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La Facultad de Teología enriquece su claustro con profesores invitados y extraordinarios

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La Facultad de Teología enriquece su claustro con profesores invitados y extraordinarios

El claustro de profesores de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla se ha visto enriquecido para el curso 2021/2022 con la incorporación de destacados profesores invitados y extraordinarios.

Según se destaca en el sitio web de esta institución docente de la Archidiócesis hispalense, el gran canciller de la Facultad de Teología, al otorgar la venia docendi, designó el pasado 16 de julio a los profesores que durante el próximo curso impartirán las asignaturas de los grados de Bachillerato, Licenciatura y Doctorado en Teología y, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Isidoro y San Leandro, Bachillerato y Licenciatura en Ciencias Religiosas, así como las materias del curriculum de la Declaración Eclesiástica de Competencia Académica (DECA).

La Facultad contará como profesores invitados con Luis Fernando Álvarez, SDB, doctor en Teología, quien fuera director del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla y docente estable en esta institución más de dos décadas; el profesor Alfonso Berlanga, doctor en Teología, profesor estable de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, donde imparte materias de Sacramentología y Sagrada Liturgia; Alessandro Clemenzia, doctor en Teología y licenciado en Filosofía, docente estable extraordinario de la Facultad de Teología de Italia Central y del Instituto Universitario Sophia (Loppiano) y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe; y el padre Paul Gilbert, SI, doctor en Filosofía y licenciado en Teología, emérito de la Universidad Gregoriana (Roma), en la que ha sido decano de las Facultades de Filosofía y de Ciencias Sociales.

Asimismo, se incorporarán al claustro como profesores extraordinarios, Augustin Kalamba, doctor en Teología, que ofrecerá un seminario en el primer ciclo de Teología; Francisco José Fernández y Alfonso Peña, que impartirán sus clases en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas.

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“Vuelta a la normalidad” en Manos Unidas Sevilla

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“Vuelta a la normalidad” en Manos Unidas Sevilla

Con la llegada del mes de septiembre vuelve la normalidad de horarios y actividades en buena parte de las instancias de la Iglesia en Sevilla. Es el caso, por ejemplo, de la delegación sevillana de Manos Unidas, ONG de desarrollo de la Iglesia Católica, que coincidiendo con la celebración el primero de septiembre del Día de la Creación, retoma su horario habitual de atención en la sede ubicada en el Arzobispado de Sevilla, de lunes a viernes y de nueve de la mañana a dos de la tarde.

Manos Unidas Sevilla cuenta con más de doscientos voluntarios en la Archidiócesis para llevar a cabo una ingente labor de sensibilización y promoción de los proyectos de desarrollo que financia en países del Tercer Mundo. Su actual presidenta delegada es María Albendea y, al respecto, este comienzo de curso se celebrará la asamblea de elecciones para los próximos tres años.

Por otra parte, está pendiente de fijar la fecha para la celebración de la Gymkhana que se suspendió el pasado curso con motivo del Covid. este será uno de los temas a tratar en la reunión que tendrá lugar el 7 de septiembre, en la que se avanzará el plan operativo del nuevo curso. Además, Manos Unidas invita a sus voluntarios y allegados a participar en la misa -con fecha pendiente de fijar- en memoria del que fuera presidente de la delegación, Joaquín Sainz de la Maza, recientemente fallecido.

 

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Sabiote celebra a su patrón, San Ginés de la Jara

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La Hermandad Patronal de San Ginés de la Jara celebró la llegada del mes de agosto, el mes de San Ginés, el mes por excelencia de la Villa de Sabiote. El pasado sábado, 31 de julio, la Hermandad del Santo Patrón de Sabiote celebró en los jardines de la ermita el acto de presentación del cartel y elogio a San Ginés de la Jara.

El acto comenzó un poco pasadas las 21:30 horas con una asistencia bastante concurrida. Fue el Hermano Mayor de la Hermandad, Juan Luis Torres Sola, el que abrió el acto felicitando a todos los sabioteños allí congregados por la llegada de agosto y por la calurosa acogida que un año más ha tenido este acto. Tras el saludo a las autoridades civiles y eclesiásticas, Torres Sola paso a esbozar una breve biografía tanto de la Cartelista como de la elogiadora de San Ginés que este año recayó en la artista granadina, Andrea Amor Ortega y nuestra vecina, Ana María Martínez, respectivamente. Ante la ausencia de la cartelista, que por motivos sanitarios no pudo asistir, fue el alcalde de la localidad y el Hermano Mayor los que descubrieron el cartel que anuncia la devoción que Sabiote siente por su excelso Patrón.

