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San Ignacio de Loyola, sus huellas en Málaga

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El 31 de julio celebramos la fiesta de uno de lo santos españoles más universales y que más ha influido en la historia de la Iglesia. Se trata del fundador de la Compañía de Jesús, san Ignacio de Loyola.

En la Diócesis de Málaga viven actualmente unos 40 jesuitas.

Escucha aquí el podcast sobre San Ignacio de Loyola del programa Iglesia Noticia:

Nacido en 1491, fue el menor de 13 hermanos. Siendo un adolescente, fue enviado por su padre a servir en la corte, lo que lo llevó a imitar el estilo de vida propio de un caballero de la época, cortejando damas y batallando en los frentes que se le presentaban.

En la defensa de la ciudad de Pamplona (se cumplen este año cinco siglos de aquel acontecimiento), fue herido por una bala de cañón que le provocó secuelas de por vida. Durante su convalecencia, varias lecturas espirituales lo convencieron de que Jesucristo es el único Señor por el que valía la pena luchar. Cambió su lujosa vestimenta por la de un mendigo e hizo voto de castidad. Un confinamiento por una epidemia le llevó a meditar largo y tendido y a escribir una serie de reflexiones que son la base de los actuales Ejercicios Espirituales.

Se formó en la Universidad de París donde coincidió, entre otros, con san Francisco Javier y san Pedro Fabro, que se convertirían en los primeros miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas), congregación con una fuerte dimensión misionera y educativa que aún mantiene.

Murió en su humilde celda en 1556.

La familia ignaciana en Málaga

El Padre Fernando Motas es el superior de la comunidad de jesuitas del Sagrado Corazón y señala que «los jesuitas somos actualmente en Málaga unos 40, en dos comunidades: la de El Palo es comunidad-enfermería (una treintena) donde son debidamente atendidos los compañeros que necesitan cuidados especiales y la del centro, junto a la iglesia del Corazón de Jesús. Desde esta (con 11 miembros) se atiende a la iglesia y al Centro Pastoral Pedro Arrupe. También residen aquí los jesuitas que atienden los tres colegios que la Compañía tiene en Málaga: San Estanislao, San José (Fundación Loyola ACE) y el ICET en El Palo (Fundación SAFA). La herencia ignaciana, además, está muy viva también en la Comunidad CVX (Comunidad de Vida Cristiana), en las congregaciones religiosas femeninas inspiradas en la espiritualidad ignaciana, en el Apostolado de la Oración, en la asociación civil ACHEESIL dedicada a difundir los Ejercicios Espirituales y en los grupos de adolescentes y jóvenes Etays y Magis».

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San Ignacio de Loyola, el soldado de Dios, y sus huellas en Málaga

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El 31 de julio celebramos la fiesta de uno de lo santos españoles más universales y que más ha influido en la historia de la Iglesia. Se trata del fundador de la Compañía de Jesús, san Ignacio de Loyola.

En la Diócesis de Málaga viven actualmente unos 40 jesuitas.

Escucha aquí el podcast sobre San Ignacio de Loyola del programa Iglesia Noticia:

Nacido en 1491, fue el menor de 13 hermanos. Siendo un adolescente, fue enviado por su padre a servir en la corte, lo que lo llevó a imitar el estilo de vida propio de un caballero de la época, cortejando damas y batallando en los frentes que se le presentaban.

En la defensa de la ciudad de Pamplona (se cumplen este año cinco siglos de aquel acontecimiento), fue herido por una bala de cañón que le provocó secuelas de por vida. Durante su convalecencia, varias lecturas espirituales lo convencieron de que Jesucristo es el único Señor por el que valía la pena luchar. Cambió su lujosa vestimenta por la de un mendigo e hizo voto de castidad. Un confinamiento por una epidemia le llevó a meditar largo y tendido y a escribir una serie de reflexiones que son la base de los actuales Ejercicios Espirituales.

Se formó en la Universidad de París donde coincidió, entre otros, con san Francisco Javier y san Pedro Fabro, que se convertirían en los primeros miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas), congregación con una fuerte dimensión misionera y educativa que aún mantiene.

Murió en su humilde celda en 1556.

