Inicio Blog Página 4505

«Asumo este servicio con esperanza y con responsabilidad, queriendo seguir caminando juntos»

0
NoticiaIglesia Noticia

Publicado: 08/11/2021: 3

<!–

–>

El sábado 6 de noviembre se celebró en la parroquia de El Salvador, en Málaga, el Encuentro Interparroquial, organizado por la Acción Católica General, en el que Cristina Vera daba el relevo en la presidencia de la ACG Málaga a Vicky Ramos. Así expresaban en COPE Málaga la ilusión con la que habían servido y estaban dispuestas a seguir sirviendo.

Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

enllamasfortes

Más noticias de: Iglesia Noticia

Ver este artículo en la web de la diócesis

«Comprender la vida de la Iglesia es comprender la vida del Señor»

0

En la mañana de hoy la Seo gaditana ha acogido la celebración por el Día de la Iglesia Diocesana, con un eucaristía presidida por Mons. Rafael Zornoza.

En su homilía, el obispo diocesano recordó que «la Iglesia es un misterio de fe que nos conoce. Sigue siendo santa a pesar de nuestros pecados, sigue ofreciendo al mundo la belleza de la fe. Pertenecemos a esta Iglesia, y con todas nuestras limitaciones dejamos el rastro de Cristo en el mundo».

«Comprender la vida de la Iglesia es comprender la vida del Señor, -continuaba Mons. Zornoza- Ella recibe la luz del sol y la proyecta sobre nosotros. Hoy nos pide la Iglesia en España que ahondemos en esta pertenencia, y para eso necesitamos entregarnos como la viuda del evangelio de hoy, y ser generosos con una entrega mayor, de corazón, efectiva y afectiva».

Carta de Mons. Rafael Zornoza por el Día de la Iglesia Diocesana

Queridos amigos:

El Día de la Iglesia Diocesana se celebra con el lema “Somos los que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo”. De este modo, profundizamos en el ser y la misión de la Iglesia, y por tanto de todos los bautizados. Como dice el Concilio Vaticano II, “la Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza”, y a través de ella quiere Dios “llamar a los hombres a la participación de su vida no sólo en particular, excluido cualquier género de conexión mutua, sino constituirlos en pueblo, en el que sus hijos que estaban dispersos se congreguen en unidad (Cf. Jn, 11,52). “(AG, 2).

La evangelización pertenece al ser de la Iglesia, que es misionera o no es: “de hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo”. (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, 2017). Esta misión la lleva a cabo el Pueblo de Dios, pues la misión de evangelizar pertenece a todos los bautizados: laicos, sacerdotes, y consagrados, somos “corresponsables” y protagonistas de la misión; somos fraternidad en misión, llamada a congregar en la unidad, en Cristo, a todo el género humano.

Impulsemos, pues, la corresponsabilidad en los diversos niveles de nuestra Iglesia diocesana. Nuestra diócesis tiene afortunadamente mucha vitalidad eclesial, hay abundante participación en la vida de las parroquias, muchos fieles laicos activos, asociaciones, cofradías, seminarios donde se forma un buen grupo de aspirantes al sacerdocio; se acoge a los pobres, a los emigrantes, a los sin techo, se atiende a los reclusos, a las mujeres en exclusión… es una diócesis misionera. Sacerdotes, consagrados y laicos son corresponsables.

Hemos de preguntarnos: ¿Cómo puedo ayudar a ser Iglesia, fraternidad en misión? Tu tiempo, tus cualidades, tu apoyo económico y tu oración son los primeros caminos. Cuando miramos nuestra Iglesia Diocesana, nuestras parroquias y comunidades, vemos con afecto el bien que nos hacen. Colaboremos para seguir viviendo la experiencia cristiana, que crezca nuestra fe, y que mantengamos vivo el mandato misionero de Jesús: “Id al mundo entero”.

Vivir la misión en estos tiempos complejos y difíciles nos exige mayor unión y colaboración entre nosotros, caridad fraterna y solidaridad apostólica. Seamos corresponsables de la labor de la Iglesia y de su sostenimiento. Que no falte tu ayuda para cultivar la caridad con los demás, viviendo con coherencia evangélica, en un ambiente de amor, de amistad, de confraternidad, de comunicación. Juntos vivimos la Iglesia diocesana, que es comunidad, parroquias vivas, comprometidas, apasionadas por Jesucristo y entregadas a los demás.

Esta fraternidad misionera es una esperanza para el mundo, llamado a la unidad que tanto ansía. Vivimos en la paradoja de una aparente interconexión global que no oculta síntomas de todo lo contrario. “Las relaciones digitales, que eximen del laborioso cultivo de una amistad, de una reciprocidad estable, e incluso de un consenso que madura con el tiempo, tienen apariencia de sociabilidad. No construyen verdaderamente un “nosotros” sino que suelen disimular y amplificar el mismo individualismo que se expresa en la xenofobia y en el desprecio de los débiles.” (Fratelli Tutti, 43).

Demos hoy la respuesta que exige este momento histórico para fortalecer nuestra fe, nuestras instituciones, y nuestra comunicación cristiana de bienes con la que podemos curar tantas heridas y mostrar la caridad que nos define como discípulos del Señor. La iglesia es portadora de esperanza. El Evangelio es Buena Noticia y nos corresponde hacerlo presente con coherencia, audacia y creatividad hoy. El momento presente demanda de nosotros dar razón de nuestra esperanza y mostrar una caridad sin fisuras. El mejor argumentario es siempre el amor cristiano.

+Rafael Zornoza Boy

Obispo de Cádiz y Ceuta

Ver este artículo en la web de la diócesis

“La Iglesia es una familia”

0

Homilía en la Eucaristía en el XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.I Catedral, y Día de la Iglesia Diocesana, el 7 de noviembre de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo Santo de Dios;
muy querido sacerdote, diácono:

En el día de hoy, el diácono que nos acompaña desde hace más de un año todos los domingos en esta liturgia acaba de perder en Venezuela a su padre y a su madre. Con lo cual, yo os pido que en la oración de los difuntos, hoy, os acordéis de ellos.

Todos conocemos casos donde las personas han perdido familiares o seres queridos sin poder acompañarlos, y el dolor que eso significa. Y aunque la fe da una paz muy grande, y él lo vive con paz, como formamos todos parte del mismo Cuerpo, yo no quiero dejar de decíroslo, y así también sentimos que ese Cuerpo no son sólo los que estamos por casualidad -no existen las casualidades- en esta Eucaristía, sino también los que están cerca de nosotros, de una manera o de otra, hasta el horizonte del mundo entero. Pedimos por él y por su familia, por los que están en Venezuela y los que están aquí.

