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Homilía en el 50 aniversario de la Fundación del «Movimiento de Acción Cristiana» (MAC), Parroquia Virgen del Camino-Málaga

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el 50 aniversario de la Fundación del «Movimiento de Acción Cristiana» (MAC) celebrado en la parroquia Virgen del Camino de Málaga el 23 de mayo de 2021.

50 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN

DEL “MOVIMIENTO DE ACCIÓN CRISTIANA” (MAC)

(Parroquia Virgen del Camino-Málaga, 23 mayo 2021)

 

Lecturas: Hch 2, 1-11; Sal 103,1.24.29-31.34; Gál 5, 16-25; Jn 15,26-27; 16, 12-15. (Pentecostés)

1.- Con motivo de la solemnidad de Pentecostés la Iglesia en España celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que nos anima a descubrir y potenciar la riqueza del laicado.

El lema para esta Jornada está inspirado en la encíclica del papa Francisco Fratelli tutti: «Los sueños se construyen juntos». El Papa dice: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! (…); los sueños se construyen juntos” (n. 8).

Creo que estas palabras están dichas para esta fiesta del cincuenta aniversario de la institución de vuestro “Movimiento de Acción Cristiana” (MAC). Cincuenta años “soñando juntos y viviendo juntos”.

2.- El Movimiento de Acción Cristiana (MAC) cumple ahora cincuenta años de existencia, en los que ha vivido la aventura de realizar el sueño de caminar en comunidad y en comunión.

Fue iniciado por Juan Moreno García en la fiesta de María Auxiliadora de 1971, cuando decidió cambiar de vida y aceptar la llamada de Dios. Es muy importante dejar que Dios intervenga en mi vida, aunque nos cueste; porque queremos ser los dueños de nuestra vida y de nuestra historia. Nos cuesta permitir que sea Dios quien lleve las riendas de nuestra vida. María Auxiliadora dejó que Dios actuara en su vida, siendo dócil al Espíritu.

En el primer momento vuestro Fundador se incorporó al Movimiento de “Misioneros de la Esperanza” (MIES), ejerciendo su apostolado en la parroquia del Espíritu Santo, en el barrio de Dos Hermanas de Málaga, donde realizó un trabajo fecundo entre los jóvenes, atraídos por el carisma que Dios le había dado: su forma de ser, su vida, su espiritualidad.

Los grupos fueron en aumento y se creó un movimiento, al que se le llamó en principio “Cruzados de la Esperanza”, por su relación con el fundador de MIES, P. Ernesto Wilson, de quien Juan aprendió la metodología y la espiritualidad, como él mismo había reconocido. Posteriormente Juan dejó MIES, desvinculando su movimiento de los “Misioneros de la Esperanza” y surgió el “Movimiento de Acción Cristiana” (MAC).

Todo esto lo hizo desde la inspiración del Espíritu y desde el discernimiento. Es necesario discernir y averiguar qué quiere el Espíritu Santo de cada uno de nosotros.

3.- El papa Francisco nos invita en este Pentecostés a vivir el plan que Dios tiene para su Iglesia, concretado en dos sueños. Aunque sea un antropomorfismo, podemos decir que Dios “sueña”. Dios tiene su plan sobre la Iglesia, sobre la comunidad, sobre el movimiento, sobre cada uno de nosotros.

El discernimiento es un método que exige hacer «examen de conciencia», para reconocer los medios que el Señor nos ofrece y para no quedarnos solo en las buenas intenciones (Gaudete et exsultate, 169). Hay que escuchar la Palabra divina (Cristo), hay que acoger el Espíritu, para hacer el discernimiento y evangelizar.

El discernimiento permite captar el plan de salvación de Dios, su voluntad, su sueño. Discernir no consiste solo en mirar la realidad, sino en ser capaces de captar cómo Dios está actuando en la historia. Vuestro Fundador con solo mirar la realidad, no la hubiera transformado; la pudo transformar porque la contempló a la luz del Espíritu, de Jesucristo y de su Evangelio. De este modo se puede transformar la historia.

El discernimiento responde a la pregunta que le hacía la gente a Juan Bautista: «¿Qué debemos hacer?» (Lc 3, 10). Nosotros debemos plantearnos esa misma pregunta: Señor, ¿qué quieres de mí?; ¿qué quieres de nosotros?; pues la fe no se vive aisladamente, sino comunitariamente, en iglesia. El movimiento es una concreción de la vivencia en iglesia. Os invito a practicar el “discernimiento” en vuestra tarea apostólica.

4.- Los miembros del MAC, haciendo un buen discernimiento, habéis descubierto una realidad social necesitada; una sociedad alejada de Dios, con muchos problemas; unos niños abandonados a su suerte en los barrios de periferia. Desde vuestros inicios, sois “Callejeros de la fe”. (Los presentes repiten esta frase). ¡Seguid siendo “Callejeros de la fe”! No seáis simples “agentes sociales”.

Como buenos samaritanos (cf. Lc 10, 25-37) habéis atendido a personas necesitadas de Dios. Las necesidades vitales del ser humano son reflejo de la gran necesidad que tiene de Dios. Y os habéis hecho prójimos (próximos) de ellos (cf. Fratelli tutti, 81); os habéis acercado a quienes viven apartados de la sociedad y no son tenidos en cuenta. El papa Francisco utilizar mucho el término “descartados”.

Somos interpelados a descubrir la voz de Dios en el grito y en la situación de cada uno de los seres humanos, a cuidar del necesitado, a escuchar al herido para sanarle, a liberar a las personas encadenadas por su pecado o por sus circunstancias, a acompañar procesos de crecimiento humano y de fe, a mirar la realidad con ojos de buen samaritano, a darnos a los demás con un corazón agradecido.

5.- En esta jornada los Obispos de la Comisión episcopal para los Laicos, Familia y Vida nos animan en su Mensaje a vivir la sinodalidad (cf. Madrid, 23 mayo 2021), que concreta otro sueño o plan de Dios para su Iglesia. Todos los fieles cristianos, por el sacramento del bautismo, estamos llamados a vivir la fe, la esperanza y el amor cristiano, siendo testigos evangelizadores. Sinodal significa caminar juntos, porque nadie vive la fe de manera solitaria; eso lo repetía el papa Benedicto XVI.

Todos somos enviados a ser “discípulos misioneros”, como nos exhorta el papa Francisco: “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador (…). Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (Evangelii gaudium, 120).

6.- Ésta es la clave: el encuentro con Cristo resucitado. Así les sucedió a los apóstoles y a Pablo en el camino de Damasco. Quien no se ha encontrado con Él, no ha entrado en el proceso de fe. A veces pretendemos educar en la fe a las generaciones jóvenes sin que realicen el encuentro personal con Cristo. No es suficiente “enseñar contenidos”, es necesario “iniciarles en la fe”. Naturalmente, deben aprender y saber contenidos, pero nuestra tarea es iniciarles en un proceso de encuentro y de relación personal con Jesucristo.

El Señor prometió enviarnos el Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). El testimonio inicia con Jesucristo, el Testigo fiel, que nos manifiesta al amor trinitario. Jesús envía el Espíritu Santo, que da testimonio, y nos pide a nosotros que también lo demos: «también vosotros daréis testimonio» (Jn 15, 27). Ésta es vuestra tarea, queridos fieles y queridos miembros del MAC. Vosotros debéis dar testimonio, al estilo del Testigo fiel. No es un testimonio de mi fe personal, sino de la fe de la Iglesia y del Evangelio de Jesucristo; porque nuestra fe personal no agota la realidad de la fe eclesial. Y hemos de hacer un esfuerzo para que mi fe personal esté cada vez más en sintonía con la fe de la Iglesia. Todo esto se realiza mediante un proceso que dura toda la vida.

7.- A todos los miembros, colaboradores y simpatizantes del MAC os felicito en esta efeméride y damos gracias a Dios por el regalo de vuestro movimiento y por sus frutos a lo largo de estos años.

Expreso mi reconocimiento por la tarea evangelizadora y de educación en la fe de tantos niños y jóvenes en parroquias de Málaga capital, sobre todo en barrios populares y zonas empobrecidas y marginales; además de la colaboración en otros ámbitos de la pastoral.

Os animo a retomar vuestra misión con alegría y nuevo empuje, permitiendo que este jubileo sea un motivo para renovar vuestra fidelidad a la Iglesia diocesana.

8.- Me alegro mucho de que este aniversario lo celebremos en coincidencia con la fiesta de Pentecostés; porque es el Espíritu Santo quien renueva la Iglesia, tal como clama hoy la liturgia: “Envía, Señor, tu Espíritu, y renueva la faz de la tierra”. Y hoy pedimos con fuerza: “Envía, Señor, tu Espíritu, que renueve a todos los miembros del MAC”. ¡Que renueve nuestra Iglesia diocesana, nuestras parroquias, movimientos, asociaciones, nuestras realidades eclesiales!

Felicito a quienes hoy os comprometéis con el MAC para dedicar vuestra vida, vuestro tiempo y vuestra ilusión. Comentaba con el P. Emilio (alias “Waly”), la terminología que usamos. El término “consagración” no es el más apropiado, porque expresa la “consagración bautismal”, que es la base de consagración cristiana. Tal vez sería mejor hablar de “compromiso”.

Y felicito también a quienes hoy renováis vuestra entrega y compromiso.

9.- Pido al Señor que os siga concediendo el ardor y la pasión de continuar llevando a Jesucristo por las calles y las plazas de nuestros barrios más abandonados, dando ilusión y esperanza a los jóvenes que se encuentran perdidos y sin sentido en sus vidas.

Nos acogemos a la maternal intercesión de Virgen María, Auxilio de los cristianos, que fue dócil a la acción del Espíritu Santo, para que en este Pentecostés nos dejemos modelar por él y quedar «todos llenos del Espíritu Santo» (Hch 2, 4), al igual que los primeros discípulos; y ser fieles a nuestra misión evangelizadora. Que María Auxiliadora siga acompañado en los años venideros a todos los miembros del “Movimiento de Acción Cristiana”. Amén.

 

Pentecostés. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado

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PENTECOSTÉS. DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR ASOCIADO

(Catedral-Málaga, 23 mayo 2021)

Lecturas: Hch 2, 1-11; Sal 103,1.24.29-31.34; Gál 5, 16-25; Jn 15,26-27; 16, 12-15.

Discernimiento y sinodalidad

1.- Con motivo de la solemnidad de Pentecostés la Iglesia en España celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que nos anima a descubrir y potenciar la riqueza del laicado.

El lema para esta Jornada está inspirado en la encíclica Fratelli tutti: «Los sueños se construyen juntos». El papa Francisco nos dice: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! (…); los sueños se construyen juntos” (n. 8).

La presente Jornada tiene como referencia el Congreso de Laicos, que ha cumplido su primer aniversario. Tenemos la tarea de seguir remando juntos como Iglesia, recorriendo el camino del discernimiento y de la sinodalidad.

2.- El papa Francisco nos invita a vivir dos sueños que Dios tiene para su Iglesia. Dios tiene su plan de salvación para la humanidad. Hablando antropomórficamente podemos decir que Dios sueña; tiene un sueño para la Iglesia y para cada uno de nosotros.

En primer lugar, el discernimiento. Este método exige hacer «examen de conciencia», para reconocer los medios que el Señor nos ofrece y para que no quedarnos solo en las buenas intenciones (cf. Gaudete et exsultate, 169).

El discernimiento permite captar el plan de salvación de Dios, su voluntad, su sueño. Dios tuvo un sueño para la humanidad; y lo tuvo para la Virgen María: ser la Madre del Hijo de Dios. María aceptó el sueño de Dios en su vida. Ella nos invita a aceptar el sueño de Dios para nosotros.

Discernir no consiste solo en mirar la realidad, sino en ser capaces de captar cómo Dios está actuando en la historia, en la sociedad, en la vida. Responde a la pregunta que le hacía la gente a Juan Bautista: «¿Qué debemos hacer?» (Lc 3, 10).

3.- Haciendo un buen discernimiento podemos apreciar la difícil situación en que se encuentra nuestra sociedad actual: alejada de Dios y con muchos problemas económicos, políticos, laborales, sociales, sanitarios.

Como buenos samaritanos (cf. Lc 10, 25-37) debemos atender a los más necesitados y ser compañeros de camino de tantas personas, que están faltas a veces hasta de lo más básico, necesario y humano.

El Señor nos invita a hacernos prójimos (cf. Fratelli tutti, 81), a acercarnos a quienes viven apartados de la sociedad y no son tenidos en cuenta; a los que no son valorados; a los que nadie mira ni aprecia; a los que parecen ser inútiles porque no producen y, además, hacen gasto público. Parece que algunas leyes tienen la intención de eliminar a este tipo de personas; y somos nosotros quienes tenemos que ayudar y sostener a estas personas.

Somos interpelados a descubrir la voz de Dios en el grito y en la situación de cada uno de los seres humanos, a cuidar del necesitado, a escuchar al herido para sanar lesiones, a liberar a las personas encadenadas por su pecado o sus circunstancias, a acompañar procesos de crecimiento humano y de fe, a mirar la realidad con ojos de buen samaritano, a darnos a los demás con un corazón agradecido.

Pentecostés es la fiesta del Espíritu; si somos conducidos por el Espíritu seremos libres (cf. Gál 5, 18) y daremos los frutos del Espíritu Santo: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (cf. Gál 5, 22-23).

4.- Otro plan de Dios o sueño para su Iglesia es la sinodalidad. Todos los fieles cristianos, por el sacramento del bautismo, estamos llamados a vivir la fe, la esperanza y el amor cristiano, siendo testigos evangelizadores.

El fundamento de la sinodalidad está en la eclesiología del pueblo de Dios, que el Concilio Vaticano II explicó con claridad, y que afirma la dignidad y la misión de todos los bautizados, según su vocación, sus carismas y sus ministerios. Desde la perspectiva sinodal los laicos son protagonistas, junto con los pastores y las personas de especial consagración, en la misión de anunciar el Evangelio.

Me habéis oído decir muchas veces que los laicos no son simples colaboradores de los sacerdotes; los laicos tenéis una misión propia vuestra recibida en el bautismo, que tenéis que asumir y llevar a cabo.

Todos somos enviados a ser “discípulos misioneros”, como nos exhorta el papa Francisco: “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador (…). Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (Evangelii gaudium, 120).

El Señor prometió enviarnos el Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que

procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26); y «también vosotros daréis testimonio» (Jn 15, 27). Esto es lo que nos pide el Señor en esta hermosa fiesta de Pentecostés: caminar juntos y realizar los procesos de maduración humana y de fe para ser testigos del Señor.

5.- La sinodalidad (caminar juntos) debe llevar también a vivir la comunión entre las distintas realidades eclesiales (parroquias, movimientos, asociaciones, agrupaciones, instituciones). Una Iglesia sinodal se caracteriza por ser una Iglesia de la fraternidad, de la comunión, del acompañamiento, del compartir, del tender puentes de diálogo, del encuentro con los que no pertenecen a la propia institución o grupo, del diálogo con quienes piensan diferente (cf. Comisión episcopal para los Laicos, Familia y Vida, Mensaje para día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Madrid, 23 mayo 2021).

