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La cárcel de Sangonera celebra la fiesta de la Merced con la Confirmación de 20 presos

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El Centro Penitenciario Murcia I de Sangonera la Verde celebró el sábado la fiesta de la patrona de los presos y de los funcionarios de prisiones, Nuestra Señora de la Merced. Un día que vivió intensamente la capellanía y voluntarios de Pastoral Penitenciaria de este centro que además de celebrar la fiesta de la Merced, festejaron también la Confirmación de 20 internos.

La celebración, presidida por el vicario de la zona Suburbana I, Manuel Guillén, se celebró en la capilla de la cárcel que se embelleció durante la última semana para acoger esta celebración. «Damos gracias a Dios pues, después de muchos meses de pandemia, es el primer acto y la primera celebración que hemos podido realizar en la capilla de la cárcel con la presencia de presos de distintos módulos», destacan desde la capellanía.

Durante la homilía, Guillén animó a los confirmandos a vencer el miedo y a vivir con esperanza: «El Espíritu Santo viene esta mañana a disipar vuestros miedos para que podáis vivir en la esperanza de los hijos de Dios. Cuando estamos derrumbados, pasando los momentos más oscuros de nuestra vida debemos descubrir que el Señor camina con nosotros».

Desde el equipo de Pastoral Penitenciaria de este centro agradecen a la dirección del mismo su cercanía ese día y piden oración por los 20 nuevos confirmados, «para que sean testigos de Dios dentro del centro y en el mundo al que serán enviados cuando recuperen la libertad».

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Monseñor Rodríguez Magro preside el claustro inicial del curso del Seminario diocesano

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El pasado 24 de septiembre, presidido por el Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, tuvo lugar el claustro inicial del curso  del Seminario diocesano de Jaén. Las condiciones del aula magna de nuestro Seminario permitieron que el evento pudiera realizarse presencialmente.

El encuentro dio comienzo a las 12. 30 horas con la oración inicial. Después de la preceptiva lectura y aprobación  del acta del claustro anterior, tomó la palabra Don Amadeo Rodríguez, Obispo de la Diócesis. El Obispo, tras dar la bienvenida a  los profesores, hizo referencia a la  pandemia ocasionada por el covid-19, aunque podemos constatar una mejoría en la situación respecto al curso pasado debemos seguir siendo precavidos. Comenzamos un nuevo curso, indicó,  en el que hay que dar gracias a Dios por los nuevos alumnos que este año se han incorporado al Seminario.

Asimismo, Don Amadeo exhortó a los profesores para que su docencia fuese muy personalizada y aconteciese  en un estrecho contacto con los formadores. “Desde el Seminario -prosiguió el Prelado-  se tiene que vivir con ilusión lo que la Iglesia nos va pidiendo en cada momento”.  En este sentido solicitó a los profesores que,  como claustro, se respondiese a la consulta que la Iglesia va a realizar como preparación del Sínodo de los Obispos del año 2023.  Sus palabras finales fueron de ánimo y reconocimiento a todos los profesores.

Con posterioridad, tomó la palabra el Rector, D. Juan Francisco Ortiz González, quien informó sobre el número de alumnos del Seminario tras  seis nuevas incorporaciones, hizo referencia a como quedarían distribuidos los cursos y destacó las fechas fundamentales del calendario escolar. Seguidamente, D. Juan Francisco abrió un turno de intervenciones sobre los posibles temas a tratar en las próximas Jornadas Culturales de Santo Tomás. El Rector finalizó su intervención dando las gracias a todos los profesores por su dedicación.

Siguiendo el orden del día, Don Juan Jesús Cañete Olmedo, Jefe de Estudios del Seminario,  entrego los horarios a los profesores e informó sobre temas propios del claustro.

El claustro concluyó con una oración a la Santísima Virgen.

Seminario Diocesano de Jaén

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“En la parroquia de San Luis hay ilusión, hay sueños, hay ganas de aventura… HAY SCOUTS”

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En enero de 2020, el grupo de Scouts católicos perteneciente a la parroquia de San Luis Gonzaga solicitó a la asociación Scouts católicos de Almería el ingreso como grupo en formación. Esta petición llegaba tras dos años duros en los que han tenido que desarrollar sus actividades en medio de la pandemia. Pero, a pesar de las dificultades, los monitores han seguido trabajando con los niños y a día de hoy el grupo cuenta con más de 20 niños y 8 responsables.

El ingreso formal en la asociación se producía el pasado sábado 25 de septiembre en la asamblea diocesana realizada en la parroquia del Espíritu Santo a la que acudieron el resto de grupos Scouts presentes en la diócesis. Una vez comprobado que el nuevo grupo de San Luis cumplía los requisitos requeridos, se les dio una cálida bienvenida.

Este paso permitirá al nuevo grupo emergente participar en asambleas y consejos diocesanos, así como en las distintas actividades que la asociación realiza. Como afirmaba D. Luis Francisco Castillo, responsable del grupo: “en la parroquia de San Luis Gonzaga hay ilusión, hay sueños, hay ganas de aventura… HAY SCOUTS”.

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Enseñanza abre el curso con la mirada puesta en la dimensión litúrgica de la fe

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El pasado sábado, 25 de septiembre, la Delegación Episcopal de Enseñanza celebró el acto de apertura del curso 2021/2022, en el Seminario Diocesano de Jaén. Presentado el acto por nuestra Delegada de Enseñanza, Dña. Celedonia Ortega, el profesorado de religión y de los centros concertados tuvimos un enriquecedor momento de encuentro y oración.