Eso nos abre al Misterio de la Iglesia. ¿Qué es la Iglesia? Porque hoy habréis oído decir que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia es un Cuerpo. La Iglesia no son una serie de principios morales o unas creencias o unas ideas que compartimos, participamos de la misma manera de pensar, de las mismas ideas. La gente dice “pues, sí, porque tenemos las mismas ideas”; o participamos de una cierta concepción de la vida humana. Sin duda que eso es verdad, pero eso no es la Iglesia. La Iglesia es un Cuerpo. La Iglesia es una familia. Del lema de hoy, “Somos una familia contigo”, en la medida en que podamos vivir nuestra pertenencia, nuestra condición de cristianos como perteneciendo a una familia y manteniendo en la vida de familia, ese tipo de relaciones que solían caracterizar a la vida de familia.

Yo leí hace unos días, y lo he dicho en otra Misa hace un momento (porque se celebra el 75 aniversario de la creación de la Hermandad Obrera de Acción Católica); les decía que hace poco había leído una definición del neoliberalismo global, no simplemente como unas sociedades que viven en torno a la economía y a los mercados, sino como un tipo de sociedad que trata de crear un nuevo tipo de hombre. Y ese tipo de hombre es un tipo de hombre y de mujer que todas sus relaciones tienen la lógica de las relaciones comerciales. Eso está inscribiéndose de tal manera en nuestro ser que, de alguna manera, determina a veces también las relaciones entre marido y esposa en el seno de la familia, hasta entre los padres y los hijos. Yo recuerdo a una hija cuyo padre había hablado de que era una inversión; u otra hija que había crecido toda su vida oyendo a su madre que ella había sido una equivocación y que no tenía que haber nacido. Todo ese tipo de comentarios, las dos lo decían llorando a lágrima viva, con una herida muy grande en su ser y en su vida.

Las relaciones familiares si algo las caracteriza es que son relaciones gratuitas, y por eso son humanas. Por eso son más humanas. Y la gratuidad engendra gratuidad. En cambio, el dejarse llevar por el interés hace que los demás reaccionen dejándose llevar por el interés. Son procesos donde crece la comunión de los santos o donde se deterioran nuestras relaciones por el poder del mal.

Que la Iglesia pueda vivir como una familia hace posible que las familias puedan vivir como familias también. Que Cristo sea el centro de ese pueblo, de ese Cuerpo que es la Iglesia, hace posible que nuestras familias, que los pueblos, en la medida en que siguen existiendo, puedan ser verdaderos pueblos. Es decir, que no seamos una masa anónima que sólo se relaciona mediante contratos. Claro que la Iglesia es una familia y la diócesis es la realización del misterio entero de la Iglesia en una determinada comunidad. Porque si la Iglesia fuese el mundo entero y fuese todo como una especie de anonimato enorme, que abarcase el mundo entero, al final no habría posibilidad de relaciones verdaderamente humanas entre nosotros. Yo sé que una parte, razonablemente grande, de quienes asistís muchos domingos a esta Catedral sois personas que estáis de visita, pero eso no obsta para deciros que viváis donde viváis, busquéis en vuestra parroquia, en vuestra diócesis, en vuestro país, una diócesis y que podáis sentir eso como vuestra propia familia.

La estructura de la Iglesia no es piramidal, como la de los gobiernos: es Eucarística. Y la Iglesia está reunida entorno a un discípulo de los apóstoles, a un sucesor de los apóstoles -ojalá que sea también discípulo-, que no es importante porque sea el que manda. La gente piensa que es como un gobernador provincial, o algo así, porque los modelos que tenemos son los modelos del mundo. Es importante porque es la garantía, si él está unido al Sucesor de Pedro, de que cuando vosotros hoy comulgáis, recibís el Cuerpo de Cristo. Que cuando ese sacerdote que está sentado ahí en ese lado de la Catedral perdona los pecados, no es su poder o su virtud quien os perdona. Es Cristo quien os perdona. Cristo se hace contemporáneo nuestro a través de la sucesión apostólica, y de los múltiples carismas y formas. Yo sé que hay formas de la vida de la Iglesia, pero la única forma en que la Iglesia se realiza plenamente son las diócesis. Lo demás son formas, que tal vez sean internacionales, que tienen una extensión más grande que una diócesis, como la espiritualidad de san Francisco, de santa Brígida o la de cualquier santo que se ha extendido más allá de las fronteras de un país. De san Ignacio de Loyola o de santa Teresa de Jesús con los carmelitas. Pero, sin embargo, todos vivimos en una diócesis y esa diócesis es nuestro vínculo esencial con Jesucristo. Y lo que hace importante la diócesis es eso, que es el lugar donde Jesucristo se hace, a través de un sucesor de los apóstoles, y de los Sacramentos, que Él garantiza sencillamente para que cuando yo los reciba, sepa que es Jesucristo quien actúa en esos Sacramentos que yo estoy recibiendo. Ese es el valor de la diócesis, y el valor y significado del obispo.

Yo soy seguramente mucho mas indigno de la vida divina que el Señor nos regala a todos que muchos de los que estáis aquí asistiendo a esta Eucaristía. Ojalá pudiera ser también para vosotros un ejemplo en santidad y en el seguimiento de Jesucristo. Y se lo pido al Señor. Y Le pido al Señor al menos no ser un obstáculo grande para vuestra relación con el Señor en vuestra vida. Pero sé que mi ministerio es esencial, para que las Misas sean Misas; para que los Sacramentos sean Sacramentos y para que vuestros hijos, cuando se bauticen, tengan la garantía de que reciben el Espíritu Santo y la vida nueva que Jesucristo nos da a todos. Esa es la única importancia. Verdaderamente, ese es el corazón de la vida de la Iglesia, porque ese Cuerpo que es la Iglesia y que vive en cada diócesis en plenitud, como dice el Concilio recogiendo la Tradición de los Padres: el misterio de la Iglesia plena se realiza en cada diócesis, porque la diócesis recoge todos los Sacramentos y, por lo tanto, tiene todas las dimensiones de la vida de la Iglesia y ninguna otra realidad, por muy importantes que sean, por mucha ayuda moral que nos puedan dar en la vida, por muy cercanos que nos sintamos a una determinada espiritualidad o determinado santo, ninguna otra realidad de Iglesia realiza ese Misterio de la Iglesia que se realiza plenamente en la vida de la diócesis.

Cuando el obispo celebra siempre dice “por mí, indigno siervo tuyo”. Uno lo puede decir en broma. Yo os aseguro que cuando lo digo, no lo digo en broma. Soy indigno del Señor y soy indigno de serviros a vosotros que sois la Esposa de Cristo; que sois la prolongación en la Historia de la Virgen; que sois la Esposa que se sienta a la casa y a quien el Señor ha venido, no a ser servido, sino a servir.