El mismo se trata de una pintura al óleo que tiene como elemento central el retrato del Patrón que intercede por los sabioteños. Este retrato está realizado sobre un soporte redondo de madera y dispuesto en un plano más cercano al espectador para que gane en importancia y sea fiel reflejo de la cercanía entre el Santo y sus fieles. Así, se representa con todo lujo de detalle y en tonalidades sepia, recuerdo de las fotografías antiguas y símbolo de la larga y fecunda devoción de esta Villa a San Ginés de la Jara. Además, de forma extraordinaria se ha sustituido su nimbo habitual por pan de oro que hace las veces de aureola, de forma que quede patente su divinidad. En segundo plano y sobre un fondo liso de tonalidades que recuerdan al hábito del Santo se desarrollan los motivos decorativos extraídos del estofado de su vestimenta. Dispuestos de forma circular y con luces y sombras que le aportan relieve, abrazan y enmarcan el retrato. En este plano también destaca la tipografía pintada de un blanco luminoso que contrasta con el oscuro fondo y que combina las letras al uso con la imagen de la llave que la Muy Leal e Ilustre Villa de Sabiote le concedió a aquel que es su emblema: su Patrón. Esta llave, que él mismo porta, viene a sustituir con su forma a la “G” de “Ginés” y lleva en su interior reflejos del verde cordón que la sostiene, dejando intuir en ella el escudo de su pueblo. En definitiva, se trata de un cartel de líneas sencillas pero cargado de detalles, con la intención de que sea muy visual, invite a la veneración y a que el espectador no pierda de vista la representación realmente importante: la de San Ginés, el Patrón que intercede por su gente. Tras conocer el cartel, Ana María Martínez tomó la palabra y desnudo su corazón ante los presentes elogiando con sus vivencias y anécdotas la importancia que tiene para un sabioteño que por motivos laborales reside fuera de nuestro pueblo las raíces y las tradiciones de esta singular Villa. La importancia de sus abuelos en la formación de su personalidad y como ellos le inculcaron el amor hacia Sabiote y su Patrón sirvieron para hacernos entender que San Ginés de la Jara sigue siendo un nexo de unión entre los Sabioteños que están y los que ya descansan eternamente.

El orgullo de ser y pertenecer a Sabiote, la figura e importancia de San Ginés presente en toda su vida como baluarte de “sabiotismo”, la añoranza de su pueblo, sobre todo el mes de agosto, y la alegría de poder haber regresado al municipio y poder vivir el día a día de esta Villa. Sus palabras transmitían y nos presentaron a la imagen de San Ginés de la Jara visto como un punto de unión para todo aquel que se siente de un modo u otro sabioteño, viva o no en Sabiote e hicieron que este acto estuviera cargado de sentimientos y emoción. Intervino en el acto el Alcalde de la Villa, quien felicitó al pueblo de Sabiote en general por la llegada de un nuevo agosto así como a las protagonistas del acto las cuales supieron materializar de manera excepcional el orgullo de los sabioteños y los sentimientos que esta Villa tiene para con San Ginés de la Jara e invitándonos a participar con mucha precaución y cautela de los actos programados tanto por la Hermandad como desde el consistorio. Para concluir el acto sonó el Canto a San Ginés interpretado por el trío musical. Fue un gran aplauso y los vítores a San Ginés de la Jara, al Patrón de Sabiote y al municipio los que inauguraron una vez más el mes que por derecho le corresponde a Sabiote, el mes de agosto, el mes que desde antiguo los sabioteños le dedican a su Patrón San Ginés de la Jara.

 

Cofradía de San Ginés de la Jara de Sabiote

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Una exposición presenta en fotografías momentos de una Misa en la parroquia del Santo Ángel de Baza

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Una exposición presenta en fotografías momentos de una Misa en la parroquia del Santo Ángel de Baza

Termina el 29 de agosto, por lo que aún quedan unos días para visitar la exposición de fotografías que se exhibe en Baza sobre la parroquia del Santo Ángel. El tema es “un día de fiesta” -que así se llama la exposición- en esa parroquia, con fotografías de Vicente Suárez. Puede visitarse en el Museo Arqueológico de Baza, hasta el próximo domingo. Ya son muchos los bastetanos que la han contemplado, pues lleva abierta desde el pasado 11 de agosto.

La exposición recoge fotografías de una celebración de la Misa en la parroquia del Santo Ángel hace ahora 21 años, cuando era párroco José María Tortosa. El fotógrafo ha querido recoger y presentar todo lo que ocurre en torno a la celebración de la Eucaristía, desde cómo se prepara el sacerdote hasta cómo la viven los feligreses. Son decenas de fotografías en blanco y negro, algunas retocadas con color, que veintiún años después son un documento vivo de la historia de esa parroquia enclavada en el barrio de Las Cuevas. Se celebraba entonces el Jubileo del Año 2000.

El propio autor presenta así la exposición:

“Hace unos años (Exactamente 21) tuve la oportunidad de asistir a una boda en la parroquia del Santo Ángel y observé todo lo acontecido en la Misa: el párroco que entra se prepara para la ceremonia, los monaguillos que ayudan en la celebración de la Eucaristía, el cura esforzándose en hacer todo desde el altar, etc… Y me dije ¿por qué no un reportaje y contar todo lo acontecido? Y de ahí salió esta exposición. Las fotos fueron realizadas hace 21 años, como dije anteriormente, en la parroquia del Santo Ángel, por lo que algunos de los asistentes, por naturaleza, faltarán hoy día, pero otros tendrán 21 años, como el bautizo de tuvo lugar después de la Misa. En fin, es una cantidad de recuerdos de ese día de fiesta y por supuesto un homenaje al párroco de entonces, José María Tortosa. Desde aquí mi agradecimiento por la colaboración en todo momento que me ofreció desde que le expuse mi idea, que creo que ha sido original. Las fotos se realizaron con carrete de negativos y fueron reveladas a mano en papel Ilford por mí. Solo hay una copia, que es la que se expone.

Vicente Suárez Yeste. Baza, agosto de 2021”

El párroco de entonces, José María Tortosa, que actualmente es párroco en una parroquia de Roma, ha visitado la exposición y, a buen seguro, habrá recordado aquellos tiempos y aquellas celebraciones vividas en la parroquia bastetana. En su visita, que tuvo lugar el martes 24 de agosto, estuvo acompañado por el actual párroco del santo Ángel de Baza, José Luis López.

Antonio Gómez

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1 de septiembre 2021. Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación: «¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios»

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creación ecología

 

Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación: «¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios»

1 de septiembre de 2021

  • ¿Qué era el “Oikos”?                                                                                                            Oikos (griego:οἶκος, plural: οἶκοι),​ el equivalente al término “casa” en la Grecia Antigua, es el conjunto de bienes y personas que constituía la unidad básica de la sociedad en la mayoría de las ciudades-estado (polis), e incluía a la cabeza del oikos (el telestai, generalmente el varón de mayor edad -el equivalente romano era el paterfamilias-), su familia extendida (varias generaciones además de la familia nuclear -esposa e hijos-), y esclavos, que vivían juntos en un marco doméstico.                          Los grandes oikos incluían extensas explotaciones agropecuarias trabajadas generalmente por los esclavos, las cuales eran también la unidad básica de la economía antigua.                                          El oikos funcionaba como una unidad económica y social autárquica, «era el centro a cuyo alrededor estaba organizada la vida», a partir del cual no solo se satisfacían las necesidades materiales, incluyendo la seguridad, sino también las normas y los valores éticos, los deberes, obligaciones y responsabilidades, las relaciones sociales y las relaciones con los dioses.                                        El oikos no era solo la familia, era todo el personal de la casa y sus bienes. Dirigir un oikos significaba tanto manejar una granja como el gobierno y mantenimiento de la paz en la familia.
  • El oikos para los católicos es la Casa Común, la creación, que Dios ha entregado a la humanidad.

 

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

«¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios» es el lema que se propone este año para la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación, que la Iglesia celebra el 1 de septiembre. El departamento de Ecología Integral, dentro de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, hace público su mensaje para esta jornada y ofrece un subsidio litúrgico para facilitar la celebración.

El Tiempo de la Creación

La Iglesia en España se une así a la llamada del papa Francisco para celebrar el Tiempo de la Creación, que comienza el 1 de septiembre, con esta Jornada, y se cierra el 4 de octubredía de san Francisco de Asís, patrón de la ecología.

Un tiempo, recuerda el mensaje, en el que «las comunidades cristianas de todo el mundo se unen en la renovación de su fe en Dios Creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la Casa Común».

 ¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios
(Texto íntegro)

Iniciamos con esta Jornada, día 1 de septiembre, un período especial en el que toda la familia cristiana conmemora el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís. En este tiempo, las comunidades cristianas de todo el mundo se unen en la renovación de su fe en Dios Creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la Casa Común. La Iglesia que peregrina en España quiere unirse a la llamada del Papa Francisco para celebrar esta Jornada, que este año tiene lugar bajo el lema “¿Una casa para todos? Renovando el Oikos de Dios”.

1. La ecología integral como horizonte

En el pensamiento cristiano, la relación cosmos, hombre y Dios viene transversalizada por la revelación divina como Dios creador, encarnado, crucificado y resucitado. Nuestro origen está fundamentado en el amor de Dios. Él se nos revela como Padre que todo lo crea por puro amor. Así lo confesaba el pueblo elegido y así lo confesamos nosotros.

El crucificado resucitado nos abre el horizonte del verdadero sentido de una ecología integral. Todo está llamado a la vida y a la plenitud, creemos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro. Por eso nos abrimos de corazón a la preocupación y al mensaje evangelizador de una ecología verdaderamente integral, en la que nada nos es ajeno, y en la que proclamamos desde lo terreno, lo humano y lo divino que todo está interrelacionado y debe estar interconectado. Con estos presupuestos necesitamos escuchar y acoger el grito de la tierra y el grito de lo humano como lugar de encuentro y de salvación.[1]

2. Por una economía del bien común

La humanidad tiene el encargo de cultivar y cuidar la creación. Dios Padre ha puesto en nuestras manos esta Casa Común con el encargo de organizarla y caminar junto a ella en una historia de salvación. El encargo amoroso tiene como horizonte la realización del bien común. Se trata de avanzar por el camino del Reino en medio de nuestra historia, en una relación de verdadera armonía y fraternidad, en comunión con la naturaleza y con los demás hombres, abiertos a la trascendencia del absoluto. Eso supone orientar nuestra casa teniendo en cuenta las implicaciones políticas de lo ecológico, lo humano, lo justo y lo digno. Se abre un horizonte de fraternidad que ha de caminar por la relación generosa y fecunda con la naturaleza, así como por políticas de lo humano que favorezcan la dignidad y la justicia para todos. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos impe­riosamente que la política y la economía, en diá­logo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana” (Laudato si´,189).

