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Inmaculada Concepción de María

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Inmaculada Concepción de María

Inmaculada_Concepción_del_espejo1.1Purísima, Inmaculada, Concepción La festividad es celebrada con gran énfasis entre los católicos en la actualidad pero es una solemnidad oficialmente muy reciente. Los primeros indicios de su celebración aparecen en Oriente entre los siglos VII y VIII. Tarda en llegar al occidente europeo, hasta que encontramos la festividad en el calendario litúrgico de Roma en 1476. La Concepción Inmaculada de María fue finalmente solemnemente declarada como verdad de fe definida por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Veinticinco años después, el Papa León XIII elevó la fiesta a la máxima categoría litúrgica. La fecha elegida está en relación con el 8 de septiembre, la fiesta de la Natividad de la Virgen. Entre la Inmaculada Concepción y la Natividad se da, por tanto la misma dependencia que entre la Anunciación del Señor y la Navidad.

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“Pidamos el don de la generosidad como José y María”

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Los jóvenes de la Diócesis han protagonizado la Vigilia de la Inmaculada en la que ha estado presente la imagen de San José Artesano de Lucena

La Delegación de Juventud, la Pastoral Vocacional y la Vocalía de Juventud de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba han sido las encargadas de organizar la Vigilia Diocesana de la Inmaculada que ha tenido lugar este martes, 7 de diciembre, en la Santa Iglesia Catedral.

La jornada ha comenzado con una procesión desde la parroquia de San Francisco y San Eulogio hasta la Santa Iglesia Catedral con la imagen de la Virgen de los Ángeles, una Inmaculada del Seminario Menor, y San José Artesano de Lucena, que por primera vez ha estado en esta celebración con ocasión del Año Jubilar Josefino.

Un gran número de jóvenes se ha adentrado en el templo principal de la Diócesis acompañando a ambas imágenes para celebrar la Vigilia junto al obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, quien los ha recibido en el templo.

En la víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, los jóvenes han tenido la oportunidad de compartir una jornada de oración ante el Santísimo, en la que han ido leyendo distintos textos del Evangelio ante la presencia de Jesús Sacramentado y donde han manifestado que en este día tan especial “los padres de Jesús nos invitan a adentrarnos en el misterio de sus vidas; María y José nos quieren abrir de par en par las puertas de su corazón, nos quieren llevar esta noche ante su querido hijo”.

Por su parte, el Obispo se ha dirigido a los jóvenes para alentarles a acudir a María y a José como modelo de vida.

“En este Año Jubilar Josefino proclamado por el Papa Francisco recordamos que la Inmaculada y San José fueron elegidos por Dios para acoger el misterio de Cristo”, ha afirmado el prelado al tiempo que ha recordado el sí de ambos a la voluntad de Dios. “Lo más hondo del corazón del hombre se dice en silencio, como recibió José la petición que el Ángel le indicó”, ha expresado.

Dirigiéndose a los jóvenes novios que se preparan para el matrimonio y a los que ya han contraído matrimonio, les ha instado a abrirse a vivir según los planes de Dios y siguiendo su voluntad. “Cada uno es llamado a una vocación y es importante seguir los planes de Dios, por ello, pidamos también a Jesucristo que siga llamando a jóvenes para ser sacerdotes al servicio del pueblo de Dios, que les conceda esa entrega y disponibilidad, pidamos el don de la generosidad, esa actitud de José y María”, ha alentado el pastor de la Diócesis.

Seguidamente, ha dado testimonio el joven Abraham Luque, que mañana recibirá junto a cuatro compañeros más el grado del diaconado de manos del Obispo, en el templo principal de la Diócesis.








































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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes (7-12-21)

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes (7-12-21)

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses. Procesión Extraordinaria de la Virgen de los Reyes.

Catedral de Sevilla, 7 de diciembre de 2021

 

En este día extraordinario nuestro pensamiento se traslada al 15 de agosto del año 1946, cuando el Santo Padre Pío XII declaró a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, principal Patrona ante Dios de la ciudad y archidiócesis de Sevilla. Posteriormente, el cardenal Segura dio a conocer esta proclamación el 24 de noviembre del mismo año en la homilía de la solemne Misa de pontifical que se celebró. Esta tarde, con nuestra procesión extraordinaria hemos realizado un gesto de fe, de devoción y amor, para reafirmar nuestro compromiso de fidelidad con respecto a María, que en todas las circunstancias de la vida nos acompaña con su ayuda y su protección materna. También conmemoramos el 350 aniversario de la canonización de san Fernando, el rey que en 1248 entró en la ciudad con esta imagen.

