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Huéscar sacó a Santa Cecilia en procesión

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Huéscar sacó a Santa Cecilia en procesión

La Hermandad de Santa Cecilia, patrona de los músicos, celebraba el día 21 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, la Eucaristía en honor a su patrona, en la parroquia de Santa María de Huéscar, ya que siempre lo celebran en torno al fin de semana más cercano a su onomástica, el 22 de noviembre.

Al término de la Misa, en torno a las 13 horas, y pese a la amenaza de las nubes, ha salido en procesión tras los acordes musicales de la Agrupación Musical Ciudad de Huéscar y los hermanos de Santa Cecilia.
Desde que se levantaran las restricciones a la celebración de procesiones, varias han sido ya las que han tenido lugar en la parroquia de Santa María, siempre tomando las respectivas medidas de seguridad, pues la religiosidad popular sigue siendo un pilar fundamental a la hora de vivir la fe. A todas esas, se suma ahora la de Santa Cecilia, que se vivió con gran devoción
José Antonio Martínez Ramírez.

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Con una Misa, Baza celebró a su Patrón, San Máximo

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Con una Misa, Baza celebró a su Patrón, San Máximo

El sábado 27 de noviembre tenía lugar la eucaristía en honor de San Máximo, en la iglesia del Sagrario-La Mayor, de Baza. El párroco, Manuel Millán, se estrenaba en la primera festividad del curso que celebra la Real Cofradía del Santísimo Cristo de los Méndez, al igual que el vicario parroquial del Sagrario-La Mayor, Antonio David Pérez, quien concelebraba.

En su homilía, el párroco ha repasado la figura de San Máximo de Riez y extrapolaba a nuestras vidas el ejemplo de conducta diaria del patrón de Baza: “pobreza, humildad, penitencia y oración” y agradecía la recuperación de la fiesta. También se ha recordado a los difuntos de la Hermandad y devotos del Stmo. Cristo de los Méndez. Cantó en la celebración el tenor Antonio Navarro López, quien tras la misa recibía un obsequio por su labor altruista en el engrandecimiento de la función religiosa en honor de San Máximo.

 

Juan Manuel Román Domene

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Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Amargura (Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, durante la Eucaristía celebrada en la Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Amargura

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA AMARGURA

(Málaga, 28 noviembre 2021)

Lecturas: Jr 33,14-16; Sal 24,4-14; 1 Tes 3, 12 – 4,2; Lc 21,25-28.34-36.

(Domingo Adviento I – C)

1.- Confiar en Dios

En este primer domingo de Adviento, que se ha significado encendiendo una de las velas, pues también la vela es un signo de la presencia de Jesús, porque Él es la Luz que ilumina nuestras vidas, las lecturas nos animan a tres actitudes.

A veces, confiamos más en nosotros mismos, en nuestros planes y en nuestras cosas que en Dios. O, peor aún, hacemos nuestro plan y le pedimos a Dios que haga lo que nosotros queremos. Aunque después rezamos el Padrenuestro y decimos: «Hágase tú voluntad», a continuación, le pedimos que coincida con la nuestra.

Confiar en Dios es ponerse en sus manos y saber que lo que Él dice se cumple. En este Adviento celebramos que se cumple la promesa que Dios hizo a la casa de Israel y a la casa de Judá, como nos ha dicho el profeta Jeremías (cf. Jr 33,14).

«En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra» (Jr 33,15). Dios prometió una descendencia a David que se cumplió en el nacimiento de Jesús y es lo que celebraremos próximamente en la Navidad: el nacimiento del hijo de David, que a su vez es el Hijo de Dios. Dios cumple sus promesas.

Siendo así no debemos temer, al contrario, debemos confiar en Dios. Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. A veces pedimos cosas que si se cumplieran serían peor para nosotros. Y otras veces nos duele que sucedan ciertas cosas o que el Señor no nos conceda lo que le hemos pedido; y, ¡menos mal que no nos ha dado lo que le hemos pedido!

Primera actitud, por tanto, confiar en Dios. No confiéis en vosotros mismos. La Virgen, la gran figura del Adviento, confió en Dios, aceptó la voluntad de Dios. El mismo Jesucristo, Hijo de Dios, confió en su Padre y aceptó la voluntad del Padre y eso da un fruto de salvación, da un fruto de amor; pues, lo mismo nosotros.

2.- Caminar en Cristo

La segunda actitud que nos pide el Señor en este primer domingo de Adviento es ponerse en camino, caminar con Jesús, caminar con el Señor. Confiamos en Él, nos fiamos de Él, caminamos con Él, porque Él es el camino.

El salmo ha repetido en distintos versos y de distintas maneras: «Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad» (Sal 24,4). «El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes» (Sal 24,8-9).

Pero no es lo mismo caminar por donde uno quiere a caminar en el Señor. Como nos recuerda el Papa Francisco, «la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar la vida a los demás» (Evangelii gaudium, 10). 

3.- Despistarse y volver a la pista

Hay una palabra que la usamos mucho, queridos niños, que es la palabra estar despistados. ¿Qué significa estar despistado? (Respuestas de un niño: no estar atento, estar en otra cosa, no estar en lo que está). Una buena definición. ¿Otra definición? (Respuestas de un niño: no prestar atención cuando otra persona te está hablando). Muy bien.

A ver si algún mayor se acerca a otro significado. (Respuesta de un fiel adulto: el que se sale de la pista). ¡Muy bien, esa respuesta es más acertada! El que se despista es el que se ha salido de la pista, por eso se distrae y no presta atención. El significado original es salirse de la pista. Y para los cristianos es salirse del camino que Cristo nos marca. 

Y, para retornar al camino, ¿qué hay que hacer? Si me he ido por otros derroteros, por sendas, por vericuetos, me he salido del camino de Jesús, me he des-pistado. Entonces, para volver, ¿qué he de hacer? ¿Cuál es la palabra, empleando el mismo término, para volver al camino de Jesús? El que se despista tiene que «empistarse». Despistarse, «empistarse», hay que volver a la pista.

Adviento es un tiempo para volver a la pista, para no estar despistado, para volver al camino, para encontrarse con Jesús que es nuestro Camino. No busquéis otros caminos y otras cosas porque allí no encontraréis la felicidad, no creceréis como personas. La sociedad nos presenta muchas cosas, muchos estímulos y nos invita a seguir esos estímulos, pero muchos de esos nos apartan de Dios, nos despistan del camino que tenemos que seguir.

Por tanto, caminar en el Señor, no andar despistados, sino volvernos a «empistar».

4.- Estar despiertos

La tercera actitud es estar despiertos, la vigilancia. Dice el evangelio de Lucas: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día» (Lc 21,34). Y sigue diciendo: «Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre» (Lc 21,36). Ese Hijo del hombre que llega, que celebramos su venida, su nacimiento entre nosotros.

«Estar despiertos», dice el Señor por boca del evangelista Lucas, para que no se embote vuestro corazón con cosas que aparentemente lo llenan, pero en realidad lo dejan vacío.

Muchas felicidades que la gente busca, muchas cosas que parecen que ahí está la felicidad: «usa esto, compra aquello, haz lo de más allá», eso es lo que nos presenta la sociedad como si fuera lo que merece la pena. Pero después, una vez probado deja más vacío que antes.

«Estar despierto» es estar a la escucha del Señor, estar esperando que el Señor venga, como las vírgenes prudentes, no como las necias. Estar a la espera del Señor.

5.- Visita pastoral

Tenemos esas tres actitudes: en primer lugar, confiar en Dios; en segundo lugar, caminar con el Señor y; en tercer lugar, estar despiertos.  Estas tres actitudes, en este primer domingo de Adviento, son también las tres actitudes que el Obispo os pide con motivo de la visita pastoral.

Necesitamos confiar, necesitamos «empistarnos», necesitamos renovar nuestra comunidad parroquial, nuestra alma. Hay que ver qué cosas funcionan muy bien para promoverlas y profundizar en ellas, hay cosas que funcionan menos, y hay cosas que funcionan mal. Pues si hay que cambiar una pieza, pues se cambia. Pues si hay que engrasar, se engrasa.

Hay que hacer una revisión a nivel personal, a nivel de cada grupo de la parroquia: catequesis, catequistas, visitadores de enfermos, voluntariado, Cáritas, coro, asociaciones, cofradías, hermandades, movimientos. Cada grupo tiene que hacer su revisión personalmente y como comunidad. Si al final, lo hacemos todos, como comunidad estaremos revisados.

6.- Vivir la fe con coherencia

Tenemos que revisar cómo vivimos la fe hoy, en pleno siglo xxi, en esta sociedad medio pagana y cómo anunciamos a Jesús. ¿Cómo vamos a vivir la Navidad como parroquia? Quizás haya cosas muy buenas y quizás haya cosas que necesiten un retoque para vivirlo mejor o incluso prescindir. El papa Francisco insiste mucho en el tema de las estructuras. Hay estructuras que funcionan, pero hay otras que no funcionan y no hay que tener miedo ni reparo en prescindir de ellas y poner otras.

Os pido a vosotros con esta visita pastoral que hagamos un discernimiento, una revisión de cómo vivimos la fe.

Relacionada con la segunda actitud que decíamos, que era la del camino, caminar junto al Señor, tenemos las prioridades pastorales y el proceso sinodal. Caminar con el Señor es caminar juntos con los otros, es caminar sinodalmente. No se puede caminar cada uno por su aire, caminamos juntos como comunidad, como familia de los hijos de Dios, como parroquia. Vamos todos al unísono, sin francotiradores o sin guías que nos despisten.

7.- Proyecto pastoral parroquial

La visita pastoral, aunque se haga hoy y la celebramos hoy continúa en los próximos tiempos, en los próximos meses para que, junto a los sacerdotes de la parroquia, continuéis la revisión de qué cosas hay que hacer mejor, o cambiándolas, o profundizándolas.

El proyecto pastoral de vuestra parroquia de este momento tiene como lema: «Salir, sembrar y caminar en parroquia». Como veis vamos todos al unísono, en comunión. Habéis elegido como proyecto salir, sembrar y caminar.

¡Pues, ánimo! Yo vengo a animaros. Después en la asamblea haré un poco de abogado del diablo, a lo mejor os pongo en jaque, pero eso nos puede venir bien.

Termino con la oración de la parroquia que, conjuntamente con los sacerdotes, habéis hecho: «Señor, haz crecer en todos los miembros de nuestra comunidad parroquial el compromiso de escuchar, celebrar, testimoniar y anunciar tu Palabra». Se lo pedimos esto por intercesión de la Virgen Santa María de la Amargura. Que así sea.

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González de Lara en la Semana Social: «los cristianos tenemos que dar un paso adelante»

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El presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM) y de Andalucía (CEA), el malagueño Javier González de Lara, participó este sábado 27 de noviembre en una de las mesas redondas de la jornada de clausura de la XLIII Semana Social de España organizada por la Conferencia Episcopal Española, que se ha celebrado en la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla

González de Lara, que es también miembro del Patronato de la Fundación Victoria, ha compartido mesa redonda con la exministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez; y la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro. El periodista Juan Carlos Blanco ha sido el moderador.

En su intervención, el representante patronal ha reflexionado sobre la falta de participación social en España, haciendo hincapié en la de los bautizados: «los cristianos tenemos que dar un paso adelante –ha afirmado– dar un testimonio, no solo de fe, sino de compromiso» y, citando a Julián Marías, ha afirmado que «todo el mundo se pregunta qué va a pasar pero pocos se preguntan qué podemos hacer. ¿Qué haces tú de tu parte?».

González de Lara ha propuesto recuperar «el sentido del esfuerzo colectivo, la fuerza infinita de la suma de esfuerzos individuales, sean cristianos o no» y ha apostado por recuperar el diálogo en el ámbito político e institucional: «El diálogo es vital, es el vehículo del entendimiento y los políticos no siempre están a la altura de lo que necesitamos».

En este sentido, el presidente de los empresarios malagueños y andaluces ha puesto como ejemplo el reciente acuerdo entre sindicatos y patronal logrado en el conflicto del metal en Cádiz en el que ha jugado personalmente un papel destacado: «con humildad digo que el diálogo social es un referente. No sé cómo, milagrosamente, la providencia opera y hemos logrado cosas que parecían imposibles. Eso es diálogo social y se ha conseguido».

Las Semanas Sociales de España, cuya organización data de 1906, son un servicio de la Conferencia Episcopal Española para el estudio, difusión y aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia a las cuestiones sociales de notoria importancia y actualidad. 

Vea aquí el vídeo de la mesa redonda:

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Más información sobre las jornadas en este enlace.

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“La contrariedad educa porque estimula la inteligencia”

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“La contrariedad educa porque estimula la inteligencia”

Todo padre o madre quiere educar en valores como el esfuerzo, la constancia o la tenacidad para conducir a sus hijos a la vida adulta y garantizar su bienestar. Un  sistema educativo cambiante y las tendencias sociales dominadas por la influencia de las nuevas tecnologías actúan en contra de este deseo, por eso se hace necesario un acompañamiento real y efectivo en que también los padres sientan que no están solos

Para abrir la ventana de la espiritualidad en la vida de sus hijos y encontrar en cada obstáculo una oportunidad de crecimiento hace falta formación y confianza. Este paradigma no puede emerger en solitario en la familia: la escuela y la parroquia son bastiones indispensables para el crecimiento integral de la persona. El Filósofo y teólogo Francesc Torralba, perfila para IV Encuentro Familia-Parroquia- Escuela un modelo educativo integral donde la persona no puede ser separada de su espiritualidad, del afecto y los valores

 

¿Cómo influyen las emociones y las palabras en la labor educativa?

Influyen decisivamente porque enseñamos más en el aula con lo que hacemos que con lo que decimos. Con nuestros gestos, con nuestra actividad, con nuestra actitud vamos transmitiendo valores y virtudes. Los alumnos se fijan mucho en nosotros, somos muy observados y eso nos exige coherencia con lo que decimos y con el ideario la institución educativa en la que estamos actuando. No solo somos observados en el aula, también lo somos en el barrio o en un fin de semana cuando nos encontramos con un alumno o ex alumno en distintos entornos. Es una tarea que exige un gran compromiso con la coherencia personal.

Como padres, ¿cómo generar palabras que activen el interés en nuestros hijos?

Esta es la cuestión de la persuasión, de la seducción. Primero, tenemos que situarnos en su piel, en su mundo; a veces, estamos en universos paralelos, no conocemos sus referentes. Desconocemos su música, sus tatuajes, sus youtubers, sus influencers y nos quedamos en un mundo aparte. Debemos esforzarnos por conocer ese Universo, conocer el microcosmos  en el que están y luego acercarnos para abrir puertas, para descubrir ese horizonte sin destruir su mundo, sin criticarlo o no darle ningún valor, sino para ver qué hay de valioso en él. Tenemos que conocer los referentes en que se ubican y en las canciones y música que tienen memorizadas.

En un mundo dominado por las pantallas, ¿con qué instrumentos contamos los padres a la hora de “emocionar” a nuestros hijos en nuestra tarea educativa?¿la tecnología es rival o aliado de la educación actual?

Debe ser aliada, si lo planteamos como rival es fácil que perdamos la batalla. Los hijos son ya nativos digitales, manejan con destreza la tecnología y los padres, – mucho menos los abuelos-, no tienen esa misma habilidad. Es fundamental entrar en este escenario y tutorizarlo bien. No se trata de plantear un mundo pretecnológico, pero sí de encarnarse en este mundo y tratar de inocular en él valores, convicciones y actitudes que creemos fundamentales. Hay que persuadirles con su mismo lenguaje, pero sin olvidar otros lenguajes como el del cuento, la música, la palabra y el gesto. Hay otros lenguajes, incluso el lenguaje del silencio, porque no todo es lenguaje tecnológico. Tenemos que ayudarles a descubrir otros lenguajes porque son seres políglotas, con capacidad de articular y expresar lo que sienten y lo que viven con lenguajes distintos.

¿Cuál debe ser el papel del maestro en el desarrollo de la inteligencia espiritual?

Es decisivo, porque el maestro no puede dar lo que no tiene. Es fundamental que conozca bien la materia y que, además, sepa didáctica para poder seducir a sus alumnos, porque si se trata de despertar el interés en los alumnos, y el propio docente no es capaz de activar su propia inteligencia espiritual, es muy difícil que pueda hacerlo. Tiene que tener ese autoconocimiento para poder desarrollar o desplegar esa inteligencia en el niño. Ocurre lo mismo que con la música. Cuando uno quiere activar la inteligencia musical en el alumno, el profesor debe estar entusiasmado con la música, así, los alumnos lo ven y experimentan la irradiación porque el entusiasmo también se contagia, afortunadamente.

En su opinión, ¿qué fruto dará la reforma educativa que permite promocionar con suspensos y llegar a la selectividad con asignaturas pendientes?

El fruto será desastroso porque la cultura del esfuerzo es fundamental. Si no hay esfuerzo, es difícil conseguir cualquier resultado en la vida: mantener una familia, mantener un negocio o ser un buen profesional requiere esfuerzo. Si el esfuerzo es permisivo, el músculo del esfuerzo se atrofia y es terrible porque para desarrollar cualquier proyecto en la vida es imprescindible el esfuerzo, superar contrariedades y activar la imaginación. Necesitas la ayuda de los demás y de la inteligencia cooperativa. En contra, si se planeta el sistema educativo con unos estándares de mínimos, el esfuerzo desaparece y se van pasando etapas. Sin embargo, más tarde, en su proyecto vital tendrá que esforzarse mucho y tendrá el músculo atrofiado. Le faltará la constancia y el ejercicio, que es lo que tenemos que conseguir. Necesitamos que vayan superando contrariedades para que vayan activando ese músculo y no les sorprenda al salir de esa burbuja que se llama escuela.

Ante este desastre, ¿los padres que podemos hacer en el ámbito familiar?¿podemos enseñar el esfuerzo y de qué manera?

De entrada, superando el paternalismo. Sucumbimos a la frase “ya lo haré yo”. Soy padre de cinco hijos y me lo intentado aplicar, a veces, por las prisas,  acabamos haciendo cosas por ellos. Eso impide que los niños no se pueden empoderar, no puede adquirir esa habilidad porque siempre se la han resuelto. Y llega el momento en que los niños pueden hacer muchas cosas. Si no dejamos que lo haga, al final no se esfuerza, se va atrofiando y prolongando su minoría de edad. Que alcancen a mayoría de edad implica que hagan cosas por si mismos, y esto requiere paciencia, acompañamiento y tolerancia al error. Esta paciencia, este tiempo es fundamental, pero hay que reconocer los logros pero hay que introducir contrariedades. La contrariedad educa porque estimula la inteligencia, el ejercicio y  la tenacidad y buscas con otros resolver esa contrariedad y acudir a la inteligencia cooperativa para saltar esos obstáculos.

¿La contrariedad no es igual que fracaso?

No, contrariedad es un obstáculo que uno se encuentra. Esa contrariedad estimula la inteligencia y la creatividad. Lo que ocurre es que cuando uno se enfrenta a una contrariedad puede tener éxito o puede fracasar. ¿Qué podemos hacer con ese fracaso?: una opción es la derrota; la segunda opción es aprender y cuestionarse qué se ha hecho mal. El fracaso bien digerido es la clave del éxito, lo que pasa es que hoy tememos como a la peste al fracaso. En la sociedad del éxito nadie fracasa, y mucho menos mi hijo. Puede fracasar el profesor, el sistema, el amigo; pero mi hijo no fracasa nunca. Se trata de asumir que el hijo es vulnerable, puede fracasar pero la cuestión es saber qué hacemos con ese fracaso, cómo podemos convertirlo en una oportunidad para aprender de ese fracaso académico, afectivo o empresarial, porque si no uno repite los errores si trata de imputarlos a los demás.

La crisis global causada por la pandemia de la COVID-19 nos ha permitido redescubrir valores como el cuidado o la humildad, ¿podremos conservarlos como plataforma de una nueva convivencia?

Sería lo ideal. Este aprendizaje colectivo que hemos hecho a consecuencia de la crisis debería dejarnos la herencia de valores como, la humildad, el cuidado, la responsabilidad, la solidaridad o el sentido de atención al medioambiente. Sin embargo, con frecuencia hay amnesia y hay olvido de lo aprendido. Nos pasa a título individual y colectivo. Cuando uno tiene un susto en su salud se da cuenta que no tiene que repetir su estilo de vida: debe dejar de fumar, comer más saludable o hacer más ejercicio. Ocurre que con frecuencia se olvida el susto y se regresa a los estilos de vida incorrecto. A medida que uno se aleja del momento agudo de la crisis, se relaja. Y esto puede pasar, de hecho, creo que ya está pasando. Deberíamos albergar bien esa herencia, esos valores que hemos aprendido para transmitirlo a las generaciones que vienen para que puedan enfrentarse a un futuro tan difícil como el que se les avecina.

La entrada “La contrariedad educa porque estimula la inteligencia” apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

La Iglesia de Jaén recibe a Don Sebastián, un Obispo que llega sembrando ilusión

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El sol también ha querido dar la bienvenida, en esta mañana de sábado, a Don Sebastián Chico Martínez como Obispo de Jaén. Este joven Prelado, de origen murciano, llega a la Diócesis convirtiéndose en el Obispo número 76  en el episcopologio que inauguró en el siglo I, San Eufrasio, después de dos años como Obispo auxiliar de la Diócesis de Cartagena.

A primera hora, antes de la recepción de los Obispos Y Arzobispos, Monseñor Chico Martínez hacía profesión de fe y juramento. Un acto solemne en el que han sido testigos su predecesor al frente de la Iglesia de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro; el Obispo de Cartagena, D. José Manuel Lorca Planes; el Nuncio de Su Santidad en España; Monseñor Bernardito Auza; otros purpurados, así como el Consejo Episcopal al completo.

Poco a poco han ido llegando hasta el palacio episcopal la treintena de prelados llegados desde muchos lugares de la geografía nacional para acompañar a Monseñor Chico Martínez en su inicio de magisterio pastoral en el Santo Reino de Jaén. A su vez, en la Catedral de la Asunción iban llegando numerosas autoridades civiles y militares, con representación del alcalde de la ciudad y la Subdelegada del Gobierno. También, los miles de jiennenses y cientos de murcianos que querían estar presentes en este acontecimiento histórico diocesano: una nueva página que se abre en blanco para seguir escribiendo el Evangelio de Cristo en pleno siglo XXI entre la sociedad jiennense.

El repique de las campanas de la Catedral, anunciando las 11 de la mañana, coincidían con la salida de la procesión de arzobispos y obispos, que junto al Nuncio Apostólico y el Obispo electo y el Administrador Apostólico, cruzaban la plaza de Santa María, desde el Obispado. Comenzaba, así, la Eucaristía de recepción e inicio del episcopado de Don Sebastián Chico Martínez como Obispo de Jaén.

En la Puerta del Perdón de la Catedral de la Asunción de Santa María los esperaba el Consejo de Consultores y el Cabildo Catedralicio. A su llegada, el Nuncio de Su Santidad en España ha presentado al nuevo Obispo a los sacerdotes que allí aguardaban su llegada. El Deán y Vicario General ha dado a besar el “Lignum Crucis” a Don Sebastián y, a continuación, el nuevo Obispo ha asperjado con agua bendita a los presentes.

Sobre el presbiterio se han dispuesto  los arzobispos y obispos, así como el Consejo de Consultores y los Vicarios diocesanos, presididos por el Santo Rostro y la Virgen de la Antigua, patrona del Cabildo. Más de doscientos sacerdotes diocesanos de Jaén y de la Diócesis de Cartagena, estaban dispuestos en las naves laterales de la Catedral y han participado también en la Eucaristía de toma de posesión.

Rito de la toma de Posesión de la Cátedra

Ya en el altar, el hasta ahora Obispo de la Diócesis, Don Amadeo Rodríguez Magro ha pronunciado  unas cariñosas palabras de bienvenida a Don Sebastián. Así, en nombre de toda la Diócesis, quiso dirigirse al Obispo electo, para manifestarle que “somos un pueblo cristiano en marcha, siempre ilusionado y siempre disponible; así me lo encontré, guiado entonces por mi predecesor, Mons. Ramón del Hoyo, y así se lo encontrará usted, si he sabido administrar, colaborando con el Espíritu Santo, este precioso capital humano y espiritual que me fue encomendado”. Y haciendo hincapié en su episcopado en el Santo Reino le explicó que “durante estos poco más de cinco años hemos sido una Iglesia sinodal y ahora se la encontrará activamente participando en el Sínodo al que nos ha convocado el Papa Francisco, en el que se nos invita a afianzarnos en nuestra identidad de Iglesia caminante y en salida. Le puedo asegurar que la participación activa, creativa e ilusionada en el Sínodo universal está plenamente encauzada”. Para añadir: “Hemos caminado con una Plan Diocesano de Pastoral que, en sintonía con Evangellii Gaudium, nos ha alentado en un sueño misionero, el de llegar a todos con una pastoral claramente de anuncio activo del Evangelio de Jesucristo”.

 Asimismo, Monseñor Rodríguez Magro le aseguró que “viene, por tanto, no a una Iglesia perfecta, pero sí a una Iglesia soñadora de caminos que la lleven a mostrar el rostro de Cristo a todos y en especial a los más heridos en su vida interior y en sus situaciones humanas y sociales. Se encontrará usted en Jaén con un humus religioso, bien favorecido por un rico universo de devociones y advocaciones cristológicas, marianas, y de tantos santos y mártires como se veneran en esta Iglesia”.

 Don Amadeo quiso culminar sus palabras pidiendo la intercesión de la Patrona de la Diócesis. “Como la Diócesis de Jaén tiene como Madre y Patrona a la Virgen de la Cabeza, a ella que le pedimos que le proteja en su ministerio entre nosotros. ¡Dios guarde siempre a nuestro Obispo Sebastián!”.

 Le ha sucedido en el uso de la palabra, el Nuncio Apostólico, Monseñor Bernardito Auza quien ha felicitado a Don Sebastián por su nuevo destino apostólico. Después, tomando como referencia las palabras del Santo Padre en las que aplica a la vida del Obispo el espíritu de las Bienaventuranzas: “Con este espíritu de las bienaventuranzas, que se discierne bien mirando el Santo Rostro, podrá hacer realidad, en esta querida Diócesis de Jaén, su manifestada voluntad de “ser – aquí – un pastor según el corazón de Cristo, un hombre de esperanza”. Del mismo modo, Monseñor Auza le ha animado a contar con su oración y la de la Iglesia “por esta nueva etapa de su vida en la que el Señor le confía, particularmente, el cuidado de los fieles de la diócesis de Jaén cuando la Iglesia Universal, respondiendo a la llamada del Sucesor de Pedro, vive en sinodalidad la comunión, la participación y la misión”.  

A continuación, Auza ha solicitado al Secretario -Canciller del Obispado que lea la Bula del Nombramiento de Don Sebastián Chico Martínez como Obispo de la Diócesis de Jaén, firmada por el Santo Padre Francisco. D. Antonio Javier Cañada ha mostrado al Consejo de Consultores la Bula Papal y después la ha hecho pública. El Nuncio Apostólico de Su Santidad, a continuación, ha invitado al Obispo electo a sentarse en la cátedra. Al pie de la misma, se han fundido en un abrazo de paz y el nuevo Obispo ha tomado posesión de su cátedra. El Nuncio le ha hecho entrega entonces el báculo, simbolizando así la sucesión apostólica y la continuidad pastoral.  En ese momento, el repique de las campanas de la Catedral y de los aplausos de los fieles y sacerdotes se han convertido en signo de gozo y júbilo por esta sucesión apostólica en la Diócesis de Jaén.

Como es tradición, después de tomar posesión como nuevo Prelado, se han presentado ante el Obispo una representación de la Iglesia que peregrina en Jaén: una familia; el director de Cáritas diocesana de Jaén; religiosas; miembros de la pastoral Penitenciaria; una representación de las Hermandades y Cofradías y el representante de apostolado seglar en nombre de las laicos y de los movimientos de la Diócesis.

La celebración ha continuado, con el canto del Gloria interpretado por el Coro y Orquesta de la Universidad de Jaén y las voces blancas de la Escolanía Catedral que han armonizado toda la celebración.

Las lecturas han estado participadas por el Hermano Mayor de la Cofradía de la Buena Muerte, colaboradores de la Catedral, un seminarista y un diácono permanente.

Homilía

Después el Obispo de Jaén se dirigía por primera vez a su grey. Lo hacía en un tono ilusionante, teniendo a todos presentes y con la intención de caminar juntos sin dejar a nadie fuera de ese camino de la sinodalidad.

Sus primeras palabras han sido de agradecimiento al Nuncio, a su predecesor en la Cátedra del Santo Reino y a su Obispo.

Don Sebastián ha querido expresar lo que supone la sucesión apostólica en la Iglesia, que hoy se llevaba a cabo con su inicio de magisterio. “Hoy vivimos un momento importante en el devenir de nuestra Iglesia diocesana. Vivimos el proceso de la Sucesión Apostólica, donde cambiamos las personas, pero permanece el ministerio y el servicio al pueblo santo de Dios. Desde aquellos primeros tiempos apostólicos, la Iglesia del Señor continúa y crece por obra del Espíritu Santo, que nos envió el Resucitado, por medio de la Palabra y el ministerio de los Apóstoles. Demos gracias a Dios, en este día, por cómo nos está cuidando”.

Después, ha querido hacer partícipes de su ministerio como pastor diocesano a todos los jiennenses, y de manera especial de los últimos: “Juntos, queridos hijos, iniciamos esta nueva etapa. Vengo con el único programa de unirme a vosotros y caminar juntos, como vuestro servidor, de todos, pero de forma especial de los pobres, los débiles, los enfermos, los que no tienen hogar, los migrantes… Pienso, de manera especial, en los pobres y necesitados, en las familias en dificultad, en las personas que no tiene vivienda, en los maltratados, en los presos, en los que no tienen trabajo y viven en precariedad económica, sobre todo pienso en el gran número de jóvenes que están viviendo en esta circunstancia, en los temporeros que no son tratados con dignidad, en los que sufrís las consecuencias directas o indirectas de esta pandemia… a todos vosotros, sabed que contáis con el amor preferencial de Dios. Sois las llagas abiertas de Cristo que tenemos que besar con nuestra atención, cercanía y ternura”.

 Don Sebastián, consciente el momento que vive la sociedad y la Iglesia como parte de ella, ha confiado en la gracia de Dios su labor y la de los laicos que trabajan por el Reino: “Juntos, viviendo la comunión, la participación y la misión, es decir, en sinodalidad, continuaremos la misión que el Señor nos encomendó, con el realismo y la profundidad que esto significa e implica. Es cierto que no son pocos los obstáculos que nos encontramos, en este momento de nuestra historia, y que incluso nos pueden estar afectando en nuestra vida cristiana y en nuestra vocación, pero sabemos que vivimos el tiempo de Dios. Él nos ayudará a superarlos a través de nuestros dones, de las iniciativas comunitarias y, sobre todo, con su Gracia, haciéndonos crecer en calidad y cantidad para el servicio del Evangelio y de su Pueblo. Vengo en un momento espléndido para escuchar el latir de vuestro corazón”.

El Prelado jiennense ha querido tener en sus primeras palabras muy presente al clero diocesano: “Desde ahora me pongo enteramente a vuestro servicio. Manifiesto mi cercanía y oración a los sacerdotes mayores y enfermos, a los que estáis en la misión o estudiando fuera de la diócesis. A todos, os aseguro, que vengo ilusionado y con gran deseo de empezar a trabajar juntos, viviendo en fidelidad al amor de Dios y al amor al pueblo santo que tenemos que servir en su nombre”. Asimismo ha mostrado su “cariño y mi afecto a todos los religiosos y religiosas de nuestra Diócesis, a los Institutos Religiosos, a las Asociaciones de Vida Religiosa, que servís a esta Iglesia con vuestra entrega, enriqueciéndola espiritualmente con vuestro testimonio”.

 En el pensamiento del nuevo Obispo también han estado los que “no creen, a quienes piensan diferente a nosotros, a los que no conocen a Jesús, ellos, también, son nuestros hermanos, y un reto de caridad en nuestra misión evangelizadora”.

 Con una alabanza a la Virgen María, en su advocación de la Cabeza, bajo la que ha puesto su “ministerio, para que me ayude a cuidar de la grey” ha finalizado su predicación.

Al concluir la celebración eucarística, Don Sebastián ha impartido, con el Santo Rostro, la bendición al pueblo. Después se ha paseado por las naves del templo catedralicio saludando a los cerca de dos mil fieles congregados.

Al término de la Eucaristía, en la Sala Capitular, los cardenales, obispos y arzobispos han firmado, como testigos, el acta de la toma de posesión de Chico Martínez.

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Homilía en el inicio de mi episcopado como Obispo de Jaén

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Excmos. Sres. Arzobispos y obispos, gracias por vuestra cercanía y vuestra oración, y por el esfuerzo que han realizado para acompañarme en este momento. Vuestra presencia es un signo visible de la comunión en la iglesia que me alienta y conforta ante la misión que inicio esta mañana.

Excmo. Sr. Nuncio, Mons. Auza, gracias por las palabras de cariño y ánimo que me ha dirigido. Nuevamente, le pido que transmita al Santo Padre, el Papa Francisco, mi total comunión y fidelidad a su persona y a su Magisterio.

Saludo a D. Amadeo, mi antecesor, y agradezco, también, las palabras con las que nos ha presentado el rostro de mi esposa, la Iglesia que camina en esta hermosa tierra, el Santo Reino de Jaén. ¡Gracias por sus palabras de acogida y bienvenida!

Sacerdotes que habéis venido desde los distintos puntos de nuestra Diócesis y los que habéis llegado desde fuera para acompañarme, de una manera especial, D. José Manuel, el obispo de mi querida Diócesis de Cartagena, ha sido para mí un padre, un hermano y un maestro.

Cabildo catedralicio, religiosos, seminaristas ¡Gracias por vuestra acogida!

Excmas. e Ilmas. autoridades civiles, académicas, militares y judiciales, agradezco su presencia en este acontecimiento tan importante de nuestra Iglesia jienense. Nuevamente, les manifiesto mi disponibilidad, mi servicio y colaboración en todo aquello que les pueda ser necesario para el bien de nuestro pueblo.

Saludo, especialmente, a todos los ancianos, enfermos y amigos que nos estáis siguiendo por la Cadena Cope, Radio María, así como a los que nos estáis viendo por Trece TV y Popular TV.

 

Queridos feligreses, familia y amigos.

Nuevamente, como Pedro, he vuelto a escuchar de la boca del Señor esa pregunta que llega hasta lo más hondo de nuestro corazón: “¿me amas?” y, ante mi respuesta de amor, Él me ha dicho: “¡Sígueme!”.  Lo dijo de una manera especial cuando me llamó al ministerio sacerdotal, y acepté; por segunda vez lo dijo cuando me llamó al ministerio episcopal, como obispo auxiliar de la diócesis de Cartagena, y acepté; y por tercera vez, ante esta nueva llamada que me hace para que pastoree a ésta Diócesis de Jaén, como sucesor de los Apóstoles, me lo ha dicho y he vuelto a aceptar, y siempre con el deseo de “amarle con todo mi corazón, con todo mi ser y con toda mi mente” (Cfr. Mt. 22, 38) y entregarme, confiadamente, a Su voluntad.

Doy gracias a Dios por la gran misericordia que siempre ha tenido conmigo, por el don de su Espíritu, con el que me ha enriquecido, y le pido que me ayude a vivir la santidad, “porque tengo que servir a la Iglesia como maestro, santificador y guía… Y, configurado con Cristo, amarla con el amor de Cristo esposo y ser ministro de unidad, haciendo de ella un pueblo convocado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Cfr. Pastores Gregis n. 13)

Hoy vivimos un momento importante en el devenir de nuestra Iglesia diocesana. Vivimos el proceso de la Sucesión Apostólica, donde cambiamos las personas, pero permanece el ministerio y el servicio al pueblo santo de Dios. Desde aquellos primeros tiempos apostólicos, la Iglesia del Señor continúa y crece por obra del Espíritu Santo, que nos envió el Resucitado, por medio de la Palabra y el ministerio de los Apóstoles. Demos gracias a Dios, en este día, por cómo nos está cuidando.

Desde los tiempos de San Eufrasio, uno de los siete Varones Apostólicos que llegaron a nuestras tierras hispánicas, Cristo preside, vivifica y dinamiza a esta Iglesia. Aquí está viva su Palabra como permanente revelación del amor de Dios y de nuestra salvación; aquí se hace presente en cada altar mediante el Sacramento de la Eucaristía, fuente de vida que emana hasta la vida eterna; aquí encontramos su perdón, el consuelo de nuestras heridas y la fuerza para ponernos en pie y seguir caminando; aquí está el poder de Dios transformando nuestros corazones, haciéndonos una gran familia: sus hijos, y abriéndonos camino para alcanzar la plenitud de su Gloria y, por tanto, viviendo en esperanza; y desde aquí, desde esta Iglesia peregrina, Iglesia en salida, Iglesia samaritana, emana la fuente de Caridad, que brota del Corazón abierto de Cristo, que se ofrece para curar, sanar y salvar al hombre.

Juntos, queridos hijos, iniciamos esta nueva etapa. Vengo con el único programa de unirme a vosotros y caminar juntos, como vuestro servidor, de todos, pero de forma especial de los pobres, los débiles, los enfermos, los que no tienen hogar, los migrantes…,  con el emblemático “encargo de predicar, dando solemne testimonio de que Dios ha constituido a Cristo juez de vivos y muertos” (Cfr. Hch 10,42) También, me uno a vosotros como vuestro hermano en la fe, con el deseo de sentir el calor fraternal que brota de nuestro bautismo y nos hace ser comunidad, familia, Iglesia, ayudándoos a crecer en la fe y a vivir en el amor de Dios y del prójimo.

Soy consciente de mis debilidades y limitaciones, pero os puedo asegurar que llego con pleno deseo de entregarme por entero a Cristo para dar mi vida al servicio de su Reino y al servicio de todos vosotros. Pues, “el buen pastor da su vida por sus ovejas” (Jn 15, 3)

Sé que cuento con la Gracia de Dios, pues así se ha manifestado a lo largo de toda mi historia, pero, también, os pido vuestra ayuda para ser un buen obispo, signo del Buen Pastor, Siervo, Esposo y Maestro de la Iglesia; un pastor según el corazón de Cristo, de quien un día se pueda decir: “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10, 38)

Juntos, viviendo la comunión, la participación y la misión, es decir, en sinodalidad, continuaremos la misión que el Señor nos encomendó: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15), con el realismo y la profundidad que esto significa e implica. Es cierto que no son pocos los obstáculos que nos encontramos, en este momento de nuestra historia, y que incluso nos pueden estar afectando en nuestra vida cristiana y en nuestra vocación, pero sabemos que vivimos el tiempo de Dios. Él nos ayudará a superarlos a través de nuestros dones, de las iniciativas comunitarias y, sobre todo, con su Gracia, haciéndonos crecer en calidad y cantidad para el servicio del Evangelio y de su Pueblo.

Vengo en un momento espléndido para escuchar el latir de vuestro corazón y el deseo que el Espíritu Santo nos quiere sugerir para nuestra peregrinación como Iglesia, ante la reflexión que el Papa Francisco nos pide para la preparación del Sínodo de los Obispos, en este momento concreto de nuestra historia, pero pensando en los hombres  y mujeres que han de recibir y vivir el testigo de nuestra fe.

Acabo de llegar a esta Diócesis, y ya me siento estrechamente unido a vosotros, mis hermanos sacerdotes, primeros colaboradores del obispo, que lleváis la gran responsabilidad del servicio al pueblo de Dios y del anuncio del evangelio en las parroquias y en los distintos oficios que desempeñáis. Os felicito por el “Sí” que un día disteis, por vuestra entrega y por vuestra fraternidad sacramental a la que desde hoy me incorporo. Desde ahora me pongo enteramente a vuestro servicio. Manifiesto mi cercanía y oración a los sacerdotes mayores y enfermos, a los que estáis en la misión o estudiando fuera de la diócesis. A todos, os aseguro, que vengo ilusionado y con gran deseo de empezar a trabajar juntos, viviendo en fidelidad al amor de Dios y al amor al pueblo santo que tenemos que servir en su nombre. A aquellos que desempeñáis responsabilidades diocesanas, a partir de este momento, os renuevo vuestra responsabilidad y deseo contar con vuestra ayuda. ¡Os voy a necesitar!

Nos tenemos que ayudar mutuamente para estar siempre alejados de la mediocridad. El Papa Francisco nos decía, a todos los cristianos, en una de sus homilías que: “Hay un sueño peligroso: el sueño de la mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por inercia, preocupándonos sólo por tener una vida tranquila. Pero sin impulsos de amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos. Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el ardiente deseo de Dios, es la valentía perseverante para convertirse, es valor para amar, es salir siempre adelante” (Hom. Adv. 29-11-2020)

De una manera especial, os manifiesto mi compromiso de ayuda y cercanía a todos vosotros, queridos seminaristas, pues sois nuestro “corazón diocesano”. He vivido intensamente durante años, con gran inquietud y entrega, la misión de la formación sacerdotal, tan necesaria hoy en nuestra Iglesia. Doy gracias a Dios por nuestro Seminario y manifiesto mi alegría por el grupo de seminaristas que lo formáis, pero también comparto mi preocupación por la pastoral vocacional y el celo por una buena formación de los futuros presbíteros, que nos pide la Iglesia Universal.

Expreso mi cariño y mi afecto a todos los religiosos y religiosas de nuestra Diócesis, a los Institutos Religiosos, a las Asociaciones de Vida Religiosa y Vírgenes Consagradas, que servís a esta Iglesia con vuestra entrega, enriqueciéndola espiritualmente con vuestro testimonio y siendo herramientas eficaces de trabajo y de recursos humanos al servicio de nuestros hermanos en las distintas realidades apostólicas que desempeñáis. Os saludo a todos y os agradezco vuestra entrega y vuestra fidelidad, así como vuestra oración por nuestra Diócesis y, de una manera especial, por mí en estos primeros pasos.

Queridos fieles, me siento ganado por vuestro afecto y por la acogida que estoy recibiendo. Vosotros: familias, jóvenes, ancianos, niños… sois junto a todos nosotros, sacerdotes y religiosos, la carne de Cristo, el rostro de mi esposa, la Iglesia, a la que deseo amar como esposo, padre y hermano. Desde el primer momento de mi nombramiento me han hablado con mucho cariño de vosotros, contándome que sois abiertos, cercanos, sencillos, bondadosos, agradecidos, una Iglesia muy viva.

Os deseo conocer personalmente, escuchar vuestras inquietudes y atender las necesidades propias, de vuestra familia o de vuestra realidad eclesial, pero también os necesito para la tarea que Dios me encomienda y para que me ayudéis, desde vuestra cercanía y la frescura de vuestra sinceridad, a ser el pastor que Dios desea para vosotros.  Os tengo muy presentes en mi oración, sobre todo a los enfermos y a los que están sufriendo por alguna circunstancia.  Pienso, de manera especial, en los pobres y necesitados, en las familias en dificultad, en las personas que no tiene vivienda, en los maltratados, en los presos, en los que no tienen trabajo y viven en precariedad económica, sobre todo pienso en el gran número de jóvenes que están viviendo en esta circunstancia, en los temporeros que no son tratados con dignidad, en los que sufrís las consecuencias directas o indirectas de esta pandemia… a todos vosotros, sabed que contáis con el amor preferencial de Dios. Sois las llagas abiertas de Cristo que tenemos que besar con nuestra atención, cercanía y ternura.

Del mismo modo, tengo presentes, a los que no creen, a quienes piensan diferente a nosotros, a los que no conocen a Jesús, ellos, también, son nuestros hermanos, y un reto de caridad en nuestra misión evangelizadora. Desde lo más profundo de su corazón nos están gritando, como a Felipe: “queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21). El desconocimiento del Señor nos debe pesar como le pesa a Jesús, (nuestro Hermano Mayor), lo que debe avivar nuestra inquietud y “nuestro poner al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido” (1 Pe 4, 10), manifestando con nuestra vida que “la Iglesia es la casa de la alegría” (EG) y aquella pobreza que nos hace vivir en libertad.

A todos los que habéis participado en esta celebración (un nutrido número sois de mi Diócesis materna) y a los que la habéis hecho posible, preparando hasta los últimos detalles, ¡GRACIAS!

Encomiendo a toda nuestra Diócesis a la Virgen María, Nuestra Sra. de la Cabeza, Patrona de Jaén y en su maternidad pongo mi ministerio, para que me ayude a cuidar de la grey, a cuyo servicio hoy me pone el Espíritu Santo, para pastorear a esta Iglesia de Dios: en el nombre del Padre, cuya imagen represento en la Asamblea; en el nombre del Hijo, cuyo oficio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerzo, y en el nombre del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia de Cristo y fortalece nuestra debilidad. Que Ella nos bendiga y nos proteja en esta etapa que comenzamos.

 

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

 

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Palabras de bienvenida y saludo de Don Amadeo al Obispo Sebastián

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Con mis últimas palabras como Pastor de la muy amada Diócesis del Santo Reino de Jaén, me dirijo a nuestro Obispo electo Don Sebastián, que en esta celebración Eucarística tomará posesión de esta Sede Episcopal como el 76 sucesor de San Eufrasio. Con él está el Nuncio de Su Santidad, portador de la Bula Pontificia, que ratifica su elección y nombramiento; le acompañan un nutrido grupo de arzobispos y obispos, encabezados por el Señor Arzobispo de Granada, nuestro metropolita, y por el Señor Obispo de Cartagena, Don José Manuel Lorca Planes, del que Don Sebastián ha sido Obispo Auxiliar. Le hablo en nombre de este pueblo de Dios, hoy presente masivamente, en una muy amplia representación, en la Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen, relicario del Santo Rostro de Jesús.

Somos la Iglesia que camina en las ciudades y pueblos de esta histórica Diócesis, situada en un mar de olivos y entre bellos paisajes, y que hoy recibe, con gratitud al Santo Padre, a su nuevo Pastor. Somos un pueblo cristiano en marcha, siempre ilusionado y siempre disponible; así me lo encontré, guiado entonces por mi predecesor, Mons. Ramón del Hoyo, y así se lo encontrará usted, si he sabido administrar, colaborando con el Espíritu Santo, este precioso capital humano y espiritual que me fue encomendado. Durante estos poco más de cinco años hemos sido una Iglesia sinodal y ahora se la encontrará activamente participando en el Sínodo al que nos ha convocado el Papa Francisco, en el que se nos invita a afianzarnos en nuestra identidad de Iglesia caminante y en salida. Le puedo asegurar que la participación activa, creativa e ilusionada en el Sínodo universal está plenamente encauzada.

El laicado, los consagrados y consagradas, los diáconos y el presbiterio diocesano constituyen una Iglesia viva que ha ido renovándose tanto en su pastoral ordinaria, como en otras muchas iniciativas y acciones, todas orientadas en comunión y evangelización. Hemos caminado con una Plan Diocesano de Pastoral que, en sintonía con Evangellii Gaudium, nos ha alentado en un sueño misionero, el de llegar a todos con una pastoral claramente de anuncio activo del Evangelio de Jesucristo.

  • Sin perder el rumbo de hacer bien y situar adecuadamente el camino ordinario de la fe y de la vida cristiana de nuestras comunidades, hemos entrado a fondo en la vida en comunión de nuestra Diócesis, consolidando el espíritu sinodal en las instituciones, tanto diocesanas como arciprestales y parroquiales, para que todo nos llevara a caminar con una participación responsable en la vida de nuestra Iglesia, que ha querido ser casa común en esta sociedad jiennense.
  • Hicimos el firme propósito de ponernos en estado permanente de misión, y le puedo asegurar que, poco a poco, se ha ido modificando la concepción de la fe y la vida cristiana de muchos, sobre todo al descubrir que cada bautizado es una misión en el mundo.
  • Nuestro Plan de Pastoral nos ha llevado a una profunda reflexión sobre la vida sacramental y eucarística de nuestras comunidades, nos ha situado en la escucha de la Palabra, en la oración y en el aliento de promover y cuidar todo lo que ayude a cada cristiano a consolidar su vida en santidad.
  • La caridad, que siempre ha sido una virtud bien cultivada entre nosotros en actitudes y en realidades institucionales, nos hizo entrar en todas las marginaciones, de las que se está ocupando la misión social y caritativa de la Iglesia en esta tierra.

En torno a la comunión, la evangelización, el culto, la espiritualidad y servicio de la caridad, ha girado nuestro itinerario como Iglesia en todas sus instituciones: curia diocesana, arciprestazgos, parroquias, movimientos y grupos. Viene usted, por tanto, no a una Iglesia perfecta, pero sí a una Iglesia soñadora de caminos que la lleven a mostrar el rostro de Cristo a todos y en especial a los más heridos en su vida interior y en sus situaciones humanas y sociales. Se encontrará usted en Jaén con un humus religioso, bien favorecido por un rico universo de devociones y advocaciones cristológicas, marianas, y de tantos santos y mártires como se veneran en esta Iglesia.

Como la Diócesis de Jaén tiene como Madre y Patrona a la Virgen de la Cabeza, a ella que le pedimos que le proteja en su ministerio entre nosotros. ¡Dios guarde siempre a nuestro Obispo Sebastián!

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo Administrador Apostólico

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Sábado 27 de noviembre, XLIII Semana Social de España: Mesas redondas y clausura

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Sábado 27 de noviembre, XLIII Semana Social de España: Mesas redondas y clausura

La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla abre sus puertas de nuevo esta mañana a los participantes de la XLIII Semana Social de España que hoy, sábado 27 de noviembre, celebra su tercera y última jornada de trabajo.

En torno a las 10.00 horas comenzaban las sesiones de trabajo con el saludo del presidente de la Junta Nacional de Semanas Sociales, Jesús Avezuela Cárcel. Después, un tiempo de oración dirigido por Fernando Fuentes, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana.

Primera mesa redonda: «Una mirada desde la política»

El tema central que plantea esta Semana Social, «La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y a la participación» se ha abordado hoy a través de dos mesas redondas.

La jornada ha comenzado con la oración dirigida por Fernando Fuentes, director de Pastoral Social en la CEE. A las 10.30 horas comenzaba la primera, «Una mirada desde la política», moderada por el periodista Diego García Cabello. Han participado en el debate el viceconsejero de la vicepresidencia y de la consejería de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local de la Junta de Andalucía, Manuel Alejandro Cardenete Flores; el director del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, Carlos García de Andoin; y la diputada del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, Sol Cruz-Guzmán García.

Manuel Alejandro Cardenete señaló la importancia de las relaciones personales en política, donde son más fáciles los acuerdos y sacar adelante proyectos cercanos al bien de las personas y del bien común. Sol Cruz-Guzmán hizo una llamada a la movilización de las personas en la sociedad para impulsar el trabajo en la política y alertó del «cambio que se está dando entre el bien común o bien general y la multitud de bienes particulares».

Sol Cruz-Guzmán señaló «la poca proactividad de la Iglesia en la reclamación a los políticos de sus opiniones y presencias en la sociedad«. En relación a la amistad social señaló que su experiencia en política es que sí hay posibilidad y reclamó que «la Iglesia sea catalizadora de las opiniones diversas en el espectro político». Manuel Alejandro Cardenete animó a la presencia en redes sociales «porque lo que no se visualiza no existe pero al mismo tiempo alertó de sus riesgos. Creo en la bondad de las redes sociales para contar los bienes que se hacen en el terreno político y en el terreno particular poniendo en valor lo que para mí es importante, que es también la vida cristiana».

Carlos García de Andoin afirmó que «las redes ayudan a la tribalización de la vida social y de la vida política» y añadió «dos elementos que cortocircuitan el diálogo entre la Iglesia la política y la vida pública. Una es de la parte de la política cuando hay un laicismo que arroja a la religión a la vida privada» y afirmó «la necesidad de una laicidad incluyente» y «desde el lado cristiano hay que olvidarse el recurso a la verdad ontológica y a la ley natural. En el tiempo presente hay que construir desde el diálogo y desde la convención, porque a los valores prepolíticos no se puede llegar desde una verdad, sino desde el acuerdo entre distintos».

Segunda mesa redonda: «Una mirada desde la empresa y el sector social«

Después de un breve descanso comenzaba, en torno a las 11. 45 horas, la segunda mesa redonda, «Una mirada desde la empresa y el sector social«. Se ha contado con las intervenciones de  la exministra de Empleo y Seguridad Social de España, Fátima Báñez García; el presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía, Javier González de Lara Sarriá; y la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro. El periodista Juan Carlos Blanco Cruz ha sido el moderador.

Javier González de Lara señaló que «hay que reconocer que el diálogo político e institucional no está a la altura de lo que los ciudadanos queremos. Es referente el diálogo social». Mostró su preocupación por la escasa participación social, «también de los cristianos. Tenemos que dar no sólo compromiso de fe, sino también social y política» y pidió pasar del «¿Qué va a pasar? al ¿Qué podemos hacer?». «Sin ética no existe éxito empresarial ni tampoco existe éxito social».

Natalia Peiro señaló que el optimismo y la esperanza están en ver a todas esas personas católicas que se comprometen con los demás: «el valor de los cristianos para la vida pública es nuestro valor y nuestro compromiso, con esa coherencia de vida de tantas personas anónimas desde su vida privada» porque, apuntó, «el compromiso y el encuentro con el otro, como dice el Papa, es lo que nos lleva a la regeneración de la vida pública». Una de las herramientas importantes es estar cercanos a los problemas de nuestro tiempo y dijo que «en Cáritas una ventaja es que las decisiones muchas veces se toman en la primera línea, entre quienes están en contacto con el otro, con el que sufre, con los que están en el encuentro cercano».

Fátima Báñez señaló que la regeneración tiene su «origen en la responsabilidad personal, como primer paso para regeneración de la vida pública». Recordando a Benedicto XVI, señaló que «los cristianos tenemos el deber de dar testimonio de nuestra vida en cualquier ámbito de responsabilidad». La sociedad se construye con la suma de cada uno, «no esconderse en la responsabilidad colectiva sino mirar desde la responsabilidad persona para construir el bien común. A partir de ahí trasciende el entorno en el que uno vive».

Conclusiones de las XLIII Semanas Sociales de España

Regeneración de la vida pública: una llamada al bien común y a la participación

En este momento conclusivo de la XLIII Semana social es esencial reconocer el trabajo que en los últimos meses se ha realizado en muchas diócesis de la Iglesia en España.  Los diversos encuentros preparatorios, siguiendo un marco de trabajo común, han sido un ejercicio de sinodalidad eclesial desde el diálogo, la deliberación y la elaboración de propuestas para una renovada presencia de la Iglesia en la vida pública.

Nuestras sociedades están atravesadas por un profundo individualismo que dificulta las propuestas de proyectos comunes orientados al bien común. Un individualismo, que como declara el papa Francisco en Fratelli tutti, “no nos hace más libres, más iguales y más hermanos y hermanas” (cfr, FT, 105). Desde el compromiso de los católicos en la vida pública es necesario empeñarse en construir una sociedad cada vez más inclusiva, que nos vincule asociativamente entre creyentes y no creyentes, dando protagonismo a la sociedad civil en la edificación de la fraternidad universal.

Reconocemos la intensa pluralidad de nuestras sociedades y las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia como una llamada a construir una gran familia humana desde la diversidad. Muchas veces esta pluralidad se presenta de manera polarizada, enfrentada y sin espacio para el diálogo. Los procesos de diálogo público entre ideas encontradas y las experiencias de amistad social entre personas con diferencias ideológicas, culturales o religiosas son parte del compromiso irrenunciable con la vida pública. La llamada de Fratelli tutti a ejercitar un “diálogo persistente y corajudo” (cfr, FT 198) se convierte en un horizonte esencial para la vida pública.  El ámbito educativo, en el que la Iglesia católica tiene una amplia presencia, debe potenciar esta educación para la vida pública enraizada en el diálogo social y político como escuela de fraternidad.

No podemos pasar por alto que nuestro mundo esta fracturado por la “cultura del descarte”. Millones de hermanos y hermanas nuestras sufren la injusticia, el abandono y el olvido. Las llamadas desde las periferias a un mundo más justo se constituyen en un referente esencial para regenerar la vida pública. Para los cristianos la opción preferencial por los pobres es un fundamento básico para el bien común. No cabe duda de que la presencia de la Iglesia en el campo de lo social es intensa y amplísima, a la vez que reconocida por la sociedad. Sin embargo, en otros ámbitos como el mundo de la cultura o de la política, necesarios para la realización de la “cultura del encuentro”, la presencia de los cristianos es mucho menor o incluso irrelevante. El compromiso con la vida pública también nos llama a los cristianos a aportar nuestro bagaje cultural y político para enriquecer y enriquecernos con nuestra participación en la esfera pública.

Una Iglesia sinodal y en salida debe promover las vocaciones al mundo político. Laicos y laicas que vivan como misión de servicio su presencia en la vida política activa en la diversidad de opciones existentes. Comprometerse en las dinámicas del poder político, no para sucumbir ante él, sino para convertirlo en servicio para el bien común es una “altísima vocación, una de las formas más preciosas de caridad” (cfr EG, 205) que la Iglesia debe acompañar, formar y cuidar. El acompañamiento personal y comunitario a las vocaciones políticas se constituye como un reto fundamental en el contexto complejo e incierto que vivimos.

Para la vida pública de nuestra sociedad es un verdadero don el crecimiento de la conciencia de interdependencia, acrecentada durante la pandemia, la emergencia significativa de la conciencia ecológica y la preocupación social por la desigualdad y la pobreza. A pesar de las limitaciones e incluso malinterpretaciones que puedan existir son una buena noticia para un mundo necesitado de ellas. No somos “profetas de calamidades” que condenan el mundo en su totalidad si no que debemos reconocer todo el bien que existe en el mismo. El compromiso en la vida pública nos llama a reconocer, aprender y colaborar con esta creciente, aunque insuficiente, conciencia de interdependencia global.

El mundo digital es hoy un espacio fundamental para la constitución de la vida pública. La vida personal y pública se sustenta cada vez más en procesos digitales con toda la ambivalencia que estos generan. Riesgo y oportunidades aparecen de la mano en el mundo digital. A pesar de estas ambivalencias el mundo digital es un espacio privilegiado de conformación de intereses, valores y tendencias al que la Iglesia no puede ni debe renunciar. Comunicar, participar y colaborar en este significativo mundo en el siglo XXI para la construcción del bien común es una llamada urgente para la presencia significativa de la Iglesia.

En la vida pública, el papel de las religiones es muchas veces cuestionado o minusvalorado. Creemos firmemente que las religiones tienen un acervo ético, cultural y antropológico riquísimo para aportar a la vida pública. Las religiones están al servicio de la fraternidad en el mundo (cfr, FT cap. 8) y deben ser en las sociedades democráticas dinamismo de solidaridad y participación. Los católicos desde nuestra rica tradición estamos convocados al diálogo interreligioso para reconocer las aportaciones que juntos podemos hacer en la construcción del bien común.

