Inicio Blog Página 4350

“La Revista de los monaguillos” vuelve a estar en la calle y la puedes leer aquí

0

“La Revista de los monaguillos” vuelve a estar en la calle y la puedes leer aquí

Ha salido una nueva edición de La Revista de los monaguillos, dirigida, como su nombre indica, a los monaguillos y monaguillas que hay en las parroquias de la diócesis de Guadix. Ya es el ejemplar número 4 que llega a las manos de los monaguillos y se ofrece como espacio de encuentro y como material de formación. En la revista hay testimonios, oraciones, textos que forman, comics y, por supuesto, un saludo del obispo de la diócesis, D. Francisco Jesús Orozco.

En este número 4 de La Revista de los monaguillos, se puede leer lo que les dice Jonh Alexander Melo, formador del Seminario, a los monaguillos. También se habla, al hilo de las palabras del papa Juan Pablo II, de cómo esto de ser monaguillo es una llamada.

En las páginas de testimonios, un sacerdote de la diócesis de Guadix, Pedro Aranda, cuenta cómo él también fue monaguillo. También está el testimonio del beato Carlos Acutis, un joven ciberapóstol, y el de otro santo, el primero que anunció el Evangelio en nuestra diócesis, San Torcuato.

Además, se ofrecen oraciones para rezar por los niños, fotos de monaguillos en las parroquias de la diócesis y un cómic llamado “Ser monaguillo está de moda” en el que se explica qué es ser monaguillo y quién puede serlo.

Finalmente, hay un calendario de actividades a tener en cuenta por los monaguillos, con información sobre los encuentros de monaguillos, retiros vocacionales y otras celebraciones importantes. Según el calendario, el próximo evento será una convivencia vocacional, dirigida a monaguillos y jóvenes, en Huéscar, en la Casa de Pastoral, el 11 de diciembre. Y, para los jóvenes, de 14 a 30 años, habrá un retiro vocacional el 27 de noviembre, en Guadix, en el Centro Diocesano de Espiritualidad. La Revista de los monaguillos está dirigida por el seminarista Guillermo Pablo Parra, que habla del nuevo formato de la revista e invita a los monaguillos a difundir la revista y animar a sus amigos también a ser monaguillos.

 

La Revista de los monaguillos se puede descargar aquí.

 

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

150 Aniversario de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias

0

150 Aniversario de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias

Artículos relacionados:

La entrada 150 Aniversario de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias aparece primero en DIÓCESIS DE CANARIAS.

Ver este artículo en la web de la diócesis

PALABRAS DE VIDA. Monseñor José Rico Pavés:”Aprendamos a buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia, sabiendo que lo demás se nos dará por añadidura”.

0

En la tarea de caminar juntos aprendemos a buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia, sabiendo que lo demás se nos dará por añadidura. Al llegar al final del año litúrgico la Iglesia nos pone ante el señorío de Cristo, Rey de todos y de todo. Desde la fe organizamos el tiempo en etapas vinculadas a los misterios de la vida de Cristo. Vivir el año desde la Liturgia nos permite entender la vida y sus ciclos como una alabanza continua a la Trinidad Santa, reconociendo en Dios nuestro origen y nuestra meta. Acompañamos a Cristo reviviendo los momentos principales de su vida para comprender que ha sido Él Quien se ha hecho nuestro compañero en el camino de la vida. Al entrar el Hijo de Dios en la historia ha unido tiempo y eternidad, haciendo que el tiempo sea ya dimensión de Dios. Podemos entonces vivir el tiempo gustando anticipadamente la bienaventuranza eterna. Por eso, el año litúrgico empieza y termina de la misma forma: anunciando la venida de Cristo en gloria; venida que marcará el final de la historia y de la creación. La Iglesia que peregrina en este mundo, sostenida ahora por el Espíritu Santo, proclama sin interrupción: Maran athá, ¡Ven, Señor Jesús!

Cuando el Papa Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey del universo en 1925 invitaba a superar el laicismo, que pretende desterrar de la vida pública el nombre de Cristo y la manifestación de la fe cristiana, con una proclamación renovada de su señorío sobre todos y sobre todo: “cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, tanto más alto hay que gritarlo”. Pero para que no olvidemos cómo se extiende el Reino de Dios, que es Reino de amor, de verdad y de justicia, hemos celebrado hace poco la Jornada Mundial de los Pobres y el Día de la Iglesia Diocesana. Construimos el Reino de Dios cuando confesamos a Cristo vivo, presente en su Iglesia, principalmente en la Eucaristía, y salimos a su encuentro en los más necesitados. Por eso, en la tarea de caminar juntos aprendemos a buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia, sabiendo que lo demás se nos dará por añadidura.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Ver este artículo en la web de la diócesis

Presentación de santa María Virgen

0

Presentación de santa María Virgen

Presentación de santa María VirgenMemoria de la Presentación de santa María Virgen. Al día siguiente de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva, construida junto al muro del antiguo templo de Jerusalén, se celebra la dedicación que de sí misma hizo a Dios la futura Madre del Señor, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su Concepción Inmaculada.

http://www.santopedia.com/santos/presentacion-de-santa-maria-virgen

La entrada Presentación de santa María Virgen apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Visita Pastoral a la parroquia de San Pablo (Málaga)

0

Homilía de D. Jesús Catalá durante la Misa con motivo de la Visita Pastoral a la parroquia de San Pablo, en Málaga,

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SAN PABLO

Málaga, 21 noviembre 2021

Lecturas: Dan 7,13-14; Sal 92,1-2.5; Ap 1,5-8; Jn 18,33b-37.

(Fiesta de Cristo Rey)

1.- Reinado de Cristo: universal y eterno

Nos encontramos en el último domingo del año litúrgico. Tanto el domingo pasado como el actual, en estos dos últimos, se nos habla de las ultimidades, de los novísimos, de lo que ocurrirá al final de los tiempos.

En este final está claro que Cristo, que ha venido en carne mortal, que ha venido humilde, que ha venido incluso débil, padeciendo, vendrá de manera soberana, omnipotente, poderosa, gloriosa, vendrá a implantar su reino, su poderío.

El libro del profeta Daniel nos ha presentado este Hijo del hombre, este Jesucristo que viene majestuosamente sobre las nubes y cuyo reino abarca todo el universo, es universal, no solo en latitud sino históricamente (cf. Dan 7, 13-14). El reino de Dios abarca toda la historia de la humanidad, desde los primeros padres hasta el final. Y abarca longitudinalmente toda la historia de los pueblos actuales, universal y eterna. Esas dos características no las tiene nadie, no solo ningún rey o ninguna monarquía, tampoco ninguna república y ninguna democracia, ni ningún sistema sociopolítico.

Esto es algo que tenemos como revelado y de lo que somos testigos. Somos testigos de esto en una sociedad que no mira la eternidad y que no mira tampoco a la universalidad. Deberíamos tener mayor fraternidad, como dice el Papa en su encíclica Fratelli tutti, («Hermanos todos»), pero todos son todos. Y, sin embargo, cada vez más las naciones, los pueblos, las ciudades se encierran en sí mismo. Es toda una actitud contraria a la del reino de Dios.

El reino es amplio, pues da cabida a todo el mundo. Y nosotros nos empeñamos en poner fronteras, poner obstáculos, poner barreras entre nosotros, entre naciones, entre etnias, entre religiones. El cristiano tiene mucho que decir en este punto. Tenemos la obligación de dar a conocer la maravilla que el Señor nos ha ofrecido.

2.- Ciudadanos del Reino de Dios

Nosotros somos ciudadanos del reino de Dios, y no porque nos hayamos apuntado, sino porque nos han hecho ciudadanos del reino. Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito, el príncipe de los reyes, es Él el que nos ha liberado y el que nos introducido en su reino (cf. Ap 1, 5-6). Hemos sido introducidos por Él, no hemos llamado a las puertas, se nos ha regalado, como por nacimiento se nos regala la nacionalidad. Hemos renacido en el bautismo a ese reino y vivimos en ese reino.

3.- Su Reino no es de este mundo

El reino de Dios tiene unas características muy distintas a lo que nosotros pensamos y a los poderes de este mundo.

Según el evangelio de Juan, en el relato del dialogo entre Jesús y Pilatos, este le pregunta por su reinado: «¿Eres tú el rey de los judíos?» (Jn 18, 33). Y la respuesta de Jesús es clara: «Mi reino no es de este mundo» (Jn 18, 36). A lo que Pilatos replica: «Entonces, ¿tú eres rey?» (Jn 18, 36). Y Jesús le contesta que sí es rey, pero de otro reino y de otro tipo de reinado: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 18, 37).  

Característica principal: es un reino de verdad, porque Cristo es la Verdad y en nuestro mundo ya no se valora la verdad de Cristo o verdades objetivas universales. Estamos en un relativismo pasmoso que ha eliminado del horizonte social las verdades objetivas eternas. No existen verdades objetivas eternas, existen opiniones que se convierten en verdades privadas y particulares. Y la opinión de una persona ya tiene validez para toda su vida o validez para un grupo que le siga.

Es curioso, cuando los poderes del mundo se instalan, normalmente van en dirección contraria a las características del reinado de Cristo. Porque se instala no la verdad absoluta u objetiva, se instala la mentira, la manipulación, el engaño, el fraude.

4.- Reino de amor, justicia, verdad, libertad, paz

¿Qué otras características, además de la verdad, son propias del reino de Dios? La justicia. Lo contrario, se instala en nuestra sociedad la injusticia. La paz, y se instala lo contrario de la paz. El amor, y se instala el odio. La libertad, y la gente no vive en libertad.

Las características del reino de Cristo son: verdad, justicia, paz, amor, libertad, fraternidad universal. Podemos decir que es todo lo contrario de lo que vivimos en nuestra sociedad.

Tenemos mucho trabajo que hacer. Somos testigos de algo que vale la pena vivirlo y que da felicidad. Vivir en el reino de Cristo es vivir con mayor gozo y con mayor alegría, felicidad, que vivir fuera de ese reinado.

5.- Visita pastoral

La Visita pastoral coincide providencialmente con este último domingo del año porque sirve para hacer un examen. La Visita pastoral la comparo, y lo digo muchas veces, como una especie de ITV. En este caso sería una ITP, no una inspección técnica de un vehículo, sino una inspección técnica de la parroquia. Estamos haciendo una ITP.

En la inspección técnica se ve que algunas piezas chirrían, entonces hay que engrasarlas. Otras piezas que ya no sirven y hay que tirarlas. Y hay que poner piezas nuevas.

Es un examen, es un diagnóstico de la parroquia para ver qué funciona para que funcione mejor, qué no funciona para cambiarlo. Y aquí todos tenemos nuestra responsabilidad. Los párrocos, los sacerdotes su responsabilidad como cabeza rectora y coordinadora, y cada uno tiene su misión propia por pertenecer al reinado de Cristo. Todo ciudadano de este reino tiene una misión propia.

6.- Asumir cada cual su misión propia

Le decía antes al grupo del Consejo parroquial que los laicos no sois los colaboradores del cura, tenéis un título más importante, porque como ciudadanos tenéis una misión propia vuestra. No lo que os mande el cura, el párroco o los obispos, sino una misión vuestra, propia: ser testigos de este reino. ¿Dónde ser testigos? Pues donde vivís, donde os movéis, donde trabajáis. Desde la familia, ese es lugar propio vuestro y no lo puede ocupar nadie. Lo que no hagáis vosotros no lo hará otro. Familia, ambiente laboral, amigos, relaciones sociales, política, economía, agrupaciones, asociaciones, cofradías, movimientos, partidos políticos. Ahí es donde tenéis que poner el reino de Dios, implantarlo.

¿Qué os parece, tenéis tarea o no? Toda la tarea que queráis. Nadie os lo va a prohibir.

7.- Encuentro fraterno con el obispo

Desearía que también esta visita, como es la intención, sea un encuentro con el Obispo. La mayoría de nosotros nos hemos encontrado en distintas ocasiones; pero este encuentro es especial, pues es en el ámbito de la Visita pastoral a la parroquia concreta de San Pablo.

Deseo que sea un encuentro fraterno, que nos acerque, que haga que nos conozcamos mejor, que nos queramos más, que nos animemos a ser testigos, a cambiar esta sociedad que necesita un buen cambio, una buena revisión.

El Señor nos pide que seamos fieles a la misión que nos ha encomendado a cada uno de nosotros.

La Visita pastoral, por tanto, además de encontrarnos, dialogar, animarnos, es un buen momento de encuentro y un momento de tomar energía, cargar las baterías para salir, como dice el papa Francisco, salir fuera a transformar el mundo en sus distintos ambientes.

Cristo lo ha transformado ya, porque Cristo ha cambiado el curso de la historia de la humanidad. Con su venida, con su encarnación, muerte y resurrección ha cambiado ya el mundo, lo ha transformado. Estamos ya en su reino y su reino eterno. No iremos a la eternidad cuando muramos, porque la eternidad ha entrado en la historia y ya estamos viviendo la eternidad aquí, no esperemos a después de la muerte. Hay que trabajarla ya aquí, la tenemos en prenda, la tenemos incoada.

Que este encuentro eucarístico con el Señor y este encuentro fraterno de la comunidad parroquial nos anime para vivir mejor la fe, para ser mejores ciudadanos de este reino de Cristo y para ser después testigos fuera que llevan al mundo la luz que necesita, la verdad tan necesaria, la paz, la libertad, el amor.

Se lo pedimos por intercesión de san Pablo, el gran apóstol de los gentiles que iluminó con su predicación el mundo pagano, y también, por supuesto, a través de la Virgen María, nuestra Madre. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Escuela de Formación Social de Cáritas Diocesana invitó a construir `una comunidad que sueña`

0

Cerca de 300 personas -entre voluntariado, técnicos, colaboradores, sacerdotes, religiosos y diáconos- se dieron cita este sábado 20 de noviembre en la XXV Escuela de Formación Social de Cáritas Diocesana de Tenerife, que en esta ocasión se celebró en distintos espacios de las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro. Los actos centrales se llevaron a cabo en el colegio Dominicas Vistabella de Santa Cruz de Tenerife, desde donde se emitió el evento al resto de las sedes ubicadas en la provincia.

La escuela, convocada en esta ocasión bajo el lema “Construimos una comunidad que sueña. Vida Pública, Participación y Bien Común”, abordó la esfera de la vida pública desde el diálogo, el debate y la deliberación en común, generando además un marco de reflexión a una propuesta participativa que potencie la cultura del encuentro y la fraternidad universal, a la que nos llama el papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti.

Cultura del encuentro

Esta “cultura del encuentro” requiere, tal como afirma el Santo Padre, “integrar, dialogar y construir”, y “significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos”.

En este sentido, la Escuela contó con la participación de Lucía Dans Álvarez de Sotomayor, profesora del Departamento de Derecho Público y Privado Especial y Derecho de la Empresa, Miembro del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer, quien realizó la ponencia introductoria sobre la construcción de la comunidad a partir de la participación y el bien común en la vida pública.

Transformar la realidad

Posteriormente, las personas participantes trabajaron en distintos grupos sobre estas mismas cuestiones, que luego sirvieron como antesala y marco de debate de una mesa redonda, en la que participaron la doctora Olga María Alegre de la Rosa, catedrática, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna y directora del Grupo de Investigación

para la Educación en la Diversidad; Óscar Izquierdo, presidente ejecutivo de la Federación Provincial de Entidades de la Construcción de Santa Cruz de Tenerife (FEPECO) y presidente de la Fundación Laboral de la Construcción y Vicepresidente de la CEOE en Tenerife; y la propia Lucía Dans Álvarez de Sotomayor.

Cáritas Diocesana de Tenerife apuesta por abrir la mirada del entendimiento y del corazón para dejarnos transformar por la realidad que nos interpela. Así, proponemos caminos para adaptar nuestro estilo de vida, nuestra manera de actuar, a lo que esta realidad nos pide. Nos guía el Espíritu que se manifiesta en cada uno de nosotros y en comunidad, que nos impulsa y da aliento para vivir la misión al estilo de Jesús y sus discípulos.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Jaén despide, emocionado, a Don Amadeo, el obispo que enseñó a soñar

0

Cuando llegó, hace cinco años, al Gobierno de la Diócesis, Don Amadeo Rodríguez Magro sabía que lo hacía por un lustro. Su tiempo en esta tierra, a la que tanto ha querido y donde se ha sentido tan querido, integrado y arropado, iba a ser breve. No por ello ha dejado de poner lo mejor de su persona en todo lo que ha emprendido por hacer de ésta una Diócesis con esperanzas e ilusiones renovadas y un carisma marcado por el magisterio del Papa Francisco.

Don Amadeo no llegó llorando a esta tierra, como cuenta el refrán, pero  hoy, cinco años y medio después, miles de fieles lo han despedido con lágrimas en los ojos, en una emotiva celebración eucarística en la Catedral de Jaén.

Junto al Prelado jiennense, el emérito, Don Ramón del Hoyo y el metropolitano de Granada, el Arzobispo Don Javier Martínez Fernández. El presbiterio diocesano al completo y el Seminario, así como los diáconos permanentes han querido unir su oración  la de Don Amadeo en este día que ya formará parte de la historia de la Iglesia de Jaén. Su familia y amigos de la Diócesis de Plasencia, donde ejerció el ministerio episcopal entre los años 2003 al 2016, igualmente, se han hecho presentes.

También, han acudido las autoridades civiles y militares: el presidente de la Diputación, Francisco Reyes; miembros del Cabildo Municipal; el Subdelegado de Defensa; el Teniente Coronel de la Guardia Civil; el Comisario Jefe de la Policía Nacional y el Jefe de la Policía Local  y el Jefe Provincial de Tráfico de  la ciudad, entre otras. Del mismo modo, no han querido faltar a esta celebración, con sabor a despedida, las Hermandades y Cofradías; la Curia; consagradas de vida activa y contemplativa y sobre todo fieles que ha querido acompañar en esta última Eucaristía al Obispo de Jaén.

Las lecturas las han participado familiares de Don Amadeo; representantes de la Hermandad de la Buena Muerte así como un seminarista y un diácono permanente. Las voces de la Escolanía de la Catedral han puesto la nota musical a la celebración.

Homilía

Don Amadeo, visiblemente emocionado, ha comenzado su homilía leyendo un extracto de su renuncia, por edad, ante el Santo Padre, pocos días antes de cumplir los 75 años, el pasado mes de marzo. Ha explicado que este proceso, que se emprendió con su renuncia y se culminó con el nombramiento de su sucesor, Monseñor Don Sebastián Chico Martínez, cumple con absoluta normalidad espiritual y humano lo establecido. A la vez que ha subrayado que estos momentos los está viviendo con “paz, alegría y gratitud”.

La homilía ha servido a este Prelado, en número 75 del episcopologio jiennense, hacer balance de sus años como Obispo del Santo Reino. Y lo ha hecho con tres palabras: Gracias, Perdón y nos vemos. Don Amadeo ha expresado su gratitud porque “desde el primer día siempre me habéis hecho sentir como vuestro obispo. Nunca tuve que dudar de, si en lo que pensaba y hacia, iba por el buen camino; la acogida de mi línea ministerial ha sido tan sincera y tan cálida, que siempre me reafirmabais en que hacíamos lo que teníamos que hacer”.

A la vez, el Obispo ha querido pedir perdón por lo que a lo largo de este tiempo se ha quedado sin terminar: “En mi caso, además, siempre fui consciente de que, por razones de tiempo, tenía que elegir, en cada paso que daba, lo que era más necesario e importante y decisivo para un camino de todos. Por eso hay proyectos no iniciados, cosas no acabadas, cuestiones abiertas y faltan muchos remates que dar a las reformas iniciadas, que tuvieron su luz y guía en nuestro Plan Diocesano de Pastoral, siempre trabajado en sinodalidad, animados por el Espíritu”. En este sentido, Don Amadeo ha querido entonar un perdón por sus fallos y límites: “Pido perdón a Dios Nuestro Señor; y os pido también perdón a todos vosotros y vosotras de todo corazón. También quiero pedir perdón por mis decisiones, sobre todo cuando afectaban a personas, si no os complacían. Os puedo asegurar, en conciencia, que nunca hice nada para ofender a nadie y, si algo dejé de hacer y por eso alguno se da por ofendido, pensad que a veces el bien de la Iglesia, que el obispo tiene que administrar, me impedía hacer las cosas al gusto de cada uno”.

Para finalizar sus palabras, el Prelado jiennense ha avisado a los presentes de que se seguirán viendo, porque ya sus raíces las ha echado en Jaén, donde residirá ahora como emérito. “Me quedaré viviendo entre vosotros como le corresponde a alguien que es de aquí, que quiere ser un jiennense y jaenero ya para siempre. Mi hermana y yo lo hacemos con mucho gusto, porque en nuestro día a día nos habéis tratado como uno más entre los vuestros. Con todo mi corazón os digo: os queremos y os agradecemos vuestro afecto”.

Después de la comunión, el Presidente de la Agrupación de Cofradías de la ciudad de Jaén, Francisco Sierra, junto con la vicepresidenta, han entregado un presente a Don Amadeo en representación de todas las Hermandades de Jaén.

Antes de finalizar la celebración eucarística el Vicario General, Don Francisco Juan Martínez Rojas, ha tenido unas palabras de agradecimiento y despedida a Don Amadeo. En ellas ha hecho alusión a la homilía del inicio de su episcopado en Jaén, en la que el Prelado, propuso “el olor de la unidad y de la comunión, siempre necesario para el anuncio de la alegría del Evangelio, pues la unidad hace creíble y fuerte la propuesta de la fe, la evangelización, nos decía”. En este sentido ha explicado que, también, manifestaba su deseo de ser un obispo con olor a oveja. “Es decir, un obispo con decidida impronta pastoral en sus palabras y sus obras, para ser una fiel transparencia de Cristo, único y buen pastor, en medio del rebaño encomendado”.

Del mismo modo, Martínez Rojas ha querido dar gracias a Dios por estos últimos años. “Al cabo de cinco años, querido don Amadeo, es tiempo de dar gracias. No es el momento de hacer balance. Sólo dar gracias por su servicio episcopal en esta parcela de la Iglesia universal, que es la diócesis de Jaén, a la que usted se ha entregado animándonos con entrega generosa, y señalando el camino en el sueño misionero de llegar a todos”.

Asimismo, el Vicario General ha manifestado que el pueblo de Jaén seguirá rezando por él “pidiendo para que su mirada de pastor continúe identificándose con la de Jesucristo, que en los hermosos ojos del Santo Rostro vela, acaricia y protege a esta Iglesia de Jaén. Y estamos seguros de que usted seguirá rezando por esta Iglesia a la que quiere, esta Iglesia que le quiere a usted, y que hoy, de manera especial, le agradece todo -y es mucho- cuanto ha hecho por ella, y por todos los hombres y mujeres de esta tierra”. Para culminar: “Por todo y por tanto, gracias, don Amadeo, muchas gracias”.

Una ovación ha fundido en un abrazo al Obispo con su Vicario General. La bendición con el Santo Rostro ha puesto el punto y final a la celebración litúrgica.

Ya en la Sacristía, Don Amadeo ha querido agradecer el trabajo al unísono con un presbiterio entregado a caminar en el sueño misionero de llegar a todos.  Además se ha descubierto la pintura de Monseñor Rodríguez Magro, obra del artista jiennense, Francisco Huete.

Después, Don Amadeo ha regresado al presbiterio donde ha recibido innumerables muestras de afecto y cariño filial del pueblo fiel de Jaén.

 

 

Galería fotográfica: «Eucaristía de despedida de Don Amadeo»

Ver este artículo en la web de la diócesis

21 de noviembre, Día Mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico

0

El Apostolado de la Carretera invita a no dejar pasas esta oportunidad para tener presentes a los fallecidos y familiares en la santa misa

En octubre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que instaba a los gobiernos a declarar el tercer domingo de noviembre como el Día Mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico, con el objetivo de ofrecer reconocimiento a los fallecidos en accidentes y a la difícil situación de los familiares que se enfrentan a las consecuencias emocionales y prácticas de estos trágicos sucesos.

El domingo, 21 de noviembre, desde el Apostolado de la Carretera se promueve el “Día Mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico”. “No dejemos pasar esta oportunidad para hacer presentes en la Santa Misa y demás celebraciones litúrgicas a los que han muerto trágicamente en la carretera, y han dejado un gran vacío y dolor en el corazón de sus seres queridos”, insta el Apostolado de la diócesis de Córdoba.

Los accidentes de tráfico se cobran cada año la vida de casi 1,3 millones de personas y causan daños y lesiones irreversibles a más de 50 millones. Constituyen la principal causa de mortalidad entre los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 29 años.  El año 2020 ha concluido en España con 870 fallecidos en accidentes de tráfico y 3.463 víctimas. Una cifra demasiada alta si tenemos en cuenta que la pandemia redujo la circulación un 25%. Los factores del riesgo en la accidentalidad siguen siendo: los niveles de alcoholemia, correr más de la cuenta, prescindir del cinturón de seguridad, las distracciones y el uso del móvil en la conducción. Todos estos multiplicadores evidencian sobre todo el fallo humano, y ponen de manifiesto -una vez más- la falta de responsabilidad y atención en la conducción.

La entrada 21 de noviembre, Día Mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Palabras del Vicario General en la Eucaristía de despedida de Don Amadeo Rodríguez Magro como Obispo de Jaén

0

S.I. Catedral de Jaén, 20 noviembre 2021

Querido don Amadeo, padre y pastor de esta Iglesia de Jaén, Pueblo santo de ungidos con aceite perfumado que, por la fuerza del Espíritu, nos convierte en otros Cristos.

Querido Sr. Arzobispo de Granada, querido don Ramón, obispo emérito de esta Iglesia de Jaén, queridos hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos.

Queridos familiares de don Amadeo.

Hermanos y hermanas todos.

 

El 2 de octubre de 1422, el papa Martín V trasladó desde Plasencia a Jaén al obispo don Gonzalo de Estúñiga o Zúñiga, tan unido a la historia de esta ciudad por el descenso de la Virgen de Capilla, la noche del 10 al 11 de junio de 1430. Era un obispo batallador, guerrero, que, como cantaba el romance, salía a decir misa armado, y en más de una ocasión debió capitanear las tropas cristianas para frenar a los nazaríes granadinos en La Guardia de Jaén, sufriendo cautiverio en dos ocasiones.

El 9 de abril de 2016 se repetía la historia. Pero evidentemente de manera muy diversa. El papa Francisco preconizaba de nuevo a un obispo placentino para la diócesis del Santo Reino. Pero ese obispo, que es usted, querido don Amadeo, hizo suyas las palabras de San Pablo en 2Cor 10,4: las armas de nuestro combate no son carnales, pues se presentó en esta misma catedral, el 28 de mayo de 2016, para ejercer el ministerio apostólico, como “apóstol de Jesucristo”, para actuar en su nombre y con la impronta de su corazón. Aquella homilía la estructuró Vd. catequéticamente a partir de los olores del pastor, con los que el Espíritu Santo, al que definió como el gran perfumista de la misión de la Iglesia, marca el ministerio apostólico. Y nos dijo: Le pido al Santo Espíritu que estos olores base, que me ha mostrado como esenciales para mi ministerio, creen entre nosotros una empatía espiritual y pastoral.

Y nos propuso el olor de la unidad y de la comunión, siempre necesario para el anuncio de la alegría del Evangelio, pues la unidad hace creíble y fuerte la propuesta de la fe, la evangelización, nos decía. Una unidad que se alimenta y robustece con la Eucaristía, como visibilizamos esta mañana en torno al altar, con Vd., nuestro arzobispo metropolitano don Javier, nuestro obispo emérito don Ramón, sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos de esta Iglesia del Señor Jesús que peregrina en Jaén.

El segundo olor que nos proponía era el que la tradición cristiana ha llamado bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, que nos revela nuestra vinculación bautismal con Cristo, pues todos hemos sido ungidos por el Espíritu Santo con ese olor esencial, que nos evoca la meta de nuestra vida: la santidad.

Y finalmente, manifestaba usted su deseo de ser un obispo con olor a oveja, recurriendo a una expresión que repite con frecuencia el Papa Francisco. Es decir, un obispo con decidida impronta pastoral en sus palabras y sus obras, para ser una fiel transparencia de Cristo, único y buen pastor, en medio del rebaño encomendado. Al cabo de cinco años, querido don Amadeo, es tiempo de dar gracias. No es el momento de hacer balance. Sólo dar gracias por su servicio episcopal en esta parcela de la Iglesia universal, que es la diócesis de Jaén, a la que usted se ha entregado animándonos con entrega generosa, y señalando el camino en el sueño misionero de llegar a todos.

Uno de los tesoros que conserva nuestra Catedral son los restos del Papa San Pío I, que rigió la Iglesia de Roma entre los años 140 a 155. En 1789, el Papa Pío VI regaló los restos de este Pontífice al obispo don Agustín Rubín de Ceballos para enriquecer la capilla de San Eufrasio, que este prelado giennense había embellecido. Según una tradición con fuerte fundamento histórico, el Papa Pío I era hermano de Hermas, el autor de una de las joyas más hermosas de la literatura cristiana antigua: El Pastor, El Pastor de Hermas. Esa feliz coincidencia me permite ofrecer una sencilla reflexión que, sin ánimo de ser exhaustiva, resuma su trabajo pastoral entre nosotros. Y para ello, me detengo en un detalle de este hermoso texto patrístico. Hermas, el protagonista de El Pastor, se encuentra tres veces con una anciana, que es la Iglesia, mayor, entrada en años pero de noble porte, porque existía antes de la creación del mundo. En cada encuentro, la anciana -es decir, la Iglesia- tiene un aspecto diferente. La primera vez apareció muy anciana, sin fuerza y sentada, para significar el espíritu viejo, marchito y sin fuerza de los creyentes que se asemejan a algunos ancianos que, habiendo perdido la esperanza de la juventud no esperan otra cosa que el sueño de la muerte. La Iglesia presentaba el aspecto de los creyentes débiles por las cosas mundanas, aviejados en sus tristezas y sin confianza en el Señor. En el segundo encuentro, la anciana se le apareció de pie, con el aspecto más joven y alegre, aunque la carne y los cabellos seguían siendo los de una mujer vieja. El aspecto de la Iglesia se había transformado porque a los creyentes, cuyo espíritu estaba aviejado y debilitado, el Señor les anunció la conversión, se apiadó de ellos y así recobraron vigor.

Finalmente, en el tercer encuentro, la anciana parece más joven, bella, alegre, y sentada, porque los creyentes, una vez que sus espíritus fueron rejuvenecidos, supieron alegrarse y gustar los bienes de Dios. Y aparece ahora sentada para significar, no el cansancio y la debilidad de los creyentes, sino su sólida cimentación en la conversión y los dones de Dios.

Usted, querido don Amadeo, se ha esforzado por cimentar esta Iglesia en la conversión y en los dones de Dios, para que esta Iglesia de Jaén recupere la hermosura, la juventud y la frescura que Cristo quiere para su Esposa, a la que amó y se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentarla gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada, como diría San Pablo escribiendo a los Efesios (5, 25-27). Usted nos ha invitado a la conversión pastoral, a la que nos llama el Papa Francisco, para llevar la alegría del Evangelio a todos. De su mano, las comunidades parroquiales y demás grupos eclesiales han colaborado juntos para entretejer un diseño de trabajo pastoral poniendo cada uno lo mejor de sí mismo, y gracias al cual, año tras año, hemos ido profundizando en la comunión, la celebración de la fe, la misión y la caridad, poniéndonos así, en sintonía, de manera anticipada, con la sinodalidad, caminando juntos en ese empeño de llegar a todos para ofrecerles la Buena Noticia de Jesucristo.

Como experimentado pastor curtido en mil y una experiencias evangelizadoras, no ignoraba usted las rémoras y obstáculos que, en tantas ocasiones, de manera aparentemente insalvable, nos paralizan a los creyentes y nos recluyen en una estéril inacción y en una pasividad, que nos reducen en una clara infidelidad al mandato misionero que hemos recibido de Cristo. Ha querido usted rejuvenecer a la Iglesia de Jaén con ánimo renovado, que regenerase de manera ilusionante ese espíritu anquilosado, envejecido, desesperanzado, que nos impide ver con esperanza el futuro. Por eso nos ha dicho que no basta ya con los consabidos eslóganes, que en ocasiones repetimos monótonamente, que son camisas de fuerza pastorales y espirituales que nos impiden trabajar con alegría por la causa de Jesús, y que nosotros mismos nos imponemos: siempre se ha hecho así, las circunstancias son malas, no vale la pena, la gente no responde, esto es humo, es más de lo mismo, esto ya lo hemos probado y no ha dado resultado, etc., etc. Esas actitudes fatalistas y desesperanzadas son las arrugas que, en la primera visión de Hermas, surcan el noble rostro de la Iglesia avejentándolo, tiñéndolo de tonos sombríos y macilentos, y evidencian así un espíritu que, en definitiva, no confía en la acción del Señor en la historia, en nuestra historia, y que, como atinadamente recoge Isaías, confiesa descorazonado: Yo pensaba: en vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas (Is 49, 4).

Ante esa realidad, tan extendida sobre todo en Europa, el de una fe cansada y desesperanzada, usted, con su palabra y con su vida, ha hecho realidad otro texto del citado profeta, que asumió como lema episcopal: Parare vias Domini (Preparar los caminos del Señor). Como Isaías, como Juan el Bautista, en ese desierto espiritual que en demasiadas ocasiones parece nuestro mundo, usted se ha esforzado por preparar los caminos del Señor para que Cristo llegase a los hombres y mujeres de esta tierra, y pudieran así descubrir y gozarse con la alegría del Evangelio, que es la única buena y nueva noticia, y por ello, es capaz de dar sentido al misterio de la vida humana.

No pretendo ahora recoger todas las acciones que han configurado su ministerio episcopal entre nosotros. Pero cómo no recordar la redacción “sinodal” del Plan Diocesano de Pastoral, el arranque del Sínodo Universal en nuestra diócesis, la Misión Diocesana, coronada y concluida por la Feria de la Fe, que quiso “exponer de un modo atractivo y creativo, todo lo que es, hace, siente, ofrece y ve la Iglesia diocesana de Jaén, no sólo en la actualidad, sino también en lo que ha sido en su historia como Iglesia del Santo Reino”.

Quisiera también recordar otra circunstancia que ha marcado su estancia entre nosotros. Como ya le han dicho en algún sitio, querido don Amadeo, usted ha sido también el obispo de la pandemia. Ha tenido que lidiar, al frente de su presbiterio, con la situación creada por la Covid 19, capitaneando una creatividad pastoral que ha debido acomodarse a las terribles, duras y extraordinarias circunstancias creadas desde marzo de 2020. Cómo no recordar su coloquio con la Virgen de la Cabeza, en la misa de la romería del citado año, en el marco de la basílica-santuario y del cerro que hervían de gente en años pasados y entonces estaban trágicamente casi desiertos. En ese coloquio con la patrona de la Diócesis, puso usted voz al dolor y al sufrimiento de mucha gente, pero también se hizo portavoz de los anhelos y de la esperanza de los hombres y mujeres de Jaén, que, como nuestros sufridos olivos centenarios, hunden firmemente las raíces de sus vidas en esta tierra tantas veces zaherida y llagada por las adversidades.

Ese diálogo con la Virgen de la Cabeza lo vieron muchas personas por televisión. Pero casi todos desconocen otros difíciles episodios suyos durante la pandemia, como cuando le tocó celebrar el entierro del sacerdote decano en edad de nuestro presbiterio, fallecido de Covid, en la triste soledad de un tanatorio, con un ataúd precintado, sin revestirse con los ornamentos litúrgicos porque no hubo ni siquiera celebración eucarística, y sólo con la compañía de dos sacerdotes y de un servidor. Ese episodio, y otros muchos, quedan en ese recuerdo perenne que es el corazón de Dios.

El día del inicio de su ministerio episcopal entre nosotros nos expresó un deseo con estas palabras: Espero saber redactar en vosotros con mi ejemplo la carta que anuncie a Jesucristo por toda la geografía diocesana. Pero insisto en que, para ser cartas que llevan la buena noticia, hay que estar impregnados del perfume de Jesucristo. Creo que su ministerio episcopal entre nosotros ha sido una hermosa carta que sabe a Evangelio, que huele a ese Jesucristo, Buen Pastor, que usted ha transparentado con su servicio a esta Iglesia de Jaén, desde la víspera del Corpus Christi de 2016 hasta esta víspera de la solemnidad de Cristo Rey de 2021.

En este arco de tiempo, marcado significativamente por dos fiestas cristológicas importantes, usted no ahorrado esfuerzos ni se ha dejado llevar por cansancios o derrotismos. Ha trabajado usted en una Iglesia con rica y variada historia, que dentro de seis años celebrará el octavo centenario de la restauración de la vida cristiana en nuestra tierra. Una Iglesia que es bella gracias al arrojo de sus mártires, a la fidelidad de sus religiosos y religiosas, a la entrega pastoral de sus obispos y sacerdotes, y a la santidad de tantos de sus fieles que, con su vida coherente de fe, como piedras vivas, han embellecido ese templo espiritual que es la Iglesia que peregrina en el Santo Reino.

Pero la Iglesia de Jaén, por qué no reconocerlo, como la anciana de Hermas, también tiene sus arrugas y sus cansancios, y, como la Iglesia universal, necesita recuperar el amor primero y reafirmar su fidelidad a su único Señor, Jesucristo. Al final, creo que entrega usted a su sucesor una comunidad diocesana, que es del Señor Jesús, en la que su ministerio episcopal ha hecho, por decirlo con la tercera visión del Pastor de Hermas, que esa anciana, que es nuestra Iglesia diocesana, parezca más joven, alegre y bella, porque el espíritu de sus miembros ha sido rejuvenecido, y se fundamenta no en el cansancio y la debilidad de los creyentes, sino en la conversión sincera y en los dones de Dios.

Hace algo más de cinco años usted nos pidió: Rezad por mí para que mi ministerio episcopal tenga el olor de los hombres y mujeres de esta tierra, el de los andaluces de Jaén. Sólo así podré identificar mi mirada con la de Jesucristo, Santo Rostro misericordioso del Padre. Ese que, como un tesoro, veneramos en esta Santa Iglesia Catedral.

Como ha hecho otras veces, al final de esta celebración usted nos bendecirá con el Santo Rostro. Nosotros seguiremos orando por usted, pidiendo para que su mirada de pastor continúe identificándose con la de Jesucristo, que en los hermosos ojos del Santo Rostro vela, acaricia y protege a esta Iglesia de Jaén. Y estamos seguros de que usted seguirá rezando por esta Iglesia a la que quiere, esta Iglesia que le quiere a usted, y que hoy, de manera especial, le agradece todo -y es mucho- cuanto ha hecho por ella, y por todos los hombres y mujeres de esta tierra.

Por todo y por tanto, gracias, don Amadeo, muchas gracias.

 

 

Francisco Juan Martínez Rojas
Vicario Gral. de la Diócesis de Jaén
Deán de las Catedrales

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía en la Eucaristía de despedida de mi ministerio como Obispo de Jaén

0

Santa Iglesia Catedral, 20 de noviembre de 2021

Queridos diocesanos:

Hace unos meses, concretamente el día tres de marzo, le dirigía al Papa Francisco una larga carta de renuncia en la que, entre otras cosas, le decía este párrafo que ahora os leo:

“Ahora cumplo 75 años y no le oculto, Santidad, que el peso del ministerio me pide otro modo de servir, más interior y no tan en primera línea de acción, como me ha sucedido a lo largo de toda mi vida sacerdotal y episcopal. Quiero que sepa, Santo Padre, que estoy preparado para el relevo del obispo que el Espíritu Santo elija y Su Santidad disponga. Cuando ese momento llegue, este obispo, fiel hijo de la Iglesia y convencido colaborador del Papa Francisco, pasará con paz y respeto, silencio y disponibilidad, todo el tiempo que el Señor me mantenga con vida.”

Fiel a lo dicho, lo primero que deseo comunicaros es que lo que hoy está sucediendo pertenece a la normalidad de la sucesión apostólica. Despedirme de vosotros tiene para mí la normalidad humana y espiritual de quien acepta la voluntad de Dios y de la Iglesia. Le doy gracias al Señor porque me está concediendo vivir con paz, alegría y gratitud el final de mi ministerio episcopal, que me llega, ni más temprano ni más tarde, sino en la edad establecida por el Derecho Canónico.

También quiero compartir con vosotros que mi jubilación me vincula para siempre a la vida de esta Diócesis como Obispo emérito; no obstante, mi misión a partir de ahora consistirá en la oración y el afecto. El día a día de la guía pastoral lo llevará el joven obispo que el Santo Padre nos ha enviado: nuestro ya querido Don Sebastián.

La sucesión apostólica me exige, por los lazos humanos, espirituales y pastorales que se han creado entre nosotros, que hoy tenga que vivir este gesto de despedida del ejercicio ministerial a esta Iglesia querida del Santo Reino de Jaén, a la que he servido con tanto ahínco e ilusión y en la que me he sentido tan bien arropado por todos vosotros, laicos, consagrados, presbíteros y diáconos. Lo hago en una Eucaristía, en la que quiero compartir con vosotros ante el Señor mis más sinceros sentimientos, que resumo en tres palabras: GRACIAS, PERDÓN Y NOS VEMOS.

GRACIAS

Gracias, porque desde el primer día siempre me habéis hecho sentir como vuestro obispo. Nunca tuve que dudar de, si en lo que pensaba y hacia, iba por el buen camino; la acogida de mi línea ministerial ha sido tan sincera y tan cálida, que siempre me reafirmabais en que hacíamos lo que teníamos que hacer. No sé qué valoración tenéis vosotros de todo cuanto hemos hechos en estos cinco años, tan marcados por la experiencia de la pandemia, pero si me lo permitís yo, a pesar de mis deficiencias y debilidades, le doy gracias el Señor y os las dos doy con el corazón lleno de gratitud y afecto también a todos vosotros.

Recordaréis que en mi primera homilía quise hacer un diseño ideal de lo que debería de ser como vuestro Obispo. Os expuse lo que yo entendía que debía de ser el perfume del apóstol. El primer olor era el de la unidad: el obispo es principio y fundamento de la unidad en la Iglesia particular y está llamado a promoverla entre las personas, las instituciones y los programas con los que se teje la identidad de una diócesis con alma y rostro. Os dije entonces: Contad conmigo para cultivar una espiritualidad de comunión, siempre naturalmente en tensión misionera (cf PDV 12) en lo que pensemos, digamos o hagamos. Por eso, os decía también que el obispo siempre debería de utilizar la primera persona del plural. Era consciente de que el uso “del nosotros” del Obispo es teológico, al tiempo que también existencial e histórico.

Si lo he hecho, si he ejercido el ministerio sumando y uniendo, gracias Señor.  

Un segundo olor imprescindible en el Obispo es el del buen olor de Cristo. “Somos olor de Cristo ofrecido a Dios” (2 Cor 2,15). El obispo ha sido ungido por el Espíritu Santo con ese olor esencial; por tanto, está obligado a activar permanentemente el olfato en ese perfume situando su vida tras la meta de la santidad. Recuerdo que entonces os decía: Yo le pido al Señor que mi ministerio tenga su perfume; y con vosotros quiero crecer en un mayor seguimiento e identificación con Jesucristo.

Si lo he hecho y la santidad individual y comunitaria la crecido, gracias Señor.

Y traje un tercer olor en mi olfato pastoral; se trata del, a veces denostado, olor a oveja. Y os decía entonces: Para ser un obispo con este olor, me pongo ya desde hoy en la fila de los que abren su corazón al Buen Pastor y le dejan que cure sus heridas. Sólo dejándome sanar podré serviros con paciencia y misericordia. Rezad por mí para que mi ministerio episcopal tenga el olor de los hombres y mujeres de esta tierra, el de los andaluces de Jaén. Sólo así podré identificar mi mirada con la de Jesucristo, Santo Rostro misericordioso del Padre. Ese que, como un tesoro, veneramos en esta Santa Iglesia Catedral.

Si el perfume de lo humano, de lo social, de lo cívico se me ha pegado poco a poco entre vosotros, gracias Señor.

Hoy os confieso que siempre quise ser fiel a estos tres olores y espero haberos hecho llegar algo de ese perfume.  Siempre deseé y le pedí al Señor, en el día a día de nuestra intimidad en la oración, que mantuviera vivo en mí el olor que tenía que transmitir en cada una de mis acciones, decisiones, intenciones, sueños e ilusiones.

Gracias, Señor, por lo que ponías en mí y por lo que hacías llegar a través de mi humilde persona a tantos y tantas como habéis participado activamente conmigo en el mismo sueño misionero. ¡Habéis sido tan fieles al Señor y tan buenos conmigo! No sé cómo pagaros todo el bien que me habéis hecho.

PERDÓN

Yo sé, sin embargo, queridos hermanos y hermanas, que ese retrato ideal que yo he llevado con ilusión en mi corazón, no siempre ha sido nítido. Probablemente el Señor, vosotros y yo mismo lo hemos visto con sombras y con zonas opacas que impedían reflejar la sensibilidad del olor de ese perfume. Es probable que no haya sido capaz de crear la comunión buscada, ni la sinodalidad deseada hasta donde fura capaz de crear lazos de participación para una misión evangelizadora. Seguramente con mi palabra y mis gestos no supe proyectar el buen olor de Cristo, tan necesario para poder anunciarle. Y es posible que, por mis límites, no haya ofrecido el olor a oveja, aunque siempre haya querido ser para todos y haya preferido a los más débiles y humildes.

No obstante, por si os sirve para comprenderme, he de decir que no vine a Jaén a acabar nada; nuestras tareas sólo el Señor las acaba. “Ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer” (1 Cor 3,7). En mi caso, además, siempre fui consciente de que, por razones de tiempo, tenía que elegir, en cada paso que daba, lo que era más necesario e importante y decisivo para un camino de todos. Por eso hay proyectos no iniciados, cosas no acabadas, cuestiones abiertas y faltan muchos remates que dar a las reformas iniciadas, que tuvieron su luz y guía en nuestro Plan Diocesano de Pastoral, siempre trabajado en sinodalidad. Lo que sí os digo es que en todo momento, animados por el Espíritu, supimos hacia dónde íbamos en cada iniciativa que surgía. Nunca hicimos nada sin una motivación espiritual y pastoral sólida.

Por mis fallos, por mis límites, por mis carencias, pido perdón a Dios Nuestro Señor; y os pido también perdón a todos vosotros y vosotras de todo corazón. También quiero pedir perdón por mis decisiones, sobre todo cuando afectaban a personas, si no os complacían. Os puedo asegurar, en conciencia, que nunca hice nada para ofender a nadie y, si algo dejé de hacer y por eso alguno se da por ofendido, pensad que a veces el bien de la Iglesia, que el obispo tiene que administrar, me impedía hacer las cosas al gusto de cada uno. De cualquier modo, os digo que, si lo bien hecho ha sido de todos, los errores han sido sólo míos. Y termino este capítulo del perdón comunicándole de corazón a quien me haya podido ofender, que esté muy tranquilo, porque ya no queda nada en mí. Soy frágil y las ofensas gratuitas e injustas me duelen; pero también digo que nunca dejan la más mínima huella de rencor. Mi Creador y mis progenitores me hicieron con un corazón que borra ofensas de un día para otro.

NOS VEMOS (“CI VEDIAMO”)

“Nos vemos” es un saludo habitual entre italianos cuando se despiden tras un encuentro. Pues eso os digo yo: “Ci vediamo”. Nos veremos cada día en la Eucaristía que seguiré celebrado por todos vosotros, como siempre hice desde que inicié mi ministerio en Jaén. En cada Eucaristía habéis sido mi única intención. Nos veremos en la oración, en el afecto y en el recuerdo.

Nos veremos quizás en la calle, porque en mí se va a cumplir ese hermoso dicho “Al que Dios quiso bien, casa le dio en Jaén”. Siempre me habéis oído decir que el Santo Padre, al enviarme Jaén, me había hecho un hermoso regalo, el de venir a una Iglesia muy sólida en su fe y en su caridad y a una tierra en la que se practica la acogida como un modo de ser que define a sus gentes. Ese sentimiento lo tuve desde el primer momento. También supe al venir como vuestro obispo que, a no mucho tardar, porque vine en una edad tardía, me llegaría el día que hoy compartimos en esta despedida. Quizás sea por eso que incansablemente he querido estar presente en todos los rincones de la diócesis y he trabajado para esta Iglesia con un afán sin límites.

Sabía, por tanto, que sería el segundo obispo Emérito de Jaén y que eso me vinculaba ya para siempre a esta bendita tierra.  Pues bien, si me lo permitís, me quedaré viviendo entre vosotros como le corresponde a alguien que es de aquí, que quiere ser un jiennense y jaenero ya para siempre. Mi hermana y yo lo hacemos con mucho gusto, porque en nuestro día a día nos habéis tratado como uno más entre los vuestros. Con todo mi corazón os digo: os queremos y os agradecemos vuestro afecto. Me alegraré mucho cuando os vea y espero que también vosotros os alegréis cuando me veáis a mí. Por eso os digo: NOS VEMOS (“CI VEDIAMO”).

Que Santa María de la Cabeza, la Madre que nos cobija como Iglesia nos proteja siempre a vosotros y a mí.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo Administrador Apostólico  

 

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.