Pedid por vuestra diócesis y ser conscientes de que el ser cristiano es pertenecer a ese Cuerpo. El alma de ese Cuerpo, decía el Concilio, es el Espíritu Santo que vive en vosotros, que vais a recibir renovadamente cuando comulgáis al recibir el Cuerpo de Cristo. Porque Cristo viene a nosotros para comunicarnos Su Espíritu, el Espíritu del Hijo de Dios, la libertad de los hijos de Dios, la vida divina. Salís de la Eucaristía y lleváis a Dios en vuestro cuerpo de una manera igual de misteriosa que lo llevó la Virgen, pero igual de real que lo llevó la Virgen. Cuando celebramos el verdadero Corpus Christi, el verdadero Cuerpo de Cristo, sabemos que recibimos a Dios. Dios está en nosotros y habita en nosotros y va con nosotros al supermercado, y va con nosotros al metro, y va con nosotros a visitar los monumentos que visitamos, y va con nosotros cuando estamos cenando en casa o cuando estamos celebrando un cumpleaños.

Vamos a pedir al Señor que proteja a nuestra Iglesia y que nosotros nos sintamos parte de ella. Parte de ella significa sentir que yo, que llevo la vida divina y la llevo porque formo parte de este cuerpo, me siento responsable de comunicar esa vida a quienes no la tienen. Y en este mundo nuestro, no hay nada, ni siquiera el aire para respirar, que sea tan importante como esa vida. Porque sin esa vida estamos muertos, aunque tengamos salud, aunque tengamos un buen trabajo. Se nos muere nuestra humanidad por dentro. Porque estamos hechos para la vida divina. Y sólo la participación en esa vida divina es capaz de darnos la alegría y la libertad que anhelamos, con toda la profundidad.

Mis queridos hermanos, pidámosLe al Señor que seamos, efectivamente, “somos contigo una familia”. Somos todos una familia y cada uno tiene una función en esa familia. Pero nuestra alegría y nuestro gozo es pertenecer a esa familia, contribuir a la vida de esa familia, amar a esa familia, aprender a querernos en esa familia. Eso salvará nuestras vidas, salvará nuestras familias también, salvará nuestros pueblos. Podremos volver a ser un pueblo.

Que el Señor escuche nuestros deseos, escuche nuestra oración.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de noviembre de 2021
S.I Catedral de Granada

Escuchar homilía

“Lo que el mundo necesita hoy es descubrir de nuevo el significado y la relevancia de Jesucristo”

0

Homilía en la Eucaristía del 75 aniversario de la HOAC, celebrada en la parroquia de Santa María Micaela, el 7 de noviembre de 2021.

Muy queridos hermanos sacerdotes (tanto de aquí de la parroquia como de la pastoral social y de la pastoral obrera);
amigos de la HOAC:

Alguien llamaba a este día un momento histórico. Pero histórica es también la muerte de Cristo y la Resurrección de Cristo y, por lo tanto, los 75 años que pueden ser mucho para la vida humana apenas son nada de la vida de Iglesia.

Yo doy gracias hoy por lo que ha significado y significa la HOAC en la historia de la Iglesia en España. Es verdad que vivimos tiempos de transformaciones muy brutales, de forma que una expresión como “el mundo obrero” era algo perfectamente definible y con unas fronteras muy precisas, en el mundo de aquella industrialización, de las fábricas, o aquella que se representaba en la película de Marlon Brando -“La ley del silencio”-, donde muchos de vosotros habréis visto a los estibadores del puerto de Nueva York. Y en el mundo actual todo está mucho más difuminado, porque, en realidad, el mundo del capitalismo tardío, el mundo de la economía neoliberal a nivel global, pretende una sociedad regida por unas pequeñas oligarquías o élites del mundo financiero, y todos los demás somos proletarios con distintas cualificaciones, pero el conjunto de la sociedad ya casi no existe. Eso, que todavía hace 10 o 20 años se llamaba la “sociedad civil”, está siendo cada vez más y más absorbida por la administración pública y se convierte, por tanto, en una palabra casi abstracta. En todo caso, el mensaje de Guillermo Rovirosa y las personas que comenzaron con él, y más que su mensaje, su testimonio de vida, sigue siendo tan necesario o más en este tiempo que lo fue en el momento.

Es verdad que la dinámica de esta misma sociedad a la que me refería hace un momento hace que todo lo que no sea economía pura y dura sea relegado al campo de las creencias, de los valores, de cosas que no tienen cuerpo de ninguna clase. Y la Iglesia no puede vivir sin cuerpo. La Iglesia es un cuerpo eclesial, no es una colección de individuos que tienen unas creencias. No somos una colección de individuos que tenemos unos valores. Somos un cuerpo. Somos el Cuerpo de Cristo. Somos la humanidad de Cristo hoy. Dios mío, podemos vivir muy lejos de ese don de poder ser eso en el mundo actual, pero en el mundo actual eso es absolutamente urgente e imprescindible. Y el Papa Francisco no deja de recordárnoslo de tantas maneras: la predilección por los necesitados, la predilección por los pobres.

Cada vez que yo oigo este Evangelio, que es, además, uno de los más poderosos, todos tenemos ejemplos y testimonios de esa generosidad de la viuda del Evangelio. Muchos, a lo largo de la vida; cuando lo oigo, me acuerdo de una cosa muy simple o que parece muy simple, porque también era para construir un templo. Se estaba construyendo entonces la Catedral de la Almudena en Madrid y la gente pensará que hubo una cena en la que el presidente del Gobierno reunió a unos cuantos empresarios, y de allí salió una cantidad para la construcción de la Almudena. Lo que supuso aquella cena y los donativos que salieron de aquella cena es ridículo en comparación con lo que costó la construcción de la catedral. El ochenta y tantos por ciento eran donativos inferiores a cinco mil pesetas. Es decir, que fue el pueblo quien levantó aquella catedral, no los donativos de los ricos y de los ministros.

Yo me acuerdo de una tarde en que yo iba al edificio del Obispado y estaba jarreando, lloviendo a mares. El Obispado tenía una escalerita y había allí una mujer en lo alto de la escalera, en la entrada, llamando debajo de la lluvia y me dijo “¿qué hace usted aquí?”. Y respondió: “Verá, es que he venido a traer un donativo para la Almudena, pero estoy llamando y no me abren”. Le digo: “Mire, es que las oficinas las abren sólo por la mañana”. Me dice: “¿No tendría usted inconveniente en dar ese donativo en mi nombre?”. “Yo, ¡ninguno!”. Y me dio una moneda, de las que hubo antes de que entraran los euros, una de 200 pesetas. Y me dice: “Es que yo trabajo limpiando casas y no puedo venir por la mañana. Yo se lo doy a usted y usted se lo da a quien se lo tenga que dar”. Y yo decía, Señor, es que es exactamente la misma historia del Evangelio. Pero luego hay una solidaridad entre los pobres que se pierde, que la pierde el mundo en el que vivimos, a todos los niveles.