La familia ignaciana en Málaga

El Padre Fernando Motas es el superior de la comunidad de jesuitas del Sagrado Corazón y señala que «los jesuitas somos actualmente en Málaga unos 40, en dos comunidades: la de El Palo es comunidad-enfermería (una treintena) donde son debidamente atendidos los compañeros que necesitan cuidados especiales y la del centro, junto a la iglesia del Corazón de Jesús. Desde esta (con 11 miembros) se atiende a la iglesia y al Centro Pastoral Pedro Arrupe. También residen aquí los jesuitas que atienden los tres colegios que la Compañía tiene en Málaga: San Estanislao, San José (Fundación Loyola ACE) y el ICET en El Palo (Fundación SAFA). La herencia ignaciana, además, está muy viva también en la Comunidad CVX (Comunidad de Vida Cristiana), en las congregaciones religiosas femeninas inspiradas en la espiritualidad ignaciana, en el Apostolado de la Oración, en la asociación civil ACHEESIL dedicada a difundir los Ejercicios Espirituales y en los grupos de adolescentes y jóvenes Etays y Magis».

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El Seminario Menor peregrina tras los santos

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Los seminaristas menores y sus monitores han peregrinado «Buscando el norte» y relatan su experiencia tras las huellas de los santos más emblemáticos de nuestro país.

Tras el primer día en Ávila, Diego Ernesto afirmaba que «la visita al Carmelo Descalzo de Ávila ha sido una experiencia inolvidable, como devoto de la Orden del Carmelo lo he disfrutado muchísimo y he vivido está experiencia muy emocionado con mis compañeros. Hemos visitado la iglesia del Monasterio de la Encarnación, en la que celebramos la Eucaristía, hemos visitado el museo donde se conservan objetos usados por la misma santa Teresa de Jesús, y recorrido lugares en los que vivió momentos muy importantes de su vida. También hemos contemplado algunos objetos y lugares importantes en la vida del místico san Juan de la cruz y, por supuesto, también visitamos el casco antiguo de la ciudad».

De Ávila a Palencia, tras los pasos de san Manuel González. Ismael Salas afirma que «san Manuel González es un maestro para mi vida espiritual. Tras deleitarme con sus palabras, esta figura colmada de una enorme humildad y amor por Jesús Sacramentado, me hizo tomar conciencia del misterio amoroso que envuelve a la Eucaristía. Desde entonces, este sacramento tan desconocido por mí, tornó en un profundo cariño por el mismo. Nunca me acerqué a un Sagrario de la misma forma. San Manuel representa también la confianza, hasta el extremo, en el Señor. Me impactó profundamente cómo al construir su querido Seminario de Málaga solo se sirvió de la fe para desarrollar tal empresa. Gracias a tan grande ejemplo, comencé a poner mis problemas en las manos del Señor».

Covadonga fue el destino para profundizar en la vocación de la Virgen María y, sobre ella, explica Jesús Sotomayor que para él, «María es la más importante de mi vida, junto a Dios; ya que fue y es la que me da fuerzas para seguir mi vida y, sin desesperarme, poder entregarme como debo. Todo esto gracias a su ejemplo. Me sirve de guía, y quiero ser semejante a ella para alcanzar la felicidad plena. Quiero seguir a María en todo, que la hace Madre del Señor pero, si tuviera que elegir solo una cosa, sería la entrega total a Dios, porque así estoy seguro que seré una buena persona».

Tras la parada en Loyola, Víctor Cidre expresa que para él, «san Ignacio de Loyola es un santo diferente que, hasta que no cae herido en batalla, no vive su proceso de conversión. Esta peregrinación también me ha hecho darme cuenta de que la santidad está mucho más al alcance de nuestra mano de lo que pensamos pues, él, como nosotros, era una persona normal, de su época, no era perfecto, ni nada por el estilo y por todo ello también doy gracias a Dios».

En Javier (Navarra), donde pararon para conocer el castillo donde nació y vivió san Francisco Javier, Miguel Ángel Gómez llegó a esta conclusión: «san Francisco Javier es un santo con una gran vida entregada al Señor y a los demás. Gracias a escuchar la llamada del Señor y al haberla atendido encuentra su vocación, su verdadera felicidad. Es un ejemplo en el que podemos ver cómo se hace vida que, al seguir el camino al que el Señor le llamaba, vive su verdadera vida en la que es feliz. Gracias a esto podemos seguir su ejemplo de oración y atención al Señor para encontrar nuestra verdadera vocación. Me gustaría seguir su ejemplo de total entrega a la llamada del Señor y seguir ese camino con total confianza en Él».

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Comentario al evangelio del domingo 1 de agosto

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El sacerdote José Manuel Fernández Camino, OCD, párroco de Stella Maris, en Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (Jn 6, 24-35).

La gente busca a Jesús para saciar su hambre. Habían visto cómo Él había dado de comer a la multitud con la multiplicación de los panes y los peces. ¡Qué bueno sería el que pudiéramos quedar saciados y no volver a tener hambre!

Es la misma razón que movió a la Samaritana a pedirle a Jesús que le diera a beber de aquella agua, porque así ya no tendría que ir más a sacarla del pozo. Pero, Jesús nos invita a buscar otro tipo de pan. El objetivo no puede ser sólo buscar el pan material. Es verdad que necesitamos saciar nuestra hambre material.

Pero hay otra realidad más profunda que no puede saciarse Por eso, es necesario trabajar no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna. Este alimento es el que nos dará Jesús. Éste es, Él mismo. Jesús es el verdadero pan que da vida eterna. Por eso, Él dirá: “El que viene a mí, jamás tendrá hambre, el que cree en mí, jamás tendrá sed jamás” (Jn 6, 35). Por tanto, el que se alimenta de Jesús tendrá la vida eterna.

Para poder recibir este pan de vida eterna es necesario creer en Él. Tenemos que aceptar el camino de la fe para poder obtener el alimento de vida eterna. Al igual que el pueblo pedimos signos para creer. Pero Jesús se aleja de los signos espectaculares. Él quiere que confiemos en Él y sigamos su camino. Siendo sus testigos en medio del mundo.

Por eso, pedimos en el Padrenuestro: Danos hoy nuestro pan de cada día. Lo necesitamos para seguir renovando nuestra vida y revestirnos de Dios para comprometernos en el amor a nuestro prójimo, y en la ayuda en sus necesidades.

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Los 4 jinetes del verano caminan en busca de Santiago Apóstol

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Podcast de la sección Los 4 Jinetes del Verano del programa Iglesia Noticia emitido en COPE Málaga el domingo 25 de julio de 2021, Solemnidad de Santiago Apóstol.

En dicha sección participan Ana María Aldea, delegada en Málaga de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada; Francisco Guzmán, presidente diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC); Cristina Sánchez Lamarca, joven Hija de la Caridad; y Juan Baena, párroco de La Cala de Mijas. 

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«El objetivo era atender a las  personas mayores de la feligresía, y del arciprestazgo»

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El Centro de Mayores de la parroquia Santa María de la Amargura comenzó su andadura en el curso 2008-09. Fue un proyecto que comenzó el entonces párroco, Felipe Reina, y la Cáritas parroquial, y que continuaron los siguientes párrocos, Antonio Aguilera y Salvador Gil, junto a los equipos de Cáritas Parroquial.

María Teresa Carmona es su directora y explica que «el objetivo era atender a las  personas mayores de la feligresía, y del arciprestazgo sin distinción de cultura, religión o sexo, para poder mitigar sus horas de soledad y su bajo estado de ánimo. Para ello se pusieron en marcha varios talleres dirigidos por voluntarios. Trece años después, esos talleres han crecido muchísimo y ya hay más de 200 usuarios y 23 voluntarios. Con esta atención al mayor se busca fomentar la autoestima, amistad, solidaridad y religiosidad. Somos una gran familia que, con la ayuda de Dios, vamos marchando con alegría y entusiasmo».

Los mayores que se acercan cada día a este centro dan mucho más de lo que reciben, en palabras de María Teresa, «cuidar a los mayores aporta mucha alegría porque se ve que ellos también la consiguen, están cada vez más contentos de participar en las actividades parroquiales. Además, el templo permanece abierto más tiempo y los mayores se implican también en las tareas de la parroquia: proclamando las lecturas de la Misa, organizando rastrillos a beneficio de Cáritas y de la propia parroquia, participando en los cultos…  Todo lo que hace la parroquia se pone en su conocimiento para que puedan asistir y colaborar y, muchos de ellos, en cualquier momento de la mañana, se acercan a la Capilla del Santísimo a rezar».

María Teresa es la responsable de este centro pero «no podría hacerlo sin la colaboración estrecha de un equipo y la ayuda de todos los voluntarios, que aportan sus talentos a la buena marcha del Centro. Está claro que Dios es el que nos ayuda y nos fortalece para que podamos llevar a cabo esta preciosa tarea de hacer que los mayores se encuentren contentos en esta última etapa de su vida».