El acto comenzó a las 10:00h, con la recepción y acogida a los asistentes. Seguidamente, a las 10:30, tuvo lugar la celebración de la Eucaristía, organizada por el grupo de profesores y profesoras de Torredonjimeno y de Jaén y presidida por D. Juan Ignacio Damas López, Vicario Episcopal de Evangelización, quien nos transmitió el apoyo y cariño de nuestro Obispo, D. Amadeo, que no pudo acompañarnos desde el principio por sus compromisos como Pastor de Jaén.

Eucaristía
D. Juan Ignacio, en su homilía, nos recordó que los educadores estamos “llamados a dar a conocer el Evangelio” en nuestros centros, y que, como Pablo dijo a Timoteo, debemos “guardar el mandato” dado por Cristo. En sus palabras tuvo presente al iliturgitano Beato Marcos Criado, mártir del siglo XVI, y nos pidió que fuésemos, día a día, “mártires” de la Fe, según la etimología griega de este término (μάρτυς), es decir, que fuésemos “testigos” de la Fe.

El Vicario de Evangelización afirmó durante su predicación que “Los maestros que están llamados a dar testimonio. Ser testigos, implica la propia existencia en el Evangelio. La vida se puede dar, día a día, dejando que a través de ti el Señor sea conocido y amado para muchos que lo conocen poco pero que lo necesitan. Porque la vida con Jesús es infinitamente mejor q la vida sin Él”.

Intervención del Obispo
Al final de la Eucaristía tuvimos la suerte de contar con la presencia de nuestro Prelado, Don Amadeo Rodríguez Magro, quien nos animó a seguir ofreciendo nuestra vida cristiana a nuestro alumnado y nos instó a ser parte activa de la fase diocesana del Sínodo que ha convocado el Papa Francisco, por una Iglesia Sinodal. El Obispo animó a los maestros y profesores recordándoles que “Sois importantes, sois necesarios, que pase lo que pase y lo que os preocupe, le preocupa al obispo y todo lo que os alegre le alegra al obispo. Sois un colectivo responsable, dispuesto a evangelizar, y tenemos que estar dándonos permanentemente”.

Ponencia inaugural del curso
Tras la Eucaristía, todos los participantes nos dirigimos al salón de actos del seminario para asistir a la conferencia “Liturgia: celebración de la Fe”, donde D. Andrés Castro, director del Colegio Diocesano de Linares, presentó al ponente, D. Alejandro Pérez Verdugo, quien, entre otros nombramientos, es Doctor en Sagrada Liturgia, Canónigo-Prefecto de Liturgia y Penitenciario de la Santa Iglesia Catedral de Málaga y Delegado Diocesano de Liturgia de la Diócesis de Málaga.

D. Alejandro dio una visión general sobre “la dimensión celebrativa de la fe que se desarrolla en la liturgia”, o, dicho de otra forma, de la “dimensión litúrgica de la fe”.Al comienzo de la conferencia, el ponente se centró en el origen de la liturgia, que no es otro que la celebración del misterio pascual de Jesucristo, pues “la resurrección de Cristo es el primer manar de la liturgia, es su núcleo”. Así, la liturgia se convierte en la celebración de la Salvación.

Continuó hablándonos sobre el año litúrgico como itinerario para vivir, celebrar y transferir la fe, siendo la guía de la fe y la fuerza para evangelizar. En este sentido insistió en que “por medio de los sacramentos y del año litúrgico celebramos y actualizamos el misterio pascual de Cristo”.

La liturgia, prosiguió diciendo D. Alejandro, “forma parte de la fe” como celebración de la fe de la Iglesia. Con ella vamos ultimando la imagen plena de Cristo, es decir, “con la liturgia seguimos haciendo historia de la Salvación”. También insistió, en relación al lugar donde se confiesa y celebra la fe, en que “la liturgia es el marco más apropiado para confesar la fe de forma eclesial y comunitaria”, debiendo haber una “coincidencia entre la fe de la Iglesia y la fe celebrada por los fieles”. Así, “la fe nace de la escucha de la Palabra en comunidad”, mientras “la liturgia debe alimentar la piedad del pueblo, teniendo como finalidad, no la enseñanza, sino el culto a Dios”.

Por último, el ponente se centró en la liturgia evangelizadora y misionera para celebrar y vivir la fe. En este sentido, planteó como primer reto de la nueva evangelización el de “despertar el gusto o la atracción por la fe”. Para ello, debemos afrontar el año litúrgico “desde un punto de vista pedagógico y antropológico”, sabiendo que a lo largo de él “Dios se nos da” y que es “la forma más incisiva de la fe, mediante signos, gestos, ritos y palabras”. Habló de la importancia del itinerario de iniciación cristiana, como itinerario de fe, comenzando por el “bautismo como puerta para insertarnos en el misterio pascual de Cristo”.

Concluyó diciendo que “en la liturgia no celebramos nuestra fe, sino el objeto de nuestra fe, CRISTO”.

Organización del curso
Tras la ponencia, Dª Celedonia presentó las actividades que, desde la Delegación, están programadas para el curso 2021/2022, entre las que destacó el Encuentro de educadores católicos (Jaén) en noviembre, el Retiro de oración (Úbeda) en marzo, la Jornada festiva de pascua (Sabiote) en mayo o la Clausura del curso (Jaén) en junio.

En el acto hubo un pequeño y emotivo homenaje a una compañera que se ha jubilado en este curso, Dª Mª del Carmen Quero, de Porcuna.

Por último, compartimos un fabuloso aperitivo en las galerías del Seminario, un momento de encuentro para compartir vivencias entre compañeros y tras el que nos fuimos a casa con las pilas cargadas para hacer frente a este nuevo curso.

Gracias.

 

Andrés Castro Blanco
Director del Colegio Diocesano “La Inmaculada Concepción” de Linares

Galería fotográfica: «Inicio curso de Enseñanza 2021-2022»

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La pastoral diocesana penitenciaria celebra la fiesta de la Merced

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El centro penitenciario El Acebuche celebró el pasado jueves los actos conmemorativos del día de su patrona, la Virgen de la Merced. En este centro penitenciario, la Iglesia de Almería, a través de la capellanía y la pastoral penitenciaria, se hace presente en el acompañamiento personal y espiritual de cada uno de los presos.

Para honrar a la patrona de las instituciones penitenciarias se celebraba la Santa Misa, presidida por el Vicario General, D. Ignacio López Román y concelebrada por el Capellán, D. Manuel Navarro González y otros sacerdotes vinculados a esta pastoral diocesana. La Eucaristía, cantada por el coro parroquial de la pastoral penitenciaria, quiso ser un tiempo comunitario de oración, acción de gracias y petición por todas las realidades dolorosas que están viviendo cada uno de los reclusos.

A continuación, tuvieron lugar los actos institucionales en los que el director Miguel Ángel de la Cruz agradeció a los funcionarios y a los internos el esfuerzo realizado desde el estallido de la pandemia para prevenir la propagación del virus en el interior y, en casos puntuales, controlar los posibles contagios detectados.

Durante la celebración de La Merced se entregaron premios a funcionarios de prisiones, profesores e internos. También se realizó un sentido homenaje a Juan Carlos Martínez, director del Centro de Educación Permanente ‘Retamar’, la escuela de la cárcel, que se jubiló el curso pasado tras 34 años y que deja una huella imborrable en el trabajo de reinserción de los reclusos en Almería.

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El Colegio Diocesano Ntra. Sra. de las Mercedes inaugura sus nuevas instalaciones

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El Colegio Diocesano Ntra. Sra. de las Mercedes inaugura sus nuevas instalaciones

La mañana del pasado viernes 24, tuvo lugar el acto de bendición e inauguración de las nuevas instalaciones del Colegio Diocesano Ntra. Sra. de las Mercedes.

El acto de bendición, que se hizo coincidir con la festividad de Ntra. Sra. de las Mercedes, fue realizado por el director espiritual del colegio y párroco de Santa Genoveva, Florentino Córcoles, que exhortó al profesorado a ser “luz en el sendero” de formación de todos estos alumnos, cuidando el aspecto profesional y espiritual.

La obra, ejecutada durante los meses de junio, julio y agosto, ha consistido en la integración en las infraestructuras del colegio de un local que había estado anteriormente dedicado a oficina bancaria.

Al acto acudieron también el gerente de la Fundación Diocesana de Enseñanza Victoria Díez, José Luis del Río, el director del colegio, José Luis Llamas, acompañado de su equipo directivo, representantes del AMPA, del consejo escolar del centro y miembros del patronato de la Fundación Victoria Díez.

Al respecto, Del Río agradeció sus esfuerzos a todos los que han colaborado en hacer realidad este proyecto, “ha sido una labor de equipo que esperamos que continúe dando frutos” y añadió que “esta obra va dirigida a nuestros alumnos y esperamos que la aprovechen y la disfruten”.

Galería fotográfica del acto

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En el martirologio cordobés celebramos a San Adolfo y San Juan. También es la festividad de San Vicente de Paúl

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400px-Arca_de_plata_que_guarda_las_reliquias_de_los_Santos_Mártires_de_Córdoba._Iglesia_de_San_Pedro_de_CórdobaMártires cordobeses del siglo IX. El sacerdote Manuel Nieto Cumplido en su libro “Córdoba: patrimonio de santidad” explica que los mártires Adolfo y Juan eran hermanos de Santa Áurea e hijos los tres de Artemia, después abadesa del monasterio de Santa María de Cuteclara que estuvo casada con un noble de estirpe árabe. Y según las leyes islámicas los hijos de un musulmán debían de ser musulmanes. Este pudo ser el motivo de su martirio. Sus restos mortales fueron inhumados en la basílica de San Cipriano.