Leía yo hace unos días que el neoliberalismo no consiste en unas sociedades que dan mucha importancia a los mercados. Que eso es verdad; sino que el neoliberalismo trata de generar y crear un nuevo tipo de hombre, y ese nuevo tipo de hombre es un nuevo tipo de hombre en el que todas las relaciones humanas tienden a convertirse en contractuales. Y lo que no está en un contrato, no existe. Y cuando dice “todas las relaciones humanas”, se refiere a las relaciones matrimoniales, a las relaciones entre padres e hijos, a las relaciones entre compañeros de trabajo (si es que hoy se puede seguir hablando de compañeros de trabajo). Algo que cuando había un mundo obrero, se experimentaba lo que era la solidaridad de los pobres. La solidaridad de los compañeros de trabajo. Hasta los mismos sindicatos nacían en muchos lugares de abajo a arriba, y no eran organizaciones estatales como son hoy entre nosotros.

Lo que el mundo necesita hoy es descubrir de nuevo el significado y la relevancia de Jesucristo, para nuestra vida humana. Para todas las dimensiones de nuestra vida humana. Y resistirnos con todas nuestras fuerzas a ese contractualismo que trata de imponerse como modo de relaciones humanas. La gratuidad, el afecto, la compañía, la amistad, el amor, son realidades infinitamente más grandes que ningún contrato. Y un mundo diferente sólo es posible si grupos humanos empiezan a vivir de ese modo y a mostrar que es más bello vivir de eso modo, que es más humano, que responde más a las exigencias de nuestro corazón. Que vivimos más contentos. Que la vida merece la pena ser vivida. Quizás la enfermedad más grave del momento en el que estamos, o más extendida, es como una cierta desesperanza, un cierto cinismo, con respecto a la vida, de que no merece la pena vivirla, de que en el fondo el contractualismo genera el no fiarse de nadie. En estos meses me lo han dicho muchas personas, “¿pero de quién me puedo fiar?”.

Pues, que podamos ser personas de las que uno se puede fiar, y miembros de un pueblo, parte de un pueblo, parte de una familia de la que uno se puede fiar. De que, cuando decimos “te quiero”, lo decimos de verdad. De que, cuando damos la mano… Yo aun recuerdo en mi infancia en los mercados de ganado de Asturias, donde un escupitajo en una mano y esa mano dada, tenía más valor que un texto ante notario. Esa vaca era tuya, tú la habías comprado, habías dado tu palabra por ello y eras capaz de dar la vida por la verdad de eso que habías dicho.

Dios mío, qué lejos estamos de ese mundo. Pero la necesidad de recuperar la seriedad de la palabra dada, la seriedad en las promesas, la necesidad de ayuda mutua, porque eso no se puede vivir solo. Sólo un pueblo, una comunidad, un grupo, es capaz de vivirlo. Uno de los ideales de este tipo de sociedad es la atomización total de la sociedad, porque como todos somos intercambiables, como uno puede trabajar parte del año aquí y parte del año en Afganistán y otra parte del año en las Filipinas, y ya no sabes ni a quién perteneces. No perteneces a nadie más que al mercado. Por lo tanto, generar relaciones alternativas a todo eso creo que es la tarea presente y futura de toda la Iglesia.

¿Qué hacemos con nuestra vida? Si hemos nacido sólo para producir y consumir, somos verdaderamente miserables; estamos verdaderamente al borde de la muerte, si no estamos muertos ya en nuestro espíritu, en nuestra humanidad. Resucitar esa humanidad es posible, basta abrir el corazón. Aquella frase “abrir las puertas a Cristo”. Si Cristo no ha resucitado y todo lo que esperamos es de este mundo, a lo mejor todo lo que vale es llevarse lo que más pueda uno de este pastel pequeño que al final es la tierra y que, entonces, se trata de rebañar lo que uno pueda de ese pastel. Pero si Cristo ha resucitado, si nuestro destino es la vida eterna, la gratuidad, el amor, el don de la vida es el destino más alto, el más noble. Además, no sólo el más noble, sino el que más nos permite vivir con alegría y con gozo, porque corresponde más a la verdad de lo que somos, de que somos imagen de Dios, del Dios que es Amor. Y un mundo construido sobre otros supuestos será siempre una gran mentira, que hay también quien dice que eso es lo que hoy gobierno: la mentira. La mentira institucionalizada, la mentira convertida en modo de vida, realmente.

Vamos a darLe gracias al Señor. Que el corazón de toda verdadera renovación y evangelización de todo el mundo obrero, tan alejado de la Iglesia, cuando nunca debería de haberlo sido, porque la Iglesia es mucho más afín al mundo obrero que al mundo de las finanzas o a otros tipos de mundo; tan alejada de la Iglesia sólo es posible mediante una verdadera conversión a Jesucristo -“conversión misionera”, que diría el Papa Francisco: que el Señor nos convierta.

Sólo quería añadir una cosa, que no querría dejar de decirla, siquiera por honestidad. De hecho, quizás ahora no viene muy a cuento. Yo soy muy consciente, y lo sois vosotros también, de que en un determinado momento… (y la culpa no era de la HOAC ni de los movimientos especializados de la Acción Católica; la culpa era de aquello que se dijo en el Concilio y dice también ahora Pablo VI, que el cristianismo se había separado de la vida, y entonces la vida parecía que estaba en manos de lo que fuera más verdadero o uno entendiese que era el mejor modo comprender la vida humana); porque el cristianismo, relegado al mundo de lo sobrenatural, lo natural quedaba en manos de la ideología de turno, y hubo un momento en que la HOAC, igual que algunos otros movimientos especializados, se acercó, de una manera quizá no sana del todo, al marxismo, que parecía que era en ese momento la manera de pensar más afín. Y tenía cosas que, sin duda ninguna, hay que rescatar hoy del marxismo. Pero es muy fácil hacer ese juicio sobre ciertos movimientos, especialmente en la Pastoral Obrera y no hacerlo sobre todo lo demás, porque todo lo demás es igualmente heredero de esa separación entre la fe y la vida; de esa separación entre Cristo y nuestra humanidad, y nos hace depender de la cultura.

Si es verdad que hay algunos grupos que han dependido del marxismo, depender del liberalismo no es menos ideológico. No es que, quien no haya dependido del marxismo ha sido libre y no ha dependido de nadie. No. Probablemente, del liberalismo dependemos todos, mucho más de lo que nos damos cuenta. Y sigue siendo un cristianismo ideológico. El cristianismo liberal que hereda un poco de la cristiandad burguesa el echarse en manos de los centros de poder del mundo, aunque esos centros sean hoy cadenas de comunicación o plataformas de televisión. Esa dependencia de las ideologías de turno, y hoy la del marxismo no está de moda, por eso hay que defender algunas de las cosas que tenía de verdaderas y que no sería nada malo olvidar. Pero, desde luego, si la alternativa al marxismo es el liberalismo, una Iglesia en brazos del liberalismo es una Iglesia completamente estéril, y percibimos esa esterilidad en muchos hechos de nuestra vida. Lo percibimos en la falta de jóvenes. Lo percibimos en la falta de belleza o de atractivo que tienen nuestras comunidades, en el poco interés que tiene la Iglesia para la vida real de las personas, de casi todas las clases sociales.

