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LA CARIDAD TIENE VOZ, voluntarios con y por los inmigrantes

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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LOS JINETES DE LA NAVIDAD. El Bautismo del Señor y el envío misionero

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Publicado: 10/01/2022: 28

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El último domingo de Navidad, fiesta del Bautismo del Señor, los Jinetes concluyeron la sección con una reflexión sobre esta fiesta y su compromiso misionero. Aquí puedes escuchar de nuevo a Daniel Gutiérrez, seminaristas de último curso; Ángela Quero, responsable de la Comisión de Jóvenes de la Acción Católica General en Málaga; y Paco Guzmán, presidente diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica.

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«El Bautismo del Señor nos invita a «arrancarnos» de nosotros y salir hacia los demás»

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ARCHIVO. Fiesta del Bautismo del Señor en la Catedral de Málaga // M. ZAMORA

Publicado: 10/01/2022: 33

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Con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, el deán de la Catedral, Antonio Aguilera, explicó, ante los micrófonos de COPE Málaga, el significado de esta fiesta. También participó Miguel Cristóbal, padre de uno de los cuatro niños que recibían este sacramento de Iniciación Cristiana en el primer templo malagueño. Aquí pueden escucharlos.

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«Tres futuros santos estuvieron presentes en aquella primera misión: san Manuel González, el beato Padre Arnaiz y la sierva de Dios María Isabel González del Valle»

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Del 8 de enero de 2022 al 8 de enero de 2023, las Misioneras de las Doctrinas Rurales viven su Año Jubilar con motivo del centenario de su fundación. La hermana Leticia lo explica ante los micrófonos de COPE Málaga e invita a todos los fieles a visitar y conocer Gigralgalia, donde comenzó la vida de esta congregación hace 100 años y en la que estuvieron presentes tres futuros santos: san Manuel González, el beato Padre Arnaiz y la sierva de Dios María Isabel González del Valle.

El martes 18 de enero, primer día 18 tras la apertura del Año Jubilar, las Misioneras de las Doctrinas Rurales organizan una hora santa en la iglesia del Sagrado Corazón (jesuitas), en Málaga. Tendrá lugar del 18.30 a 19.30 horas y en ella seguirán los textos del beato Padre Arnaiz. Tras la oración celebrarán la Eucaristía.

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Se suspende el Belén Viviente Diocesano

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Debido a la situación sanitaria actual, la organización del Belén Viviente Diocesano considera que lo más prudente es suspender su celebración, programada para los días 14 y 15 de enero.

Desde la Fundación Victoria han agradecido «el interés mostrado y la acogida que han dispensado los medios de comunicación y empresas colaboradoras, en especial al Grupo ORP por el gran trabajo ofrecido a tan entrañable y ya tradicional evento».

Asimismo, han manifestado haber empezado «a organizar ya con gran ilusión la siguiente edición, que se celebrará en el próximo mes de diciembre», y han pedido a «todas las personas que estén interesadas en realizar su donación de juguetes en favor de la Asociación AVOI, pueden entregarla en la sede de dicha entidad, situada en Camino Suárez, 6».

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“Que el Señor nos conceda el precioso don de acoger a Cristo en nosotros”

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Homilía en la Eucaristía en la fiesta del Bautismo del Señor, celebrada en la S.I Catedral el 9 de enero de 2022.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios;

queridos sacerdote y diácono concelebrante;

queridos amigos y hermanos todos:

Si uno tuviera que resumir la experiencia de los apóstoles, la experiencia de quienes conocieron a Jesús -la Virgen, los apóstoles, el grupo de mujeres que les acompañaban-, y en una sola frase, estaría en la Primera Carta de San Juan: “Dios es Amor”. “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios -ni siquiera en la capacidad de amarnos o de querernos unos a los otros-, sino en que Dios nos amó primero”. Dios nos precede en el amor hasta en darnos esa capacidad de amar que tenemos como imagen de Dios y como seres creados a Su imagen y semejanza, y que revela de algún modo lo que en Él se da de una manera plena, incondicional e infinita.

Ese amor de Dios es lo que celebramos siempre en la liturgia, de una forma o de otra, con unas palabras o con otras. Es lo que hemos celebrado en Navidad. En Navidad celebramos que el Hijo de Dios viene a nosotros; que Dios nos ha comunicado en Su Palabra, en Su Hijo, todo lo que Él es, justamente Su amor sin límites; como que Dios ha querido compartir nuestra condición humana naciendo como un niño, llorando como un niño, teniendo necesidad de ser alimentado por los pechos de su madre, como un niño, vestido para protegerse del frío como un niño. Vivir nuestras necesidades y las realidades de nuestra condición humana, ¡hasta el ser perseguido!, y hasta ya no como un niño, sino como un hombre, sufrir las consecuencias de la mentira, de la envidia, del odio de los hombres y morir en la cruz.

Vienen unos pastores y unos paganos a adorarle. Y la fiesta del Bautismo del Señor es con la que se clausura litúrgicamente el tiempo de Navidad. Viene a exponer ese mismo movimiento. El movimiento por el que Dios sale de Sí mismo, justamente porque es Amor y se acerca a nuestra pequeña realidad.

Dios invisible -eso es lo que celebramos en la Epifanía- se hace visible en el cuerpo de ese niño pequeño que está en los brazos de María y que se alimenta de su leche, cuando es Él quien le da la leche para alimentarlo, cuando es Él quien le da todo Su Ser a Su Madre. Como decía Dante: “Hijo de tu hija”. O como decía también san Efrén: “Si José te pudo coger en brazos, es porque Tú le sostenías los brazos. Si tu madre te daba el alimento de su leche, es porque Tú se la dabas a ella y tú estabas pequeño en su seno, y desde su seno estabas construyendo los mundos, construyendo los cuerpos de todos los hombres, sosteniéndolos en su ser, construyendo las estrellas y las montañas, los ríos y los bosques”. Ese es el movimiento de amor que se nos revela. Como que consiste justamente en salir de uno mismo y en darse a los demás y en darse especialmente a quien es más pequeño, a quien es más necesitado, a quien es más pobre, a quien cuenta menos. Pensad que, cuando Dios se da a nosotros, no es porque espere nada de nosotros. Sería una pretensión tremenda, llena de orgullo, llena de pecado, en definitiva, el pensar que nosotros podemos darLe nada a Dios. Dios se nos da porque quiere dársenos, porque quiere comunicar su vida, porque no resiste no amar; porque es Amor, porque es el Amor. Y se nos da en todas las cosas, también en las circunstancias difíciles, también en los momentos donde a nosotros nos resulta más difícil verle, porque nosotros tenemos la mirada sólo puesta en nuestro interés inmediato. Dios, sin embargo, mira el destino de cada uno, el destino final de cada uno y el destino del mundo, y todo lo hace para nuestro bien.

En la fiesta del Bautismo del Señor, ese mismo movimiento de descenso de Dios que San Pablo explicaría diciendo “Jesucristo, el Hijo de Dios, no tuvo como una cosa digna de ser retenida el ser igual a Dios. Era igual a Dios. Sin embargo, asumió la condición de esclavo y pasó por uno de tantos, hasta someterse incluso a la muerte y a una muerte sumamente ignominiosa, como la muerte de cruz. Por eso, Dios lo ensalzó y le ha dado un nombre sobre todo nombre”. La grandeza del hombre está en Su capacidad de amar, porque somos imagen de Dios, y amar también a lo menos valioso, a lo que es menos importante, a los que, a los ojos del mundo, es más pequeño, a lo que es más pobre.

También en la Navidad está el movimiento de Dios, que se abaja, y el movimiento de la Creación, que retumba en alabanza y en acción de gracias. En la noche de Navidad son los pastores (una clase social sumamente despreciada, eran verdaderamente proscritos. El oficio de pastor era un oficio prohibido en el pueblo de Israel y quienes se hacían pastores eran como apóstatas, que no podían nunca volver a entrar en una sinagoga o en la casa de un buen judío, de una buena familia que diríamos nosotros); el Señor se abaja y el cielo se abre para anunciar la Buena Noticia a los pastores. Los pastores reciben de los ángeles el anuncio: “Un hijo nos ha nacido, un niño se nos ha dado”. Y corren. En los Reyes es lo mismo. El Hijo de Dios invisible se hace visible, a través del signo de una estrella, y aquellos magos de Persia se acercan a él guiados por un signo del cielo, que les hace reconocer en aquel niño al rey, al rey de los siglos.

En el Bautismo sucede también lo mismo. Será el mismo movimiento. Jesús se abaja. San Pablo decía: “Se hizo hombre en una carne semejante a la nuestra, en todo menos el pecado”. Pero Jesús se abajó hasta pagar con las consecuencias del pecado. Se abaja a recibir el Bautismo de penitencia que predicaba Juan. Y en ese abajarse a las aguas del abismo hay como un preanuncio de lo que será el descenso de Jesús al Sheol, al Hades, al lugar de los muertos, para rescatar a los muertos y llevarlos a la vida. Al recibir el Bautismo de penitencia, también es para levantarnos a nosotros.

Quisiera que, al celebrar el Bautismo, pensemos que Jesús bajó al Jordán para bajar al abismo que hay en cada uno de nosotros. Esas zonas de nuestra mente y de nuestro corazón que no han sido nunca evangelizados, que, a pesar de que hemos oído tantas veces el Evangelio y hemos participado tantas veces de la liturgia, pues están todavía llenas de ira, de envidia, de egoísmo o de orgullo, que nosotros conocemos y sabemos que están ahí. Por ese motivo, vivimos de alguna manera en esa mentira que es el pecado.

El Señor se abaja hasta nosotros y se abaja para subirnos a nosotros, para hacernos a nosotros hijos de Dios, por otro Bautismo. Es el que él instituiría cuando dice “id a todos los pueblos y bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Ese Bautismo nos hace a nosotros hijos de Dios. Es por la humillación de Cristo por la que nosotros somos ensalzados, de ser criaturas a ser hijos de Dios destinados a la vida eterna. A vivir en la libertad de los hijos de Dios, en la confianza de un amor que no se apaga jamás, que no se cansa, que no se fatiga, que no nos abandona, que no nos deja.

Quisiera que pudiéramos experimentar ese gozo de cómo Cristo se abaja, no a las aguas del Jordán, sino al abismo de mi mente, de mi corazón, de mis pasiones, de mi pequeñez. Se abaja para ensalzarme a mí, como ensalzó a la Virgen. Por eso, la Iglesia canta todas las tardes el Magnificat, haciendo suyas las palabras de la Virgen: “Mi alma proclama la grandeza del Señor, porque ha mirado la bajeza, la pequeñez, la pobreza de su esclava”. ¡Somos nosotros! El Señor se ha abajado hasta nosotros para ensalzarnos a nosotros hasta Él. También aquí, igual que en la noche de Navidad, igual que en el día de la llegada de los Reyes a Belén, Dios se abaja hasta el Bautismo de penitencia y se abren los cielos, y los cielos proclaman que ese que está siendo bautizado por Juan es el Hijo de Dios. “Este es mi Hijo, el predilecto, mi Hijo muy amado. Escuchadle”.

Señor, Tú que te has abajado hasta nosotros, que te abajas hasta nosotros y te abajas en cada Eucaristía, como cuando estamos recibiendo, en las aguas pantanosas de nuestras vidas, la luz resplandeciente de la vida divina. Esa luz quiere iluminar nuestras vidas, quiere iluminar nuestro mundo, quiere iluminar nuestro entorno, quiere iluminar nuestro corazón. Quieren empezar a iluminar nuestro mundo, comenzando por nuestro corazón.

Que el Señor nos conceda la gracia de escuchar a Jesús, porque escuchándoLe, sirviéndoLe, somos verdaderamente libres. Porque, prestando oído a Su Palabra,  alcanzamos lo que no podemos alcanzar con nuestro esfuerzo, ni con nuestras tácticas o con nuestros trucos para hacernos a nosotros mismos crecer.

No sé si habéis oído hablar algunos del barón de Münchhausen, que para crecer lo que hacía era tirarse de sus botas para arriba. Es también una parábola de nuestras vidas. Nosotros, claro que queremos crecer, claro que queremos ser grandes. Queremos vivir una vida hermosa, bella, resplandeciente, y tiramos de nuestras botas para arriba, como si eso nos sirviera de algo. Escuchando al Señor, escuchando a Jesús, prestando oído a Su Palabra, obedeciendo sus indicaciones, alcanzamos la libertad, alcanzamos la vida, alcanzamos la luz.

El Cielo se ha abierto para decirnos quién es Jesús. Pero el Cielo nos lo ha abierto Jesús para nosotros. La vida del Cielo no es simplemente una promesa para después de la muerte, es una posibilidad y un don que se nos da ya aquí, ahora, en la medida en que acogemos a Cristo en nuestras vidas.

Señor, que sepamos acogerTe como te acogió María. Tu voluntad no es algo que nos machaca, que nos empequeñece. Tu Voluntad nos engrandece. “Desde ahora me dirán dichosa todas las generaciones”. Y a la Iglesia, en la que permaneces Tú vivo, entregándoTe a nosotros cada día, nos dirán dichosos. Esta es la heredad que ha bendecido el Señor. Somos el pueblo que ha bendecido el Señor. Sean cuales sean las circunstancias de nuestra vida, tenemos al Señor. Somos los seres humanos más ricos del mundo y si nos faltas Tú, aunque tuviéramos el mundo entero, no tendríamos nada y perderíamos nuestra vida, nuestra razón de ser, nuestra alegría, nuestra esperanza.

Que el Señor nos conceda en esta Eucaristía este precioso don de acoger a Cristo en nosotros, para que el cielo se abra para cada uno de nosotros y pueda ser, ya desde ahora, un motivo de gozo incesante, dándoTe gracias siempre y en todo lugar.

Que así sea.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

9 de enero de 2022

S.I Catedral de Granada

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75 años de gracia en las parroquias de San Agustín y San Isidro de Almería

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El 4 de enero de 1947, el entonces Obispo de Almería D. Enrique Delgado firmaba el Decreto por el que creaba las parroquias de San Agustín y de San Isidro de Almería. 75 años después, el actual Obispo de Almería D. Antonio Gómez visitaba estas parroquias para celebrar la Eucaristía y dar gracias a Dios por este aniversario y por tantos años de vida de Dios repartida a tantas personas.

En la parroquia de San Agustín, el miércoles 4 de enero en su homilía el Obispo destacó “que la parroquia es una comunidad viva, que ha de llevar a Dios a todo el barrio, caminando juntos en la escucha de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el compromiso de la caridad”, y recordó el agradecimiento a todos los que Dios ha puesto en nuestro camino para ayudarnos a crecer en la fe.

El sábado día 8 compartía la mesa del Pan y la Palabra en la parroquia de San Isidro Labrador. Tras hacer una breve reseña del recorrido histórico de la parroquia, animaba a la comunidad a no sentirse limitados por ser una parroquia joven: “Dios capacita y da la fuerza para anunciar su amor. De la misma forma que fortaleció a sus discípulos, así lo hace con nosotros para que vayamos a anunciar su palabra”.

En el día del Bautismo del Señor, el prelado subrayó “las tres Epifanías que contemplamos en la Sagrada Escritura: la Epifanía del anuncio a los pastores en la humildad, la Epifanía de los Magos en la sabiduría y la Epifanía del bautismo que libera de la limitación del pecado. Las tres nos fortalecen para ser misioneros de Dios entre nuestros hermanos y en el mundo en el que vivimos”.

Tras la celebración de la Eucaristía en ambas parroquias, el Obispo saludó a los numerosos fieles que vivieron con intensidad esta acción de gracias.

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El texto del evangelio del jueves 3 de febrero (Marcos 6, 7-13)

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NoticiaLiturgia

Publicado: 09/01/2022: 7

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En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Marcos 6, 7-13

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Un grupo de sacerdotes cordobeses visitan la ciudad de Guadix para saludar al obispo y conocer la ciudad

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Un grupo de sacerdotes cordobeses visitan la ciudad de Guadix para saludar al obispo y conocer la ciudad

Los sacerdotes del arciprestazgo de Priego de Córdoba, de la diócesis cordobesa, vivieron una jornada de convivencia en la ciudad Guadix. Fue el viernes 7 de enero y con ella, además de conocer mejor la ciudad de Guadix, compartieron una jornada de descanso, después de los intensos días de celebraciones de la Navidad.

Que este grupo de sacerdotes cordobeses eligieran Guadix para esta jornada de descanso respondía a dos motivos: de una parte, saludar al obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco, que ha sido compañero en el presbiterio cordobés hasta que fue nombrado obispo de Guadix; y de otra parte, conocer la diócesis donde se ordenó y desempeñó sus primeros destinos sacerdotales José Enrique Alcalá Zamora y Burgos, que fue sacerdote de la diócesis accitana, y que ahora pertenece a ese arciprestazgo cordobés.
El grupo de sacerdotes ocuparon buena parte de la mañana en visitar la catedral y subir hasta su campanario, desde donde pudieron divisar toda la ciudad y su entorno. Además, compartieron buena parte de esa mañana con el obispo accitano.
Por la tarde, antes de regresar a Córdoba, visitaron el barrio de las Cuevas y otros lugares de la ciudad accitana. Como guía, contaron el sacerdote José Enrique Alcalá-Zamora, que fue cura de la diócesis de Guadix y que ahora es el párroco de Carcabuey, en la diócesis cordobesa.
Sin duda, para este grupo de sacerdotes del arciprestazgo de Priego de Córdoba, esta jornada de convivencia y descanso fue una buena manera de comenzar el año.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Inicio del centenario de la obra misionera del beato Tiburcio Arnaiz (Gibralgalia)

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Homilía pronunciada por Mons. Catalá en la Eucaristía celebrada en Gibralgalia con motivo del inicio del centenario de la obra misionera del beato Tiburcio Arnaiz

INICIO DEL CENTENARIO DE LA OBRA MISIONERA

DEL BEATO TIBURCIO ARNÁIZ

(Gibralgalia, 8 enero 2022)

Lecturas: 1 Jn 4, 7-10; Sal 71, 1-4.7-8; Mc 6, 34-44.

1.- Hoy es un hermoso día para dar gracias a Dios por la presencia durante cien años en nuestra Diócesis de las Misioneras de las Doctrinas Rurales; motivo también de alegría.

Las lecturas bíblicas de hoy nos ofrecen una reflexión que está sintetizada en la oración colecta, que hemos rezado, de la fiesta litúrgica del beato Tiburcio Arnáiz.

La primera lectura de la carta de san Juan nos habla del amor a Dios y a los hermanos. Y nos dice: «Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios» (1 Jn 4, 7).

Somos hijos de Dios por el bautismo. Y podemos ser hijos porque Cristo, el Hijo de Dios, se ha encarnado, se ha hecho hombre y ha asumido la naturaleza humana para divinizarla.

Quien ama conoce a Dios. «Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4, 8-9).

Demos gracias a Dios por ser amados y que nos capacita para amar, que nos capacita para hacer lo que el Señor nos pide en nuestra vida.

2.- San Marcos, el evangelista, nos ha narrado: «Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6, 34).

Esta visión del Buen Pastor, Cristo, la asumió el P. Arnáiz viendo que había personas que necesitaban el pastoreo de Jesús, que necesitaban escuchar la Buena Noticia de Cristo. Y que también necesitaban ser formadas a un mayor nivel, aprovechando la inteligencia y las potencias que el Señor regala al ser humano. Esta gran la inició el beato Tiburcio Arnáiz con las Misioneras de las Doctrinas Rurales.

Decía el P. Arnáiz: «Cuando Dios quiere una cosa, todo se hace posible; manda las personas y los medios; si Él lo quiere, esto se hará cuando Él lo tenga dispuesto». Y el Señor lo quiso, porque el P. Arnáiz fue el pastor que hacía presente al Buen Pastor, Jesús, preocupado por las buenas ovejas que necesitaban ser alimentadas, ser formadas y escuchar la Buena Noticia de Cristo que nos ha salvado.

3.- Esa es la gran obra que empieza aquí en la Sierra de Gibralgalia. Después, el P. Copado, jesuita también, sucede al P. Arnáiz en la dirección de las Misioneras cuando éste muere en 1926.

María-Isabel González, la cofundadora decía: «Pero qué unión tan perfectísima nos dará el Señor en el cielo a los que en la tierra quiso unir por su bondad en el mismo apostolado y en su caridad!».

El Espíritu Santo ha creado una gran familia de Misioneras. El fundador, la cofundadora, las hijas, las misioneras, unidos todos en la misma tarea apostólica de pastoreo, de amor a los hermanos. Hoy celebramos el centenario de esta familia y el inicio de esa labor pastoral tan preciosa.

4.- La misión de las Misioneras de las Doctrinas Rurales está el servicio al pueblo de Dios. El pastoreo es un servicio, una tarea, una misión que el Buen Pastor le da a unas personas para que lo ejerzan en su nombre.

En el evangelio de Marcos hemos escuchado cómo el mismo Jesús, el Buen Pastor, «cuando se hizo tarde y se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Pero Él les replicó: Dadles vosotros de comer. Ellos le preguntaron: ¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» (Mc 6, 35-37).

5.- Las posibilidades y los recursos no son siempre abundantes, más bien, flojean. ¿Cómo vamos nosotros a darle de comer si no tenemos recursos?

«Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver. Cuando lo averiguaron le dijeron: Cinco y dos peces» (Mc 6, 38). Pues con esos recursos hay que dar de comer.

No sois muy numerosas las Misioneras; pero con pocos recursos se pueden hacer muchas misiones y mucha evangelización en este mundo que cada vez es menos rural.

Fijaros cómo vuestros fundadores, el P. Arnáiz y María-Isabel González del Valle, dieron respuesta a las pobrezas de entonces. Los lugares eran sitios medio despoblados, lugares de la Sierra y de pueblos pequeños.

Hoy estamos en otro contexto. Desde hace décadas hay una tendencia a aglutinarse en las grandes ciudades, pero la necesidad es la misma. La gente de hoy necesita a Dios, necesita que se le hable de Cristo como Salvador, necesita ser pastoreada, necesita ser amada, necesita que se les sirva.

6.- Ahora me refiero, como os he anunciado al principio, a la oración colecta que hemos rezado y que sintetiza todo esto: «Oh, Dios, que constituiste al beato Tiburcio, presbítero, en apóstol de las insondables riquezas del Corazón de tu Hijo –apóstol del Corazón de Cristo que ama y hay que amar como el Padre (cf. 1 Jn), apóstoles que aman como Cristo amó–, concédenos –y pide dos cosas– que, enardecidos por su mismo espíritu, te amemos a ti sobre todas las cosas –pedimos a Dios que lo amemos sobre todas las cosas, como Él nos ama– y –segunda petición– te sirvamos incansablemente en nuestros hermanos».

La devoción al Corazón de Jesús, propia de los jesuitas y por tanto propia del P. Arnáiz, ha sido el centro de su vida espiritual. La fuerza expansiva del amor de Cristo era su motor. Como él decía: “El que vive vida de mucha unión con Dios participa de los afectos de su Corazón”.

Recordaban, quienes lo trataron, que hasta su manera de pronunciar el nombre de Jesús hacía bien al alma, y que no había más que observarlo cuando celebraba Misa: entonces parecía que se transformaba y veía a Jesús en la Eucaristía. El amor a Jesús es la primera de las peticiones en la oración colecta.

7.- La segunda petición se refiere al servicio a los hermanos. Se ha dicho en la monición de entrada lo que son “Las Doctrinas Rurales”. Las primeras veces que empecé a escuchar este nombre me recordó a otra congregación que se llaman “Doctrineras”. Conforme vamos conociendo vuestra obra se entiende mejor el nombre.

¿Qué es una Doctrina? No es un momento de catequesis o de educación a la fe. Una “Doctrina” es la presencia de unas personas en un lugar entre las gentes, para estar con ellos y servir a los hermanos con el amor de Dios.

Y, ¿a quién hay que agradecer la primera “Doctrina”? Al grupo de María-Isabel con algunas mujeres más, que vinieron a vivir aquí entre la gente para amarles y servirles. Eso es una “Doctrina”. ¿El tiempo? El que sea necesario: tres meses, seis meses, un año, dos años.

8.- Queridas Misioneras, en este Centenario celebramos que en el curso 1921-1922 vuestros fundadores hicieron tres “Doctrinas”: Gibralgalia, Alozaina y Las Mellizas (Málaga). Celebramos tres Doctrinas, tres comunidades de fe de Misioneras que vivían pastoreando, amando y sirviendo el tiempo que sea necesario.

En el mismo curso pastoral en el que se inician las tres Doctrinas se realizan también unas “Misiones”, que es algo distinto de la “Doctrina”. El P. Arnáiz realizó unas misiones populares, de corta duración, en el Hospital de Málaga, en Fuengirola (Málaga), en la parroquia de Santo Domingo (Málaga), en la zona de los Portales de Chacón (Málaga), El Chorro (Málaga), El Valle (Málaga) y dos en Jaén, en Úbeda y en Alcaudete.

Esa fue la fecundidad de vuestros fundadores y de vuestras primeras hermanas de las Misioneras de las Doctrinas Rurales.

9.- Hoy damos gracias a Dios por esta gracia, este carisma novedoso para la época, que el Espíritu regaló a su Iglesia y que se ha mantenido durante cien años. Eso es lo que hoy queremos celebrar y dar gracias a Dios.

También agradecemos la presencia de las Misioneras en la Diócesis y en la Iglesia universal, puesto que estáis también en otras iglesias particulares; pero en Málaga es donde tiene origen vuestra comunidad.

Deseo terminar con unas palabras de María-Isabel González: «Vivamos nada más que para Él, para sufrir y hacer redención con Él, para decir a todos el Padre que tenemos»; es el Padre que tenemos y que nos invita a amar.

Le pedimos a la Santísima Virgen María que siga bendiciendo esta hermosa obra apostólica de las Misioneras de las Doctrinas Rurales. Amén.

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