Nos hacemos eco del deseo universal de la Iglesia de responder compasivamente al grito de la tierra y de lo humano. Estamos llamados desde el evangelio y el Reino, desde la riqueza de nuestra doctrina social, a implicarnos como creyentes en la tarea de construir nuestra sociedad, nuestra polis, y para eso hemos de avanzar en la participación y compromiso en lo social y en lo público, tanto desde actitudes personales y familiares, como profesionales y comunitarias, sabiendo que en nuestro compromiso y quehacer ha de estar siempre el horizonte del bien común como signo de avance en el camino de la construcción del Reino de Dios y su justicia. Somos iglesia en misión, en salida, para la construcción del mundo según Dios.

3. Un ecumenismo expresión de la radicalidad del Amor

El cuidado de la Casa Común no arranca en nosotros de un voluntarismo heroico ni de una ideología; más bien hemos de cuidarnos de radicalismos y extremismos en el deseo de transformar. Nuestra motivación no puede tener otro fundamento que el que sustenta a la creación y a toda la historia de la salvación, que es el amor gratuito y consagrado de Dios. Nosotros no hablamos de naturaleza rasa ni de progreso puro tecnológico, sino que nos abrimos a la consideración del proyecto creador y salvador de un Dios que se dice y se entrega a la realidad creada y amada por pura gratuidad. No estamos encerrados en un ciclo de lo natural, ni abocados a la conformidad con la finitud de la muerte. Nos sentimos parte de lo natural y somos conscientes de nuestro ser mortales, pero lo somos en una esperanza de plenitud que marca un horizonte de comunidad y de felicidad universal, por eso no podemos actuar si no es desde el amor que nos impele a la construcción de esa comunidad y armonía de todo lo creado. Necesitamos la mística de la ecología integral, la fundamentación en el amor personal de Dios, en la relación teologal con Él y con los hermanos en la comunidad eclesial.

La ecología integral y su dimensión religiosa es un lugar de encuentro con todas las demás iglesias cristianas y de camino común con las demás religiones, especialmente las monoteístas. Compartimos con todos los hombres de buena voluntad la tarea de la construcción del bien común que tanto interesa al Reino, aunque no se confunda con él[2].

4. Casa de puertas abiertas y realidad rural

En la invitación para el camino de la ecología integral es fundamental la acogida y la apertura, la no exclusión: “La hospitalidad es un modo concreto de no privarse de este desafío y de este don que es el encuentro con la humanidad más allá del propio grupo” (Fratelli tutti, 90). 

La Iglesia nos invita también a mirar lo universal desde nuestra realidad más particular. A nosotros, como Iglesia que ha de ser encarnada y abierta, nos preocupa la realidad del mundo rural y lo que venimos llamando “la España vaciada”. En dicha realidad necesitamos concretar nuestro compromiso como creyentes y ciudadanos, pues forma parte de una verdadera ecología integral. Sentimos cómo nuestros pueblos están viviendo situaciones de crisis menguantes, sus habitantes envejecen y no hay apenas niños y jóvenes; se dan no pocas dificultades para la comunicación y servicios como educación o sanidad. Sin embargo, su “buen vivir” es fuente de valores fundamentales como el paisanaje y la valoración de las personas en el encuentro y la relación, la riqueza de un medioambiente que han cuidado hasta ahora, la producción de productos básicos naturales para servicio de la sociedad. Es el momento de actuar y de tener en cuenta las necesidades vitales de nuestra realidad rural para que, en lugar de vaciarse, pueda llenarse y ser fuente de riqueza para nuestra sociedad en general. La pandemia nos ha descubierto lo rural de un modo nuevo, pero hemos de verlo de un modo integral y reconocer el esfuerzo de todos aquellos que están organizándose para revalorizar este mundo lleno de posibilidades y de progreso en respeto a una verdadera ecología y un humanismo profundo. Es momento de actuar y caminar juntos en la implicación por una realidad rural de esperanza y vida. Somos conscientes de la importancia de la fe y la vivencia religiosa en el medio rural y apreciamos especialmente a todos los que se han comprometido en la evangelización en esas pequeñas comunidades[3].

5. Creatividad para la caridad política

El grito de la tierra y de lo humano, que es para nosotros eco de la necesidad de la ecología integral, pasa necesariamente por el compromiso personal, de tú a tú, en la vida diaria. La dimensión social de lo humano nos vincula con la organización de nuestra Casa Común, y la apertura a las mediaciones comunitarias y sociales es la senda fundamental para vivir la fraternidad. La ecología integral vendrá por el camino de lo asociativo, de lo comunitario, de lo político. Necesitamos concienciarnos y concienciar del grito y la realidad en la que vivimos. Hoy es momento de gracia, hoy es tiempo de creación, hoy se nos pide a los bautizados abrirnos al Espíritu de Dios, para que con su ciencia, fuerza, sabiduría y consejo sepamos abrir cauces de creatividad y de repuesta al Kairós que, gracias a Dios, nos ha tocado vivir. Oremos unidos y esperanzados en este tiempo de creación. Y no olvidemos nunca nuestro horizonte: habrá un cielo nuevo y una tierra nueva[4].

