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“Inmaculada Concepción, comienzo verdadero de la humanidad nueva”

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Alocución en la vigilia de la Inmaculada, celebrada en la S.I. Catedral el 7 de diciembre de 2021, con la participación de la Pastoral juvenil diocesana.

Muy queridos hermanos:

Estamos muy acostumbrados a pensar que la religión y también la nuestra, el cristianismo, es una serie de actos, de cosas que nosotros hacemos por Dios. A veces, nuestra manera de hablar de la religión y de la fe pone muy de manifiesto eso: que nosotros tenemos que hacer determinadas cosas por Dios. Como que la religión empieza en nosotros y termina en nosotros, y las hacemos porque pensamos que así Dios nos tratará mejor, tendrá más misericordia de nosotros, nos librará de los peligros de este mundo o nos librará de la muerte eterna.

Dejadme deciros que esa es la religión de los paganos. Que esa ha sido siempre la religión de los paganos, de quienes no conocen a Dios. El cristianismo es el Anuncio, la Buena Noticia, de algo que Dios ha hecho por nosotros. Y ese algo es unirse a nuestra historia. Hacer un trabajo educativo de casi 2000 años para prepararse un pueblo que pudiese comprender algo del amor infinito de Dios y, al final, encarnarse en el seno de una mujer para compartir nuestro destino, nuestra vida, y poder decirnos, en un lenguaje humano, el amor inmenso, el amor de infinito que Dios tiene a todos los hombres.

Toda la enseñanza de Jesús se condensa en esos brazos abiertos sobre la cruz el día de Viernes Santo, cuando entrega Su espíritu, es decir, entrega Su vida, y pone Su espíritu a disposición nuestra y, triunfador de la muerte, nos deja sembradas Su vida divina en nuestra humanidad. Dios nos quiere. Nos quiere a cada uno. Yo quisiera gritároslo: Dios nos quiere. Ese es el mensaje del que la Iglesia es portadora para todos los hombres y mujeres del mundo. ¡Dios te quiere!

Cristo ha venido por ti. Y cuando, como hoy, el Señor nos invita -retomando el mensaje de la última Jornada Mundial de la Juventud- a levantarnos y a dar testimonio, el testimonio que tenemos que dar no es captar discípulos, captar jóvenes para que den catequesis en las parroquias. El testimonio que tenemos que dar es la novedad de nuestra vida; la alegría de nuestra vida, en un mundo donde la alegría se convierte en un bien más escaso que el oro. Encontrar personas normales que sufren, además, las mismas cosas que todos, que viven, enferman, que se enamoran, que envejecen, que mueren, que crían unos hijos, que aman… y que viven todo eso sabiendo que no están solos. Con la compañía cierta del Señor. Esa vida nueva es la que la gente ve y, aunque sean gestos muy pequeños, a la gente le sorprende que podamos ser un pueblo unido, que podamos sentirnos sin conoceros. Yo no conozco a muchos de vosotros, aunque muchas caras ya me son muy familiares, pero no sé vuestros nombres. Sin embargo, no me cuesta nada sentirme vuestra familia, parte de vuestra familia y a vosotros mi familia.

Todavía me acuerdo yo, en el año 92 o 93, que Juan Pablo II vino a beatificar en la Plaza de Colón a cuatro santos en la Plaza de Colón, y luego había ido a celebrar en Sevilla el Corpus y ordenó a unos cuantos sacerdotes, y fue al Rocío. Yo le oí decir a un comentarista de una radio ”aquí hay gente que lleva desde las seis de la mañana”, y la Eucaristía era a las cinco de la tarde, en el mes de junio ¿Os imagináis el calor que puede hacer en Madrid y allí no había nada más? Decía: “No se conocen, pero todos se tratan como si fueran familia, reparten lo que tienen, se traen agua. Esto no hay quien lo entienda. Están muertos de calor, pero no se mueve nadie”. Y yo decía para mis adentros: “Es que tú no sabes el gozo de sentirse de la familia de la Iglesia”. La familia del Señor, que nos comunica Su vida divina, y muy torpemente, porque somos seres humanos muy torpes, pero llevamos la vida de Dios en nosotros y sabemos que nuestro destino no es el tanatorio, ni es la soledad del cementerio, ni es el olvido. Nuestro destino es la vida eterna. Nuestro destino eres Tú, Señor, que no nos vas a abandonar jamás.

