» de nuestra vida. Segundo, transmitir la resurrección de Jesús a los demás, no sólo como «enseñantes» sino como «testigos» de su vida nueva.

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Spei Mater: Una luz esperanzadora en la defensa por la vida

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La Iglesia celebra hoy 25 de marzo la Jornada por la Vida en el día de la Anunciación del Señor, el Sí sin condiciones de la Virgen María. Entrevistamos a…

[…]

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“Pocos autores han tenido más acierto que Juan de Mesa en las imágenes de la Pasión”

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“Juan de Mesa. La caza del aliento” es el segundo libro que Luis Miranda publica tras ‘Historia de la Semana Santa de Córdoba’ (2018), publicada por la editorial Almuzara

Luis, ¿qué te ha llevado a escribir este libro en este momento?

Podría decir que me ha llevado a escribirlo en encargo y no mentiría, pero es mucho más que algo que hago por petición de una editorial. Es también intentar superar el desafío de escribir de alguien a quien he admirado muy profundamente durante casi toda mi vida, y hacerlo desde un punto de vista nuevo. Lo normal es que un historiador o un historiador del arte sean quienes escriban de un escultor, y yo de hecho he leído el trabajo de unos y de otros para escribir este libro. Yo, sin embargo, soy periodista, y he abordado el libro con las herramientas de un periodista, que anda, mira, pregunta y vuelve a preguntar para intentar componer un mosaico de la verdad. Por eso me apasionaba el reto.

¿Por qué has elegido la figura de Juan de Mesa? ¿Qué supone para ti este hombre?

El cristianismo supone creer que Dios se encarna, es decir, que se hace carne como la nuestra y tiene naturaleza humana, aunque también divina. Dios no es una idea abstracta, sino que tiene forma de hombre. Lo más lógico es que lo imaginemos a través de las imágenes artísticas que lo representan, y en ellas pocos autores han tenido más acierto que Juan de Mesa, sobre todo en las imágenes de la Pasión. Juan de Mesa plasma a un Jesucristo que es profundamente humano sin dejar de ser divino, que está herido por el dolor y por el sufrimiento, pero que aun así tiene capacidad para consolar a los que se acercan, como haría en sus predicaciones y en el Sermón de la Montaña. Eso es lo que yo he encontrado a lo largo de los años en sus imágenes, así que, exagerando mucho, diría que es parecido a un profeta o un predicador, en el sentido de que habla del Verbo encarnado, con todo lo que significa.

Es un libro escrito en primera persona, donde se reflejan muchos aspectos de tu vida, entre ellos, una profunda admiración por Juan de Mesa. ¿Por qué? ¿Ha tenido algo que ver tu vinculación a la cofradía de la Virgen de las Angustias?

Claro, tienen que ver muchas cosas. Desde el principio pensé en buscar a Juan de Mesa en la huella que han dejado sus imágenes, y por eso he preguntado a las personas que sirven a sus pies, a los que están más cerca de esas esculturas que continúan hablando con el pueblo. Cuatro siglos después son muchos, quizá cada vez más, quienes les rezan. Yo he reunido el testimonio de mucha gente, y he pensado que como hilo conductor podía estar mi propia vida. Después de todo, son muchos los que han hablado conmigo con toda franqueza y sinceridad, y sus palabras pueden calar en el lector, así que yo no tenía motivos para regatear ninguna confidencia. Así podía tener también la esperanza de que mi búsqueda de Juan de Mesa lograse que los lectores se identifiquen.

El libro se puede considerar incluso una crónica de viajes, pues recorre incluso su paso de Córdoba a Sevilla. ¿Qué ha supuesto esta andadura?

