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Comunicado del Obispo Nivariense en relación a sus declaraciones en un programa de la Televisión Canaria

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En relación a unas declaraciones mías en un programa de la Televisión Canaria, deseo decir lo siguiente:

En primer lugar, pido perdón a cuantos haya podido ofender con mis palabras, de manera especial a las personas LGTBI, a quienes expreso mi respeto y consideración.

He de reconocer que no estuve acertado al responder a algunas cuestiones que requieren una más detenida reflexión y explicación. No quise fomentar la discriminación, ni comparar la homosexualidad con el alcoholismo ni con cualquier otra realidad.

Lamento haber inducido a confusión y causado dolor.

Como obispo, reitero mi adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y mi voluntad de transmitirlas fielmente. Asimismo, manifiesto mi comunión con el Papa Francisco y su magisterio.

 21 de enero de 2022

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Radio María retransmite desde el Seminario las vísperas

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En la tarde del domingo, 16 de enero, el grupo de voluntarios de Virgen de la Capilla de Radio María  visitó el Seminario para la retransmisión en directo del rezo de Vísperas en el Seminario.

Tras la emisión, Antonio Funes nos hizo un breve repaso de la historia de Radio María, y compartió con nosotros algunos testimonios de los oyentes que fueron emitidos a través de las ondas.

Agradecemos a Radio María por su visita, y por la gran labor evangelizadora que hace a diario. Pedimos por vosotros y por todos los oyentes.

Comunidad del Seminario de Jaén

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QUINTO ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN EPISCOPAL DE NUESTRO OBISPO D. ANTONIO

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Hoy, 21 de enero, es el quinto el aniversario de la ordenación episcopal de nuestro obispo Don Antonio. En estos días se encuentra en la visita ad Limina Apostolorum, en Roma. Pero aún en la distancia, todos los diocesanos estamos unidos en la oración en Cristo, Buen Pastor. Con motivo de esta celebración, junto a la oración por nuestro obispo en la eucaristía de este día os damos a conocer algunas fotos y las palabras pronunciadas en aquel 21 de enero de 2017, fecha de la ordenación episcopal en la Catedral de Teruel.

ORDENACIÓN EPISCOPAL Catedral de Teruel, 21 de enero de 2017

Soy Antonio, vuestro obispo.

Y cuando digo “vuestro” es porque os pertenezco en cuerpo y alma, y este anillo será la memoria diaria de esta entrega. Mi esfuerzo está ya puesto en amaros, porque sólo por este medio podemos trasmitir la presencia de Cris- to en medio de nuestras vidas. “Mirad cómo se aman” era el comentario de los vecinos de los primeros cristianos. ¿De qué nos sirve hablar y hablar si a nuestra vida le falta ese soplo del Espíritu que mantiene el empeño de nues- tra fe y de nuestra caridad, que hace mover los corazones y las montañas?

Una tarde del año 1978, reunido con los Educadores del Junior de la Acción Católica, en los locales de la Catedral de Palencia, estuvimos haciendo un Estudio de Evangelio sobre el texto del “Camino de Emaús” [Lc 24, 13-35]. Quedamos impresionados por la pedagogía de Jesús, de tal manera que es- te relato del evangelista Lucas no sólo ha conformado mi vida pastoral, sino sobre todo mi vida personal. Creo que es la “Catequesis Pastoral del siglo XXI”. Primero porque la situación de los dos discípulos que volvían a Emaús era de desconcierto, tristeza y huida hacia adelante. En nuestra so- ciedad, que aparentemente ha sido religiosa, muchos están también de vuelta y otros añoran los tiempos de los milagros, el profetismo, las grandes predicaciones y las masas que se agolpaban alrededor de aquel Maestro o de sus cercanos, pensando más en el poder o en la liberación de su pueblo, que en la revolución de la misericordia.