Han transcurrido 75 años, y son numerosos los acontecimientos que han marcado la historia de nuestra ciudad y de nuestra archidiócesis. A lo largo de estos años María Santísima de los Reyes ha sostenido a los pastores en su vida y ministerio al servicio del Señor y de los hermanos, de la misma manera que al pueblo fiel en la fe recibida de sus padres. En este tiempo, pastores y fieles han sido protagonistas de grandes transformaciones que han tenido lugar en la Iglesia y en la sociedad, especialmente en la aplicación del Concilio Vaticano II y en el período de la transición política; también han aportado su colaboración en todos los ámbitos del desarrollo de nuestra ciudad y provincia.

Con la ayuda de Nuestra Señora de los Reyes se han superado multitud de dificultades y problemas. Ella siempre ha propiciado la concordia y la comunión eclesial, una visión positiva de la Iglesia y del mundo, de toda la familia humana, con el conjunto de realidades en las que ésta vive, con sus afanes, con sus logros y también con sus fracasos; una mirada también esperanzada de las personas, desde el misterio de Cristo, que con su encarnación se ha unido con cada hombre y cada mujer, de todo lugar y de todo tiempo. En las situaciones complejas siempre nos ayudó a dialogar, a salir al encuentro del otro, para construir la paz y facilitar la convivencia.

Hoy contemplamos de nuevo a María Santísima en su aceptación sin reservas de la voluntad divina, en su consagración a la persona y a la obra de su Hijo con todas sus energías, con todas las consecuencias; contemplamos su caminar firme y doloroso hasta el Calvario, siempre unida a su Hijo, que en la cruz le encomienda una nueva misión, y nos la entrega como Madre. Ella, en Pentecostés, junto con los Apóstoles, en oración, imploró el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, y hoy nos ayuda a perseverar en el seguimiento de Cristo. En la hora presente, a ella dirigimos nuestra mirada con confianza, porque es fuente de esperanza segura y de consuelo, mientras dure nuestro peregrinar terreno.

Hoy renovamos el firme propósito y el deseo de que reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad, en nuestra archidiócesis. Le pedimos que nos enseñe a responder con generosidad a la llamada de Dios también nosotros, siguiendo su ejemplo; le pedimos valentía para no ceder ante los engaños del poder, del dinero y del placer, de la corrupción y la hipocresía, del egoísmo y la violencia; le pedimos que nos ayude a responder a Cristo con un sí decidido, firme, comprometido. Somos conscientes de nuestra pobreza y pequeñez, y de que nuestra vida necesita de conversión en no pocos aspectos; somos conscientes de que sólo con un corazón humilde y solidario podremos construir un futuro mejor para todos. Como peregrinos de la vida y de la historia, sentimos el peso de las dificultades del camino, pero seguimos adelante confiando en nuestra Madre. Acudimos una vez más a su Corazón inmaculado para reavivar nuestra fe, seguros de que encontraremos consuelo, alegría y esperanza.

Ayúdanos, Madre, a vivir como hijos tuyos, como hermanos, formando una familia. Familia que se reúne en torno a ti, que compartiste las fatigas diarias de toda mujer, de toda madre de familia. Ayuda a los habitantes de esta ciudad, de toda la archidiócesis, de esta tierra tuya, para que el espíritu evangélico sea la guía de nuestro comportamiento; para que las raíces cristianas de nuestro pueblo sigan dando abundantes frutos de fe, esperanza y amor, para que sigan construyendo su presente y su futuro; ayuda a nuestro mundo, para que respetando la dignidad humana y rechazando toda forma de violencia y de explotación, se edifique sobre cimientos sólidos y construya la civilización del amor.

Muestra tu amor de Madre especialmente a los más necesitados, a los indefensos, a los marginados, a los descartados de la vida, a los más afectados por la pandemia de COVID-19. Ayúdanos a vivir en actitud de servicio con los más pobres: los enfermos, los ancianos que están solos; los niños y jóvenes desfavorecidos, los que sufren en medio de situaciones familiares desestructuradas; los inmigrantes con problemas de integración; las personas que no encuentran trabajo o que lo han perdido para siempre. Enséñanos, Madre, a ser solidarios con quienes pasan por dificultades, a luchar contra las desigualdades sociales, a trabajar con decisión por el bien común, a construir una sociedad más justa y fraterna.