Al margen de la vocación de escribir, los viajes han sido lo más apasionante en la preparación de este libro. Un viaje, cuando uno lo quiere vivir, no es sólo el trayecto para ir de un lugar a otro, sino también un recorrido interior en el que uno interioriza lo que ve y lo que oye para después incorporarlo a su forma de pensar y a la vida diaria. Los cinco viajes físicos me han servido para ver cómo en cada lugar, incluso dentro de una misma ciudad, los cristianos se relacionan con imágenes pensadas para interpelarlos, y para comprobar en qué distintas formas siguen vigentes en el día de hoy, cuatro siglos después de su hechura. He conocido a personas con muchas lecturas y otras más sencillas y entre ellas me han ayudado a componer el mosaico, y a todos les estoy agradecido.

¿Qué es Sevilla para Luis Miranda, la ciudad en la que Juan de Mesa estuvo junto a su maestro Martínez Montañés?

Sevilla es la ciudad en la que estudié la carrera y en la que por primera vez viví de forma independiente. Cuando llegué desde un lugar en el que todo el mundo me conocía era asombroso perderme entre las multitudes de manera anónima y visitar tantos lugares que se me ofrecían como un mundo que no era excepcional, sino cotidiano. Todo lo que viví allí fue intenso, iniciático y perdurable, y ahora he vuelto sobre aquellos pasos para hacer una nueva cartografía que se ha superpuesto sobre la antigua.

Córdoba, Sevilla, La Rambla, Guipúzcoa o Las Cabezas de San Juan, son ciudades donde podemos encontrar obras de este gran escultor. Si Luis Miranda tuviera que decantarse por una obra de Juan de Mesa, ¿cuál sería?

Difícil pregunta. De alguna forma el Cristo de la Agonía de Vergara me eligió para escribir el libro, y el Gran Poder y el Cristo de la Conversión del Buen Ladrón me ayudaron a decidirme, pero sin la Virgen de las Angustias sería imposible. Así que sería Ella, sin duda.

Por cierto, en el libro se citan a muchos compañeros de profesión. ¿Consideras que te han aportado mucho en tu profundo conocimiento sobre la Semana Santa?

He hecho un libro con las visiones que muchas personas me han contado de las imágenes de Juan de Mesa, y de la religiosidad popular en general. Igual que ellos me han ayudado esta vez, también he tenido presentes muchas lecturas, de textos excelentes, que me han auxiliado en el trabajo de entender a obras de arte y de fe que son, por su propia naturaleza, poliédricas y llenas de interpretaciones abiertas.

Y por último Luis, ¿qué esperas de este nuevo libro?

Me gustaría que quienes lo lean aprecien la voluntad por buscar a Juan de Mesa de una forma distinta, y que en lo que yo cuento de mí y de los demás encuentren una parte de sí mismos.

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La Delegación de Misiones anima a los jóvenes a participar en su XVII Encuentro Misionero

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La Delegación diocesana de Misiones ha instado a párrocos, catequistas y familias a animar a los jóvenes a participar en el XVII Encuentro Misionero de Jóvenes que se celebrará de forma virtual el sábado, 17 de abril. Una jornada destinada especialmente a aquellos interesados por la actividad misionera de la Iglesia o a grupos que participan en experiencias misioneras temporales.

Este año, las circunstancias obligan a buscar otros modos para realizar esta formación que fue suspendida el año pasado ante la irrupción de la pandemia, por eso, según ha explicado el delegado diocesano de Misiones, Eduardo Martín Clemens, “ya que la presencialidad no es posible, nos acogeremos a otros canales de comunicación que nos mantengan conectados a la misión, en este caso a los jóvenes de España. Así, los inscritos recibirán un enlace para realizar el encuentro a través de Zoom”.

Programa

El lema de este encuentro, ‘La Iglesia necesita tu compromiso’, interpela directamente al protagonismo de los jóvenes y su capacidad para transformar la realidad, una llamada constante por parte del papa Francisco.

La jornada comenzará a las diez y media de la mañana con una presentación conjunta entre monseñor Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona y presidente de la CEM; y José María Calderón, director nacional de las Obras Misionales Pontificas.