En este desconcierto del quien no sabe ver en profundidad, porque no tiene ya ilusiones porque ha matado la esperanza, y sobre todo porque habían puestos sus ojos y su corazón en sus propios proyectos, [Lc 24, 21] surge el camino de huida: volvamos a la aldea del olvido y de la relajación, se dije- ron, pues todo lo que vimos, oímos y palpamos se ha quedado en nada para nosotros. Todo fue una experiencia estéril. Cuantas veces, los que me co- nocéis, me habéis oído hablar de “las carambolas de Dios”. Como los de Emaús, cuando tú has decidido tomar un rumbo, el empuje del Espíritu, como un fuerte e inesperado empuje de una bola de billar te lleva hacia un lado inesperado. Esto nos pasa a muchos y también a la Iglesia.

Jesús, el Cristo, el que busca la oveja perdida, el buen samaritano del cami- no, el que abre sus brazos y su corazón a aquel que se siente cansado o ago- biado, se hace presente entre ellos con la simplicidad y la humildad de un peregrino más. Esta naturalidad y sencillez me conmueven las entrañas. Y se interesa por ellos y les pregunta sobre su sinsentido, sobre las razones de su huida, sobre su búsqueda frustrada… Todos los deseos de su corazón se habían convertido en cenizas. Pues bien, muchos de nosotros y de nuestras gentes estamos también rotos por la ansiedad, el dolor o el sinsentido, y olvidamos muy a menudo, quizás porque no hacemos hincapié en ello, que “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” [GS 1]

Los caminos de huida son complejos y demasiado centrados en nosotros mismos, son caminos que tienden a la oscuridad. Personalmente, siempre hacemos demasiados proyectos para uno mismo, yo soy el centro y lo demás me rodean. En mi “estado del wasap” tengo una frase que también tenía sobre mi mesa de trabajo, cuando no existían estos artilugios, que di- ce: “Si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes de futuro”. El misterio del martirio de Jesús, el profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo [Lc 24,19] desbordó a Cleofás y a su compañero, ese desconocido que somos cada uno de nosotros. La palma del martirio, es lo primero que he superpuesto en mi sello episcopal, es el culmen del seguimiento a la voluntad de Dios. Cuando participé en el rodaje de la película “Un Dios Prohibido”, de Pablo Moreno, sobre los mártires claretianos de Barbastro, comencé a comprender un poco qué es y qué supone vitalmente el martirio. Olvidarse de sí mismo para entregar la vida sólo por amor. Cuando a nuestro beato Anselmo Polanco las personas razonables le insistían en que esperase en su pueblo palentino y no volviera a Teruel hasta que pasara la contienda, fue su madre quien le recordó las Escrituras, quizás sin saberlo: “Hijo, donde está el rebaño tiene que estar el Pastor”. Últimamente los mártires me cobijan el corazón. El beato Juan María de la Cruz, también mártir, llevó a mi padre a la escuela apostólica del “Crucifijo” de los PP Reparadores-Dehonianos, en Puente la Reina, donde estuvo desde el año 1932 a 1936. Esta presencia más real de los mártires en mi vida y también pensado en los casi 80 mártires de estas tierras turolenses, algunos de ellos ya beatificados, me hizo elegir la fecha del día de hoy para mi ordenación. Día de la joven mártir santa Inés, hermana de leche de Santa Emerenciana, nuestra patrona, que celebramos litúrgicamente el lunes.

Jesús, el peregrino de la luz, después de escuchar a los desorientados caminantes, después de hacerles caer en sus propias contradicciones, después de descubrirles sus oscuridades o cegueras, les desgrana la Palabra de Dios, que es historia de Salvación de Aquel que nos ama y nos espera contra toda esperanza. Es el Buen Pastor que con su cayado nos conduce y guía. Cuando tracé el esbozo del báculo tras la palma martirial, pensé en la gran responsabilidad del episcopado y en la pequeñez del que lo recibe. Durante los días de retiro en la Trapa al comenzar el año, leí en san Gregorio Magno, en su Regla Pastoral, que quien accede al episcopado no es sino buscando de- cididamente la Santidad. (Touché!) En la línea de la pedagogía de Cristo en el camino de Emaús, insiste san Gregorio en su Regla, en el trato personalizado del Pastor, así como Dios nos trata a cada uno de nosotros, con magnanimidad. Soy consciente que es toda una cura de humildad y una nueva configuración para los que accedemos a este ministerio.