Eso nos permite vivir con alegría, peregrinar con alegría. Vivir sin temor. Sin más temor que el de perderte a Ti. Que sólo Te podríamos perder, no porque Tú dejes de querernos -que nunca vas a dejar de querernos-, sino porque nosotros no cuidemos, no sepamos o nos olvidemos de disfrutar del amor que Tú nos tienes. Eso es ser cristiano. No hacer unas cosas u otras. Disfrutar y que se note en nuestra cara que somos hombres y mujeres felices, porque hemos conocido el amor de Dios.

Celebramos la vigilia, el comienzo de la fiesta de la Inmaculada. En este sentido, de lo que os vengo diciendo, dejadme compartir una experiencia que para mí es un poco nueva. Se la debo a este tiempo de pandemia donde, consolando, ayudando a algunas personas, caí en la cuenta de ello. Para mí, la primera parte del Avemaría -cuando decimos “Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”- siempre me parecía como una colección de piropos a la Virgen y me parecía muy bien. Si alguien merece no mil, sino millones y millones de piropos es la Madre de Dios y Madre nuestra. Pero, al mismo tiempo, siempre me parecía que la oración que más veces decimos los cristianos tuviera sólo que ver con esos piropos a la Virgen, me parecía como que algo no me cuadraba. Creo que el Señor me permitió comprender que, puesto que la Virgen además es como la primicia de la humanidad redimida, y eso es lo que celebramos en la fiesta de la Inmaculada, la obra más acabada de la Gracia, para que pudiéramos nosotros ver en ella cuál es nuestro destino, cuál es el sentido de nuestra vida, qué es lo que nos aguarda y qué es lo que aguardamos. Pues, lo que el Ángel le dijo a la Virgen nos lo dice a cada uno de nosotros cuando rezamos el Avemaría. Y el “Dios te salve, María” es el equivalente de “no temas, porque has encontrado Gracia delante de Dios”.

Lo primero que Dios le dice a un ser humano es “no temas”. Y el “llena eres de gracia”, no se puede aplicar, sin más, a nosotros, pero hay una aplicación muy inmediata que sí que vale para nosotros y que se la había dicho a San Pablo: “Te basta Mi Gracia”. Tú que crees que no puedes vivir si no tienes esto, o si no se dan estas circunstancias, o si tu familia no cambia y tus circunstancias fuesen diferentes…: “No temas, te basta Mi Gracia”.

“El Señor está contigo” sí que nos lo podemos aplicar tal cual. El Señor está conmigo. Puedo estar hecho polvo, puedo estar destrozado, puedo estar hasta deprimido si queréis. Las circunstancias pueden ser muy difíciles, pero el Señor está conmigo. El Señor está a mi derecha, como fuerte baluarte.

“Bendita tú eres entre todas las mujeres”. Pues, claro que somos benditos. Somos privilegiados. Somos los seres más privilegiados de la historia y del mundo por haber conocido a Jesucristo. Por haber conocido que Dios es Amor, que el secreto de la vida es participar de ese amor de Dios lo más posible y sembrarlo en este mundo lo más posible. Eso hace la vida humana grande, bella, feliz, digna de ser vivida. Claro que somos benditos.

San Pablo dirá también: “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios”. En la medida en que somos de Cristo, todo es nuestro. Somos los seres más ricos del mundo, porque Te tenemos a Ti, Señor. Benditos, benditos entre los hombres. ¿Cuántas personas, cuántos millones de personas viven y mueren sin esperanza? No hablo sólo de la pobreza material o de la miseria material. Hablo de otras muchas miserias. De la miseria de un “ciudadano Kane”, que lo tuvo todo, menos el sentido de su vida. Menos su infancia, que la había perdido; menos una compañía digna de ese nombre. Benditos, somos benditos. Esta es la heredad que ha bendecido el Señor. Sois vosotros. Es el pueblo cristiano. Es ese tesoro, esa maravilla, esa especie de milagro en medio de una historia llena de pasiones y de odios y de violencia. Es el pueblo cristiano, que sois vosotros.

“Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”. Porque esa vida, con la conciencia de que el Señor nos acompaña, de que hemos sido elegidos por el Señor para ser semilla Suya y de Su amor en el mundo, es siempre fecunda. La desesperanza es estéril. La tristeza es estéril. Pero la alegría profunda de la fe, de la esperanza y del amor nunca es estéril, y el fruto es que Jesucristo sea conocido y amado. El fruto de nuestras vidas. La Iglesia es Madre y la Iglesia es nuestra comunión!. Y esa Madre da a luz a Jesucristo, a un mundo que lo necesita, aunque no lo sepa. Que lo busca, aunque se crea que lo odia, aunque se crea que lo conoce y que no sirve para nada. Lo busca ansiosamente cuando busca ser feliz y busca la felicidad donde no está.

Mis queridos hermanos, cuando recéis el Avemaría haced vuestras estas primeras palabras del Avemaría, porque si el Ángel se lo dijo a la Virgen, también nos las dice a nosotros, a la medida de nuestra vocación, de cada uno, de nuestro estado de vida, de cada uno, de nuestra misión en este mundo. Y la advocación cuya imagen veneramos hoy es la de la Divina Pastora. Nosotros caminamos por la Historia. El Señor tenía compasión de aquellos que estaban con Él, porque decía ”están como ovejas sin pastor”. Bueno, pues, nosotros no estamos como ovejas sin pastor. Tenemos como pastor al Señor, que nos ama, que va detrás de la oveja perdida.

Nos lo recordaba una lectura de estos días: “Y deja las 99 en los montes, para irse detrás de aquella que se había perdido”. Señor, eres tremendo. ¿Cuánto vale esa sola oveja? ¿Cuánto vales, esa, justo esa que se ha perdido? Pero no estamos solos, porque Tú nos acompañas por el camino de la Historia y nos acompaña Tu Madre, la Divina Pastora, que viene con nosotros, que intercede por nosotros, que nos muestra el camino. Parte del oficio de pastor es llevar por un camino seguro al rebaño, de forma que ninguno se despeñe o se descarríe. Tú, Señora, nos llevas seguros hasta Tu Hijo, a lo largo de nuestra vida, a lo largo de la historia, y hasta la vida eterna, donde el Señor será todo en todos; donde nosotros gozaremos juntos en una alegría y en un amor sin fisuras, sin dobleces, sin chantajes y sin tonterías. En un amor limpio, transparente, lleno de la belleza de tu Gloria.

Condúcenos hasta allí, Señor, en este día que celebramos la Inmaculada Concepción, comienzo verdadero de la humanidad nueva.

Nosotros queremos formar parte de esa humanidad que va conTigo, como hemos ido contigo por las calles. Que va conTigo por la vida, conscientes de que Tú vas con nosotros y de que, entonces, no nos tenemos que preocupar mucho, porque Tú y Tu Hijo, no vais a dejar ninguno que nos perdamos.

Que así sea y que podamos dar gracias todos los días de nuestra vida por tenerte a Ti, por tener a Tu Hijo, por saber que el Señor es fiel y que Tu fidelidad es eterna.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de diciembre de 2021
S.I Catedral de Granada

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Reunión del equipo diocesano del Sínodo con el Obispo

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Cuando solo lleva una semana entre nosotros como Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, quiso reunirse con el Equipo Diocesano encargado del Sínodo para conocerlo y tener conocimiento, de primera mano, de cómo se está desarrollando la fase diocesana.

Tras presentarse cada uno de los miembros y dar la razón de su presencia en el Equipo, como exponentes de distintas realidades diocesanas, D. Juan Ignacio Damas hizo entrega al sr. Obispo de un dossier con todo lo realizado hasta ahora. Seguidamente, Don Sebastián quiso conocer como estaban viviendo el proceso sinodal los miembros del equipo, que le manifestaron la agradable sorpresa que estaban encontrando en las comunidades parroquiales, comprometidas e ilusionadas, así como algunas dificultades. Igualmente le dijeron la importante labor que están realizando los coordinadores parroquiales, que se están convirtiendo en figuras imprescindibles en esta fase diocesana, en auténticos exponentes de la ilusión que supone para todo el pueblo de Dios el Sínodo convocado por el papa Francisco.

Don Sebastián quiso saber cómo se van a abordar algunas inquietudes que tiene sobre realidades alejadas o ajenas a nuestra Iglesia diocesana, dudas que le fueron resueltas pues ya se estaban estudiando y trabajando en el seno del Equipo.

La reunión finalizó manifestando el Obispo la ilusión que le producía el Sínodo, y la satisfacción que le ocasionaba saber cómo se estaba trabajando, algo que no hacía sino corroborar las informaciones que le habían llegado de nuestra diócesis, antes de su toma de posesión, de que se estaba trabajando muy bien la fase diocesana, siendo referente para otras diócesis españolas. También, pidió que se hiciera llegar su felicitación a todos los coordinadores parroquiales.

Por último, emplazó a todo el equipo a una nueva reunión, más adelante, para seguir conociendo como se estaba caminando, pues para él, todo esto también le va a servirpara un mejor conocimiento de la realidad diocesana ahora que está comenzando su labor como Pastor de la Iglesia de Jaén.

Equipo diocesano del Sínodo

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Monseñor Chico Martínez participa en la Vigilia de Oración por las Misiones en Martos

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Nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, quiso sumarse el pasado viernes, 3 de diciembre, a la Vigilia de Oración por las Misiones. Dicha Vigilia tuvo lugar en el templo de la Stma. Trinidad de Martos, con motivo de la fiesta de San Francisco Javier, patrono de las misiones.

A su llegada a la ciudad de la Peña, el Obispo visitó la Real Parroquia de Santa Marta donde oró ante el Santísimo. Seguidamente, pasó a saludar al Alcalde de Martos en el Ayuntamiento. Y, finalmente, saludó a las Monjas Trinitarias, antes de comenzar la Vigilia de oración por las Misiones. Una vigilia de oración muy participativa y emotiva, donde participaron durante la exposición del Santísimo el coro de la Real Parroquia de Santa Marta, el grupo de adoración Betania y diversos miembros de la Delegación de Misiones diocesana. También, estuvieron presentes los sacerdotes marteños, Padres franciscanos, religiosas de San José de la Montaña, Calasancias y Trinitarias. Así como Cofradías, Cáritas, diversos grupos de las parroquias marteñas y un nutrido grupo de fieles cristianos.

Durante la Vigilia, la Madre Porfi de las Calasancias ofreció su testimonio como misionera.

Además, se encendió una vela por cada uno de los misioneros y misioneras de nuestra Diócesis. Enumerándolos uno a uno, cada uno de los allí presentes fue colocando una vela sobre las escaleras del presbiterio. La Vigilia finalizaba con la oración del Domund 2021.

Antes de marcharse, el Obispo quiso tener unas palabras con todos los que se habían reunido para rezar por los misioneros. Así, aseguró: “He pasado un rato precioso, que era lo que pretendía. He venido a rezar y a  encontrarme con aquellos que estáis dedicando vuestra vida por entero al Señor, siendo consagradas, siendo misioneros, etc.  Algunos de vosotros, de los que estáis aquí, habéis estado en misión. Y yo vengo a esta Diócesis como apóstol de las Indias, como le llamaban a San Francisco Javier. Vengo a la Iglesia de Jaén como misionero, porque misioneros somos todos.  Aunque, a veces el Señor, se encapricha de algunos y los llama para que, en nombre de la Iglesia, anuncien el Evangelio a todos los que necesitan, especialmente, conocer la luz y el amor de Cristo”.

Asimismo, Don Sebastián aseguró que había vivido con mucha intensidad esa oración misionera y que estaba conmovido  al ver que tanta gente de Jaén está entregando y dedicando su vida por entero a ser misionero del Señor. Y añadió: “Yo también, como San Francisco Javier y como cada uno de los que están aquí, quiero ser luz y testimonio del amor del Señor”

Para culminar el Obispo agradeció la acogida en la ciudad de la Peña. “Muchísimas gracias por vuestra acogida, a pesar del frío de Martos, siento mucho el calor de de vuestra cercanía y de vuestro cariño. Gracias por vuestra oración porque sé que estáis rezando por mí y la verdad es que lo necesito, en estos primeros pasos de una forma especial. Ya nos iremos conociendo personalmente. Yo ya os llevo de una forma muy especial muy intensa en mi corazón y os quiero”, apuntaba.

Estas palabras eran recibidas con un gran aplauso.  Y, finalmente, los fieles pudieron saludar y departir con Don Sebastián.

Parroquia de Santa Marta
Delegación diocesana de Misiones

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La localidad de Bornos vive la coronación canónica de su patrona

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Monseñor Rico Pavés presidió y corono a la Virgen del Rosario de Bornos en una Eucaristía celebrada en el Palacio de los Ribera.

Eucaristía coronación canónica de la Virgen del Rosario de Bornos

La localidad diocesana de Bornos vivió en la jornada del 6 de diciembre un día muy especial que tenía como centro neurálgico a la Virgen del Rosario. Tras aplazarse la coronación canónica de debido a la situación sanitaria que atravesábamos, por fin este municipio pudo vivir la coronación canónica de su patrona, siendo esta la primera que preside Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, esta Eucaristía coronación canónica se celebró en el Palacio de los Ribera. En ella el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez menciono en primer lugar la importancia de la fe, ya que ” es ella la que nos permite reconocer en la imagen de una mujer hermosa la presencia cercana de nuestra Madre bendita, la que Jesucristo en el momento de la cruz nos la ha regalado para que nos acompañe durante toda nuestra vida”. Asimismo, recordando que la fuente de los cristianos es el Sacramento de la Eucaristía, por lo que gracias a la fe y a la fuente de los cristianos viviremos un momento histórico para junto a nuestra madre, la Virgen del Rosario.

Por otro lado, el prelado subrayó que es día para que nos fijemos en María, ya que contemplando a ella nuestro corazón reposa y se llena de alegría, centrándonos en la fuente que es Cristo. Asimismo, haciendo hincapié que la coronación canónica es una renovación en la vida de los cristianos, de este modo crecer en los diferentes ámbitos de conforman una vida de fe. Igualmente, recordó que todo este acto de coronación no serviría si no tiene un sentido de acción de caritativa para así ayudar a nuestro prójimo.

Por último, mencionar que tras este acto de coronación canónica el pueblo de Bornos puedo rezar por las calles de su municipio a esta advocación mariana que volvió a su templo la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

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Clausura del Año Jubilar de San José en Pedroche

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El sacerdote Adolfo Ariza impartió una conferencia sobre las virtudes del Santo Patriarca

La parroquia de El Salvador de Pedroche clausuró el Año Jubilar de San José con una conferencia sobre el Santo Patriarca el pasado lunes 6 de diciembre, sobre las virtudes del Santo Patriarca de la que se encargó el sacerdote Adolfo Ariza. Al término se rezó el Santo Rosario y se celebró la eucaristía durante la cual se bendijeron los escapularios de los devotos.


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Convivencia del grupo Samuel en el Seminario Menor los días 10 y 11 de diciembre

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Convivencia del grupo Samuel en el Seminario Menor los días 10 y 11 de diciembre

El Seminario Menor de Sevilla convoca una convivencia del grupo Samuel los días viernes 10 y sábado 11 de diciembre. Esta edición comenzará sobre las seis de la tarde del viernes y terminará sobre las doce del mediodía del sábado.

El grupo Samuel está formado por jóvenes que quieren conocer más de cerca el Seminario Menor, y participar en momentos de la vida de los seminaristas: convivencia, oración, Eucaristía, entre otras experiencias. El grupo está abierto a chicos desde 1º de la ESO a 1º de Bachillerato.

Los interesados pueden escribir a menor@seminariodesevilla.com, también acceder a las redes sociales del Seminario Menor en Facebook e Instagram como @menorsev.

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Eucaristía de despedida y acción de gracias por el ministerio de Mons. Adolfo González Montes

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Querida Comunidad Diocesana,

Espero que este tiempo de Adviento nos traiga el deseo del encuentro con Cristo y que nuestros caminos se tracen también hacia el abrazo entre los hermanos y los que nos necesiten. Estos días de preparación para la Navidad se llenan también de celebraciones entre los amigos, las comunidades y la familia.

Hace unos pocos días se ha producido el relevo en la sucesión apostólica y don Adolfo ha terminado su ministerio episcopal como titular de nuestra querida diócesis. Han sido 19 años de dedicación esmerada y de entrega.

El sábado 18, celebraremos una Eucaristía de despedida y acción de gracias por el ministerio de don Adolfo entre nosotros. Será en la Catedral, a las 11:30 de la mañana. Anhelo que todo el Pueblo Santo de Dios: los que formamos el laicado, la vida consagrada y el clero, como la Iglesia que peregrina desde los tiempos apostólicos, iniciados en la fe por San Indalecio, participemos con gozo de esta celebración.

Mi deseo es encontrarme ese día con todos vosotros, en torno al altar y unidos orar y vivir con intensidad este momento de sucesión apostólica. Sé que para muchos de vosotros es la primera vez que vivís este acontecimiento, otros en cambio, desde vuestra niñez, habéis vivido ya el paso de varios obispos por esta tierra.

Tengamos una mirada de esperanza en Cristo Jesús que nos prometió que nunca nos dejaría solos. ¡Ánimo y adelante!

En Almería, memoria de san Nicolás, obispo,
a 6 de diciembre de 2021

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Almería

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El sacerdote Héctor Lunar se incorpora a distintas comunidades

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El presbítero  Héctor A. Lunar Guevara, ha sido nombrado  vicario parroquial de Santiago Apóstol, en Realejo Alto, Ntra. Sra. de los Dolores, en Palo Blanco, y Ntra. Sra. del Buen Viaje, en Icod del Alto, Arciprestazgo de La Orotava.

Nació en Caracas, Venezuela, el 31 de agosto de 1977. Realizó sus estudios en el seminario Santa rosa de Lima de la capital venezolana.  Fue ordenado presbítero el 31 de julio de 2004.

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Sexto retiro de Amor Conyugal para matrimonios

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Una treintena de matrimonios se reúne desde el viernes 10 de diciembre al domingo, 12 de diciembre, en la Casa de Espiritualidad de San Antonio en el sexto retiro que el Proyecto Amor Conyugal celebra en Córdoba

Este retiro permite “comprender la belleza del matrimonio”  a la luz de San Juan Pablo II, que durante años desarrolló su catequesis sobre la unión conyugal. Según la experiencia de Rafael Reina, que junto a su esposa participa en el Proyecto Amor Conyugal,  estos retiros ofrecen la vivencia de la fe en comunidad en un momento en que “el matrimonio está siendo atacado desde el punto de vista social y legislativo: lo normal es que se anime a las personas a la ruptura”, explica Reina. Además, esta formación resulta esencial para el matrimonio cristiano de acuerdo con el tiempo y las circunstancias de nuestros días. Después de seis retiros, los participantes concluyen que el amor conyugal se comprende plenamente cuando el amor a la esposa o esposo es reflejo del amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros.

En cuanto a la estructura de estos retiros, los celebrados hasta ahora son de tres días y tienen un carácter “muy experencial” donde se le muestra a los matrimonios herramientas para vivir una vida conyugal plena acompañados por Cristo, y por otro los propios matrimonios  reciben formación de otras parejas a la luz del ciclo de Catequesis de San Juan Pablo II dedicado a la familia.