Departamento de Ecología Integral
Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social


[1] Cf. Laudato si´, 137

[2] Cf. Laudato si´, 76

[3] Obispos de las diócesis de Aragón. Carta Pastoral “La Iglesia en Aragón al servicio del mundo rural. Nazaret era un pueblo pequeño” (2019)

[4]Cf. Ap 21,1.

24/08/2021

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Homilía del Domingo XXI del T. O.

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Homilía de D. Adolfo González Montes, Obispo de Almería, en el domingo 22 de agosto de 2021.

Homilía del Domingo XXI del T. O.

Textos bíblicos: Jos 24,1-2.15-18; Sal 33,2-3.16-23 (R/. «Gustad y ved que bueno es el Señor»); Ef 5,21-32; Aleluya: Jn 6,63.68 («Tus palabras, Señor, son espíritu y vida»); Jn 6,61-70.

Queridos hermanos y hermanas:

Con el fragmento del evangelio que hemos escuchado termina Jesús su discurso del pan de vida, que hemos venido comentando los últimos domingos. El discurso causa una gran impresión sobre los muchos que siguen a Jesús, sus discípulos y sus apóstoles. La identificación de Jesús con el pan de vida y las expresiones “comer mi carne”, “beber mi sangre”, afirmando de sí mismo ser el verdadero “pan de vida”, escandaliza a sus oyentes porque interpretan de manera material las palabras de Jesús. El evangelista dice que los judíos discutían entre sí y se preguntaban: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» (Jn 6,52); y Jesús insistía: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (v. 6,53). Estas palabras de Jesús hieren la sensibilidad de los judíos, que no las entienden, su entendimiento no trasciende al nivel espiritual al que se orientas las expresiones literales. No tienen fe en Jesús, porque como el Resucitado dice a los discípulos de Emaús no han entendido las Escrituras (cf. Lc 24,25-27).

Jesús les habla de sí mismo porque les da a conocer de qué modo las Escrituras hablan de él como la Sabiduría del Padre. Su enseñanza les abrirá los ojos porque esta enseñanza y sabiduría divina es el fruto del árbol de la vida, al que no tenían acceso nuestros padres en el paraíso (cf. Gn 2,9.16). La nueva situación ya no es como la del paraíso, el que come la carne del Hijo del hombre se alimenta de la palabra de Dios y de la sabiduría divina que Jesús ofrece con su enseñanza. Quien come este alimento de vida, quien viene a Jesús y se alimenta de él, ya no será echado fuera como sucedió con nuestros primeros padres, que comieron en el paraíso del árbol de la vida para vivir siempre y no morir, pero perecieron porque fueron echados fuera como consecuencia de la desobediencia y de la trasgresión cometida (Gn 3,22-23). Se entienden las palabras de Jesús, que dice: «Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré fuera» (Jn 6,37)

Jesús ha bajado del cielo para dar al mundo el pan de la vida que es él mismo, y aludiendo a su propia pasión les dice que él entrega su carne por la vida del mundo (Jn 6,51)[1]. Por eso, ante el rechazo de la gente que no puede aceptar su palabra, Jesús responde elevando el desafío e identificándose con el Hijo del hombre, el ser divino que el profeta Daniel vio venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13). Jesús ha bajado del cielo y subirá dónde estaba antes (cf. Jn 6,62) y al decírselo a sus oyentes provoca en ellos la división que genera la opción por él y contra él. En la narración de la pasión a la pregunta del sumo sacerdote demandándole que responda a la pregunta de si es o no el Mesías, el Hijo del Bendito, Jesús responde aludiendo al pasaje del profeta Daniel: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo» (Mc 14,62).  Jesús se convierte así, como lo profetizó el anciano Simeón, la “piedra de contradicción” con la que tropiezan los hombres (cf. Lc 2,34), porque provoca la determinación de seguirle o de abandonarle en sus seguidores y discípulos.

Con este discurso Jesús se ha colocado al nivel del Dios de Israel y ha desafiado a los que le siguen con su pretensión de ser igual a Dios exigiendo elegirle a él o rechazar su persona y mensaje. Esta situación es iluminada por la primera lectura del libro de Josué, que coloca a los israelitas ante la elección del Dios de Israel o el retorno de las tribus a los dioses de sus antepasados. En la sagrada Escritura vemos cómo Dios renueva su alianza con Israel en varias ocasiones que representan un retorno al origen de su propia existencia como pueblo de la elección divina. La alianza de Dios con Noé después del diluvio es promesa de que Dios no quiere y no ejecutará nunca la destrucción de la humanidad (cf. Gn 9,12-17). Seguirá después la alianza con Abrahán, que abre la historia de la salvación a la constitución del pueblo elegido (cf. Gn 12,2-3). La liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto conducirá a través de la marcha por el desierto al pacto del Sinaí, verdadera constitución del pueblo de Dios. El Señor entrega la ley con los mandamientos por medio de Moisés a su pueblo y el pueblo ratifica su voluntad de cumplirlos, y Moisés ordenó a algunos jóvenes israelitas que ofreciesen algunos novillos en sacrifico de alianza y derramó parte de la sangre de los novillos sobre el altar. Leyó el libro de la alianza a los israelitas y el pueblo respondió: «Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho el Señor», y entonces Moisés roció con la sangre al pueblo y les dijo: «Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con vosotros» (Ex 24, 7-8).