En el camino de la vida el Señor nos va desgranando su Palabra para iluminar cada acontecimiento, para responder de una manera efectiva a las preguntas que nos inquietan, para dar sentido al dolor y a la muerte que nos circunda. Nuestras cegueras sólo se pueden iluminar con su Palabra, hasta que llegue la noche, los momentos de más oscuridad. Entonces necesitamos el alimento y la iluminación interior. ¡Quédate con nosotros! La acogida de Cristo en nuestra casa, es el momento de la contemplación y por qué no, de la mística. ¡Tengo deseos y quizás atrevimiento para reivindicar este momento! No me canso de repetirlo, todos, aunque sea en unos breves segundos hemos sentido y palpado la ternura de Dios en nuestras vidas agotadas y hemos sido fortalecidos para emprender el camino de vuelta. El pan de mi sello episcopal está partido, no podía ser de otro modo, es pan de Eucaristía, es cuerpo de Cristo entregado y reconocido en el alimento de salvación y, no lo olvidemos, es el esfuerzo y el trabajo de los hombres, de la humanidad. Sólo con un espíritu contemplativo podemos comprender el misterio de la Eucaristía. Amigos del MIDADE, recordáis cuando en la Asamblea Internacional de 1994 os hable y dialogamos sobre la necesidad de ser “Contemplativos en la Acción”. Fue el jesuita Jerónimo Nadal (1507-1580) quien tuvo el acierto de emplear esta expresión refiriéndose a S. Ignacio de Loyola. El éxito de esta expresión indica que bajo tal formulación subyace la intuición, compartida por todos, de un anhelo común pero muy difícil de alcanzar: Dios y el amor al prójimo. No es sino la prolongación del amor de Cristo que se entrega al Padre y a sus hermanos. Y se entrega en esta Pan, que es su cuerpo, alimento para que tú te entregues.

He querido sellar este pan con una estrella, (como sello de autenticidad del panadero) para explicar de qué estoy hablando. María, la contemplativa, la estrella de la mañana, la de Belén (que es casa del Pan) que también sois vosotros tierra de Teruel. Aquellos discípulos hicieron de noche el camino de vuelta, en la noche que tanto miedo les causaba. Pero ya había una esperanza cierta, sabían que volvían a casa, la Iglesia congregada que también había descubierto la esperanza del resucitado.

La Iglesia aquel espacio de acogida y de encuentro, aquel grupo de personas que también les ardía el corazón por la presencia de Cristo en sus vidas, en torno a María, madre de la Iglesia, aquellos que tan solo unos días después saldrían por todos los rincones del mundo a propagar la buena noticia, sin ningún bagaje, sin ningún medio, peregrinos pobres con una esperanza cierta. Más de algún joven ha vuelto a la iglesia por el ejemplo y testimonio de otros. Porque la certeza “de quién me he fiado” se refleja también en el rostro. Hoy también nos toca salir y necesitamos sacerdotes, necesitamos religiosos y religiosas en marcha, necesitamos familias y laicos creyentes que dejen su testimonio, las brasas de su corazón. Hace muchos años leí a un obispo africano preguntarse: Si Dios ha plantado la semilla ¿Dónde está el árbol de las vocaciones, que hemos hecho de él? Pues esta es una pregunta que tenemos que hacernos todos, todos, porque quizás nos hemos perdido en diatribas y no hemos sabido manifestar la alegría del Evangelio.

Finalmente he intentado que el pan partido y el báculo del buen pastor formaran el Crismón de Cristo, signo de la iglesia primitiva y también de la Acción Católica, de donde tanto he bebido. Creo en esta hermosa marcha de militantes recogida y alentada en el Vaticano II. Creo también en su trasformación y en su conversión. Ojalá que todos seamos otros Cristo en tantos y tantos caminos de oscuridad, caminos de heridas abiertas, caminos de ida a Emaús.

