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Homilía en el inicio de mi episcopado como Obispo de Jaén

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Excmos. Sres. Arzobispos y obispos, gracias por vuestra cercanía y vuestra oración, y por el esfuerzo que han realizado para acompañarme en este momento. Vuestra presencia es un signo visible de la comunión en la iglesia que me alienta y conforta ante la misión que inicio esta mañana.

Excmo. Sr. Nuncio, Mons. Auza, gracias por las palabras de cariño y ánimo que me ha dirigido. Nuevamente, le pido que transmita al Santo Padre, el Papa Francisco, mi total comunión y fidelidad a su persona y a su Magisterio.

Saludo a D. Amadeo, mi antecesor, y agradezco, también, las palabras con las que nos ha presentado el rostro de mi esposa, la Iglesia que camina en esta hermosa tierra, el Santo Reino de Jaén. ¡Gracias por sus palabras de acogida y bienvenida!

Sacerdotes que habéis venido desde los distintos puntos de nuestra Diócesis y los que habéis llegado desde fuera para acompañarme, de una manera especial, D. José Manuel, el obispo de mi querida Diócesis de Cartagena, ha sido para mí un padre, un hermano y un maestro.

Cabildo catedralicio, religiosos, seminaristas ¡Gracias por vuestra acogida!

Excmas. e Ilmas. autoridades civiles, académicas, militares y judiciales, agradezco su presencia en este acontecimiento tan importante de nuestra Iglesia jienense. Nuevamente, les manifiesto mi disponibilidad, mi servicio y colaboración en todo aquello que les pueda ser necesario para el bien de nuestro pueblo.

Saludo, especialmente, a todos los ancianos, enfermos y amigos que nos estáis siguiendo por la Cadena Cope, Radio María, así como a los que nos estáis viendo por Trece TV y Popular TV.

 

Queridos feligreses, familia y amigos.

Nuevamente, como Pedro, he vuelto a escuchar de la boca del Señor esa pregunta que llega hasta lo más hondo de nuestro corazón: “¿me amas?” y, ante mi respuesta de amor, Él me ha dicho: “¡Sígueme!”.  Lo dijo de una manera especial cuando me llamó al ministerio sacerdotal, y acepté; por segunda vez lo dijo cuando me llamó al ministerio episcopal, como obispo auxiliar de la diócesis de Cartagena, y acepté; y por tercera vez, ante esta nueva llamada que me hace para que pastoree a ésta Diócesis de Jaén, como sucesor de los Apóstoles, me lo ha dicho y he vuelto a aceptar, y siempre con el deseo de “amarle con todo mi corazón, con todo mi ser y con toda mi mente” (Cfr. Mt. 22, 38) y entregarme, confiadamente, a Su voluntad.

Doy gracias a Dios por la gran misericordia que siempre ha tenido conmigo, por el don de su Espíritu, con el que me ha enriquecido, y le pido que me ayude a vivir la santidad, “porque tengo que servir a la Iglesia como maestro, santificador y guía… Y, configurado con Cristo, amarla con el amor de Cristo esposo y ser ministro de unidad, haciendo de ella un pueblo convocado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Cfr. Pastores Gregis n. 13)

Hoy vivimos un momento importante en el devenir de nuestra Iglesia diocesana. Vivimos el proceso de la Sucesión Apostólica, donde cambiamos las personas, pero permanece el ministerio y el servicio al pueblo santo de Dios. Desde aquellos primeros tiempos apostólicos, la Iglesia del Señor continúa y crece por obra del Espíritu Santo, que nos envió el Resucitado, por medio de la Palabra y el ministerio de los Apóstoles. Demos gracias a Dios, en este día, por cómo nos está cuidando.

Desde los tiempos de San Eufrasio, uno de los siete Varones Apostólicos que llegaron a nuestras tierras hispánicas, Cristo preside, vivifica y dinamiza a esta Iglesia. Aquí está viva su Palabra como permanente revelación del amor de Dios y de nuestra salvación; aquí se hace presente en cada altar mediante el Sacramento de la Eucaristía, fuente de vida que emana hasta la vida eterna; aquí encontramos su perdón, el consuelo de nuestras heridas y la fuerza para ponernos en pie y seguir caminando; aquí está el poder de Dios transformando nuestros corazones, haciéndonos una gran familia: sus hijos, y abriéndonos camino para alcanzar la plenitud de su Gloria y, por tanto, viviendo en esperanza; y desde aquí, desde esta Iglesia peregrina, Iglesia en salida, Iglesia samaritana, emana la fuente de Caridad, que brota del Corazón abierto de Cristo, que se ofrece para curar, sanar y salvar al hombre.

Juntos, queridos hijos, iniciamos esta nueva etapa. Vengo con el único programa de unirme a vosotros y caminar juntos, como vuestro servidor, de todos, pero de forma especial de los pobres, los débiles, los enfermos, los que no tienen hogar, los migrantes…,  con el emblemático “encargo de predicar, dando solemne testimonio de que Dios ha constituido a Cristo juez de vivos y muertos” (Cfr. Hch 10,42) También, me uno a vosotros como vuestro hermano en la fe, con el deseo de sentir el calor fraternal que brota de nuestro bautismo y nos hace ser comunidad, familia, Iglesia, ayudándoos a crecer en la fe y a vivir en el amor de Dios y del prójimo.