Estas palabras las encontramos en boca de Jesús que las refiere a su propia sangre entregada para la salvación de los hombres. Jesús las refiere a la definitiva constitución de la alianza de Dios con la humanidad en la sangre de Jesús que será entregado a la pasión como la mayor y suprema prueba de amor de Dios por los hombres (Jn 15,13). La alianza en la sangre de Jesús viene a colmar la promesa de los profetas que hablaron de una alianza definitiva de Dios con su pueblo para los tiempos escatológicos, tiempos últimos y de consumación de lo prometido, no como la alianza del Sinaí al salir de Egipto, sino una alianza nueva, de alcance espiritual, que llevará a Israel al conocimiento inmediato de Dios (Jr 31,31-34; Ez 16,62; 36,28).

Entre la alianza del Sinaí y la nueva alianza en la sangre de Jesús (1Cor 11,25; Mc 14,24 y par.), la sagrada Escritura nos ofrece diferentes narraciones en las que Dios renueva la alianza con su pueblo, entre las cuales se encuentra la narración del libro de Josué, tras el paso del Jordán y en la entrada en la tierra prometida. Reunidas las tribus de Israel, Josué les colocó ante la decisión de cumplir los mandamientos del Señor vinculando al Dios de Israel con el asentamiento de los israelitas en la nueva tierra, o bien abandonar el culto al Señor y que los congregados volvieran a los dioses de sus antepasados. La respuesta unánime del pueblo fue: «También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios» (Jos 24,18).

Sin duda que las tribus israelitas incorporaron en gran medida a las poblaciones que encontraron asentadas en la tierra prometida, pero aceptando en la integración la fe monoteísta de Israel y la confesión de la historia de salvación que había jalonado el pasado histórico de Israel. La renovación de la alianza en Siquén siguió al asentamiento de israelitas en las tierras conquistadas, lográndose en esta ciudad, siempre habitada y no destruida durante la conquista, la unidad de culto de las tribus, contra la tentación de contaminación de los cultos paganos[2]. Una vez conquistada la tierra tras la consolidación del reino por David, Dios le promete la consolidación del trono (cf. 2Re 7,8-13), promesa que mira a un futuro de plenitud de la presencia de Dios en su pueblo, como anunciaron los profetas, futuro que llegará con la alianza en la sangre de Jesús.

El reto que plantea Josué a las tribus de la liga hebrea y las poblaciones cananeas es figura de la alianza en Cristo Jesús, y coloca a los israelitas ante la determinación de ratificar la fe de los padres. La elección del Dios de Israel por las tribus israelitas se proyecta sobre el desafío que Jesús plantea a los que le siguen preguntando a los apóstoles qué van a hacer y si también ellos quieren marcharse como los muchos que le han seguido y ahora se van. La respuesta de Pedro, que habla en nombre de los apóstoles, no deja lugar a dudas: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68-69). Ante la dificultad que plantea el discurso del pan de vida a los seguidores de Jesús, éste les dice que su plena aceptación es obra de Dios: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si mi Padre no se lo concede» (Jn 6,65). La confesión de Pedro acerca este pasaje del evangelio de san Juan al pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, cuando también Pedro responde por todos a la pregunta de Jesús sobre lo que dicen los hombres acerca de quién es el Hijo del hombre. Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16). Jesús replicará a la confesión de Pedro diciendo que no es obra de la carne o de la sangre, sino que viene de Dios. Sólo la fe que Dios otorga abre el acceso al misterio de la persona de Jesús. Dios revela por medio del Espíritu Santo quién es en verdad Jesús y que sólo él tiene palabras de vida eterna.

La carta a los Efesios, que continuamos escuchando en estas misas dominicales, nos coloca asimismo ante el misterio de amor que es el matrimonio, que ha de ser vivido como entrega sin límites de quienes ya no son dos, sino una sola carne (cf. Ef 5,31→Gn 2,24). El amor conyugal se fundamenta y enraíza en el amor de entrega de Cristo a la Iglesia. El matrimonio es asimismo un pacto de amor en el que se refleja la alianza nupcial de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5,25-27). Como hemos visto en la narración del libro de Josué, la respuesta de los israelitas fue la de servir al Señor. No otra cosa es el amor sino servicio, por eso excluye relaciones de dominio que no son compatibles con el amor de como entrega de la propia vida. Un amor que en su más honda verdad es en sí mismo irreversible, razón última de la indisolubilidad del matrimonio según la mente de Dios. La entrega de Jesús por nosotros adquiere presencia sacramental en la Eucaristía, que alimenta nuestro amor a Dios y al prójimo. La imagen del amor divino que encontramos en el amor conyugal invita al mutuo servicio en el amor a todos los cristianos, para que la Iglesia sea ante el mundo verdadero sacramento de la unidad de todos los seres humanos en Cristo.

 

S.A.I. Catedral de la Encarnación

Almería, 22 de agosto de 2021

 

X Adolfo González Montes

Obispo de Almería

 

 

[1] Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a Jn 6,51.

[2] Cf. M. D. Coogan, Josué, en R. E. Brown, J. A. Fitzmyer y R.E. Murphy (eds.), Nuevo comentario bíblico San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 20025), n. 7: 88 (com. a Jos 24,1-28).