Queridos hermanos: Dirijamos nuestra mirada a la Madre, y guardemos en el corazón todas sus enseñanzas. Ella nos invita a seguir la palabra de Jesús, como a los sirvientes en la boda de Caná de Galilea, a “hacer lo que Él nos diga”. Ella nos da la fuerza para no caer en el desánimo cuando la oscuridad y el sufrimiento llaman a la puerta de nuestra casa, y para afrontar el futuro con confianza. Como un hijo fija los ojos en el rostro de su madre y olvida todo miedo y dolor, así nosotros, volviendo la mirada a María, reconocemos en ella el reflejo inmaculado de la luz de Dios, y encontramos nueva esperanza a pesar de los problemas y las tragedias del mundo. A la Madre confiamos las preocupaciones, seguros de encontrar en ella fortaleza para seguir adelante.

En este día de fiesta, en la Víspera de la Inmaculada Concepción, damos gracias al Señor por el don de nuestra Madre, y queremos seguir caminando cada día de su mano y bajo su protección; damos gracias a María Santísima, que nos enseña a creer, a esperar y a amar como ella, y nos muestra el camino que conduce a Jesús. Quiero dar gracias también a don Juan José, hermano en el episcopado, al Cabildo Catedral, a la Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando, a la Real Maestranza de Caballería, a las Hermandades y Cofradías, a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas presentes, a los sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, a los fieles venidos de todos los rincones de la Archidiócesis. Que Nuestra Señora de los Reyes nos congregue como familia diocesana unida en la fe y el amor, y nos ayude a caminar siempre en esperanza. Así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mons. Saiz Meneses: “Hoy renovamos el firme propósito de que la Virgen de los Reyes reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad”

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Monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, presidió la procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes, la tarde de este martes 7 de diciembre, víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, acompañado del arzobispo emérito, monseñor Juan José Asenjo y del vicario general y deán del Cabildo Catedralicio, Teodoro León. 

La Patrona de Sevilla salió por la Puerta de San Miguel hacia la avenida de la Constitución, hacia las cinco de la tarde. pasando por el andén del Ayuntamiento, seguidamente, el cortejo prosiguió su paso hacia Granada, plaza de San Francisco y  Hernando Colón, donde la Archidiócesis ofreció una ofrenda floral, por el 350 aniversario de la canonización del Rey San Fernando.

La procesión siguió su paso por la calle Alemanes, cardenal Amigo Vallejo hasta llegar a la plaza Virgen de los Reyes, para entrar nuevamente a la Seo hispalense por Puerta de Palos, sobre las siete y media de la tarde.

75º aniversario de su patronazgo sobre Sevilla 

La imagen de Nuestra Señora de los Reyes lució el manto celeste de la coronación, una pieza realizada con bordados de plata sobre tisú en tonalidad azul celeste en los talleres de Olmo, bajo el dibujo de Herminia Álvarez Udell. Se trata de una donación realizada por la Condesa de Casa-Galindo, que fue estrenado en el triduo preparatorio de la Coronación Canónica que tuvo lugar el 4 de diciembre del año 1904.

Desde entonces han transcurrido 75 años, y son numerosos los acontecimientos que han marcado la historia de Sevilla y, en consecuencia, de la Archidiócesis.

“A lo largo de estos años María Santísima de los Reyes ha sostenido a los pastores en su vida y ministerio al servicio del Señor y de los hermanos, de la misma manera que al pueblo fiel en la fe recibida de sus padres”.  Así lo expresó mons. Saiz durante su alocución al término de la procesión mariana.  Recalcó que con la ayuda  de Nuestra Señora de los Reyes “se han superado multitud de dificultades y problemas”.

El arzobispo hispalense manifestó que “Ella siempre ha propiciado la concordia y la comunión eclesial, una visión positiva de la Iglesia y del mundo, de toda la familia humana, con el conjunto de realidades en las que ésta vive, con sus afanes, con sus logros y también con sus fracasos; una mirada también esperanzada de las personas, desde el misterio de Cristo, que con su Encarnación se ha unido con cada hombre y cada mujer, de todo lugar y de todo tiempo. En las situaciones complejas siempre nos ayudó a dialogar, a salir al encuentro del otro, para construir la paz y facilitar la convivencia”.

Aceptación sin reservas 

Durante su intervención, don José Ángel exhortó al pueblo de Dios a dirigir la mirada a la Madre y “guardemos en el corazón todas sus enseñanzas”. Hoy – prosiguió en su homilía – contemplamos de nuevo a María Santísima en su aceptación sin reservas de la voluntad divina, en su consagración a la persona y a la obra de su Hijo con todas sus energías, con todas las consecuencias; contemplamos su caminar firme y doloroso hasta el Calvario, siempre unida a su Hijo, que en la cruz le encomienda una nueva misión, y nos la entrega como Madre.