Soy consciente de mis debilidades y limitaciones, pero os puedo asegurar que llego con pleno deseo de entregarme por entero a Cristo para dar mi vida al servicio de su Reino y al servicio de todos vosotros. Pues, “el buen pastor da su vida por sus ovejas” (Jn 15, 3)

Sé que cuento con la Gracia de Dios, pues así se ha manifestado a lo largo de toda mi historia, pero, también, os pido vuestra ayuda para ser un buen obispo, signo del Buen Pastor, Siervo, Esposo y Maestro de la Iglesia; un pastor según el corazón de Cristo, de quien un día se pueda decir: “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10, 38)

Juntos, viviendo la comunión, la participación y la misión, es decir, en sinodalidad, continuaremos la misión que el Señor nos encomendó: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15), con el realismo y la profundidad que esto significa e implica. Es cierto que no son pocos los obstáculos que nos encontramos, en este momento de nuestra historia, y que incluso nos pueden estar afectando en nuestra vida cristiana y en nuestra vocación, pero sabemos que vivimos el tiempo de Dios. Él nos ayudará a superarlos a través de nuestros dones, de las iniciativas comunitarias y, sobre todo, con su Gracia, haciéndonos crecer en calidad y cantidad para el servicio del Evangelio y de su Pueblo.

Vengo en un momento espléndido para escuchar el latir de vuestro corazón y el deseo que el Espíritu Santo nos quiere sugerir para nuestra peregrinación como Iglesia, ante la reflexión que el Papa Francisco nos pide para la preparación del Sínodo de los Obispos, en este momento concreto de nuestra historia, pero pensando en los hombres  y mujeres que han de recibir y vivir el testigo de nuestra fe.

Acabo de llegar a esta Diócesis, y ya me siento estrechamente unido a vosotros, mis hermanos sacerdotes, primeros colaboradores del obispo, que lleváis la gran responsabilidad del servicio al pueblo de Dios y del anuncio del evangelio en las parroquias y en los distintos oficios que desempeñáis. Os felicito por el “Sí” que un día disteis, por vuestra entrega y por vuestra fraternidad sacramental a la que desde hoy me incorporo. Desde ahora me pongo enteramente a vuestro servicio. Manifiesto mi cercanía y oración a los sacerdotes mayores y enfermos, a los que estáis en la misión o estudiando fuera de la diócesis. A todos, os aseguro, que vengo ilusionado y con gran deseo de empezar a trabajar juntos, viviendo en fidelidad al amor de Dios y al amor al pueblo santo que tenemos que servir en su nombre. A aquellos que desempeñáis responsabilidades diocesanas, a partir de este momento, os renuevo vuestra responsabilidad y deseo contar con vuestra ayuda. ¡Os voy a necesitar!

Nos tenemos que ayudar mutuamente para estar siempre alejados de la mediocridad. El Papa Francisco nos decía, a todos los cristianos, en una de sus homilías que: “Hay un sueño peligroso: el sueño de la mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por inercia, preocupándonos sólo por tener una vida tranquila. Pero sin impulsos de amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos. Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el ardiente deseo de Dios, es la valentía perseverante para convertirse, es valor para amar, es salir siempre adelante” (Hom. Adv. 29-11-2020)

De una manera especial, os manifiesto mi compromiso de ayuda y cercanía a todos vosotros, queridos seminaristas, pues sois nuestro “corazón diocesano”. He vivido intensamente durante años, con gran inquietud y entrega, la misión de la formación sacerdotal, tan necesaria hoy en nuestra Iglesia. Doy gracias a Dios por nuestro Seminario y manifiesto mi alegría por el grupo de seminaristas que lo formáis, pero también comparto mi preocupación por la pastoral vocacional y el celo por una buena formación de los futuros presbíteros, que nos pide la Iglesia Universal.

Expreso mi cariño y mi afecto a todos los religiosos y religiosas de nuestra Diócesis, a los Institutos Religiosos, a las Asociaciones de Vida Religiosa y Vírgenes Consagradas, que servís a esta Iglesia con vuestra entrega, enriqueciéndola espiritualmente con vuestro testimonio y siendo herramientas eficaces de trabajo y de recursos humanos al servicio de nuestros hermanos en las distintas realidades apostólicas que desempeñáis. Os saludo a todos y os agradezco vuestra entrega y vuestra fidelidad, así como vuestra oración por nuestra Diócesis y, de una manera especial, por mí en estos primeros pasos.

Queridos fieles, me siento ganado por vuestro afecto y por la acogida que estoy recibiendo. Vosotros: familias, jóvenes, ancianos, niños… sois junto a todos nosotros, sacerdotes y religiosos, la carne de Cristo, el rostro de mi esposa, la Iglesia, a la que deseo amar como esposo, padre y hermano. Desde el primer momento de mi nombramiento me han hablado con mucho cariño de vosotros, contándome que sois abiertos, cercanos, sencillos, bondadosos, agradecidos, una Iglesia muy viva.

Os deseo conocer personalmente, escuchar vuestras inquietudes y atender las necesidades propias, de vuestra familia o de vuestra realidad eclesial, pero también os necesito para la tarea que Dios me encomienda y para que me ayudéis, desde vuestra cercanía y la frescura de vuestra sinceridad, a ser el pastor que Dios desea para vosotros.  Os tengo muy presentes en mi oración, sobre todo a los enfermos y a los que están sufriendo por alguna circunstancia.  Pienso, de manera especial, en los pobres y necesitados, en las familias en dificultad, en las personas que no tiene vivienda, en los maltratados, en los presos, en los que no tienen trabajo y viven en precariedad económica, sobre todo pienso en el gran número de jóvenes que están viviendo en esta circunstancia, en los temporeros que no son tratados con dignidad, en los que sufrís las consecuencias directas o indirectas de esta pandemia… a todos vosotros, sabed que contáis con el amor preferencial de Dios. Sois las llagas abiertas de Cristo que tenemos que besar con nuestra atención, cercanía y ternura.