Busco tu rostro: las falsas imágenes de Dios

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BUSCO TU ROSTRO: LAS FALSAS IMÁGENES DE DIOS

Tener una imagen justa de Dios nos requiere vivir en la espiritualidad de la Transfiguración y discernir las imágenes falsas de Dios es poner al fuego del amor de Dios todo aquello que es de cartón-piedra,  lo que es lengua de madera, el metal violento que se funde con la muerte. Al fuego del fuego del amor de Dios, quedan sólo, como en el cuento de El soldadito de Plomo los dos corazones de oro entre las cenizas de los capitales, miserias e imperios: los sagrados corazones capaces de limpiar las dos lentes de sus gafas y pedir: “Que vea, Señor”. 
 
Hablar de la imagen de Dios es una cuestión que suele señalar a la idea de Dios que inspira y dirige 
nuestras actitudes y acciones personales o las de pueblos enteros. Pero en esta meditación os invito a 
un primer movimiento que nos lleva de las imágenes de Dios –falsas o no‐ al mismísimo retrato de Dios: 
el auténtico retrato de la cara de Jesús. 

 

Vea:

– Las falsas imágenes de Dios

 

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El Credo explicado. Para entender lo que creemos los católicos

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El Credo de los católicos

 

EL CREDO EXPLICADO

PARA ENTENDER LO QUE CREEMOS LOS CATÓLICOS

Vea también:

– ¿Qué es la Resurrección de Jesús? ¿Qué significa para nosotros los cristianos?

– La Biblia

– Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica – Vídeos – Mons. Munilla

En la oración de El Credo es donde los católicos decimos lo que creemos. Esta oración se reza en la Eucaristía (misas) del domingo y solemnidades.

En la misa del rito romano revisada en 1969, el Credo se recita al terminar la Liturgia de la Palabra, después de la homilía y antes de la Oración de los Fieles. “El Símbolo o profesión de fe tiende a que todo el pueblo congregado responda a la Palabra de Dios anunciada en las lecturas de la Sagrada Escritura y expuesta en la homilía, y a que, al proclamar la norma de su fe, con la fórmula aprobada para el uso litúrgico, recuerde y confiese los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía.”

Se recita solo en domingos y solemnidades, mas puede también decirse en peculiares celebraciones más solemnes. En ocasiones, se omite después de la profesión de fe expresada en una renovación de promesas bautismales.

 

 

Descargue:

– El Credo explicado para entender mejor lo que creemos los católicos

Vea también:

– ¿Qué es la Iglesia católica?

– Iglesia católica

– ¿Por qué el cristianismo cambió a la humanidad?

– La cultura católica

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¿Por qué creo en Dios?

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¿POR QUÉ CREO EN DIOS?

A menudo se afirma, y con razón, que las pruebas racionales de la existencia de Dios sólo convencen a los ya creyentes, y esto a medias. Ante ello, el autor se arriesga a proponer otras “pruebas” que se basan no en la razón sino en la propia existencia creyente. Lo hace de un modo tan personal y comprometido que resulta muy convincente.

La cuestión sobre la existencia de Dios no es una cuestión banal. Nos incumbe a todos, creyentes y no creyentes. Y nos incumbe con una realidad que va más allá de sí misma y atañe los confines de nuestro ser, allí donde se esbozan las cuestiones sobre el sentido y el destino.
Se ha escrito que las pruebas sobre la existencia de Dios tienen la singularidad de convencer a los que ya creen y de no convencer a los que no creen. Tal vez se deba a que no han atendido a sectores vitales a los que no llega la sola razón. Lo más honrado sería considerar que la creencia y la increencia nos atañen a todos, y lo mejor será dirigirse al incrédulo que está latente en nosotros y al creyente que late en el fondo del incrédulo. Todos los hombres son aquí parientes cercanos.

En este escrito tomaré una doble opción. En primer lugar, la de considerar que al comienzo la cuestión no debe ponerse tanto en querer demostrar la existencia de Dios cuanto en mostrar hasta qué punto Dios es creíble. La segunda opción será la de hablar en primera persona. Es cierto que voy a hablar como teólogo. Pero el teólogo es inseparable de la persona. Si soy teólogo, si continúo siéndolo, es porque yo creo. Si soy teólogo es porque creo que esta fe vale verdaderamente la pena. Este “yo” del que hablo es también, en parte, el de mis lectores. Casi todos nos podemos encontrar en este itinerario. Hemos nacido en la misma civilización; somos hijos de la fe cristiana y nos hallamos con no creyentes que nos hacen las mismas preguntas. Creo que el “yo” que aquí se empleará podrá ser el de cada uno de nosotros.

Una última observación. Los pasos que voy a dar no pretenden seguir un orden estrictamente lógico. Cada uno puede seguir su propio orden. No pretendo que cada razón tenga el mismo peso. En estas materias se trata, sobre todo, de una convergencia de razones. Es posible que, para alguno, tal o cual razón no sea válida.

 

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– ¿Por qué creo en Dios?

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Y sintió que Dios le amaba

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La droga se presenta como una ocasión fácil y rápida de conseguir, al activar el sistema de recompensa cerebral, un estado de conciencia gratificante que ofrece una hipoteca transitoria a dificultades y problemas.

