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Clausura del curso 2020-21 en el Centro de Estudios Pedro Suárez

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Clausura del curso 2020-21 en el Centro de Estudios Pedro Suárez

Este sábado 3 de julio se clausura el curso 2020-21 en el Centro de Estudios Pedro Suarez, de Guadix. El acto tendrá lugar en la sede de la Fundación Julio Visconti, en la ciudad accitana, a las 12 del mediodía.

En la clausura se entregará el Premio Pedro Suárez 2020 a las revistas Péndulo. Papeles de Bastitania y a Revista Velezana.

Finalmente, habrá una conferencia, a cargo Marino Aguilera Peñalver, alcalde de Alcalá la Real y presidente de la Fundación de Ciudades Medias del Centro de Andalucía. El título de la conferencia es «Alcalá la Real, un modelo de gestión turística y patrimonial».

El Centro de Estudios «Pedro Suárez» (CEPS), es una asociación, sin ánimo de lucro, que desde 1988 trabaja en la investigación, conservación y difusión del patrimonio cultural de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar (Granada). Lleva el nombre de Pedro Suárez en honor al primer historiador que, en el siglo XVII, compiló la historia de este territorio integrado en la diócesis de Guadix.

Una de las últimas actuaciones del Centro de Estudios Pedro Suárez ha sido la publicación de una App para conocer la historia y el patrimonio de la ciudad de Guadix. La aplicación se llama Pasea Guadix y ya se puede descargar gratis en Android e IOS.

Antonio Gómez

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DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

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Todos conocemos cómo terminó el ministerio público de Jesús. La cruz no supuso solo el final de su vida terrena sino, también, el mayor fracaso del ejercicio de su misión mesiánica. La cruz es muerte pero, sobre todo, fracaso e ignominia. Sin embargo, la cruz no fue único fracaso que experimentó Jesús. A lo largo de su ministerio público fueron muchas las ocasiones en que fue golpeado por resultados adversos e inesperados. Jesucristo, que asumió una existencia humana como la nuestra, no se libró de las contrariedades de la vida.

El evangelio de hoy nos habla de uno de esos fracasos que vivió Jesús; el rechazo de sus paisanos. El argumento que los habitantes de Nazaret ofrecieron para no aceptar la palabra de Jesús fue que, para ellos, era demasiado cercano, conocido y pequeño. Que era solo el carpintero del pequeño pueblo y, por tanto, no podía hablar con autoridad ni realizar milagros. Si Jesús se hubiese presentado ante sus compatriotas desplegando todo el poder propio de Dios, nadie hubiera puesto en duda su palabra. Pero el camino elegido por Dios en su deseo de dar vida al ser humano ha sido siempre el ofrecimiento y no la imposición. Se podría decir que en su deseo de ser amigo del hombre, Dios nunca ha querido asustarnos, por eso, siempre se ha acercado a nosotros desde la pequeñez y la humildad. Como hizo Jesús entre sus paisanos de Nazaret.

La experiencia del fracaso, tan común entre todos los seres humanos, constituye para los cristianos una verdadera piedra de toque en su relación con Dios. Ante una situación de derrumbamiento de las propias expectativas, no es extraño que el cristiano pregunte a Dios dónde está. En el fondo, lo que se está haciendo es pedir a Dios que despliegue todo su poder para que las situaciones adversas y dolorosas que contradicen nuestras ilusiones y deseos, muten y todo sigua según el plan y las expectativas que habíamos establecido previamente. Por ello, el fracaso supone, a veces, la repetición de la actitud de los nazarenos; rechazar a Dios porque se acerca a nuestra vida en pequeñez y humildad.

Frente a esta actitud, Jesucristo enseña, con su comportamiento en Nazaret, que, para la persona verdaderamente cristiana, el fracaso nunca puede llevar al cuestionamiento de Dios y de su amor providente. Muy al contrario, debe suponer un momento de reflexión y de confrontación de la propia vida y de los proyectos personales con la voluntad de Dios. Porque, cuando la vida del cristiano responde a la voluntad de Dios, los fracasos se convierten en contrariedades y, cuando son asumidas con espíritu cristiano, se transforman en ofrecimiento de la propia vida a imagen de Jesucristo.

Victoriano Montoya Villegas

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Mons. Catalá: «Os llevo en el corazón»

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La Iglesia de Málaga se unió a su obispo y pastor, D. Jesús Catalá, para dar gracias a Dios en su 25 aniversario de ordenación episcopal y 45 de ordenación sacerdotal. La Catedral de Málaga acogió una Eucaristía presidida por el propio Mons. Jesús Catalá y concelebrada por el arzobispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez; los vicarios de Alcalá; el rector del Seminario de Alcalá, Luis Eduardo Morona; el Cabildo Catedral de Málaga; el Consejo Episcopal de la diócesis y un grupo numeroso de sacerdotes de todos los puntos de la diócesis. 

La puerta central de la Catedral, la Puerta de la Encarnación, se abrió para dar paso a la procesión formada por el Sr. Obispo y los concelebrantes, como ya hicieran en la toma de posesión, el 13 de diciembre de 2008, hace 12 años y medio, salieron de la iglesia del Sagrario y entraron por la escalinata de la Plaza del Obispo. 