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

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Queridos abuelos, queridas abuelas:

“Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20) es la promesa que el Señor hizo a sus discípulos antes de subir al cielo y que hoy te repite también a ti, querido abuelo y querida abuela. A ti. “Yo estoy contigo todos los días” son también las palabras que como Obispo de Roma y como anciano igual que tú me gustaría dirigirte con motivo de esta primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Toda la Iglesia está junto a ti —digamos mejor, está junto a nosotros—, ¡se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo!

Soy muy consciente de que este mensaje te llega en un momento difícil: la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero que a nosotros mayores nos ha reservado un trato especial, un trato más duro. Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo.

El Señor conoce cada uno de nuestros sufrimientos de este tiempo. Está al lado de los que tienen la dolorosa experiencia de ser dejados a un lado. Nuestra soledad —agravada por la pandemia— no le es indiferente. Una tradición narra que también san Joaquín, el abuelo de Jesús, fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida —como la de su esposa Ana— fue considerada inútil. Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: “¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente”.[1] Giotto, en uno de sus famosos frescos,[2] parece ambientar la escena en la noche, en una de esas muchas noches de insomnio, llenas de recuerdos, preocupaciones y deseos a las que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

Pero incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor —sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!

A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!

Sin embargo, el Señor también nos envía sus mensajeros a través de la Palabra de Dios, que nunca deja que falte en nuestras vidas. Leamos una página del Evangelio cada día, recemos con los Salmos, leamos los Profetas. Nos conmoverá la fidelidad del Señor. La Escritura también nos ayudará a comprender lo que el Señor nos pide hoy para nuestra vida. Porque envía obreros a su viña a todas las horas del día (cf. Mt 20,1-16), y en cada etapa de la vida. Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros —siempre— con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dice a los Apóstoles: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (28,19-20). Estas palabras se dirigen también hoy a nosotros y nos ayudan a comprender mejor que nuestra vocación es la de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.

Hay, por tanto, una vocación renovada también para ti en un momento crucial de la historia. Te preguntarás: pero, ¿cómo es posible? Mis energías se están agotando y no creo que pueda hacer mucho más. ¿Cómo puedo empezar a comportarme de forma diferente cuando la costumbre se ha convertido en la norma de mi existencia? ¿Cómo puedo dedicarme a los más pobres cuando tengo ya muchas preocupaciones por mi familia? ¿Cómo puedo ampliar la mirada si ni siquiera se me permite salir de la residencia donde vivo? ¿No ya es mi soledad una carga demasiado pesada? Cuántos de ustedes se hacen esta pregunta: mi soledad, ¿no es una piedra demasiado pesada? El mismo Jesús escuchó una pregunta de este tipo a Nicodemo, que le preguntó: «¿Cómo puede un hombre volver a nacer cuando ya es viejo?» (Jn 3,4). Esto puede ocurrir, responde el Señor, abriendo el propio corazón a la obra del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. El Espíritu Santo, con esa libertad que tiene, va a todas partes y hace lo que quiere.

Como he repetido en varias ocasiones, de la crisis en la que se encuentra el mundo no saldremos iguales, saldremos mejores o peores. Y «ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender —¡nosotros somos duros de mollera!— Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores […]. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca» (Carta enc. Fratelli tutti, 35). Nadie se salva solo. Estamos en deuda unos con otros. Todos hermanos.

En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos —nosotros, y nuestros hijos y nietos— cuando la tormenta se haya calmado. Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas» (ibíd., 77). Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración.

El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: «Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Los sueños, por eso, están entrelazados con la memoria. Pienso en lo importante que es el doloroso recuerdo de la guerra y en lo mucho que las nuevas generaciones pueden aprender de él sobre el valor de la paz. Y eres tú quien lo transmite, al haber vivido el dolor de las guerras. Recordar es una verdadera misión para toda persona mayor: la memoria, y llevar la memoria a los demás. Edith Bruck, que sobrevivió a la tragedia de la Shoah, dijo que «incluso iluminar una sola conciencia vale el esfuerzo y el dolor de mantener vivo el recuerdo de lo que ha sido —y continúa—. Para mí, la memoria es vivir».[3] También pienso en mis abuelos y en los que entre ustedes tuvieron que emigrar y saben lo duro que es dejar el hogar, como hacen todavía hoy tantos en busca de un futuro. Algunos de ellos, tal vez, los tenemos a nuestro lado y nos cuidan. Esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor. Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria.

Por último, la oración. Como dijo una vez mi predecesor, el Papa Benedicto, santo anciano que continúa rezando y trabajando por la Iglesia: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos».[4] Esto lo dijo casi al final de su pontificado en 2012. Es hermoso. Tu oración es un recurso muy valioso: es un pulmón del que la Iglesia y el mundo no pueden privarse (cf. Exhort. apost. Evangelii gaudium, 262). Sobre todo en este momento difícil para la humanidad, mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tormentoso de la pandemia, tu intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada.

Querida abuela, querido abuelo, al concluir este mensaje quisiera señalarte también el ejemplo del beato —y próximamente santo— Carlos de Foucauld. Vivió como ermitaño en Argelia y en ese contexto periférico dio testimonio de «sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano» (Carta enc. Fratelli tutti, 287). Su historia muestra cómo es posible, incluso en la soledad del propio desierto, interceder por los pobres del mundo entero y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universal.

Pido al Señor que, gracias también a su ejemplo, cada uno de nosotros ensanche su corazón y lo haga sensible a los sufrimientos de los más pequeños, y capaz de interceder por ellos. Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: “Yo estoy contigo todos los días”. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga.

Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la B.V. María

FRANCISCO

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[1] El episodio se narra en el Protoevangelio de Santiago.

[2] Se trata de la imagen elegida como logotipo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

[3] Cf. La memoria è vita, la scrittura è respiroL’Osservatore Romano (26 enero 2021).

[4] Cf. Visita a la Casa-Familia “Viva los ancianos” (2 noviembre 2012).

[00871-ES.01] [Texto original: Italiano]

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LA LUZ DEL SEPULCRO DEL APÓSTOL

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Queridos diocesanos:

La fiesta de Santiago en este año santo cobra una especial significación como suele suceder todos los años santos, pero bien es vedad el Año Jacobeo es siempre un reclamo religioso y cultural de primer orden en España. No sería ni deseable ni una buena operación con futuro su secularización, degradándolo en mero en fenómeno económico y cultural. El sepulcro del Apóstol en Compostela es una señal y un signo viviente de la historia del cristianismo hispano, y de su proyección sobre los pueblos evangelizados por España. La luminosa proclamación del Evangelio que acompañó el descubrimiento de América y la expansión viajera hacia el Lejano Oriente y África.
Siendo tan grande signo orientador de la fe de los españoles, el sepulcro del Apóstol es por su identidad apostólica un signo evocador no sólo del cristianismo hispano, sino de la entera historia de la civilización cristiana que surgió con la predicación del Evangelio de Cristo y acompasó, dándole horizonte de interpretación y sentido, el desarrollo de la entera historia de Europa. Esta historia incomprensible sin la fe cristiana se aleja hoy en un movimiento suicida, como reclamada por un hechizo destructor, hacia el nihilismo de una sociedad sostenida sobre sus ensoñaciones de autoconstrucción mecanicista. Una meta ideológicamente laicista, asumida por el colectivo de una sociedad que pretende haber encontrado la razón de ser en la sola evolución de la especie humana que no tendría otro sentido que el que podamos darle. Una meta, por eso mismo, sólo producto del imaginario de una élite empeñada en dirigir la conciencia de los individuos con pedagógica pericia y hábil manejo de los medios de comunicación, al servicio del poder que los sostiene y que tiene por cometido la práctica del sometimiento del colectivo social.
Si el Evangelio de Jesucristo, que comenzaron predicando los apóstoles, ha sido el motor de la aventura histórica de los pueblos cristianos, sin cuya trayectoria no se podría entender lo que conocemos como civilización cristiana, podemos preguntarnos los que así nos reconocemos deudores de esta civilización, por qué vamos a quedarnos indiferentes ante la expansión programada de un laicismo anticristiano. Sobre todo, si hemos llegado a tomar conciencia de que la visión del hombre y del mundo de este laicismo, que se califica a sí mismo como progresista, pretende imponerse como criterio del orden jurídico sin otra referencia que la voluntad de quienes lo divulgan y extienden.
Podemos seguir preguntando por qué vamos a dejarnos colonizar por una antropología, una concepción del ser humano contraria a la revelación bíblica. ¿Por qué no reaccionamos los cristianos ante la agresión a la concepción del ser humano revelada por Dios, sin la cual la dignidad del hombre no sería otra cosa que el resultado del pacto entre grupos humanos? No ignoramos, además, que incluso este pacto entre grupos sociales marcados por culturas diferentes es harto difícil cuando se trata de convenir cuáles y cuantos son los derechos humanos.
La fiesta de Santiago nos coloca ante la luz que proyecta la estrella que descansa sobre el sepulcro del Apóstol para ayudar a Europa a descubrir sus propias raíces, y para recordarnos a los españoles que, aunque tengamos muchos tutores, sólo hemos tenido a Santiago como padre de nuestra fe, porque él nos ha engendrado en Cristo. La predicación evangélica fue temprana en suelo hispanorromano, hoy nuestra sociedad necesita el impulso de una nueva evangelización. Los papas vienen impulsando esta nueva predicación del Evangelio con la esperanza puesta en la Madre de Jesús, que acompañó a la comunidad apostólica y brilla en el corazón de los fieles como estrella de la evangelización. España es tierra de María y la devoción mariana ha sostenido la fe de nuestros pueblos y ciudades, por eso la tradición jacobea ha tenido siempre el reclamo de la Virgen del Pilar. El simbolismo que encierra esta advocación mariana es expresión de la fe firme de los cristianos españoles en que María ha acompañado la obra evangelizadora de Santiago y de los primeros evangelizadores, los obispos fundadores de las Iglesias primeras de España, que dieron origen al mapa eclesiástico de la época visigótica, primera realidad marco y sustancia al catolicismo como factor de influencia determinante en la unidad de la nación española.
Elevemos nuestra oración a Dios apoyados en tan gran padre e intercesor, y con el himno que abre las primeras vísperas de la solemnidad, con hondo sentido de fe compartida en la comunión de la Iglesia que peregrina en España, imploremos la protección de nuestro Patrón:

«Pues que siempre tan amado
fuiste de nuestro Señor,
Santiago, apóstol sagrado,
sé hoy nuestro protector».

Almería, a 25 de julio de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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En la Solemnidad de Santiago Apóstol

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Lecturas bíblicas: Hch 4,33; 5,12.27-33; 12, 1-2; Sal 66,2-3.5.7-8 (R/. «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben»); 2Cor 4,7-15; Aleluya: «Astro brillante de España…»; Mt 20,20-28.

Queridos hermanos y hermanas:

La solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España, recibe su significación religiosa y eclesial de la palabra de Dios que ha sido proclamada. El evangelio de san Mateo recoge la escena en la que la madre de los dos hermanos Zebedeos, Santiago y Juan, pide a Jesús que los siente uno a su derecha y el otro a su izquierda en su gloria. En el evangelio de san Marcos son ellos mismos los que le piden a Jesús la recompensa por haberle seguido y estar con él. La petición tiene como presupuesto lo que Jesús ya les ha dicho respondiendo a Pedro, que le pregunta por la recompensa que tendrán el y los apóstoles que lo han dejado todo por seguirle, a lo cual Jesús responde: «cuando el Hijo del hombre se siente en su trono en su gloria, vosotros os sentaréis también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel», prometiéndoles que el que haya dejado todo por él «recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna» (Mt 19,28-29). El evangelio de san Marcos añade que todo esto no sucederá sin padecer persecuciones (cf. Mc 10,30).

En el discurso apostólico, cuando Jesús envió a los Doce a anunciar el reino de los cielos, les había prevenido que los enviaba «como ovejas en medio de lobos» (Mt 10,16), aconsejándoles prudencia, después de haberles dicho que debían guardarse de falso profetas, «que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mt 7,15). La llega del reino de los cielos es entendida por los apóstoles y por la madre de los Zebedeos como la instauración de un régimen celestial y teocrático para Israel en el cual los dos hermanos deseaban tener un puesto directivo. Jesús los somete a prueba manifestando que han de sacrificar la propia voluntad y ponerse en manos de Dios, para que cesen en su ambición y, superen la tentación de la rivalidad. El designio de Dios Padre es inescrutable y sólo él distribuye los tronos, no hay otro camino para entrar en el reino de los cielos que beber el cáliz de la pasión, acogiendo la voluntad de Dios para cada uno de ellos, forma de participar en el propio cáliz de Jesús, para que en la obediencia de la fe puedan entrar en el reino de los cielos.