Yo creo que ahí Rovirosa y los fundadores de la HOAC tenían una mirada profética. Devuélvenos esa mirada, Señor. Que tenga su centro en Ti, pero pidiéndoTe que comprendamos que todas las cosas tienen que ver contigo. Todas las cosas. Igual que decía que el proyecto del neoliberalismo es hacer un tipo humano en el que todas las relaciones sean comerciales, pues, para nosotros, todas las cosas tienen que ver con Cristo, y Cristo es la plenitud de todas las cosas y la luz que ilumina todas las cosas. De ahí, de Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre, puede siempre nacer un mundo nuevo. Aunque sea un embrión, aunque sea muy chiquitito. Las cosas nacen chiquititas siempre. No hay que aspirar a los números, no hay que aspirar a lo grande, hay que aspirar a la verdad.

Que el Señor nos lo conceda a todos. Nos lo conceda a nuestra Iglesia de Granada. Hoy se celebra el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia Diocesana es la realización de la Iglesia universal en un lugar determinado, estando a la cabeza un sucesor de los apóstoles.

Que el Señor conceda a nuestra Iglesia ser ese signo significativo, expresivo, del amor infinito de Dios en este mundo nuestro, tan perdido, tan confuso, tan desorientado, tan enfermo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de noviembre de 2021
Parroquia Santa María Micaela (Granada)

Volver a Galilea. Una propuesta para reactivar la misión en las parroquias

0

Este curso ha comenzado a implementarse en distintos lugares, la inicitiva pastoral: Volver a Galilea. Alejandro Abrante y Alejandra Hernández, están recorriendo distintas comunidades parroquiales de la diócesis para ir realizando esta experiencia que puede ir dirigida a los propios agentes de pastoral, pero también a otros adultos que estén dispuestos a acoger esta acción pastoral, destinada a tener o renovar un encuentro personal con Jesucristo y a seguirlo desde la integración en la vida y misión de la parroquia.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Renovado el Consejo Diocesano de Pastoral, el cual realizó un taller sobre la sinodalidad

0

El sábado seis de noviembre quedaba constituido el renovado Consejo Diocesano de Pastoral. Después de la oración el obispo hizo una reflexión sobre el discernimiento y el servicio que presta este importante organismo diocesano. A continuación se realizó la propia constitución del Consejo con la elección de su Comisión Permanente que estará formada por: En representación del laicado fueron elegidos: Olga María Alegre, Christian Machado, Jesús Alberto González, Luisa María González y María Ángeles Aguiar . De la vida religiosa , la Hermana Claudia Rincón  y de los sacerdote, Juan Antonio Guedes.

A continuación los representantes de la Comisión Diocesana para el Sínodo expusieron las líneas generales de la fase diocesana del Sínodo, sobre todo focalizando el encuentro que ha de tener cada consejo pastoral parroquial. Utilizando la metodología de un taller, la delegada de apostolado seglar, María Cecilia  Cruz, fue acompañando el trabajo por grupos a partir de la realización de un puzzle que permitió ir realizando juntos un proceso de escucha y diálogo con los distintos miembros del Consejo de Pastoral.

Por otra parte, el obispo pidió a los miembros del CDP que realizarán una reflexión personal sobre lo que se nos pide en el Sínodo sobre la Sinodalidad que sirva, junto con el de los consejos parroquiales,  como trabajo previo para la próxima plenaria a tener el venidero 12 de marzo.

Ver este artículo en la web de la diócesis

LA IGLESIA, FAMILIA CONTIGO QUE NECESITAMOS

0

Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana es ocasión propicia para procurarnos una más clara conciencia de la identidad de la Iglesia diocesana, lograr una identificación con ella más ajustada a su realidad tanto social como espiritual. En ella nos hallamos insertos, porque todos los bautizados en nuestra Iglesia particular somos parte de la misma y por medio de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana formamos parte de la Iglesia universal. Podemos preguntarnos cómo puede ser, y así recibir del magisterio de la Iglesia la respuesta que nos es necesario conocer.

La Iglesia para la salvación del mundo en Cristo

La jornada dedicada a la Iglesia diocesana tiene, en primer lugar, que ayudar a todos los bautizados a lograr una más clara inteligencia del misterio de la Iglesia. Es preciso detenernos en ello. El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios, porque en verdad Dios ha amado incondicionalmente al mundo y este amor de Dios por la humanidad salida de sus manos es el contenido del anuncio del Evangelio de Cristo llevado al mundo entero por los Apóstoles.  Dios Padre envió a su Hijo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17), porque no es la punición o el castigo del hombre pecador desde el comienzo de su existencia el objetivo pretendido por Dios al enviar a su Hijo al mundo, sino la salvación del mundo mediante el conocimiento de la verdad, cuyo contenido es el amor divino (cf. 1Tm 2,4→Ez 18,23). En el conocimiento de Dios consiste la vida eterna y la Iglesia existe para dar a conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hemos conocido la revelación de Dios (cf. Jn 8, 32; 17,3).

El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios

Este objetivo del designio de Dios que incluye como realidad sustantiva la carne del Hijo de Dios fue considerado razón del ser de la encarnación desde el Nuevo Testamento a la teología de los santos Padres y, posteriormente a los grandes teólogos del Medievo, cuyo pensamiento ha perdurado como el más influyente en las corrientes teológicas posteriores. La encarnación mira a la redención del género humano, cuyo misterio se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado, como enseña el II Concilio del Vaticano al referirse a Cristo como nuevo Adán, siguiendo la teología bíblica de san Pablo, que afirma cómo «Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[1].

No todas las corrientes teológicas responden a esta visión de la razón de la encarnación en el designio divino para el mundo, planteándose la cuestión hipotética de si no se habría producido igualmente la encarnación, si el hombre no hubiera pecado, pero no podemos entrar en esta carta en la descripción de unas y otras corrientes teológicas que han llegado a la teología contemporánea. De hecho, en cierta medida, la misma Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes orienta la comprensión del dinamismo de la historia de la salvación, y lo hace sobre la base de una antropología cristiana que supone la encarnación del Verbo. Baste esta breve introducción sobre la finalidad salvífica de la Iglesia, que nos ayude a mejor situar la enseñanza conciliar sobre la Iglesia diocesana. 

La realidad de la Iglesia diocesana y su mediación en la misión de la Iglesia universal

El último Concilio nos recuerda lo sustancial en una definición de la Iglesia diocesana que es necesario tener siempre presente: «La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, y por él congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»[2].