«Tal día como hoy, en 1976, hace 45 años, D. Jesús recibía el sacramento del orden sacerdotal, quedando ordenado al ministerio del servicio a la Iglesia y a Dios», se escuchaba en la monición ambiental, pronunciada por el delegado para el Clero, Francisco González, quien añadía «el pasado 11 de mayo se cumplía el 25 aniversario de su ordenación episcopal, en la Catedral de Santa María, en Valencia, realizada por el arzobispo D. Agustín García-Gasco Vicente, posteriormente nombrado cardenal por el papa Benedicto XVI (…) D. Jesús, hoy queremos unirnos a su acción de gracias a Dios, a la vez que le agradecemos la entrega de su vida al Señor en la Iglesia y en esta, nuestra diócesis de Málaga, por estos años de ministerio episcopal entre nosotros».

Entre las autoridades que participaron se encontraba el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre y su esposa; los concejales Teresa Porras y Francisco Pomares; María Francisca Caracuel, vicepresidenta tercera de la Diputación; Ignacio García y Santiago Serrano, representantes militares; el subdelegado de Defensa en Málaga, Eduardo Llorente; y el comisario Roberto Rodríguez Pelasco, en representación de la Comisaría de Policía. 

La familia de D. Jesús también participó en la celebración, representada en una decena de hermanos, sobrinos y sobrinos-nietos del prelado. 

La Fundación Victoria estuvo representada por su vicepresidenta, Inmaculada Román, así como los directores de los centros educativos. 

Los trabajadores del Obispado, los delegados diocesanos, la permanente de la CONFER (Confederación de Religiosos), el Consejo de Asuntos Económicos, el Consejo Pastoral Diocesano, representantes de las Agrupaciones de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Málaga y de la provincia, así como de las Hermandades de Gloria, la Hermandad de la Victoria y las no agrupadas, Casa Diocesana, miembros de los movimientos y asociaciones presentes en la diócesis, y de otras entidades que colaboran con ella se unieron a esta celebración jubilar.

Santo Tomás apóstol

En la monición inicial, el diácono y ecónomo diocesano Rafael Carmona hizo referencia al santo del día, Tomás apóstol, mártir del siglo I. El día de su fiesta recibió D. Jesus Catalá la ordenación sacerdotal, hace 45 años.

La primera lectura fue proclamada por el acólito Pedro González y la segunda lectura por el seminarista Javier Villanueva. El salmo, composición musical de Mons. Marco Frisina, ex profeso para esta celebración, con los textos del salmo del día, fue cantado por el tenor Luis Pacetti y el evangelio fue proclamado por el diácono Rafael Carmona.

En su homilía, D. Jesús Catalá recordó con ternura las celebraciones de su ordenación sacerdotal, en su parroquia de Vilamarxant (Valencia), hace 45 años, y de su ordenación episcopal en la Catedral de Valencia, hace 25. De cada una destacó anécdotas y mensajes que recibió de quienes le acompañaron entonces. 

También profundizó en la figura del santo Tomás y dirigió palabras a los participantes en la Catedral y a los que seguían la retransmisión por CanalMálagaTV. «Que el Señor os bendiga y agradezca vuestra cercanía y amor hacia mí. Gracias», expresaba y añadía, fijando su mirado en los sacerdotes: «Os llevo en el corazón y os lo digo con todo cariño».

El diácono Rafael Carmona propuso las intenciones en la oración de los fieles en los que se recordó, de forma especial a «las diócesis de Valencia, Alcalá de Henares y nuestra diócesis de Málaga, que ponen en Cristo su amor y a las que nuestro Obispo Jesús ha servido».

Carta del papa Francisco

Tras la comunión, en el rito de conclusión, el secretario general canciller, Francisco García Villalobos, leyó una carta del papa Francisco a D. Jesús Catalá, «que celebra felizmente el Jubileo de plata de su ordenación episcopal. Nos congratulamos de todo corazón por su fructuoso ministerio, recordando su doctrina, su caridad pastoral desarrollada en beneficio de los fieles que le han sido confiados, en su devoción y fidelidad al Magisterio de la Iglesia y a la Sede Apostólica, así como en los diversos cargos desempeñados en la Conferencia de Obispos de España. Mientras invocamos al Señor para él abundante consuelo del alma, por intercesión de la Santa Madre de Dios, la Virgen María, y de su castísimo esposo san José, impartimos la Bendición Apostólica a él y a su grey, suplicando una oración recíproca a fin de que podamos desempeñar el ministerio petrino con la alegría del Evangelio».

Antes del saludo final a la Santísima Virgen, el Sr. Obispo bendijo a todos los asistentes a la Catedral, pasando por cada uno de los pasillos y agradeció de nuevo a todos su presencia y cariño, también a quienes no pudieron participar por atender la labor pastoral de las parroquias. De forma especial agradeció al Coro de la Catedral las canciones interpretadas, pues le recordaban su infancia y juventud, cuando escuchaba a su padre interpretarlas. 