Del mismo modo, tengo presentes, a los que no creen, a quienes piensan diferente a nosotros, a los que no conocen a Jesús, ellos, también, son nuestros hermanos, y un reto de caridad en nuestra misión evangelizadora. Desde lo más profundo de su corazón nos están gritando, como a Felipe: “queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21). El desconocimiento del Señor nos debe pesar como le pesa a Jesús, (nuestro Hermano Mayor), lo que debe avivar nuestra inquietud y “nuestro poner al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido” (1 Pe 4, 10), manifestando con nuestra vida que “la Iglesia es la casa de la alegría” (EG) y aquella pobreza que nos hace vivir en libertad.

A todos los que habéis participado en esta celebración (un nutrido número sois de mi Diócesis materna) y a los que la habéis hecho posible, preparando hasta los últimos detalles, ¡GRACIAS!

Encomiendo a toda nuestra Diócesis a la Virgen María, Nuestra Sra. de la Cabeza, Patrona de Jaén y en su maternidad pongo mi ministerio, para que me ayude a cuidar de la grey, a cuyo servicio hoy me pone el Espíritu Santo, para pastorear a esta Iglesia de Dios: en el nombre del Padre, cuya imagen represento en la Asamblea; en el nombre del Hijo, cuyo oficio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerzo, y en el nombre del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia de Cristo y fortalece nuestra debilidad. Que Ella nos bendiga y nos proteja en esta etapa que comenzamos.

 

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

 

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Palabras de bienvenida y saludo de Don Amadeo al Obispo Sebastián

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Con mis últimas palabras como Pastor de la muy amada Diócesis del Santo Reino de Jaén, me dirijo a nuestro Obispo electo Don Sebastián, que en esta celebración Eucarística tomará posesión de esta Sede Episcopal como el 76 sucesor de San Eufrasio. Con él está el Nuncio de Su Santidad, portador de la Bula Pontificia, que ratifica su elección y nombramiento; le acompañan un nutrido grupo de arzobispos y obispos, encabezados por el Señor Arzobispo de Granada, nuestro metropolita, y por el Señor Obispo de Cartagena, Don José Manuel Lorca Planes, del que Don Sebastián ha sido Obispo Auxiliar. Le hablo en nombre de este pueblo de Dios, hoy presente masivamente, en una muy amplia representación, en la Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen, relicario del Santo Rostro de Jesús.

Somos la Iglesia que camina en las ciudades y pueblos de esta histórica Diócesis, situada en un mar de olivos y entre bellos paisajes, y que hoy recibe, con gratitud al Santo Padre, a su nuevo Pastor. Somos un pueblo cristiano en marcha, siempre ilusionado y siempre disponible; así me lo encontré, guiado entonces por mi predecesor, Mons. Ramón del Hoyo, y así se lo encontrará usted, si he sabido administrar, colaborando con el Espíritu Santo, este precioso capital humano y espiritual que me fue encomendado. Durante estos poco más de cinco años hemos sido una Iglesia sinodal y ahora se la encontrará activamente participando en el Sínodo al que nos ha convocado el Papa Francisco, en el que se nos invita a afianzarnos en nuestra identidad de Iglesia caminante y en salida. Le puedo asegurar que la participación activa, creativa e ilusionada en el Sínodo universal está plenamente encauzada.

El laicado, los consagrados y consagradas, los diáconos y el presbiterio diocesano constituyen una Iglesia viva que ha ido renovándose tanto en su pastoral ordinaria, como en otras muchas iniciativas y acciones, todas orientadas en comunión y evangelización. Hemos caminado con una Plan Diocesano de Pastoral que, en sintonía con Evangellii Gaudium, nos ha alentado en un sueño misionero, el de llegar a todos con una pastoral claramente de anuncio activo del Evangelio de Jesucristo.

  • Sin perder el rumbo de hacer bien y situar adecuadamente el camino ordinario de la fe y de la vida cristiana de nuestras comunidades, hemos entrado a fondo en la vida en comunión de nuestra Diócesis, consolidando el espíritu sinodal en las instituciones, tanto diocesanas como arciprestales y parroquiales, para que todo nos llevara a caminar con una participación responsable en la vida de nuestra Iglesia, que ha querido ser casa común en esta sociedad jiennense.
  • Hicimos el firme propósito de ponernos en estado permanente de misión, y le puedo asegurar que, poco a poco, se ha ido modificando la concepción de la fe y la vida cristiana de muchos, sobre todo al descubrir que cada bautizado es una misión en el mundo.
  • Nuestro Plan de Pastoral nos ha llevado a una profunda reflexión sobre la vida sacramental y eucarística de nuestras comunidades, nos ha situado en la escucha de la Palabra, en la oración y en el aliento de promover y cuidar todo lo que ayude a cada cristiano a consolidar su vida en santidad.
  • La caridad, que siempre ha sido una virtud bien cultivada entre nosotros en actitudes y en realidades institucionales, nos hizo entrar en todas las marginaciones, de las que se está ocupando la misión social y caritativa de la Iglesia en esta tierra.

En torno a la comunión, la evangelización, el culto, la espiritualidad y servicio de la caridad, ha girado nuestro itinerario como Iglesia en todas sus instituciones: curia diocesana, arciprestazgos, parroquias, movimientos y grupos. Viene usted, por tanto, no a una Iglesia perfecta, pero sí a una Iglesia soñadora de caminos que la lleven a mostrar el rostro de Cristo a todos y en especial a los más heridos en su vida interior y en sus situaciones humanas y sociales. Se encontrará usted en Jaén con un humus religioso, bien favorecido por un rico universo de devociones y advocaciones cristológicas, marianas, y de tantos santos y mártires como se veneran en esta Iglesia.

Como la Diócesis de Jaén tiene como Madre y Patrona a la Virgen de la Cabeza, a ella que le pedimos que le proteja en su ministerio entre nosotros. ¡Dios guarde siempre a nuestro Obispo Sebastián!