La Iglesia diocesana es una Iglesia particular que en la gran comunión católica es porción del pueblo de Dios. No es todo el tejido social de la Iglesia universal, pero el entero misterio de salvación que constituye la Iglesia universal está presente en ella, y por la predicación del Evangelio y de la Eucaristía realiza su esencia o identidad propia. Más aún, todos los bautizados estamos insertos y formando parte de la Iglesia universal como miembros del cuerpo místico de Cristo, en tanto que miembros de nuestra Iglesia diocesana que podemos identificar también como nuestra «Iglesia de origen». De hecho lo solemos hace así, refiriéndonos al cuerpo social diocesano, por cuyo medio somos integrados en el cuerpo místico de Cristo, es decir en la Iglesia universal.

Dicho de esta manera, el día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo. En cada Iglesia particular no hay más que un obispo, aunque el obispo diocesano pueda contar con la ayuda de uno o varios obispos auxiliares o con la ayuda de un obispo coadjutor, los cuales pueden tener encomendadas diversas funciones de régimen, sin que de hecho puedan sustituirlo, sino coadyuvar a su ministerio episcopal según lo determina en diversas circunstancias la ley universal de la Iglesia.

El día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo.

Todos los diocesanos han de tener una idea clara de su propia Iglesia particular, presidida por el obispo, que cuenta con la colaboración de su presbiterio y la de los diáconos permanentes, que auxilian al obispo y a los presbíteros. Con todo la Iglesia está constituida fundamentalmente por los laicos, dotados de su propio carisma o don y misión en la Iglesia como testigos de Cristo en el mundo, en una sociedad hoy compleja y plural, en la cual Cristo ha querido que su Iglesia sea sacramento de salvación para el mundo, prolongando en ella su propia humanidad. El pueblo de Dios está formando por los fieles cristianos laicos a cuyo servicio están los pastores, es asimismo un cuerpo social en el cual hay seglares, que son la mayoría, religiosos y religiosas, y miembros de sociedades apostólicas formadas por varones y mujeres de vida consagrada en sus diversas formas. Todos tenemos en la Iglesia nuestra propia identidad y cometido, siendo todos necesarios para que la funcionalidad del cuerpo resulte útil tanto a la común misión de todos en la Iglesia, que es anunciar y dar testimonio de Cristo, como para que mutua y recíproca relación de unos a otros, el servicio de unos sea complementario al servicio de los otros. En este sentido conviene tener siempre presente el comentario de san Pablo a la siempre posible rivalidad entre los miembros de la Iglesia. Dice el Apóstol de las gentes en la primera carta a los Corintios que del mismo modo que «los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1Cor 12,12); y continúa en el mismo lugar diciendo que, así como el cuerpo no se compone de un solo miembro, tampoco el cuerpo de místico de Cristo puede constar de un solo miembro, de tal suerte que si dijera cada uno de los miembros que no forma parte del cuerpo porque el ojo no es el oído ni ninguno de los dos el olfato, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por eso concluye añadiendo que muchos son los miembros, mas uno el cuerpo: «Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo» (1Cor 12,27).

Es muy necesario que, en una jornada de reflexión sobre la realidad y misión de la Iglesia diocesana, paremos mientes en el misterio de la Iglesia, de la cual el Concilio afirmaba que «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano»[3]. De nuestra identificación con la Iglesia diocesana de la que formamos parte, en la cual vivimos nuestra inserción y pertenencia a la única Iglesia de Cristo, es decir, a la Iglesia universal, que es una, santa, católica y apostólica, depende en la mayor medida que hagamos propia la misión de la Iglesia en el mundo y cumplamos con nuestro cometido propio según nuestro estado y condición eclesial.

Ayudar a la autofinanciación de la Iglesia como resultado de una conciencia clara de su verdad y su misión en el mundo

No sería una opción acertada hacer de la jornada dedicada a la Iglesia diocesana ocasión para una cuestación movida sólo por el interés por acrecentar la autofinanciación como objetivo prioritario, por muy necesitada que una Iglesia diocesana esté de contar con medios materiales para mantenerse como cuerpo social y cumplir su misión. ¿Qué tenían los Apóstoles cuando Cristo los envío a anunciar el Evangelio? ¿Cuál fue el equipaje que les propuso en el discurso apostólico que nos ha dejado san Mateo recogido en el célebre capítulo diez de su evangelio? Ni plata, ni oro, ni cobre, ni alforja, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, «porque el obrero merece su sustento» (Mt 10,10). Naturalmente, la Iglesia necesita su sustento, pero no podemos vender la libertad del Evangelio al sustento calculado y consensuado con el poder de este mundo, porque dejaríamos de ser la Iglesia de Cristo. Es difícil la autofinanciación de la Iglesia en una sociedad descreída y acosada por la manipulación de una imagen de la misma desfigurada por sus propios enemigos: el materialismo rampante y las ideologías viejas y nuevas que se han convertido en savia nutriente del hombre gregario de nuestros días, a pesar de que quienes orientan la opinión pública le hacen creer que es más libre que nunca.

Ni menos aún tratar de motivar la cuestación en favor de la Iglesia por las muchas obras de caridad y beneficio social que de ellas se sigue, porque la Iglesia hace indudablemente mucho bien. Debemos darlo a conocer, respondiendo así a los críticos que nos dicen que el bien que hacemos no sabemos publicitarlo. Ahora bien, apoyar nuestra campaña en el bien que hacemos hemos de hacerlo, sí, pero afrontando cuanto de verdad hay en las críticas que los cristianos de hoy recibimos, aunque a veces cuesta ponerse a ello. Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación. Si no se tuviera presente en este día el objetivo prioritario de la Iglesia, que existe para la misión que Cristo le confió, imperando mediante mandato llevarla a cabo con palabras inequívocas: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a). Mandato que se completa con la promesa de que la Iglesia contará siempre con la presencia en ella de su Señor: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20b). Es la promesa que adelantó Jesús a Pedro, afianzando a los Apóstoles en la certeza de la fe en la consistencia de la Iglesia al declarar proféticamente que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18). Jesús exhorta a los discípulos a afrontar con fortaleza cualesquiera situaciones adversas que la sociedad de cada tiempo plantea a la Iglesia, pidiéndoles que no pierdan de vista la orientación escatológica, es decir, la orientación a la consumación final del reino de Dios que Jesús proclamó llamando a la conversión. Jesús les advierte que Dios Padre conoce las necesidades que tienen y de qué carecen; y, aun así, les propone como prioridad el reino: «Buscad, más bien, el reino y lo demás se os dará por añadidura», exhortándoles a la confianza plena en Dios providente: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (Lc 12,31-32).

Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación.