Hacemos, a la conclusión de esta Semana social, un llamamiento a todos los cristianos y cristianas a comprometerse en los diversos escenarios de la vida pública. El mundo en el que nos movemos necesita personas que, alimentadas desde la Parábola del Buen samaritano, sean capaces de pararse a los bordes de los caminos y compasivamente comprometerse en la construcción del bien común desde la vida pública.

Intervención del arzobispo de Sevilla en la sesión de clausura

Una hora después se cerraba el debate para dar paso a la presentación de las conclusiones y al acto de clausura, con las intervenciones del arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Mons. Saiz Meneses ha repasando la historia de las Semanas Sociales. Una trayectoria centenaria -iniciaron su andadura en mayo de 1906- que ha permitido la reflexión, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre los temas más acuciantes para la vida social de los españoles.

Volviendo a esta Semana Social, ha resaltado el valor sinodal de los encuentros previos en las diócesis, en los que se han manifestado «el espíritu de diálogo y la búsqueda del encuentro, tanto con la Iglesia como con la sociedad«.

El arzobispo de Sevilla ha valorado también la elección del tema de esta Semana Social, «que entronca con el itinerario y los objetivos propuestos por la Conferencia Episcopal Española para los próximos años«. Una de sus líneas, ha recordado, es «la presencia misionera y el compromiso de trasformación evangélica de la realidad, pues la redención de Cristo tiene un sentido social». Se trata «de recuperar el sentido humanizador del Evangelio» y «de experimentar la alegría de comunicar el Evangelio en esta sociedad, porque el Evangelio tiene mucho que decir al hombre y a la mujer de hoy».

Dentro de esa prioridad de salir a las periferias, «no cabe duda de que una de las periferias más urgentes hoy es la vida pública, el lugar en el que se debaten las leyes, se fijan las condiciones de vida para tantas personas, el lugar del que queda también excluida tanta gente por muchas razones: ideas, convicciones, creencias, nacionalidad, pobreza, etc. Una Iglesia que no asuma este compromiso tiene el riesgo de desvirtuar y no hacer creíble el Evangelio que anuncia, porque, si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos, los excluidos de todos los tiempos, con los que él mismo ha querido identificarse».

Entiende Mons. Saiz Meneses que «la realidad social exige al Pueblo de Dios propiciar un dinamismo de encuentro y de dialogo con las condiciones humanas y sociales de nuestro tiempo». En nuestros días, «son muchas las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana y exigen profundizar de un modo crítico, con la ayuda de las ciencias, la realidad que habitamos. Nuestra sociedad está cargada de las contradicciones de un desarrollo económico, cultural, tecnológico, que deja a tantas personas al margen del progreso y los relega a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana».

Como respuesta, el prelado ha propuesto una nueva «imaginación de la caridad» que nazca de la amistad social. «Es esta caridad social la que ilumina el conocimiento, al tiempo que obra la renovación de las estructuras económicas y permite emprender con determinación nuevos medios de participación en la vida pública para el bien común. La Iglesia, y especialmente el laicado, debe dar un paso más en este sentido: tiene que ser protagonista en la vida pública».

El arzobispo de Sevilla ha cerrado su intervención apelando «a ir más allá de los grupos de afines y a construir la auténtica amistad social«, a «alejarnos de los populismos» a «huir de la enemistad social» y a «salir de la <polarización>«. «Frente al muro de la indiferencia, hoy sigue siendo fundamental la disposición de la Iglesia al servicio y al encuentro, porque no hay áreas sociales que queden al margen de la preocupación de la comunidad cristiana. Esta vertiente ético-social se propone como una dimensión imprescindible del testimonio cristiano, de manera que el diálogo continúa siendo el camino para mirar la realidad de una manera nueva, para vivir con pasión los desafíos de la construcción del bien común».

Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía intervino a través de un vídeo. En su saludo agradeció «el trabajo de miles de personas, de buenas personas, que desde la Iglesia ayudan a los demás». Al valorar el trabajo de tantas personas de Iglesia por el bien de todos en los tiempos de la pandemia, señaló que este «es el ejemplo que debemos seguir desde el ámbito de la política, de la economía, de la sociedad en general: la persona en el centro de nuestra actividad».

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Mons. Sebastián Chico ya es obispo de Jaén

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Una amplia representación de la Diócesis de Cartagena, encabezada por Mons. Lorca Planes, ha participado en la celebración.

«Vengo con el único programa de unirme a vosotros y caminar juntos, como vuestro servidor, de todos, pero de forma especial de los pobres, los débiles, los enfermos, los que no tienen hogar, los migrantes…». Así se presentaba esta mañana el nuevo obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, ante su diócesis en la celebración de toma de posesión en la catedral de esta provincia andaluza.

A las 11:00 horas comenzaba la celebración en la catedral de Jaén, con la presencia del nuncio del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, y con la participación de una treintena de obispos, arzobispos y cardenales españoles que han querido acompañar a Mons. Chico en su toma de posesión. Entre los obispos se encontraba el de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, que encabeza la delegación murciana compuesta por un gran número de sacerdotes y laicos. Otros dos obispos murcianos se sumaban también a la celebración, el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil, y el obispo de Zamora, Mons. Fernando Valera.

Desde el Obispado, situado enfrente de la catedral, ha partido la procesión hasta la Puerta del Perdón del templo catedralicio. Allí, el nuncio ha presentado a Mons. Chico al Consejo de Consultores y al Cabildo Catedralicio. El deán de la catedral ha dado a besar al nuevo obispo el Lignum Crucis y le ha ofrecido agua bendita con la que ha asperjado a los presentes. La procesión ha continuado hasta el presbiterio para dar comienzo a la celebración eucarística.

Mons. Amadeo Rodríguez, administrador apostólico y anterior obispo de Jaén, ha dado la bienvenida a su sucesor. «Somos la Iglesia que camina en las ciudades y pueblos de esta histórica Diócesis, situada en un mar de olivos y entre bellos paisajes, y que hoy recibe, con gratitud al Santo Padre, a su nuevo pastor. Somos un pueblo cristiano en marcha, siempre ilusionado y siempre disponible; así me lo encontré, guiado entonces por mi predecesor, Mons. Ramón del Hoyo, y así se lo encontrará usted, si he sabido administrar, colaborando con el Espíritu Santo, este precioso capital humano y espiritual que me fue encomendado».

El nuncio ha tomado después la palabra para transmitir a los jienenses el cariño del Papa Francisco, así como la gratitud a Mons. Amadeo Rodríguez y la bienvenida al nuevo obispo. Mons. Auza ha solicitado al secretario canciller de la Diócesis que leyera la bula de nombramiento de Mons. Sebastián Chico como obispo de Jaén. Tras su lectura, Mons. Sebastián Chico se ha sentado en la cátedra y el nuncio le ha entregado el báculo, simbolizando así la sucesión apostólica y la continuidad pastoral. Las campanas de la catedral han repicado en ese momento, anunciando que Jaén tiene nuevo pastor, mientras representantes de las diferentes realidades de la Iglesia diocesana han saludado a su nuevo obispo.

Así ha continuado la celebración eucarística, presidida por Mons. Sebastián Chico, que en su homilía ha manifestado su alegría por el encargo que el Papa le ha hecho de pastorear la Diócesis de Jaén. «Me uno a vosotros como vuestro hermano en la fe, con el deseo de sentir el calor fraternal que brota de nuestro bautismo y nos hace ser comunidad, familia, Iglesia, ayudándoos a crecer en la fe y a vivir en el amor de Dios y del prójimo».

El nuevo obispo de Jaén ha tenido palabras de cariño y aliento para su antecesor, los sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos. A todos ha alentado y ha pedido su colaboración: «Os deseo conocer personalmente, escuchar vuestras inquietudes y atender las necesidades propias, de vuestra familia o de vuestra realidad eclesial, pero también os necesito para la tarea que Dios me encomienda y para que me ayudéis, desde vuestra cercanía y la frescura de vuestra sinceridad, a ser el pastor que Dios desea para vosotros».

Nuevamente, Mons. Sebastián Chico ha tenido palabras de cariño para el obispo de Cartagena a quien ha asegurado que ha sido para él «un padre, un hermano y un maestro».

Al finalizar la celebración, el obispo de Jaén ha recorrido el interior de la catedral bendiciendo a todos los presentes.

Homilía del obispo de Jaén

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