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo Administrador Apostólico

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Sábado 27 de noviembre, XLIII Semana Social de España: Mesas redondas y clausura

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Sábado 27 de noviembre, XLIII Semana Social de España: Mesas redondas y clausura

La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla abre sus puertas de nuevo esta mañana a los participantes de la XLIII Semana Social de España que hoy, sábado 27 de noviembre, celebra su tercera y última jornada de trabajo.

En torno a las 10.00 horas comenzaban las sesiones de trabajo con el saludo del presidente de la Junta Nacional de Semanas Sociales, Jesús Avezuela Cárcel. Después, un tiempo de oración dirigido por Fernando Fuentes, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana.

Primera mesa redonda: «Una mirada desde la política»

El tema central que plantea esta Semana Social, «La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y a la participación» se ha abordado hoy a través de dos mesas redondas.

La jornada ha comenzado con la oración dirigida por Fernando Fuentes, director de Pastoral Social en la CEE. A las 10.30 horas comenzaba la primera, «Una mirada desde la política», moderada por el periodista Diego García Cabello. Han participado en el debate el viceconsejero de la vicepresidencia y de la consejería de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local de la Junta de Andalucía, Manuel Alejandro Cardenete Flores; el director del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, Carlos García de Andoin; y la diputada del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, Sol Cruz-Guzmán García.

Manuel Alejandro Cardenete señaló la importancia de las relaciones personales en política, donde son más fáciles los acuerdos y sacar adelante proyectos cercanos al bien de las personas y del bien común. Sol Cruz-Guzmán hizo una llamada a la movilización de las personas en la sociedad para impulsar el trabajo en la política y alertó del «cambio que se está dando entre el bien común o bien general y la multitud de bienes particulares».

Sol Cruz-Guzmán señaló «la poca proactividad de la Iglesia en la reclamación a los políticos de sus opiniones y presencias en la sociedad«. En relación a la amistad social señaló que su experiencia en política es que sí hay posibilidad y reclamó que «la Iglesia sea catalizadora de las opiniones diversas en el espectro político». Manuel Alejandro Cardenete animó a la presencia en redes sociales «porque lo que no se visualiza no existe pero al mismo tiempo alertó de sus riesgos. Creo en la bondad de las redes sociales para contar los bienes que se hacen en el terreno político y en el terreno particular poniendo en valor lo que para mí es importante, que es también la vida cristiana».

Carlos García de Andoin afirmó que «las redes ayudan a la tribalización de la vida social y de la vida política» y añadió «dos elementos que cortocircuitan el diálogo entre la Iglesia la política y la vida pública. Una es de la parte de la política cuando hay un laicismo que arroja a la religión a la vida privada» y afirmó «la necesidad de una laicidad incluyente» y «desde el lado cristiano hay que olvidarse el recurso a la verdad ontológica y a la ley natural. En el tiempo presente hay que construir desde el diálogo y desde la convención, porque a los valores prepolíticos no se puede llegar desde una verdad, sino desde el acuerdo entre distintos».

Segunda mesa redonda: «Una mirada desde la empresa y el sector social«

Después de un breve descanso comenzaba, en torno a las 11. 45 horas, la segunda mesa redonda, «Una mirada desde la empresa y el sector social«. Se ha contado con las intervenciones de  la exministra de Empleo y Seguridad Social de España, Fátima Báñez García; el presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía, Javier González de Lara Sarriá; y la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro. El periodista Juan Carlos Blanco Cruz ha sido el moderador.

Javier González de Lara señaló que «hay que reconocer que el diálogo político e institucional no está a la altura de lo que los ciudadanos queremos. Es referente el diálogo social». Mostró su preocupación por la escasa participación social, «también de los cristianos. Tenemos que dar no sólo compromiso de fe, sino también social y política» y pidió pasar del «¿Qué va a pasar? al ¿Qué podemos hacer?». «Sin ética no existe éxito empresarial ni tampoco existe éxito social».

Natalia Peiro señaló que el optimismo y la esperanza están en ver a todas esas personas católicas que se comprometen con los demás: «el valor de los cristianos para la vida pública es nuestro valor y nuestro compromiso, con esa coherencia de vida de tantas personas anónimas desde su vida privada» porque, apuntó, «el compromiso y el encuentro con el otro, como dice el Papa, es lo que nos lleva a la regeneración de la vida pública». Una de las herramientas importantes es estar cercanos a los problemas de nuestro tiempo y dijo que «en Cáritas una ventaja es que las decisiones muchas veces se toman en la primera línea, entre quienes están en contacto con el otro, con el que sufre, con los que están en el encuentro cercano».

Fátima Báñez señaló que la regeneración tiene su «origen en la responsabilidad personal, como primer paso para regeneración de la vida pública». Recordando a Benedicto XVI, señaló que «los cristianos tenemos el deber de dar testimonio de nuestra vida en cualquier ámbito de responsabilidad». La sociedad se construye con la suma de cada uno, «no esconderse en la responsabilidad colectiva sino mirar desde la responsabilidad persona para construir el bien común. A partir de ahí trasciende el entorno en el que uno vive».

Conclusiones de las XLIII Semanas Sociales de España

Regeneración de la vida pública: una llamada al bien común y a la participación

En este momento conclusivo de la XLIII Semana social es esencial reconocer el trabajo que en los últimos meses se ha realizado en muchas diócesis de la Iglesia en España.  Los diversos encuentros preparatorios, siguiendo un marco de trabajo común, han sido un ejercicio de sinodalidad eclesial desde el diálogo, la deliberación y la elaboración de propuestas para una renovada presencia de la Iglesia en la vida pública.

Nuestras sociedades están atravesadas por un profundo individualismo que dificulta las propuestas de proyectos comunes orientados al bien común. Un individualismo, que como declara el papa Francisco en Fratelli tutti, “no nos hace más libres, más iguales y más hermanos y hermanas” (cfr, FT, 105). Desde el compromiso de los católicos en la vida pública es necesario empeñarse en construir una sociedad cada vez más inclusiva, que nos vincule asociativamente entre creyentes y no creyentes, dando protagonismo a la sociedad civil en la edificación de la fraternidad universal.

Reconocemos la intensa pluralidad de nuestras sociedades y las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia como una llamada a construir una gran familia humana desde la diversidad. Muchas veces esta pluralidad se presenta de manera polarizada, enfrentada y sin espacio para el diálogo. Los procesos de diálogo público entre ideas encontradas y las experiencias de amistad social entre personas con diferencias ideológicas, culturales o religiosas son parte del compromiso irrenunciable con la vida pública. La llamada de Fratelli tutti a ejercitar un “diálogo persistente y corajudo” (cfr, FT 198) se convierte en un horizonte esencial para la vida pública.  El ámbito educativo, en el que la Iglesia católica tiene una amplia presencia, debe potenciar esta educación para la vida pública enraizada en el diálogo social y político como escuela de fraternidad.

No podemos pasar por alto que nuestro mundo esta fracturado por la “cultura del descarte”. Millones de hermanos y hermanas nuestras sufren la injusticia, el abandono y el olvido. Las llamadas desde las periferias a un mundo más justo se constituyen en un referente esencial para regenerar la vida pública. Para los cristianos la opción preferencial por los pobres es un fundamento básico para el bien común. No cabe duda de que la presencia de la Iglesia en el campo de lo social es intensa y amplísima, a la vez que reconocida por la sociedad. Sin embargo, en otros ámbitos como el mundo de la cultura o de la política, necesarios para la realización de la “cultura del encuentro”, la presencia de los cristianos es mucho menor o incluso irrelevante. El compromiso con la vida pública también nos llama a los cristianos a aportar nuestro bagaje cultural y político para enriquecer y enriquecernos con nuestra participación en la esfera pública.

Una Iglesia sinodal y en salida debe promover las vocaciones al mundo político. Laicos y laicas que vivan como misión de servicio su presencia en la vida política activa en la diversidad de opciones existentes. Comprometerse en las dinámicas del poder político, no para sucumbir ante él, sino para convertirlo en servicio para el bien común es una “altísima vocación, una de las formas más preciosas de caridad” (cfr EG, 205) que la Iglesia debe acompañar, formar y cuidar. El acompañamiento personal y comunitario a las vocaciones políticas se constituye como un reto fundamental en el contexto complejo e incierto que vivimos.

Para la vida pública de nuestra sociedad es un verdadero don el crecimiento de la conciencia de interdependencia, acrecentada durante la pandemia, la emergencia significativa de la conciencia ecológica y la preocupación social por la desigualdad y la pobreza. A pesar de las limitaciones e incluso malinterpretaciones que puedan existir son una buena noticia para un mundo necesitado de ellas. No somos “profetas de calamidades” que condenan el mundo en su totalidad si no que debemos reconocer todo el bien que existe en el mismo. El compromiso en la vida pública nos llama a reconocer, aprender y colaborar con esta creciente, aunque insuficiente, conciencia de interdependencia global.

El mundo digital es hoy un espacio fundamental para la constitución de la vida pública. La vida personal y pública se sustenta cada vez más en procesos digitales con toda la ambivalencia que estos generan. Riesgo y oportunidades aparecen de la mano en el mundo digital. A pesar de estas ambivalencias el mundo digital es un espacio privilegiado de conformación de intereses, valores y tendencias al que la Iglesia no puede ni debe renunciar. Comunicar, participar y colaborar en este significativo mundo en el siglo XXI para la construcción del bien común es una llamada urgente para la presencia significativa de la Iglesia.

En la vida pública, el papel de las religiones es muchas veces cuestionado o minusvalorado. Creemos firmemente que las religiones tienen un acervo ético, cultural y antropológico riquísimo para aportar a la vida pública. Las religiones están al servicio de la fraternidad en el mundo (cfr, FT cap. 8) y deben ser en las sociedades democráticas dinamismo de solidaridad y participación. Los católicos desde nuestra rica tradición estamos convocados al diálogo interreligioso para reconocer las aportaciones que juntos podemos hacer en la construcción del bien común.

Hacemos, a la conclusión de esta Semana social, un llamamiento a todos los cristianos y cristianas a comprometerse en los diversos escenarios de la vida pública. El mundo en el que nos movemos necesita personas que, alimentadas desde la Parábola del Buen samaritano, sean capaces de pararse a los bordes de los caminos y compasivamente comprometerse en la construcción del bien común desde la vida pública.

Intervención del arzobispo de Sevilla en la sesión de clausura

Una hora después se cerraba el debate para dar paso a la presentación de las conclusiones y al acto de clausura, con las intervenciones del arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Mons. Saiz Meneses ha repasando la historia de las Semanas Sociales. Una trayectoria centenaria -iniciaron su andadura en mayo de 1906- que ha permitido la reflexión, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre los temas más acuciantes para la vida social de los españoles.

Volviendo a esta Semana Social, ha resaltado el valor sinodal de los encuentros previos en las diócesis, en los que se han manifestado «el espíritu de diálogo y la búsqueda del encuentro, tanto con la Iglesia como con la sociedad«.

El arzobispo de Sevilla ha valorado también la elección del tema de esta Semana Social, «que entronca con el itinerario y los objetivos propuestos por la Conferencia Episcopal Española para los próximos años«. Una de sus líneas, ha recordado, es «la presencia misionera y el compromiso de trasformación evangélica de la realidad, pues la redención de Cristo tiene un sentido social». Se trata «de recuperar el sentido humanizador del Evangelio» y «de experimentar la alegría de comunicar el Evangelio en esta sociedad, porque el Evangelio tiene mucho que decir al hombre y a la mujer de hoy».