Hemos de afrontar esta campaña con claridad sobre la prioridad misionera de la Iglesia y os llamo a todos a poner cada uno d su parte lo que juzgue necesario para sostener la Iglesia diocesana y, sin duda, teniendo en cuenta que hemos de hacerlo con una mentalidad moderna, acomodando nuestro modo de proceder a la legislación vigente en una sociedad fiscalizada y moderna. Una cosa no quita la otra, no podemos dejar de orientarnos por los principios constitutivos de la Iglesia, que se levanta sobre el designio de Dios de contar con ella como obra de Cristo para la salvación del mundo. Dios en su designio para el mundo ha querido que la salvación pase por la misión de la Iglesia. Es lo que nos proponíamos hacer valer con el Plan pastoral diocesano 2019-2023 «Ser Iglesia en conversión misionera», siguiendo las orientaciones del Papa Francisco con motivo del centenario de la carta apostólica sobre las misiones Maximum illud (1919) de Benedicto XV. Ahora la preparación del próximo Sínodo de los Obispos en 2023 ha venido a enriquecer el plan pastoral y prolongar en la reflexión que hemos emprendido como preparación a su desarrollo. La Iglesia nos propone una amplia reflexión participada orgánicamente por cuantos han de llevar adelante la representación de los distintos sectores del pueblo de Dios sobre la sinodalidad de la Iglesia, es decir, sobre la corresponsabilidad de todos en la misión de la Iglesia. Una primera fase de carácter diocesano que se había previsto terminara en abril, pero que recientemente la Secretaría General del Sínodo ha decidido alargar hasta el 15 de agosto próximo como fecha límite para que las Conferencias Episcopales entreguen la síntesis de las Iglesias diocesanas.

Sostener a la Iglesia hoy

Un planteamiento moderno de la financiación de la Iglesia exige una transparencia real y no sólo fingida o convencionalmente condicionada por intereses eventuales. No bastan las proclamas de transparencia sin hechos objetivos que la avalen. Se hace preciso informar de qué modo la ayuda que los fieles proporcionan contribuye a dotar a la Iglesia diocesana de los medios que necesita para su mantenimiento. En esta tarea siempre es importante combinar el sostenimiento del culto y del clero con la caridad y la obra educativa y social de diverso género que la Iglesia desarrolla y que va desde la ayuda a los marginados y más necesitados a las tareas de alcance cultural. Hemos de decir que tiene la mayor importancia contar con una financiación digna del clero y cuantos colaboran con la labor de la Iglesia en los diversos campos de su presencia social, desde profesionales cualificados a auxiliares a su servicio. Por lo que se refiere a la partida de específica de «culto y clero», hay que convenir que es modesta y que requiere que los fieles la completen en las parroquias particularmente y en los diversos servicios que con profesionalidad asumen asimismo los sacerdotes en determinados casos. Sostener al clero es importante objetivo en la financiación de la Iglesia, porque sin el subsidio   de los ministros del Evangelio sería difícil cumplir con el mandato del Señor. Sostener la economía de Curia, la administración pastoral y contribuir al mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia, con su propia finalidad y puesto al servicio de la sociedad, regulado conforme a la normativa vigente canónica y civil.

Ninguna de estos cometidos tiene que contraponerse a la caridad y la acción social de la Iglesia, para la cual la Iglesia cuenta con recursos e ingresos destinados por los fieles a tal fin y que forman parte de los ingresos de la Iglesia diocesana, que deben contabilizarse como tales; como también forman parte de estos ingresos las colectas que se destinan a fines diocesanos y las que se destinan a fines de la Iglesia universal, así como las subvenciones de las instituciones y fundaciones. La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana. Estas cuentas se han visto por desgracia afectadas por las sucesivas crisis, la de 2008 y la pandemia del Covid-19, que no cesa y tanto ha retraído la acción comunitaria de la Iglesia, afectando gravemente a la práctica religiosa. Los balances de los centros educativos y la explotación del patrimonio de la Iglesia, así como las tasas de Curia y del Tribunal eclesiástico son ingresos reales de la Iglesia diocesana, que están al servicio de los gastos que la misión de la Iglesia y su mantenimiento como estructura social, la conservación de su patrimonio histórico cultural, la caridad cristiana y la acción social generan. La economía a diocesana no se apoya sólo en la entidad del Obispado, sino en todas las entidades que forman orgánicamente la estructura económica unitaria de la diócesis. Estas entidades operan de modo solidario como sucede con los vasos comunicantes, y los beneficios de unas entidades cubren las carencias de otras. Es el conjunto el que responde de la economía diocesana.

La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana.

La Iglesia diocesana de Almería ha realizado un gran esfuerzo en las dos últimas décadas para remozar sus obsoletas estructuras y crear algunas nuevas. Son de valorar las ayudas que algunas instituciones civiles han puesto a su disposición, pero el mayor esfuerzo ha recaído sobre los fieles y los recursos modestos de nuestra Iglesia, de su Obispado y de sus parroquias. A todos cuantos simpatizan con el mensaje de la Iglesia y valoran su alcance moral y, en particular, a los fieles cristianos hemos de manifestar agradecimiento, al mismo tiempo que les decimos que no dejen de ayudarnos a ser lo que somos, como reza el lema de este la campaña de este año, porque esta ayuda, por modesta que sea, contribuye a que seamos una gran familia de fe cristiana.

La Iglesia, familia de los hijos e Dios, quiere ofrecer la riqueza superior a todas las riquezas de este mundo que mueven a los seres humanos. La Iglesia quiere ofrecer a todos el servicio del Evangelio, para que la buena noticia de la salvación que Cristo ha traído lleve a la sociedad de nuestro tiempo la esperanza en el futuro que sólo Dios garantiza al hombre, que vive en este mundo con sus anhelos y dificultades, sus gozos y esperanzas, pero también tristezas y angustias que, como lo acredita la historia de la humanidad, requieren el remedio poderoso de la solidaridad fraterna que se sostiene en la paternidad común de Dios.

Con todo afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Almería, a 7 de noviembre de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 22; cf. Rm 5,12-20.

[2] Vaticano II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia Christus Dominus, n. 11.

[3] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

0

Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

 

Con el lema “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo” la Iglesia celebra, el 7 de noviembre, el Día de la Iglesia Diocesana. Se trata de una jornada importante, que quiere ayudar a concienciar sobre la realidad de la Iglesia, lo que es, lo que hace, su misión, sus proyectos… También es un día para colaborar con el sostenimiento de la propia Iglesia diocesana. En todas las parroquias habrá colectas este fin de semana y el que viene para ayudar, con nuestro donativo, a que la Iglesia pueda realizar su labor en el día a día.

Muchas de las actividades que realiza la Iglesia tienen que ver con el culto, la administración de Sacramentos, catequesis,… pero no todas. Otras muchas acciones de la Iglesia tienen una dimensión social, ayudando a los más necesitados, promoviendo formación y hasta la búsqueda de empleo, dando alimentos, ropa,… Otras actividades tienen una dimensión cultural, educando a chicos y chicas en colegios y universidades, manteniendo templos, cultivando la música y otras manifestaciones artísticas,… La labor de la Iglesia es múltiple y se hace presente en todos los sectores de la sociedad. Y este Día de la Iglesia Diocesana quiere a ayudar a que notemos la presencia de la Iglesia en todos esos sectores para que valoremos la aportación que hace a la sociedad, llevando un mensaje de amor y de esperanza.

Sobre lo que hace la Iglesia en la diócesis de Guadix, el obispado accitano ha editado un folleto en el que se indican los ingresos y gastos de la diócesis, y en qué se han invertido. Se puede ver aquí. Se actúa así con transparencia, rindiendo cuentas y animando a todos a que nos sintamos corresponsables de nuestra Iglesia diocesana.

Carta del obispo

El obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, ha escrito una carta a los diocesanos en la que habla de este Día de la Iglesia Diocesana, de la labor que realiza la Iglesia en todos los ambientes y de la necesidad de que todos colaboraremos para que eso que hace se pueda seguir haciendo.

Dice Mons. Orozco que “somos conscientes de la situación socio-económica de nuestro territorio, claro ejemplo de la `España vaciada´. Por eso, cualquier gesto a lo largo del año o en el domingo de la Iglesia diocesana, vale mucho más. La Diócesis necesita el apoyo de sus fieles, y lo tiene. Necesitamos sacerdotes, consagrados, voluntarios para Cáritas, catequistas para la transmisión de la fe a todos los niveles, personas que con su compromiso en las parroquias, grupos e instituciones eclesiales, sigan mostrando la belleza de la Iglesia que sirve gratuitamente a todos y hace el bien en cada rincón diocesano. Ahí tenemos la labor de Caritas y de tantos buenos cristianos, que durante esta pandemia, han llegado a tantas y tantas personas que lo han pasado y lo siguen pasando mal. Todo esto no hubiera sido posible sin vuestra colaboración, “Somos lo que tú nos ayudas a ser”.

También habla de cómo podemos colaborar económicamente con la Iglesia: “la iglesia, la diócesis, pide vuestra colaboración económica, que se expresa en vuestra generosidad en las aportaciones de las colectas, los donativos que realizáis en vuestras parroquias o a través de la página web www.donoamiiglesia.es , en vuestras aportaciones periódicas, marcando la X a favor de la Iglesia y de otros fines sociales en la declaración de la renta, legando a la iglesia parte de vuestro patrimonio”.

Y recuerda que la Iglesia trabaja siempre con transparencia, rindiendo cuentas, “todo para que la sociedad sepa quiénes somos, qué hacemos y cómo lo llevamos a cabo de forma totalmente transparente”.

Se puede consultar la Carta Pastoral del obispo para el Día de la Iglesia Diocesana aquí.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

Gastos 2021

Gastos 2021

Actividad Iglesia dicoesana 1

Actividad Iglesia dicoesana 2

Actividad Iglesia dicoesana 3

Actividad Iglesia dicoesana 4

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Las hermandades de la ciudad inauguran la exposición “Arte y Cofradías en Córdoba”

0

La cita acoge en la Catedral de Córdoba una gran selección del patrimonio sacro local

La Agrupación de Cofradías de la Ciudad de Córdoba inauguró el viernes, 5 de noviembre, la gran exposición de Semana Santa que bajo el título “Arte y Cofradías en Córdoba”  se encuentra ubicada en la ampliación de Almanzor de la Santa Iglesia Catedral durante el mes de noviembre. Una muestra que cuenta con el apoyo financiero de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

La muestra, que se prolongará hasta el día 28, reúne cerca de 100 piezas de orfebrería, bordados, imaginería, documentos, pinturas, mantos, grupos escultóricos y palios completos. Un ejemplo del arte de cofradías de Córdoba hecho en y fuera de Córdoba, que servirá también para impulsar la labor de los artistas locales.

La entrada Las hermandades de la ciudad inauguran la exposición “Arte y Cofradías en Córdoba” apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

La Diócesis ya tiene nueva sede para el Seminario Diocesano

0

Esta mañana ha tenido lugar en el nuevo Seminario Diocesano su bendición y Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés.

La Diócesis ha vivido hoy una jornada histórica y llena de alegría, por fin se veía materializado la inauguración del nuevo Seminario Diocesano, ubicado en el antiguo Monasterio de Madre de Dios. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, la capilla del Seminario Diocesano San Juan Ávila acogido una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien además ha bendecido las nuevas instalaciones y ha reconocido a distintas entidades como las Hermanas Dominicas, la Fundación Jaime González Gordon y el Colegio Montaigne de Jerez, por su ayuda durante estos 36 años de vida que tiene el corazón de la Iglesia Asidonense tras su creación el 7 de octubre de 1985.

Homilía de Monseñor Rico Pavés:

En esta celebración el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que “el Seminario es el corazón de la Diócesis, la vitalidad de la vida diocesana en gran medida se mide a partir de la vida que encontramos no entre unas paredes sino en una comunidad de aquellos que habiendo escuchado la llamada del Señor han contestado con generosidad poniendo su confianza en la Iglesia para que sean formados y lleguen un día a ser sacerdotes”. Asimismo, ha agradecido a todas las personas, entidades que han hecho posible que hoy inauguremos el Seminario, entre los que ha recordado a Monseñor Mazuelos Pérez, las Hermanas Dominicas o la Fundación Jaime González Gordon.

Por otro lado, el prelado ha subrayado que los sacerdotes deben ser amor del corazón de Cristo por ello su formación debe salir “de las entrañas purísimas de María por obra del Espíritu Santo” y por lo tanto marcado por el amor de la Virgen. Igualmente, Monseñor José Rico Pavés ha mencionado que tampoco podemos olvidar la importancia de Sacramento del Altar y dejarnos moldear por Él recordando la frase del Concilio Vaticano II, “la Eucaristía es la fuente y la cima de la vida cristiana”.

“No dejemos de tener en nuestra memoria aquellos que entregaron su vida por amor a Cristo, que al odio reaccionaron amando, que murieron perdonando, porque el amor que el Señor nos regala en el Altar es de esta calidad”, con estas palabras Mons. Rico Pavés ha recordado a los mártires del siglo XX en España que la liturgia recuerda hoy.

Bendición del nuevo Seminario Diocesano y reconocimientos a distintas entidades que han ayudado desde su creación a la casa de las vocaciones

Por último, tras la finalización de la Eucaristía el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha bendecido la nueva casa donde estarán los futuros sacerdotes que se encargarán de las labores pastorales de la Iglesia Asidonense. Asimismo, se ha hecho entrega simbólica a 3 nuevos seminaristas del alba que utilizarán a partir de ahora en las distintas celebraciones, además de llevar a acabo la profesión de fe de los distintos profesores de los dos institutos teológicos de la Diócesis.

Recordar que durante esta semana Monseñor Rico Pavés visitó y celebró la Eucaristía junto a los seminaristas que realizaron ejercicios espirituales. Asimismo, esta tarde en la Santa Iglesia Catedral el prelado presidirá la Santa Misa con motivo del aniversario del Colegio de Montealto de Jerez de la Frontera.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés