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Luis Sánchez nuevo presidente de Acción Católica General en Córdoba

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Ha sido elegido en la Asamblea Diocesana que se ha celebrado este domingo, 26 de septiembre, en el Obispado

Luis Sánchez Montero ha sido elegido presidente de la Acción Católica General en Córdoba en la Asamblea Diocesana que se ha celebrado en el Palacio Episcopal. Luis sustituye en el cargo a Salvador Ruiz que ha ocupado el puesto los últimos ocho años. Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la Asamblea y en su intervención ha resaltado que los laicos y los seglares en la vida de las parroquias son “abundantísimos”. La Acción Católica está “dirigida, presidida y articulada por los laicos” ha apuntado el prelado. Ha animado a los laicos de la ACG a “despertar y ponernos en marcha para este curso que comenzamos” y les ha recordado que “hay mucha tarea por delante que realizar”. Monseñor Demetrio Fernández ha terminado su intervención agradeciendo al presidente saliente, Salvador Ruiz, su servicio durante los últimos ocho años, que “ha cumplido con creces”, y al nuevo, Luis Sánchez, le ha dado la bienvenida y le ha agradecido la “generosidad” de aceptar el cargo, además le ha pedido que “no tema porque entre todos esto irá adelante”.

Jesús Poyato, consiliario diocesano de la Acción Católica General, ha recordado que la Acción Católica es el laicado de la parroquia organizado en torno a su párroco y al Obispo en el itinerario de “maduración cristiana” que comprende desde los niños hasta los adultos. La implantación de la Acción Católica en la Diócesis se ha debido a la buena acogida del laicado en las parroquias, al impulso de los sacerdotes, pero sobre todo se ha podido llevar a cabo por “el inmenso impulso de nuestro Obispo, que ha apostado muy firmemente por la ACG en nuestra Diócesis”.

Durante la Asamblea Salvador Ruiz ha presentado el material de formación diocesano que se ha elaborado este año y la programación del nuevo curso pastoral a los seglares de los grupos parroquiales, así como a los distintos representantes de los arciprestazgos que se han dado cita en el Palacio Episcopal. Tras la reunión los asistentes han participado en la eucaristía presidida por el Obispo en la Santa Iglesia Catedral.




















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“Mujer que acompañas al nuevo Adán y eres comienzo de la nueva humanidad expresas”

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Homilía en la Eucaristía con el Cuerpo de hermanos palieros de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, el 26 de septiembre de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios, elegido desde los orígenes del mundo y a través de los siglos (y que en esta mañana nos reunimos aquí como un pequeño “cogollito” de esa realidad que abarca de Oriente y Occidente, que es el santo pueblo de Dios -sacerdotes y fieles laicos-, al que todos pertenecemos gozosamente):

Sí, gozosamente de pertenecer a este pueblo, que es lo más bello que existe en la tierra y lo más bello que existe en la historia humana. El espejo de este pueblo, su realización más plena, la más acabada, la más perfecta, la que nos ha abierto el camino es esta “hija de Adán” y, al mismo tiempo, Madre de Nuestro Señor Jesucristo: la Virgen María. A ella referimos los elogios que hace el libro de Judith que había salvado de adversarios muy potentes al pueblo de Israel: “Tú, dichosa entre las mujeres. La más bendecida porque has librado al pueblo de sus enemigos”.

Nosotros sabemos que nuestro Salvador y Redentor es Jesucristo, tu Hijo, que, aquí, en esta imagen preciosa y venerada por todos los granadinos y por muchas otras personas en el mundo (y en el Nuevo Mundo también), Virgen de las Angustias tienes muerto en tu regazo. Muerto de amor. Y no muerto de amor como se muere de amor en las novelas románticas, porque “obras son amores y no buenas razones”. El Señor dijo claramente antes de morir “nadie me quita la vida, Yo la doy porque quiero”. Y mucho antes todavía: “El Hijo del hombre ha venido a morir y a dar Su vida en rescate por muchos”. No hay mayor amor que éste de dar la vida por aquellos a los que uno ama. Eso dice el Evangelio de San Juan en el comienzo de la Última Cena, y de la Pasión del Señor: “No hay mayor amor”.

Y Tú, el Hijo de Dios, en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad, has querido revelarnos que Dios es Amor yendo hasta el final. Yendo hasta el fondo más oscuro de nuestro sufrimientos, de nuestras penas, de nuestras angustias, de nuestras dificultades y conflictos. Esos son nuestros enemigos. De los que sólo Tu amor nos libra, porque sólo tu amor es más poderoso en nuestro corazón y en la tierra entera, y en el cosmos, en el universo entero; sólo el amor de Dios es el secreto de toda la Creación y el secreto de toda la historia de salvación, y el secreto de nuestras vidas. Por eso, Tú eres la esperanza de los hombres. Tú eres la esperanza del mundo. Incluso de aquellos que no Te conocen, y que por eso no sienten la necesidad, ni siquiera el deseo de amarTe. Pero ellos mismos son frutos de Tu amor y Tú sí que los amas a ellos como a nosotros, a todos los hombres. Tú que te has unido por Tu Encarnación, de algún modo, a todos los seres humanos.

Has venido a nosotros. Y has venido hasta estar muerto en los brazos de Tu Madre, para revelarnos que el Amor de Dios no se dejaba detener por nada; que no se echa atrás ante ningún obstáculo. Que el Dios infinito, que el Dios que es Amor infinito no se acobarda ante el Misterio del mal que a nosotros a veces nos parece tan poderoso que ni siquiera nos atrevemos a mirarlo de frente, lo escondemos o tratamos de esquivarlo en nuestra vida. Cuando está presente también en todos y nadie vence ese misterio más que el Misterio del amor más grande, más grande que todo, más poderoso que todo, el amor que no se deja vencer por nada y que es la revelación suprema, definitiva, última, del amor que Dios es. Del amor infinito de Dios.

Tu Hijo ha venido a revelarnos ese amor. No un amor genérico a la humanidad, a la utopía de un mundo en paz o cosas así. Un amor por ti y por mi, absolutamente concreto, hasta las fibras más pequeñas de nuestra alma, cuerpo y corazón. Para arrancarnos del poder del pecado, Tú has querido revelarnos que Tu amor es más fuerte que el pecado. Y no sólo nuestros pobres pecados, que son siempre mezquinos, pequeños, miserables, sino los pecados y males de la humanidad entera han sido abrazados en ese abrazo de tu cruz. Pero esa cruz que nos revela el amor de Dios, ese amor hasta la muerte que nos revela que el amor de Dios no tiene límites ni se deja vencer por nada, revela también el significado de nuestra vida, nos pone ante un horizonte nuevo, el horizonte del Cielo. Pero el Cielo no es un sitio con “angelitos”  y nubes. El Cielo eres Tú, Señor. El Cielo es Dios. Hemos sido creados por Dios y nuestro corazón inquieto, lleno de anhelos de felicidad, que habitan en todo ser humano, aun en la persona más “avinagrada”, más amargada por las desgracias, o las dificultades de la vida, su corazón no está hecho para la amargura ni para la desgracia; su corazón está hecho para el amor, para la verdad y la belleza del amor, que es el Misterio de Dios y el Misterio del que nosotros somos imagen y semejanza.

El amor de Dios cambia, por lo tanto, el significado de vivir, de todo, de crecer, estudiar, trabajar, enamorarse, de crear una familia: todo es diferente cuando uno ha conocido el amor de Jesucristo. Se abre ante nuestra vida como un horizonte completamente nuevo, inagotable de paz y de bondad, de bien, de gozo, en consecuencia de esa paz y de ese bien. Eso es lo que tú, Madre, mujer que acompañas al nuevo Adán y eres comienzo de la nueva humanidad expresas. Una mujer con Su hijo muerto en sus brazos, una mujer pobre, de clase humilde, que lo era. Probablemente, con vestidos no muy de fiesta, ni muy brillantes, está ante nuestros ojos vestida de reina. Más que de reina, yo diría que de emperatriz, llena de flores. ¿Cómo es eso posible? Sólo es posible porque tu humanidad representa ya, hecho carne en Ti, esa novedad que es la Redención de Cristo. Esa posibilidad de vivir la muerte de un hijo, y la muerte de un hijo condenado como malhechor, condenado fuera del campamento, fuera de la ciudad; condenado en una de las muertes más ignominiosas que los hombres han podido imaginar o inventar jamás.

Una madre que tiene en sus brazos a un hijo muerto de esa manera no aceptaría ni siquiera ese vestido de fiesta sino fuera porque significa la posibilidad para todos nosotros de vivir nuestra vida y la muerte de un modo diferente. Y cuando digo vida y muerte, digo todo lo que hay de bello, hermoso, que refleja justamente el amor de Dios y el que somos imagen de Dios. Pero que refleja la Redención de Jesucristo, la transformación de ese amor en algo que no es simplemente un sentimiento pasajero, un gozo sentimental, emotivo…, sino que hace que nuestro amor y todo lo que hay de bueno y de bello en la vida de los hombres (lo sabemos nosotros porque conocemos a Jesucristo) sabemos que desemboca en la eternidad de Dios; que desemboca en la vida eterna, que está destinado al cielo, no a la muerte.

Y eso es lo que Tú reflejas iluminando nuestra vida. Pero también iluminas nuestra muerte y no sólo el momento final de la muerte, sino todas las cosas que, de un modo u otro, anticipan la muerte mientras vivimos. Las heridas que nos hacemos. Las heridas que sufrimos porque nos las han hecho. Las incapacidades y limitaciones que nuestra forma de ser tienen. Las pequeñeces que nos consentimos y que hacen daño, o que nos hacemos daños unos a otros. La violencia, las grandes separaciones que crecen y se alimentan hasta públicamente y descaradamente en un mundo que no piensa en más que en acumular riqueza. Y cuando sólo se piensa en eso, se generan muchas pobrezas, muchos sufrimientos; cuando lo que rige la vida social es la avaricia, la envidia, que van siempre juntas. Cuando alguien tiene avaricia y triunfa, está generando a su alrededor mucha envidia por esa misma avaricia. Sólo que no se cumple. En un mundo así, Señor, la medicina de abrir nuestro corazón al Amor de Cristo, de acogernos -como dice el himno a la Virgen de las Angustias- “bajo Tu manto”; de acogernos en ese manto protector del amor de Cristo, que es capaz de cambiar el hielo o la dureza de nuestro corazón en un corazón de carne, que late, y que en su latido es imagen misma de Dios.

Señora, yo veía ayer algunas calles del centro de Granada y me daba cuenta de que estábamos… Yo no recuerdo haber visto Granada nunca con tanta gente y todos tenían conciencia de que venían a una fiesta, pero no todos tenían conciencia del significado de esa fiesta. Yo veía algunas pandas de jóvenes que te das cuenta solo con verlos, les ha vestido el Enemigo; sólo con verlos te das cuenta de lo perdidos que están, de lo confusos que están, de la poca claridad que tienen en el camino de su vida. Aunque, sin duda, sus corazones están lleno de ideales grandes. Muy pronto se acostumbran los jóvenes hoy a pensar que sus ideales son utopías, cosas que no pueden suceder. Que uno no puede ser feliz; que la felicidad no existe.

Por primera vez, hace ya unos pocos años, en nuestro país y en nuestra tierra, tal vez en nuestra Europa, el número de suicidios es superior al número de accidentes de tráfico. Y eso que no se cuenta que los accidentes de tráfico son algunos de ellos formas, también, de suicidio. Y que en un entorno mucho más cercano, en los últimos días, yo he tenido noticias de suicidios de personas jóvenes, en nuestro entorno. Dios mío, eso es el fruto de esa sociedad sin Dios, que nos parece que va a ser tan feliz y no somos felices.

Justo en ese sentido pedimos, Señor, que nos proteja el manto de Tu Madre. Que nos proteja verdaderamente el amor de Dios, que abra nuestros corazones a esa vida nueva que nace de Jesucristo, de la cruz de Jesucristo, cruz gloriosa. Y que se refleja en Tu madre, y que refleja, y nos pone de manifiesto nuestra vocación. Nuestra vocación a dejarnos querer, a coger ese amor, porque es ese amor el que nos cambia, no nuestra fuerza de voluntad, ni nuestro empeño, ni nuestras cualidades. Nada de eso nos salva. Porque si no nos deja caer en pecados más “burdos”, a veces, nos hace caer en la soberbia, o en la vanidad, que son más peligrosos que esos pecados que llamados “burdos”.

Mis queridos hermanos, mi querida Iglesia. Me refiero en primer lugar a la Iglesia de Granada, pero soy consciente que hoy nos acompañan mucha gente de fuera que aman y veneran a la Virgen de las Angustias; que podamos acoger el amor de Cristo, y el amor de Cristo iluminará nuestras vidas, hasta con las mascarillas.

El único privilegio mío es el poder serviros, para que conozcáis a Cristo. El poder servir de instrumento de que descubramos el amor y la vida nueva que Cristo nos da. Nos acogemos a tu cruz y Te pedimos que nos ayudes a estar junto a Tu Madre. Y que podamos ver en cada sufrimiento humano una parte de Tu pasión. Y que podamos vivir nuestros propios sufrimientos como una parte de ese amor redentor que se ha revelado en tu cruz. Y la Iglesia, que ha tenido siempre como lo más valioso de su riqueza, ese amor que permanece en el Sagrario. Pero, en el Sagrario no vemos el sufrimiento como lo vemos en la Virgen de las Angustias o en la liturgia del Viernes Santo: ese amor que se revela en nuestras Imágenes dolorosas que tienen el poder de transformar nuestra vida. También lo tiene la Eucaristía presente en el Sagrario. Pero sólo si comprendemos que esa Eucaristía es la presencia, la permanencia de una gracia que nos sostiene, que nos cambia, y que nos abre a la esperanza de la vida eterna.

Que así sea para quienes estáis aquí, para quienes nos seguís a través de los medios de comunicación. Que así sea especialmente para el cuerpo de Palieros que se beneficia de una forma especial de esta Eucaristía, y que así sea para todos nuestros amigos, todos nuestros hermanos, los hombres.

A la Pasión de Jesucristo no le falta nada más que nuestros dolores, que no habíamos nacido, que no estaban allí. Hoy nuestros dolores, y los de todos los seres humanos (algunos son terribles, pensad en el tráfico de personas o de órganos, refugiados, guerras, los odios y las avaricias humanas), todo eso forma parte hoy de la Pasión de Jesucristo y nosotros nos unimos a la Virgen en la vinculación a esa Pasión.

Otra cosa quiero deciros. Yo sé que la mayoría de vosotros sabéis por qué no hemos podido celebrar una procesión como es la de la Virgen de las Angustias en este día de hoy. Yo quiero deciros a los que lo sabéis y a los que no lo han entendido que tan pronto como podamos celebraremos la Virgen de las Angustias por la calle, con su procesión, y todo aquello que no hemos podido celebrar en este tiempo, por todo lo alto, y con la misma alegría con que David acompañaba al arca cuando entraba en Jerusalén, el Arca de la Alianza. Así acompañaremos nosotros a la Imagen de la Virgen de las Angustias y a las que sea preciso.

Os doy la bendición.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

26 de septiembre de 2021
Basílica de Nuestra Señora de las Angustias

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Comunicado de D. Antonio Gómez Cantero, Obispo Coadjutor de Almería: “Caminamos a su lado”

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En estos días hemos conocido la triste noticia del hallazgo en nuestras costas almerienses de nueve hermanos migrantes fallecidos en las aguas del Mediterráneo. En este día en el que celebramos el Día del Migrante y Refugiado, nuestra Iglesia Diocesana de Almería quiere estar cerca de todos ellos con la ayuda solícita y la oración. Y anima a todos los hombres y mujeres de nuestras tierras a sentirse al lado de quienes, a causa de catástrofes naturales como las que estamos viviendo en la isla canaria de La Palma o con la situación vivida en nuestra península con la DANA, o conflictos que parecen irresolubles, tienen que marchar de sus amadas tierras para adentrarse en la odisea de un terrible viaje, guiados por la esperanza de un futuro mejor.

Descansen en paz sus almas; toque Dios nuestros corazones para que sepamos estar cerca de los que sufren con un corazón abierto y generoso, para que nunca permanezcamos en silencio o impasibles ante el sufrimiento y la necesidad de un ser humano. Que San José, migrante y refugiado, ampare y proteja a todos los que están viviendo en estos días momentos de incertidumbre, inseguridad, peligro o desesperanza.

+ Antonio Gómez Cantero, Obispo Coadjutor de Almería

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Nombramientos parroquiales y charla sobre la devoción josefina de Gaudí, en “Iglesia Noticia”

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Nombramientos parroquiales y charla sobre la devoción josefina de Gaudí, en “Iglesia Noticia”

Programa emitido en COPE Granada y Motril el domingo 19 de septiembre de 2021.

Este domingo 26 de septiembre el programa “Iglesia Noticia” emitido en la cadena COPE informó sobre los distintos nombramientos diocesanos llevados a cabo el pasado fin de semana.

Hablamos también con el presidente de la Asociación Pro Beatificación de Antonio Gaudí en relación a la charla que impartirá sobre la devoción del arquitecto catalán por San José y que se aprecia plasmada en su obra. A su vez, charlamos con los responsables del nuevo grupo scout de la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, que celebran su primera reunión de monitores voluntarios.

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Guadix en el Encuentro de Delegados y Responsables de Pastoral Juvenil en Loyola

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Guadix en el Encuentro de Delegados y Responsables de Pastoral Juvenil en Loyola

La diócesis de Guadix está presente en el Encuentro de Delegados y Responsables de Pastoral Juvenil en Loyola, que se está celebrando del 23 al 26 de septiembre. Se trata de un encuentro organizado por la Subcomisión Episcopal para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española, en el que se analiza y comparte la pastoral juvenil que se lleva a cabo en las diócesis españolas, y sobre todo, en el que se van a organizar los dos próximos acontecimientos juveniles, que ya dan sus primeros pasos en las diócesis: la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ), que será en Santiago de Compostela en el verano de 2022, y la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa 2023.

Guadix ha estado presente en este encuentro de manera doble: de una parte, a través del obispo diocesano, D. Francisco Jesús Orozco, que ha presidido el encuentro, dado que es miembro de la Subcomisión para la Juventud e Infancia, de la Conferencia Episcopal Española. De otra parte, también ha asistido el delegado de Juventud, Alfonso José García, que ha compartido reuniones de trabajo con los demás delegados y responsables de Juventud de España.

Al no poder asistir el obispo presidente de la Subcomisión, el auxiliar de Valencia Arturo Ros, D. Francisco Jesús Orozco ha sido el único obispo presente en el encuentro y ha presidido las celebraciones y los momentos importantes del encuentro, como la presentación del libro La Pastoral con Jóvenes en la era Pos-covid, editado por el departamento de Pastoral Juvenil de la CEE, a la que le siguió una mesa redonda, sobre el mismo tema: «La Pastoral con Jóvenes Pos-covid». Se trata de un libro que quiere ofrecer nuevos caminos para la pastoral con jóvenes en la era pos-covid. En él se recogen experiencias pastorales vividas durante la pandemia, pero también se impulsa la pastoral juvenil desde las orientaciones ofrecidas por el papa Francisco, especialmente a partir del Sínodo de los Jóvenes.

Durante estos días, la Cruz de la JMJ, que peregrina por las diócesis españolas convocando a la JMJ de Lisboa 2023, y que ya estuvo en Guadix el 20 de septiembre, ha estado en el Encuentro de Delegados y Responsables de Pastoral Juvenil en Loyola. Son estos delegados los que han organizado el paso de esta Cruz y el Icono de la JMJ por las diócesis y los que tendrán que organizar, a partir de ahora, la peregrinación de jóvenes a Lisboa, en el verano de 2023, que se espera sea muy numerosa.

El encuentro termina este domingo 26 de septiembre, con una celebración de la Eucaristía que también estará presidida por Mons. Orozco.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

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Clausura del IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías con motivo del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Pasión de Málaga (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía de Clausura del IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías con motivo del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Pasión de Málaga.

CLAUSURA DEL IV CONGRESO INTERNACIONAL

DE HERMANDADES Y COFRADÍAS

CON MOTIVO DEL CENTENARIO

DE LA AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS DE PASIÓN DE MÁLAGA

(Catedral-Málaga, 26 septiembre 2021)

Lecturas: Num 11, 25-29; Sal 18, 8.10-14; Sant 5, 1-6; Mc 9, 38-48.

(Domingo Ordinario XXVI-B)

1.- La escena que el libro de los Números nos ofrece hoy es la participación en el espíritu de Dios de los setenta ancianos, para que compartieran la tarea de Moisés de gobernar al pueblo de Israel; recibido el espíritu comenzaron a profetizar (cf. Num 11, 25-27).

El espíritu se posó también sobre dos ancianos que no habían acudido a la reunión; y Josué, ayudante de Moisés, pidió que se les prohibiera profetizar (cf. Num 11, 28). Pero Moisés le respondió: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!» (Num 11, 29).

¡Cuántas veces, queridos fieles, queremos excluir a quienes no pertenecen a nuestros círculos, entornos, comunidades, cofradías o movimientos!

Sin embargo, para el Señor toda persona tiene algo que aportar, aunque no milite en nuestro partido o no pertenezca a nuestro grupo. Tenemos mucho que aprender y tolerar en este sentido, aceptando a todos sin excluir a nadie.

2.- El apóstol Santiago denuncia en su carta la prepotencia de los poderosos, la riqueza de los pudientes, la maldad de los explotadores, advirtiéndoles que sus bienes tienen su fin: «Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima» (Sant 5, 1). «Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo» (Sant 5, 4).

Santiago exhorta a la coherencia entre la fe y las actitudes de los creyentes. La esperanza que se apoya en los bienes visibles materiales es muy débil; y una riqueza inmoralmente adquirida nunca puede ser justificada.

Es necesario redescubrir y poner en marcha la función social de todos los bienes humanos: culturales, técnicos, materiales y espirituales. La Iglesia presenta ante el mundo, con hechos reales y estructuras adecuadas, que es urgente construir un Reino que se prolongará más allá del tiempo.

El apóstol Santiago nos invita a tomar en serio que el reino definitivo debe comenzar en la etapa terrena a ser una realidad; debe haber ya en este mundo una fraternidad y comunión sinceras, una actitud real de compartir, una solidaridad universal y un respeto a la libertad de todos.

Las Cofradías deben ser ámbitos donde todo esto se hace realidad: donde se vive la fraternidad real, donde se respetan las ideas y las creencias, donde se celebra la fe, donde se comparten los bienes (religiosos, culturales, materiales), donde todos se sienten iguales con la misma dignidad humana. Las Hermandades y Cofradía deben favorecer la igualdad entre todos, procurando que a nadie le falte lo necesario.

3.- Hoy clausuramos el IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías con motivo del Centenario de la Agrupación de Cofradías de Pasión de Málaga, que ha versado sobre el tema: La religiosidad popular y la Semana Santa: la fuerza evangelizadora.

Este acontecimiento de gracia nos debe ayudar a tomar más en serio el compromiso de nuestra fe, para vivir una verdadera y auténtica fraternidad y asumir con mayor exigencia la misión evangelizadora.

Las ponencias y las reflexiones del Congreso nos han ayudado a valorar la piedad popular; se ha hablado de “espiritualidad popular”, centrada en el misterio pascual del Señor Jesucristo. Él es el único Salvador del género humano, el Mediador de la nueva alianza, el único Camino entre Dios y los hombres.

Los últimos papas han insistido mucho en la misión evangelizadora de la Iglesia. Y esta tarea debe ser asumida por las hermandades y cofradías, así como por los movimientos eclesiales.

El papa Pablo VI anhelaba que la piedad popular propiciara “un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo” (Evangelii nuntiandi, 48). Ayudad, queridos cofrades, a promover este tipo de encuentro con el Señor y con su Madre, la Santísima Virgen María.

El papa Francisco nos exhorta a alentar y fortalecer la piedad popular “para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada” (Evangelii gaudium, 126). Aunque pasen otros cien años más, nunca terminaréis la misión evangelizadora.

En esta Catedral se han expuesto para la devoción varias imágenes de las Cofradías malagueñas de Semana Santa. Animamos a recorrer su itinerario para contemplar la belleza artística y promover la fe y la piedad.

¡Enhorabuena por este IV Congreso Internacional y por el II Foro Paneuropeo de Confraternidades, que habéis promovido y celebrado!

4.- En el evangelio del presente domingo, ante la protesta de los apóstoles, Jesús defiende a quienes realizan acciones buenas en sintonía con Él: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro» (Mc 9, 39-40). Si alguien actúa en nombre de Jesús pertenece a su grupo.

No queramos excluir de nuestras cofradías, parroquias y comunidades cristianas a quienes están en sintonía con el Señor, aunque no compartan nuestras ideas o nuestros planes. Tenemos mucho que aprender de este evangelio, que pone de manifiesto que la praxis cristiana no puede defenderse como exclusivismo y como independencia absoluta. Todos los hombres son capaces de hacer el bien.

5.- La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, con el lema: “Hacia un ‘nosotros’ cada vez más grande”. Es una ocasión para tomar conciencia de la situación del mundo en el que vivimos ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro.

Se nos invita a salir de un «nosotros» pequeño, reducido por fronteras o por intereses de grupo, partidistas, políticos o económicos, para ir a un «nosotros» más grande, para vivir como hermanos con la misma dignidad. Si rezamos el Padrenuestro desde el corazón estaremos más dispuestos a vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

El «nosotros» debe crecer en cada comunidad cristiana y en cada cofradía, acogiendo, promoviendo e integrando; debe crecer desplegando nuestra vocación dentro de la Iglesia; y debe crecer aprendiendo a caminar con la sociedad.

Pedimos a la Santísima Virgen María, que supo vivir en profundidad la fe, que nos acompañe en el proceso de nuestra maduración como discípulos de su Hijo, como promotores de la piedad popular y como agentes dinámicos de la fraternidad universal, acogiendo a los inmigrantes como hermanos nuestros. Amén.

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“Que el Señor nos conceda un corazón abierto a las personas que vienen”

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Homilía en la Eucaristía en vísperas de la Jornada Mundial del Migrante, el 25 de septiembre de 2021, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz.

Somos una comunidad mixta en muchos y diversos sentidos, aunque seamos una comunidad muy pequeñita para la realidad social y eclesial que abordamos o que tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón, este día.

Mixta porque hay sacerdotes, y hay personas consagradas, y hay fieles cristianos. Tanto las personas consagradas como los sacerdotes, estamos llamados a servir a ese pueblo cristiano que es otro nombre de la Iglesia. Pero mixta también porque (yo creo que casi todos los que estáis aquí, de una manera o de otra, trabajáis con inmigrantes; pues también hay inmigrantes, unos poquitos, nada más que unos poquitos) cada vez más la población de nuestra ciudad, y de nuestra provincia, y de nuestra diócesis, es una población migrante, en un sentido o en otro.

Antes de que el capitalismo global nos introdujera a todos en una especie de “molinillo” donde todos los seres humanos son intercambiables en base a lo que pueden aportar como fuerza de trabajo, poco más o nada más, y según el valor del mercado; pues, antes que eso, ha habido una migración también justa y ambiciosa. Yo soy hijo de ella en gran medida. Y ha sido la migración de los pueblos. De unas comunidades humanas, donde los seres humanos y las familias (la comunidad humana tenía un relativo margen de autonomía), a las sociedades anónimas de las ciudades, donde es verdad que “un individuo, un voto”, pero también es verdad que un individuo es poco más que un número; y que una vida puede vivir en una soledad terrible, sin necesidad de pandemia ni de post pandemia, que, en muchos sentidos, está poniendo de manifiesto los frutos amargos de la pandemia, y de manera más descarada, al menos en nuestro entorno.

Dios mío, abordamos un tema… Quizás Dios es el primer migrante. Y lo digo consciente de lo que digo, porque si Dios es Amor, Dios es alguien que constantemente sale de Sí. Ha salido de Sí, en cierto modo porque todos nosotros (…). Cuando el catecismo antiguo preguntaba “¿dónde está Dios?, aunque no recuperásemos más que eso, eso nos pondría en camino hacia una cultura diferente. “¿Dónde está Dios? En el cielo, en la tierra y en todas partes”. Está en vuestros rostros. Está en vuestra mirada. Está en vuestro corazón, en el nuestro, en el de cada uno. No hay nada de lo que existe que esté fuera de Dios y Dios no está fuera de la Creación. En cuanto lo sacamos de la Creación; en cuanto dejamos de pensar que todo lo creado es una participación en el Ser de Dios y el hombre es una participación más grande porque es imagen y semejanza del mismo Dios, en su condición de sujeto; en cuanto perdemos eso, convertimos a Dios en una criatura más, muy poderosa, muy grande quizás. Un poco como los más jóvenes pueden haber visto como el señor de la Guerra de las Galaxias: alguien que tiene mucho poder en un sitio. Pero ese Dios no es creíble. Porque no es capaz de dar sentido. Porque le falta la Creación y ya no es el Omnipresente, ya no es Dios. La Creación le añadiría algo a Dios. Dios está en todas las cosas y en todos.

Y Dios al crear sale de Sí mismo; al crearnos a cada uno de nosotros. Y nos ha creado a cada uno con un amor eterno. Ha salido. Es un Dios permanentemente en salida. Y la Creación no es más que el reflejo en el tiempo de la generación del Hijo, donde Dios Padre se da por entero al Hijo. Y el Hijo, que recibe todo su Ser del Padre y vive unido a Él en la comunión del Espíritu Santo, ha querido también salir de Sí mismo. No ha considerado algo digno de ser retenido el ser igual a Dios, sino que se vació de Sí mismo y asumió la condición de esclavo pasando por uno de tantos.

Como decía un antiguo escritor cristiano: “Señor, viniste a pasar 30 años entre bárbaros”, refiriéndose a los hombres. Y de esa barbarie nos habla la Segunda Lectura de hoy: una barbarie multiplicada por el hecho de una concepción de lo humano que es inhumana, constitutivamente inhumana. Nuestra sociedad es -y cada vez lo vemos más claro en sus premisas, en sus modos de funcionar- inhumana; es constitutivamente injusta, porque no hace justicia a lo que somos ni a los anhelos de nuestro corazón. Y no hace justicia a las necesidades de todo ser humano y genera separaciones sin fin entre ricos y pobres, entre naciones desarrolladas y no desarrolladas.

Oía hoy yo, esta mañana, algunas noticias sobre las vacunas que se están usando en ciertos países. Y como son vacunas ficticias, de segunda clase, o que no están, pues sin embargo, repito, todos participamos de esa sociedad, de su injusticia. Todos esperamos y deseamos que el Señor cambie nuestro corazón y que nos permita vivir de una manera plenamente humana, que es el designio de Dios.

Cuando el Papa Francisco subraya la fraternidad humana no está haciendo algo que sea ninguna novedad. El Hijo de Dios vino, no para crear una especie de congregación que tiene sus iglesias, su lugar donde se reúnen, así como nosotros, en el sentido que tiene la palabra congregación, o que tiene la palabra “denominación” en el mundo moderno, nosotros tenemos una “denominación”, que somos católicos, luego están otros que son “luteranos” (…). Cristo vino a cambiar el mundo, para quitarnos el corazón de piedra y poner en el mundo un corazón de carne.

Cristo no vino para que fuéramos buenos católicos. Vino para que fuéramos buenos hombres y buenas mujeres. Para que fuéramos todos hijos de Dios. Para que nos tratásemos unos a otros como hijos de un mismo Padre. Para que aprendiéramos que la única tarea importante en la vida es querernos, y nos dejásemos enseñar a querernos cada vez mejor.

A los que están con nosotros y con los que compartimos la misma fe, el mismo Cuerpo de Cristo, y el mismo Espíritu, y hemos recibido el Bautismo, no podemos cuestionar eso. Pero su meta es cambiar nuestro corazón, de forma que nuestro corazón pueda estar abierto a todos nuestros hermanos. Y de una manera especial, porque hace más expresivo, expresa mejor quién es Dios, a quienes más lo necesitan, a quienes más nos necesitan, a quienes nos piden ayuda.

Yo soy consciente de que lo primero que tengo que hacer cuando digo eso es pedir perdón por mis pecados, por mi falta de amor, mis límites en el amor. Porque confundo muchas veces el amor con los intereses. Incluso de la Iglesia en Granada, me parece que defendiendo esos intereses, estoy haciendo bien mi misión. No. Yo sólo haría bien mi misión si el amor llenase todos mis actos, todos mis pensamientos. Deseo, pero luego debo ser torpe a la hora de llegar; pero sí que deseo que ese amor que yo he recibido, que es mi única esperanza por otra parte, porque no puedo, a estas alturas de mi vida en que estoy tampoco puedo esperar de lo que yo pueda conseguir, evidentemente; ese amor que me ha sido dado yo quisiera que pudiera llegar a todos los hombres. Es evidente que no lo quiero con una eficacia suficiente. Es evidente que lo quiero de una manera muy torpe, o que lo llevo a cabo de una manera muy torpe. Pero sí que deseo, sí que soy consciente de que ese amor es la única esperanza del mundo.

Cuando el Señor me concedió acompañar al Papa a Marruecos en ese viaje suyo en el que volvió a insistir (no era la primera vez que lo hacía, pero insistió de una manera muy fuerte) en la fraternidad humana más allá de las diferencias culturales, y hasta las diferencias generadas por las tradiciones religiosas diversas y así, una fraternidad humana que fuera capaz de mirar al otro a los ojos, con afecto, con el deseo que podamos tratarnos como hermanos; pues, yo me daba cuenta, en aquellos días, de una manera muy patente que no hay otro camino. Es ese o la guerra de todos contra todos. Con los medios de poder sobre la naturaleza y sobre las sociedades humanas que tiene el mundo en el que vivimos (…), es verdad que uno piensa a veces, y no sólo por la pandemia, y muchos han dado a entender que la pandemia era una forma de guerra distinta… Pero hubo un teórico a comienzos del siglo XX que dijo “la paz no es más que la guerra continuada por otros medios”. Eso significa la vida económica, la visa social. De alguna manera, no es más que la guerra continuada por otros medios.

Dios mío, en el fondo de nuestro corazón, Le pedimos siempre la paz, la paz de Dios. El Hijo no es el Padre, el Padre y el Hijo no son el Espíritu Santo, pero eso es lo único que los distingue. El haber nacido en un lugar, el tener un color de piel, el tener una lengua, no nos impide amarnos en Dios. Dice la teología, “todo es uno menos la diferencia esa, todo lo demás es igual y actúan siempre en común”. Actúan (lo voy a decir con una palabra que el Papa menciona constantemente) de una manera “sinodal”, hacen el camino juntos.

Si os fijáis en la Anunciación, un momento clave del Evangelio: “Él se llamará Hijo del Altísimo y el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra”. Ahí están Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Bautismo de Jesús, allí están Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la crucifixión, el Hijo exhala Su espíritu y dice “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”. Son cerca de noventa los textos que aluden a la eternidad en el Evangelio. “Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en Mi y Yo en Ti, para que todo el mundo crea”. Podría el Señor cambiar nuestro corazón y hacer florecer en él un amor que nos permita querernos. Querernos pobremente porque somos pobres. Querernos sabiendo que tenemos que perdonarnos mil veces unos a otros. Querernos y estar dispuestos a aprender a querernos de una manera que, efectivamente, ponga de manifiesto que somos todos hijos del mismo Padre. Yo sé que uno de los rasgos de nuestra sociedad, lo leía esta misma mañana, los estudios que se hicieron en los años 50 demostraban que las familias migrantes conservaban sus tradiciones, una generación, creo que al final eran la segunda generación, que estaba completamente absorbida por la sociedad urbana, industrial y por sus categorías, que destruía y roía desde dentro la vida familiar. Todos hemos sido testigos de eso de muchas maneras. Pero el amor del que hablo ama la diversidad de las tradiciones, ama la diversidad de las experiencias humanas, las respeta. Incluso, yo lo he sentido con algunas religiones con las que he podido tener un poquito más de relación o de trato. Yo me doy cuenta de que son tradiciones muy diferentes. Ni siquiera pienso en una conversión. Y, sin embargo, me doy cuenta de que el Acontecimiento de Jesucristo, aunque le hemos dado una forma y le hemos dado una forma en la historia, obviamente, y la tiene desde el primer momento, Jesús fue judío y nació en Palestina, el Credo ha sido expresado en un lenguaje y en una cultura determinada; pero es verdad que el Acontecimiento de Cristo puede ser propuesto en cualquier Tradición religiosa, porque el fruto de ese Acontecimiento es un amor invencible, y el testimonio de ese amor invencible (…) El corazón humano, tenga la Tradición que tenga, está hecho para ese amor invencible, y ahí reconocemos la verdad. La verdad no como una cosa abstracta, como una doctrina. La verdad que corresponde a nuestra verdad más profunda como seres humanos.

Celebramos este día con la conciencia de que hay una tarea infinitamente más grande de lo que nosotros, pobres, podemos hacer, pero que las cosas empiezan con una pareja, con unas pocas personas, con un grupito. Empiezan de manera siempre pobre y humilde. También la vida empieza de una manera pequeña, pobre y humilde, y luego florece. Si Le pedimos con sinceridad al Señor que nos conceda un corazón capaz de amar así, o de crecer en un amor que cada vez se parezca más a Su amor, estaremos contribuyendo al designio de Dios, estaremos contribuyendo al mundo que Dios quiere, y nosotros podremos vivir también con una paz más grande, con una alegría y un afecto más grande. La vida es demasiado corta para querer a todas las personas que uno quisiera querer.

Vamos a proclamar nuestra fe y a pedirLe al Señor que nos conceda ese amor. Que nos conceda un corazón abierto a las personas que vienen. Una capacidad de acoger, de mirar, de querer, que salve las fronteras y que no mida la presencia por los frutos. Yo creo que celebrar la Eucaristía en esta parroquia, concretamente, es también un signo de que la vitalidad de la Iglesia, y la verdad de la Iglesia, no se mide, por así decir, por el número de fieles que uno incorpora a la comunidad cristiana los domingos, o los cambios que puede hacer en un determinado barrio; si no por la verdad de nuestro testimonio (…) y, desde luego, no se mide por las colectas, que es lo que la gente a veces piensa lo primero.

En ese mismo viaje a Marruecos hubo un momento donde yo conocí a un sacerdote, llevaba más de 40 años viviendo solo en un asentamiento de Burkina Faso, y me dijo: “Yo no he convertido a nadie en estos cuarenta años y sé que moriré sin haber convertido a nadie, pero nadie me puede impedir querer a esas personas entre las que vivo como Dios me quiere a mí”. Aquel hombre no podía haber hecho un mejor resumen de lo que es la experiencia cristiana. Repito, con toda la conciencia de nuestras pobrezas, ser testigos de ese amor, donde estemos, como estemos, colaborando con él, no con los intereses de ese capitalismo que reduce a los seres humanos a dinero, pero sí con un abrazo que acoge a todos nuestros hermanos en una familia como estamos llamados a vivir.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

25 de septiembre de 2021
Parroquia de Nuestra Señora de la Paz (Granada)

Testigos del amor de Dios

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Homilía en la Eucaristía con motivo de la Jornada del Migrante y Refugiado el 25 de septiembre de 2021, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz.

Somos una comunidad mixta en muchos y diversos sentidos. Aunque seamos una comunidad muy pequeñita para la realidad social y eclesial que abordamos o que tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón, este día. Mixta, porque hay sacerdotes, y hay personas consagradas, y hay fieles cristianos. Tanto las personas consagradas como los sacerdotes estamos llamados a servir a ese pueblo cristiano que es otro nombre de la Iglesia. Pero mixta también porque (yo creo que casi todos los que estáis aquí, de una manera o de otra, trabajáis con inmigrantes) también hay inmigrantes, unos poquitos, nada más que unos poquitos; porque cada vez más la población de nuestra ciudad, y de nuestra provincia, y de nuestra diócesis, es una población migrante en un sentido o en otro.

Yo diría que casi todos…, fijaros, antes de que el capitalismo global nos introdujera a todos en una especie de “molinillo” donde todos los seres humanos son intercambiables en base a lo que pueden aportar como fuerza de trabajo, poco más o nada más, y según el valor del mercado; pues, antes que eso ha habido una migración también justa y ambiciosa. Yo soy hijo de ella en gran medida y ha sido la migración de los pueblos, de unas comunidades humanas donde los seres humanos y las familias, la comunidad humana tenía un relativo margen de autonomía, a las sociedades anónimas de las ciudades donde es verdad que “un individuo, un voto”, pero también es verdad que un individuo es poco más que un número. Y que una vida puede vivir en una soledad terrible, sin necesidad de pandemia ni de post pandemia, que en muchos sentidos está poniendo de manifiesto los frutos amargos de la pandemia, y de manera más descarada, al menos en nuestro entorno.

Dios mío, abordamos un tema… Quizás Dios es el primer migrante. Y lo digo consciente de lo que digo, porque si Dios es Amor, Dios es alguien que constantemente sale de Sí. Ha salido de Sí, en cierto modo, porque todos nosotros (…) Cuando el Catecismo antiguo preguntaba “¿dónde está Dios?… Aunque no recuperásemos más que eso, eso nos pondría en camino hacia una cultura diferente. “¿Dónde está Dios? En el cielo, en la tierra y en todas partes”. Está en vuestros rostros. Está en vuestra mirada. Está en vuestro corazón, en el nuestro, en el de cada uno. No hay nada de lo que existe que esté fuera de Dios y Dios no está fuera de la Creación. En cuanto lo sacamos de la Creación; en cuanto dejamos de pensar que todo lo creado es una participación en el Ser de Dios y el hombre es una participación más grande porque es imagen y semejanza del mismo Dios, en su condición de sujeto; en cuanto perdemos eso, convertimos a Dios en una criatura más, muy poderosa, muy grande quizás. Un poco como los más jóvenes pueden haber visto como el señor de la Guerra de las Galaxias: alguien que tiene mucho poder en un sitio, pero ese Dios no es creíble. Porque no es capaz de dar sentido porque le falta, le falta la Creación y ya no es el Omnipresente, ya no es Dios. La Creación le añadiría algo a Dios. Dios está en todas las cosas y en todos.

Y Dios al crear sale de Sí mismo al crearnos a cada uno de nosotros. Y nos ha creado a cada uno con un amor eterno. Ha salido, es un Dios permanentemente en salida. Y la Creación no es más que el reflejo en el tiempo de la generación del Hijo, donde Dios Padre se da por entero al Hijo. Y el Hijo, que recibe todo su Ser del Padre y vive unido a Él en la comunión del Espíritu Santo, ha querido también salir de Sí mismo. No ha considerado algo digno de ser retenido el ser igual a Dios sino que se vació de Sí mismo, y asumió la condición de esclavo pasando por uno de tantos.

Como decía un antiguo escritor cristiano: “Señor, viniste a pasar 30 años entre bárbaros”, refiriéndose a los hombres. Y de esa barbarie nos habla la Segunda Lectura de hoy; una barbarie multiplicada por el hecho de una concepción de lo humano que es inhumana, constitutivamente inhumana. Nuestra sociedad es -y cada vez lo vemos más claro en sus premisas, en sus modos de funcionar- inhumana, es constitutivamente injusta, porque no hace justicia a lo que somos ni a los anhelos de nuestro corazón. Y no hace justicia a las necesidades de todo ser humano y genera separaciones sin fin entre ricos y pobres, entre naciones desarrolladas y no desarrolladas.

Oía hoy yo, esta mañana, algunas noticias sobre las vacunas que se están usando en ciertos países. Y como son vacuna ficticias, de segunda clase, o que no están, pues, sin embargo, repito, todos participamos de esa sociedad, de su injusticia. Todos esperamos y deseamos que el Señor cambie nuestro corazón y que nos permita vivir de una manera plenamente humana, que es el designio de Dios.

Cuando el Papa Francisco subraya la fraternidad humana no está haciendo algo que sea ninguna novedad. El Hijo de Dios vino no para crear una especie de congregación que tiene sus iglesias, su lugar donde se reúnen, así como nosotros, en el sentido que tiene la palabra congregación, o que tiene la palabra “denominación” en el mundo moderno. Nosotros tenemos una “denominación”: que somos católicos; luego, están otros que son “luteranos” (…) Cristo vino a cambiar el mundo para quitarnos el corazón de piedra y poner en el mundo un corazón de carne. Cristo no vino para que fuéramos buenos católicos. Vino para que fuéramos buenos hombres y buenas mujeres. Para que fuéramos todos hijos de Dios, para que nos tratásemos unos a otros como hijos de un mismo padre. Para que aprendiéramos que la única tarea importante en la vida es querernos y nos dejásemos enseñar a querernos cada vez mejor.

A los que están con nosotros y con los que compartimos la misma fe, el mismo cuerpo de Cristo, y el mismo Espíritu, y hemos recibido el Bautismo, no podemos cuestionar eso, pero su meta es cambiar nuestro corazón de forma que nuestro corazón pueda estar abierto a todos nuestros hermanos. Y de una manera especial, porque hace más expresivo, expresa mejor quién es Dios a quienes más lo necesitan, a quienes más nos necesitan, a quienes nos piden ayuda.

Yo soy consciente de que lo primero que tengo que hacer cuando digo eso es pedir perdón por mis pecados, por mi falta de amor, mis limites en el amor. Porque confundo muchas veces el amor con los intereses, incluso de la Iglesia en Granada. Me parece que defendiendo esos intereses estoy haciendo bien mi misión. No. Yo sólo haría bien mi misión si el amor llenase todos mis actos, todos mis pensamientos. Deseo, pero luego debo ser torpe a la hora de llegar, pero sí que deseo que ese amor que yo he recibido, que es mi única esperanza por otra parte, porque no puedo tampoco, a estas alturas de mi vida en que estoy, esperar de lo que yo pueda conseguir, evidentemente. Ese amor que me ha sido dado yo quisiera que pudiera llegar a todos los hombres. Es evidente que no lo quiero con una eficacia suficiente. Es evidente que lo quiero de una manera muy torpe, o que lo llevo a cabo de una manera muy torpe. Pero sí que deseo, sí que soy consciente de que ese amor es la única esperanza del mundo.

Cuando el Señor me concedió acompañar al Papa a Marruecos en ese viaje suyo en el que volvió a insistir -no era la primera vez que lo hacía-, pero insistió de una manera muy fuerte, en la fraternidad humana más allá de las diferencias culturales, y hasta las diferencias generadas por las tradiciones religiosas diversas; y así, una fraternidad humana que fuera capaz de mirar al otro a los ojos, con afecto, con el deseo que podamos tratarnos como hermanos; pues, yo me daba cuenta, en aquellos días, de una manera muy patente que no hay otro camino. Es ese o la guerra de todos contra todos. Con los medios de poder sobre la naturaleza y sobre las sociedades humanas que tiene el mundo en el que vivimos (…) Es verdad que uno piensa a veces, y no sólo por la pandemia, y muchos han dado a entender que la pandemia era una forma de guerra distinta, pero hubo un teórico a comienzos del siglo XX que dijo “la paz no es más que la guerra continuada por otros medios”. Eso significa la vida económica, la visa social: de alguna manera, no es más que la guerra continuada por otros medios.

Dios mío, en el fondo de nuestro corazón Le pedimos que siembre la paz, la paz de Dios. El Hijo no es el Padre; el Padre y el Hijo no son el Espíritu Santo, pero eso es lo único que los distingue. El haber nacido en un lugar, el tener un color de piel, el tener una lengua, no nos impide amarnos en Dios -dice la teología-: “todo es uno menos la diferencia esa. Todo lo demás es igual y actúan siempre en común”. Actúan (lo voy a decir con una palabra que el Papa menciona constantemente) de una manera “sinodal”, hacen el camino juntos. Si os fijáis en la Anunciación, un momento clave del Evangelio -“Él se llamará Hijo del Altísimo y el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra”-, ahí están Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Bautismo de Jesús, allí están Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la crucifixión, el Hijo exhala Su espíritu y dice “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”. Son cerca de noventa los textos que aluden a la eternidad en el Evangelio. “Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en Mi y Yo en Ti, para que todo el mundo crea”. Podría el Señor cambiar nuestro corazón y hacer florecer en él un amor que nos permita querernos, querernos pobremente, porque somos pobres. Querernos sabiendo que tenemos que perdonarnos mil veces unos a otros. Querernos y estar dispuestos a aprender a querernos de una manera que, efectivamente, ponga de manifiesto que somos todos hijos del mismo Padre. Yo sé que uno de los rasgos de nuestra sociedad… Lo leía esta misma mañana: los estudios que se hicieron en los años 50 demostraban que las familias migrantes conservaban sus tradiciones. Una generación, creo que al final eran la segunda generación, que estaba completamente absorbida por la sociedad urbana, industrial y por sus categorías, que destruía y roía desde dentro la vida familiar. Todos hemos sido testigos de eso de muchas maneras. Pero el amor del que hablo ama la diversidad de las tradiciones, ama la diversidad de las experiencias humanas, las respeta. Incluso, yo lo he sentido con algunas religiones con las que he podido tener un poquito más de relación o de trato, yo me doy cuenta de que son tradiciones muy diferentes. Ni siquiera pienso en una conversión y, sin embargo, me doy cuenta de que el Acontecimiento de Jesucristo, aunque le hemos dado una forma, y le hemos dado una forma en la historia, obviamente, y la tiene desde el primer momento, Jesús fue judío y nació en Palestina. El Credo ha sido expresado en un lenguaje y en una cultura determinada, pero es verdad que el Acontecimiento de Cristo puede ser propuesto en cualquier tradición religiosa, porque el fruto de ese Acontecimiento es un amor invencible (…) El corazón humano, tenga la tradición que tenga, está hecho para ese amor invencible, y ahí reconocemos la verdad. La verdad no como una cosa abstracta, como una doctrina, la verdad que corresponde a nuestra verdad más profunda como seres humanos.

Celebramos este día con la conciencia de que hay una tarea que es infinitamente más grande de lo que nosotros, pobres, podemos hacer, pero que las cosas empiezan con una pareja, con unas pocas personas, con un grupito. Empiezan de manera siempre pobre y humilde. También la vida empieza de una manera pequeña, pobre y humilde, y luego florece. Si Le pedimos con sinceridad al Señor que nos conceda un corazón capaz de amar así, o de crecer en un amor que cada vez se parezca más a Su amor, estaremos contribuyendo al designio de Dios, estaremos contribuyendo al mundo que Dios quiere, y nosotros podremos vivir también con una paz más grande, con una alegría y un afecto más grande. La vida es demasiado corta para querer a todas las personas que uno quisiera querer.

Vamos a proclamar nuestra fe y a pedirLe al Señor que nos conceda ese amor. Que nos conceda un corazón abierto a las personas que vienen. Una capacidad de acoger, de mirar, de querer, que salve las fronteras y que no mida la presencia por los frutos. Yo creo que celebrar la Eucaristía en esta parroquia, concretamente, es también un signo de que la vitalidad de la Iglesia, y la verdad de la Iglesia, no se mide, por así decir, por el número de fieles que uno incorpora a la comunidad cristiana los domingos, o los cambios que puede hacer en un determinado barrio, sino por la verdad de nuestro testimonio, y desde luego no se mide por las colectas, que es lo que la gente a veces piensa lo primero.

En ese mismo viaje a Marruecos hubo un momento donde yo conocía a un sacerdote, llevaba más de 40 años viviendo sólo en un asentamiento de Burkina Faso, y me dijo “yo no he convertido a nadie en estos cuarenta años y sé que moriré sin haber convertido a nadie, pero nadie me puede impedir querer a esas personas entre las que vivo como Dios me quiere a mí”. Aquel hombre no podía haber hecho un mejor resumen de lo que es la experiencia cristiana. Repito, con toda la conciencia de nuestras pobrezas, ser testigos de ese amor, donde estemos, como estemos, colaborando con él, no con los intereses de ese capitalismo que reduce a los seres humanos a dinero, pero sí con un abrazo que acoge a todos nuestros hermanos en una familia como estamos llamados a vivir.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

25 de septiembre de 2021
Parroquia Nuestra Señora de la Paz (Granada)

El arzobispo de Sevilla hace un repaso por los principales temas de actualidad en la Iglesia hispalense tras más de tres meses de su toma de posesión

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El arzobispo de Sevilla hace un repaso por los principales temas de actualidad en la Iglesia hispalense tras más de tres meses de su toma de posesión

Un poco más de cien días han trascurrido desde la toma de posesión de monseñor José Ángel Saiz, como arzobispo de la Iglesia en Sevilla, el pasado 12 de junio, en la Catedral hispalense.

Meses que han trascurridos “muy rápidos y con mucha intensidad”, de primeras visitas a parroquias, seminarios, conventos, comunidades religiosas, universidades, instituciones civiles y militares, santuarios, ermitas y muchísimas realidades más de la Archidiócesis, sin obviar que todo esto ha transcurrido en medio de una pandemia que ha obligado a la reducción de aforos y ciertas restricciones más.

Con este telón de fondo, Don José Ángel ha hecho un repaso a la actualidad de la Iglesia, con especial énfasis en el retorno del culto externo de las hermandades, la Semana Santa 2022, el movimiento migratorio y la necesidad de acogida de los migrantes, la misión popular del Gran Poder en los Tres Barrios a mediados de octubre, las vacunas y la Pastoral Universitaria, entre otros asuntos.

A continuación, reproducimos fragmentos de la entrevista concedida a COPE,  que puede reproducir íntegra aquí:

Recientemente se han cumplido sus primeros cien días como arzobispo de Sevilla. ¿Han pasado rápidos?

Pues se han pasado muy rápidos y han sido de una gran intensidad. De hecho, siempre he dicho coloquialmente que han pasado tres meses, pero parecen tres años, porque el 12 de junio se me queda lejano, y es porque han sido tres meses muy intensos en todos los sentidos. En la actividad, en el impacto de las actividades y en la alegría y satisfacción, porque han sido un regalo de Dios estos tres meses.

Anécdotas hay muchas, pero son sencillas. Lo que más me llama la atención es la vitalidad que voy descubriendo, que las parroquias que visito tienen vida pastoral y vida de fe. Las comunidades religiosas también tienen vitalidad y presencia. La realidad de la Iglesia, las hermandades y cofradías que es un hecho diferencial de Andalucía y particularmente de Sevilla, que son 700 aproximadamente, lo que supone una gran riqueza. Esa vitalidad con la que me encuentro me da una alegría gozosa y la buena sintonía que tienen ellos con el pastor, y el pastor con ellos. Yo percibo alegría y esperanza.

En Sevilla ya han salido las primeras procesiones, aunque la multitudinaria se prevé que sea la del 16 de octubre, con el traslado del Gran Poder a Tres Barrios,  una zona humilde que tuvo oportunidad de visitar prácticamente a la semana de tomar posesión. ¿Cuál es la labor de la Iglesia en la zona? 

Fue una visita muy significativa e interesante. Visitamos primero tres familias en tres casas con unas características concretas y que me iluminaron mucho, porque una cosa es que tú lo leas y otra es una visita de campo que es lo que gusta para encontrarte con las personas y los espacios. Hubo reunión con las fuerzas vivas de las entidades y parroquias. Yo les dije que descubrí tres realidades distintas: unas realidades de más marginación, una segunda en desarrollo y otra parte en la que se ve una cierta normalidad con familias más homologables. Agradecí el trabajo que hacen allí y les dije que teníamos que ser realistas, y la situación es dura, difícil y dolorosa para quienes sufren esa pobreza y falta de horizonte. A la vez las personas que trabajan allí ayudando pasan por situaciones de dolor porque esto afecta también, pero les dije que, a pesar de los problemas, veo motivos para la esperanza.

Su presencia será muy importante porque el resumen de nuestro mensaje y el centro de la actividad como Iglesia es Cristo. Por tanto, que el Gran Poder vaya será importante porque es el Señor de Sevilla y es importante en la ciudad, en las familias y el corazón de cada sevillano. La imagen es una maravilla de belleza y arte. La imagen ya impacta espiritualmente. Como los sevillanos tienen tanta devoción al Gran Poder, esos elementos de vivencia personal, de vivencia de la fe, de belleza contemplada, todo eso será una suma que será una multiplicación, lo que será importante para la conversión de las personas y de las estructuras, y ojalá eso ayude a acelerar el proceso de regeneración de esos barrios.

¿Habrá procesiones en Sevilla en la Semana Santa de 2022?

Eso solo Dios lo sabe. Yo lo que puedo expresar son mis deseos, y mi deseo es que sea una Semana Santa parecida a la de 2019. Yo siempre escuchaba a mons. Carlos Amigo en la Conferencia Episcopal hablar de la ‘Madrugá’ y que, entre cofrades, fieles, habitantes de Sevilla, turistas… puede haber un millón de personas en las calles de Sevilla. A mons. Juan José también le he oído explicar detalles. Es algo muy particular. Será la primera Semana Santa que pase en Sevilla. Es mi deseo también. Tendremos que tener mucha prudencia y responsabilidad en estos meses previos. Dios quiera que lo podamos celebrar y María Santísima nos proteja y ayude porque sería algo importante. En cualquier ciudad de España es importante celebrar la Semana Santa con casi total normalidad, y en Sevilla con una particular importancia.

La Covid lo ha condicionado todo. ¿Para usted han sido casi dos años perdidos o, todo lo contrario?

Yo en el momento en el que se declaró el confinamiento, recuerdo que escribí una carta pastoral llamada ‘Reflexiones de un pastor ante el coronavirus’ y explicaba tres aspectos. La primer volver la mirada a Dios, porque al ser humano le gustaba recordar que ha llegado a la Luna o que ha llegado a clonar seres vivos. Piensa que es capaz de conseguir todo lo que se proponga con la Ciencia y la técnica. Es la tentación de la construcción de la Torre de Babel, y de repente llega un pequeño virus que nos derrota a todos, a grandes potencias y países pobres. Es una cura de realismo y humildad que nos tiene que volver la mirada a Dios, a ser más humilde y ser conscientes de que estamos en manos de Dios. La segunda lección es volver la mirada así mismo y mirarse al espejo con humildad y darse cuenta que la escala de valores de nuestra vida tendríamos que modificarlas y poner en primer lugar los elementos esenciales. Eso nos ayudaría a liberar carga y riqueza que podemos compartir con los demás y ser conscientes de que no estamos solos, que el camino lo hacemos juntos. Ojalá cuando pase la pandemia, que no está superada aún, hayamos aprendido estas lecciones y nos volvamos más humildes, sensatos, solidarios, espirituales…

Por cierto, hablando de la pandemia… ¿Es partidario de inyectar una tercera dosis a la población o destinarlo a los países o continentes con menos recursos?

No es exclusivo aplicar una tercera dosis en Occidente con enviar dosis a esos países. Se puede hacer las dos cosas perfectamente. Es diferente si la tercera dosis es necesaria o no. Yo mi tercera dosis la regalaría, pero eso lo tienen que decidir las autoridades sanitarias. No es excluyente, hay capacidad ahora de desarrollo y laboratorios para inyectar la tercera dosis y enviar, aunque sea por interés propio y egoísmo, vacunas a otros países, porque si no la variantes y rebrotes serán continuos. Pero no solo por egoísmo, hay que hacerlo por solidaridad y compartir los bienes que tenemos en una cuestión tan sensible como esta y que ha puesto en peligro a la humanidad entera.

Hace unos días se presentaba el documento ‘Fieles al envío misionero’ con las orientaciones que aporta la CEE para los próximos años. ¿Cómo acomodar o adaptar este documento a una ciudad como Sevilla? Dicho de otro modo… ¿Cómo evangelizar en la Sevilla actual?

Ese documento tiene unas líneas transversales, que es constatar la realidad actual de la Iglesia y del mundo. Vemos que se vive un proceso de secularización, aparentemente imparable. Vivimos en medio de una cultura dominante relativista, subjetivista, que nos lleva a la superficialidad y a veces se dan unas actuaciones que quieren apartar a Dios de la vida y de la plaza pública. ¿Cómo hacer frente a eso? Vivir la fe con intensidad y autenticidad y después a anunciar a Jesucristo. Ahí entra nuestra palabra, nuestro patrimonio. Nos encontramos en una sociedad con un empobrecimiento espiritual pobre, donde la gente tiene todo materialmente, pero no encuentra sentido a su vida, en los países ricos, porque en los pobres no pasa. Tenemos que hacer una propuesta para ayudar a esas personas a elevar el espíritu. Para todo ello, en Sevilla nos ayuda el patrimonio artístico, esa vitalidad de la que hablábamos, que es sacar a las calles las procesiones.

Es una maravilla encontrar a tantas personas que, en lugar de tener miedo de expresar su fe en la vida pública, están deseando hacerlo. En el momento presente hay unas bolsas de pobreza en el Occidente rico y en el Tercer Mundo. Tenemos un fenómeno migratorio por causas de guerras o porque necesitan un futuro para sus hijos. Hay que dar una respuesta solidaria, conscientes de que como recuerda el Papa Francisco, de que a los más pobres no se les da las migajas, sino que se les sienta en la mesa con nosotros, y quienes llaman a la puerta no es una persona ajena a la que hemos de ayudar para tranquilizar nuestra conciencia, sino que es un hermano que forma parte de nuestra familia.

La falta de vocaciones es otro de los problemas en la Iglesia, también en Sevilla, y esto provoca noticias tristes. Por ejemplo, la marcha hace casi dos años de Los Padres Blancos Misioneros de África, el cierre del monasterio de San José de Écija en 2015 o el convento de San Francisco en Lebrija en 2017.

Hay menos vocaciones porque hay menos natalidad, más secularización, un planteamiento de la vida menos trascendente o menos religioso. Pero no se trata de llenar los seminarios y noviciados convenciendo a los muchachos y muchachas para que entren. El planteamiento es diferente. En el tema vocacional la iniciativa es de Dios, que es quien llama. Y tiene que descubrir cada persona esa vocación porque se realizará como persona, será feliz, vivirá alegre y será productivo para la Iglesia y la sociedad.

Se trata de ayudar a cada uno a descubrir su vocación. El Señor llama a la mayoría a través del matrimonio, pero hay un grupo al que llama a través de la vida consagrada o del sacerdocio. No hay que llenar el seminario de futuros curas, sino que a los niños y jóvenes se les eduquen cristianamente, acompañarlos espiritualmente y ayudarles a descubrir cuál es su vocación. A veces no es sencillo. Algunos de pequeño lo tienen claro y otros no. El Señor sigue llamando, no es un problema de falta de vocación sino en todo caso de sordera, de que estamos en un ambiente con tanto ruido que no escuchamos si alguien nos llama. Será falta de cobertura. Pero Dios sigue llamando. En los países con más consumismo y menos espiritualidad es donde las vocaciones caen. Pero Dios sigue llamando.

¿Qué acogida ha tenido la nueva asignatura impulsada por la Pastoral Universitaria para jóvenes que quieran adentrarse en la cuestión fe-razón que se impartirá en la Universidad de Sevilla?

Según me ha explicado el delegado son quince profesores los que la imparten y de momento hay 18 matriculados, lo cual es mucho, porque ahora que salimos de la pandemia, que ha afectado a la docencia y a la Universidad y siendo un curso que se estrena la respuesta es positiva e interesante. Va de relacionar la fe y la existencia de Dios, y la vida teologal con distintas disciplinas. Habrá catedráticos de Medicina, de Literatura, Economía, Derecho… puede ser enriquecedor.

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El obispo de Guadix asiste en Loyola al Encuentro de delegados y responsables de Pastoral juvenil, organizado por la CEE

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El obispo de Guadix asiste en Loyola al Encuentro de delegados y responsables de Pastoral juvenil, organizado por la CEE

Del 23 al 26 de septiembre, se está celebrando el Encuentro de delegados y responsables de Pastoral juvenil en Loyola, organizado por la Subcomisión Episcopal para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española. La pastoral juvenil en la era post-covid y los próximos encuentros de jóvenes, como el europeo de Santiago de Compostela y la JMJ de Lisboa 2023, centran buena parte de las sesiones de trabajo. El obispo accitano presidirá la celebración de la Misa de clausura, el domingo 26 de septiembre, en la basílica de Loyola. D. Francisco Jesús es miembro de la Subcomisión para la Juventud e Infancia, de la Conferencia Episcopal Española.

El Encuentro de delegados y responsables de Pastoral juvenil de España tiene lugar del 23 al 26 de septiembre, en Loyola, situado en Azpeitia (Gipuzcoa). Se inauguró el jueves 23 por la tarde, con una eucaristía de acogida presidida por el obispo auxiliar de Valencia y presidente de esta Subcomisión, Mons. Arturo Ros.

La pastoral juvenil en la era pos-covid

El viernes 24 ofreció el saludo y bienvenida, en nombre de la Compañía de Jesús, Ignacio Echarte SJ, superior de la comunidad y rector de la basílica de Loyola. Para el resto de la mañana se programó un retiro espiritual. Las sesiones de trabajo comenzaron ese mismo día por la tarde, con la presentación del documento base para el Proyecto Marco de Pastoral con Jóvenes.

Este sábado 25 tendrá lugar la presentación del libro La Pastoral con Jóvenes en la era Pos-covid, editado por el departamento de Pastoral Juvenil, además de una mesa redonda, que lleva por título: «La Pastoral con Jóvenes Pos-covid». Después de la dinámica por grupos, se realizará la presentación del Encuentro de Equipos de Pastoral Juvenil de Bilbao EPJ22. Asimismo, habrá informaciones sobre la peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago PEJ22 y la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa JMJ23. El día concluirá con la eucaristía en Aránzazu presidida por Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián.

El domingo, 26 de septiembre, continuarán con sesiones de trabajo con la presentación de las conclusiones del encuentro, que se cerrará con una eucaristía presidida por Mons. Francisco Orozco, obispo de Guadix y miembro de la Subcomisión para la Juventud e Infancia.

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