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“Cantan tu gloria, Cristo sacerdote”

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Antonio Gil hace esta semana una reflexión de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote en Al Trasluz

«Cantan tu gloria, Cristo sacerdote, los cielos y la tierra: a ti que por amor te hiciste hombre y al Padre como víctima te ofrendas», cantábamos en el Himno de Laudes, el pasado jueves, fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Gran jornada para la reflexión. Me gustaría evocar unas palabras del cardenal Sarah, dirigidas a los sacerdotes: «Es esencial que el sacerdote tome plena conciencia de que, por encima de todo, es un hombre de Dios y un hombre de oración. No debe dejarse atrapar por el mundo, como si el tiempo consagrado a Cristo en una oración íntima y silenciosa fuese tiempo perdido». Y el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, en una ordenación de cinco sacerdotes, les dijo estas palabras: «El Señor Jesús es quien os ha mirado con cariño, os ha mirado y os ha llamado para confiaros su propia misión, comprometiéndose a estar con vosotros siempre. Cada sacerdote, cada uno de vosotros, sois un gran regalo para la Iglesia y para el mundo». Y el papa Francisco, también en una ordenación sacerdotal, decía: «Desempeñad con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con la intención de agradar únicamente a Dios y no a vosotros mismos».

La silueta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, nos invita siempre a sentirnos «maestros de la Palabra, ministros de los sacramentos y guías de la comunidad», en esta hora tan difícil y de tantas encrucijadas como vive la sociedad. Por eso, más que nunca, nuestra misión sacerdotal es tan urgente, tan apasionante y tan necesaria.

 

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La patrona de Aguilar recuperará un Niño Jesús en sus brazos

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El Obispo entregará a la Virgen del Soterraño una imagen del siglo XIX que reemplazará a la que ya tuvo

Santa María del Soterraño, patrona de Aguilar de la Frontera desde el siglo XVII, recuperará su imagen primitiva portando al Niño Jesús en sus brazos. Así se ha acordado por unanimidad en junta general de hermanos tras exponer la iniciativa en la que la corporación pretende recuperar la imagen primitiva que mostraba la patrona.

El párroco, Pablo Lora, ha explicado que se conoce que en distintos ajuares aparece un ojal que permitía realizar el enganche del niño a los brazos de la Virgen y que por distintas circunstancias históricas desconocidas se perdió la imagen del Niño. De ahí la idea de recuperarlo.

La imagen del Niño que se incorporará a la Virgen data del siglo XIX y ha sido donada por un particular. Será el sábado, 29 de mayo, cuando se haga el acto de entrega del Niño a la Virgen de manos del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. El pastor de la Diócesis se encargará de presidir esta celebración coincidiendo con el último sábado de mayo y la última sabatina en honor de la patrona de Aguilar.

A partir de ese día, los aguilarenses volverán a ver a la patrona tal y como la concibieron los imagineros que la realizaron.

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«¿Podría yo ayudar a alguien tan herido?»

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Conocemos el testimonio de una de las consejeras del Proyecto Raquel que la asociación Spei Mater trabaja en la Diócesis de Cádiz y Ceuta. La finalidad del Proyecto Raquel es ofrecer a las personas implicadas en un aborto provocado, una atención individualizada a través de una red diocesana de sacerdotes, consejeros y psicólogos y psiquiatras.

La oración es la principal arma en Spei Mater

La Misericordia de Dios es Infinita. Esto es lo que he podido ver mientras acompañaba por primera vez a una mujer durante su proceso de sanación después de un aborto provocado. Al principio tuve miedo, ¿podría yo ayudar a alguien tan herido? Yo poco podía hacer, era Dios quien lo haría.

He visto el resultado del mal, el fruto de la cultura de la muerte de esta sociedad, concretados en la vida y en la historia particular de una mujer destrozada, hundida en la más absoluta oscuridad.

Aunque conocía casos de mujeres y de hombres que habían experimentado la sanación después del aborto, en mi debilidad, y mirando de cara a este dolor, hubo muchos momentos en que yo misma dudé de que esta situación pudiera mejorar.

Y, como el Apóstol Tomás, tuve que verlo con mis propios ojos para poder creerlo del todo: la Misericordia de Dios es Infinita. Donde estaba el rencor, el odio, la tristeza más profunda, Dios puso el amor, la alegría y el perdón. El PERDÓN en mayúsculas, lo que humanamente era imposible, Él lo hizo posible.