6.- Damos gracias a Dios por el trabajo de la delegación diocesana de Apostolado Seglar, los Movimientos y Asociaciones, la Acción Católica, y el testimonio silencioso y abnegado de tantos laicos, que se esfuerzan cada día por vivir su vocación laical en la Iglesia y en el mundo, desde el discernimiento y la sinodalidad.

Pedimos al Señor que el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, a la luz del pasado Congreso de Laicos, sea un estímulo para seguir trabajando y soñando en la dinamización del laicado en nuestra Diócesis.

Ven, Espíritu Santo, transforma nuestros corazones; Ven, Espíritu Santo, haznos dóciles a la voluntad de Dios; Ven, Espíritu Santo, conviértenos en testigos valientes del Evangelio de Jesucristo.

Nos acogemos a la maternal intercesión de Virgen María, nuestra Señora de la Victoria, Patrona de nuestra Diócesis, que fue dócil a la acción del Espíritu Santo, para que en este Pentecostés nos dejemos modelar por él y quedar «todos llenos del Espíritu Santo» (Hch 2, 4) al igual que los primeros discípulos, y ser fieles a nuestra misión evangelizadora que el Señor nos ha confiado. Amén.

“El Señor responde confirmando Su amor por cada uno de vosotros”

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Homilía en la Eucaristía en la Solemnidad de Pentecostés y Sacramento de la Confirmación de fieles de la parroquia de Peligros, en la S.I Catedral el 23 de mayo de 2021.

Vuestra catequista acaba de decir que el ser cristiano es algo que merece la pena porque es un camino de vida. Yo quiero subrayar este aspecto. Lo que recibís hoy, de una manera más plena (porque lo habíais recibido ya en el Bautismo y lo habíais recibido para siempre, pero en el Bautismo todos los que estáis aquí no éramos conscientes ni podíamos decir que “sí” a ese regalo, ni podíamos agradecerlo)… Y la Iglesia ha querido separar esta segunda unción, que los antiguos cristianos llamaban “el segundo sello”, para un momento en el que sí que nos damos cuenta de lo que significa. Lo que recibís es la vida divina y en un momento y una edad en la que vosotros ya os dais cuenta de lo que significa recibir esa vida. Por lo tanto, podemos acogerla y darLe gracias al Señor por esa vida. Yo, en el momento de la Confirmación, me voy a dirigir a cada uno de vosotros llamándoos “hijo” o “hija”, y lo voy a decir con toda conciencia. No es una palabra ritual, ni una palabra que toca decir, sino que lo digo con toda conciencia, porque soy muy consciente de que lo que os transmito, a través de mis pobres gestos, de mis pobres manos, es la vida misma de Dios.

Espíritu significa “aliento” en su primer significado. Y el aliento era, para toda la antigüedad cristiana y no cristiana, la señal de que uno estaba vivo. Por lo tanto, el Espíritu Santo es la vida de Dios, el aliento de Dios. Ese aliento nos ha sido comunicado a todos por la Creación. Y no sólo en el momento en el que fuimos concebidos, o no sólo cuando Dios crea las cosas al principio del mundo y pone en marcha unas leyes físicas y químicas, que, luego, por una serie de combinaciones, terminan en nosotros. No. En este mismo instante, si escucháis mi voz, si yo puedo hablar, si vuestro corazón late, si podéis ver la luz, todo eso es un don del Señor. Me diréis, “bueno, pero quienes nos han engendrado son nuestros padres”. Sí, pero vuestros padres no os la han dado, no son vuestros creadores. Si lo fueran y un día os rompéis, jugando al fútbol, una pierna, no podrían daros otra. No. Ellos son instrumento de nuestra vida, pero quien nos da la vida permanentemente es Dios. En este mismo instante, nos está dando la vida. Y ese don es un don de amor, porque ninguno somos necesarios para Dios.

La única razón por la que el Señor nos comunica la vida, la vida creada, la vida que tenemos y nos permite ir a clase, crecer y vivir como seres humanos, hombres y mujeres, es el amor de Dios. Es la primera gracia. Es el primer don que Dios nos da. Luego, es verdad que nosotros, a lo largo de la historia, haciendo uso de nuestra libertad, nos hemos alejado de Dios y la vida se ha vuelto opaca y, muchas veces, no somos conscientes de que todo tiene su origen en Dios y que nuestra vida tiene la meta en Dios. Para salir al paso de eso, Dios fue educando a un pueblo. Tardó muchísimo, porque los seres humanos somos muy duros para aprender, casi dos mil años desde Abrahán hasta la Virgen y, cuando llegó la madurez de los tiempos, cuando los hombres podrían entender que Dios es Amor, entonces, el Hijo de Dios viene a compartir nuestra vida y hoy, este día de Pentecostés, se cumple el designio por el que el Hijo de Dios se encarnó. Porque Él se encarnó, para subirnos con Él a la Casa del Padre, para subirnos con Él al Cielo, al trono de Dios, para que participáramos de la vida de Dios para siempre, que es una vida eterna. Y esa dimensión la celebrábamos el domingo pasado, Domingo de la Ascensión.

Que nuestro destino está en el Cielo, porque el Señor se ha unido a nosotros al encarnarse. Se ha unido a todo hombre de una manera única y misteriosa. Ha hecho una alianza con todos nosotros y nos lleva consigo, con su propia humanidad, a la Casa del Padre. Nuestro destino, por tanto, no es sacar una carrera, no es tener un buen trabajo. Todas esas cosas lo son. No es casarse y tener una familia unida. Todo eso forma parte de nuestra vida, pero no es nuestro destino final. Nuestro destino final tampoco es el tanatorio, la muerte, el silencio y el olvido de la Creación. No. Nuestro destino final es Dios. Cuando decimos “el Cielo” lo decimos porque es la única imagen que nos sugiere un poco la inmensidad de Dios, la infinitud de Dios, pero nuestro destino es Dios. Y quienes hemos conocido a Jesucristo, sabemos que Dios es Amor. No sólo que tiene sentimientos de amor para los que son buenos, sino que Dios es Amor, y que todo el amor que hay en nosotros, y la necesidad de ser amados, la necesidad de vida que hay en nosotros, es una necesidad de Dios. Estamos hechos para Dios. San Agustín lo decía en una frase muy sencilla, pero que resume todo lo que el cristianismo tiene que decir sobre el ser humano: “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Esa es nuestra diferencia esencial con todas las especies animales. Las especies animales sacian sus instintos -sus instintos de hambre, sed, de una cierta temperatura, sus instintos de reproducción- y se quedan saciados. El ser humano no se queda nunca saciado, porque nuestro corazón está hecho siempre para algo más grande. Siempre. Para una verdad más grande, para una belleza más grande, para un amor más grande, para un amor infinito y ese amor infinito es el que nosotros hemos tenido por gracia el privilegio de conocer que es Dios.