San Vicente Paúl

Nació en Pouy (Gascuña, Francia) en 1580 –aunque algunas autoridades han dicho 1576–, y murió en París el 27 de septiembre de 1660. Nacido en una familia campesina, estudió humanidades en Dax con los Cordeleros, y Teología, estudios interrumpidos por una breve estancia en Zaragoza, en Toulouse, donde se graduó. Se ordenó sacerdote en 1600 y permaneció en Toulouse o en sus proximidades trabajando como tutor mientras continuaba con sus propios estudios. En 1605, regresó a Marsella, donde había ido a causa de una herencia, pero allí fue hecho prisionero por piratas turcos, que lo llevaron a Túnez. Fue vendido como esclavo, pero escapó en 1607 con su amo, un renegado al que convirtió. De regreso a Francia, fue a Aviñón a ver al vicelegado papal, al que siguió a Roma para continuar sus estudios. Fue enviado de vuelta a Francia en 1609, en una misión secreta cerca de Enrique IV; fue nombrado capellán de la reina Margarita de Valois, y se le ofreció la pequeña abadía de Saint-Léonard-de-Chaume. A petición del señor de Bérulle, fundador del Oratorio, se encargó de la parroquia de Clichy, cerca de París, pero varios meses más tarde (1612) entró al servicio de los Gondi, una ilustre familia francesa, para educar a los hijos de Philippe-Emmanuel de Gondi. Llegó a ser el director espiritual de la señora de Gondi. Con la ayuda de ésta, comenzó a fundar misiones en sus terrenos; pero, para eludir el aprecio de que era objeto, dejó a los Gondi y, con la aprobación del señor de Bérulle, se nombró cura de Chatillon-les-Dombes (Bresse), donde convirtió a varios protestantes y fundó la primera cofradía de caridad para asistencia de los pobres. Los Gondi le pidieron que volviera y lo hizo cinco meses después, reanudando las misiones campesinas. Varios cultos sacerdotes de París, seducidos por su ejemplo, se unieron a él. En casi todas estas misiones se fundó una cofradía de caridad para asistencia de los pobres; entre éstas se destacan las de Joigny, Châlons, Mâcon y Trévoux, que duraron hasta la Revolución.

Después de los pobres, la atención de Vicente se dirigió hacia los condenados a galeras, que estaban sometidos al señor de Gondi como general de las galeras de Francia. Antes de ser conducidos a bordo de las galeras o cuando la enfermedad los obligaba a desembarcar, los condenados eran apiñados en húmedos calabozos con grilletes en los tobillos, y su única comida era pan negro y agua; y estaban cubiertos de llagas y sabandijas. Su estado moral era más espantoso aún que su sufrimiento físico. Vicente deseaba aliviar ambos. Asistido por un sacerdote, comenzó a visitar a los condenados a galeras de París, a los que hablaba empleando palabras dulces, prestándoles cualquier servicio, por muy repulsivo que fuera. De este modo se ganó sus corazones, convirtió a muchos de ellos y logró que varias personas que venían a visitarlos intercedieran por ellos. Vicente compró una casa y estableció en ella un hospital. Poco después Luis XIII lo nombró capellán real de las galeras, título que Vicente aprovechó para visitar las galeras de Marsella, donde los condenados eran tan desdichados como en París; los colmó de sus cuidados, además de planear construir un hospital para ellos, pero esto no pudo hacerlo hasta diez años más tarde. Mientras tanto, fundó, en la galera de Burdeos, como en las de Marsella, una misión, que fue coronada por el éxito (1625).

Sociedad de la Misión

El bien llevado a cabo por estas misiones llevó a Vicente, con el impulso de la señora de Gondi, a fundar su instituto religioso de sacerdotes dedicado a la evangelización del pueblo: la Sociedad de la Misión.

Por experiencia, San Vicente había aprendido que el bien que hacían las misiones no podía durar a menos que hubiera sacerdotes que se ocuparan de ello, pero en esa época había pocos en Francia. Desde el Concilio de Trento los obispos habían estado esforzándose por fundar seminarios para su formación, pero estos seminarios encontraron muchos obstáculos, el mayor de los cuales eran las guerras de religión. De los veinte fundados, en 1625 no sobrevivían ni diez. La asamblea general del clero francés expresó el deseo de que los candidatos a las Sagradas Órdenes fueran admitidos solamente después de unos días de recogimiento y retiro. A petición del obispo de Beauvais, Potierdes Gesvres, Vicente emprendió en Beauvais (septiembre de 1628) el primero de estos retiros. Según su plan, comprendían conferencias ascéticas e instrucciones acerca del conocimiento de lo más indispensable para los sacerdotes. Su principal servicio fue que dieron lugar a lo que posteriormente se llamaron seminarios. Al principio sólo duraban diez días, pero ampliándolos gradualmente a 15 ó 20 días, luego a uno, dos o tres meses antes de cada orden, los obispos consiguieron prolongar el periodo de estancia a dos o tres años entre la filosofía y el acceso al sacerdocio. Existían unos seminarios llamados de ordenandos, luego seminarios mayores, cuando se fundaron los seminarios menores. Nadie hizo más que Vicente en lo que atañe a esta doble creación. Ya en 1635 había establecido un seminario en el Collège des Bons-Enfants. Ayudado por Richelieu, que le dio mil coronas, sólo admitió a eclesiásticos que estudiaran teología (seminario mayor), fundando paralelamente un seminario menor llamado de San Carlos para sacerdotes que estudiaran humanidades (1642). Había enviado a algunos de sus sacerdotes al obispo de Annecy (1641) para dirigir su seminario, y colaboró con los obispos para fundar otros en sus diócesis facilitándoles sacerdotes para dirigirlos. Así, a su muerte había aceptado la dirección de once seminarios. Antes de la Revolución su congregación dirigía en Francia cincuenta y tres seminarios mayores y nueve menores, esto es, un tercio de todos los de Francia.