Ha sido María, quien “en Pentecostés, junto con los Apóstoles, en oración, imploró el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, y hoy nos ayuda a perseverar en el seguimiento de Cristo”. Por tanto, “en la hora presente, a ella dirigimos nuestra mirada con confianza, porque es fuente de esperanza segura y de consuelo, mientras dure nuestro peregrinar terreno”, expresó.

Por ese motivo, “hoy renovamos el firme propósito y el deseo de que reine en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra ciudad, en nuestra Archidiócesis”. El arzobispo de Sevilla imploró a la Virgen de los Reyes “que nos enseñe a responder con generosidad a la llamada de Dios también nosotros, siguiendo su ejemplo”.

También, “valentía para no ceder ante los engaños del poder, del dinero y del placer, de la corrupción y la hipocresía, del egoísmo y la violencia; le pedimos que nos ayude a responder a Cristo con un sí decidido, firme, comprometido”.

Estandartes patronales

Si hace 75 años la Virgen no salió a las calles de aquella Sevilla en blanco y negro precisamente sola, en esta ocasión el Cabildo ha invitado a todas las hermandades de las patronas de los pueblos de la Archidiócesis a compartir una jornada histórica. La representación de cada corporación ha sido de tres personas. Así, lo estandartes patronales se sumaron la víspera de la Inmaculada a los hermanos de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando y a los miembros del Cabildo Catedral.

“Somos conscientes de nuestra pobreza y pequeñez, y de que nuestra vida necesita de conversión en no pocos aspectos; somos conscientes de que sólo con un corazón humilde y solidario podremos construir un futuro mejor para todos”, subrayó mons. Saiz Meneses.

Peticiones concretas por las más indefensos  

Ante la presencia de la Patrona de Sevilla, el arzobispo de Sevilla pidió especialmente a la Virgen María que mostrara su amor “a los más necesitados, a los indefensos, a los marginados, a los descartados de la vida, a los más afectados por la pandemia de COVID-19”, a fin de poder “vivir en actitud de servicio con los más pobres: los enfermos, los ancianos que están solos; los niños y jóvenes desfavorecidos, los que sufren en medio de situaciones familiares desestructuradas; los inmigrantes con problemas de integración; las personas que no encuentran trabajo o que lo han perdido para siempre”.

Creer, esperar y amar con ella

Monseñor Saiz Meneses, en este día de fiesta, en la Víspera de la Inmaculada Concepción, dio gracias al Señor por el don de la Virgen, a María Santísima, que enseña a todos los católicos a creer, a esperar y a amar como ella.

Especiales gracias también a monseñor Juan José, arzobispo emérito de Sevilla, “hermano en el episcopado”,  al Cabildo Catedral, a la Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando, a la Real Maestranza de Caballería, a las Hermandades y Cofradías, a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas presentes, a los sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, a los fieles venidos de todos los rincones de la Archidiócesis, “para que nuestra Señora de los Reyes nos congregue como familia diocesana unida en la fe y el amor, y nos ayude a caminar siempre en esperanza”.

Fotografía: Miguel Ángel Osuna 

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El Obispo conoce de cerca el proceso de elaboración del oro líquido

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Desde que llegara a la Diócesis como Obispo del Santo Reino, en plena campaña de recogida de la aceituna, no han sido pocas las ocasiones a las que Don Sebastián Chico Martínez le han dado la bienvenida regalándole una botella de aceite de oliva virgen extra (AOVE), que él ha recibido con entusiasmo y agradecimiento.

En la tierra del olivar, el Prelado jiennense ha querido conocer de primera mano el proceso de elaboración del aceite, desde el árbol a la mesa y por este motivo hoy ha visitado la almazara La Loma y Castillo de Canena del Grupo Castillo de Canena.

Allí ha sido recibido por el equipo directivo y técnico de la empresa quienes le han explicado, de forma pormenorizada, cómo es el proceso de extracción del oro líquido desde que llega hasta las tolvas hasta que es embotellado para su venta.

Don Sebastián ha podido observar el proceso continuo que se lleva a cabo en la almazara y que consta en esencia de unas operaciones previas de limpieza de la aceituna que se realizan en el patio de la almazara, junto al olivar y en las que se eliminan las hojas y tallos que acompañan al fruto. A continuación, la aceituna se transporta en cajas y en transporte refrigerado y se moltura de manera inmediata en molinos de martillos a bajas revoluciones. La pasta obtenida pasa a una batidora donde se somete, durante un tiempo aproximado de 50 minutos y a baja temperatura controlada a un batido, que facilita la coalescencia del aceite y preservación de aromas.

El Obispo, ingeniero industrial de profesión, ha disfrutado con las explicaciones técnicas sobre el proceso, en las que ha apreciado las máquinas que sustituyen el proceso manual que durante siglos ha servido para extraer el aceite de su fruto. También ha tenido oportunidad de probar el aceite recién elaborado.

