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El Arzobispo de Sevilla clausura los actos de los 500 años del monasterio de Santa María de Jesús

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El Arzobispo de Sevilla clausura los actos de los 500 años del monasterio de Santa María de Jesús

Monseñor José Ángel Saiz Meneses presidió ayer domingo, 4 de julio, la Eucaristía con la que se clausuraron los actos conmemorativos del 500 aniversario de la fundación del monasterio sevillano de Santa María de Jesús, en la calle Águilas.

El Arzobispo de Sevilla visitó y clausuró junto a las hermanas clarisas la exposición ‘500 años de oración’, inaugurada el pasado mes de abril por monseñor Asenjo Pelegrina y que,  hasta su cierre el día de ayer, ha mostrado a alrededor de 7000 personas las obras de arte más desconocidas que se esconden entre los muros del convento, que van desde la Roldana a Martínez Montañés, pasando por pintores de primera fila, así como conjuntos textiles bordados.

En su primera visita al convento de las clarisas, Monseñor Saiz pudo conocer de primera mano el día a día de la comunidad, entre cuyas ocupaciones destaca la elaboración de dulces, labor que ayuda a su sostenimiento económico.

Durante la celebración eucarística, el Arzobispo de Sevilla bendijo la imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón, obra de Juan de Mesa recientemente restaurada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).

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La Hospitalidad de Lourdes sustituye su tradicional peregrinación por una jornada de convivencia

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El sábado 3 de julio, mes en el que la Hospitalidad Diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes viene haciendo su peregrinación anual con enfermos al Santuario de Lourdes, tuvo que ser cancelada por segundo año consecutivo por las circunstancias de la pandemia. En su lugar, se ha celebrado en el Seminario de San Bartolomé de Cádiz una jornada de encuentro y convivencia, siempre guardando las medidas de seguridad establecidas por las autoridades sanitarias.

Dicha jornada dio comienzo con la oración de la mañana. Seguidamente su consiliario, el P. Rubén Virués, dirigió una reflexión para acto seguido intervenir brevemente la presidenta de la Hospitalidad, Inmaculada Campos, y el delegado diocesano de Pastoral de la Salud y responsable de los Servicios Médicos de la Hospitalidad, Fernando Carmona.

Como momento central se celebró la Santa Misa y, tras una pausa para un café y compartir un desayuno, se proyectó la película Hospitalarios, las manos de la Virgen.

Ha sido una jornada muy positiva y emotiva que ha permitido a los asistentes revivir muchos de los momentos vividos en peregrinaciones de años anteriores y, al mismo tiempo, ha servido como nuevo impulso para, con ilusión y esperanza, poder si Dios quiere, realizar la peregrinación del próximo año.

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Clausurado el curso en el Centro de estudios Pedro Suárez

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Clausurado el curso en el Centro de estudios Pedro Suárez

El obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco Mengíbar, ha clausurado el curso 2020-2021 del Centro de Estudios ‘Pedro Suárez’, cuyo consejo rector preside. En el acto, que tuvo lugar el 3 de julio en la sede de la Fundación Visconti, se procedió a la entrega del Premio Pedro Suárez 2020 (aplazada por la pandemia) a ‘Revista Velezana’ y ‘Péndulo. Papeles de Bastitania’, dos revistas que promueven la recuperación del patrimonio y la defensa de los valores culturales de las comarcas del norte de Granada y Almería.

Tras la intervención de Jesús Lorente, alcalde de Guadix, y del presidente del Centro de Estudios, tuvo lugar la conferencia de Marino Aguilera Peñalver, alcalde de Alcalá la Real y presidente de la Fundación Ciudades Medias del Centro de Andalucía. En ella desgranó el modelo de gestión turística y patrimonial que vienen aplicando en la ciudad giennense y ha merecido el premio a Mejor Destino SICTED 2020, el Premio Hispania Nostra de Buenas Prácticas en Patrimonio, así como su presencia en la Red Europa de Celebraciones de Semana Santa y Pascua.

José Manuel Rodríguez Domingo
Presidente del Centro de Estudios «Pedro Suárez»

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Un nuevo grupo de matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora en Guadix

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Un nuevo grupo de matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora en Guadix

 

 

 

La diócesis de Guadix cuenta, desde este domingo 4 de junio, con un nuevo grupo de los Equipos de Nuestra Señora. La puesta en marcha de este grupo, después de un tiempo de aprendizaje -pilotaje, como lo llaman ellos- ha tenido lugar en la celebración de la Eucaristía del domingo 4 de junio en la catedral, presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco. El nuevo grupo está formado por cinco matrimonios jóvenes de Guadix, Benalúa y Valle del Zalabí. Es el segundo grupo de los Equipos de Nuestra Señora que hay en la ciudad accitana.