Posteriormente, dará comienzo el primer tema de reflexión del encuentro: ‘Entregarse compensa’, que contará con varias dinámicas y un trabajo por grupos.

Por la tarde, a partir de las cuatro y media, el Obispo auxiliar de Bilbao, monseñor Joseba Segura, ofrecerá una conferencia titulada ‘La Iglesia me envía’, tras la cual se podrán resolver preguntas e inquietudes de los participantes.

La jornada concluirá con varios testimonios misioneros y una dinámica de oración.

La inscripción –individual o grupal- deberá realizarse a través de la Delegación diocesana de Misiones (misiones-sevilla@omp.es) , enviando el boletín -descargable más abajo- antes del 9 de abril.

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Jornada por la Vida 2021- «Custodios de la vida»

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Hoy, 25 de marzo se celebra la Jornada por la Vida. Este año, bajo el lema, «Custodios de la vida». El objetivo de esta jornada es explicar que la vida es un bien fundamental para el hombre, sin el cual no cabe la existencia ni el disfrute de los demás bienes.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida  realizan una atenta mirada a la sociedad actual con el avance de la cultura de la muerte, por la proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Ante esta situación, reflexionan sobre cuál debe ser la respuesta de los cristianos en este momento histórico. Ante esta cultura de la muerte, «debemos ser custodios de la vida» porque, como afirmaba San Juan Pablo II, «la vida es siempre un bien».

Otros materiales de la Jornada por la Vida

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Solemnidad de la Anunciación o Encarnación del Señor

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AnunciaciónSolemnidad de la Anunciación (Anunciata, Encarnación, Encarna) del Señor. El Evangelio según San Lucas (Lc 1,26-38) lo relata así:

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

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Nuevo Centro Cultural online sobre el fin de la pandemia

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El Movimiento Cultural Cristiano ha organizado un nuevo Centro Cultural titulado ‘Saliendo de la pandemia, ¿ahora qué?’ en el que se abordarán perspectivas sociopolíticas de la actual situación.

La ponencia, en formato online desde hace más de un año a razón del coronavirus, será presentada por el periodista Rainer Uphoff a través de un enlace que podrá solicitarse a través del correo electrónico sevillasolidad.net@gmail.com o el teléfono 630 227 557.

La cita es mañana, 26 de marzo, a las siete de la tarde.

Este Centro Cultural se enmarca en la Campaña por la justicia en las relaciones Norte-Sur, en contra de las causas del hambre, el paro y la esclavitud infantil  que viene desarrollando este movimiento seglar desde hace más de 35 años en distintas ciudades de España y Venezuela.

 

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La Asociación Pro-Vida de Mairena del Alcor celebra la Jornada por la Vida mostrando su rechazo a la eutanasia

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La Asociación Pro-Vida de Mairena del Alcor celebra esta tarde en la Iglesia Mayor, con motivo de la Jornada por la Vida que tiene lugar hoy, 25 de marzo, una adoración al Santísimo con posterior rezo del Rosario por la vida. La cita, que concluirá con la Eucaristía, comenzará a las seis y media de la tarde.

Además de este evento, la asociación participó recientemente en un encuentro virtual titulado ‘Sí a la Vida’ que este año se ha centrado en mostrar un rechazo firme a la aprobación de la Ley de la eutanasia en España. Al respecto, desde Pro-Vida Mairena han declarado que “entre todos tenemos que hacer frente a la cultura de la muerte que, al triturar el sentido sagrado de la persona, la deshumaniza”.

Finalmente, también han destacado en su comunicado que continúan con su labor de ayuda y apoyo a mujeres con embarazos imprevistos o con dificultad. Concretamente este mes ya se han repartido más de 5.000 kilos de alimentos y otros productos para bebés.

Más información en los teléfonos691 229 634 y 955 94 27 97 o en el correo electrónico provida@providamairena.org

 

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Pensar sobre la fe II. La fe como estructura esencial del ser humano

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1.1.La necesidad de pensar sobre la fe.