La conferencia eclesiástica completó la labor de los seminarios. Desde 1633 San Vicente celebró una cada martes en Saint-Lazare, en la que se reunían todos los sacerdotes deseosos de conferenciar en común sobre las virtudes y las funciones de su estado. Participaron, entre otros, Bossuet y Tronson. Con las conferencias, San Vicente instituyó en St.-Lazare retiros abiertos para laicos y sacerdotes. Se estima que en los veinte últimos años de la vida de San Vicente asistían con regularidad más de ochocientas personas al año, más de 20.000 en total. Estos retiros contribuían en gran medida a infundir un espíritu cristiano en el pueblo, pero imponían gravosos sacrificios a la casa de St.-Lazare. Nada se exigía a los participantes; cuando se trataba del bienestar de las almas, Vicente no reparaba en gastos. Ante las quejas de sus compañeros, que deseaban dificultar la admisión a los retiros, un día consintió en ello. Al atardecer nunca había habido tantos admitidos; cuando un fraile le informó azorado de que no cabían más, Vicente le respondió: “Bueno, dadles mi habitación”.

Obras de caridad

Vicente de Paúl había establecido las Hijas de la Caridad casi al mismo tiempo que los ejercicios para ordenandos. Al principio se pretendía que éstas ayudaran a las conferencias de caridad. Cuando estas conferencias se establecieron en París (1629), las damas que se unieron a ellas estaban ansiosas por dar limosnas y visitar a los pobres, pero a menudo no sabían cómo ocuparse de ellos y enviaban a sus criados en su lugar para que hicieran lo que fuera necesario. Vicente concibió la idea de reclutar a jóvenes piadosas para este servicio. Al principio fueron distribuidas individualmente por las diversas parroquias en que estaban establecidas las conferencias y visitaban a los pobres con estas damas de las conferencias o, cuando era necesario, se ocupaban de ellas en su ausencia. En el reclutamiento, la formación y la dirección de estas servidoras de los pobres, Vicente encontró estimable ayuda en la señorita Legras. Cuando su número aumentó, las agrupó en una comunidad bajo su dirección, pronunciando él una conferencia semanal apropiada a su condición. (Para más detalles, véase Hermanas de la Caridad.) Junto a las Hijas de la Caridad, Vicente de Paúl obtuvo para los pobres los servicios de las Damas de la Caridad, a petición del arzobispo de París. Agrupó (1634) bajo este nombre a algunas mujeres piadosas que estaban decididas a atender a los pobres enfermos que entraran en el Hôtel-Dieu hasta un número de 20 mil ó 25 mil por año; también visitan las cárceles. Entre ellas había hasta 200 damas del más alto rango. Tras haber redactado su regla, San Vicente apoyó y estimuló su caritativo celo. Gracias a ellas, fue capaz de recoger las enormes sumas que distribuían en socorro de todos los desgraciados. Entre las obras que podía llevar a cabo gracias a esa colaboración, una de las más importantes era el auxilio a los pródigos, que en esta época eran deliberadamente deformados por personas sin escrúpulos para poder explotar la piedad de la gente. Otros eran recogidos en un asilo municipal llamado “La couche”, donde a menudo eran maltratados o se les dejaba morir de hambre. Las Damas de la Caridad empezaron por adquirir un grupo de doce niños, que fueron instalados en una casa especial confiada a las Hijas de la Caridad y cuatro enfermeras. Así, años más tarde, el número de niños alcanzó la cantidad de 4 mil; su mantenimiento costaba 30 mil libras, que ascendió a 40 mil con el incremento en el número de niños.

Con la ayuda de un generoso desconocido, que puso a su disposición la suma de 10 mil libras, Vicente fundó el Hospicio del Nombre de Jesús, donde cuarenta ancianos y ancianas hallaron un refugio y trabajo adecuado para ellos. En la actualidad se llama Hospital de los Incurables. La misma beneficencia se extendió a todos los pobres de París, pero la creación del Hospital General fue una idea de las Damas de la Caridad, en particular de la duquesa de Aiguillon. Vicente hizo suya la idea y contribuyó como nadie a la realización de una de las mayores obras de caridad del siglo XVII; la acogida de 40 mil pobres en un asilo donde encontrarían un trabajo útil. En respuesta a la petición de San Vicente, las contribuciones llegaron a raudales. El Rey cedió los terrenos de la Salpétrière para la construcción del hospital, con un capital de 50 mil libras y una dotación de 3 mil. El cardenal Mazarino envió 100 mil libras; el presidente de Lamoignon, 20 mil coronas; y la señora de Bullion, 60 mil libras. San Vicente encargó la tarea a las Hijas de la Caridad y las apoyó con todo su poder.