La herida abierta se convirtió en una cicatriz que poder mirar con paz. Y Dios dio una vida nueva a esta mujer que, además, comenzó un proceso de conversión en el que no solamente se reconcilió con ella misma y con los demás, sino con Dios, y ahora vive muy cerca de Él.

Gracias al equipo de oración, porque la oración es la principal arma en Spei Mater. Gloria a Dios por este Milagro y por permitirme acompañar a esta mujer, siguiendo los pasos de sanación de este maravilloso proyecto que, sin duda, viene de Dios.

Testimonio anónimo como consejera del Proyecto Raquel

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Campaña a favor de la Enseñanza Religiosa Escolar

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Las Delegaciones Diocesanas de Enseñanza de Andalucía ponen en marcha la Campaña a favor de la Enseñanza Religiosa Escolar. Hoy jueves 27 de mayo, en todas las redes sociales, se anima a difundir el valor de la asignatura con el hashtag #RELIenelSUR

La campaña inspirada por la Encíclica del papa Francisco Laudato si busca conectar la clase de religión con la construcción de una ciudadanía global y solidaria, consciente de la necesidad del cuidado del planeta y dispuesta al cambio de hábitos y prioridades.

La Delegación de Enseñanza de Cádiz y Ceuta, junto con las Delegaciones Diocesanas de Andalucía, ha puesto en marcha la Campaña a favor de la Enseñanza Religiosa Escolar. Como explica la delegada de Enseñanza Pilar Macarro, «La Iglesia  desde su misión educadora ofrece y propone incansablemente, claves para llevar a plenitud el desarrollo de una humanidad nueva en todo tiempo y lugar. En manos de la Virgen ponemos todos estos esfuerzos y desde la comunión, hagamos todo lo que podamos».

La campaña para animar a la matriculación de la asignatura de Religión en los centros educativos ha dado comienzo esta semana con la presentación del cartel elaborado por Fano y el videoclip de la canción “Aprender a cuidar” de Unai Quirós, Ixcís y Amanecer.

MATERIALES DE TRABAJO

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I Ciclo Internacional de órgano Diócesis de Asidonia-Jerez este viernes en la Santa Iglesia Catedral

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Este viernes 28 de mayo en la Santa Iglesia Catedral a las 20hrs concierto de órgano en torno a la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo del maestro organista Ángel Justo.

Concierto del maestro organista Ángel Justo

El primer templo de la Diócesis acogerá este viernes 28 de mayo a las 20hrs el I Ciclo Internacional de órgano Diócesis de Asidonia-Jerez. Tras reanudar las distintas fechas previstas, comenzando el pasado viernes en el templo diocesano de San Marcos, este ciclo pasa por la Santa Iglesia Catedral con el concierto del maestro organista Ángel Justo. Este concierto girara en torno a la importante Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, la cual viviremos en el primer templo de la Diócesis el próximo domingo 6 de junio.

Este concierto de órgano, Organizado por el maestro organista titular de la Santa Iglesia Catedral Ángel Hortas, es de entrada libre y gratuita hasta completar el aforo, el cual al igual que todo el ciclo sigue las correspondientes medidas higiénico-sanitarias.

PROGRAMA CONCIERTO DE ORGANISTA ÁNGEL JUSTO

F. COUPERIN (1668 – 1733)

Offertoire sur les Grand Jeux (Messe pour les Couvents)

A. VAN NOORDT (ca. 1619 – 1675

Salmo 24

D. BUXTEHUDE (1637 – 1707)

Coral Ein feste Burg ist unser Gott BuxWV 184

J. S. BACH (1685 – 1750)

Preludio y Fuga en Do Mayor BWV 531

J. GURIDI (1886 – 1961)

Ofertorio sobre <<El cansancio del hombre>>

CH. – M. WIDOR (1844-1937)

Dolce (IV Sinfonía)

F. BOROWSKI (1872 – 1956)

Allegro ma non troppo (I Sonata)

M. REGER (1873 – 1916)

Melodia

E. TORRES (1872 – 1934)

Saeta nº4

A. Foote (1853 – 1937)

Toccata

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Álvaro Pereira: “¡Qué haría yo sin mi Iglesia de Sevilla!”