Nos encontramos en este espacio que damos en llamar el atrio de los gentiles, no es un lugar para dogmáticos sino para personas que buscan y se interpelan. Los hay dogmáticos creyentes e increyentes, ambos aún sin saberlo, pertenecen a la misma familia,  la de aquellos  que se creen poseedores de la verdad absoluta, olvidando que no se posee la verdad sino que se es poseído por ella.  En este artículo quiero reflexionar sobre  ese  fenómeno original del hombre, ese acto fundamental del espíritu que llamamos fe. A pesar de todo su carácter de gracia, de don, la fe es un acto humano total y completo.

Hoy es más necesario que nunca un pensamiento fenomenológico  y filosófico sobre la fe. En épocas de  fuerte presencia religiosa no aflora esta necesidad pues la fe parece iluminarlo todo, hoy día no es así. Parece claro que Peter L. Berger estaba en lo cierto cuando señalaba que las estructuras de verosimilitud habían cambiado en occidente: si en otro tiempo Dios parecía una realidad evidente hoy, en nuestra sociedad secularizada, no lo es. El acto de  fe siempre ha requerido  de una  apuesta, de una confianza  que,  aunque racionalmente justificada,  nos exigía un salto: el salto de la fe. Lo que ha cambiado no es tanto el salto como  su magnitud; a  muchas personas  la fe, utilizando la imagen de Kierkegaard,  les  lleva a nadar sobre un abismo de mil brazas de profundidad.

1.2.La estructura fiducial del ser humano.

Pensar que nuestro universo no es autoconsistente, o sea que  parece exigir  un fundamento fuera de él mismo, o que  la existencia del cosmos y del hombre apuntan a una causa que encajaría bastante bien con lo que normalmente entendemos por Dios no supone un  salto demasiado grande. El salto de la fe va mucho más allá, se trataría de  creer que esa realidad fundante da sentido total a mi existencia y  que en ella nos  va, literalmente,  la Vida. ¿Pero cómo dar en estos tiempos  ese salto? ¿Qué tipo de inteligencia tiene que desplegarse en el hombre? ¿Qué tipo de mirada?

El ser  humano tiene una serie de facultades que le permiten mirar de una manera penetrante la realidad. No solo estamos capacitados para mirar hacia fuera, o sea al mundo, también podemos mirarnos hacia adentro, podemos descubrir ese espacio infinito que podemos llamar alma, interioridad, sí mismo, o como queramos. También podemos mirar  hacia adelante, hacia eso que llamamos futuro, somos seres futurizos. Y, cómo no, también podemos mirar hacia arriba,  hacia lo divino, pues estamos abiertos a la trascendencia, sea lo que sea.

Así pues somos seres constitutivamente abiertos.  A diferencia del animal, que circunscribe su vida al espacio marcado por sus instintos, el hombre siempre está en búsqueda, él se experimenta como proyecto, como tarea a construir y a realizar, de ahí que la esperanza sea una de sus notas características. Nos podemos definir como homo viator (peregrino, caminante), y como todo caminante buscamos señales que nos puedan orientar. En la actualidad son muchas las personas que consideran que solo pueden atender a señales  que puedan verse, tocarse y verificarse; lo que ocurre  es que, si se detienen  y lo piensan un poco,  en casi todas las decisiones importantes de sus vidas  no se han guiado por aquello que veían, calculaban, medían o pesaban. Sus  elecciones y acciones no han estado motivadas por aquello que podían controlar, al contrario se han guiado por sueños, deseos, esperanzas e intuiciones. Ellos no han podido dejar de seguir lo que  podemos definir como  actos de fe y es que el ser humano tiene una estructura fiducial. No debiéramos olvidar que la razón es necesaria para todo pero no es suficiente para nada porque el hombre es un todo en su forma de pensar, de sentir y de actuar; es inteligencia, percepción, sensaciones, emociones, sentimientos, voluntad y, en un  grado elevado, fe.

1.3. La inteligencia espiritual.

En ese ser humano que es un todo donde no hay compartimentos estancos hay una inteligencia connaturalmente ligada a la fe. Parece un hecho, como mostrara Howard Gardner, que  la  inteligencia es múltiple;  lo mismo que podemos hablar de una inteligencia verbal y matemática, podemos hablar de una inteligencia interpersonal e intrapersonal, de inteligencia visual y espacial o de inteligencia artística, del mismo modo podemos hablar  de inteligencia espiritual, esta sería la inteligencia que nos abre a la trascendencia,  es la inteligencia  que nos sensibiliza hacia lo religioso, lo místico, lo trascendental  y que  permite  que nos situemos existencialmente ante cuestiones como el sentido de la vida, el bien o el mal. Al igual que los otros tipos de inteligencia, ésta última puede estar  atorada en muchas personas, pero todos la tenemos y para abrirnos a la fe es necesario  despertarla.

La inteligencia espiritual se asienta sobre las antinomias de la razón geométrica, sobre los escándalos del espíritu, sobre las rupturas de un  universo que no está cerrado sobre sí, en esta inteligencia se  funda la esperanza y la fe.

1.4. La duda y la fe.

Es esa inteligencia espiritual la que nos permite llegar a la mayor lucidez que no es otra que la de dudar de nuestras dudas como decía de Jean Guitton. Algunos pretenden contraponer las dudas y la fe olvidando que  en el océano de la fe se pesca con una red de dudas.No es extraño que en nuestra vida acontezcan circunstancias que lleguemos a experimentar como “disclosure situations”, tomando el conocido concepto de Ramsey, situaciones de apertura. Es como si el hielo sobre el que patinamos se rompiese, nos damos cuenta de que el mundo sobre el que caminábamos y nos parecía tan sólido se resquebraja bajo nuestros pies, nos quedamos a oscuras, las dudas nos acorralan. Lo llamativo es que estas dudas no se disipan una a una sino que en un momento determinado  se disuelven en un espasmo de luz. La fe tiene que ver más con ese resplandor que nos postra o nos levanta.

Sabemos que San Pablo nos dijo que la fe entra por el oído, es cierto, pero una vez que nos penetrase asemeja más a sentir, palpar y experimentar que a oír, por eso podemos hablar de un encuentro con lo divino que nos transforma, de una autentica experiencia o de comunión con Dios que nos embarga. De eso se trata la fe, no tanto de creer en Dios sino de  experimentar a Dios, o sea creer que a Dios le importamos. De esta forma las propias dudas   que   pueden surgir en nosotros más que  mutilar la fe,  la van podando. Algunos creen que la persona que duda no es más que un escéptico y no comprenden que  después de todo el creyente no deja de ser un escéptico que confía en Dios. Bruno Forte lo expresaba así: El ateo es un creyente que busca razones para no creer, mientras que el creyente es un ateo que busca razones para creer.

1.5. Del intentar poseer al ser poseídos.

Debemos tener siempre presenta que en la fe hay parte de intuición y parte de  apuesta. Cuando pasamos de la intuición a la apuesta, o sea cuando damos el salto y nos atrevemos a creer descubrimos que  la fe no es una convicción que debemos defender, sino una convicción contra la cual no logramos defendernos. Con que intensidad lo expresaba Carmen Laforet cuando afirmaba  que Dios la había cogido del cabello y que no es que tuviera dificultades para creer, sino que no podía no creer. O sea que esa  duda que siempre puede surgir  se resuelve  no en una convicción que poseemos sino una convicción que nos posee.

Podemos pensar que entonces todo se aclara, que ya tenemos la explicación de todo, ¡pues no!, la dinámica de la fe no es así, la fe no es explicación, sino confianza sentida deque la explicación final existe. La fe te permite profundizar en  la realidad de modo tal que la razón se ve potenciada pudiendo tocar la orla de lo eterno. Pero hemos de comprender que se trata solo de palpar ese Misterio insondable que  sostiene y que dota de significado  a toda la realidad.