En la almazara La Loma, le han explicado que el objetivo final es hacer llegara al mercado los mejores AOVES monovarietales: picuales verdes e intensos, arbequinos frutales y delicados y royal exclusivo y el más armonioso, en los que ponen para su elaboración corazón y tecnología punta en partes iguales.

Antes de finalizar la visita y agradecer el trato y la atención mostrada por todo el equipo, Don Sebastián ha podido participar en una cata donde ha podido degustar los distintos tipos de aceites y sus características organolépticas.

En pocos días visitará también una cooperativa para seguir profundizando en el gran tesoro del campo jiennense, los olivos y su oro líquido.

 

Galería fotográfica: «Visita a la almazara La Loma y Castillo de Canena»

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Primera visita de Mons. Lorca a Roma como presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales

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El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, en calidad de presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Española (CEE), visita estos días Roma, acompañado por el director del secretariado de esta comisión y director de la Oficina de Información de la CEE, José Gabriel Vera.

En el día de ayer, Mons. Lorca visitó la secretaría del Sínodo, reuniéndose con el subsecretario Mons. Luis Marín de San Martín, y la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, donde compartió un tiempo con los alumnos de último curso. Hoy ha visitado el Dicasterio para la Comunicación y las instalaciones de la agencia de noticias Rome Reports, compartiendo el almuerzo con el consejero delegado y el director de esta agencia, Antonio Olivié y Javier Martínez-Brocal, y también con la corresponsal de Cope en el Vaticano, Eva Fernández.

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Monseñor Chico saluda a las Mercedarias del Santísimo Sacramento con motivo de su asamblea regional

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El 6 de diciembre, día feriado en el que se conmemora la Constitución española, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez se encontró en el Seminario con las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento,  congregación que en la Diócesis llevan a  cabo su labor en el Seminario y la Casa de la Yedra y que se han reunido en el Jaén, con motivo de la X Asamblea Regional.

Don Sebastián agradeció el que se le haya invitado y manifestó un gran aprecio por la vida consagrada, por su conocimiento, experiencia y trabajo conjunto con CONFER. EN este sentido, el Obispo de Jaén expresó que le “encanta estar con la Vida Consagrada” y apunta que “Dios es  fiel”.

En su encuentro, el Prelado jiennense tuvo la oportunidad de comentarles sus primeros días al frente del Gobierno de la Diócesis, unas jornadas en las que está visitando los Arciprestazgos y está encontrando una Iglesia dinámica y muy viva.

Del mismo modo, invitó a las hermanas a  no tener miedo de proponer la vocación a otros jóvenes.  A no perder la esencialidad de la vida consagrada. A ver cómo están avanzando  juntas en esta  Iglesia en camino Sinodal. A discernir: “¿Qué os está pidiendo Dios en los distintos lugares en los que está presente la Provincia?”

En este sentido, Monseñor Chico Martínez les recuerda “que han  de vivir su vocación sin reservarse nada, pues todo le pertenece al Señor”. A la vez que apunta  que es fundamental “la formación de las hermanas y la apertura, para responder a los distintos retos que se les presentan”.

Don Sebastián, que fue agasajado con un detalle, se mostró muy cercano con las hermanas y ha agradecido la presencia de la Congregación en la Diócesis de Jaén.

Comunidad de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento

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El Seminario acompaña a nuestro Obispo Don Sebastián en su toma de posesión

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La comunidad del Seminario ha vivido uno de sus días más importantes, pues el pasado sábado 27 de noviembre, nuestro Obispo D. Sebastián ha tomado posesión en una Eucaristía que ha tenido lugar en la Catedral de Jaén.

Con una gran afluencia de público, el acto comenzaba a las puertas del Palacio Episcopal, con motivo del recibimiento de nuestro nuevo Obispo, para dirigirse a la Catedral. La Eucaristía comenzaba con la presentación por parte del Nuncio Apostólico, Monseñor Bernardito Auza, para seguir con unas palabras de nuestro Obispo emérito D. Amadeo, a través de las cuales hizo un balance de su episcopado.

Tras la presentación y la lectura de las Letras Apostólicas, Monseñor Auza invitó a D. Sebastián a sentirse en la cátedra y le hizo entrega del báculo, momento tras el cual una representación de la Diócesis se acercó a la Cátedra, para después proceder a la continuación de la Eucaristía. En la homilía, nuestro nuevo Obispo manifestó a todos los fieles su intención de unirse a nosotros para seguir trabajando por el Reino de Dios.