La caridad de San Vicente no se limitaba a París, sino que llegaba a todas las provincias desoladas por la miseria. Durante el periodo francés de la guerra de los Treinta Años, Lorena, Trois-Évêchés, el Franco Condado y Champaña padecieron durante casi un cuarto de siglo todos los horrores y los azotes de la guerra. Vicente solicitó a las Damas de la Caridad su ayuda urgente; se estima que con sus reiteradas peticiones consiguió 12 mil libras. Cuando se acabó el dinero, volvió a recoger limosnas, que enviaba sin tardanza a los distritos más afectados. Cuando las contribuciones empezaron a disminuir, Vicente decidió imprimir y divulgar las cuentas que le enviaban de esos distritos desolados; esto tuvo mucho éxito, llegando a publicar un periódico llamado “Le magasin charitable”. Vicente lo aprovechó para fundar en las provincias arruinadas los “potages économiques”, una tradición que permanece en nuestras modernas cocinas económicas. Él mismo compiló cuidadosamente las instrucciones relativas al modo de preparación de estos “potages” y la cantidad de grasa, mantequilla, verduras y pan que se debían emplear. Apoyó la fundación de congregaciones que se encargaban de enterrar a los muertos y de eliminar la suciedad, permanente causa de enfermedades. Frecuentemente las dirigían misioneros y Hermanas de la Caridad. Al mismo tiempo, con el propósito de apartarlas de la brutalidad de los soldados, llevó a París a 200 jóvenes, que alojó en varios conventos, y numerosos niños, que acogió en St.-Lazare. Incluso fundó una organización especial para auxilio de los nobles de Lorena que habían buscado refugio en París. Tras la paz general, dirigió su preocupación y sus limosnas a los católicos irlandeses e ingleses que habían sido expulsados de su país.

Todas estas actividades habían hecho famoso a Vicente de Paúl en París e incluso en la Corte. Richelieu a veces lo recibía y escuchaba favorablemente sus peticiones; lo ayudó en sus primeras fundaciones de seminarios y estableció una casa para sus misioneros en el pueblo de Richelieu. En su lecho de muerte Luis XIII deseaba ser asistido por él: “Oh, señor Vicente”, decía, “si recupero la salud, no nombraré a ningún obispo que no haya pasado tres años con vos”. Su viuda, Ana de Austria, nombró a Vicente miembro del Consejo de Conciencia, encargado de las propuestas de beneficios. Estos honores no alteraron la modestia y la sencillez de Vicente. Sólo iba a la Corte por necesidad, vistiendo un sencillo atuendo. No empleaba su influencia más que para el bienestar de los pobres y en interés de la Iglesia. Bajo Mazarino, cuando París se levantó en la época de la Fronda (1649) contra la regente Ana de Austria, que fue obligada a retirarse a St.-Germain-en-Laye, Vicente afrontó todos los riesgos implorando clemencia para ella en nombre del pueblo de París y osó aconsejarle el sacrificio del cardenal ministro para evitar los males que la guerra amenazaba con llevar al pueblo. También reconvino al mismo Mazarino. Su consejo no fue escuchado. San Vicente redobló entonces sus esfuerzos para aliviar los males de la guerra en París. Su beneficencia socorría diariamente a 15 mil ó 16 mil refugiados; sólo en la parroquia de San Pablo las Hermanas de la Caridad ofrecían sopa diariamente a 500 pobres, aparte de cuidar a 60 u 80 enfermos. En aquel tiempo, Vicente, sin preocuparse por los peligros que corría, multiplicó cartas y visitas a la Corte de St. Denis para conseguir paz y clemencia; incluso escribió una carta al Papa pidiéndole que interviniera e interpusiera su mediación para acelerar la paz entre las dos partes.

El jansenismo también manifestó su apego a la fe y el uso de sus influencias en su defensa. Cuando Duvergier de Hauranne, más tarde abad de St. Cyran, llegó a París (aproximadamente en 1621), Vicente de Paúl mostró algún interés en él por ser compatriota y sacerdote como él y por percibir en él sabiduría y piedad. Pero, cuando se informó mejor acerca de los fundamentos de sus ideas sobre la gracia, lejos de ser engañado por ellas, se esforzó por apartarlo del camino del error. Cuando el “Augustinus” de Jansenio y “Comunión Frecuente” de Arnauld revelaron las auténticas ideas y opiniones de la secta, Vicente se dispuso a combatir; persuadió al obispo de Lavaur, Abra de Raconis, para que escribiera contra ellas. En el Consejo de Conciencia se opuso a la admisión a beneficios de cualquiera que las compartiera, y se unió al canciller y al nuncio en la busca de medios para resistir su progreso. A iniciativa suya algunos obispos de St. Lazare decidieron informar al Papa de estos errores. San Vicente persuadió a ochenta y cinco obispos para que solicitaran la condena de las cinco famosas proposiciones, y convenció a Ana de Austria para que escribiera al Papa para acelerar su decisión. Cuando las cinco proposiciones hubieron sido condenadas por Inocencio X (1655) y Alejandro VII (1656), Vicente procuró que todos aceptaran esta sentencia. Su celo por la Fe, empero, no le hizo olvidar su caridad, lo cual demostró con St. Cyran, a quien Richelieu había encarcelado (1638); se dice que asistió a su funeral. Una vez Inocencio X hubo anunciado su decisión, fue a los solitarios de Port-Royal para felicitarlos por su intención, previamente manifestada, de someterse por completo. Además, rogó a los predicadores conocidos por su celo antijansenista que evitaran en sus sermones todo aquello que pudiera amargar a sus adversarios. Las órdenes religiosas también se beneficiaron de la gran influencia de Vicente. No sólo ejerció mucho tiempo la dirección de las Hermanas de la Visitación, fundadas por Francisco de Sales, sino que también recibió en París a las Religiosas del Santísimo Sacramento, apoyó la existencia de las Hijas de la Cruz (cuyo objetivo era educar a muchachas campesinas) y animó la reforma de los benedictinos, los cistercienses, los antonianos, los agustinos, los premonstratenses y la Congregación de Grandmont. El cardenal de La Rochefoucault, a quien se había encomendado la reforma de las órdenes religiosas de Francia, nombró a Vicente su mano derecha y le obligó a permanecer en el Consejo de Conciencia.