Los responsables de los Equipos en Andalucía Oriental, que han pilotado al nuevo grupo, han asistido a la celebración. Así contaban la experiencia vivida y la felicidad sentida por este nuevo grupo de Equipos de Nuestra Señora en Guadix:

Hoy ha sido un orgullo para los Equipos de Nuestra Señora de Andalucía Oriental, el haber celebrado con ilusión y esperanza, la formación de otro nuevo grupo de matrimonios, comprometidos con el carisma propio de la espiritualidad conyugal de este movimiento.

Las palabras y mensaje evangélico del Sr Obispo D, Francisco Jesús Orozco, en el marco de la Catedral de Guadix, ha sido un apoyo fundamental y un aire fresco para todos los matrimonios, como fermento en una sociedad que enfrenta el reto de la pérdida del valor de la familia, del valor de la vida, del valor del matrimonio cristiano. Y ha sentado una confianza y en la que el Espíritu regenera lo cotidiano, y lo santifica. También establece una importancia en la pastoral familiar y parroquial, en la que los Equipos y la figura del fundador, el Padre Henry Caffarel, se complementan, enriqueciendo de dones al pueblo de Dios; y sean y luz o espejo para otros.” Mirad como se aman…..”(Tertuliano siglo II)

Damos gracias a Dios por todo ello, y como representantes del Equipo Regional, esperamos que se animen con el ejemplo de compromiso y entrega nuevas parejas, buscando en la fuente de la oración personal y conyugal, la fuerza necesaria, sin miedo, con fe en que un tipo de matrimonio testimonial es posible en nuestros días, siempre en común-unión con la iglesia.

Raquel y José CASTILLO-FERNÁNDEZ

Responsables de los Equipos de Nuestra Señora de Andalucía Oriental

Matrimonio

Un movimiento de matrimonios

Los Equipos de Nuestra Señora son un movimiento de matrimonios, dirigido y coordinado por matrimonios que se organizan en grupos llamados equipos, integrados por entre 4 y 6 parejas acompañadas por un sacerdote consiliario. Están pensados para dar respuesta a todos aquellos matrimonios que buscan ser felices siguiendo a Cristo juntos y buscando cumplir su voluntad.

Se denominan “equipo” porque tienen un objetivo común, que es ayudarse mutuamente en el progreso espiritual y humano; conocer mejor a Dios, encontrarlo en la oración; ayudarse mutuamente; estudiar juntos y orar los unos por los otros. Y se ponen bajo el patrocinio de “Nuestra Señora” porque es María la que ayuda a acercarse a Jesucristo, centro de la vida espiritual de los miembros de los Equipos de Nuestra Señora. Más información en www.equiposens.org

 

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“Cuando se pierde a Jesucristo, lo primero que se enturbia es la razón”

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Homilía D. Javier en la Eucaristía del XIV Domingo del Tiempo Ordinario, el 4 de julio de 2021, en la S.I Catedral. En sus palabras, hace referencia a las leyes de la eutanasia y “trans”, aprobadas en España, y la situación en la que vivimos cuando se desvincula la vida humana de Jesucristo y se saca a Dios de la realidad.

Queridísima Iglesia del Señor, hermanos;
queridos sacerdotes concelebrantes;
hermanos y amigos todos:

El Evangelio de hoy contiene el relato de la predicación de Jesús en Nazaret. Fue un fracaso, porque desconfiaban de Él. Otro de los evangelistas dice: “No hizo allí muchos milagros por su falta de fe”. Los milagros no están pensados para hacer creer, sino que nacen de la fe. Y quien tiene el don de la fe es capaz de verlos y los ve no sólo en cosas inmensamente grandes, sino en cosas que a veces son muy pequeñas pero que sólo Dios puede hacer: ciertas formas de perdón, ciertas formas de vida, ciertos gestos de generosidad, de gratuidad, que llena la historia humana de un milagro que es la Presencia viva de Cristo. Pero nos hemos acostumbrado de tal modo a ellos, que casi vemos esos milagros como lo normal. Y resulta que, a medida que nos empieza a faltar Cristo en nuestra sociedad y en nuestra cultura, nos damos cuenta, por ejemplo, de que eso que llamamos una familia normal es muy poquito normal: es algo muy excepcional, fruto de siglos de la Gracia del Señor, de la Tradición cristiana, cuidada exquisitamente por un pueblo de santos.