Finalmente la fe nos  descubre que  no somos nosotros los que nos elevamos a la altura de lo divino ni llegamos a conquistar ese abismo fundante que llamamos Dios, lo que se nos desvela es que la iniciativa siempre había sido suya, parafraseando a Pascal, si creíamos que lo  buscábamos es porque Él nos había encontrado primero. Después de todo qué razón tiene Gómez Dávila cuando dice que  si creemos en Dios no debemos decir: Creo en Dios; sino: Dios cree en mí.

1.6. En la frontera entre dos mundos.

No hemos hablado de la fe en la que creemos sino de la fe con la que creemos. Como suele  ocurrir con todo lo importante aquí no podemos demostrar nada;  en  nuestra reflexión se entremezcla el pensamiento y testimonio. Pero sí podemos señalar algunas cuestiones que nos parecen claras. La fe nos desvela que el ser humano se encuentra en la frontera de dos mundos, en él convergen  la materia y el espíritu, lo finito y lo infinito, lo creado y el creador. Situado en la frontera descubre  en sí los deseos de perfección, de plenitud, ansía la infinitud aunque se da cuenta de sus límites. Anhela más de lo que puede conseguir, porque sus deseos son más grandes que sus verdaderas potencialidades.  Prepara, proyecta, anticipa el futuro, pero el futuro le es desconocido y le parece limitado por la muerte. ¿Qué nos espera más allá del umbral de la muerte? La   fe  es  la respuesta del hombre ante la experiencia interior de la existencia de algo superior a él, que le provoca sentimientos y le induce a determinadas conductas.

El hombre en sus creencias no solo depende de una convicción racional sino de una decisión vital. Puede querer o no querer aceptar la existencia de Dios. El hombre puede pensar que la realidad, la vida humana o la historia ofrecen sentido por sí solas y que nada más le hace falta. Ahora bien, el que se abre a la fe  escalará otras cumbres  y declarará insuficiente esa forma de existencia, proclamará la belleza, plenitud y vida que se ven desde la cima a la que él ha ascendido. Más aún si se atreve  a ascender por las laderas del cristianismo descubrirá que Dios antes que nada es Misterio de amor personal. Del mismo modo descubrirá que no hay contradicción entre la fe y la razón porque lo que el  cristianismo desvela brota de las entrañas del ser humano y se verifica en la experiencia humana, o sea que  lo que se siente, se experimenta, se espera, y se anhela como ser humano, encuentra satisfacción en lo que ofrece Cristo.

Ascender la ladera de la fe, como todas las decisiones importantes en la vida,  implica dar un salto y asumir un riesgo.  Después de todo cada uno  puede decir Sí asciendo o  decir No lo hago, pero, aunque solo fuera como apuesta,  no deja de ser un bello modo de vivir.

Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

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Jornada por la vida 2021 bajo el lema ”Custodios de la Vida”

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Jornada por la vida 2021 bajo el lema ”Custodios de la Vida”

 

Hoy 25 de marzo se celebra la Jornada por la Vida. En este año de San José, el lema “Custodios de la vida” nos recuerda su figura.
Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida nos ofrecen de nuevo su reflexión sobre cuál debe ser la respuesta de los cristianos en este momento histórico:” ser custodios de la vida”:

«Cómo San José, ante esta cultura de la muerte, debemos ser custodios de la vida porque, cómo afirmaba san Juan Pablo II, “la vida es siempre un bien”. El fundamento que permite afirmar que la vida es siempre un bien es el hecho de que la vida es un don que proviene de la misteriosa y generosa voluntad de Dios. En este contexto de don puede afirmarse que toda vida vale la pena ser vivida puesto que en ella hay un orden previo y un destino profundamente querido por su Creador. La vida es un don que Dios da a aquellos que ama cómo solo Dios puede amar, con un amor eterno».

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