Queridos hermanos. Me uno al saludo que ha realizado nuestro Administrador Diocesano, D. Alfonso, y le doy encarecidamente las gracias por es- tos meses que, junto al colegio de consultores, ha llevado el timón de esta querida diócesis de Teruel y Albarracín. Gracias a D. Carlos, vuestro anterior obispo. Gracias a nuestro Papa Francisco por haber confiado en mí, pequeño Nicodemo tocado por el Señor de la Ternura. Gracias por la generosidad de vuestra presencia en este día a todos vosotros hermanos en el episcopado, a los Sres. Cardenales, al Sr. Nuncio, arzobispos y obispos. Gracias en especial a D. Vicente que con tanta ilusión accedió a ordenarme. Gracias a todo el pueblo Santo de Dios a los de aquí y a los de fuera, a los sacerdotes y a los miembros de las congregaciones religiosas, a los diáconos y seminaristas. Gracias a los jóvenes de Pastoral Juvenil que con tanto cariño me habéis acogido (he disfrutado con vuestros mensajes aún antes de llegar). Gracias a la Polifónica Turolesa y al P. Muneta, a la coral de Carrión y al coro de la Pastoral Juvenil, así como a Ismael y su grupo que cantaran una jota. Gracias a mis compañeros del Movimiento Internacional del Apostolado de los Niños, que habéis venido desde tan lejos, desde Senegal. Gracias a los alfombristas de mi pequeña Ciudad de Carrión y a todos los que os habéis trasladado desde allí. Gracias a mi parroquia de san Lázaro y a mi antigua diócesis palentina. Gracias a tantas y tantos que habéis rezado por mí. Gracias a todos los que no habéis podido venir y estáis siguiendo esta celebración desde 13 TV y Radio María. Sobre todo a los enfermos. A alguno de vosotros os imagino en estos momentos. Gracias finalmente a los sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos de esta querida diócesis, que hab- éis dedicado tanto tiempo para que este día salga a la perfección y todos se sientan como en casa. Esto también es hacer Iglesia.

Hace ya muchos años, un turolense, natural de Albarracín, D. José Asensio de Ocón y Toledo fue obispo de Palencia [1828-1832] Y hasta hoy 3 palentinos han sido obispos de Teruel y Administradores Apostólicos de Albarracín: el 1º D. Roque Martín Merino [1781-1794] natural de Fuentes de Don Bernardo (ahora llamada Fuentes de Nava). El 2º D. Felipe Montoya y Diez, natural de Grijota [1815-1825] Y el 3º nuestro querido beato, el agustino, Fray Anselmo Polanco [1935-1939] natural de Buenavista de Valdavia. Todos ellos reposan en nuestra catedral, y ahora he venido yo, vuestro cuarto obispo palentino.

Bajo el signo de Emaús, es mi lema. Es la plantilla del camino de la fe en el Resucitado, que son caminos de encuentro, son procesos de espiritualidad, son ejercicios de conversión, son tareas y misión pastoral, son momentos de intimidad mística cuando descubrimos a Aquel que se ocupa y preocupa de nosotros y sale a nuestro paso.

Querida comunidad, seamos humildes, pisemos tierra, salgamos de nosotros mismos y recorramos los caminos de ida a Emaús, porque siempre hay un camino de vuelta.

Ánimo, Él va delante de nosotros.

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PALABRA DE VIDA. Monseñor José Rico Pavés : “En la tarea de caminar juntos es necesario hacerse como niños”

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En la tarea de caminar juntos es necesario hacerse como niños. La Jornada de la Infancia Misionera, que hemos celebrado recientemente, nos recuerda año tras año una verdad fundamental del Evangelio: si no nos convertimos y nos hacemos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos (cf. Mt 18, 3). La enseñanza de Jesucristo sobre los niños es tremendamente luminosa. Jesús nos dice que el que se hace pequeño como un niño es el más grande en el Reino de los Cielos (cf. Mt 18, 4); afirma también que quien recibe a un niño en su Nombre, le recibe a Él (cf. Mt 18, 5); pide que dejemos a los niños acercarse a Él (cf. Mt 19, 14). Y las palabras quizás más severas de la enseñanza de Jesús están dedicadas a quien escandaliza a los pequeños: más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar (Mt 18, 6).

¿Acaso esta enseñanza de Jesús no se refiere también a la tarea evangelizadora? El evangelizador se ha de hacer como un niño, debe recibir a los niños en nombre de Jesús y tiene que llevarlos a Él. El evangelio, que se debe transmitir con la propia vida, dará prioridad a la llamada a la conversión, recordando que convertirse significa volverse al Señor abandonando lo que nos aleja de Él para hacerse pequeño en el encuentro con Cristo. Los niños evangelizan a los niños y a los adultos porque nadie comunica con mayor espontaneidad una noticia alegre que los inocentes, aquellos cuya capacidad de asombro ante la verdad, bondad y belleza se encuentra intacta porque no ha sufrido el desgate de los años. Quien se encuentra con Cristo y se deja amar por Él descubre asombrado su corazón curado y su inocencia recuperada. Jesucristo nos llama a la conversión para que experimentemos la fuerza de su amor que cura y nos llama a hacernos como niños para que al recuperar la inocencia recibamos la inmensidad limpia de su amor que colma nuestros anhelos. Por eso, en la tarea de caminar juntos es necesario hacerse como niños.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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“Estaciones del Víacrucis por las calles de Córdoba”

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La Hermandad del Vía Crucis ha presentado este libro en la parroquia de La Trinidad

La Hermandad del Víacrucis celebra 50 años desde su fundación en 1972. La Comisión del Aniversario fundacional encargó a tres sacerdotes la elaboración de este sencillo libro, en el que el obispo de Córdoba ha querido motivar esta oración piadosa en el Prólogo recordando al Beato Álvaro de Córdoba y que «en el viacrucis de nuestra vida, va Jesús delante, vamos acompañados por su Madre bendita», explica uno de los autores, Agustín Moreno.

Se trata de una obra de carácter especial para rezar y meditar sobre nuestra relación con Cristo, que ha sido presentada este jueves, 20 de enero, en la parroquia de San Juan y Todos los Santos (La Trinidad) junto a los autores del libro, los sacerdotes José Juan Jiménez, Agustín Moreno y Jesús Mª Moriana.

“La Hermandad entera medita las tradicionales 14 estaciones, por la boca de 3 sacerdotes hermanos de la misma, que quieren expresar en ellas sus sentimientos y su experiencia de Dios. El recorrido que anualmente se hace por las calles de nuestra ciudad quiere quedar plasmado en estas breves meditaciones que nos llevan siempre a mirar a Cristo, a ese Santo Cristo de la Salud, al que acompañamos durante el recorrido procesional, pero que nos acompaña a nosotros el resto del año”, expresa Jesús Mª Moriana.

Las estaciones comienzan con su respectivo enunciado, al que sigue un texto de la sagrada Escritura, una meditación y una oración final que termina en súplica. “Todas las estaciones tienen una bellísima fotografía del Cristo de la Salud que es llevado a hombros por las calles cordobesas haciendo estación en la Santa Iglesia Catedral y parando en los tradicionales altares por lugares tan emblemáticos, como la puerta Almodóvar”, indica Agustín Moreno.

Las 14 estaciones culminan con la Resurrección y con una oración al santo Cristo que ha compuesto Juan José Jurado.