Ser un ser humano es tener necesidad de la vida de Dios y esa vida de Dios es la que Jesucristo ha venido a ofrecernos, a regalarnos. Él entregó Su sangre para llevarnos con Él hasta la Casa de su Padre y para dejar sembrado aquí Su principio de vida, Su Espíritu. Y lo ha dejado sembrado en la tierra. Y lo ha dejado en su Iglesia, para que la Iglesia pueda comunicarlo a los hombres. Y ese Espíritu tiene dos cosas, que nos decía el Evangelio que son rasgos de que la vida divina está en este mundo. Uno, es el perdón de los pecados. El otro es la Comunión. “Había en Jerusalén partos, medos, elamitas, habitantes de Siria, de Cirene, de la Pentápolis, de Roma…”, un poco del mundo entero, porque el don de la vida divina lo necesita todo ser humano, sea de la nación que sea, de la raza que sea, incluso de la tradición religiosa que sea. Todos tenemos necesidad de que Dios habite en nosotros, esté con nosotros, nos acompañe.

Mis queridos hijos, la Confirmación no es algo que hacéis vosotros. Es verdad que usamos mucho la expresión “me voy a confirmar” o “me confirmaré la semana que viene” o “¿te estás preparando ya para confirmarte?”. Pero es el Señor quien confirma la Alianza de amor que ha hecho con cada uno de nosotros y con todos los hombres en el Calvario, cuando nos entregó Su vida, cuando nos entregó Su Espíritu y la dejó en esta tierra disponible para todos los que creyeran en Él. Y para muchos otros que no creyeran en Él pero que estaban abiertos al Misterio y abiertos a la Gracia, abiertos a Dios. Tal vez sin ni siquiera conocerlo. El caso es que el Espíritu de Dios, el Espíritu del Hijo de Dios (que hace posible el perdón de los pecados y esta comunión de los pueblos y de las personas, y de las familias, hasta de los matrimonios, que anticipa la vida del Cielo, y sin el Espíritu de Dios eso no sucede, ni siquiera en un matrimonio), el Espíritu del Señor que nos dio a todos en la cruz como Alianza de amor eterno. El Señor lo dijo en la Última Cena: “Este es mi Cuerpo que se entrega por vosotros, esta es mi Sangre de la Alianza nueva y eterna”.

Esa Alianza de amor, nosotros la hemos recibido todos, hemos participado de ella ya desde el Bautismo. Pero, repito, hoy vosotros podéis decirLe que “sí” al Señor, de una manera que no podíais decirlo cuando os bautizaron. Y eso es lo que significa la Confirmación. Pero, es el Señor quien confirma esa Alianza que hizo en la cruz, ese don que salió a la luz la mañana de Pentecostés y nos hace posible esa vida nueva que el Hijo de Dios, dejando su vida sembrada en nosotros, nos entrega. El decir que es el Señor quien confirma esa Alianza significa que el Señor os dice a cada uno de vosotros “te quiero”. Yo no puedo repetir vuestros nombres -porque sois 21-, pero si los pudiera repetir, no me importaría nada ir diciendo uno por uno. Y el Señor te dice: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Es el “te quiero” del Señor. Y cuando Dios dice “te quiero”, no lo dice como los hombres, que muchas veces lo decimos mintiendo. Cuando Dios se entrega a nosotros, no se entrega como los hombres, que se entregan con condiciones y con límites, y a veces con mentira, sino que cuando Dios dice “te quiero”, lo dice desde siempre. Os sonará muy raro y no me importa, pero si Dios es Dios y es así -y Dios es Dios-, cuando dice “te quiero”, te lo dice una vez desde toda la eternidad, desde antes de que existieran las supernovas, las galaxias, las pléyades y Sierra Nevada. El Señor te tenía en su mente y con un amor infinito. Nosotros no somos capaces de bebernos un amor infinito, ni de acogerlo, pero lo que significa eso es que somos capaces de coger de Dios todo lo que necesitemos de amor y nunca disminuirá el amor que el Señor nos tiene. Pero lo dice desde toda la eternidad y para toda la eternidad. Y eso es muy importante. El “para toda la eternidad”, ¿sabéis por qué? Pues, porque vosotros a lo mejor os olvidáis de vuestra Confirmación, a lo mejor os olvidáis del Señor. Hay muchos mecanismos en este mundo que nos invitan a despreciar a Dios o a no pensar en Él, a organizarnos la vida al margen de Dios. También nos invitan, más que a animales que producen y que consumen, y a no buscar un horizonte más para nuestra vida y para nuestro corazón. Suponed que sucede eso. Lo que yo quiero deciros, lo que puedo juraros, por Dios, por el Dios vivo, es que el Señor jamás se apartará de vosotros. Aunque lo escupáis de vuestra vida. Él seguirá a vuestro lado y bastará el más mínimo anhelo de vuestro corazón -aunque no llegue ni a los labios- de tener al Señor de nuevo con vosotros, y el Señor, como ya estará a vuestro lado, como seguirá en vosotros y con vosotros, acudirá inmediatamente a vuestra súplica. Y esa es la alegría de esta mañana. Esa es la alegría de Pentecostés. Es esa vida.

¿Para qué viene el Señor a nosotros? ¿Para hacernos buenos? Veréis, eso es un fruto. Quien tiene al Señor consigo, es más bueno. Quien es bien querido… Un niño que crece en una familia en la que hay amor, su corazón crece mejor que si crece en una familia que está llena de envidias, de odios y de resentimientos. Lo mismo, el amor del Señor es verdad que nos hace más buenos, pero Él no ha venido para hacernos más buenos. Él ha venido para estar con nosotros, porque sabe que nosotros Le necesitamos. No porque Él nos necesite; que nosotros no le damos nunca nada a Dios. Fijaros la de veces que usamos una frase como “¿qué me pide Dios?”. Pero si Dios no pide nunca nada. Dios no hace más que dar. Esa frase es como si no conociéramos a Dios, es una frase pagana. Tal vez hay una cosa que me pide y es que le deje estar conmigo; que le deje entrar en mi corazón; que le deje quererme. Yo sé que el primer mandamiento es querer a Dios con todas las fuerzas que uno tiene, pero, ¿cómo se puede querer a alguien si uno no se siente querido? Por lo tanto, hay algo antes que el primer mandamiento, y casi diría yo hasta más importante que el primer mandamiento. Y no es un mandamiento, sino que es el Señor llamando a la puerta y diciendo “anda, déjame estar contigo, quiero ser amigo tuyo”. “Déjame que te acompañe, que no estás solo, no estás sola. Déjame estar contigo”. ¿Para qué? Pues, para que estés más contento, para que sepas que no estás solo, para que sepas que las dificultades de la vida no son lo que tienen que dar la medida de lo que vale tu corazón, que tu corazón vale Mi Sangre, la Sangre de Dios, que tiene un valor infinito. Eso es lo que vales tú.

Mis queridos hermanos, podría hablaros de esto horas, pero no se trata de eso. Sí que me importa mucho subrayar que el cristianismo no consiste en cosas que nosotros tenemos que hacer por Dios, sino en reconocer y acoger lo que Dios hace por nosotros que es tan sencillo como querernos. Querernos mejor de lo que nos queremos nosotros a nosotros mismos. Y el cristianismo consiste en acoger ese amor y en dejar que ese amor nos penetre, nos llene, nos colme y fructifique en la belleza de nuestras vidas. Sólo una cosa muy pequeñita y termino. No despreciéis la pequeñez de los gestos por los que pasa esto tan grande que acabo de narrar y de describir. Son gestos muy pequeños, yo lo sé, y serán 5 segundos a cada uno delante de mí, y os marcaré con el óleo consagrado, el Santo Crisma, y os impondré la mano y os desearé la paz y la bendición del Señor, y eso es nada, no llega ni a veinte segundos. Dices, “¿por algo tan pequeño puede pasar algo tan grande?”. Yo sólo os voy a poner un ejemplo. Porque los gestos humanos son siempre muy pequeños, en general, pero os voy a poner sólo un ejemplo. El ejemplo de un beso. Un beso es una cosa pequeñísima. ¡Qué cosa tan pequeña, Dios mío! Y un beso humano puede ser muy mentiroso. ¿Os acordáis de un beso que fue una gran traición? El beso de Judas. Pero por un beso puede pasar también un amor verdadero, auténtico, que es imagen, participación en el amor de Dios y puede pasar el don de la vida entera. Y puede ser una cosa absolutamente necesaria en la propia vida. Un niño al que sus padres no le besan les aseguro que crece de una manera muy diferente a un niño que es achuchado. Otro gesto bien pequeño: el achuchón de una madre a un bebé, qué gesto más pequeño. Y sin embargo, si un niño no recibe ese achuchón, qué dura va a ser su vida. Y no una, sino mil veces, qué dura va a ser su vida.