 

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HOMILÍA EN EL DOMINGO II DE ADVIENTO

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Lecturas bíblicas: Ba 5,1-9; Sal 125,1-6 (R/. «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres»); Flp 1,4-6.8-11; Aleluya: Lc 3,4-6 («Preparad el camino del Señor…»); Lc 3,1-6

Queridos hermanos y hermanas:

Hemos entrado de lleno en el tiempo santo del Adviento, tiempo de conversión como necesaria preparación para la celebración de los misterios de la Natividad del Señor. Hoy vamos a bendecir el nuevo Viacrucis de esta iglesia parroquial, lo que en principio parecería falto de sentido por el hecho de que las estaciones del Viacrucis están al servicio del ejercicio de piedad. Mediante este ejercicio piadoso hacemos objeto de contemplación y oración el camino que recorrió el Señor desde el pretorio del prefecto romano, donde Jesús fue sentenciado a morir en la cruz, hasta el Calvario donde fue crucificado. Sin duda que el tiempo de Cuaresma es el tiempo más acto para bendecir las estaciones del Viacrucis, pero no podemos menos de considerar que este ejercicio de piedad se suele practicar en todos los viernes del año por muchas personas y comunidades de visa consagrada; y que la Navidad anticipa la luz de la redención y el misterio pascual.

No sólo hemos de hacer esta consideración, sino también hacerla ahondando en el hecho de que el nacimiento del Señor en el tiempo, tomando nuestra carne y haciéndose uno de nosotros, aconteció «por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen». A sí lo recitamos en el Credo. El Verbo de Dios, que es el Hijo eterno del Padre se hizo hombre para salvarnos del pecado y de la muerte y devolvernos la amistad de Dios y la vida. La salvación es el contenido del misterio pascual que celebramos en el así llamado Triduo pascual, corazón de la fe y fundamento teológico y contenido de las celebraciones litúrgicas de Semana Santa. El apóstol san Pablo habla de la humillación de Cristo, haciéndose obediente al designio del Padre, «asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre» (Flp 2,7), al tomar como suya nuestra naturaleza y rebajarse de este modo por su obediencia «hasta la muerte y una muerte de cruz» (v. 2,8).

Con ello Cristo Jesús inauguró el sacerdocio de la nueva Alianza, ejerciendo como sumo pontífice de nuestra fe, que ofreció a Dios Padre el sacrificio de la inmolación de su humanidad en la cruz. Como dice la carta a los Hebreos, es así como Jesucristo, en virtud de esta voluntad de obediente aceptación del sacrificio de sí mismo, adquirió para los pecadores la justificación ante Dios y la santificación de nuestra vida, «merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10,10). Justamente hemos de afirmar que este sacrificio de Jesús es el contenido de cada Misa, que se hace presente con sus beneficios para para cada uno de los fieles cristianos, y tanto por los vivos como por los difuntos.

El libro de profecías atribuido a Baruc exhorta a Jerusalén a la alegría y al gozo de la redención que Dios le da sacándola de la aflicción padecida por la ciudad santa. Observan los expertos en la sagrada Escritura que la ciudad de Jerusalén personificó para el pueblo elegido, desde su conquista por el rey David mil años antes de Cristo, la esperanza mesiánica. El Mesías sería esperado en adelante como el heredero del trono de «David, su padre», y el Hijo de David inauguraría un reinado a perpetuidad. Así se lo anunció el ángel Gabriel a María: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc 1,32-33). Cuando nació Jesús, los ángeles anunciaron su nacimiento a los pastores confirmando el cumplimiento de las profecías: «hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,11).

El nacimiento de Jesús da cumplimiento a la esperanza que alimentan las palabras proféticas de Baruc dirigidas a Jerusalén: «envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte a la cabeza la diadema de la gloria perpetua, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo» (Ba 5,2-3). Jerusalén significa ciudad de paz y con el favor de la salvación divina llevará desde ahora el nombre de “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad” (v. 5,4). Luego ofrece el profeta la visión de Jerusalén como centro de las naciones a donde acudirán gozosos los pueblos, reunidos por el Espíritu, «porque Dios se acuerda de ti [Jerusalén]» (v., 5,5).

Este anuncio profético evoca las palabras del gran profeta Isaías, que mediante imágenes impactantes llama a la conversión para recibir al que viene de Dios: los montes elevados se han de abajar y los barrancos y los valles se han de levantar para que esté dispuesto el sendero llano que ha de pisar el que viene a traer justicia de Dios y la paz. Entonce se cumplirán los versos proféticos del salmista: «La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan. / La fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo» (Sal 85,11-12). La lectura de Baruc nos invita a la audición del evangelio de hoy, que después de situar en el momento histórico preciso la llagada de la salvación en Cristo, presenta al Bautista, precursor del Señor, predicando el bautismo de penitencia para la conversión del corazón y la recepción del perdón de los pecados, sirviéndose de las imágenes del libro de la consolación de Isaías: «preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguales. Y todos verán la salvación de Dios» (Lc 34,5-6→Is 40,3-6).

Nos preparamos a la celebración e la Navidad secundando la llamada del de san Juan Bautista a la conversión, abriendo un sendero al Señor que llega a nosotros y con él llega el reinado de nuestro Dios, llega en él, en su persona divina del Verbo hecho carne, humanada por nosotros, para ser el Salvador del mundo mediante el sacrificio de su propia vida, la oblación por la cual los que creen en Cristo son revestidos de la justicia del mismo Cristo. Él intercambiará su justicia con nuestros pecados, que hace suyos dándonos a cambio el perdón y la inocencia que es suya, para que nos presentemos justos ante Dios.

Para que esta conversión sea realidad eficaz en nosotros hemos de orar unos por los otros, como san Pablo oraba por la comunidad de los filipenses y por las comunidades que él había fundado. El Apóstol pide a los filipenses crecer más y más en el amor recíproco, «en penetración y sensibilidad para apreciar los valores» y poder llegar «al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para alabanza y gloria de Dios» (Flp 1,10-11). Para lograrlo, el tiempo de Adviento viene en nuestra ayuda, dándonos un espacio necesario para la maduración espiritual de un pensamiento y acción propios de la vida del cristiano. Hemos de dejarnos moldear por la voluntad de Dios, que quiere nuestra conversión para que podamos recibir el bien mayor que Cristo nos ofrece: la salvación de nuestras almas. Es éste un bien inseparable de una vida regida por el cumplimiento de los mandamientos de Dios, por la práctica de la justicia y la caridad, salvaguarda de las relaciones humanas. Cristo hizo suya la voluntad del Padre y recorrió la vía dolorosa hasta la cumbre del Calvario. Seamos, como exhorta san Pablo a los Efesios: «imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma» (Ef 5,1-2). Imitaremos a Dios si amos a nuestro prójimo, porque Dios por nuestro amor entregó a su Hijo para que nosotros vivamos, por eso no podemos desentendernos de nuestros hermanos más necesitados.

El Papa Francisco ha viajado estos días a Chipre y Grecia con dos propósitos: acrecentar la unidad entre los cristianos, encontrándose con la Iglesia griega ortodoxa y alentando la estrecha unión de las Iglesias católicas orientales con el Obispo de Roma, el sucesor de Pedro que, en palabras de san Ignacio de Antioquía, preside a todas las Iglesias en la caridad. También y de manera muy motivada, el Papa ha viajado para encontrarse con tantos miles de refugiados que esperan en la isla de Lesbos y en territorio griego ser admitidos en Europa, compadecido como Jesús por sus necesidades y su pobreza, reivindicando sus derechos y legítima aspiración a una vida mejor. Son hermanos nuestros que están recorriendo la vía dolorosa de un viacrucis que para ellos no termina. Sabemos que la soberanía de los Estados se ejerce mediante leyes que protejan las fronteras de los países, pero debe buscarse una forma de ayudar a los emigrantes y refugiados, sin renunciar a la seguridad de las fronteras. El Papa habla de algunos corredores seguros, que hagan legalmente posible el refugio y el amparo de los emigrantes y fugitivos, al mismo tiempo que las autoridades han de perseguir a las mafias que trafican con seres humanos. Pidamos, por ello, al Señor que viene a nosotros y, como dice Isaías, a «implantar la ley que esperan las islas» (Is 42,4). Pidamos a Cristo, cuyo nacimiento en carne vamos celebrar un año más, que su venida nos ayude a encontrar el camino del amor fraterno, y nos conceda hallarlo con la intercesión de la Virgen Madre y de san José su castísimo esposo.

Iglesia parroquial de Santa Teresa de Jesús

Almería, a 5 de diciembre de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo em. de Almería

Ilustración. San Juan Bautista. Óleo sobre lienzo. 1600/1605. Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Valencia.

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