El primer consumo señala con frecuencia el inicio de una enfermedad que, como no es auto limitada, progresa de manera natural a su situación de estado. La droga determina una tolerancia y una dependencia que la hace dueña de las motivaciones de la persona a la que esclaviza a sus intereses que es el consumo y, si se rebela, el síndrome de abstinencia la vuelve a someter. En poco tiempo, las alteraciones funcionales cerebrales consiguen que esa persona, ausente del presente, con un pasado repleto de miedos y sombras, sin alternativas de futuro y con sus dimensiones profundas reprimidas y contaminadas, pierda el significado y sentido de la vida; la droga sólo es útil para hacerle olvidar que está viva. El horror vacui decide que la autolisis es la única salida.

En esta situación límite, Rafael, pidiendo auxilio a la esperanza que aún le restaba, solicitó ayuda profesional.

Las primeras consultas se centran en conocer el por qué y para qué quiere abandonar la droga y se impone con una introspección dirigida, para localizar los periodos de su vida, en que la alegría y las ganas de vivir fueron los protagonistas de su vida para que, recuperados, puedan ser utilizados terapéuticamente como referencias existenciales: al ocupar un lugar en el cerebro y en el contenido de la conciencia, pueden iluminar sombras, desplazar temores y miedos y crear un escenario propicio para iniciar el proceso de normalidad funcional cerebral.

Rafael localizó, con significativa añoranza, ese periodo de los 6 años que estuvo en el Seminario: no se puede añorar algo que no ha existido o no se ha experimentado, especialmente si conformó un tiempo que le ofreció, superando a la razón, noticias de trascendencias y realidades espirituales que marcan la experiencia humana.

Las consultas tenían el objetivo de rescatar esos años de felicidades y Rafael recordaba que todo se originó por una homilía en que el «ven y sígueme” era una llamada que Dios, sin exclusiones, hace a toda persona. Esta noticia le retumbó en su interior y le desconcertó con un interrogante que, de un suave murmullo, aumentando en intensidad y frecuencia, adquirió la fuerza de un deseo: sin cálculo humano y sin ajustarse al mundo, decidió ingresar en el Seminario.

Allí encontró su lugar, donde todo le hablaba de Dios.

Cautivado y seducido por la llamada, se encontraba como en un paraíso en el que todas las circunstancias, costumbres y usos estaban diseñados para consolidar y robustecer su vocación. Confiado y abandonado a la voluntad de Dios, la interpretación sublimada de todo lo que le sucedía, le acercaba más a Dios.

En este escenario, la austeridad era valorada como una liberación de dependencias y ambiciones, y garantizaba paz y tranquilidad. La obediencia aseguraba armonía y seguridad interior y recta intención en la conducta. Los ayunos y abstinencias disminuían las solicitudes del cuerpo, aumentaban las del alma y afianzaban la salud integral. La convivencia era la ocasión de convertir la fe creída en fe practicada, y esto era fácil en un ambiente de alegrías compartidas, bondades sin reservas, fáciles sonrisas y corazones limpios.

Cuando relataba la rutina diaria, matizaba cómo la meditación y la Eucaristía alegraban la mañana y animaban e iluminaban la jornada. Las clases y estudio se valoraban como devociones y no obligaciones. Secuestrar un tiempo de recreo para la visita al Sagrario era recibir siempre un regalo sorpresa. El Ángelus a media mañana dejaba caer la ternura de la Virgen, que siempre estaba ejerciendo su maternidad. En los días de retiro, el paseo meditativo hasta la “curva” a veces se prolongaba hasta el festivo torno de las capuchinas. Los turnos de adoración nocturna, en el silencio y complicidad de la noche, eran el escenario en que la Gracia, sin concurso de cerebro ni sentidos, “tocaba” directamente el alma. Los silencios mayores se convertían en silencios iluminativos. Con ganas, puntualizaba como en dos pasillos se encuentran escritos en el suelo con piedrecitas, en una delicada declaración de intenciones, avisos sobre la obediencia y la misión de los pastores : “No-sí-pero-yo-cuco-cras” y “no ganar panes sino ganar almas”.

Algunas consultas estaban gobernadas por palabras que se quebraban y silencios sonoros que enriquecían más que la lengua.

La jornada se finalizaba con el examen de conciencia, la petición de perdón y un propósito de enmienda que serenaba el alma y, “antes de cerrar los ojos, los labios y el corazón”, con las gracias al Padre Dios y recibir su bendición, siempre se completaba con el cántico mariano… “y todos quedábamos bajo el amparo de la Madre de Dios y Madre nuestra que es la omnipotencia suplicante”.

Rafael, en la actualización de estos recuerdos, de una manera natural, se identificaba con ellos y le hacían vivir similares emociones, devociones y movimientos espirituales. En esta dinámica, una selectiva nostalgia se adueñó de su conciencia y aceptó, como verdad inconcusa, que, después del infierno al que durante años la droga le había sometido:,“fuera de Dios todo es estrecho y cerca de Dios no existen carencias”.

El hambre de Dios se hizo presente y, dilatando su corazón, rescató las reprimidas dimensiones profundas y descubrió que Dios es presencia permanente en su alma… y sintió que Dios le amaba.

José Rosado Ruiz. Médico acreditado en adicciones

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