Terminada la celebración, y siguiendo las recomendaciones por la pandemia de COVID-19, D. Sebastián recorrió las naves de la Catedral saludando y bendiciendo a los fieles presentes.

Una vez regresamos al Seminario, tuvimos un fraternal y agradable ágape compartido con la comunidad del Seminario de Cartagena que había venido a acompañar a nuestro Obispo, ya que D. Sebastián procede de dicha Diócesis; un momento de gran riqueza, pues pudimos compartir muchas experiencias y vivencias con todos los seminaristas. D. Sebastián, acompañado de nuestros formadores, nos hizo una visita y nos dirigió unas afectuosas palabras de alegría, ánimo y valentía, reiterándonos su interés por seguir trabajando juntos por el Reino.
Terminamos este bello día con una pequeña convivencia con los jóvenes de la Delegación de Juventud y Vocaciones, quienes también se habían dado cita para recibir a nuestro nuevo Obispo.

D. Sebastián, desde el Seminario estamos deseosos de continuar trabajando para configurarnos con Cristo Pastor, y alcanzar así ese sueño misionero de llegar a todos. Pedimos por usted.


Comunidad del Seminario

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Segundo encuentro sinodal en la parroquia de Santa María de Torredonjimeno

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En la tarde del pasado sábado, 27 de noviembre, desafiando las inclemencias del tiempo y estimulados por las buenas sensaciones experimentadas en el primero, nuestra parroquia celebró el segundo encuentro sinodal.

Siguiendo el esquema propuesto y tras unos intensos momentos de oración y reflexión, la presentación del tema nos puso en sintonía con el lema de esta segunda reunión: “Los sueños se construyen juntos”. En este sentido, el diálogo y debate propiciados en las reuniones grupales nos permitieron profundizar, sobre el sentido de la sinodalidad en la Iglesia desde una perspectiva temporal: mirando hacia el pasado, analizamos nuestro presente y proyectar nuestros sueños y retos hacia el futuro, sin dejar a un lado el convencimiento de que es el Espíritu el que por encima de nosotros guía siempre nuestro caminar como pueblo de Dios en marcha.

Al concluir, la impresión generalizada fue muy satisfactoria, con la esperanza segura de que estos encuentros serán cada vez más fructíferos en nuestro desarrollo como comunidad parroquial.

Parroquia de Santa María de Torredonjimeno

 

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“Inmaculada Concepción, comienzo verdadero de la humanidad nueva”

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Alocución en la vigilia de la Inmaculada, celebrada en la S.I. Catedral el 7 de diciembre de 2021, con la participación de la Pastoral juvenil diocesana.

Muy queridos hermanos:

Estamos muy acostumbrados a pensar que la religión y también la nuestra, el cristianismo, es una serie de actos, de cosas que nosotros hacemos por Dios. A veces, nuestra manera de hablar de la religión y de la fe pone muy de manifiesto eso: que nosotros tenemos que hacer determinadas cosas por Dios. Como que la religión empieza en nosotros y termina en nosotros, y las hacemos porque pensamos que así Dios nos tratará mejor, tendrá más misericordia de nosotros, nos librará de los peligros de este mundo o nos librará de la muerte eterna.

Dejadme deciros que esa es la religión de los paganos. Que esa ha sido siempre la religión de los paganos, de quienes no conocen a Dios. El cristianismo es el Anuncio, la Buena Noticia, de algo que Dios ha hecho por nosotros. Y ese algo es unirse a nuestra historia. Hacer un trabajo educativo de casi 2000 años para prepararse un pueblo que pudiese comprender algo del amor infinito de Dios y, al final, encarnarse en el seno de una mujer para compartir nuestro destino, nuestra vida, y poder decirnos, en un lenguaje humano, el amor inmenso, el amor de infinito que Dios tiene a todos los hombres.

Toda la enseñanza de Jesús se condensa en esos brazos abiertos sobre la cruz el día de Viernes Santo, cuando entrega Su espíritu, es decir, entrega Su vida, y pone Su espíritu a disposición nuestra y, triunfador de la muerte, nos deja sembradas Su vida divina en nuestra humanidad. Dios nos quiere. Nos quiere a cada uno. Yo quisiera gritároslo: Dios nos quiere. Ese es el mensaje del que la Iglesia es portadora para todos los hombres y mujeres del mundo. ¡Dios te quiere!