Dentro de esa prioridad de salir a las periferias, «no cabe duda de que una de las periferias más urgentes hoy es la vida pública, el lugar en el que se debaten las leyes, se fijan las condiciones de vida para tantas personas, el lugar del que queda también excluida tanta gente por muchas razones: ideas, convicciones, creencias, nacionalidad, pobreza, etc. Una Iglesia que no asuma este compromiso tiene el riesgo de desvirtuar y no hacer creíble el Evangelio que anuncia, porque, si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos, los excluidos de todos los tiempos, con los que él mismo ha querido identificarse».

Entiende Mons. Saiz Meneses que «la realidad social exige al Pueblo de Dios propiciar un dinamismo de encuentro y de dialogo con las condiciones humanas y sociales de nuestro tiempo». En nuestros días, «son muchas las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana y exigen profundizar de un modo crítico, con la ayuda de las ciencias, la realidad que habitamos. Nuestra sociedad está cargada de las contradicciones de un desarrollo económico, cultural, tecnológico, que deja a tantas personas al margen del progreso y los relega a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana».

Como respuesta, el prelado ha propuesto una nueva «imaginación de la caridad» que nazca de la amistad social. «Es esta caridad social la que ilumina el conocimiento, al tiempo que obra la renovación de las estructuras económicas y permite emprender con determinación nuevos medios de participación en la vida pública para el bien común. La Iglesia, y especialmente el laicado, debe dar un paso más en este sentido: tiene que ser protagonista en la vida pública».

El arzobispo de Sevilla ha cerrado su intervención apelando «a ir más allá de los grupos de afines y a construir la auténtica amistad social«, a «alejarnos de los populismos» a «huir de la enemistad social» y a «salir de la <polarización>«. «Frente al muro de la indiferencia, hoy sigue siendo fundamental la disposición de la Iglesia al servicio y al encuentro, porque no hay áreas sociales que queden al margen de la preocupación de la comunidad cristiana. Esta vertiente ético-social se propone como una dimensión imprescindible del testimonio cristiano, de manera que el diálogo continúa siendo el camino para mirar la realidad de una manera nueva, para vivir con pasión los desafíos de la construcción del bien común».

Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía intervino a través de un vídeo. En su saludo agradeció «el trabajo de miles de personas, de buenas personas, que desde la Iglesia ayudan a los demás». Al valorar el trabajo de tantas personas de Iglesia por el bien de todos en los tiempos de la pandemia, señaló que este «es el ejemplo que debemos seguir desde el ámbito de la política, de la economía, de la sociedad en general: la persona en el centro de nuestra actividad».

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Mons. Sebastián Chico ya es obispo de Jaén

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Una amplia representación de la Diócesis de Cartagena, encabezada por Mons. Lorca Planes, ha participado en la celebración.

«Vengo con el único programa de unirme a vosotros y caminar juntos, como vuestro servidor, de todos, pero de forma especial de los pobres, los débiles, los enfermos, los que no tienen hogar, los migrantes…». Así se presentaba esta mañana el nuevo obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, ante su diócesis en la celebración de toma de posesión en la catedral de esta provincia andaluza.

A las 11:00 horas comenzaba la celebración en la catedral de Jaén, con la presencia del nuncio del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, y con la participación de una treintena de obispos, arzobispos y cardenales españoles que han querido acompañar a Mons. Chico en su toma de posesión. Entre los obispos se encontraba el de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, que encabeza la delegación murciana compuesta por un gran número de sacerdotes y laicos. Otros dos obispos murcianos se sumaban también a la celebración, el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil, y el obispo de Zamora, Mons. Fernando Valera.

Desde el Obispado, situado enfrente de la catedral, ha partido la procesión hasta la Puerta del Perdón del templo catedralicio. Allí, el nuncio ha presentado a Mons. Chico al Consejo de Consultores y al Cabildo Catedralicio. El deán de la catedral ha dado a besar al nuevo obispo el Lignum Crucis y le ha ofrecido agua bendita con la que ha asperjado a los presentes. La procesión ha continuado hasta el presbiterio para dar comienzo a la celebración eucarística.

Mons. Amadeo Rodríguez, administrador apostólico y anterior obispo de Jaén, ha dado la bienvenida a su sucesor. «Somos la Iglesia que camina en las ciudades y pueblos de esta histórica Diócesis, situada en un mar de olivos y entre bellos paisajes, y que hoy recibe, con gratitud al Santo Padre, a su nuevo pastor. Somos un pueblo cristiano en marcha, siempre ilusionado y siempre disponible; así me lo encontré, guiado entonces por mi predecesor, Mons. Ramón del Hoyo, y así se lo encontrará usted, si he sabido administrar, colaborando con el Espíritu Santo, este precioso capital humano y espiritual que me fue encomendado».

El nuncio ha tomado después la palabra para transmitir a los jienenses el cariño del Papa Francisco, así como la gratitud a Mons. Amadeo Rodríguez y la bienvenida al nuevo obispo. Mons. Auza ha solicitado al secretario canciller de la Diócesis que leyera la bula de nombramiento de Mons. Sebastián Chico como obispo de Jaén. Tras su lectura, Mons. Sebastián Chico se ha sentado en la cátedra y el nuncio le ha entregado el báculo, simbolizando así la sucesión apostólica y la continuidad pastoral. Las campanas de la catedral han repicado en ese momento, anunciando que Jaén tiene nuevo pastor, mientras representantes de las diferentes realidades de la Iglesia diocesana han saludado a su nuevo obispo.

Así ha continuado la celebración eucarística, presidida por Mons. Sebastián Chico, que en su homilía ha manifestado su alegría por el encargo que el Papa le ha hecho de pastorear la Diócesis de Jaén. «Me uno a vosotros como vuestro hermano en la fe, con el deseo de sentir el calor fraternal que brota de nuestro bautismo y nos hace ser comunidad, familia, Iglesia, ayudándoos a crecer en la fe y a vivir en el amor de Dios y del prójimo».