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El Diácono que casó a sus padres

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Para Pedro del Pino celebrar la boda de sus padres ha sido «un regalo inmerecido del Señor»

Por Pedro del Pino, Diácono de la diócesis de Córdoba

“Y es que tus planes no son nuestros planes”, que cierta y verdadera es esta frase. Sin duda los planes de Dios no son los nuestros. Él supera en todo momento y siempre nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras capacidades, nuestros anhelos y nuestros pensamientos. Nosotros, limitados y pequeños, le pedimos el uno y Él nos da el ciento por uno. Sólo tenemos que intentar dejarle entrar en nuestra vida. Con el paso de los años cada vez el Señor me va haciendo tomar más conciencia de que es Él quien va llevando nuestras vidas, que son guiadas por su providencia, cuidando en todo momento de nosotros. Creo sin duda que no existen las coincidencias, soy más de creer en las diosidencias. Creo que todo lo que ocurre en nuestra vida, ocurre porque Dios lo permite para sacar algún bien o ¡muchos bienes!.

Pocas personas pueden decir que han estado presentes en la boda de sus padres. A mí el Señor no sólo me ha concedido estar en la boda de aquellos que me dieron la vida, sino que además me ha concedido vivirlo, por así decirlo, “dos veces”. La primera desde el vientre de mi madre, la segunda como diácono. Hace 25 años, un 17 de mayo de 1996, el Señor me concedió el regalo de estar presente en la unión civil de mis padres, Juan y María. Quizás aparentemente como causa primera (o aparente), sin duda como causa segunda (hay una causa que va por delante), pues todo formaba parte de un plan mayor que sobrepasaba los planes y pensamientos de cuantos presenciaron aquel acto.

Hace 25 años una joven muchacha de 22 años quedó embarazada y junto con su novio, del que se encontraba enamorada, por el bien de ese niño, deciden contraer matrimonio. Por circunstancias de la vida, no lo hacen sacramentalmente, sino que se unen por lo civil. Fruto de esta unión y de este amor, vinieron los hijos. El primero, un servidor, ya en camino y luego vendrían Teresa (a la que el Señor quiso llevarse junto a Él nada más nacer y que intercede por nosotros desde el cielo) y Juan Diego. Sin duda alguna, mis hermanos y yo, somos el fruto más hermoso de este amor. Un amor bendecido por Dios, y es que ha sido Él quien ha ido actuando siempre en sus vidas, sin ellos quizás ser del todo conscientes. De alguna forma como la semina verbi, como una semilla del amor de Dios, que ha ido creciendo y desarrollándose, casi sin darnos cuenta, como crece el fruto de la tierra, un día tras otro, con sus soles y sus lunas, con sus sufrimientos y alegrías, hasta quedar sellada, santificada y bendecida por Cristo, que se desposa con ellos, en el sacramento del matrimonio, que los une y los capacita para caminar juntos hasta el cielo.

Verdaderamente sus planes no son nuestros planes, porque superan a los nuestros inmensamente y Dios es capaz de sacar hasta del pecado gracias infinitas. Fruto de la unión de aquellos jóvenes que se casaron “a la prisa” vine yo y gracias a otras mediaciones (mi abuela, un sacerdote, mi parroquia, y otras muchas…) el Señor me quiso llamar a ser sacerdote. Esto supuso para mis padres una revolución. Nadie podría imaginarse esto, a dos que ni siquiera se han casado por la Iglesia “les sale un hijo cura” y así entro Él en mi familia, de la forma más insospechada, como Él suele hacer las cosas. Poco a poco fueron descubriendo la gran familia de la Iglesia, primero por mediación de José Luís, un sacerdote muy querido en mi casa, que fue quien me acompañó en los inicios de mi vocación. Luego vendría el Seminario, el ir conociendo a otros sacerdotes y seminaristas y así poco a poco comenzar a descubrir, casi sin darse cuenta, a Cristo.

El pasado 26 de diciembre, solemnidad de la Sagrada Familia, tuve la oportunidad y el regalo inmerecido del Señor de poder ser testigo del sí de Dios a sus vidas, de un sí que superaba la comprensión de todos los que presenciamos aquel si quiero tan esperado por Dios. Ellos renovaban a los ojos de los hombres aquel “sí, quiero” pronunciado hace 25 años, pero lo que nuestros ojos no podían ver era que Dios mismo estaba diciéndoles a ellos un sí aún mayor, un si mayúsculo como respuesta a los muchos síes que de alguna forma ellos le han ido dando a lo largo de sus vidas y que ese día le dieron.