Jesús se refiere al cáliz de su pasión, que por tercera vez acaba de anunciarles proféticamente. La respuesta de los dos hermanos es clara y contundente, y demuestra su valor dispuestos a afrontar con Jesús el sufrimiento y el martirio, pero seguro que no alcanzan a comprender del todo lo que dicen. Ellos han oído a Jesús asegurarles que ha de ser condenado a muerte, pero no entienden el alcance pleno de unas palabras que los desconciertan. La escena de la petición de los mejores puestos en el reino se produce después de la predicción que Jesús hace de su pasión, y si de verdad tuvieran que ser sacrificados no podrían ocupar los puestos que solicitan. ¿Piensan acaso que Dios los librará de los enemigos del Mesías y del reino de los cielos? Sea lo que fuere y les espera, Jesús les responde anunciándoles el martirio y les dice: «Mi cáliz sí lo beberéis, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre» (Mt 20,23). Sólo el Padre reparte los puestos del reino de los cielos y ellos así han de acatarlo, puesto que poco antes le ha dicho Jesús a Pedro a propósito de la recompensa de quienes le han seguido dejándolo todo: «muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros» (Mt 19,30). El gran doctor de la Iglesia oriental, san Juan Crisóstomo, dice que para hacérselo comprender en todo su alcance Jesús les anuncia grandes bienes, al desvelarles que serán capaces de beber el cáliz de su propia pasión aceptando incluso el martirio, pero a continuación y una vez que les ha levantado los ánimos manifestando su grandeza de espíritu, Jesús corrige su petición[1].

El pasaje recoge la reacción de los otros diez apóstoles, que se indignaron contra los dos hermanos Zebedeos (Mt 20,24). San Juan Crisóstomo comenta: «Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretenden la precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas»[2]. Por eso, la corrección se hace necesaria, para poner en evidencia que el comportamiento de los apóstoles no puede acomodarse a la lógica del mundo, ni proceder como lo hacen los grandes de este mundo y les dice: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen. No será así entre vosotros» (Mt 20,25-26). Ellos han de imitar al Hijo del hombre, que «no ha venido para que le sirvan, sino parta servir y dar la vida en rescate por muchos» (Mt 20,28). Seguir a Jesús es imitar su ejemplo, ya que el discípulo no es mayor que su maestro, ni el siervo por encima de su señor (cf. Mt 10,24). El discípulo tiene que tener en cuenta que para el seguidor de la lógica evangélica rigen las palabras de Jesús como criterio: «el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo» (Mt 20,27).

Acontecida la pasión y muerte de Jesús y consolados los discípulos con las apariciones del Resucitado que los envía a la misión, prometiéndoles su presencia hasta el fin de los tiempos (Mt 28,20), Santiago fue el primero de dar la vida por Jesús siendo el primero de los apóstoles sacrificado por su amor. De esto nos informa el libro de los Hechos, que nos transmite el valor y la fidelidad de los Apóstoles a la misión que el Resucitado les encomendó. No tuvieron miedo a la cárcel con la que les amenazaron los jefes religiosos de los judíos, proclamando el acontecimiento de la cruz y la resurrección de Jesús, en cuyo nombre proclamaron al pueblo el kerigma de la salvación y se presentaron ante el sanedrín, proclamando el kerigma de salvación, el anuncio de la cruz y la exaltación de Jesús a la derecha del Padre como causa de salvación universal. No tuvieron miedo, porque «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29), y afrontaron el martirio, y el rey Herodes Agripa hizo decapitar a Santiago (Hch 12,1).

La historia milenaria cristiana de España está puesta desde la primera hora de la evangelización bajo el patrocinio del Apóstol Santiago, de suerte que a él se pueden aplicar las palabras de san Pablo a los corintios: «Ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tendréis muchos; soy yo quien os ha engendrado por medio del Evangelio para Cristo Jesús» (1Cor 4,15). Santiago ha acompañado nuestra historia cristiana siempre, pero en especial en los momentos difíciles en que la fe cristiana sufrió la agresión de la invasión musulmana que marcó nuestra Edad Media; y ya en los tiempos actuales, la cruda experiencia de nuestra última guerra que dividió a la nación.

No queremos, sin embargo, quedar prisioneros de la nostalgia del pasado histórico, pero para mirar al futuro hemos de tener presente la experiencia del pasado, para no sucumbir a los mismos errores y mantener la fe recibida con acierto. Supliquemos hoy de Dios por medio Cristo Jesús, razón de nuestra vida cristiana, que sepamos ser fieles al Evangelio en las nuevas condiciones de la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, unidos a la oración de Santiago por nosotros. Hemos de mantener el espíritu misionero que España ha sabido imprimir a su presencia en las tierras del Nuevo Mundo, evangelizando América y los pueblos hermanos del Oriente lejano y de África vinculados a nuestra historia. Contamos con el arrojo y el valor del Apóstol Santiago como ejemplo a seguir, dejándonos inspirar por el Espíritu Santo en fidelidad al Evangelio sentimientos de concordia, acompañados por una voluntad renovada de testimonio fraterno y humanizador.