El nuevo obispo de Jaén ha tenido palabras de cariño y aliento para su antecesor, los sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos. A todos ha alentado y ha pedido su colaboración: «Os deseo conocer personalmente, escuchar vuestras inquietudes y atender las necesidades propias, de vuestra familia o de vuestra realidad eclesial, pero también os necesito para la tarea que Dios me encomienda y para que me ayudéis, desde vuestra cercanía y la frescura de vuestra sinceridad, a ser el pastor que Dios desea para vosotros».

Nuevamente, Mons. Sebastián Chico ha tenido palabras de cariño para el obispo de Cartagena a quien ha asegurado que ha sido para él «un padre, un hermano y un maestro».

Al finalizar la celebración, el obispo de Jaén ha recorrido el interior de la catedral bendiciendo a todos los presentes.

Homilía del obispo de Jaén

Galería de imágenes, fotografías de Susana Mendoza

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Saluda del Nuncio Apostólico de Su Santidad en la toma de posesión de Monseñor Sebastián Chico Martínez

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Eminentísimos señores Cardenales,

Excelentísimos señores Arzobispos y Obispos,

Queridos Sacerdotes concelebrantes,

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas,

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

 

En estos solemnes momentos, deseo manifestar, a la querida Diócesis de Jaén, el afecto del Santo Padre el Papa Francisco, a quien tengo el honor de representar en España. Jaén, que ve en la lontananza el origen de su vida cristiana venerando en San Eufrasio al primer Obispo, Varón Apostólico del siglo I, y que, más cercano en el tiempo, recibió el cuidado del patrono del Clero secular español, San Juan de Ávila, con su vida eximia y alta doctrina para toda la Iglesia universal.

De parte del Santo Padre, me es grato expresar sentimientos de reconocimiento al Excelentísimo Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, por los cuidados y desvelos, ofrecidos en el ejercicio de su tarea pastoral. Asimismo, un afectuoso saludo a Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de esta Sede, que nos acompaña.

Un saludo muy particular al Excelentísimo Mons. Sebastián Chico Martínez, a quien el Papa Francisco ha nombrado Obispo de Jaén. A través de los pastores se vislumbra la imagen de Cristo, verdadero y único Pastor.

Querido D. Sebastián, me congratula vivamente que, al hacerse público su nombramiento, pidiera a sus diocesanos: “Os ruego que recéis por mí para que cada día refleje con más claridad en mi vida el “Santo Rostro” de Cristo… para que sea el buen pastor que necesitáis”. Este Santo Rostro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyos rasgos venera Jaén, se reproducen en el interior del corazón del Obispo con la fisonomía de las Bienaventuranzas.

El Papa Francisco, el pasado lunes, día 22, entregaba a la Asamblea General Extraordinaria de los Obispos italianos, inaugurada en Roma, una tarjeta con el Buen Pastor y el comentario que aplica a la vida del Obispo el espíritu de las bienaventuranzas. La dicha del Obispo está:

(1) en hacer “compartir su estilo de vida, con su testimonio”;

(2) En llorar “los dolores de la gente y la fatiga de los sacerdotes”;

(3) en hacer de la “mansedumbre su fuerza…llevando a todos en el propio corazón”;

(4) Es feliz el obispo que, desde la oración diaria, sabe ver la luz para “luchar junto al hombre por el sueño de la justicia de Dios”

(5) el que, misericordioso, tiene ante sí la experiencia de su propia debilidad y del “perdón” recibido en la “mirada de Cristo crucificado y resucitado” para “no escandalizarse por el pecado y la fragilidad de los demás”;

(6) Es dichoso el Obispo que no se deja vencer por la ambigüedad y sabe “alegrarse con el rostro de Dios, encontrando su reflejo en cada charco”.

Señala el Papa, que es (7) “Bienaventurado el Obispo que obra la paz, que acompaña los caminos de la reconciliación, que siembra la semilla de la comunión en el corazón del presbiterio, que acompaña a una sociedad dividida en el camino de la reconciliación, que lleva de la mano a todo hombre y mujer de buena voluntad para construir la fraternidad: Dios lo reconocerá como su hijo”;

(8) Que es “Dichoso el Obispo que por el Evangelio no teme ir contracorriente, volviendo su rostro “duro” como el de Cristo (Cf. Is 50, 7) dirigiéndose a Jerusalén, sin dejarse frenar por las incomprensiones y los obstáculos porque sabe que el Reino de Dios avanza en la contradicción del mundo”.

Con este espíritu de las bienaventuranzas, que se discierne bien mirando el Santo Rostro, podrá hacer realidad, en esta querida Diócesis de Jaén, su manifestada voluntad de “ser – aquí – un pastor según el corazón de Cristo, un hombre de esperanza”.

Cuente para ello con nuestras humildes oraciones; por esta nueva etapa de su vida en la que el Señor le confía, particularmente, el cuidado de los fieles de la diócesis de Jaén cuando la Iglesia Universal, respondiendo a la llamada del Sucesor de Pedro, vive en sinodalidad la comunión, la participación y la misión.

En las manos de la Santísima Virgen María, bajo su querida advocación de la Cabeza, ponemos esta intención, para que, con la ayuda eficaz de la misma Madre de Dios y del valimiento de los santos Eufrasio, Juan de Ávila y de tantos otros mártires beatos y santos que han dado testimonio de Cristo en esta Iglesia particular y que tanto la ilustran, pueda recorrer el itinerario de su tarea pastoral dando abundantes frutos para el bien de las almas y la gloria de Dios.

Que el Señor les bendiga.

+ Bernardito Cleopas Auza
Nuncio de Su Santidad en España

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Celebrado el IV Encuentro Familia-Parroquia-Escuela

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En esta ocasión el ponente ha sido el filósofo y teólogo Francesc Torralba Roselló

Las Delegaciones de Familia y Vida, Catequesis y Enseñanza han organizado el cuarto encuentro Familia-Parroquia-Escuela con “La tarea de formar personas” como tema central. Ha tenido lugar la mañana del 27 de noviembre en el colegio Santísima Trinidad Trinitarios. El ponente de esta ocasión ha sido el filósofo y teólogo Francesc Torralba Roselló y catedrático acreditado en la Universitat Ramon Llull. Actualmente imparte cursos y seminarios en otras universidades de España y de América y alterna la actividad docente con el oficio de escribir, y divulgar su pensamiento, que gira en torno a los elementos centrales de la existencia humana: el sufrimiento, Dios, el dolor o el sentido de la existencia. El Vicario General, Antonio Prieto, se ha encargado de presidir la eucaristía.

Por cuarto año consecutivo las Delegaciones Diocesanas han intentado reunir a padres, catequistas, coordinadores de pastoral y profesores de todos los niveles y materias para seguir formándose y participar de una educación integral basada en la familia, la comunidad cristiana y los centros educativos.

Es necesario dar pasos, aunque sean pequeños. Esos pasos irán abriendo nuevos caminos y nuevas puertas a la esperanza. Eso es lo que se pretende con estos Encuentros Familia-Parroquia-Escuela en los que se intenta reflexionar sobre temas fundamentales que sólo es posible llevar a cabo si se unen todos los agentes implicados en la educación.

El Papa Francisco no hace más que insistir en la necesidad de una alianza educativa que vele por el pleno desarrollo de los niños, adolescentes y jóvenes. Está lanzando el reto de un pacto educativo global y está haciendo una fuerte llamada a la Educación católica para que se humanice la educación.










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Cierre cautelar de la Iglesia y dependencias anexas de la parroquia de los Santos Reyes, en Valle Gran Rey

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Este viernes se ha procedido a comunicar el cierre cautelar de la parroquia de los Santos Reyes, en Valle Gran Rey, así como de sus dependencias anexas.

El Obispado, atendiendo a la comunicación del arquitecto técnico superior, tomó esta medida “debido a las dificultades para garantizar la seguridad que presenta por deficiencias en la estructura, motivadas especialmente por la carbonización de los pilares».

Por tanto, se prohíbe el acceso al edificio hasta que se estudie por la oficina técnica del Obispado la solución más oportuna para intervenir en orden a garantizar la seguridad y sea ejecutada la obra que proceda.

Por tanto, ya este fin de semana no habrá culto ni otras actividades pastorales en las citadas dependencias. Según informa el párroco, Arturo Hernández, las eucaristías se trasladan, provisionalmente, a la ermita de Carmen, la de la Milagrosa, y a la parroquia de San Antonio de Padua (Guadá).

En próximas fechas se establecerá el lugar donde se van a desarrollar otras actividades como es la catequesis, reuniones, etc.

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Misa en honor de San Máximo, Patrón de Baza

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Misa en honor de San Máximo, Patrón de Baza

Será este sábado 27 de noviembre, a las 7 de la tarde, en la iglesia del Sagrario-La Mayor, de Baza

 

Por tercer año consecutivo, la Real Cofradía del Santísimo Cristo de los Méndez celebrará la onomástica del patrón del Baza. Casualidades del calendario, este año tendrá lugar el mismo 27 de noviembre, día de San Máximo, a las 19 horas, en la iglesia del Sagrario-La Mayor, sede canónica de la Cofradía. La Eucaristía será presidida por Manuel Millán, secretario-canciller de la diócesis, párroco del Sagrario-La Mayor y consiliario de la Cofradía. Concelebrará el vicario parroquial, Antonio David Pérez.

Además, esa Misa se ofrecerá por el alma de los fallecidos de la Cofradía y los devotos del Santísimo Cristo. Y recibirán las insignias de la Hermandad los sacerdotes de la Iglesia Mayor, Manuel Millán y Antonio David Pérez. Para las canciones, se contará con el tenor Antonio Navarro López, que adornará la Eucaristía con su voz.

Poco a poco, la Cofradía pretende recuperar el culto al patrón de Baza, San Máximo, como se realizaba desde el siglo XVII.

Juan Manuel Román

Hermano Mayor de la Real Cofradía del Santísimo Cristo de los Méndez

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D. Antonio anima la nueva andadura de un nuevo grupo de Jóvenes en El Ejido

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El pasado jueves, 25 de noviembre, en la Parroquia de San Isidro de Él Ejido comenzaron, después de unas cuantas reuniones, la andadura un grupo de jóvenes junto a la Hna. Yamila, de la Divina Infantita. Comenzaba el encuentro con una adoración joven en la iglesia parroquial. Nuestro Obispo Coadjutor y el Delegado de Pastoral Juvenil quisieron acompañarlos en este momento.

Son jóvenes ilusionados, con ganas de comunicar su fe y ayudar a otros, especialmente a los jóvenes que sufren por cualquier causa. D. Antonio, se colocó entre ellos y rezó con ellos al ritmo de las canciones de Taizé. En un momento se levantó y habló a todos sobre el significado de la adoración: “Contemplad este Cuerpo de Cristo en la debilidad y fragilidad de un trozo de pan -que hemos hecho entre todos. Es como una segunda encarnación. Ahora bien, si Cristo elige la simplicidad y la humildad para quedarse entre nosotros, preguntaros: ¿cómo ha de ser la vida de los que creemos en él? Estar ante Cristo Eucaristía no exige vivir como él, sencillo, pobre y dedicado a todos los que nos necesiten.”

Después estuvieron compartiendo unas tapas con D. Antonio que les animó a no cerrarse en ellos mismos y a abrirse a otros grupos que intentan vivir la fe como ellos.

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