La verdad es que si uno piensa en conjunto el ministerio de Jesús, humanamente hablando, fue un fracaso, porque es verdad que hubo mucha gente que le siguió al principio, y sobre todo con la sorpresa de los signos que hacía. Pero luego le fueron abandonando. Hubo un momento en que Él le dijo a los Doce: “También vosotros queréis dejarme”. Pedro respondió: “Señor, dónde vamos a ir si sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. Y aunque una multitud, sobre todo de niños, gozosa, le recibió en Jerusalén como si fuera un rey, pocos días después gritaban “crucifícale, crucifícale”. Y todo el mundo pensaba que con eso se había acabado la historia de Jesús. Y en realidad, estaba empezando. Porque el Señor no se deja nunca vencer en generosidad. Y donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y el Señor responde siempre, incluso a la miseria del hombre, con unos dones especialmente grandes: al ciento por uno, que es un tipo de interés, que ninguna institución de la tierra jamás ha pensado en dar.

Pero yo quisiera hablaros hoy de una cosa solamente de la Primera Lectura. El profeta Ezequiel es enviado por el Señor a su pueblo y le dice: es un pueblo de dura cerviz, no te van a escuchar, pero no te preocupes, porque lo importante es que sepan que hay un profeta en medio de ellos. Un profeta no es alguien que anuncia el futuro o que tiene previsión de los acontecimientos del futuro. No. Un profeta es alguien que habla la Palabra de Dios; que comunica la Palabra de Dios; que comunica el mensaje y la Palabra de Dios de un modo que permite y ayuda a vivir y a comprender cómo Dios quiere que vivamos. Yo no me siento un profeta, pero soy un discípulo de los apóstoles y creo que tengo el deber también de proclamaros la Palabra de Dios, y de iluminar nuestra historia y los acontecimientos de nuestra historia desde esa Palabra de Dios.

En estas últimas semanas, hay un par de acontecimientos. La aprobación de la ley de la eutanasia y la puesta en marcha de la ley de la eutanasia. Y la aprobación y la puesta en marcha de la llamada “ley trans”, que son leyes, ambas, inicuas, en cierto sentido criminales y ante las que la Iglesia no puede callar. No sólo porque significan una falta de respeto inmensa a un pueblo que acaba de salir de una pandemia -que está todavía saliendo de una pandemia- y se aprueban aprovechando determinadas circunstancias, para que ese pueblo no pueda reaccionar, ni manifestarse, ni expresar su sentir, independientemente de que sea una mayoría o una minoría. Desde los siglos segunda mitad del XVII -aunque la historia empezó mucho antes-, pero cuando se separan descaradamente lo cristiano de lo humano y nace el Despotismo ilustrado, que es la primera forma de totalitarismo, la sociedad en la que vivimos se ha ido haciendo cada vez más una sociedad postcristiana no cristiana.

Yo no pido a unos legisladores, que son paganos, que tengan criterios cristianos a la hora de legislar. No se les puede pedir. En el fondo, ni siquiera les pido que respeten derechos humanos que para nosotros son evidentes. Pero si algo caracteriza el abandono de la Tradición cristiana es la caída de las evidencias. No olvidéis: Jesucristo ha conducido al hombre a su plenitud y es la fuente de todo verdadero humanismo. Los cristianos estamos acostumbrados a pensar que la vida cristiana no hace más que añadir a una vida humana, que ya existe por sí misma y que funciona bien por sí misma (cuando funciona bien), una serie de cosas: motivaciones, algunos preceptos morales, ciertas actitudes ante la vida, pero nada más. Lo que la vida humana por sí misma puede desenvolverse razonablemente bien. No es verdad.

Es verdad que Jesucristo ha llevado al ser humano a la plenitud de su vocación. Y el ser humano es razón. Y el ser humano es libertad. Y el ser humano es afecto. Y cuando falta Jesucristo como el centro de nuestra vida, el centro de nuestros deseos y de nuestros pensamientos, la razón se enturbia. No es que entonces empieza a funcionar la razón en contra de la fe. Eso es parte de la propaganda anticristiana del siglo XIX. Cuando se pierde a Jesucristo, lo primero que se enturbia es la razón. Porque la razón se contamina con toda clase de pasiones, sobre todo con la medición del poder y del dinero, de la avaricia. Y esa razón contaminada es una razón muy limitada. Jesucristo nos da acceso al uso de razón. Porque si la razón no se usa correctamente, al final uno no es un hombre sabio, no es un hombre razonable.

Sólo quiero deciros que vayáis aceptando que nuestra sociedad no se rige por la razón. Se rige por criterios de intereses humanos, de intereses de grupos, de intereses de poder, o por relaciones pura y simplemente de poder. Pero lo mismo que pasa con la razón pasa con la libertad. La libertad convertida en un absoluto de que cada uno puede hacer verdaderamente lo que quiere, volviéndose contra sí misma, ha generado las dictaduras más terribles. Uno de los primeros teóricos de la democracia, que era un ilustrado, pero no era un hombre cristiano -Alexis de Tocqueville-, hablando de la libertad, en un libro suyo que se llama “La democracia en América”, en el siglo XVIII, decía que un mundo construido sólo sobre la libertad iba a dar paso a las dictaduras más terribles que él era incapaz de describir, pero se las podía imaginar.

San Juan Pablo II lo dijo: una democracia sin valores se corrompe y degenera facilísimamente en una dictadura. Explícita o encubierta. Y nosotros estamos en ese proceso. Estamos en el camino hacia una tercera dictadura, de un modo o de otro, porque se imponen leyes que van contra el bien común. Que la “ley trans”, por ejemplo, convierte -como decía hace unos días el Secretario General de la Conferencia Episcopal- el sentimiento en categoría jurídica. No es la primera vez que pasa. En los años 30 y 40 del siglo pasado, el sentimiento de superioridad de la raza aria dio lugar a millones de muertos cuando se convirtió en ley. Por lo tanto, en el mundo, en la cultura en la que vivimos, un sentimiento, un mito… como el mito del individuo. Los Estados pueden hacer este tipo de legislación porque saben que no hay un pueblo. Somos individuos aislados, cada uno cerrado en sí mismo o en su pequeñísimo círculo familiar, y por lo tanto no hay un pueblo que pueda oponerse a la injusticia, oponerse al despotismo, oponerse a los gestos y actitudes de tipo dictatorial.

Y la Iglesia, por desgracia, no somos muy libres. Desde esa misma época (finales del siglo XVII-XVIII, durante el siglo XVIII), la burguesía cristiana se puso en manos del liberalismo y se echó en brazos del liberalismo como cultura. Y esa misma Iglesia, cuando después de la II Guerra Mundial, o ya en el periodo de entreguerras, se puso de moda que la felicidad la iba a traer el marxismo se echó en brazos del marxismo. Una Iglesia que no es un pueblo; que no tiene conciencia de pueblo; que es una mera suma de individuos que tienen unas creencias. Y una Iglesia que no tiene como criterio de su deseo, de su pensamiento, de su felicidad, de su esperanza, Jesucristo, y las promesas de Jesucristo, y la experiencia de Jesucristo, es una Iglesia condenada a ser sumisa al Estado. De una manera o de otra. Y luego, cuando lo percibimos, nos escandaliza. Y, además, con motivo y con razón. Pero tenemos que pedirLe al Señor, recuperar…

Somos un pueblo libre, de hijos libres de Dios. Pero somos un pueblo, no una suma de individuos. Eso lo ha dicho muchas veces, muy seriamente, el Papa Francisco, en su primera encíclica: no somos la suma de un montón de individuos que tienen unas creencias; el todo es más importante que la parte. Somos un pueblo, somos una comunidad, somos una ecclesía, que significa una asamblea, una realidad social. Hay quienes definen la política como una manera de organizar el tiempo y el espacio. Quienes definen así la política, que es una definición más profunda que la de la lucha y la conquista del poder, terminan diciendo que la Iglesia, aunque vive una realidad política, es también una ciudad, es también una polis. Es la polis, es la ciudad de Dios, como dijo san Agustín, que existe ya anticipadamente aquí y que tiene la posibilidad de organizar el tiempo y el espacio. Lo organizamos. Lo organizamos entorno al domingo, que es el día del Señor. Lo organizamos entorno a la Eucaristía. Y organizamos espacios y espacios sagrados: el altar de la Iglesia, el lecho nupcial, el altar que es la mesa de la comida familiar. Tenemos espacios que son sagrados. Y el espacio más sagrado de todos es la persona humana. Y la experiencia cristiana consiste en poder reconocer ese espacio, vivir de ese espacio, y eso nos da la libertad.

Tenemos que aprender de nuevo a ser libres. Frente a estas dos leyes, que son además una ofensa a la razón humana en muchos sentidos; que haya que defender que una persona puede ser castigada por la ley por haber dicho que sólo hay hombre y mujer, significa que las evidencias han caído. Esto no significa ningún juicio sobre ninguna persona, de ningún tipo, ni transexual… de ninguna clase. Pero la realidad es la realidad. Sólo desde el siglo XIX, que nos hemos creído creadores y dueños de la Creación, hemos creído que se podía cambiar. No se puede cambiar. Quien ha nacido hombre será siempre hombre; quien ha nacido mujer será siempre mujer. Le pongan las hormonas que le pongan, le hagan las operaciones que le hagan. Y hay una historia de suicidios vinculados a eso que se oculta en una época en que en los Estados Unidos esa práctica se hizo con niños recién nacidos, durante diez años y luego se prohibió. Se prohibió porque muchos de esos niños terminaban o en instituciones mentales, o en el suicidio.

Pero, repito: no nos podemos escandalizar, por la sencilla razón de que no estamos en una sociedad regida por la razón. La razón hay que aprender a usarla. Jesucristo nos enseña a usarla bien. Dice: hay cosas que valen más que otras; si encuentras una perla de gran valor, vendes lo que tienes para quedarte con esa perla. Jesucristo nos enseña a usar la razón. Y cuando no usamos bien la razón, la razón termina siendo dominada por nuestras pasiones, desde la lujuria (que es una forma de avaricia…). Al final, por la avaricia y el ansia de poder, que son las pasiones más potentes que hay en el ser humano.

Que nos enseñe el Señor a usar la razón. Que nos enseñe el Señor a ser libres. Para ser libres, nos liberó Cristo. Y no hay que temer a la objeción de conciencia. El pueblo cristiano no tiene por qué temer a la objeción de conciencia, ni siquiera a la desobediencia civil. ¿Qué puede tener consecuencias? Naturalmente, para los primeros cristianos de los primeros siglos, tenía un montón de consecuencias el ir a celebrar la Eucaristía por la noche, por ejemplo, una mujer sin permiso de su marido. O tenía muchísimas consecuencias simplemente el decir “soy cristiano. Mi rey es Jesucristo”. Miles de consecuencias, que las tuvo.

Un pueblo libre que es capaz de expresar no sólo sus convencimientos y pedir que otros en los medios defiendan sus ideas, sino que es capaz de sostenerlas y de ayudarnos unos a otros, como comunidad en esa dificultad de sostenerlas… eso han hecho, por ejemplo, muchos católicos norteamericanos. Y ha habido quienes han ido a la cárcel, y sus hermanos les han acompañado y les han ayudado. Tenemos que aprender a ser libres. Pero no a defender la libertad. Tenemos que pedir al Señor que nos enseñe a amarla. Luego a defenderla. Y luego a vivirla. Vivir libres, porque Tu Gracia, Tu amor vale más que la vida. Y luego, aprender a amar, también a los que nos persiguen. Defender a los cristianos, que muchas veces somos muy cobardes, y atacar a los que no son cristianos, eso es muy fácil. Tenemos que orar y amar a quienes nos persiguen, porque nos dan la posibilidad de dar testimonio de Jesucristo por encima de todo.

Estamos a las puertas del verano. Todo está hecho muy bien pensado. Cuando todo el mundo está pensando “por fin puedo salir de casa, por fin puedo descansar, al campo, a la playa…”. Me parecía que para mi era un pecado el no hablaros de esto y el no invitaros a que el Señor nos dé la gracia de vivir esto y de vivirlo con gozo. La libertad no nos la da el Estado. Es el Señor el que nos ha hecho libres y esa libertad nadie tiene el poder de quitárnosla. Lo que nos da el Señor vale más que la vida. Así de sencillo.

Mis queridos hermanos, vamos a pedirLe al Señor. Tenemos que orar mucho y tenemos que pedirLe que nos fortalezca en el uso de la razón. Tampoco se dialoga con alguien que cree en la magia razonando. No se discute razonando. Y con un mundo pagano no se discute desde categorías como “dignidad de la persona humana”… Si una sola bomba puede matar a 600.000 personas, qué hablamos de dignidad de la persona humana, dónde está eso. Cuánto tiempo hace que eso no cuenta en la vida política de los pueblos, en Europa, que es donde esas categorías nacieron al principio de la modernidad. A quién le importa. Al Señor. Al Señor le importa. Que Él nos ayude. Repito, es como un diálogo de sordos: nosotros hablamos de la dignidad de la persona humana y de los derechos humanos y no produce mas que sonrisas y no pasa nada, ni cambia nada. Sólo el testimonio de unas vidas decididas a vivir como el Señor nos da a vivir y con la libertad de los hijos de Dios puede permitir que con el tiempo esta sociedad descubra el bien que es Jesucristo para la vida y puedan entonces cambiar en sus modos de proceder.

Pedimos unos por otros. Pedimos por toda la Iglesia. Pedimos por la Iglesia en España de una manera especial. Y vamos a profesar nuestra fe, agradecidos de haber conocido al Dios que es Amor, al Dios que es Comunión de Personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo-, del que esperamos el perdón de los pecados y la vida eterna.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

4 de julio de 2021
S.I Catedral de Granada

Escuchar homilía

Palabras finales en la Eucaristía, antes de la bendición final.

Aspiramos a vivir como el Señor nos ha dado a vivir. Y aspiramos también a ser escuchados. Luego, que nos escuchen o no, no está en nuestras manos; está en las manos de Señor.

La segunda cosa es que cuando os decía que en el siglo XVII -finales- o XVIII se había separado a Jesucristo de la realidad humana (es una historia muy vieja, pero determina mucho…) significa que Jesucristo ha sido sacado de la realidad. Dios ha sido sacado de la realidad. Y de ahí todas las críticas del siglo XIX a la religión. Algunas de ellas muy fundadas. Una vez que se saca a Dios de la realidad, la realidad necesita algo para organizarse. Y eso ha hecho que los cristianos se hayan puesto desde esa época, en manos de alguna ideología (hablaba yo del liberalismo primero y el marxismo después, y después las ideologías potmarxistas que han ido surgiendo, del nacionalismo en otros momentos), pero es como si el cristianismo no sirviera para esta vida; fuera una cosa irreal, que está fuera de la realidad, que nos ayuda a ser un poco más buenos si lo escuchamos, pero nada más. Y no es eso. Ser cristianos no es eso.

Os doy la bendición y que el Señor nos ayude a ser testigos de Su Gloria y de Su Belleza. Los antiguos cristianos no hacían proselitismos. No luchaban contra el Imperio romano, que tenía todo leyes paganas. No. Simplemente vivían. Y la belleza de su vida, lo razonable de su modo de vivir y lo espléndido de su relación de amor era lo que atraía a la gente. Y ese sigue siendo el único método de evangelización verdaderamente cristiano: que la gente vea la belleza de nuestras vidas.

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Diario de José de Nazaret

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Cada semana la Librería Diocesana recomienda un libro entre las últimas novedades que han llegado a sus estanterías. Esta semana se detiene en el «Diario de José de Nazaret» de Martínez Esteban, Andrés

¿Qué pasó por el corazón de José cuando supo que María esperaba un hijo? ¿Cómo entendió la llamada que Dios le hacía a ser el padre de Jesús? ¿Cómo vivió esa llamada del Señor? ¿Cómo fue su relación con María y con Jesús?

Todas estas preguntas no tienen respuesta. Los Evangelios apenas nos dicen algo sobre José. Solo el evangelista Mateo traza un pequeño bosquejo de este hombre justo que hizo las veces de padre de Jesús. Sin embargo, podemos pensar o imaginar que, para José, la llamada que recibió de Dios a ser custodio de su Hijo y de la Virgen María no debió de resultar una tarea fácil.

A pesar de las dificultades con las que se encontró, José se entregó totalmente a la misión que Dios le encomendaba. Se fio totalmente del Señor y fue obediente a la voluntad divina. Esto lo llevó a ser, como dice el papa Francisco en Patris corde,padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia, padre en la acogida, padre en la valentía creativa, padre en la sombra.

El sacerdote de la Diócesis de Madrid, doctor en teología e historia de la Iglesia, Martínez Esteban, pone voz a san José para que nos podamos asomar a lo que guardaba en su corazón. A través de estas páginas podremos acercarnos a la figura del que hizo las veces de padre de Jesús e intentar comprender lo que él vivió y cómo lo vivió. En este libro se nos presenta la figura de José como discípulo de Jesús, al igual que lo fue María.

Editorial Ciudad Nueva. Precio: 15.00 €

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Sobre la fidelidad fecunda

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Conviene reflexionar sobre la fidelidad. Máxime en tiempos convulsos donde la fidelidad a la vocación no es valor en alza. Tiempos en los que, lejos de descubrirse como fecunda, se sospecha de ella.

La fidelidad, fundada en la verdad y la vocación del ser, aporta estabilidad. A creyentes y no creyentes. Quien es fiel, transitará por la vida, con cierta discreción, desde el convencimiento íntimo de la vocación recibida. Y eso es bueno. Incluso aceptando que pudieran darse puntales fracasos en el iter vital.

Hay en esto de la fidelidad algo de misterio: la persona fiel, con la discreción como aliada íntima, jamás comprenderá totalmente cómo alcanzar plenamente la fidelidad: por más que haga, jamás logrará captarlo todo. Es cuando el ser humano se abandona al misterio, como recordaba San Juan Pablo II: «No con la resignación de alguien que capitula frente a un enigma, a un absurdo, sino más bien con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado».

Este transitar por la vida, siendo fiel a la llamada recibida, se alcanza porque la verdad, desde la que se fundamenta la existencia, se alía con la libertad sin olvidar que debe pasar por la prueba más exigente: la del tiempo. En ocasiones, casi sin preguntas, ni respuestas. Quizá por esto ser fiel pueda tener muchos matices, también el del silencio o el del brindis por la vida.

Quien es fiel lo es, a tiempo y a destiempo, con la certeza de que su fidelidad es un don, un preciado regalo. Precisamente, por eso, en una sociedad en las que las historias fluyen y confluyen conviene reivindicar el valor de la fidelidad. Como valor, incluso, contracultural. De hecho, el creyente, que basa su experiencia de amor en la estabilidad del amor de Dios, sabe que es posible ser fiel aunque las colinas cambien de lugar y las montañas se desplomen.

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Angelines Morales, nueva responsable de adultos de ACG en España

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Angelines Morales Fernández, miembro de la parroquia de la Divina Pastora y Santa Teresa de Jesús de Málaga, ha sido elegida Responsable de Adultos de la Comisión Permanente de ACG en España. Hasta hace poco responsable del sector de jóvenes de Acción Católica General (ACG) en Málaga

Esta malagueña, de 41 años, es doctora en Enfermería, profesión que desempeña desde los 21 años, desde hace 11 concretamente en el ámbito de la gestión sanitaria. El proceso se inició a finales del año pasado, fecha en la que Angelines fue propuesta por la Comisión Permanente en el pleno de presidentes de la asociación, entre otras personas. «Yo acababa de terminar el servicio del sector de jóvenes en la comisión diocesana de la ACG, después de tres años» cuenta. «Me pilló por sorpresa y empecé un proceso de discernimiento con mi comunidad, Toño Muñoz y el consiliario, Antonio Sosa. Finalmente, ofrecí mi disponibilidad, y de los once candidatos propuestos en un primer momento, he resultado elegida».

Angelines fue avisada del resultado por la actual responsable del sector de adultos, María José Miguel, y seguidamente recibió la llamada de la presidenta nacional, Eva Fernández, y la diocesana, Cristina Vera, que había estado presente en el pleno donde se efectuó la votación. Cuando se lo comunicaron, participaba en el encuentro de final de curso pastoral de su parroquia. «Estaba en plena faena, y fue muy bonito, porque es signo de a lo que soy enviada, que es a trabajar por el laicado y la vida parroquial. Me sentí muy arropada por todos los que forman la comunidad de la Divina Pastora, que ha sido muy generosa, siempre animándome a dejarme hacer», explica. Y es que su vida de fe está siempre vinculada a la parroquia. «A partir de los 15 años es cuando empiezo a ser consciente de que, de una manera natural, casi sin darme cuenta, estaba haciendo una opción personal de dejar que Cristo fuera modelando mi vida. Comencé en un grupo en la parroquia de chavales y empecé a echar una mano en catequesis. No podía imaginar entonces todo lo que vendría después».

Ella destaca y agradece, en su itinerario de fe, «a las Hermanas Trinitarias que me propiciaron espacios de reflexión y oración en los campamentos, camino de Santiago, Jornadas Mundiales de la Juventud, pascuas juveniles y también de la experiencia de la pastoral penitenciaria. Los espacios “todos uno” impulsados por la comunidad pueblo de Dios, me hicieron especialmente sensible al trabajo por la comunión de los creyentes. La música me hizo poder expresar y compartir mi fe en Jesucristo y la esperanza de su mensaje con alegría, junto a mi grupo “Desde el Silencio”; la expresión artística al servicio de lo trascendente. La participación en las comisiones arciprestales y delegación de juventud hicieron despertar el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana. A pesar de tanto picoteo en todos esos años, en múltiples eventos siempre ha estado la presencia cercana de la parroquia. Esta ha sido y es mi sostén desde mis inicios hasta el momento actual, durante más de 25 años como un hilo que va entretejiendo mi experiencia de Dios, que todo lo une», cuenta.

La responsabilidad de Angelines a partir de ahora abarca varias tareas, «la más importante es acompañar, animar los distintos sectores de adultos en coordinación con las comisiones diocesanas de toda España, y velar por el desarrollo del itinerario formativos de este sector». Lo asume con ilusión y responsabilidad, «queriendo ser muy consciente del momento presente que vive la Iglesia y la sociedad en la que estamos. Anhelo acoger con entusiasmo los pasos que el laicado va dando en nuestra Iglesia española, desde el ejercicio conjunto y las líneas planteadas en el Congreso de laicos “Pueblo de Dios en salida”. Los que me conocen saben que llevo varios años con la inquietud del anuncio y la misión, del acompañamiento desde cerca del otro que es “tierra sagrada”, de cuidar especialmente a los jóvenes que, en su crecimiento, se incorporan al sector de adultos con su frescura. Y a los ancianos, que han dado su vida por la Iglesia, para que sepamos recoger su sabiduría y acompañarlos en esta etapa».

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La fidelidad a una llamada

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El sábado, el obispo de Málaga, Jesús Catalá, celebró, con una solemne Eucaristía, sus bodas de plata episcopales y sus casi cincuenta años de sacerdote. Son muchos años. Casi medio siglo en el ejercicio del ministerio sacerdotal y veinticinco años de obispo expresan una fidelidad sobre la que conviene reflexionar. Máxime en tiempos convulsos donde la fidelidad a la vocación no es valor en alza.

La fidelidad, fundada en la verdad y la vocación del ser, aporta estabilidad. A creyentes y no creyentes. Quien es fiel, transitará por la vida, con cierta discreción, desde el convencimiento íntimo de la vocación recibida. Y eso es bueno. Incluso aceptando que pudieran darse puntales fracasos en el iter vital.

Hay en esto de la fidelidad algo de misterio: la persona fiel, con la discreción como aliada íntima, jamás comprenderá totalmente cómo alcanzar plenamente la fidelidad: por más que haga, jamás logrará captarlo todo. Es cuando el ser humano se abandona al misterio, como recordaba San Juan Pablo II: «No con la resignación de alguien que capitula frente a un enigma, a un absurdo, sino más bien con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado».

Este transitar por la vida, siendo fiel a la llamada recibida, se alcanza porque la verdad, desde la que se fundamenta la existencia, se alía con la libertad sin olvidar que debe pasar por la prueba más exigente: la del tiempo. En ocasiones, casi sin preguntas, ni respuestas. Quizá por esto ser fiel pueda tener muchos matices, también el del silencio o el del brindis por la vida.

Quien es fiel lo es, a tiempo y a destiempo, con la certeza de que su fidelidad es un don, un preciado regalo. Precisamente, por eso, en una sociedad en las que las historias fluyen y confluyen conviene reivindicar el valor de la fidelidad. Como valor, incluso, contracultural. De hecho, el creyente, que basa su experiencia de amor en la estabilidad del amor de Dios, sabe que es posible ser fiel aunque las colinas cambien de lugar y las montañas se desplomen.

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Comentario al evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario, por José Ruiz Córdoba

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El sacerdote José Ruiz Córdoba, párroco de la Santísima Trinidad, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario (Marcos 6, 7-13).

Como en todo, también en el seguimiento de Jesús hablamos de cosas que aún no vivimos, bien porque no ha llegado el momento, bien porque nos hemos atascado en el proceso.

Una de ellas es la misión, eso de sentirnos enviados. ¿No os resulta extraño que muchos cristianos lleguen al final de la vida sin sentir que se les ha confiado una misión? Otros, que comienzan a intuirlo, se agobian pensando que se les añade algo más a lo mucho que, de por sí, ya tienen. Pero eso del envío de Jesús no es tanto una tarea como un estilo de llevar a cabo las tantas que tenemos.

El enviado, en primer lugar, se cree enviado. Es decir, hace lo que tiene que hacer en nombre de Otro. Su misión está en lo más cotidiano de la vida. Por ejemplo, se siente enviado a trabajar en la oficina si allí se sitúa como lo haría Jesús. Se le envía a su barrio o pueblo si en él vive al modo de Jesús. Va por la vida como sin pan ni alforja, siendo consciente de su pobreza y fragilidad, sin creerse mejor que nadie, ni más fuerte que otros, ni poseedor de la verdad. Pero en su pequeñez se encarna en medio de las gentes enseñando y curando, ofreciendo palabras y Palabra que dan sentido a la vida y curando con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Hoy se nos hace una PCR para ver si estamos contagiados del Covid. Uno de los síntomas de una fe madura es tener conciencia de misión. Si nos hicieran una prueba de madurez evangélica, ¿daríamos positivo?

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