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Álvaro Pereira: “¡Qué haría yo sin mi Iglesia de Sevilla!”

Un ministerio sacerdotal deseado, una vida pastoral profunda, dinámica y fecunda, un amor apasionado por las Sagradas Escrituras y un deseo ardiente de servicio y predicación del Evangelio, son algunos de los rasgos que describen los 17 años de ordenación sacerdotal de Álvaro Pereira Delgado.

“Estoy muy feliz de que el Señor me haya llamado a ser su sacerdote. Nunca dudo de él y del amor que me tiene. Sí que dudo de mí, ya que tantas veces no soy fiel. Pero el Señor es paciente y bueno conmigo, me suele traer a gente para que saque de mí lo que Él me regala cada día: la gracia del ministerio, que se concreta en la escucha misericordiosa, en la capacidad de dar ánimos y esperanzas, en los deseos de servir, predicar y dar vida. Me siento muy bendecido, la verdad”.

“Entré con dieciocho años en el Seminario”

Este sacerdote sevillano manifiesta que su historia vocacional es muy sencilla. Desde muy pequeño estuvo cerca de la Iglesia. Vivía al lado de la parroquia de su pueblo en Montellano y fue monaguillo desde los seis años.

“Servíamos al altar no solo los domingos, sino también los días de diario”– rememora. Las hermanas de la Cruz, además, los enseñaban a ser buenos niños y buenos monaguillos. “Cuando cumplí los catorce años, vino a mi pueblo un sacerdote joven, Don Carlos Coloma, que tenía muchas ganas de hacer cosas con la juventud. Comenzamos a hacer convivencias, campos de trabajo, a servir a los ancianos de la casa de las Hijas de la Caridad, a ayudar en la restauración de la parroquia, que estaba en obras en aquella época. Me fui entusiasmando con Jesús y su Iglesia”.

Álvaro descubrió la belleza y profundidad de la oración en aquellos retiros juveniles y, poco a poco, se fue haciendo una pregunta cada vez más insistente a la que no pudo negarse. Entró con dieciocho años en el Seminario Metropolitano de Sevilla.

Confiesa que una certeza sostiene no solo su fe, sino también su vida: “Jesús me ama y ha dado la vida por mí. Él me ha enseñado que su Padre es también mi padre y me ha creado por amor para ser santo y predicar con alegría su Evangelio”.

¡Qué haría yo sin mi Iglesia de Sevilla!

Pero hay más: “Él me ha puesto en la Iglesia, en la que me siento verdaderamente querido. ¡Qué haría yo sin mi Iglesia de Sevilla! Mi querido arzobispo, mis hermanos sacerdotes, los jóvenes que el Señor me regaló en mis años de la Pastoral Universitaria, mis compañeros de claustro y mis alumnos, y mil amigas y amigos laicos con lo que he ido compartiendo la presencia luminosa y fecunda de Dios”.

Profesor, canónigo, capellán…

Para él es esencial hacer un rato sustancioso de oración personal con la Palabra de Dios por la mañana. “Sin ella, me siento vacío, acelerado y seco”.

A las ocho de la mañana celebra la Eucaristía, el centro de su jornada, con sus monjas jerónimas, en el monasterio de Santa Paula. “De allí salgo con energía para emprender el día. Desde hace un año soy canónigo y comparto el Oficio y los Laudes con mis hermanos en la Catedral. La oración comunitaria es una inmensa riqueza”.

Después, acude a la Facultad de Teología e invierte el día entre clases, la investigación y la atención a sus alumnos. “Vivo este servicio académico como la misión pastoral que me ha encomendado mi Iglesia. A veces, cuando veo cómo los ojos les brillan a algunos alumnos que descubren la belleza de la Sagrada Escritura, comprendo que el Señor se ha portado muy bien conmigo encomendándome esta bendita tarea”.

Ministerio de la predicación  

Considera que le falta muchísimo para parecerse a los grandes santos sacerdotes, como san Felipe Neri, San Juan de Ávila o el Santo Cura de Ars, que solo celebrando la Eucaristía ya transmitían palpablemente el amor del corazón de Jesús. Sin embargo, “le pido al Señor cada día que me conceda celebrarla con autenticidad, siendo fiel a la Iglesia y diciendo con verdad: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”, de manera que me una y configure con la entrega de nuestro Señor Jesucristo. Me siento muy llamado al ministerio de la predicación, así que intento preparar las homilías para que los fieles atisben el inmenso misterio que celebramos en el altar”.

Itinerario

Los primeros seis años de su vida sacerdotal estuvo en Roma estudiando la licencia y el doctorado en Sagrada Escritura. “Fueron años preciosos en los que descubrí los abismos insondables de la Palabra de Dios. Nunca me canso de leerla, estudiarla y descubrir nuevos detalles que hablan del amor y la paciencia del Creador con sus criaturas”.

En Roma también se abrió a la riqueza y universalidad de la Iglesia. “Relativicé muchas cosas en mi modo de entender el ministerio y afiancé otras, las más importantes. Hice muchísimos amigos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de todo el mundo y aprendí amar a la Iglesia en su grandeza y su complejidad”, expresa.

Después fue enviado al Seminario Metropolitano como formador y a la Parroquia del Corpus Christi, como vicario de d. Miguel Oliver Román, del que aprendió mucho.

En 2010, monseñor Juan José Asenjo lo destinó a la Pastoral Universitaria, el SARUS y a la Hermandad de los Estudiantes. “He desempeñado durante nueve años este servicio pastoral. Han sido los mejores años de mi vida. Allí encontré una comunidad de 80.000 personas, llenas de vida, ilusiones, problemas, angustias y deseos de saber, a las que el Señor me encomendaba para servirlas y, si se dejaban, anunciarles el Evangelio”.

Así, el servicio pastoral en la Universidad de Sevilla (también comenzó a ir semanalmente a la Pablo de Olavide) le forjó como sacerdote amigo de Jesús y representante de la Iglesia ante la sociedad (en este caso, universitaria). “Aprendí, no sin muchas equivocaciones, a dialogar con los que no creían y a mostrar un rostro cercano, servicial y humilde de la Iglesia ante los demás. Me encontré con muchísimos profesores, estudiantes y miembros del personal de la Universidad que tenían ganas de Dios y sed de ser escuchados. Pasé muchas horas de confesionario y dirección espiritual; organicé muchísimas convivencias, retiros, ejercicios espirituales, encuentros formativos y mil actividades en las que siempre me sentí capitaneado por mi Señor Jesús. Sufrí y luché en favor de los empobrecidos, que también había muchos en la Universidad. Trabajé mucho en Cáritas Universitaria en aquellos años. Disfruté con las decisiones vocacionales de algunos jóvenes que decidieron dar el paso al sacerdocio, la vida religiosa o el matrimonio. ¡Cuánto bien hace el Señor en la vida de los jóvenes que son generosos con él! Metí la pata muchas veces, pero también experimenté el perdón y la paciencia de las personas, creyentes y no creyentes, conmigo. Fueron años preciosos que el Señor me ha regalado”, agradece.

Ahora lleva dos años dedicado a la docencia y a la investigación, aunque sigue atendiendo a algunas personas de esos años en dirección espiritual.

Más obreros a su mies

Álvaro advierte sobre la necesidad de oración por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales, “tanto como el agua”. En ocasiones, “cuando algún joven me expresa sus inquietudes vocacionales, le digo que vea cuánta necesidad tenemos de sacerdotes. Muchos días me acuesto con la sensación de no haber llegado a todas las personas que requerían mi atención. Señor, manda obreros a tu mies, los necesitamos”.

“Para mí la vida es Cristo”

Cuando se ordenó sacerdote, escribió en la estampita de ordenación: Para mí la vida es Cristo (Filipenses 1,21). “Aunque a veces tiendo a cubrir de ropajes mi vida, al final siempre me doy cuenta de que todo es secundario y solo con Él soy de verdad feliz. Jesús me levanta de mis caídas y siempre está cuidándome, incluso aunque no me dé cuenta. Tiene una paciencia infinita conmigo, me reorienta y me sorprende con nuevos proyectos y personas cuando no los esperaba. Su palabra es misteriosa, a veces me sabe dulce y fortalece mis debilidades, a veces me arde por dentro y denuncia mis falsedades; pero siempre me muestra una confianza heroica, capaz de ver en mí lo que solo Él es capaz de sacar. ¿Cómo no decir que para mí la vida es Cristo?”

 

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«La economía del deseo»

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Última publicación de la Editorial Nuevo Inicio, del Arzobispado.

Los cristianos creemos y anunciamos que Dios, nuestro Padre, se ha hecho hombre en Jesucristo por obra del Espíritu Santo, que ha muerto y ha resucitado para liberarnos de la esclavitud del pecado. Creemos, además, que esa liberación se realiza aquí y ahora, en todo tiempo y lugar, gracias a nuestra participación en el Cuerpo de Cristo, en la Iglesia, en la que recibimos gratuitamente los dones infinitos de Dios. ¿Qué tiene esto que ver con la economía, con el capitalismo y con la posmodernidad? Absolutamente todo.

En este libro el profesor Daniel M. Bell Jr. sostiene que el capitalismo es una negación de todo lo anterior: un rechazo del Dios cristiano y una entronización del mercado y la empresa como los nuevos salvadores de la humanidad. Basándose en la filosofía de Gilles Deleuze y Michel Foucault, demuestra que el capitalismo es una economía del deseo, una economía que somete el deseo humano, lo deforma y lo desvía de su verdadero fin, que es Dios. Al hacerlo, al romper la comunión de cada hombre con Dios, rompe también su comunión con el prójimo y con el resto de la creación. Esta es, según Bell, la clave para entender la posmodernidad, que es esencialmente capitalista.
Pero Bell nos urge a no perder la esperanza. Como nos demuestra y nos enseña a ver en su libro, Dios está actuando aquí y ahora, Cristo nos está redimiendo aquí y ahora, el Espíritu está intercediendo por nosotros e inspirando por todas partes acciones e iniciativas que promueven la economía divina, la economía del don, la economía de la salvación. Bell nos está invitando a una economía santa.

Daniel M. Bell Jr. es un teólogo metodista formado en la Universidad Stetson (Florida), y posteriormente en la Universidad Duke (Carolina del Norte), donde realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Stanley Hauerwas. Ha enseñado Ética Teológica en el Seminario Teológico Luterano del Sur (Columbia, Carolina del Sur). A día de hoy trabaja como investigador y conferenciante independiente. Este es el segundo de sus libros que publica la editorial Nuevo Inicio, tras Teología de la liberación tras el fin de la historia (2009).

El libro está disponible en todas las librerías de España y también en www.nuevoinicio.es

Editorial Nuevo Inicio

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“Dios os quiere”

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Homilía en la Eucaristía del Sacramento de la Confirmación en la S.I Catedral, el 27 de mayo de 2021.

Muy queridos hijos ( me dirijo a todos, pero, especialmente, a los que vais a confirmaros):

Fijaros, en nuestro lenguaje actual y que usamos habitualmente acerca de la Confirmación, pero también en nuestra manera de hablar de la relación con Dios y de lo que significa la vida cristiana en sí, ponemos mucho énfasis en lo que nosotros tenemos que hacer. De hecho, hasta las mismas moniciones hablan de “un camino cristiano que empezó en el Bautismo” y que ahora vosotros queréis, de algún modo, que llegue a su plenitud. Y se insiste mucho en que, en consecuencia de la Confirmación, tenéis que dar testimonio de Jesucristo. Todo el énfasis está en cosas que nosotros tenemos que hacer.

Llega un momento en que a base de hablar de esa manera nos creemos que el cristianismo consiste en una serie de obligaciones que nosotros tenemos que hacer por Dios. De ese modo, no caemos en la cuenta de que, en realidad, quien lo hace todo, quien nos hace a nosotros mismos, que hace que podáis escuchar mi palabra, quien me da la fuerza para hablaros, y la vida que me permite quereros, veros, dirigirme a vosotros, todo, todo lo que somos y hacemos es como una participación en el Ser de Dios; por lo tanto, es don de Dios. Nosotros no le damos nunca nada a Dios. Nunca. Y es un lenguaje pobretón cuando decimos “¿qué me pide Dios?” Dios no pide nunca nada. Lo único que Dios hace es dar.

Hablábamos también de las exigencias del Evangelio, de lo que el Señor exige. A lo mejor, ser responsables, estudiar, prepararme bien, ser obediente. Estamos siempre pensando en obligaciones y deberes, en cosas que nosotros tenemos que hacer. No me extraña que la gente, acostumbrada a oír ese lenguaje, pierda la fe. Porque es un Dios bien pequeño; un Dios que espera de nosotros y apenas hablamos de lo que Dios hace por nosotros. Lo primero de todo es la Creación. Si en este momento existe, es porque Tú me miras, me amas, me sostienes en el ser, me das la consistencia y las capacidades que tengo para ser quien soy.

Y los Sacramentos de la Iglesia que son aquellos de Cristo, vivo y resucitado, son siempre dones que Dios nos hace, no tareas que Dios nos pone. Concretamente, la Confirmación… Dios no nos regala cosas. Dios nos regala, en primer lugar, a Él mismo, cuando nos crea. Nos regala, en segundo lugar, a nosotros mismos: somos un regalo de Dios. Ahí no cuentan ni las notas, ni las cualidades que tenemos, los defectos, la historia que nos configura de algún modo, ni las heridas que arrastramos. Nada de eso cuenta. Si existimos, es porque Dios me dice “te quiero”. Y, además, te quiero como eres, no en el sentido de que, a lo mejor, disfrute mucho con las cosas que no hacéis bien. Me refiero a que no pone ninguna condición para quererte. Ninguna. Te quiere desde siempre, desde antes que existieran las galaxias, las playas, las nubes, el sol, los planetas, las montañas, Sierra Nevada; desde antes que existiera el mundo, porque Dios es eterno y Sus palabras y Sus lecciones son eternas también. El “te quiero” que Dios nos dice a cada uno nos lo ha dicho desde toda la eternidad.

Es verdad que los hombres abandonamos el camino de Dios muy pronto y nos hemos hecho la vida muy complicada, nos hacemos daño unos a otros, buscamos seguridades. La Creación no es transparente, de tal forma que podamos recibirla constantemente como un regalo de Dios, ni nosotros mismos nos percibimos como un regalo de Dios. Y, por así decir, para descubrirnos de nuevo que Dios es Amor, que los hombres lo habíamos olvidado y lo olvidamos constantemente, el Hijo del hombre se hizo carne y compartió nuestra condición humana, compartió una vida en la que la trama de envidias, celos, egoísmos, soberbias de los hombres lo llevaron a la muerte y una muerte en la cruz. Los que hayáis visto “La Pasión” os hacéis una ligera idea de cómo es esa muerte. Pero Jesús dijo: “Nadie me quita la vida. Yo la doy porque quiero”. Y también dijo, intercediendo por aquellos que lo estaban llevando a la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. También dijo la víspera: “No hay mayor amor que dar la vida por aquellos que uno ama”. “Aquellos a los que uno ama” sois vosotros.

Él hizo la institución de la Eucaristía, que es el Evangelio que hemos leído, porque es la fiesta de Cristo Sacerdote; explica el sentido de su muerte: una Alianza nueva y eterna. Una alianza de amor hecha con cada uno de nosotros, con cada hombre y mujer de la historia. Es verdad que eso a nosotros nos parece inimaginable, pero es que Dios es Dios, no es una creatura como somos nosotros, ni siquiera una creatura muy poderosa que está ahí, manejando los mecanismos del mundo: es infinitamente más grande. Dios es Amor y en Jesucristo se nos ha revelado como Amor. Y en la Pasión y en la muerte de Jesucristo, nos ha dado Su vida. Y ha dejado esa Vida en manos de pobres hombres como yo, la Iglesia, para que la podamos comunicar mediante los Sacramentos, que son los gestos pequeños a través de los cuales Dios se da a nosotros. La relación de Dios con nosotros, que es infinitamente más importante que la relación nuestra con Él, se resumen en ese “te quiero”.

Un día que San Juan Pablo II quería describir qué era el cristianismo dijo: “El mensaje que la Iglesia quiere dejar a cada hombre y mujer de este mundo es un mensaje muy sencillo: ‘Dios te ama, Cristo ha venido a por Ti’”. Ese mensaje es el que quiero transmitiros esta tarde: “Dios os quiere”. Y no con un amor como el nuestro, que se cansa, se fatiga, tiene momentos de hastío, de aburrimiento. Dios no se cansa jamás de nosotros. Dios nos ama desde siempre y cuando dice “te quiero” es para siempre también. No es por una temporada o mientras me vaya bien, mientras tengas algo que me interesa… Dios nos quiere porque nos quiere. Dios nos quiere porque es Amor y porque ha querido hacernos hijos suyos por amor.

Y Cristo ha venido a comunicarnos ese amor y ha depositado en unos gestos que ha dejado en manos de la Iglesia la posibilidad de participar de ese Amor. Entrar en esa Alianza de amor nueva y eterna de amor con Dios. En esa Alianza, nosotros participamos, en primer lugar, por el Bautismo, pero todos vosotros habéis sido bautizados cuando erais pequeños; vuestros padres querían que tuvierais la vida de Dios desde el primer momento. Pero la Iglesia  ha pospuesto, ha retrasado el segundo sello, el Sacramento de la Confirmación, para una edad en la que uno puede darse cuenta que el Señor quiera hacer una alianza de amor eterna conmigo. Eso es lo que sucede en la Confirmación. No os confirmáis vosotros. Vosotros profesáis la fe, el Credo. Le decís al Señor que Le conocéis; que no queréis vivir según el mal, sino según el camino del Señor, porque Le conocéis, conocéis que os quiere y esperáis de Él lo más grande que se puede esperar de nadie: la resurrección de la carne y la vida eterna. Eso es todo lo que vosotros hacéis. Es el Señor quien confirma entregándoos de una manera más plena que en el Bautismo: Su propia vida, Su propio Espíritu de Hijo de Dios, para acompañaros. No vais a ser más buenos por haber recibido la Confirmación. Lo podéis ser, pero no es para eso. Quien nos quiere de verdad está con nosotros porque nos quiere, no quiere sacar nada de nosotros. Si Dios quisiera estar con nosotros sólo para conseguir que seamos un poco mejores, que cumplamos mejor con nuestros deberes escolares, de estudiantes, de hijos… El Señor quiere acompañaros en vuestro camino de vida, quiere estar al lado vuestro. Todos vuestros sufrimientos, sean los que sean, los va a compartir, van a ser parte de la Pasión del Señor, porque Él está con vosotros y en vosotros. Y con una unión tan grande que vuestros sufrimientos serán sufrimientos suyos, igual que vuestras alegrías verdaderas serán una participación… Él lo dijo: “Yo he venido para que Mi alegría esté en vosotros y para que vuestra alegría llegue a plenitud”. Estamos en un mundo en el que alegría es un bien muy escaso, más que el oro, las perlas, las joyas. El Señor viene para estar con nosotros, para acompañarnos, para que Su alegría esté en vosotros. La alegría que nace del hecho de que Dios es Amor, para que podamos vivir siempre contentos. Un pueblo cristiano sería un pueblo de personas contentas. Me diréis, “pues, somos muy malos cristianos”. Seguramente, o no nos damos cuenta de qué significa la Presencia y la Compañía del Señor.

La Confirmación es la Alianza que Dios confirma. La alianza que hizo con vosotros en la cruz, el don de Su vida, para que podamos vivir sostenidos por esa vida. De manera que no sea el pecado lo que determina nuestro ser, aunque caigamos, aunque caigamos mil veces, sino el amor con el que somos amados y gracias al cual el Señor nos rescata una y otra vez del poder del pecado y nos permite vivir en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Cuando uno se da cuenta de que esto es lo que son los Sacramentos y que esto es lo que significa el Sacramento de la Confirmación, la alegría que hay en el corazón a lo mejor es menos contagiosa, pero, al mismo tiempo, es más profunda, pura, verdadera, porque el Señor no va a dejar de quereros nunca. Vosotros a lo mejor os olvidáis, si escogéis una carga, una profesión donde uno tiene que dar la vida entera para sacar la carrera adelante, o una profesión en la que hay que trabajar catorce horas al día como hace mucha gente; pues, a lo mejor os olvidáis del Señor y pensáis que todo en vuestra vida es fruto de vuestros puños, de coraje, de valor. Y es verdad que nos hace hacer cosas, pero lo que quiero deciros es que, aunque os olvidaseis del Señor, Él no os va a olvidar; aunque le deis la espalda, Él no os la dará; aunque lo expulsarais de vuestra vida, Él no se va a ir, se queda a tu lado por si cambias de opinión, pero no va a dejar de quererte, aunque tú llegaras en un momento a odiarLe.

Veréis, eso del odio es relativo. La experiencia humana es que nos enfadamos con la gente que más queremos. Eso es lo normal. El Señor no se va a enfadar. Si acaso, os va a querer más. Lo dijo en el Evangelio cuando habló de la oveja perdida: ningún pastor deja 99 para buscar una extraviada. Ninguno, eso no lo hace nadie. Pero el Señor lo hace porque le importas, porque le importamos todos. Nos extraviemos, nos perdamos, aunque le echemos de nuestro corazón, no se va a ir, no va a dejar nunca de quereros, eso es lo que quiero que se os quede grabado. Él firma de nuevo la alianza que hizo y de la que habló la víspera de Su muerte. La hizo toda Su vida, pero la selló con Su sangre en la cruz. Y Él ratifica hoy esa alianza como diciendo “como si fuera la primera mañana, el primer amanecer de la historia, ‘te quiero. Te quiero y no puedo dejar de quererte’”. Y eso es lo que significan los gestos.

Es verdad que la monición dirá que la transmisión del poder, de una vida definitiva, pero la cruz significa un gesto de preferencia mediante la imposición de las manos y el ungiros con aceite consagrado es como, haciendo la señal de la cruz, la señal con la que Cristo quiere marcar Su Presencia en vuestra vida para siempre, no os olvidéis de eso.

Estaréis pensando cómo es posible que en gestos tan pequeños pueda suceder algo tan grande. Os puedo poner docenas de ejemplos, pero sólo voy a poner uno. Uno de los gestos humanos más pequeños es un beso. Qué cosa… es un gesto pequeñísimo, insignificante casi. Los gestos humanos son ambiguos. Un beso es señal de don y el don de un amor muy grande, y puede pasar por él la vida entera, o el deseo de dar la vida, o puede ser también una mentira muy grande.

¿Os acordáis de un beso que fue símbolo de una traición? El beso de Judas. Que el gesto sea pequeño no significa…, puede llevar algo muy grande. Cuando son gestos humanos, pueden ser verdaderos o mentirosos; pero, si son verdaderos, una caricia, una sonrisa, un “achuchón”, y cómo cambia la vida si en esa sonrisa va un gesto de afecto, de amor. No despreciéis la pequeñez de los gestos, porque los gestos humanos son siempre pequeños. Pero en esos gestos, el Señor ha puesto todo Su amor y todo Su poder. Es un amor infinito, porque en Dios no hay nada que no sea infinito.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

27 de mayo de 2021

S.I Catedral

20.707 voluntarios en pastoral de la salud, posada del buen samaritano para los enfermos

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CEE.- La parábola del Buen Samaritano, que el papa Francisco ha desarrollado especialmente en Fratelli Tutti, señala que todos tenemos obligaciones con el que sufre, con el herido, con el enfermo.

La Iglesia, escribía también el Papa en su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2020, desea ser cada vez más la posada del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10. 34).

Unos 1.200 capellanes hospitalarios y más de 20.000 voluntarios y agentes de pastoral atienden «esta posada» que da cobijo a las personas enfermas y sus familias, según datos de la Memoria Anual de Actividades 2019.

Jaime Mozas, 87 años y a pie de cama

Jaime Mozas tiene 87 años y sigue a pie de cama como capellán del hospital comarcal de Barbastro, en Huesca, desde hace 25 años.

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Este sacerdote resume con sencillez su labor en este centro hospitalario, pequeño y familiar: encontrarse con los enfermos y sus familiares, que también sobrellevan la enfermedad, estar a su lado, y, sobre todo, escuchar.

“Id y curad a los enfermos”

Sor Guadalupe Martínez, de 72 años, es religiosa hospitalaria. Es enfermera ya jubilada y ahora dedica su tiempo a cuidar y acompañar a los enfermos mentales del Centro Padre Menni, en Santander.

Con ellos escucha música, ve vídeos, sale de excursiones…. y reza. Porque sor Guadalupe también aporta esa dimensión espiritual que pone al descubierto el sentido de la vida.

Le gusta pensar que a los enfermos les proporciona ilusión y ganas de estar en el grupo. A ella, le recargan las pilas.

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