Entonces, no despreciéis la pequeñez de los gestos que eligió el Señor, que se configuraron y se articularon en los primeros años de la vida de la Iglesia, para transmitir la vida que el Señor nos da. Es tan pequeño como un beso, pero lo que pasa por ello es la vida misma del Hijo de Dios, que nos da acceso a la libertad de los hijos de Dios. Es decir, al perdón de los pecados y a esa vida eterna que se anuncia y se pregusta ya cuando nos sabemos querer bien unos a otros, que es lo que el Señor quiere para nosotros: que nos queramos. Esa es la tarea de la vida al final. Si queréis, eso es lo que resume todos los mandamientos del Señor: que os améis “unos a otros como Yo os he amado”. Vamos, pues, a vivir ese momento. ¿Entendéis ahora por qué os he dicho que veníamos a disfrutar? Y eso siempre. Es que a veces complicamos mucho las cosas nosotros. Pero, siempre que venimos a la Iglesia venimos a disfrutar, venimos a recibir un regalo. Y ese regalo es siempre Dios mismo, no son cosas.

Vamos, pues, a disfrutar. Y lo primero, antes de pasar al Sacramento de la Confirmación, vosotros tenéis que renovar la profesión, que no es la lista de las creencias cristianas. No es el ideario católico. Es el “sí” que Le decís al Señor. De hecho, se parece mucho a las preguntas, al “sí” que se decía antes en la fórmula de los matrimonios. Vosotros vais a decir “sí, creo”. Vais a decirle a Satanás, al Enemigo nuestro, que no queremos saber nada con él. Vais a decirLe a Dios (no me lo decís a mí, ni se lo decís a vuestros padres), vais a decirLe al Señor que Le conocéis -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y que esperáis de Él el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Algo que requiere un amor infinito. Si lo decís de verdad, sólo alguien que os ame con un amor infinito, cualquier amor desearía que la persona amada no muera nunca, también que no envejezca nunca, pero, sobre todo, que no muera nunca. Y eso no nos lo puede dar nadie, ni la persona que más nos quiera. Del Señor lo esperamos. Sabemos que nos lo puede dar y esperamos que nos lo dé. Y ese decirLe al Señor “Señor, Yo te conozco y sé que me vas a dar el perdón de los pecados y la vida eterna” es a lo que el Señor responde confirmando Su amor por cada uno de vosotros en el Sacramento de la Confirmación.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

23 de mayo de 2021

S.I Catedral de Granada

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Homilía del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, en la Misa Pontifical de Pentecostés

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Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción
Almonte, 23 de mayo de 2021

Lecturas: Hch 2,1-11. Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30.31 y 34. Gál 5,16-25 y Jn 15,26-27.16,12-15

Saludo a los sacerdotes y ministros del altar.

Al señor Presidente y a los miembros de la junta de gobierno de la Hermandad Matriz de Almonte, a la señora Camarista, a los presidentes y representantes de las hermandades filiales y de los grupos y hermandades de la parroquia.

Doy las gracias por su presencia a la señora Alcaldesa de Almonte y a las demás autoridades. A cada uno de vosotros os saludo con afecto.

También dirijo un saludo muy especial a los enfermos y ancianos, y a todos los devotos de la Santísima Virgen del Rocío que en las actuales circunstancias sanitarias os unís a esta celebración a través de la radio, la televisión y las redes sociales.

Queridos hermanos y hermanas:

Pentecostés junto a la Virgen del Rocío

A los cincuenta días de la Resurrección del Señor, en este Domingo, el último día de la Pascua celebramos la efusión del Espíritu Santo, que se manifiesta, se da y se comunica como persona divina.

“Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar” (Hch 2,1). Antes nos ha dicho el libro de los Hechos quienes eran los reunidos: los Apóstoles.

Además, en aquel grupo estaba también “María, la madre de Jesús” (Hch 1,14). La Iglesia de entonces como nosotros somos conscientes de que Jesús es el Hijo de María, y que ella es su madre, y como tal era, desde los primeros momentos de la concepción y del nacimiento, un testigo singular de Jesús. Nadie como Ella conoció los años de la infancia de Jesús y de su vida oculta en Nazaret, cuando “conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2,19).

“Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas” (Hch 2,3): el fuego simboliza la energía transformadora, es el fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a “hablar de las grandezas de Dios” (Hch 2,11).

Nosotros hemos pedido en la primera oración de la Misa: “realiza ahora también, en el corazón de tus fieles, aquellas maravillas que te dignaste hacer en los comienzos de la predicación evangélica”.

Un aspecto de la actividad del Espíritu Santo dentro de la comunidad cristiana consiste, sobre todo, en abrir siempre de nuevo el sentido de la revelación acontecida en Jesucristo, nos “guiará a la verdad plena” (Jn 16,13).

El Espíritu Santo, hoy como ayer, nos introduce en una relación más personal e íntima, en una comprensión mejor y más honda del mensaje y de la persona del Señor Jesús. Somos guiados “a la verdad plena” por diversos caminos: a través de la lectura asidua de la Sagrada Escritura, “pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”; en la liturgia, tan llena del lenguaje y de la acción de Dios; en la oración, en la que se realiza el diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”. (Dei Verbum, 25), en el ejercicio de la caridad con los hermanos.

En definitiva, nuestra condición de cristianos nos hace discípulos de por vida, instruidos permanentemente por el Espíritu Santo que recibimos.

Caminar según el Espíritu

El Espíritu Santo nos guía en el camino de la vida según Cristo, el dulce huésped del alma nos inspira, conduce, rectifica y fortalece en este Camino.

El “camino”, ¡Qué abundancia de experiencias entrañables encierra para los rocieros!

San Pablo, en la carta a los Gálatas, nos exhorta a caminar según el Espíritu. El Apóstol nos ha dicho que un camino hecho en el amor de Dios necesariamente es distinto del vivido al margen este amor, como si no existiera. Es la diferencia entre vivir según el Espíritu o según los deseos mundanos. Las huellas que deja un camino u otro son muy distintas.

Hacer el camino de la vida realizando los deseos mundanos deja un rastro bien conocido, tanto en tiempos del Apóstol San Pablo como en los nuestros: “fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo” (Gál 5,19-20).

Por el contrario, qué diferentes son los frutos de los que hacen el camino dejándose llevar por el amor de Dios que ha sido derramado sobre nosotros con el Espíritu Santo que hemos recibido. “El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Gál 5,23).

“¿Qué hemos de hacer, hermanos?”, es la pregunta de los que escuchan el testimonio de Pedro el día de Pentecostés. Él exhorta a la conversión, como Jesús hizo al comienzo de su vida pública: “Convertíos y creed el Evangelio” (Mc 1,15).

Queridos rocieros, dicho con una letrilla que he oído cantar, “La Virgen quiere que tengas un Simpecao en el alma, que sea tu vida bandera de la fe que tú proclamas, que en el Rocío quisiste tener un corazón sin mancha, la Virgen quiere que tengas un Simpecao en el alma”. La conversión es también el camino del Rocío, que ninguna situación sanitaria puede cerrar, sólo lo obstaculiza la pandemia espiritual del pecado y nuestra flojera para afrontarla.

Testimonio

“Él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio” (Jn 15,26-27).

El evangelio que hemos escuchado atribuye al Espíritu Santo la función de “dar testimonio” en favor de Jesús. También la comunidad cristiana tiene que dar testimonio de su Señor. El testimonio del Espíritu Paráclito y el de los discípulos corren paralelos en cierto modo.

El testigo, frente a un mundo a menudo hostil, necesita del Espíritu Defensor. El testimonio del cristiano está sostenido por el Espíritu Santo.

El mismo día de Pentecostés Pedro levanta su voz ante la muchedumbre para proclamar la salvación por Cristo, para hacerla pública, notoria, oficial. Pedro y Pablo se dirigen a las muchedumbres, o a grupos, hablan al aire libre, en las sinagogas, ante el sanedrín. Pablo se esfuerza por conquistar las ciudades de mayor influencia en su tiempo: Damasco, Corinto, Éfeso, Atenas, Roma. En pentecostés hombres de todas las naciones escuchan la palabra. Llenos del Espíritu Santo los testigos del Señor alzan su voz, proclaman, anuncian, evangelizan. No pueden callarse la salvación encontrada en Cristo.

Los que reciben el Espíritu reunidos con María, la Madre del Señor, tienen la misión de iluminar el pensamiento y orientar el obrar de los hombres en las circunstancias históricas concretas. No podemos quedar al margen y permanecer insensibles ante los graves problemas de un desequilibrio ecológico, o ante las amenazas de la paz social, o frente al atropello de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los más pobres o de los inmigrantes. Estamos urgidos a trabajar en favor de la fraternidad y de la amistad social. Además, los cristianos no podemos dejar de prestar especial atención a otros retos, a menudo menos comprendidos incluso impopulares, pero que no pueden desaparecer del compromiso eclesial, como son todas las exigencias que se derivan del respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural.

También hoy, día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, haciendo presente la vocación particular de los laicos en la Iglesia y en el mundo, es muy pertinente recordar a este respecto la enseñanza del Concilio Vaticano II: “el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la construcción del mundo ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber” (Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 34)

Junto a María, la Santísima Virgen del Rocío, pedimos “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor” (Ant. Magnificat I Vísperas Pentecostés).

✠ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva


 

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Misioneros del IEME visitaron la delegación de Misiones de la diócesis de Guadix

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Misioneros del IEME visitaron la delegación de Misiones de la diócesis de Guadix

 

El 19 de mayo pasaron por nuestra delegación Luis Carlos Riloba y Miguel Ángel Aragón, dos misioneros pertenecientes al IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), que es una asociación de sacerdotes diocesanos misioneros dedicados a llevar la Palabra, es decir el Evangelio a todo el mundo. Hombres de hoy para la misión.
Hemos hablado con ellos, especialmente sobre sus inquietudes como misioneros en otros países. Juan Carlos lleva doce años en Zimbabue y Miguel Ángel, que ha estado durante 28 años en Japón, hoy colabora con su diócesis de Cuenca, llevando cuatro parroquias de la Alcarria.
Entrevistamos a Luis Carlos Riloba y Miguel Ángel Aragón, ahora como responsables del equipo de animación misionera del IEME, tras su visita a Guadix para explicar cuál es su cometido y su vinculación desde la animación misionera.

¿Cuál es el cometido, la finalidad, es decir, el objetivo del IEME?

Luis Carlos: el IEME es un cauce de la Iglesia española, para ir a la misión “ad gentes” en otros países. Lo específico del IEME es que somos sacerdotes diocesanos españoles que nos asociamos, por un tiempo determinado o bien de por vida, para ayudar a anunciar mejor y de manera más eficaz la misión “ad gentes”. El objetivo del misionero es sembrar el Evangelio e incardinar la Palabra. Y todo esto, sin tener proyectos propios, sino adaptándose, inculturándose en los lugares que los reciben.
Miguel Ángel: fundamentalmente colaboramos en la misión evangelizadora de la Iglesia, en los lugares en los que todavía no se conoce a Cristo y su Evangelio. Una de las opciones es ir a los lugares más pobres. Con más necesidad, aquellos a los que nadie quiere ir.

¿Cómo valoráis la participación y la presencia del IEME a nivel de España y especialmente a nivel del extranjero?

Luis Carlos: es una presencia muy humilde, desde nuestra pobreza llegamos a pocos países, somos unos 120 misioneros, repartidos en 12 países. Normalmente, cuando el misionero se hace mayor se vuelve otra vez a España, pero también hay algunos misioneros especialmente los de mayor edad que quieren morir en los países que han misionado.
Miguel Ángel: la presencia de los misioneros más que numérica es una presencia significativa, porque quieren apoyar desde su carisma de sacerdotes diocesanos las actividades que las diócesis que nos reciben llevan a cabo, es decir, no tenemos un plan pastoral propio, sino que nos adaptamos a las diócesis que nos acogen. Nuestro objetivo es insertarnos en las iglesias locales, apoyar los planes pastorales de esas iglesias. Por ejemplo, en tema vocacional cooperamos en la vocación local, apoyándola. La aceptación es máxima, la acogida es muy buena. El obispo local nos destina junto con otros sacerdotes locales y trabamos en equipo con la Iglesia nativa.
En España podemos decir que hemos salido de las diócesis españolas, y nuestra labor aquí es una presencia de regreso. Estamos incardinados en las diócesis de origen. A veces colaboramos con la pastoral diocesana como Miguel Ángel, que colabora dirigiendo cuatro parroquias conquenses de la Alcarria. Somos un equipo que pasa por las diócesis españolas y los seminarios, animando a la vocación misionera, tanto ad intra como ad extra.

¿Cuál sería desde vuestro punto de vista la labor más importante que el IEME realiza?

Miguel Ángel: la labor más importante es contribuir a la dimensión misionera de la Iglesia, porque el mandato de Jesús es lo más importante. Desde nuestra presencia en el mundo, somos considerados como un don para la Iglesia, y para el mundo. Nuestra aportación de granito de arena a la evangelización es un compromiso para dar respuesta a ese sí, a ese “fiat” que espera el Señor de cada uno de los cristianos, intentando ser hombres del sí, respondiendo a la llamada del ser y, como dice el papa Francisco, actuando en las periferias. Donde nadie quiere compartir su tiempo y su energía.

Sebastián Robles
Delegado de Misiones. Diócesis de Guadix

 

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Campaña por la Enseñanza Religiosa y los cursos de preparación al matrimonio, en el Iglesia noticia del 23 de mayo

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Campaña por la Enseñanza Religiosa y los cursos de preparación al matrimonio, en el Iglesia noticia del 23 de mayo

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 23 de mayo de 2021, a las 9:45 horas.

Esta semana en nuestro podcast informativo diocesano hablamos de la Campaña llevada a cabo por todas las Delegaciones Diocesanas de Enseñanza de Andalucía, que recuerda a los padres su derecho a elegir la asignatura de religión para sus hijos, a partir de este mes de junio.

Hablamos también con la Hermandad del Rocío de Granada, ahora que no pueden peregrinar hasta Almonte por segundo año consecutivo, para que nos cuenten cómo lo están viviendo de forma creativa, con una serie de entrevistas audiovisuales. También damos a conocer los Curso de Preparación al Matrimonio organizados por la Pastoral Familiar de Granada entre los días 29 y 30 de mayo.

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Pablo VI, Magisterio (III)

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Durante el pontificado de Pablo VI, los ataques a la religión y a la moral fueron numerosos y lo peor es que procedían de ambientes cristianos. Por esta razón, la actividad magisterial del Papa ofrece una diversidad y riqueza manifestada en sus encíclicas, discursos y documentos, a veces muy contestados en ambientes católicos.

En lo dogmático, aparece su primera encíclica: “Ecclesiam suam”, en la que se manifiesta la labor extraordinaria de la misión presbiteral y se exponen los tres caminos a recorrer: el espiritual, el moral y el apostólico. Un año después publica la encíclica “Mysterium fidei” sobre la Eucaristía. De gran interés fue el “Credo del Pueblo de Dios”, clara exposición de la fe cristiana en el ámbito de la Iglesia Católica.

En lo moral, lo más significativo fue la publicación de la “Humanae vitae” sobre la regulación de la natalidad. Subraya la importancia del amor conyugal y de la paternidad responsable, de la recta razón ante el instinto. En esta encíclica, el Papa expone la licitud o ilicitud de ciertos métodos contraconceptivos. Esta encíclica generó el disgusto y a veces el rechazo de ciertos ambientes cristianos. Documento de importancia fue sobre la “Persona humana” condenando la teoría de la opción fundamental.

Pablo VI profesó siempre una gran devoción a la Virgen y le dedicó un bello documento como fue la “Marialis cultus”, referente al culto a la Virgen María a través de la liturgia.

Preocupado por la evangelización del mundo que vivimos, publicó la exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi” sobre el mundo misionero.

El problema social fue también un objetivo primordial en el magisterio de Pablo VI. Sus encíclicas “Populorum progressio” y “Octogesima adveniens” son buena prueba de ello. En ellas el Papa clama contra las desigualdades sociales, el desequilibrio de las naciones y expone los nuevos problemas como la emigración, la ecología… Y, sobre todo, defiende el concepto de la “civilización del amor”.

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50 aniversario de la Fundación del «Movimiento de Acción Cristiana» (MAC) (Parroquia Virgen del Camino-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el 50 aniversario de la Fundación del «Movimiento de Acción Cristiana» (MAC) celebrado en la parroquia Virgen del Camino de Málaga el 23 de mayo de 2021.

50 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN

DEL “MOVIMIENTO DE ACCIÓN CRISTIANA” (MAC)

(Parroquia Virgen del Camino-Málaga, 23 mayo 2021)

Lecturas: Hch 2, 1-11; Sal 103,1.24.29-31.34; Gál 5, 16-25; Jn 15,26-27; 16, 12-15. (Pentecostés)

1.- Con motivo de la solemnidad de Pentecostés la Iglesia en España celebra el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que nos anima a descubrir y potenciar la riqueza del laicado.

            El lema para esta Jornada está inspirado en la encíclica del papa Francisco Fratelli tutti: «Los sueños se construyen juntos». El Papa dice: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! (…); los sueños se construyen juntos” (n. 8).

Creo que estas palabras están dichas para esta fiesta del cincuenta aniversario de la institución de vuestro “Movimiento de Acción Cristiana” (MAC). Cincuenta años “soñando juntos y viviendo juntos”.

2.- El Movimiento de Acción Cristiana (MAC) cumple ahora cincuenta años de existencia, en los que ha vivido la aventura de realizar el sueño de caminar en comunidad y en comunión.

Fue iniciado por Juan Moreno García en la fiesta de María Auxiliadora de 1971, cuando decidió cambiar de vida y aceptar la llamada de Dios. Es muy importante dejar que Dios intervenga en mi vida, aunque nos cueste; porque queremos ser los dueños de nuestra vida y de nuestra historia. Nos cuesta permitir que sea Dios quien lleve las riendas de nuestra vida. María Auxiliadora dejó que Dios actuara en su vida, siendo dócil al Espíritu.

En el primer momento vuestro Fundador se incorporó al Movimiento de “Misioneros de la Esperanza” (MIES), ejerciendo su apostolado en la parroquia del Espíritu Santo, en el barrio de Dos Hermanas de Málaga, donde realizó un trabajo fecundo entre los jóvenes, atraídos por el carisma que Dios le había dado: su forma de ser, su vida, su espiritualidad.

Los grupos fueron en aumento y se creó un movimiento, al que se le llamó en principio “Cruzados de la Esperanza”, por su relación con el fundador de MIES, P. Ernesto Wilson, de quien Juan aprendió la metodología y la espiritualidad, como él mismo había reconocido. Posteriormente Juan dejó MIES, desvinculando su movimiento de los “Misioneros de la Esperanza” y surgió el “Movimiento de Acción Cristiana” (MAC).

Todo esto lo hizo desde la inspiración del Espíritu y desde el discernimiento. Es necesario discernir y averiguar qué quiere el Espíritu Santo de cada uno de nosotros.

3.- El papa Francisco nos invita en este Pentecostés a vivir el plan que Dios tiene para su Iglesia, concretado en dos sueños. Aunque sea un antropomorfismo, podemos decir que Dios “sueña”. Dios tiene su plan sobre la Iglesia, sobre la comunidad, sobre el movimiento, sobre cada uno de nosotros.

El discernimiento es un método que exige hacer «examen de conciencia», para reconocer los medios que el Señor nos ofrece y para no quedarnos solo en las buenas intenciones (Gaudete et exsultate, 169). Hay que escuchar la Palabra divina (Cristo), hay que acoger el Espíritu, para hacer el discernimiento y evangelizar.

El discernimiento permite captar el plan de salvación de Dios, su voluntad, su sueño. Discernir no consiste solo en mirar la realidad, sino en ser capaces de captar cómo Dios está actuando en la historia. Vuestro Fundador con solo mirar la realidad, no la hubiera transformado; la pudo transformar porque la contempló a la luz del Espíritu, de Jesucristo y de su Evangelio. De este modo se puede transformar la historia.

El discernimiento responde a la pregunta que le hacía la gente a Juan Bautista: «¿Qué debemos hacer?» (Lc 3, 10). Nosotros debemos plantearnos esa misma pregunta: Señor, ¿qué quieres de mí?; ¿qué quieres de nosotros?; pues la fe no se vive aisladamente, sino comunitariamente, en iglesia. El movimiento es una concreción de la vivencia en iglesia. Os invito a practicar el “discernimiento” en vuestra tarea apostólica.

4.- Los miembros del MAC, haciendo un buen discernimiento, habéis descubierto una realidad social necesitada; una sociedad alejada de Dios, con muchos problemas; unos niños abandonados a su suerte en los barrios de periferia. Desde vuestros inicios, sois “Callejeros de la fe”. (Los presentes repiten esta frase). ¡Seguid siendo “Callejeros de la fe”! No seáis simples “agentes sociales”. 

            Como buenos samaritanos (cf. Lc 10, 25-37) habéis atendido a personas necesitadas de Dios. Las necesidades vitales del ser humano son reflejo de la gran necesidad que tiene de Dios. Y os habéis hecho prójimos (próximos) de ellos (cf. Fratelli tutti, 81); os habéis acercado a quienes viven apartados de la sociedad y no son tenidos en cuenta. El papa Francisco utilizar mucho el término “descartados”.

