Inicio Blog Página 4684

El Papa concede un Jubileo Extraordinario por el Centenario de la Agrupación de Cofradías de Málaga

0

La apertura del Jubileo está prevista en la Eucaristía presidida por el Obispo de Málaga el 1 de septiembre, dentro de la novena en honor a la Patrona de la ciudad, Santa María de la Victoria.

Con motivo del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, el Papa Francisco ha concedido un Jubileo Extraordinario por el que los fieles cofrades pueden alcanzar la Indulgencia Plenaria visitando la Catedral desde el 1 de septiembre al 31 de octubre.

Ver este artículo en la web de la diócesis

HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DEL MAR

0

Lecturas bíblicas: Eclo 24,1.3-4.8-12.19-21; Sal responsorial: Jdt1 3,18-19 (R/. «Tú eres el orgullo de nuestra raza»); Gál 4,4-7; Aleluya: Lc 11,27 («Dichosa eres, santa Virgen María…»); Lc 11,27-28.

Queridos hermanos y hermanas:

La solemnidad de este día nos llena de gozo y todos acudimos a las plantas de la Virgen ante su sagrada imagen, que ha acompañado la fe de las generaciones que nos han precedido. Venimos hoy a honrar a la Madre de nuestro Redentor, que nunca deja de estar presente en nuestras vidas, porque María está siempre presente en la Iglesia, Jesús nos la dio desde la cruz como verdadera madre espiritual de la Iglesia y de cada uno de nosotros, y a ella acudimos con plena confianza para presentarle nuestras súplicas personales y las que hacemos nuestras, las de tantas personas que han pedido que oremos por ellas y las súplicas de cuantos han pasado durante este septenario por esta casa de la Virgen para saludarla, encomendarse a ella y presentarle los ruegos que con el alma anhelante han ido desgranando ante su imagen.

El pueblo de Dios, guiado por el instinto de la fe, sabe que en María tiene amparo e intercesión ante su divino Hijo, que de ella recibió nuestra humana naturaleza, para ser uno de nosotros y llevar a cabo la redención del mundo por medio de su muerte y gloriosa resurrección. Por eso el último concilio nos dejaba la enseñanza de que al honrar a María en la predicación y en el culto, sobre todo en el culto litúrgico[1], «atrae a los creyentes hacia su Hijo, hacia su Hijo y hacia el amor del Padre»[2].

Hemos escuchado en el evangelio que, estando Jesús predicando a la multitud que le seguía, una mujer levantó la voz diciendo «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» (Lc 11,27). Esta expresión era usual en tiempos del evangelista, que hunde sus raíces bien en la bendición de ubres y vientre de la tribu de Judá por su padre Jacob (Gn 49,25), o en los comentarios de la tradición rabínica a este pasaje[3] donde se recoge la bendició de la mujer madre que el relato evangélico aplica a la madre de Jesús. Lo que la mujer bendice es la grandeza de la maternidad, esperar y amamantar a un niño, que es el verdadero privilegio de la maternidad en María. La dicha y bienaventuranza de la Virgen es haber dado a luz al Salvador del mundo, por eso la maternidad divina de María es y será por toda la eternidad el mayor timbre de gloria de la Virgen, confesada y proclamada por la Iglesia como verdaderamente Madre de Dios (Theotókos) en el Concilio de Éfeso (431).

La respuesta de Jesús a la alabanza de su madre que hizo aquella mujer, que estaba escuchándole llena de admiración, quería poner de manifiesto ante los oyentes que la bienaventuranza de María está en su acogida, apropiación y vivencia de la palabra de Dios. María se dejó conducir en todo momento por la palabra de Dios y la palabra de Dios se hizo carne de su carne, convirtiéndose de este modo en Madre del Hijo de Dios, porque «abrazando la voluntad salvadora de Dios con todo el corazón y sin obstáculo de pecado alguno, se entregó totalmente a sí misma, como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo»[4].

La inmaculada Virgen María, llena de gracia desde el primer instante de su ser, no sólo concibió en su seno al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo, sino que, por su condición de virgen fiel, que acogió la palabra y el designio de Dios, se convirtió en madre del Redentor, «nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley» (Gál 4,4). Convertida en madre de Cristo Jesús, por su estrecha unión con él se convirtió también en madre espiritual y modelo de la Iglesia. Madre espiritual y modelo porque dio a luz al Hijo de Dios encarnado en su seno y fue estrecha colaboradora de su misión redentora. Unida a su Hijo de Belén al Calvario, «colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y caridad, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres»[5].

La lectura del libro del Eclesiástico presenta a la sabiduría divina que se alaba a sí misma al alabar la obra del Creador, porque todo cuanto existe lo hizo Dios por su palabra y sabiduría, y Jesús es la Palabra y la Sabiduría divina por medio de la cual Dios hizo todas las cosas (Jn 1,3; Hb 1,2→Sal 33,6). La palabra de Dios gobernó la vida de María que vivió de ella, y en María se hizo carne la divina Sabiduría que, por medio de la Virgen plantó su tienda entre las nuestras y fue así como «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). La sabiduría de los sabios de Israel creció donde la sabiduría divina plantó su morada, en la casa de Israel, en Jerusalén (Eclo 24,8.11), figura de la humanidad donde Dios en Cristo hizo morar «toda la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2,9→1,19).

Estas reflexiones nos desvelan cómo María, por su maternidad divina, con ascendencia sobre su Hijo en favor nuestro, realidad consumada que acompaña la historia de la fe cristiana. El pueblo de Dios ha buscado en María el amparo maternal y la protección que anhela, y por eso acude a los santuarios marianos y venera las advocaciones marianas que han echado raíces en la piedad católica. Por esto mismo estamos nosotros aquí, cuando ya pronto vamos a celebrar los quinientos veinte años transcurridos desde que llegara sobre las olas de Torregarcía la sagrada imagen de nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Mar. Hemos venido para pedir a la Madre del Señor que nos ayude a evangelizar nuestra sociedad sometida a una fuerte confusión de ideas y opiniones que oscurecen nuestra vida, empeñados como estamos en construir «cisternas agrietadas que no retinen el agua abandonando el manantial de aguas vivas» (Jr 2,11).

Venimos hoy al santuario de la Patrona, para que por su intercesión Dios siga siendo el centro de la vida de nuestro pueblo, para que no se extinga en nosotros la luz de la fe que ha iluminado a las generaciones que nos precedieron. Hoy, cuando tantos conciudadanos nuestros se alejan de la comunión eclesial y no viven según el Evangelio de Cristo, pedimos a la Madre del Señor nos ayude a salir a su encuentro y con nuestro ejemplo y apoyo vuelvan a la comunión eclesial; que los niños reciban el bautismo y sean educados en la fe y los jóvenes ya educados en la fe se mantengan en ella y aspiren al matrimonio cristiano; que Cristo Jesús suscite por su Espíritu las vocaciones de especial consagración para ejercer el sacerdocio y la vida religiosa entregada a la alabanza y la súplica así como la vida apostólica y la caridad.

No podemos mirar para otro lado, cuando nos hallamos ante el oscurecimiento de la fe en nuestra sociedad por nuestra falta de vida evangélica, la que nos falta a cada uno de nosotros. Estamos llamados a abrir a la esperanza el corazón de los hombres, pero hemos de hacerlo no sólo con nuestra palabra, sino sobre todo con nuestro ejemplo, procurando entendernos con cuantos se sienten movidos por valores morales y buscan un horizonte de sentido a la vida que, según la fe que profesamos, sólo nos la ofrece Cristo, el Hijo de Dios y también hijo de María. Hemos de tener en un gran aprecio por «todo cuanto hay de verdadero, de noble de justo, de puro de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud o de valor» (Flp 4,8). María, madre y causa de la alegría de la fe, que fue con presteza a asistir a su prima Isabel en las montañas de Judea, nos acompaña en el ejercicio de la caridad con el prójimo, facilitando la acogida de los perseguidos por causa de su fe y de los refugiados que nos piden asilo.

No podemos, sin embargo, dejar de proponer a Cristo, como acabo de poner de relieve en la carta que a todos he dirigido con motivo del VIII Centenario de la muerte de Santo Domingo de Guzmán. No podemos dejar que este empeño evangelizador, razón de ser de la Iglesia, se agoste entre los límites de nuestros debates, egoísmos y comodidades, y una forma de pensamiento que asimila la Iglesia al mundo.

Quiera la Virgen del Mar, a la que invocamos como Madre espiritual y Patrona nuestra, quiera conceder la salud a tantos enfermos acosados por la pandemia, e interceda con maternal solicitud por el eterno descanso de los fallecidos. Que con su ayuda espiritual podamos ser más pacientes y respetuosos con las convicciones de conciencia y los derechos de todos; y ser generosos con cuantos nos necesitan, para que podamos mantener la comunión eclesial de nuestra Iglesia particular de Almería, cuya unidad se expresa sacramentalmente en la eucaristía que preside el Obispo diocesano, como ahora sucede en esta Misa estacional en honor de la Santísima Virgen del Mar. Que por su intercesión nos veamos libres de las inquietudes de esta vida y lleguemos al puerto de salvación que es Cristo, que nos entrega en la Comunión eucarística su cuerpo y sangre, alimentos de vida eterna.

Santuario de la Santísima Virgen del Mar

28 de agosto de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia Lumen gentium [LG], n. 67.

[2] LG, n. 65.

[3] Targum palestinense de Gn 49,25 (“bendiciones de ubres y vientre”): cf. F. Bovon, El evangelio según san Lucas, vol. II. Lc 9,51-14,35 (Salamanca 2002) 234s.

[4] LG, n. 56.

[5] LG, n. 61.

Ver este artículo en la web de la diócesis

El canto de la Salve Marinera pone el broche de oro a los cultos en honor de la Santísima Virgen del Mar

0

Ayer culminaban los cultos en honor de la Santísima Virgen del Mar, Patrona de Almería. Se celebraron Varias misas, para mejor acoger a los fieles y devotos  de Nuestra Señora que acudieron a honrarla, participando en alguna d las misas, sobre todo en la Misa estacional celebrada por el Obispo diocesano

Mons. González Montes hacía entrega del pergamino que recoge la concesión del título de Venerable, que con motivo de los quinientos años de la Hermandad de la Virgen del Mar, le hizo entrega nuestro Prelado a la Comisión Gestora de la misma, en cuyo nombre recibía el pergamino su presidente don José Luis Cantón Pavón. Se puede ver una amplia profusión gráfica del acto igual que de la santa Misa pontifical en la página de la Hermandad, que por la concesión del nuevo título es de su concesión desde el 29 de agosto del pasado año de 2020, fiesta de la Patrona con misa estacional en la Catedral de la Encarnación, la “Muy Antigua, Pontificia, Real Ilustre y Venerable Hermandad de la Santísima Virgen del Mar Coronada, Patrona de Almería”. La gestora, asistida espiritualmente por su Consiliario el Prior P. José Barrado Barquilla, O. P., contó, como otros años con la presencia de la Agrupación de Hermandades de la ciudad de Almería y miembros de las Juntas directivas de las Hermandades filiales de la Virgen del Mar de Sevilla, Madrid y Barcelona. Estuvieron presentes en la Misa estacional autoridades civiles y militares. En la concelebración se hallaban presentes junto al Obispo,  el Vicario general y miembros del Excelentísimo Cabildo de Canónigos y de la comunidad conventual de la Orden de Predicadores.

En la tarde, a las 20,00 horas el Obispo Coadjutor celebró la santa  Misa con asistencia de jóvenes y horquilleros. La jornada festiva terminó con el canto de la Salve Marinera a las 21,00 horas, oficiada por el Obispo diocesano, acompañado por el Obispo Coadjutor y los PP. Dominicos, y asistido por los diáconos y seminaristas que le acompañaban.

Ofrecemos la homilía del Obispo diocesano:

“La maternidad de María es y será eternamente su gloria, por habernos dado al Salvador del mundo”

HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DEL MAR

Ver este artículo en la web de la diócesis

Domingo XXII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 29-8-2021

0

Domingo XXII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 29-8-2021

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,1-8.14-15.21-23):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.» Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor

Ver este artículo en la web de la diócesis

Los 4 jinetes del verano actualizan el testimonio de san Juan Bautista

0

Podcast de la sección Los 4 Jinetes del Verano del programa Iglesia Noticia emitido en COPE Málaga el domingo 29 de agosto de 2021.

En dicha sección participan Cristina Sánchez Lamarca, joven Hija de la Caridad; Juan Baena, párroco de La Cala de Mijas; Ana María Aldea, delegada en Málaga de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada; y Francisco Guzmán, presidente diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).

Ver este artículo en la web de la diócesis

Comentario al evangelio del Domingo XXII del Tiempo Ordinario

0

El sacerdote Manuel Jiménez Bárcenas, arcipreste de Fuengirola-Torremolinos ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXII del Tiempo Ordinario, 29 de agosto de 2021 (Mc 7, 1-8.14-15-21-23).

Tras varios domingos escuchando el discurso del pan de vida del evangelio de San Juan, retomamos la lectura continuada de San Marcos. Jesús tiene una controversia con los fariseos y escribas: los discípulos no se lavan las manos antes de comer. A nosotros eso nos parece una falta de higiene y, en estos tiempos, una vía de contagio de Covid. Pero la crítica de los fariseos no va por ahí; para ellos lo malo es que los discípulos están faltando a las tradiciones. Como otras veces, Jesús aprovecha la oportunidad para enseñar: la Ley está para servir a la persona, pero hay que darle sentido y actualizarla cuando sea necesario. 

Además, Jesús sabe de la hipocresía de los fariseos que no exigen a otros el cumplimiento de la voluntad de Dios sino sus propias normas haciéndolas pasar por mandatos divinos. Por eso, Jesús enseña que las manos no lavadas no acarrean impureza (si acaso alguna indigestión) porque la pureza de corazón es algo más profundo. Dicha pureza se consigue teniendo una vida conforme a la fe. Como decía Santiago en la segunda lectura: hay que poner en práctica la palabra y no contentarse con oírla. La enseñanza de Jesús es clara: la impureza de nuestro interior se materializa en nuestros actos perjudicando nuestra relación con Dios y los hermanos. Menos mal que el Señor nos regaló el sacramento de la penitencia que nos devuelve al amor del Padre y la pureza de corazón.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Monseñor Rico Pavés visita a las Hermanas Agustinas en la festividad de San Agustín de Hipona

0

El Sr. Obispo de Asidonia-Jerez visita y celebra la Eucaristía en el Convento de Santa María de Gracia de Jerez de la Frontera.

El Convento de Santa María de Gracia de Jerez de la Frontera ha acogido hoy la visita de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. El prelado, ha celebrado la Eucaristía junto a las Hermanas Agustinas residentes en este convento de la ciudad sede de la Diócesis. Tras la visita durante este mes de agosto de varios conventos pertenecientes a la vida contemplativa de la Iglesia Asidonense por toda la geografía diocesana, Monseñor Rico Pavés ha querido conocer en la festividad de San Agustín de Hipona a las Hermanas Agustinas, quienes están presentes en la Diócesis desde siglo XVI.

En esta celebración, que ha seguido las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el prelado ha recordado la importancia de los santos haciendo referencia a San Agustín de Hipona, festividad que celebramos hoy en la Iglesia. Monseñor Rico Pavés ha destacado que debemos ver la vida de los santos como vida de ejemplo para nosotros, siendo también nuestros intercesores para ensanchar nuestro corazón en momentos complicados.

Por otro lado, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha hecho referencia a la importancia de la unidad que debe ser la Iglesia, comenzando esta unión en nuestra vida siendo portadores de la comunión y que a su vez nos sintamos parte de la familia de Dios. Para finalizar, el prelado ha mencionado que siempre debemos seguir a Cristo y mantener esa sed en Él para crecer en nuestro interior.

Por último, tras terminar la celebración de la Santa Misa el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha podido visitar el Convento de Santa María de Gracia, conociendo de esta forma a esta realidad eclesial como es la vida contemplativa que tan importante es con su oración para el sostenimiento de la Iglesia universal.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Comunicado oficial del Obispado de Cádiz y Ceuta

0

Ante las opiniones publicadas en algunos medios de comunicación sobre la atención a los emigrantes en la Comunidad de Ceuta por parte de la Iglesia, este obispado se ve en la necesidad de precisar lo siguiente:

  1. En ningún momento de esta crisis migratoria las autoridades de Ceuta han solicitado a la diócesis las instalaciones de Nazaret; por tanto, no es cierto que la iglesia diocesana se haya negado a ceder dicho inmueble para acoger a los menores, porque nadie lo ha solicitado.
  2. Como se ha manifestado en las recientes informaciones, dichas instalaciones de Nazaret están en estado ruinoso e inhabitable, razón por la que tuvieron que ser canceladas. En los años posteriores a su desalojo en el año 2015 el deterioro se ha agravado y no pueden ser habitadas sin una profunda remodelación, y sería asumir un riesgo sin las garantías necesarias para la integridad de las personas.
  3. La diócesis de Cádiz y Ceuta trabaja intensamente con los emigrantes, a los que socorre en las dos orillas del Estrecho. En el curso pasado atendió cerca de tres millares de migrantes de diversos modos y en sus variadas necesidades.
  4. En la reciente crisis migratoria la iglesia de Ceuta ha estado permanentemente presente, desde el inicio, atendiendo con ayuda humanitaria a los emigrantes, tanto adultos como menores, y en permanente colaboración con las autoridades de la ciudad. Tanto la Delegación de Migrantes con sus trabajadores en sus instalaciones como Cáritas Diocesana han socorrido a diario a centenares de emigrantes. Durante muchos días los voluntarios han repartido 600 y hasta 700 bolsas de comida, y se ha hecho una llamada a colaborar en la que han participado personalmente o con sus numerosos bienes, también de Cádiz y de otras diócesis.
  5. Esta actividad ha sido alentada y acompañada desde el primer momento por el Sr. Obispo que se ha desplazado tres veces en un mismo mes a la ciudad y se ha reunido con los equipos y hecho presente en las actividades, incluso en el reparto de alimentos, siempre en continua comunicación con las autoridades locales así como con Cáritas Nacional y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Virgen de la Sierra bajará en un vehículo adaptado a Cabra

0

Debido a la situación actual, no se podrá celebrar la tradicional “Bajá” pero sí los actos en su honor

Cabra ya se prepara para recibir a María Santísima de la Sierra con motivo de su anual bajada a la localidad, una bajada que por segundo año consecutivo se hará de manera íntima.
El Hermano Mayor de la Archicofradía, Antonio Cano, ha informado este viernes en rueda de prensa de las decisiones adoptadas para el traslado que tendrá lugar el próximo día 4 de septiembre. Se realizará a las nueve de la mañana desde su Santuario en el conocido vehículo adaptado hasta la parroquia de la Asunción por el recorrido acostumbrado cada 4 de septiembre desde la Barriada Virgen de la Sierra.
Ese mismo día, a las cuatro de la tarde, se abrirán las puertas de la parroquia de la Asunción, quedando expuesta la Sagrada Imagen en veneración extraordinaria prolongándose durante el resto de la jornada, así como durante el domingo día 5, de 8:30 a 22:30 horas de forma ininterrumpidamente (salvo en las horas de misa).
El Hermano Mayor ha querido animar a la ciudadanía a que, como cada año, se adornen los balcones y casas para recibir a la Santísima Virgen, y “rogamos se respeten la distancia interpersonal y el resto de medidas de prevención vigentes”. Asimismo, ha pedido la intercesión de la Virgen de la Sierra para alcanzar el fin de esta pandemia.

A continuación, adjuntamos el cartel alusivo a los cultos principales que de forma tradicional dedica la Real Archicofradía a su Sagrada Titular.


La entrada La Virgen de la Sierra bajará en un vehículo adaptado a Cabra apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

0

Es frecuente que a los párrocos se nos pregunte: ¿esta misa vale para mañana? O ¿hasta qué momento de la misa puedo llegar para que se considere que he oído misa completa y cumpla con el precepto dominical? Estas preguntas y otras similares son expresiones de fariseísmo que quedan en nuestra práctica religiosa. Por fariseísmo no hemos de entender hipocresía, sino una manera de entender la relación con Dios que se fija más en las formas exteriores que en la actitud del corazón.

Frente a estas preguntas que habitualmente se hacen, Jesús enseña que el cristiano debería preguntarse: si hoy he asistido a una celebración de la misa en la que hemos pedido a Dios el descanso eterno de algún conocido o familiar, ¿tanto sacrificio me supone participar mañana domingo de la celebración de la misa con la comunidad parroquial? O, si he llegado tarde a misa ¿es por pereza y apatía o porque realmente no he podido llegar a la hora correcta? En realidad, Jesucristo pide a sus discípulos que no se preocupen tanto de la letra de la ley, sino que se preocupen por el espíritu de la norma. Dicho en palabras más contundentes: que se preocupen por cómo viven en su corazón su relación con Dios.

Cuando una persona se centra solo en el cumplimiento de la norma sin que haya implicación del corazón, cae en el fariseísmo y en la reducción de la religión a una carga insoportable. Trampa en la que han caído muchos hermanos nuestros y, por eso, han abandonado la vida cristiana. Por otro lado, vivir la fe solo a partir de los dictados del propio corazón sin atender a las normas y mandamientos, lleva a apartarse de la comunidad a la que Cristo legó los dones de la salvación; la Iglesia. Lleva al individualismo excluyente, a un intento de autosalvación en la que ni siquiera Dios parece necesario.

Jesús nos enseña que en la vida cristiana debe existir un equilibrio entre la norma y el corazón. De hecho, las normas o mandamientos son solo el camino que sirve al corazón para crecer en el amor. Por eso, no debe establecerse una disyuntiva entre el cumplimiento de las normas establecidas y el sentimiento del corazón. La experiencia de Dios y, por tanto, la vida religiosa, abarca la totalidad de la persona, siendo el amor el resultado de ese encuentro con Dios. Pero esto no debe llevarnos a despreciar aquellas orientaciones que la vida y experiencia de la Iglesia nos propone como testigos que nos orientan en nuestro caminar y crecimiento religioso. Hay que buscar el crecimiento del amor a Dios sin descuidar el cumplimiento de nuestras obligaciones.

Victoriano Montoya Villegas

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés