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II Encuentro sinodal en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Lopera

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El pasado 19 de diciembre celebramos el 2º encuentro sinodal en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Lopera, bajo el lema “Los sueños se construyen juntos”.

En la dinámica y tras repartir la silueta de colores, hemos puesto en común en qué parte del camino nos encontramos.

Tras la oración y la canción que nos animó a ponernos en camino, pasamos al diálogo en grupo. Posteriormente, y tras un breve descanso, nos tomamos un chocolate caliente y pastelitos, donde pudimos charlar con los más jóvenes de una manera más distendida.

Parroquia de la  Inmaculada Concepción de Lopera

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Funeral del Rvdo. José María Ortega Muñoz (Parroquia Santa Ana y San Joaquín-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, durante el funeral del Rvdo. José María Ortega Muñoz (Parroquia Santa Ana y San Joaquín-Málaga)

FUNERAL DEL RVDO. JOSÉ-MARÍA ORTEGA MUÑOZ

(Parroquia de Santa Ana y San Joaquin – Málaga, 27 diciembre 2021)

Lecturas: 1 Jn 1, 1-4; Sal 96, 1-2.5-6.11-12; Jn 20, 2-8.

(San Juan Evangelista)

1.- Hoy celebra la Iglesia la fiesta del apóstol y evangelista Juan. Él     testimonio de lo que ha experimentado: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida» (1 Jn 1, 1) 

Oír, ver y tocar son verbos relacionados con los sentidos corporales. Juan ha hecho experiencia humana, visible y palpable, del Verbo de la Vida. Ha podido escuchar la Palabra eterna de Dios, pronunciada por Cristo; ha visto el rostro invisible de Dios, humanado en Cristo; y ha tocado con sus manos la carne del Verbo hecho hombre. 

2.- Juan da testimonio de que el Verbo eterno se ha encarnado, manifestándose a los hombres: «la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó» (1 Jn 1, 2). 

Los cristianos tenemos la misión de dar testimonio de nuestro encuentro con Jesucristo; de dar a conocer nuestra experiencia de relación con Él.

Y los sacerdotes estamos llamados, por el sacramento del Orden, a expresar y anunciar nuestra experiencia de amor y de fe en Cristo, a quien representamos sacramentalmente. Hemos sido encargados de hacerlo presente entre los hombres, para que otros puedan verlo, escucharlo y tocarlo. 

3.- Hoy queremos agradecer a Dios el regalo de la persona y del ministerio sacerdotal de nuestro hermano José-María, quien anunció al Verbo eterno de la Vida en su tarea apostólica. 

Bautizó, perdonó, proclamó la Palabra de Dios y celebró el misterio pascual del Señor, facilitando la presencia de Dios entre los hombres y llevando la salvación a los fieles. Él hizo posible con su ministerio la Navidad y la Resurrección de Cristo.  Él hizo posible que otras personas pudieran encontrarse con Jesús: verlo, escucharlo y tocarlo. 

Muchos de los feligreses de esta parroquia de Santa Ana y San Joaquin fuisteis destinarios de su ministerio; y pudisteis encontraros con el Verbo de la Vida gracias al ejercicio de su sacerdocio. También muchos sacerdotes pudisteis gozar de su magisterio y de su docencia en el Seminario, además de su trabajo pastoral.

Ahora pedimos al Señor que lo acoja en su Reino de inmortalidad y de paz. 

4.- El anuncio de la experiencia de fe tiene como finalidad la comunión del ser humano con Dios: «Os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn 1, 3). El objetivo es la unión con Dios y la comunión con los hermanos.

La fractura de la relación con Dios, provocada por el pecado de Adán, ha sido reparada por la obra salvadora de Cristo, el nuevo Adán. 

Dios ha restablecido su amistad con el género humano, gracias a la presencia sanante del Salvador. 

Y otra finalidad del testimonio es el gozo: «Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1, 4). La alegría es fruto del encuentro del hombre con Dios. Una vez salvado, el hombre justificado queda lleno de luz, como dice el Salmo: «Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón» (Sal 96, 11); «alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre» (Sal 96, 12).

5.- El evangelio de hoy narra la visita de los apóstoles Pedro y Juan a la tumba vacía, donde estuvo enterrado el Señor.

El evangelista Juan vuelve a dar importancia a su experiencia personal de lo que ha visto: el sepulcro está vacío, los lienzos tendidos y el sudario enrollado (cf. Jn 20, 6-7).

Al hacer experiencia de estas cosas, su fe se renueva y se hace fuerte, como él mismo nos dice: «Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn20,8). En San Juan “ver” y “creer” son prácticamente sinónimos. Ver a Cristo y su salvación lleva a la fe; y ésta ayuda a “ver” mejor.

¡Cristo ha resucitado! Esta es la profesión de fe que hoy nos pide la Iglesia ante los restos mortales de nuestro hermano José-María.

Él proclamaría en una ocasión como ésta su fe en la resurrección del Señor, como le habríais escuchado tantas veces los feligreses de esta parroquia; y él nos invita hoy, ante su cuerpo yacente, a que proclamemos que Jesucristo, nacido en Belén, resucitó al tercer día de su muerte.

Pedimos a la Santísima Virgen María su intercesión, para que acompañe de su mano maternal a nuestro hermano José-María hasta la presencia de Dios en su eternidad. Amén.

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El Sr. Obispo inaugura mañana el año jubilar por el centenario de la primera Doctrina Rural

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Corría el año 1922 cuando, pasado el día de Reyes, la primera misionera de las Doctrinas Rurales, María Isabel González del Valle, se subió a vivir a un rancho en la Sierra de Gibralgalia junto a otras tres chicas malagueñas y comenzaron a vivir con el plan que el beato P. Tiburcio Arnáiz les marcó. La alfabetización de niños y jóvenes, la formación para adultos, la vida de piedad entre los serranos y la visitas a los enfermos, fueron los principales encargos.

Al mes, aproximadamente, explica la hermana Leticia Montero, directora actual de las Misioneras de las Doctrinas Rurales, «san Manuel González conmovido por el sacrificio que estaban haciendo de verse privadas de la Misa y la comunión frecuentes, porque la bajada a Pizarra, donde se encontraba la parroquia mas cercana, eran tres horas de camino, andando o en caballería, y solo podían bajar los domingos, les da permiso para tener el Santísimo si preparan un lugar digno. Prepararon otro rancho, lo mas dignamente que pudieron con damascos y las imágenes de Granda de una capilla que tenía María Isabel en Madrid, y que desmontó y la llevó a la Sierra. Allí estuvo viviendo el Señor Sacramentado como en otro Belén, hasta que se terminó la iglesia en diciembre del mismo año y fue inaugurada por san Manuel González el 24 de diciembre de 1922».

Por ello, este año 2022 se cumple el centenario de aquella primera Doctrina Rural que emprendieron junto a María Isabel Gonzáles del Valle, Julia Crooke Heredia, Carmen Gumucio y Ángeles Macías y, como comenta la hermana Leticia, «celebrarán un Año Jubilar durante el que se podrá ganar la indulgencia plenaria visitando los templos donde están los sepulcros de los dos fundadores de las Doctrinas Rurales: la Iglesia del Sagrado Corazón, donde está el beato P. Arnaiz y la iglesia de Gibralgalia, donde está el sepulcro de María Isabel».

Está previsto que el Año Jubilar comience con una Misa Solemne presidida por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Sierra de Gibralgalia, el sábado 8 de enero, a las 11.00 horas.

Misioneras de las Doctrinas Rurales

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Navidad sinodal

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Caminar juntos es bonito. Es más, es necesario. La Navidad ofrece la oportunidad de caminar juntos, de hacer un itinerario sinodal; un camino juntos. La Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, es ejemplo de cómo caminar juntos: en oración, escucha y contemplación.

Pero también los Magos de Oriente son modelo de sinodalidad: caminaron juntos, perseverantes, buscando al Mesías. Aunque no solo ellos: los pastores también fueron ejemplo de sinodalidad al ponerse de acuerdo para ir a adorar al Niño Jesús. ¡Qué importante es el acuerdo! Vivir unidos en un mismo corazón. Es la mejor manera de poder caminar: haciendo caso a las indicaciones del cielo.

La Navidad, en este sentido, es una oportunidad única y preciosa. También preciada, para vivir el camino del Sínodo. Un Sínodo al que todo el pueblo de Dios está convocado ofreciendo una oportunidad bella: la de experimentar, al igual que los protagonistas de la primera Navidad, cómo podemos vivir juntos la fe en el misterio de la Encarnación. Un misterio que nos trasciende pero que podemos vivir de manera muy sencilla cada vez que compartimos nuestra fe en familia y en nuestras comunidades cristianas; cada vez que miramos a nuestro lado y descubrimos el rostro de Jesucristo en los más pobres.

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Centenario de la primera Doctrina Rural

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Corría el año 1922 cuando, pasado el día de Reyes, la primera misionera de las Doctrinas Rurales, María Isabel González del Valle, se subió a vivir a un rancho en la Sierra de Gibralgalia junto a otras tres chicas malagueñas y comenzaron a vivir con el plan que el beato P. Tiburcio Arnáiz les marcó. La alfabetización de niños y jóvenes, la formación para adultos, la vida de piedad entre los serranos y la visitas a los enfermos, fueron los principales encargos.

Al mes, aproximadamente, explica la hermana Leticia Montero, directora actual de las Misioneras de las Doctrinas Rurales, «san Manuel González conmovido por el sacrificio que estaban haciendo de verse privadas de la Misa y la comunión frecuentes, porque la bajada a Pizarra, donde se encontraba la parroquia mas cercana, eran tres horas de camino, andando o en caballería, y solo podían bajar los domingos, les da permiso para tener el Santísimo si preparan un lugar digno. Prepararon otro rancho, lo mas dignamente que pudieron con damascos y las imágenes de Granda de una capilla que tenía María Isabel en Madrid, y que desmontó y la llevó a la Sierra. Allí estuvo viviendo el Señor Sacramentado como en otro Belén, hasta que se terminó la iglesia en diciembre del mismo año y fue inaugurada por san Manuel González el 24 de diciembre de 1922».

Por ello, este año 2022 se cumple el centenario de aquella primera Doctrina Rural que emprendieron junto a María Isabel Gonzáles del Valle, Julia Crooke Heredia, Carmen Gumucio y Ángeles Macías y, como comenta la hermana Leticia, «celebrarán un Año Jubilar durante el que se podrá ganar la indulgencia plenaria visitando los templos donde están los sepulcros de los dos fundadores de las Doctrinas Rurales: la Iglesia del Sagrado Corazón, donde está el beato P. Arnaiz y la iglesia de Gibralgalia, donde está el sepulcro de María Isabel».

Está previsto que el Año Jubilar comience con una Misa Solemne presidida por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Sierra de Gibralgalia, el sábado 8, de enero a las 11.00 horas.

Misioneras de las Doctrinas Rurales

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José María Ortega, un hombre de Dios

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El sacerdote Andrés Merino pronunció en la Misa exequial por el sacerdote José María Ortega la semblanza que reproducimos a continuación

Ya lo escuché de manos de mi padre y muchas veces lo escucharía, de vecinos creyentes y no creyentes, de hermanos en el presbiterio: “Ahí va un hombre de Dios” y es quizás la mejor definición de D. José María.

“Señor, Tu sabes que te amo” (Juan 21,15) es la frase del Evangelio que quiso para su recuerdo de Ordenación sacerdotal y que marcó toda su vida. San Manuel González nos dirá “¿Receta para ser grande? Hacerse Sagrario” Así vivió D. José, con su testimonio nos enseñó amar a Jesús en la Eucaristía y en el Sagrario. Todos lo podemos recordar de rodillas ante el Sagrario, y bien sabemos también que había otras largas horas de intimidad con él a solas. Paso rápido y manos abrazando su chaqueta, maletilla con material catequético y fichas innumerables llenas de contenido evangélico y doctrinal, ojos pequeños y vivarachos revestidos de humildad y austeridad, pobreza extrema y generosidad desbordada. Mano rota para los pobres y manos consagradas enamoradas de la Eucaristía. Corazón gastado en misericordia, constructor férreo de comunidad, de familia en el Señor.