La celebración concluyó con la bendición del Sr. Obispo y un caluroso aplauso de todos los presentes. 

Una canción compuesta y dedicada a D. Jesús 

Los cantos de la Eucaristía estuvieron interpretados por el Coro de la Catedral de Málaga, acompañado por la Capilla «Maestro Iribarren”, con el solista Luis Pacetti, dirigidos por Antonio del Pino, estando al órgano Adalberto Martínez, primer organista de la Catedral. 

El repertorio, seleccionado personalmente por el Sr. Obispo, fue el siguiente:

Entrada: Ecce sacerdos magnus, Manuel Gámez López

Kyrie: gregoriano de la Misa de Angelis

Gloria: Missa Prima Pontificalis, Lorenzo Perosi

Salmo: Marco Frisina

Aleluya: gregoriano con verso y ampliación polifónica de Marco Frisina

Santo y Agnus Dei: gregoriano de la Misa de Angelis con polifonía de José María Álvarez

Comunión: Anima Christi y Heme aquí de Marco Frisina

Entre ellos, un recuerdo especial al fallecido D. Manuel Gámez, sacerdote diocesano que amaba la música; y una composición musical de Mons. Marco Frisina que ha dedicado y regalado ex profeso para esta celebración, con los textos del salmo del día. 

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XXV aniversario de ordenación episcopal (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía de XXV aniversario de su ordenación episcopal, celebrada en la Catedral de Málaga el 3 de julio de 2021.

XXV ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN EPISCOPAL

DE MONS. JESÚS CATALÁ IBÁÑEZ

(Catedral-Málaga, 3 julio 2021)

Lecturas: Ef 2, 19-22; Sal 116, 1.2; Hb 5, 1-10; Jn 20, 24-29.
(Santo Tomás Apóstol)

1.- Ordenación sacerdotal

Celebramos hoy la acción de gracias por el veinticinco Aniversario de mi Ordenación episcopal y por el cuarenta y cinco de mi Ordenación sacerdotal.

A todos los que participáis en esta celebración, de manera presencial o a través de los medios, os pido, queridos sacerdotes y fieles, que os unáis a mi acción de gracias por el don del sacerdocio ministerial, que el Señor ha tenido a bien regalarme para bien de su Iglesia. Proclamemos con el Salmo: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor» (88, 2).

Me viene a la memoria el recuerdo de mi ordenación sacerdotal hace 45 años en mi pueblo natal, Vilamarxant, presidida por el entonces arzobispo de Valencia, Mons. José-María García, hoy venerable. En su homilía me animaba a ser como Jesús; y jugaba con este nombre: unas veces se refería a Jesús, el Señor, y otras aludía a mi nombre, Jesús. El mensaje era que mi vida debía parecerse a la de Jesús, Sacerdote y Pastor. Al terminar aquella celebración se acercó una señora mayor y me dijo: “No me he enterado cuándo el Sr. Arzobispo se refería a ti y cuándo al Señor”. Entonces pensé: “Ojalá me pareciera tanto al Señor que pudiera confundirme con Él”.

2.- Ordenación episcopal

La ordenación episcopal tuvo lugar en la Catedral de Valencia por el entonces Arzobispo Mons. Agustín García Gasco, el 11 de mayo hace 25 años.

En los saludos y felicitaciones posteriores se acercó un obispo para darme un consejo: “Mira, Jesús, procura estorbar lo menos posible al Espíritu Santo”; y he procurado tenerlo muy en cuenta. Por eso no he usado el báculo para amonestar o imponer normas y criterios como algunos sacerdotes hubieran deseado.

Respetar la acción del Espíritu es ponernos a su escucha y dejar que él actúe sin imponer nuestros deseos, planes o “quimeras”, por muy buenas que nos parezcan.

3.- La vocación sacerdotal como “misterio” y “don”

Toda vocación sacerdotal es un gran misterio y un don, que supera infinitamente al hombre; y así lo experimentamos los sacerdotes en nuestra vida (cf. Juan Pablo II, Don y misterio, I [1996]). Es una realidad que nos sobrepasa. Y como hemos escuchado en la carta a los Hebreos, los sacerdotes estamos envueltos en debilidad, somos pecadores, como todo el mundo; por eso podemos entender las debilidades de los demás (cf. Hb 5, 2).

La vocación es el misterio de la elección divina. Como dice Jesús: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16).

Esta elección la hace el Señor desde el seno materno: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jer 1, 5; cf. Gal 1, 15).

4.- La misión del sacerdote

Ser sacerdote, según san Pablo, significa ser administrador de los misterios de Dios (cf. 1 Co 4, 1-2). El término «administrador» está radicado profundamente en el evangelio (cf. Lc 12, 41-48). El administrador no es el propietario, sino aquel a quien le confían la gestión de los bienes, para ejercerla con justicia y responsabilidad.

El sacerdote recibe de Cristo los bienes de la salvación, para distribuirlos a sus destinatarios. El sacerdote es el hombre de la palabra de Dios, del sacramento, del misterio de la fe. Nadie puede arrogarse ser el «propietario» de estos bienes; porque todos somos destinatarios (cf. Juan Pablo II, Don y misterio, VIII [1996]).

San Juan de Ávila define la misión sacerdotal de esta manera: “Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviere, ¡ay!, enojado con su pueblo; que tengan experiencia que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden, y tengan tanta familiaridad con él; que tengan virtudes más que de hombres y pongan admiración a los que los vieren: hombres celestiales o ángeles terrenales; y aun, si pudiere ser, mejor que ellos, pues tienen oficio más alto que ellos” (Juan de Ávila, Plática enviada al padre Francisco Gómez, s.j., para ser predicada en el Sínodo diocesano de Córdoba del año 1563). Es una meta muy alta, que no está en nuestras manos alcanzarla, pero es Dios quien nos regala la posibilidad de caminar en ese sentido.

5.- Maravilloso intercambio

La vocación sacerdotal es el misterio de un «maravilloso intercambio» entre Dios y el hombre. Éste presta a Cristo su humanidad, para que Él pueda servirse como instrumento de salvación (Ibid.).

Cada día, queridos hermanos, doy gracias a Dios, que me ha elegido como instrumento en el ministerio sacerdotal para representar a Cristo, Sacerdote, Pastor y Maestro; y pido al Señor que sea Él quien actúe a través de mi pobre persona; que vaya modelando mi frágil barro, mediante su Espíritu, para configurarme cada día más a Cristo, cuya imagen fue impresa en mi alma en el bautismo.

Y para ello pido vuestra oración, queridos sacerdotes y fieles, y también vuestra colaboración. El amigo hace de espejo al amigo para que se

conozca mejor y para hacerlo crecer; el amor transforma al amado. Si vivimos la fraternidad sacerdotal, la amistad en el Señor y el amor de Cristo nos ayudaremos a crecer como personas, como cristianos, como sacerdotes.

6.- Reconocer al Señor por sus llagas

La escena de la incredulidad de Tomás, que nos narra el evangelio de hoy, tuvo lugar ocho días después de la Pascua (cf. Jn 20, 26). Él no había creído que Jesús resucitado se había aparecido el primer día de la semana a los discípulos; por eso había dicho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).

Estas palabras manifiestan la convicción de que Jesús resucitado ya no es reconocible por su rostro, sino por sus llagas, que expresan la identidad de Cristo y el infinito amor que nos tiene (cf. Benedicto XVI, Audiencia general. Vaticano, 27.09.2006).

El papa Francisco ha repetido muchas veces que acercarse al enfermo y al necesitado es tocar las llagas de Cristo; es tocar al mismo Cristo. A esto estamos todos llamados. Santo Tomás nos anima a reconocer al Señor en las llagas de los necesitados y de los despreciados de la sociedad.

7.- Mirada agradecida al pasado

Deseo poner ante la mirada de Dios, para que las bendiga, a todas las personas que, a lo largo de mi vida, han sido instrumento y ayuda en el proceso de mi vocación sacerdotal. En primer lugar, a mi familia, donde crecí en la fe. Mi parroquia y pueblo natal, donde recibí los sacramentos de iniciación cristiana. El Seminario y la Diócesis de Valencia, que me ofrecieron la formación para el ministerio sacerdotal.

Las primeras parroquias de Rotglá-Corberá y La Granja; el colegio y el instituto con las clases de religión. El servicio en la delegación diocesana de pastoral vocacional; y la parroquia de Albal.

Después el Señor me llamó a un servicio eclesial en Roma, junto al papa san Juan Pablo II, del que aprendí su gran amor a la Iglesia y su entrega al ministerio sacerdotal. Cuando él celebró sus Bodas de Oro sacerdotales insistió en que su vocación estaba fundamentada en el sacerdocio; la base fue el bautismo, pero su misión fue la sacerdotal.

Los cargos que uno pueda ocupar en diversas parroquias o en distintas diócesis son modos concretos de ejercer el ministerio; pero lo más importante es ser sacerdote de Jesucristo.

Por eso deseo hoy recoger los nombres de todas las personas, de las comunidades cristianas que he encontrado y todos vuestros nombres, y ponerlos sobre el altar para que el Señor os bendiga y haga fecundos vuestra fe, vuestro amor a la Iglesia y vuestra cercanía y afecto hacia mi persona. ¡Gracias!

8.- Ministerio episcopal

El Señor me hizo regresar años después a Valencia, para ejercer el ministerio episcopal como obispo auxiliar; posteriormente me llevó a la Diócesis de Alcalá de Henares, de la que hay una representación de algunos sacerdotes a quienes agradezco su presencia. Y, finalmente, fui destinado a esta muy querida Diócesis de Málaga, donde sigo ejerciendo el ministerio con alegría y actitud agradecida.

A todos vosotros, queridos sacerdotes y fieles, os agradezco vuestra acogida, comprensión, colaboración y entrega a la Iglesia, como familia de hijos de Dios. Al iniciar la procesión he dicho a los sacerdotes: “Os llevo en el corazón”; y os le repito ahora con todo cariño.

Perdonad mis deficiencias, errores y limitaciones. Me alegra que solicitéis mi presencia en tantos sitios y celebraciones, pero no puedo estar en varios lugares a la vez; menos mal que Dios no me ha dado el don de la “bilocación” y espero que no me le conceda. Solo deseo ser buen instrumento en manos de Dios y os ruego que se lo pidáis al Él.

Pido al Señor que os bendiga; y a la Santísima Virgen, Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, que nos siga acompañando y cuidando a todos con su maternal solicitud amorosa. Amén.

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«Os llevo en el corazón»

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La Iglesia de Málaga se unió a su obispo y pastor, D. Jesús Catalá, para dar gracias a Dios en su 25 aniversario de ordenación episcopal y 45 de ordenación sacerdotal. La Catedral de Málaga acogió una Eucaristía presidida por el propio Mons. Jesús Catalá y concelebrada por el arzobispo de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez; los vicarios de Alcalá; el rector del Seminario de Alcalá, Luis Eduardo Morona; el Cabildo Catedral de Málaga; el Consejo Episcopal de la diócesis y un grupo numeroso de sacerdotes de todos los puntos de la diócesis. 

La puerta central de la Catedral, la Puerta de la Encarnación, se abrió para dar paso a la procesión formada por el Sr. Obispo y los concelebrantes, como ya hicieran en la toma de posesión, el 13 de diciembre de 2008, hace 12 años y medio, salieron de la iglesia del Sagrario y entraron por la escalinata de la Plaza del Obispo. 

«Tal día como hoy, en 1976, hace 45 años, D. Jesús recibía el sacramento del orden sacerdotal, quedando ordenado al ministerio del servicio a la Iglesia y a Dios», se escuchaba en la monición ambiental, pronunciada por el delegado para el Clero, Francisco González, quien añadía «el pasado 11 de mayo se cumplía el 25 aniversario de su ordenación episcopal, en la Catedral de Santa María, en Valencia, realizada por el arzobispo D. Agustín García-Gasco Vicente, posteriormente nombrado cardenal por el papa Benedicto XVI (…) D. Jesús, hoy queremos unirnos a su acción de gracias a Dios, a la vez que le agradecemos la entrega de su vida al Señor en la Iglesia y en esta, nuestra diócesis de Málaga, por estos años de ministerio episcopal entre nosotros».

Entre las autoridades que participaron se encontraba el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre y su esposa; los concejales Teresa Porras y Francisco Pomares; María Francisca Caracuel, vicepresidenta tercera de la Diputación; Ignacio García y Santiago Serrano, representantes militares; el subdelegado de Defensa en Málaga, Eduardo Llorente; y el comisario Roberto Rodríguez Pelasco, en representación de la Comisaría de Policía. 

La familia de D. Jesús también participó en la celebración, representada en una decena de hermanos, sobrinos y sobrinos-nietos del prelado. 

La Fundación Victoria estuvo representada por su vicepresidenta, Inmaculada Román, así como los directores de los centros educativos. 

Los trabajadores del Obispado, los delegados diocesanos, la permanente de la CONFER (Confederación de Religiosos), el Consejo de Asuntos Económicos, el Consejo Pastoral Diocesano, representantes de las Agrupaciones de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Málaga y de la provincia, así como de las Hermandades de Gloria, la Hermandad de la Victoria y las no agrupadas, Casa Diocesana, miembros de los movimientos y asociaciones presentes en la diócesis, y de otras entidades que colaboran con ella se unieron a esta celebración jubilar.

Santo Tomás apóstol

En la monición inicial, el diácono y ecónomo diocesano Rafael Carmona hizo referencia al santo del día, Tomás apóstol, mártir del siglo I. El día de su fiesta recibió D. Jesus Catalá la ordenación sacerdotal, hace 45 años.

La primera lectura fue proclamada por el acólito Pedro González y la segunda lectura por el seminarista Javier Villanueva. El salmo, composición musical de Mons. Marco Frisina, ex profeso para esta celebración, con los textos del salmo del día, fue cantado por el tenor Luis Pacetti y el evangelio fue proclamado por el diácono Rafael Carmona.

En su homilía, D. Jesús Catalá recordó con ternura las celebraciones de su ordenación sacerdotal, en su parroquia de Vilamarxant (Valencia), hace 45 años, y de su ordenación episcopal en la Catedral de Valencia, hace 25. De cada una destacó anécdotas y mensajes que recibió de quienes le acompañaron entonces. 

También profundizó en la figura del santo Tomás y dirigió palabras a los participantes en la Catedral y a los que seguían la retransmisión por CanalMálagaTV. «Que el Señor os bendiga y agradezca vuestra cercanía y amor hacia mí. Gracias», expresaba y añadía, fijando su mirado en los sacerdotes: «Os llevo en el corazón y os lo digo con todo cariño».

El diácono Rafael Carmona propuso las intenciones en la oración de los fieles en los que se recordó, de forma especial a «las diócesis de Valencia, Alcalá de Henares y nuestra diócesis de Málaga, que ponen en Cristo su amor y a las que nuestro Obispo Jesús ha servido».