Mirando hoy al sepulcro del Apóstol en Compostela, pidamos su intercesión por las Iglesias de España y supliquemos la paz social y la fraterna convivencia de todos los españoles, acogiendo a cuantos han venido hasta nosotros buscando un bienestar digno del ser humano, para convivir en unidad y colaborar juntos en la construcción de una sociedad justa y libre, fundada sobre el respeto a los derechos de todos. No es fácil lograrlo, cuando se cede a los egoísmos y los intereses ideológicos que amenazan la libertad de la conciencia y reprimen las manifestaciones legítimas de la fe religiosa. Cuando algunos pretenden destruir el símbolo de la cruz, es necesario decir que suprimiendo su presencia se hiere gratuitamente la libertad religiosa y se niega lo que es históricamente real: que Cristo fue injustamente clavado en la cruz y que la cruz ampara por esto mismo a cuantos han padecido en el pasado o sufren hoy la injusticia de hombres.

Los símbolos religiosos pueden estar afectados de los pecados de los hombres, pero por su propio valor religioso contribuyen a la redención de cuantos por la fe aspiran a ser liberados de la muerte por la sangre de Cristo que nos redimió con su cruz. En ella murió el Hijo de Dios «reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres» (2Cor 5,19). Sabemos, como nos recuerda san Pablo que «este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (1Cor 4,7). Proclamamos el “evangelio de la reconciliación” sabiendo que nosotros mismos somos pecadores y necesitamos la redención en Cristo que proclamamos.

Los cristianos sabemos bien que la persecución religiosa acompaña la predicación del Evangelio, porque los hombres siempre tendrán pretexto para oponerse a la predicación, pero en la medida en que los cristianos somos perseguidos se manifiesta la fuerza de la cruz. La cruz es signo de contradicción porque lo es el que en ella murió, el mismo que resucitó para que también nosotros resucitemos. La sangre de Santiago fue la primera en ser vertida por Jesús entre los apóstoles y su fruto ha sido nuestra propia fe. Pidamos hoy por su intercesión que España y los pueblos hermanos a los España llevó el Evangelio se mantengan fieles a Cristo.

S.A.I. Catedral de la Encarnación

25 de julio de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el evangelio de san Mateo: Homilía 65, 2-4: PG 58, 619-622.

[2] Ibid.

Nueva conferencia en Guadix para conmemorar el VIII centenario de la fundación de la Orden Franciscana Secular

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Nueva conferencia en Guadix para conmemorar el VIII centenario de la fundación de la Orden Franciscana Secular

“La infiltración de la ideología de género en la asignatura y libros de texto de Religión Católica” es el tema de la conferencia que será impartida por la profesora Alicia Beatriz Montes, en el patio del ayuntamiento de Guadix, el miércoles 28 de julio, a las 8 de la tarde

La Fraternidad de la Orden Franciscana Secular de Guadix ha organizado una conferencia sobre educación, y más concretamente sobre la enseñanza de la asignatura de Religión en los colegios, para el próximo miércoles 28 de julio, a las 8 de la tarde. Será en el patio del ayuntamiento de Guadix, a las 8 de la tarde, con asistencia libre hasta completar el aforo, que estará reducido para cumplir con las medidas sanitarias establecidas para la pandemia.

La conferencia lleva por título “La infiltración de la ideología de género en la asignatura y libros de texto de Religión Católica” y la conferenciante será Alicia Beatriz Montes Ferrer, profesora de Moral y Religión Católica de la diócesis de Almería, investigadora, escritora y columnista. Los organizadores invitan, sobre todo, a padres y docentes de Religión.
Con este acto, la Fraternidad de la Orden Franciscana Secular de Guadix quiere conmemorar el VIII centenario de su fundación, que se celebra a lo largo de este 2021. Hasta el momento, han organizado varias conferencias sobre la presencia franciscana en la diócesis de Guadix y su espiritualidad y, según manifiestan, aún tienen previstos más actos.
Al terminar la conferencia, se podrá adquirir el libro “Frente a la ideología de género educar en libertad desde la infancia”, que Alicia Beatriz Montes acaba de publicar.
Antonio Gómez

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