Cristo ha venido por ti. Y cuando, como hoy, el Señor nos invita -retomando el mensaje de la última Jornada Mundial de la Juventud- a levantarnos y a dar testimonio, el testimonio que tenemos que dar no es captar discípulos, captar jóvenes para que den catequesis en las parroquias. El testimonio que tenemos que dar es la novedad de nuestra vida; la alegría de nuestra vida, en un mundo donde la alegría se convierte en un bien más escaso que el oro. Encontrar personas normales que sufren, además, las mismas cosas que todos, que viven, enferman, que se enamoran, que envejecen, que mueren, que crían unos hijos, que aman… y que viven todo eso sabiendo que no están solos. Con la compañía cierta del Señor. Esa vida nueva es la que la gente ve y, aunque sean gestos muy pequeños, a la gente le sorprende que podamos ser un pueblo unido, que podamos sentirnos sin conoceros. Yo no conozco a muchos de vosotros, aunque muchas caras ya me son muy familiares, pero no sé vuestros nombres. Sin embargo, no me cuesta nada sentirme vuestra familia, parte de vuestra familia y a vosotros mi familia.

Todavía me acuerdo yo, en el año 92 o 93, que Juan Pablo II vino a beatificar en la Plaza de Colón a cuatro santos en la Plaza de Colón, y luego había ido a celebrar en Sevilla el Corpus y ordenó a unos cuantos sacerdotes, y fue al Rocío. Yo le oí decir a un comentarista de una radio ”aquí hay gente que lleva desde las seis de la mañana”, y la Eucaristía era a las cinco de la tarde, en el mes de junio ¿Os imagináis el calor que puede hacer en Madrid y allí no había nada más? Decía: “No se conocen, pero todos se tratan como si fueran familia, reparten lo que tienen, se traen agua. Esto no hay quien lo entienda. Están muertos de calor, pero no se mueve nadie”. Y yo decía para mis adentros: “Es que tú no sabes el gozo de sentirse de la familia de la Iglesia”. La familia del Señor, que nos comunica Su vida divina, y muy torpemente, porque somos seres humanos muy torpes, pero llevamos la vida de Dios en nosotros y sabemos que nuestro destino no es el tanatorio, ni es la soledad del cementerio, ni es el olvido. Nuestro destino es la vida eterna. Nuestro destino eres Tú, Señor, que no nos vas a abandonar jamás.

Eso nos permite vivir con alegría, peregrinar con alegría. Vivir sin temor. Sin más temor que el de perderte a Ti. Que sólo Te podríamos perder, no porque Tú dejes de querernos -que nunca vas a dejar de querernos-, sino porque nosotros no cuidemos, no sepamos o nos olvidemos de disfrutar del amor que Tú nos tienes. Eso es ser cristiano. No hacer unas cosas u otras. Disfrutar y que se note en nuestra cara que somos hombres y mujeres felices, porque hemos conocido el amor de Dios.

Celebramos la vigilia, el comienzo de la fiesta de la Inmaculada. En este sentido, de lo que os vengo diciendo, dejadme compartir una experiencia que para mí es un poco nueva. Se la debo a este tiempo de pandemia donde, consolando, ayudando a algunas personas, caí en la cuenta de ello. Para mí, la primera parte del Avemaría -cuando decimos “Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”- siempre me parecía como una colección de piropos a la Virgen y me parecía muy bien. Si alguien merece no mil, sino millones y millones de piropos es la Madre de Dios y Madre nuestra. Pero, al mismo tiempo, siempre me parecía que la oración que más veces decimos los cristianos tuviera sólo que ver con esos piropos a la Virgen, me parecía como que algo no me cuadraba. Creo que el Señor me permitió comprender que, puesto que la Virgen además es como la primicia de la humanidad redimida, y eso es lo que celebramos en la fiesta de la Inmaculada, la obra más acabada de la Gracia, para que pudiéramos nosotros ver en ella cuál es nuestro destino, cuál es el sentido de nuestra vida, qué es lo que nos aguarda y qué es lo que aguardamos. Pues, lo que el Ángel le dijo a la Virgen nos lo dice a cada uno de nosotros cuando rezamos el Avemaría. Y el “Dios te salve, María” es el equivalente de “no temas, porque has encontrado Gracia delante de Dios”.

Lo primero que Dios le dice a un ser humano es “no temas”. Y el “llena eres de gracia”, no se puede aplicar, sin más, a nosotros, pero hay una aplicación muy inmediata que sí que vale para nosotros y que se la había dicho a San Pablo: “Te basta Mi Gracia”. Tú que crees que no puedes vivir si no tienes esto, o si no se dan estas circunstancias, o si tu familia no cambia y tus circunstancias fuesen diferentes…: “No temas, te basta Mi Gracia”.

“El Señor está contigo” sí que nos lo podemos aplicar tal cual. El Señor está conmigo. Puedo estar hecho polvo, puedo estar destrozado, puedo estar hasta deprimido si queréis. Las circunstancias pueden ser muy difíciles, pero el Señor está conmigo. El Señor está a mi derecha, como fuerte baluarte.

“Bendita tú eres entre todas las mujeres”. Pues, claro que somos benditos. Somos privilegiados. Somos los seres más privilegiados de la historia y del mundo por haber conocido a Jesucristo. Por haber conocido que Dios es Amor, que el secreto de la vida es participar de ese amor de Dios lo más posible y sembrarlo en este mundo lo más posible. Eso hace la vida humana grande, bella, feliz, digna de ser vivida. Claro que somos benditos.

San Pablo dirá también: “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios”. En la medida en que somos de Cristo, todo es nuestro. Somos los seres más ricos del mundo, porque Te tenemos a Ti, Señor. Benditos, benditos entre los hombres. ¿Cuántas personas, cuántos millones de personas viven y mueren sin esperanza? No hablo sólo de la pobreza material o de la miseria material. Hablo de otras muchas miserias. De la miseria de un “ciudadano Kane”, que lo tuvo todo, menos el sentido de su vida. Menos su infancia, que la había perdido; menos una compañía digna de ese nombre. Benditos, somos benditos. Esta es la heredad que ha bendecido el Señor. Sois vosotros. Es el pueblo cristiano. Es ese tesoro, esa maravilla, esa especie de milagro en medio de una historia llena de pasiones y de odios y de violencia. Es el pueblo cristiano, que sois vosotros.

“Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”. Porque esa vida, con la conciencia de que el Señor nos acompaña, de que hemos sido elegidos por el Señor para ser semilla Suya y de Su amor en el mundo, es siempre fecunda. La desesperanza es estéril. La tristeza es estéril. Pero la alegría profunda de la fe, de la esperanza y del amor nunca es estéril, y el fruto es que Jesucristo sea conocido y amado. El fruto de nuestras vidas. La Iglesia es Madre y la Iglesia es nuestra comunión!. Y esa Madre da a luz a Jesucristo, a un mundo que lo necesita, aunque no lo sepa. Que lo busca, aunque se crea que lo odia, aunque se crea que lo conoce y que no sirve para nada. Lo busca ansiosamente cuando busca ser feliz y busca la felicidad donde no está.

Mis queridos hermanos, cuando recéis el Avemaría haced vuestras estas primeras palabras del Avemaría, porque si el Ángel se lo dijo a la Virgen, también nos las dice a nosotros, a la medida de nuestra vocación, de cada uno, de nuestro estado de vida, de cada uno, de nuestra misión en este mundo. Y la advocación cuya imagen veneramos hoy es la de la Divina Pastora. Nosotros caminamos por la Historia. El Señor tenía compasión de aquellos que estaban con Él, porque decía ”están como ovejas sin pastor”. Bueno, pues, nosotros no estamos como ovejas sin pastor. Tenemos como pastor al Señor, que nos ama, que va detrás de la oveja perdida.

Nos lo recordaba una lectura de estos días: “Y deja las 99 en los montes, para irse detrás de aquella que se había perdido”. Señor, eres tremendo. ¿Cuánto vale esa sola oveja? ¿Cuánto vales, esa, justo esa que se ha perdido? Pero no estamos solos, porque Tú nos acompañas por el camino de la Historia y nos acompaña Tu Madre, la Divina Pastora, que viene con nosotros, que intercede por nosotros, que nos muestra el camino. Parte del oficio de pastor es llevar por un camino seguro al rebaño, de forma que ninguno se despeñe o se descarríe. Tú, Señora, nos llevas seguros hasta Tu Hijo, a lo largo de nuestra vida, a lo largo de la historia, y hasta la vida eterna, donde el Señor será todo en todos; donde nosotros gozaremos juntos en una alegría y en un amor sin fisuras, sin dobleces, sin chantajes y sin tonterías. En un amor limpio, transparente, lleno de la belleza de tu Gloria.

Condúcenos hasta allí, Señor, en este día que celebramos la Inmaculada Concepción, comienzo verdadero de la humanidad nueva.

Nosotros queremos formar parte de esa humanidad que va conTigo, como hemos ido contigo por las calles. Que va conTigo por la vida, conscientes de que Tú vas con nosotros y de que, entonces, no nos tenemos que preocupar mucho, porque Tú y Tu Hijo, no vais a dejar ninguno que nos perdamos.

Que así sea y que podamos dar gracias todos los días de nuestra vida por tenerte a Ti, por tener a Tu Hijo, por saber que el Señor es fiel y que Tu fidelidad es eterna.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de diciembre de 2021
S.I Catedral de Granada

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