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«Lo mejor que podemos hacer es visitar estos pueblos, para que se sientan queridos y acogidos»

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Mientras celebramos el Tiempo de la Creación, que concluirá el próximo 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, patrón de la ecología, hemos sufrido con uno de los incendios más violentos vividos en la provincia, que arrasó 10.000 hectáreas en Sierra Bermeja y el Valle del Genal. Son muchas las oraciones que se elevaron, por toda la diócesis, y los agradecimientos a tantas personas que se implicaron en su extinción. Hasta la lluvia se hizo presente. Unas semanas después, ¿ha dejado de ser noticia el Valle del Genal?

Gerardo Rosales es el párroco de Alpandeire, Júzcar y Faraján. Ha vivido y sufrido con cada uno de los vecinos este tiempo de angustia, pero de también de «solidaridad hasta el extremo».

«Son pueblos muy solidarios en los que cuidan unos de otros, es más, no hay ninguna familia con necesidades porque siempre se están ayudando. Con el incendio podríamos decir que se ha visto aún con más claridad la solidaridad que ya se vivía en el día a día», explica Gerardo y añade que ahora, «lo mejor que podemos hacer es visitar esos pueblos para que se sientan queridos y acogidos, y para que renazca el turismo que tenían, pues sigue habiendo un paisaje precioso. Es una forma de ayudar a que estos pueblos vayan saliendo adelante y que sientan que no se les olvida. Pues ya no son noticia, pero ellos siguen luchando todos los días».

Inmaculada Núñez fue maestra el curso pasado en varios colegios de estos pueblos. «No sé cómo describiros lo vivido estos días», afirmaba, «el Valle del Genal, el cual tuve la gran suerte de descubrir en profundidad y transitar casi a diario el curso pasado, se convirtió para mí en un entorno incomparable y singular, en uno de los paraísos de la Serranía de Ronda. Ahora, pasados apenas unos días, tengo la certeza de que en el Valle del Genal hay muchísima gente dispuesta a cambiar el color negro que lo rodea por el verde y todos unidos, con muchísimas imaginación y con muchos más recursos de los que se podían imaginar, gracias a la solidaridad de todos, han llegado hasta allí. Algún día el color verde volverá a resplandecer en ese valle. Aún así, me gustaría pedir que sigamos rezando por estos pueblos, por su futuro ahora mismo incierto».

Son muchas las iniciativas que ya se están poniendo en marcha en diversos puntos de la diócesis. La Hermandad del Sepulcro, en Málaga, ha hecho pública una decisión que tomó cuando aún no se había extinguido el incendio: «reservar una partida de su bolsa de caridad para colaborar en las labores de reforestación cuando llegue el momento. De esta forma, queremos actuar en dos sentidos: por un lado, adquiriendo plantones de árboles y arbustos autóctonos, y también con el ofrecimiento de acudir en persona, con un equipo de hermanos, a participar directamente en la replantación. La iniciativa ha tenido muy buena acogida y son muchos los hermanos que en estos días se han puesto en contacto con la directiva de la Hermandad para participar en el proyecto que, por supuesto, será articulado a través de las entidades y asociaciones especializadas en temas de reforestación», explica Nacho Morán, teniente de hermano mayor del Sepulcro de Málaga.

Por su parte, Antonio del Río, seminarista diocesano cuyos abuelos y padres son naturales de Pujerra, nos invita a «actuar con fraternidad generosa, apoyando y participando en lo que se organice y aportando, sobre todo, esperanza en la pronta recuperación de esta parte de nuestra casa».

«Pujerra es el pueblo de mi padres y mis abuelos por tanto, ahí se ecuentran todas mis raíces. Ahí he vivido muchos momentos muy bonitos, con toda mi familia, por sus cuestas y plazoletas y, sobre todo, entre sus castañas, que justo por estas fechas es cuando todo se prepara para la temporada de la castaña. Es un lugar para mí muy especial, casi desconocido por muchos: la montaña, el bosque, y un pueblo que es una familia. Hasta mi nombre lo llevo por el que es su patrón, san Antonio de Padua. El incendio que ha afectado a la zona lo he vivido con mucho sufrimiento y rabia. Soy una persona a la que le encanta el campo y me duele ver todo lo que se pierde en un momento y, más aún, cuando cuesta la vida de una persona y había tantas otras en riesgo. Lo peor, sin duda, fue cuando el fuego tomó la dirección hacia los pueblos y tuvieron que ser evacuados, con la incertidumbre de no saber hasta dónde iba a alcanzar. Por otro lado, estoy orgulloso del trabajo que han hecho los profesionales que han evitado que todo fuera a más; y también doy gracias a Dios porque la lluvia ayudó también a terminar con el fuego. Yo creo, sin duda, que esta tragedia nos llama a no ser indiferentes. Nos está diciendo que está pasando algo, que hay un problema y se manifiesta de esa manera: la dejadez del medio rural. Creo que, de fondo, motivada por una visión muy materialista de las cosas, por la tentación de la rentabilidad económica. Cuando nos dejamos llevar por estas tentaciones caemos en lo que el Papa Francisco llama la «cultura del descarte». Yo creo que estos pueblos del Genal están sufriendo esto. Hay como una pereza en invertir allí y se va dejando… son descartados de las inversiones. Pienso que es necesaria una conciencia cristiana del mundo como la casa de todos que Dios creó para nosotros y nos mandó cuidar. Es nuestra responsabilidad lo que hacemos con ella y, como todos somos hijos de Dios, todas las personas somos importantes, los que viven en los pueblos también. Por eso, hay que actuar con fraternidad generosa, apoyando y participando en las cosas que se organicen y aportando, sobre todo, esperanza en la pronta recuperación de esta parte de nuestra casa«.

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Antiguos alumnos de El Monte restauran la Virgen de Lourdes de la Gruta de Gibralfaro

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El viernes 24 de septiembre, a las 18.00 horas, tiene lugar, en la Capilla del Colegio sagrada Familia El Monte FESD de Málaga, la bendición de la imagen de la Virgen de Lourdes que estuvo más de 40 años en la Gruta del Colegio y ha sido restaurada recientemente, gracias a la aportación de Antiguos Alumnos, para que continúe su culto en la capilla del Colegio.

El acto estará presidido por los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, muy unidos a la actividad educativa y pastoral del colegio como sus capellanes a partir de este curso. En cicho acto se hará entrega de agua traída del mismo manantial de Lourdes como recuerdo de este día tan especial para el Colegio.

La restauración de la imagen ha sido posible gracias a la donación de la asociación de Antiguos Alumnos, con el objetivo de que «la Virgen puede volver a ser venerada, esta vez, en la Capilla del Colegio. La restauración de la imagen, deteriorada por las condiciones climatológicas y el paso del tiempo ha sido realizada por el taller “Trillo y Lamas”, enriqueciendo y cuidando de esta forma el patrimonio artístico del Colegio», explican desde el centro educativo. 

Colegio El Monte

Este Colegio está presente en la ciudad de Málaga desde 1926 (95 años) y recupera para su patrimonio artístico esta imagen de la Virgen de Lourdes, que se une a la recientemente bendecida imagen de Nuestra Señora de Todas las Gracias, talla procesionada por los jardines del colegio cada Viernes de Dolores. 

Pertenece a la Fundación Educativa Santo Domingo (FESD), que tiene 26 colegios repartidos por toda España, de tradición dominica. Este curso, siguiendo el itinerario pastoral, los alumnos y familias van a vivir un año aPASIONante, haciendo realidad el lema para este año: “El latido que nos mueve. Vive tu pasión”.

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Comienza el III encuentro de acompañantes y coordinadores de grupos parroquiales

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El sábado 25 de septiembre se inaugura en la parroquia de El Salvador el III encuentro de acompañantes y coordinadores de grupos parroquiales.

Están convocados los catequistas y animadores de grupos parroquiales de niños (a partir de 9 años), jóvenes y adultos. La cita tendrá lugar desde las 9.45 a las 13.30 horas, en la parroquia de El Salvador (Puerta Blanca, Málaga).  

«El Encuentro está destinado a todos los que están implicados o van a dedicarse a la tarea de la formación cristiana en el seno de las parroquias. Su objetivo es crear un espacio de ayuda mutua, que permita a cada parroquia fomentar procesos de formación de cristianos maduros y partícipes de la misión de la Iglesia, tanto en la comunidad cristiana como en medio de la sociedad», explican desde Acción Católica General, que son quienes ofrecen este servicio de coordinación y formación de catequistas y animadores, que se prolongará a lo largo del curso en la Escuela de Acompañantes.

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Antonio Collado: «El Señor me invita de nuevo a aportar a la Iglesia»

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Antonio Collado es uno de los nuevos canónigos de la Santa Iglesia Catedral de Málaga. Tras su nombramiento, contó a diocesismalaga.es que lo vive como una nueva oportunidad de servicio y también de crecer en la fraternidad sacerdotal.

«La Diócesis es una familia y en ella los trabajos y las responsabilidades se asumen entre todos con agrado; por eso en primer lugar, ante el nombramiento de canónigo de la Catedral, doy gracias al Señor que me invita de nuevo a aportar, desde mi pequeñez, a la Iglesia en esta nueva responsabilidad. Servir para un sacerdote es un don, un regalo porque es la vivencia más esencial del ministerio presbiteral. También se me ofrece una nueva oportunidad para crecer en la fraternidad sacerdotal al vincularme más estrechamente con mis hermanos canónigos que ya forman parte del Cabildo de la Catedral. La comunión del presbiterio tiene muchas áreas donde se vive y experimenta, deseo de corazón que en este nuevo ámbito pueda ahondar la vivencia de la amistad y la cercanía con mis hermanos sacerdotes. Y por último, la Catedral, es el primer templo de la Diócesis y como D. Jesús indico en la homilía de la toma de posesión; a los canónigos nos corresponde cuidar con esmero la liturgia para ser un foco de irradiación para toda la comunidad diocesana, colaborado así con el Sr. Obispo que ejerce entre nosotros como el primer animador de la liturgia y de la celebración de los sacramentos. Por todo ello, sólo puedo manifestar mi gozo y agradecimiento a los canónigos que me han propuesto para compartir con ellos esta responsabilidad y a D. Jesús, nuestro Obispo que de nuevo a confiado en un servidor para esta nueva encomienda. Todo sea para mayor gloria de Dios». 

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Antonio Collado: «El Señor me invita de nuevo a aportar, desde mi pequeñez, a la Iglesia»

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Antonio Collado es uno de los nuevos canónigos de la Santa Iglesia Catedral de Málaga. Tras su nombramiento, contó a diocesismalaga.es que lo vive como una nueva oportunidad de servicio y también de crecer en la fraternidad sacerdotal.

«La Diócesis es una familia y en ella los trabajos y las responsabilidades se asumen entre todos con agrado; por eso en primer lugar, ante el nombramiento de canónigo de la Catedral, doy gracias al Señor que me invita de nuevo a aportar, desde mi pequeñez, a la Iglesia en esta nueva responsabilidad. Servir para un sacerdote es un don, un regalo porque es la vivencia más esencial del ministerio presbiteral. También se me ofrece una nueva oportunidad para crecer en la fraternidad sacerdotal al vincularme más estrechamente con mis hermanos canónigos que ya forman parte del Cabildo de la Catedral. La comunión del presbiterio tiene muchas áreas donde se vive y experimenta, deseo de corazón que en este nuevo ámbito pueda ahondar la vivencia de la amistad y la cercanía con mis hermanos sacerdotes. Y por último, la Catedral, es el primer templo de la Diócesis y como D. Jesús indico en la homilía de la toma de posesión; a los canónigos nos corresponde cuidar con esmero la liturgia para ser un foco de irradiación para toda la comunidad diocesana, colaborado así con el Sr. Obispo que ejerce entre nosotros como el primer animador de la liturgia y de la celebración de los sacramentos. Por todo ello, sólo puedo manifestar mi gozo y agradecimiento a los canónigos que me han propuesto para compartir con ellos esta responsabilidad y a D. Jesús, nuestro Obispo que de nuevo a confiado en un servidor para esta nueva encomienda. Todo sea para mayor gloria de Dios». 

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Comentario al evangelio del domingo 26 de septiembre

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El sacerdote Francisco Castro, párroco de Santa Inés, en Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio de este domingo, 26 de septiembre, Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (Mc 9, 38-43.45.47-48).

Los pequeñuelos son la debilidad de Jesús. Están siempre cerca y todos nosotros, en algún momento de la vida, pertenecemos a este grupo. A ellos están destinados los milagros, para ellos han de multiplicarse los signos del Reino. Tales signos necesitan la mediación de unas manos generosas, unos pies diligentes, unos ojos compasivos. El Señor mismo los suscita en todas las personas de buena voluntad, gente de corazón bueno que, acaso, «no son de los nuestros», no comparten nuestras creencias o nuestras costumbres. El Espíritu del Señor hace surgir por doquier estos signos, que son un testimonio y una alegría para todos.

A sus discípulos, Jesús nos propone una “revisión técnica del apóstol”. Igual que los vehículos necesitan un examen periódico del motor, así nosotros lo necesitamos de las raíces (la radicalidad) de nuestra vida de discípulos y apóstoles. No vale cualquier motor para recorrer los caminos del Evangelio.

Necesitamos un examen de mano, es decir, de acciones: lo que se ve (lo que me ven o hago para que me vean…) y lo que no se ve. Para andar con Jesús hay que saber decir sí o no: rezo o no rezo, trabajo o no trabajo, pongo o no la mano en el arado… Las medias tintas no sirven. ¿Cuál es mi “plan de vida” para este curso?

También hay que revisar el pie. Mi camino ¿sigue las huellas de Jesús? Mis proyectos ¿son los de Jesús? ¿Conduce el mapa de mi vida a Jerusalén? ¿O quizá me lleva a una vida muy interesante, pero muy cómoda y libre de preocupaciones?

Y es imprescindible un examen de ojo, esto es, de valores, de criterios. Para comprobar si he adquirido la misma sensibilidad de Jesús, su debilidad hacia los pequeños. Y todos hermanos, todos iguales. ¿Lo veo o no lo veo? Pues hay que verlo, porque así lo veía él.

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Prioridades pastorales para el curso 2021-2022

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Con el fin de «caminar juntos» (sinodalidad), la Diócesis de Málaga asume unas prioridades diocesanas que ayudan a concretar y reforzar algunos aspectos de la tarea pastoral. Es una manera de que todas las comunidades cristianas entren en sintonía y caminen unidas siguiendo un mismo proceso que asumimos como Diócesis.

Decarga aquí las Prioridades Pastorales para el curso 2021-2022.

Como en años anteriores las prioridades han sido elegidas mediante un proceso de colaboración y discernimiento en el que han participado los diversos organismos diocesanos, te- niendo en cuenta la Iglesia universal, la Iglesia que peregrina en España y las urgencias pastorales de nuestra Diócesis.

Primera prioridad para el presente curso: Caminar unidos después del Congreso. Primer anuncio y evangelización

El Congreso de laicos, celebrado en Madrid en 2020, pro- puso cuatro itinerarios: primer anuncio, acompañamiento, pro- cesos formativos y presencia en la vida pública. El curso pasado hicimos una reflexión-marco sobre los mismos. A partir de ahora queremos asumir uno de estos itinerarios para cada curso pastoral venidero.

En el presente curso profundizaremos en el primer anuncio, que invita a realizar un itinerario de fe para el encuentro con Cristo y llevar una vida cristiana configurada con el Señor y ayudada por la gracia sacramental.

Los principales destinatarios son aquellos que no conocen a Jesucristo (los no cristianos); y los cristianos que han recibido de manera insuficiente el primer anuncio del Evangelio.

Segunda prioridad: Ser cristianos en el espacio público. Custodios de la belleza de la familia

Seguimos profundizando en la presencia de los laicos en la vida pública como testigos de la fe, llamados a transformar el mundo con la luz del Evangelio.

Acotamos esta presencia pública en el marco de la fami- lia con motivo de la celebración del «Año de la Familia», a la que el papa Francisco nos ha convocado para conmemorar el quinto aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia; y también el 150 aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia universal por el papa Pío IX.

Tercera prioridad: Un camino sinodal

El papa Francisco ha convocado la XVI asamblea gene- ral ordinaria del Sínodo de los Obispos con el título: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión»; y desea que toda la Iglesia participe de manera capilar en este proceso sinodal.

El Santo Padre dará comienzo a la primera etapa de este camino sinodal en Roma en los días 9-10 del próximo octubre; y el resto de diócesis de todo el mundo lo hará el día 17 de octubre, siguiendo después las etapas previstas hasta la celebración de la Asamblea sinodal en octubre de 2023. El Papa nos invita a todos los miembros del pueblo de Dios a participar en este proceso sinodal, «caminando juntos como Iglesia».

Para vivir la sinodalidad se necesita de una espiritualidad que nos ayude a caminar junto a Cristo y escuchar al Espíritu Santo. El papa Francisco nos recordaba: «Debemos ser precisos, cuando hablamos de sinodalidad, de camino sinodal, de experiencia sinodal. No es un parlamento, la sinodalidad no es hacer el parlamento. La sinodalidad no es la única discusión de los problemas, de diferentes cosas que hay en la sociedad… Es más. La sinodalidad no es buscar una mayoría, un acuerdo sobre soluciones pastorales que debemos hacer. […] No puede existir sinodalidad sin el Espíritu, y no existe el Espíritu sin la oración. Esto es importante»(3).

Papa Francisco, Discurso a los miembros del Consejo Nacional de la Acción Católica Italiana, 3. Roma, 30.04.2021.

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4 OCTUBRE: Itinerarios de la experiencia de Dios I

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El Centro de Pastoral Pedro Arrupe comienza una nueva convocatoria de los itinerarios de la experiencia de Dios, un modo de introducir la oración en la vida diaria inspirados en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola para ayudar a la eprsona a tener una experiencia de encuentro con Dios y poder mirar desde ahí su vida de otroa manera.

Da comienzo el lunes 4 de octubre a las 20.00 horas con una oración de acogida y bienvenida.

Las inscripciones (hasta el 20 de septiembre) pueden hacerse a cppa@jesuitas.es o cppa@gmail.com, por teléfono al 952210500 y en la sacristía (plaza de san Ignacio 2, Málaga), indicando nombre y apellidos, teléfono de contacto y correo electrónico.

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Catástrofes: ayuda espiritual, psicológica y emocional

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AYUDA ESPIRITUAL Y PSICOLÓGICA EN LAS CATÁSTROFES

Vea también:

– Juan Pablo II: Carta Apostólica “Salvifici Doloris” (El valor salvífico del sufrimiento) – 29 de marzo 1984

– El sufrimiento humano

– Catástrofes

La pérdida irreparable de los seres queridos ha dejado un profundo dolor, angustia, desesperación y terribles traumas entre los supervivientes. La grave situación de los supervivientes es la de “los vivos que envidian a los que han muerto”, como lo he escuchado de otras personas…

 

 

 

 

Descargue:
– Ayuda espiritual
– Auxilios psicológicos y emocionales
– Ayuda psicológica

Artículos relacionados:

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Siendo de condición divina, se hizo hombre para transitar por el camino de la pasión y de la cruz

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Homilía del Domingo XXV del T. O. Fiesta del Santísimo Cristo de la Luz

Lecturas bíblicas: Sb 2,12.17-20; Sal 53,3-6.8 (R/. «El Señor sostiene mi vida»); St 3,16-4,3; Aleluya: 2Ts 2,14 («Dios nos llamó por medio del Evangelio»); Mc 90,30-37.

Queridos hermanos y hermanas:

Un año más nos congrega con gozo el amor a Cristo Crucificado, manifestado en esta devoción popular multitudinaria a la sagrada imagen de nuestro Redentor, el Santísimo Cristo de la Luz, que desde el madero de la cruz ilumina como potentísimo foco de gracia redentora la vida de los hombres. Contemplando la llegada de los peregrinos para postrarse ante la imagen sagrada del Crucificado, vemos con gratitud al Señor cuánto ha crecido a lo largo de los años la muchedumbre que llega a esta iglesia parroquial de Santa María de Ambrox, de esta histórica villa de Dalías. Vienen a vivir el abrazo del Crucificado, que con los brazos extendidos en la cruz los acoge y les da entrada en su corazón abierto por la herida del costado. ¿Quién puede borrar de su retina la bajada de la sagrada imagen con la iglesia abarrotada de devotos que levantan sus manos hacia el Cristo de la Luz? Confieso que siempre he sentido la emoción de ver en este acto de piedad sublime cumplidas las palabras del Señor recogidas en el evangelio de san Juan: «Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32).

Hoy el evangelio nos abre a la reflexión comunitaria en la fiesta del Santísimo Cristo de la Luz sobre el misterio de amor que es la cruz de Jesús. El Hijo de Dios se hizo hombre para liberar del pecado y de la muerte eterna a la humanidad alejada culpablemente de su Creador y, «apareciendo en su porte como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz» (Flp 2,7.8). El Hijo de Dios, siendo de condición divina e invisible, engendrado en el seno del Padre desde toda la eternidad, por su encarnación se hizo hombre para transitar por el camino de la pasión y de la cruz y derramar su sangre por amorosa iniciativa de Dios Padre, para que la humanidad entrara con él en alianza en la preciosa sangre redentora de su Hijo, expresión suprema del amor de Dios por el mundo.

El domingo pasado el evangelio recogía el primer anuncio de la pasión que Jesús comunica a sus discípulos, un anuncio que provocó la recomendación de Pedro a Jesús para que apartar de él el pensamiento de la pasión. Pedro como los demás discípulos no podían aceptar la idea de que el Mesías tuviera que padecer. No comprendían la idea de un Mesías sufriente, tal como Jesús hablaba de sí mismo después de haber reconocido ante ellos que, en verdad, él era el Mesías y haberles pedido a los discípulos que no lo dijeran a nadie. Los evangelios sinópticos nos transmiten hasta tres anuncios de la pasión por boca del propio Jesús, el evangelio nos ofrece el segundo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (Mc 9,31). El evangelista añade: «Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle» (Mc 9,32), dejando claro que la idea de un Mesías sufriente les resulta extraña y difícil de conciliar con idea del Mesías más común de la tradición judía.

Contrasta el dramatismo de esta primera parte del pasaje evangélico que hemos escuchado con lo que sigue a continuación, que deja ver hasta qué punto no entendían cuanto Jesús les decía y cómo estaban prisioneros de una idea mundana del reino de Dios, cuya llegada anunciaba Jesús y ellos mismos habían sido incorporados por Jesús a su anuncio. Su idea del reino de Dios era terrena, porque concebían el reino de Dios como un reino del mundo, en el cual Israel había de ver colmadas su esperanza histórica de ver la consolidación soberana de Israel como nación y su exaltación por Dios al dominio universal. Por eso habían discutido por el camino quién era el más importante, del mismo modo que poco más delante de este pasaje vemos a los hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, pedir a Jesús la concesión de sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en su reino (cf. Mc 10,37). La respuesta de Jesús fue sin duda desconcertante para ellos, como sigue siendo para nosotros: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Jesús les puso a continuación como ejemplo del comportamiento que esperaba de ellos la falta de ambición de un niño.

Es necesario que volvamos sobre este segundo anuncio de la pasión por Jesús, para comprender que los sufrimientos de Cristo tienen un valor redentor universal y forman parte de designio de Dios. El acecho de los malvados al justo, contenido de la lectura del libro de la Sabiduría que hemos escuchado en primer lugar, es la figura profética de los sufrimientos y muerte redentora del Hijo de Dios, único y verdadero Justo, porque es el Santo de Dios, cuya muerte provoca el llanto de cuantos le amaron, como recita la antífona de laudes del Sábado Santo: «Harán llanto como por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor»[1].

Toda la maldad del mundo se concentra el pasión y muerte del Justo, al que los malvados pretenden poner a prueba para constatar si resiste el sufrimiento y ver si Dios viene a salvarlo. El cinismo blasfemo de los verdugos no tiene límite: «Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos… lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura… lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él» (Sb 18.19.20). De este sufrimiento redentor del Justo libremente asumido habla el tercer cántico del Siervo de Dios, como vimos el domingo pasado, que confiesa su fe inquebrantable en el auxilio de Dios: «Mi Señor me ayudaba, por eso no sentía los ultrajes; por eso ofrecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado» (Is 50,7). Hoy hemos recitado con el salmo 53, que el Señor, en verdad, sostiene la vida del justo y es su auxilio frente a la violencia de los malvados (cf. Sal 53,6).

Tanto el Siervo sufriente del Señor como el justo asaltado por los malvados adelantan en su figura la pasión del Señor, sobre quien Dios cargó el castigo de los pecadores rebeldes contra los mandamientos de Dios, pero Dios había previsto en su designio que el sufrimiento de Cristo Jesús fuera causa de redención de los pecadores. Nos salvamos por la fe en su nombre, porque el Cristo de Dios fue crucificado para que nosotros pudiéramos ser declarados justos por aquel intercambio que llevó a Jesús a la cruz y que san Pedro menciona ante el sanedrín con estas duras palabras de denuncia: «Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida» (Hch 4,14-15).

Es escarnio del justo maltratado hasta la muerte por los malvados llega hasta el Crucificado exánime, que soporta la blasfemia que profieren sus enemigos: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar… que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos… Dejad, a ver si Elías viene a bajarlo» (Mc 15,31-32.36). Los discípulos no ignoraban, dice san Juan Crisóstomo, que Jesús iba a morir, porque él se lo decía, pero no sabían «qué muerte había de ser aquella, y como había de terminar rápidamente y los bienes inmensos que había de producir, todo eso no lo sabían a ciencia cierta, lo mismo que ignoraban totalmente qué cosa fuera, en fin, la resurrección. De ahí su tristeza, pues no hay duda de que amaban profundamente a su Maestro»[2].

Se entristecieron no pudiendo soportar el anuncio de la pasión y su tristeza procedía, añade el santo doctor Crisóstomo en el mismo lugar, porque su tristeza procedía de cuanto ignoraban, desconocían la fuerza de las palabras del Señor. No habían penetrado en el sentido de las Escrituras plenamente, porque la idea que tenían del Mesías no era la de un Cristo sufriente. En realidad, desconocían las Escrituras, porque desconocían el alcance redentor del sufrimiento, aunque habían leído a Isaías y a los profetas, que hablar del valor redentor del sufrimiento del Siervo del Señor: «El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida como expiación… Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos» (Is 53,11). No habían reconocido que Cristo es el contenido de las Escrituras que leían en la sinagoga los sábados. El Resucitado así se lo recrimina a los discípulos desencantados de Emaús, explicándole cómo el dolor y sufrimientos de Cristo eran designio de Dios para salvarnos y así lo habían profetizado Moisés y los profetas (cf. Lc 24,25-27).

La fe nos abre al amor redentor de Dios que en la pasión de Cristo se revela como amor hasta el extremo, ejemplo para los discípulos del Crucificado que han de comportarse ante los hombres como constructores de la paz, poseyendo aquella sabiduría que viene de arriba y es amante de la paz y da como fruto la justicia. Frente a la búsqueda del placer ciego y sin orientación humana, la obediencia de la fe es docilidad a «la sabiduría que viene de lo alto, que es intachable, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sincera» (St 3,17). Quien posee esta sabiduría se abre a la luz del mundo que irradia la cruz del Calvario, porque de ella pende crucificado el Hijo de Dios, que ha venido al mundo como luz para que nosotros nos veamos libres de las tinieblas (cf. Jn 12,46).

Hermanos, llevemos al mundo la luz del que fue crucificado por los pecados de los hombres, pero resucitó de entre los muertos; y anunciemos el evangelio de la vida que dimana de las heridas de Cristo, que han sanado las nuestras. Evangelizar es anunciar a Cristo muerto y resucitado por amor al mundo, y ofrecer a nuestros contemporáneos un ejemplo de vida acreditada por las obras de amor que hagamos, porque son las obras las que hablan de nuestra fe y hacen creíble el mensaje (cf. St 2,18). El amor de Jesús por los niños es la imagen del amor por los pequeños y desconsiderados de la sociedad, y por eso mismo el ejemplo que Jesús quiere ofrecer a sus discípulos movidos de la pretensión de ocupar los primeros puestos. Acoger «en su nombre» a los pequeños y a los que la sociedad coloca en sus márgenes es acoger a Jesús, porque son pertenencia suya; y acogerle a él es acoger a aquel que le ha enviado, el Dios creador y redentor (Mc 9,36→Mt 10,40)[3].

Que María, la Madre de Cristo Redentor, nos ayude a no aparatarnos jamás de Cristo y caminemos siempre a su luz.

Iglesia parroquial de Santa María de Ambrox

Dalías, a 20 de septiembre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Liturgia de las Horas: Antífona del Sal 63 de Laudes.

[2] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el evangelio de san Mateo 58,1): PG 58,565: BAC 146,217.

[3] Mt 10,40 es probablemente el dicho más antiguo de las variantes del mismo en todo el Nuevo Testamento: cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II (Salamanca 1986) 65-66.

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