Somos interpelados a descubrir la voz de Dios en el grito y en la situación de cada uno de los seres humanos, a cuidar del necesitado, a escuchar al herido para sanarle, a liberar a las personas encadenadas por su pecado o por sus circunstancias, a acompañar procesos de crecimiento humano y de fe, a mirar la realidad con ojos de buen samaritano, a darnos a los demás con un corazón agradecido.

5.- En esta jornada los Obispos de la Comisión episcopal para los Laicos, Familia y Vida nos animan en su Mensaje a vivir la sinodalidad (cf. Madrid, 23 mayo 2021), que concreta otro sueño o plan de Dios para su Iglesia. Todos los fieles cristianos, por el sacramento del bautismo, estamos llamados a vivir la fe, la esperanza y el amor cristiano, siendo testigos evangelizadores. Sinodal significa caminar juntos, porque nadie vive la fe de manera solitaria; eso lo repetía el papa Benedicto XVI.

Todos somos enviados a ser “discípulos misioneros”, como nos exhorta el papa Francisco: “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador (…). Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (Evangelii gaudium, 120).

6.- Ésta es la clave: el encuentro con Cristo resucitado. Así les sucedió a los apóstoles y a Pablo en el camino de Damasco. Quien no se ha encontrado con Él, no ha entrado en el proceso de fe. A veces pretendemos educar en la fe a las generaciones jóvenes sin que realicen el encuentro personal con Cristo. No es suficiente “enseñar contenidos”, es necesario “iniciarles en la fe”. Naturalmente, deben aprender y saber contenidos, pero nuestra tarea es iniciarles en un proceso de encuentro y de relación personal con Jesucristo.

El Señor prometió enviarnos el Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). El testimonio inicia con Jesucristo, el Testigo fiel, que nos manifiesta al amor trinitario. Jesús envía el Espíritu Santo, que da testimonio, y nos pide a nosotros que también lo demos: «también vosotros daréis testimonio» (Jn 15, 27). Ésta es vuestra tarea, queridos fieles y queridos miembros del MAC. Vosotros debéis dar testimonio, al estilo del Testigo fiel. No es un testimonio de mi fe personal, sino de la fe de la Iglesia y del Evangelio de Jesucristo; porque nuestra fe personal no agota la realidad de la fe eclesial. Y hemos de hacer un esfuerzo para que mi fe personal esté cada vez más en sintonía con la fe de la Iglesia. Todo esto se realiza mediante un proceso que dura toda la vida.

7.- A todos los miembros, colaboradores y simpatizantes del MAC os felicito en esta efeméride y damos gracias a Dios por el regalo de vuestro movimiento y por sus frutos a lo largo de estos años.

Expreso mi reconocimiento por la tarea evangelizadora y de educación en la fe de tantos niños y jóvenes en parroquias de Málaga capital, sobre todo en barrios populares y zonas empobrecidas y marginales; además de la colaboración en otros ámbitos de la pastoral. 

Os animo a retomar vuestra misión con alegría y nuevo empuje, permitiendo que este jubileo sea un motivo para renovar vuestra fidelidad a la Iglesia diocesana.

8.- Me alegro mucho de que este aniversario lo celebremos en coincidencia con la fiesta de Pentecostés; porque es el Espíritu Santo quien renueva la Iglesia, tal como clama hoy la liturgia: “Envía, Señor, tu Espíritu, y renueva la faz de la tierra”. Y hoy pedimos con fuerza: “Envía, Señor, tu Espíritu, que renueve a todos los miembros del MAC”. ¡Que renueve nuestra Iglesia diocesana, nuestras parroquias, movimientos, asociaciones, nuestras realidades eclesiales!

            Felicito a quienes hoy os comprometéis con el MAC para dedicar vuestra vida, vuestro tiempo y vuestra ilusión. Comentaba con el P. Emilio (alias “Waly”), la terminología que usamos. El término “consagración” no es el más apropiado, porque expresa la “consagración bautismal”, que es la base de consagración cristiana. Tal vez sería mejor hablar de “compromiso”.

Y felicito también a quienes hoy renováis vuestra entrega y compromiso.

9.- Pido al Señor que os siga concediendo el ardor y la pasión de continuar llevando a Jesucristo por las calles y las plazas de nuestros barrios más abandonados, dando ilusión y esperanza a los jóvenes que se encuentran perdidos y sin sentido en sus vidas.

            Nos acogemos a la maternal intercesión de Virgen María, Auxilio de los cristianos, que fue dócil a la acción del Espíritu Santo, para que en este Pentecostés nos dejemos modelar por él y quedar «todos llenos del Espíritu Santo» (Hch 2, 4), al igual que los primeros discípulos; y ser fieles a nuestra misión evangelizadora. Que María Auxiliadora siga acompañado en los años venideros a todos los miembros del “Movimiento de Acción Cristiana”. Amén.

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Mons. Asenjo a los laicos: “Tenemos que anunciar a Jesucristo vivo, fuente de esperanza para la humanidad”

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Mons. Asenjo a los laicos: “Tenemos que anunciar a Jesucristo vivo, fuente de esperanza para la humanidad”

“Implicaos fuertemente en el apostolado. Nada necesita nuestro mundo con más urgencia que a Jesucristo”. Con este mensaje dio por concluida monseñor Asenjo Pelegrina la vigilia diocesana de Pentecostés, que se ha desarrollado durante la tarde del sábado en un templo catedralicio que ha registrado un aforo completo, teniendo en cuenta las limitaciones de ocupación que se derivan de la pandemia.

La necesidad de salir a la calle y dar a conocer en público el mensaje liberador de Jesucristo ha sido el eje de la homilía que ha pronunciado el Administrador apostólico de Sevilla. Mons. Asenjo ha comenzado invocando al Espíritu: “Él es el alma de la Iglesia, ha sostenido a la Iglesia a pesar de los embates del maligno”, ha afirmado. Más adelante ha reiterado que “tenemos necesidad de un trato familiar, íntimo con el Espíritu Santo. Debemos pedirle que nos impulse en el apostolado”.

En otro momento de la homilía ha analizado el contexto social actual, poco permeable al mensaje de la Iglesia: “Son millones los hombres y mujeres que viven como si Dios no existiera”. Y recordando las palabras del papa Benedicto XVI en París, cuando preguntó a los franceses “qué habían hecho de su bautismo”, monseñor Asenjo se ha dirigido a la asamblea para decir que “podemos preguntarnos qué hemos hecho nosotros de nuestro bautismo”. En esta línea, ha subrayado que “no nos debe dar miedo ni vergüenza hablar de Jesús en público, si estamos convencidos de que el Señor es lo mejor que nos ha podido suceder, hemos de arder en deseos de llevarlo a los demás”.

Aunque ha lamentado que “faltan testigos y evangelizadores”, el Administrador apostólico de Sevilla, que se despedirá de la Archidiócesis el próximo sábado en una ceremonia que se celebrará también en la Catedral, ha subrayado que “tenemos que anunciar a Jesucristo vivo, fuente de esperanza para la humanidad”.

Regalo del laicado a mons. Asenjo

Antes de concluir el acto, se ha hecho entrega a mons. Asenjo, en nombre del laicado de la Iglesia en Sevilla, de un azulejo de la ceramista sevillana Isabel Parente, con una reproducción de la Virgen con el Niño de Niculoso Pisano (siglo XVI), cuyo original se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Un regalo que mons. Asenjo ha agradecido, al tiempo que anunciaba que desde esta noche estará en su nueva vivienda sevillana. En representación del Apostolado Seglar de Sevilla, Natalia Cordón le ha asegurado que “el laicado de la diócesis le agradece su vida y ministerio”.

Galería fotográfica del acto.

 

 

 

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