No podía ser en otro día, el Señor sabe hacer sus cosas, día de san Esteban protomártir, pero hace ya 98 años D. José nacía en Puente Genil hijo de D. Pablo y Dª Amparo y era bautizado días después un 30 de diciembre. La impronta de su inquietud viene marcada ya desde pequeño, se confirma un año después en 1924 y con cinco años ya hace su primera comunión tenía prisa por amar y dejarse amar por Dios.

Con once años entra en el Seminario de Córdoba interrumpiendo sus estudios por la guerra civil. Incorporándose en 1938 al seminario de Málaga. La espiritualidad de San Manuel González con su amor a la Eucaristía y profundamente catequético, y la del siervo de Dios Padre Soto entonces director espiritual del Seminario con su religiosidad austera hacen mella en el joven D. José marcando su propia espiritualidad. Su entrega académica y conducta ejemplar le lleva a ingresar en 1944 en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde se licencia en teología y será allí donde recibe el 13 de julio de 1947 la ordenación sacerdotal a la que debido a la precariedad económica solo pueden asistir su padre y hermano Luis.

Su primer destino fue el de profesor de Humanidades y superior de los primeros cursos en nuestro Seminario Diocesano a la que se entrega con entusiasmo. Allí vivirá la perdida de su hermano Pablo que se preparaba para su ordenación y que morirá con fama de santidad. Debido a una renovación en el seminario es enviado a Ubrique, el Bosque, Benamahoma, Benaocaz, Villaluenga del Rosario y Grazalema entonces pertenecientes a la Diócesis de Málaga, abriéndose en su vida un periodo de apostolado activo donde las tareas pastorales le llevan ser querido como un familiar más. Cuentan que una noche le vieron caminar con su propio colchón hacia la casa de un enfermo pobre que dormía en el suelo.

En 1958 el Sr. Obispo le designa párroco de Alhaurín el Grande y pronto en 1960 el cardenal Herrera Oria lo nombra párroco de San Juan Bautista. En ese momento la zona está inundada de pobreza y prostitución y las clases medias están marchando a zonas residenciales. Se dedica entonces a la escolarización y evangelización de los niños creando un grupo escolar parroquial y salones que levantará sin medios económicos pero que verán su feliz fin, al igual que busca solucionar el drama de las familias más pobres sin hogar construyendo un grupo de viviendas en el Puerto de la Torre.

Agotado físicamente siente la necesidad de recobrar fuerzas y el Sr. Obispo lo envía a la Universidad de Comillas donde se licencia en Ciencias Morales. A su vuelta a Málaga le pide al Sr Obispo que lo envíe a servir a un suburbio, quiere estar entre los pobres. Sin embargo, es enviado a una zona de expansión de la ciudad en 1973, el barrio de Nueva Málaga. Está todo por hacer, alquila un bajo comercial donde con matrimonios jóvenes recién llegados al barrio comienza su labor y donde después de muchos esfuerzos construirá este Templo que hoy acoge sus restos y donde ha hecho presente a Dios durante 37 años a través de los sacramentos, la catequesis con sus materiales por él elaborados y sus sorteos para animar a los niños, la caridad, las visitas al colegio, los enfermos… y su amor a María Inmaculada, a la Virgen a quien nos enseñó a mirar con ojos agradecidos de hijos. Será en estos años cuando su corazón se llenará de alegría al volver a dar clases de latín a los jóvenes que se preparan para el sacerdocio en el Seminario. Y será casi al final de este destino, en 2005, cuando es nombrado bajo su negativa Prelado de su Santidad, título por el que nunca atendió a ser llamado.

Anecdótico es que se dedicó a tachar de todas las hojas diocesanas de la parroquia el nombramiento. Qué difícil será estar a su lado cuando a regañadientes permite que un joven cura salido de su labor pastoral trabaje con él. Son momentos de lucha con la edad y enfermedad mirando de reojo y sonriendo por las comisuras a aquel neófito sacerdote.

Con 87 años y fiel a su espíritu de despojo ingresa en la residencia El Buen Samaritano. Enfermo y sin querer tirar la toalla no quiere ir a una residencia, quiere morir sirviendo, pero tras meditar juntos el versículo A la tarde te ceñirán y te llevarán donde no quieres ir, accede. Es su último destino y así lo vive, acompañar a su hermana en la enfermedad. En estos últimos años y después de fallecer su querida hermana Lola, acompaña y renueva su servicio acompañando a Amparo otra de sus hermanas que aún vive en la residencia.

Ha partido a la casa del Padre, sin hacer ruido, sencillo, desnudo de glorias como él quería. Austero incluso en la amistad. Seguro que estará organizando todo allá junto al Padre y sacará todo su genio para que ángeles y santos cumplan sus tareas y salgan bien en la foto de familia. Esa familia de la que todos somos parte y que él con su oración y entrega construyó para el Señor.

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Una representación de la Delegación Diocesana para la Familia y Defensa de la Vida celebra junto al Obispo la Fiesta de la Sagrada Familia

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En el contexto del Año de la Familia Amoris Laetitia, en la Fiesta de la Sagrada Familia y en la Santa Iglesia Catedral, se ha celebrado esta mañana de domingo, 26 de diciembre, la Misa solemne presidida por el obispo de Huelva, Santiago Gómez.

Junto al Obispo, una nutrida representación de la Delegación para la Familia y Defensa de la Vida -delegados, enlaces parroquiales, responsables de movimientos y numerosas familias- han querido unirse para así crecer todos juntos, como indica el camino sinodal, en el sentimiento de pertenencia a la familia diocesana.

En clara alusión al capítulo sexto de la Exhortación Apostólica ‘Amoris Laetitia’ del Papa Francisco, el lema en esta Jornada, ha sido «Anunciar el Evangelio de la familia hoy».

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Fiesta de la Sagrada Familia. Jornada por la Familia y por la Vida (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, durante la Eucaristía celebrada en la Catedral con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia y la Jornada por la Familia y por la Vida

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA. JORNADA POR LA FAMILIA Y POR LA VIDA

(Catedral-Málaga, 26 diciembre 2021)

Lecturas: Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,41-52.

Anunciar el Evangelio de la familia hoy

1.- La celebración hodierna de la fiesta de la Sagrada Familia está enmarcada por el Año “Familia Amoris Lætitia”, convocado por el papa Francisco con motivo del quinto aniversario de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL), que el papa dedicó a la belleza y a la alegría del amor familiar. El año jubilar concluirá el 26 de junio de 2022, en el décimo Encuentro Mundial de las Familias en Roma con el Santo Padre.

El papa hace “una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia” (AL, 5).

Podemos contemplar, en esta Navidad, la encarnación del Hijo de Dios como un nuevo inicio en la historia de la humanidad, que tiene lugar en el seno de la familia de Nazaret, donde nació Jesús. El nacimiento de Jesús en una familia humana ha cambiado la historia de la humanidad.

Vivamos este misterio para poder anunciar el Evangelio de la familia a los hombres de nuestro tiempo.

2.- El libro del Eclesiástico, que hemos escuchado, invita a honrar y respetar a los padres: «Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza» (Eclo 3,12).  

Los hijos deben cuidar y honrar a sus padres, aunque sean mayores y pierdan facultades: «Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies» (Eclo 3,13).

Cuando visito residencias de mayores resulta doloroso escuchar que alguna persona de dice: “Aquí estoy muy bien cuidada; pero tengo cuatro hijos y no vienen a verme”; y diciendo esto, se le caen dos lágrimas de sus ojos. ¿Qué hacemos con nuestros mayores? Necesitan amor, afecto, cariño.

El amor a los padres es una buena actitud que tiene su reconocimiento y sus frutos: un fruto es la reparación de pecados: «porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados» (Eclo 3,14); otro fruto es la riqueza espiritual: «quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros» (Eclo 3,4); y otro fruto es la larga vida: «quien respete a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor» (Eclo 3,6).

3.- Pues, a pesar de estas buenas recomendaciones, en nuestra sociedad constatamos, y así lo dicen también los obispos de la Subcomisión episcopal para la Familia y la Vida (cf. Mensaje para la Jornada de la Sagrada Familia, Anunciar el Evangelio de la familia hoy, 2021), una desvalorización social del matrimonio y de la familia, cuya institución ha recibido duros ataques, para debilitarla y hacerla desaparecer en pro de una falsa libertad. 

Se pretende demoler la institución de la familia, para rebajarla a un simple acuerdo efímero de convivencia entre personas, mientras duren ciertos sentimientos; y cuando terminan esos sentimientos, termina la convivencia. Apoyar esta institución en tan débil base es destruir su fortaleza y quitarle su valor social y su aportación como célula base y fundamental en nuestra sociedad.

Además de debilitar a la familia basándola únicamente en efímeros sentimientos, existe otro elemento pernicioso consistente en llamar “matrimonio” a cualquier tipo de unión entre personas. De ese modo se vacía el contenido del “matrimonio”, cuya misión es la función y el don de la maternidad, generada solamente por la unión del varón y de la mujer. 

No debe llamarse “matrimonio” a cualquier unión entre personas, si no cumple la finalidad o la misión propia. Etimológicamente el término “matri-monio” significa “matris-munus”; es decir, el don de la maternidad, la función y la misión de la maternidad.

Las familias no pueden saciar su sed de Dios buscando «apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro» (Papa Francisco, Evangelii gaudium [EG], 89). 

4.- Los cristianos estamos llamados a valorar, sostener y defender la institución matrimonial desde el misterio de la Encarnación del Señor, cuya «la luz brilla en la tiniebla» (Jn 1, 5). 

La vivencia del misterio de la Navidad reanima nuestra esperanza y fortalece nuestra concepción de la familia, a ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. De ese modo las familias cristianas pueden «construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios» (AL, 6), convirtiéndose en verdaderos testigos. Cada familia cristiana es siempre una luz, aunque sea débil y pequeña, en medio de la oscuridad de nuestro mundo. 

Queridos matrimonios y queridas familias, que os mantenéis fieles a los principios cristianos, iluminados por la Luz de Cristo, vosotros sois sacramento permanente del amor de Dios y del amor de Jesucristo a su Iglesia, como dice san Pablo (cf. Ef 5, 32); porque vuestro amor solo se entiende desde la luz del amor del Padre, manifestado en Cristo Jesús (cf. Rm 8, 39).

5.- Es tarea urgente anunciar el Evangelio de la familia. Las familias cristianas estáis llamadas a proclamar el amor de Dios que se hizo hombre, murió por amor a nosotros en la cruz y nos trajo la salvación. 

El fundamento de la familia se encuentra en la misma Trinidad, en la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se aman infinitamente. La familia cristiana se introduce en el misterio trinitario conociendo y viviendo el amor del Padre, la entrega del Hijo y la comunión del Espíritu (cf. AL, 59; 71; EG, 164; 169). San pablo nos recomienda por encima de todo el amor, «que es el vínculo de la unidad perfecta» (Col 3, 14). 

El anuncio del Evangelio de la familia debe ser integral, propositivo, hecho con alegría y con humildad, tal como nos ha exhortado san Pablo: «Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12). 

Todo esto es necesario en el matrimonio y en la familia; estas actitudes son básicas para sostener la familia. Si solo busco mi propia felicidad, en vez de procurar la felicidad del otro, eso no es amor. La sociedad llama “amor” a algo que no lo es: la búsqueda individual de la propia felicidad, la simple búsqueda del placer propio.

El anuncio del Evangelio de la familia debe despertar «la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio» (EG, 42); debe hacerse a todas las familias y en todos los lugares y ocasiones (cf. EG, 23); debe suscitar y avivar la fe, invitando a la conversión y a un «crecimiento en el amor» (EG, 161). 

Todo matrimonio y toda familia debe crecer en el amor y no puede permanecer estancado; de lo contrario, si no crece, mengua y se descompone. Hay que seguir creciendo día a día, hasta la eternidad.

Todas estas acciones generarán familias nuevas, capaces de transformar el mundo.

Deseo felicitar a quienes celebráis el 25 o el 50 Aniversario de matrimonio. Celebrarlo es un regalo del Señor y un regalo que os hacéis el uno al otro. Y al mismo tiempo es un ejemplo para matrimonios jóvenes, que no acaban de aceptar que su matrimonio sea para toda la vida. Cuando ellos ven a otros matrimonios que llevan 25, 40, 50, 60 años con gozo y alegría es un estímulo y un gran ejemplo para ellos. ¡Manteneos firmes en el amor con alegría!

6.- Pidamos al Señor que sostenga a todas las familias, para que puedan vivir a ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret; para que anuncien con valentía el Evangelio de la familia; y para que renueven con su vida y ejemplo la institución familiar, enriqueciéndola e iluminándola a la luz de Jesucristo.

Nos comprometemos en estos días de Navidad a profundizar en la Palabra de Dios, también en familia, saboreándola y asimilándola para renovar nuestro compromiso bautismal y para transformar la sociedad en que vivimos.

Pedimos a la Virgen María, la madre del Señor, y a san José, su esposo, que intercedan por todas las familias y que sean para todos sus miembros un ejemplo de amor y de santidad. Amén. 

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Mons. Catalá: «Cada familia cristiana es siempre una luz»

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En la Eucaristía celebrada este 26 de diciembre en la Catedral de Málaga en la festividad de la Sagrada Familia, el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, se ha dirigido a los matrimonios cristianos a quienes ha invitado a anunciar de forma urgente el Evangelio de la familia: «Las familias cristianas estáis llamadas a proclamar el amor de Dios que se hizo hombre, murió por amor a nosotros en la cruz y nos trajo la salvación»

En la Jornada por la Familia y por la Vida, el prelado ha recordado que «si solo busco mi propia felicidad, en vez de procurar la felicidad del otro, eso no es amor. La sociedad llama “amor” a algo que no lo es: la búsqueda individual de la propia felicidad, la simple búsqueda del placer propio. El anuncio del Evangelio de la familia debe despertar «la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio» (EG, 42); debe hacerse a todas las familias y en todos los lugares y ocasiones (cf. EG, 23); debe suscitar y avivar la fe, invitando a la conversión y a un «crecimiento en el amor» (EG, 161).

Mons. Catalá ha felicitado de forma especial a los esposos que celebran sus 25 o 50 años de matrimonio: «Pidamos al Señor que sostenga a todas las familias, para que puedan vivir a ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret; para que anuncien con valentía el Evangelio de la familia; y para que renueven con su vida y ejemplo la institución familiar, enriqueciéndola e iluminándola a la luz de Jesucristo».

El obispo también ha señalado los problemas actuales que sufre la institución familiar como la falta de cuidado de los mayores, y lo ha hecho contando una experiencia propia: «Cuando visito residencias de mayores resulta doloroso escuchar que alguna persona de dice: “Aquí estoy muy bien cuidada; pero tengo cuatro hijos y no vienen a verme”; y diciendo esto, se le caen dos lágrimas de sus ojos. ¿Qué hacemos con nuestros mayores? Necesitan amor, afecto, cariño».

También ha advertido sobre la devaluación del concepto familiar: «Se pretende demoler la institución de la familia, para rebajarla a un simple acuerdo efímero de convivencia entre personas, mientras duren ciertos sentimientos; y cuando terminan esos sentimientos, termina la convivencia. Apoyar esta institución en tan débil base es destruir su fortaleza y quitarle su valor social y su aportación como célula base y fundamental en nuestra sociedad. Además de debilitar a la familia basándola únicamente en efímeros sentimientos, existe otro elemento pernicioso consistente en llamar “matrimonio” a cualquier tipo de unión entre personas. De ese modo se vacía el contenido del “matrimonio”, cuya misión es la función y el don de la maternidad, generada solamente por la unión del varón y de la mujer».

El de la Navidad es, para D. Jesús, un mensaje propicio para fortalecer la familia: «La vivencia del misterio de la Navidad –afirmó– reanima nuestra esperanza y fortalece nuestra concepción de la familia, a ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. De ese modo las familias cristianas pueden «construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios» (AL, 6), convirtiéndose en verdaderos testigos. Cada familia cristiana es siempre una luz, aunque sea débil y pequeña, en medio de la oscuridad de nuestro mundo».

Puedes leer la homilía íntegra en este enlace 

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