El celo y la caridad de Vicente atravesaron las fronteras de Francia. Ya en 1638 encargó a sus sacerdotes que predicaran a los pastores de la Campania, que ofrecieran en Roma y Génova los ejercicios para ordenandos y que establecieran misiones en Saboya y Piamonte. Envió otras a Irlanda, Escocia, las Hébridas, Polonia y Madagascar (1648-60). De todas las obras llevadas a cabo en el extranjero, quizá ninguna le interesó tanto como la de los pobres esclavos de Berbería, cuya suerte compartió una vez. Había entre 25 mil y 30 mil de estos desgraciados repartidos sobre todo entre Túnez, Argel y Bizerta. Cristianos en su mayor parte, habían sido apartados de sus familias por los corsarios turcos. Eran tratados como auténticas bestias de cargas, condenados a terribles trabajos, sin ningún cuidado físico o espiritual. Vicente no dejó nada por hacer para enviarles ayuda, y, ya en 1645, les envió un sacerdote y un fraile, que fueron seguidos por otros. Vicente incluso había hecho que uno de ellos fuera investido con la dignidad de cónsul para que pudiera trabajar más eficazmente para los esclavos. Les envió frecuentes misiones y les aseguró los servicios de la religión. Al mismo tiempo actuaron como agentes con sus familias y fueron capaces de liberar a algunos de ellos. A la muerte de San Vicente, estos misioneros habían rescatado a 1.200 esclavos, habiendo gastado 1.200.000 libras en los esclavos de Berbería, por no mencionar las ofensas y persecuciones de todo tipo que ellos mismos padecieron por parte de los turcos. Esta vida exterior, tan fructífera en obras, tenía su origen en un profundo espíritu religioso y en una vida interior de maravillosa intensidad. Era particularmente fiel a las obligaciones de su estado, obedeciendo con atención las sugerencias de fe y piedad y consagrándose con devoción a la oración, la meditación y los ejercicios religiosos y ascéticos. De mente práctica y prudente, no dejó nada al azar; su desconfianza en sí mismo sólo era igualada por su confianza en la Providencia. Cuando fundó la Sociedad de la Misión y las Hermanas de la Caridad, se abstuvo de darles instrucciones fijas por adelantado; sólo tras varios intentos y una larga experiencia decidió en los últimos años de su vida darles reglas definitivas. Su celo por las almas no conocía límite; todas las ocasiones eran para él oportunidades para ponerlo en práctica. Cuando murió, los pobres de París perdieron a su mejor amigo y la humanidad, un benefactor sin par en tiempos modernos.

Cuarenta años después (1705), el Superior General de los lazaristas solicitó la iniciación del proceso de canonización. Muchos obispos, entre ellos Bossuet, Fénelon, Fléchier y el Cardenal de Noailles, apoyaron la petición. El 13 de agosto de 1729 fue beatificado por Benedicto XIII, y canonizado por Clemente XII el 16 de junio de 1737. En 1885 León XIII lo nombró patrón de las Hermanas de la Caridad. En el curso de su larga y ajetreada vida, Vicente de Paúl escribió un gran número de cartas, estimadas en no menos de 30 mil. Tras su muerte se comenzó la tarea de recopilarlas, y en el siglo XVIII se habían reunido 7 mil; muchas se han perdido desde entonces. Las que se han conservado se publicaron con errores bajo el título de “Lettres et conférences de St. Vincent de Paul” (supplément, Paris, 1888); “Lettres inédites de saint Vincent de Paul” (coste in “Revue de Gascogne”, 1909, 1911); “Lettres choisies de saint Vincent de Paul» (Paris, 1911); el total de cartas publicadas es de unas 3.200. También se han recogido y publicado sus “Conférences aux missionaires» (Paris, 1882) y “Conférences aux Filles de la Charité” (Paris, 1882).

ANTOINE DEGERT Transcrito por Claudia C. Neira Traducido por Ignacio Menéndez López (Fuente: enciclopedia católica)

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Francisco Castro presenta este viernes «Luz de los hombre. Fundamentos de Antropología Teológica»

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El viernes 1 de octubre, a las 19.30 horas, tiene lugar, en la Casa Hermandad de la Cofradía de Estudiantes, la presentación del nuevo libro del sacerdote diocesano Francisco Castro, párroco de Santa Inés, en Málaga, y profesor de los Centros Teológicos.

La obra se titula “Luz de los hombres. Fundamentos de Antropología Teológica”. Una presentación muy esperada, ¿no es así?

Así es. El libro se publicó en enero del año pasado, antes de la pandemia, y lo íbamos a presentar en Cuaresma, pero ha sido una Cuaresma demasiado larga. 

La presentación correrá a cargo de otro sacerdote diocesano y profesor de los Centros Teológicos, Miguel Ángel Criado. 

Además de ser un queridísimo compañero, es profesor de Teología Fundamental y la temática de este libro es muy afín. Es un libro que aborda cuestiones de la Antropología Teológica pero en consonancia con las necesidades del diálogo con la cultura y de la propuesta de la fe, por tanto, estamos dentro del campo de la Teología Fundamental.

Para nuestros lectores, ¿cómo nos presentaría el libro, qué podemos encontrar en Luz de los Hombres?

Es un intento de presentar las posibilidades de que el ser humano llegue a acoger la fe, así de sencillo. Se trata de un estudio teológico basado en las fuentes de la Revelación, por supuesto, pero que nos habla de las condiciones de posibilidad de llegar a creer y de poder testimoniar la fe a otros como algo que es algo perfectamente plausible y que cada ser humano lo está aguardando en el fondo de su corazón. Se trata de un libro de teología y eso requiere sentarse tranquilo a leerlo pero, quien se atreva a pasearse por sus páginas verá que tiene una primera parte más divulgativa, en la que va a encontrar algunas cuestiones más familiares como el Concilio Vaticano II, Gaudium et spes… y después se hace en el libro como una especie de paréntesis desde esa primera reflexión que lanza la Iglesia acerca del ser humano en el Concilio (qué es el hombre y la respuesta de la Iglesia: el hombre nuevo, perfecto hombre y hombre perfecto es Jesucristo), con lo que nos encontramos en el Magisterio del papa Francisco, hacia el final del libro, donde se puede ver esbozada una antropología pastoral, es decir, una antropología orientada precisamente a la posibilidad del primer anuncio. Finalmente, se lanzan unas líneas que se mantienen dentro de lo teológico, pero siempre con un profundo sentido pastoral. Unas líneas sobre cómo sería posible conectar con esos anclajes que todo ser humano lleva dentro de su ser para acoger la buena noticia de Jesucristo. 

La temática del libro va muy en línea con las Prioridades Pastorales Diocesanas: primer anuncio y evangelización.

Así es, va totalmente en línea con la prioridad pastoral de la Iglesia que es evangelizar. Es una propuesta sencilla y audaz en el sentido de que reclama para la antropología ese espacio que, yo creo que era un espacio primero. La Antropología Teológica, modernamente, nace de ese reto que le lanza el Concilio a los teólogos cuando dice que el misterio del ser humano solo se esclarece completamente, verdaderamente, en el misterio del verbo encarnado. De ahí nace, con ese ánimo de mostrar que la fe cristiana verdaderamente nos hace más humanos, creer en Jesucristo y seguirlo nos hace más humanos y crea la posibilidad de una sociedad verdaderamente más humana. En esa línea del Concilio, que no debemos olvidar, me atrevo a recoger este reto y desarrollarlo en el contexto nuevo en el que vivimos. Se anuncia algo que la gente, en el fondo, espera, aún sin saberlo. 

El libro lo escribió antes de la pandemia. Después de este tiempo, ¿ha cambiado su visión sobre a obra?

Pues es muy buena pregunta. Las personas creativas, cada vez que miran su obra le ven cosas que mejorar o decir de otra manera. Pero ahí está, como un testimonio. El contexto sigue siendo el mismo, básicamente, aunque es verdad que nos situamos en una coyuntura en la que vemos que hemos perdido esa seguridad que parecía que teníamos ante la vida y ante las cosas. Nos sitúa en cierto sentido en esas situaciones límite en las que el ser humano no puede dejar de preguntarse por el sentido de su vida. Yo creo que la situación de ahora verifica lo que en el libro se defiende: en un momento u otro, ninguna persona puede escapar a las preguntas fundamentales y ahí está el testimonio de los cristianos, el testimonio de la Iglesia para tender una mano, que es la mano del mismo Señor, para hacer lucir una luz que es la luz misma de Cristo. 

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Pablo Orti: «Dar voz a la inquietud de muchos jóvenes es una responsabilidad»

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Pablo Orti García es un joven malagueño que ha participado en el «Seminario nacional con jóvenes – los 40» representando a las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Granada. A su regreso contó su experiencia en el programa IGLESIA NOTICIA, en COPE Málaga.

Desde hace cuatro años viene funcionando en España el llamado “Seminario nacional con jóvenes – los 40”. Se trata de un encuentro de jóvenes con experiencia pastoral, vinculados a las diócesis, congregaciones y movimientos, para convivir, orar y reflexionar juntos en torno a la pastoral con jóvenes. Ha tenido lugar este año en Valladolid con unos 40 participantes.

Estos encuentros son una creación del grupo “Diálogos de Pastoral con jóvenes”, asumido por la Subcomisión Episcopal para la Juventud y la Infancia de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Con esta iniciativa se quiere responder a la petición del reciente proceso sinodal sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” acerca de la necesidad de escuchar a los jóvenes y de ir haciendo camino con ellos.

Al Seminario nacional con jóvenes acude un joven por cada Provincia Eclesiástica de nuestro país, junto a varios jóvenes vinculados a congregaciones y a movimientos de ámbito nacional. Los jóvenes convocados trabajaron el “Documento preparatorio” para el nuevo Proyecto Marco de Pastoral Juvenil de la Iglesia en España y Pablo Orti fue uno de los participantes. Así nos contaba su experiencia en el programa IGLESIA NOTICIA.

¿Qué se siente al representar a un grupo de diócesis en un encuentro en el que se habla del futuro de los jóvenes de toda España?

¿Qué te ha parecido el encuentro? ¿Cómo lo has vivido?

Y ahora qué, ¿con más ganas de seguir llevando el Evangelio? Tú estás implicado en los grupos de Maristas y en tu parroquia de la Victoria, ¿verdad?

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