Carta del papa Francisco

Tras la comunión, en el rito de conclusión, el secretario general canciller, Francisco García Villalobos, leyó una carta del papa Francisco a D. Jesús Catalá, «que celebra felizmente el Jubileo de plata de su ordenación episcopal. Nos congratulamos de todo corazón por su fructuoso ministerio, recordando su doctrina, su caridad pastoral desarrollada en beneficio de los fieles que le han sido confiados, en su devoción y fidelidad al Magisterio de la Iglesia y a la Sede Apostólica, así como en los diversos cargos desempeñados en la Conferencia de Obispos de España. Mientras invocamos al Señor para él abundante consuelo del alma, por intercesión de la Santa Madre de Dios, la Virgen María, y de su castísimo esposo san José, impartimos la Bendición Apostólica a él y a su grey, suplicando una oración recíproca a fin de que podamos desempeñar el ministerio petrino con la alegría del Evangelio».

Antes del saludo final a la Santísima Virgen, el Sr. Obispo bendijo a todos los asistentes a la Catedral, pasando por cada uno de los pasillos y agradeció de nuevo a todos su presencia y cariño, también a quienes no pudieron participar por atender la labor pastoral de las parroquias. De forma especial agradeció al Coro de la Catedral las canciones interpretadas, pues le recordaban su infancia y juventud, cuando escuchaba a su padre interpretarlas. 

La celebración concluyó con la bendición del Sr. Obispo y un caluroso aplauso de todos los presentes. 

Una canción compuesta y dedicada a D. Jesús 

Los cantos de la Eucaristía estuvieron interpretados por el Coro de la Catedral de Málaga, acompañado por la Capilla «Maestro Iribarren”, con el solista Luis Pacetti, dirigidos por Antonio del Pino, estando al órgano Adalberto Martínez, primer organista de la Catedral. 

El repertorio, seleccionado personalmente por el Sr. Obispo, fue el siguiente:

Entrada: Ecce sacerdos magnus, Manuel Gámez López

Kyrie: gregoriano de la Misa de Angelis

Gloria: Missa Prima Pontificalis, Lorenzo Perosi

Salmo: Marco Frisina

Aleluya: gregoriano con verso y ampliación polifónica de Marco Frisina

Santo y Agnus Dei: gregoriano de la Misa de Angelis con polifonía de José María Álvarez

Comunión: Anima Christi y Heme aquí de Marco Frisina

Entre ellos, un recuerdo especial al fallecido D. Manuel Gámez, sacerdote diocesano que amaba la música; y una composición musical de Mons. Marco Frisina que ha dedicado y regalado ex profeso para esta celebración, con los textos del salmo del día. 

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San Jose con el Niño. Capilla de Ntra. Sra. de la Piedad (Sevilla)

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San Jose con el Niño. Capilla de Ntra. Sra. de la Piedad (Sevilla)

Con motivo del Año de San José, continuamos repasando algunas de las imágenes más significativas del Santo Patriarca en nuestra Archidiócesis. Traemos hoy esta escultura que se encuentra en la Capilla del Baratillo, en el barrio del Arenal.

En la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad de la popular Hermandad del Baratillo, se encuentra esta imagen que fue donada por el torero José Delgado Guerra, el famoso Pepe Hillo, el 17 de marzo de 1794, como se indica en la peana de la propia imagen. Es de autor anónimo, aunque algunos investigadores la relacionan con la producción del escultor José Montes de Oca, y recibe culto en un retablo fechable en la segunda mitad del siglo XVIII.

Representa al Santo Patriarca de pie acunando al Niño Jesús entre sus brazos, el cual con un gesto de cariño y ternura acaricia la barba de su padre terrenal, detalle que nos muestra la evolución de la relación de San José con el Niño en el arte, que irá pasando de un discreto segundo plano a una mayor cercanía e intimidad, para lo cual se irán valiendo de recursos como este tipo de actitudes de amor paternofilial que recuerdan los gestos de amor de las imágenes góticas de la Virgen con el Niño.

Con su brazo derecho sostiene la vara florecida, atributo propio de este santo cuyo origen se encuentra en los Apócrifos Protoevangelio de Santiago, Pseudo Mateo y el Libro sobre la Natividad de María, que cuentan como José fue el elegido para desposarse con la Virgen, la cual se encontraba en el Templo de Jerusalén desde que sus padres la habían llevado al cumplir los tres años. Pero al cumplir los doce, para no incurrir en impureza, los sacerdotes del Templo decidieron que debía abandonarlo. Para ello, convocaron a los varones que debían acudir con una vara, como había indicado el ángel del Señor. La de José floreció al instante y además, una paloma se posó sobre ella, indicando así que era el elegido para desposar a María, inspirándose este hecho en Is 11, 1-2: “Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor”. Igualmente, se relaciona este episodio de la vara florecida de San José con la elección de Aarón que se nos cuenta en el libro de los Números 17, 16-23. Es por ello que a veces la vara de algunas imágenes de San José aparece con la flor del almendro, si bien lo más generalizado, como en este caso de la imagen del Baratillo, es que esté florecida de azucenas, símbolo de la pureza de María y de la castidad de José. Igualmente, esta vara se vinculó a la escena de la Huida a Egipto, en la que el Santo Patriarca la usa como bastón o cayado de peregrino, apareciendo también como prefiguración del cayado de su Hijo, el Buen Pastor.

Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural

Fotografía: Daniel Villalba

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El nuevo centro de pastoral juvenil, este domingo en ‘Iglesia Noticia’

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El nuevo centro de pastoral juvenil, este domingo en ‘Iglesia Noticia’

La antigua casa de los jesuitas en la calle Jesús del Gran Poder, de Sevilla, pasó ayer jueves a la Archidiócesis en función del convenio de cesión al que llegó la Compañía de Jesús con la Archidiócesis hispalense. Con este motivo, se celebro una Eucaristía en la capilla de la antigua comunidad que presidió el delegado diocesano de Pastoral Juvenil, José Francisco Durán.

Precisamente, Durán será el invitado al programa ‘Iglesia Noticia Sevilla’ que se emitirá la mañana del próximo domingo. En esta entrevista pasará revista a la programación de verano de la Pastoral Juvenil y a los proyectos que albergará este centro desde el que se centralizará toda la actividad diocesana dirigida a los jóvenes.

Iglesia Noticia Sevilla se emite los domingos a las diez menos cuarto de la mañana en COPE Sevilla.

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San Juan de Ávila, 75 años como patrono

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Corría el año 1946, cuando la comunidad cristiana se reponía de la terrible persecución religiosa a la que fue sometida en la década anterior. Miles y miles de mártires regaron con su sangre preciosa nuestro suelo patrio: obispos y sacerdotes, religiosos, seglares, muchísimos seglares. Y la sangre de los mártires fue una vez más semilla de nuevos cristianos. La Iglesia experimentó un gran impulso, se sentía llena de vida, sus Seminarios se colmaron, los noviciados se llenaron, la Acción Católica conoció su mejor impulso, nacía Cursillos de Cristiandad. Y en ese ambiente de alta estima se propuso al Papa Pío XII que el beato Juan de Ávila, que había sido beatificado 50 años antes, fuera proclamado patrono del clero secular español.

Llegó el 2 de julio el Breve apostólico Dilectus Filius, dirigido al cardenal Parrado, arzobispo de Granada, que había elevado súplicas al Santo Padre pidiendo este patronazgo de san Juan de Ávila sobre el clero español. Y los sacerdotes diocesanos de toda España cantaron “Apóstol de Andalucía, el clero español te aclama”. La devoción a san Juan de Ávila se ha gestado en los Seminarios diocesanos, de generación en generación, de manera que las generaciones de obispos y sacerdotes han experimentado un cariño a su santo patrono, que cada 10 de mayo se renueva, para invocarle por nuestras vidas sacerdotales y nuestra fidelidad.

¿Qué es un sacerdote diocesano? Es el sacerdote cuya vida se desarrolla en torno al obispo, de quien es colaborador inmediato, al servicio de una diócesis concreta, en un presbiterio diocesano. Son los curas de las parroquias y de los distintos servicios religiosos, con los que la Iglesia sirve en un territorio particular. Se distingue el sacerdote diocesano del sacerdote religioso, el sacerdote secular del sacerdote regular (sometido a un regla de vida). Este vive ante todo de un carisma, inspirado por su Fundador al servicio de una misión especial en la Iglesia. El sacerdote diocesano no tiene fundador ni carisma aparte ni otra misión que la de colaborar con el obispo y servir a este pueblo santo de Dios. Ambos son una riqueza grande para la Iglesia y suelen complementarse en la mutua colaboración.

San Juan de Ávila fue invitado a entrar en la Compañía de Jesús, pero él permaneció en la diócesis de Córdoba, dependiendo de su obispo y del pequeño beneficio de Santaella que el obispo le confió. Y desde esta condición de sacerdote diocesano secular, se movió por el entorno andaluz y extremeño, predicando y fundando colegios, acompañando a sacerdotes y a personas de todo tipo y condición, viviendo una vida ejemplar. Cuando los sacerdotes y los obispos de España buscaban un patrono, no encontraron otro mejor. Y por eso, hace 75 años san Juan de Ávila fue proclamado patrono del clero secular español.

Con este motivo, la diócesis de Córdoba ha organizado un Congreso Internacional Avilista. Es el tercero en la diócesis de Córdoba, desde la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal (2012), con el objetivo de dar a conocer esta figura gigante por su santidad y por su doctrina y enseñanza a todo el pueblo santo de Dios. Montilla es el lugar donde san Juan de Ávila residió los últimos 15 años de su vida y es el lugar que guarda devotamente su casa y su sepulcro. Montilla lo ha declarado hijo adoptivo y lo considera uno de los suyos, y a Montilla se dirigen los peregrinos que buscan venerarlo. A Montilla acudimos este 2 de julio, en el 75 aniversario del patronazgo de San Juan de Ávila sobre los sacerdotes diocesanos seculares. La diócesis de Córdoba tiene ese precioso deber de mostrar al mundo el gran tesoro que guarda en su memoria, y desde la diócesis de Córdoba se trabaja constantemente en difundir su doctrina, en traducir sus escritos a diversas lenguas, en acoger a los muchos peregrinos que vienen a conocer al Santo Doctor de la Iglesia.

Que el recurso constante a san Juan de Ávila, para conocerle mejor y para imitar su vida, renueve nuestra diócesis y nos haga parecidos a él en la nueva evangelización que hoy hemos de afrontar. Contamos siempre con su protección.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

La comunidad del Seminario celebra la ordenación de su compañero, Antonio J. Blanca

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El Seminario y la Diócesis al completo tenemos una gran alegría, y es que nuestro hermano, Antonio Blanca, fue ordenado el pasado, 26 de junio, de manos de nuestro Obispo, Don Amadeo, en la Catedral de Jaén.

Como viene siendo habitual, la tarde anterior a la ordenación celebramos en el Seminario una vigilia de oración por las vocaciones y por quienes van a ser ordenados presbíteros al día siguiente. Este año, la vigilia tuvo un cambio importante en su ubicación, y es que la celebramos en la parroquia de San Pedro Apóstol, el lugar que ha visto a Antonio nacer y crecer en la fe, y al que ha servido en la última etapa de su ministerio diaconal. Familiares, amigos, feligreses y la comunidad del Seminario pudimos compartir, en presencia de Jesús Sacramentado, unos momentos de oración previos a la ordenación de nuestro hermano.

La mañana del 26 de junio se levantó con un sol radiante y un cielo despejado. Tan sólo unas horas después, la Catedral de Jaén asistiría al momento cumbre de la historia vocacional de nuestro hermano Antonio: su ordenación sacerdotal. Antonio, en presencia de todos los asistentes, dio su sí al Señor: la Iglesia universal contaba con un nuevo sacerdote. Siguiendo las palabras del profeta Jeremías que Antonio escogió como lema, «Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir», daba comienzo su ministerio presbiteral. Con una gran alegría por el regalo de la vocación de Antonio, nuestro Obispo Don Amadeo le daba a conocer, en presencia de todos los asistentes, su primer destino parroquial: Beas de Segura y Cañada Catena.

El lunes, 28 de junio, nos dimos cita de nuevo en Torredonjimeno, en la parroquia de San Pedro Apóstol, donde ondeaba la bandera blanca que indicaba que nuestro Antonio presidiría allí su primera Eucaristía. Durante la bellísima celebración, Antonio hizo su acción de gracias al Señor por el don de la vocación recibido en presencia de un nutrido número de sacerdotes, familiares, amigos, feligreses y la comunidad del Seminario. Tras la Misa, pudimos compartir un ágape todos juntos en un emplazamiento cercano a la parroquia.

Desde el Seminario os agradecemos vuestra asistencia, y os seguimos pidiendo oraciones para que el Señor siga guiando a nuestro hermano Antonio a lo largo de su ministerio sacerdotal, haciéndolo fecundo, y que lo lleve a ser un santo sacerdote para el Pueblo de Dios. Desde el Seminario pedimos por todos vosotros.

 

Comunidad del Seminario Diocesano de Jaén

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Los nuevos delegados y directores de secretariados diocesanos juran el cargo ante el Obispo

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La antesala del despacho episcopal ha acogido, la tarde de hoy, 1 de julio, la toma de posesión y juramente de oficio de los nuevos delegados diocesanos y directores de secretariados ante la presencia del Obispo diocesano.

Tras el rezo de vísperas en la capilla del Obispado, los nuevos delegados han prometido, uno por uno, ante las Sagradas Escrituras, «mantenerme siempre en comunión con la Iglesia Católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar».

Para estos nuevos servicios, han sido nombrados: los sacerdotes Manuel Jesús Carrasco Terriza, como delegado para el Clero;Juan Manuel Pérez Núñez, como delegado de Evangelización, Catequesis y Catecumenado;José Antonio Omist López, como delegado de Pastoral Social y Promoción Humana; Rafael Benítez Arroyo, como delegado de Comunicaciones Sociales; Francisco José Feria Reviriego, como delegado de Liturgia;  y Andrés Vázquez Martínez, como delegado de Hermandades y Cofradías. Junto a ellos, el diácono Juan José Feria Toscano, como delegado para la Pastoral Diocesana y el laico Juan Diego González Sanz, asume el encargo de delegado para los Laicos.

Por su parte, los sacerdotes Sebastián Martín Macías, como director del Secretariado de Pastoral de Carreteras;  Freddy Enrique Uzcátegui Rodríguez, como director del Secretariado de Pastoral de Juventud y Adolescencia; el diácono permanente Juan Romero Domínguez, diácono permanente, como director del Secretariado de Apostolado del Mar y el laico Jaime Alfonso Oliveira López, como director del Secretariado para la Pastoral de los Mayores, cierran estos nuevos nombramientos.

Al concluir, el Obispo ha querido dirigirse a sus nuevos colaboradores para agradecer la generosidad y pedirles trabajo en comunión, «afrontando los retos particulares pero teniendo conciencia lo de todos, a toda la Iglesia en el corazón.

 

 

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