La vida, sin duda, es un sí que se multiplica. De aquel primer sí, imperfecto aún, vinieron muchos otros: un sí a la vida de sus hijos, incluso habiendo tenido tres embarazos de riesgo y siendo invitados a abortar en varias ocasiones, un sí a la vocación de uno de ellos, un sí a empezar a comprender (ya que nunca se termina de comprender en esta vida) que Dios se quisiera llevar a su hija y un sí a, ya siendo un poco más mayores, tener al pequeño de la casa. Un sí no pocas veces regado por las dificultades y el sufrimiento, la incertidumbre y la duda, pero un sí bendecido por Dios y sellado por el sacramento del matrimonio hace unos cuantos días.

El Señor me ha hecho muchos regalos en mi vida, pero sin duda este, junto con recibir el sacramento del Orden en el grado de diácono (sin duda el mayor don que he recibido hasta hoy), ha sido uno de los más grandes. Que la primera boda que haya podido celebrar haya sido la de mis padres, ha sido un regalo inmerecido, poder ser instrumento, testigo cualificado del sí, de aquellos que han hecho posible mi sí, poder hacer las veces de Cristo: bendecir, santificar y consagrar el amor, de aquellos que me dieron la vida. Ser la voz de la Iglesia, a la que hace un mes he consagrado mi vida, para decirles: “lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre”, poder darles la comunión después de más de 30 años sin recibir a Cristo… Sin duda, los planes de Dios, no son nuestros planes. Él sobrepasa todo cuanto podamos soñar, Él nos busca incansablemente, como Buen Pastor, para conducirnos al cielo, incluso de las formas menos sospechadas. Está claro que nadie puede ganar a Dios en elocuencia: que por medio de aquel a quienes ellos le dieron la vida, hayan podido recibir la Vida.

Hace 25 años cuando mis padres contrajeron matrimonio civil, por diversos motivos, entre otros estar embarazada mi madre de mí, no pudieron tener un viaje de novios. De ahí, que justo al día siguiente de la boda, nos “liamos la manta a la cabeza” y pusimos rumbo a Roma, mis padres, mi hermano y yo donde tuvimos la suerte de poder saludar al Santo Padre y pedirle su bendición para ellos en este nuevo camino que comienzan. Un momento de gracia especial, de cercanía de la Iglesia, que en la figura del Vicario de Cristo, los acompaña y bendice en su recién estrenada unión conyugal. Es la Iglesia misma, desposada con Cristo quien ahora los acoge, con más plenitud que nunca y los acompaña como Madre y Maestra.

Comenzaba diciendo que los planes de Dios no son nuestros planes. Aparentemente son los más ilógicos y surrealistas que podamos imaginar, los planes aparentemente más absurdos e irrealizables, los menos esperados, pero menos mal que sus planes no son los nuestros, porque si no la vida sería demasiado aburrida. Hoy le doy gracias al Señor por mis padres y por toda mi familia. Os pido a quienes leáis estas letras que recéis por ellos, que los encomendéis a la Sagrada Familia de Nazaret y animo a todos aquellos que de una forma u otra quieren vivir el amor esponsal en su vida, a poner a Cristo en medio de su historia, de su día a día, pues es Él, aunque quizás no os deis cuenta, quien guía vuestros pasos. A la Sagrada Familia de Nazaret nos encomendamos, especialmente en este Año “Familia Amoris Laetitia”.

 

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

(Papa Francisco, Amoris Laetitia 325)










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Finaliza la muestra “Testigos y apóstoles, sintiendo y haciendo sentir el Reino”

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Finaliza la muestra “Testigos y apóstoles, sintiendo y haciendo sentir el Reino”

El Movimiento Apostólico Cristo Rey (MAR) dio por finalizada en la tarde del pasado 21 de enero la exposición temporal itinerante “Testigos y apóstoles, sintiendo y haciendo sentir el Reino” en nuestra Archidiócesis. Tras su paso por el granadino Albayzín, la muestra fue expuesta en la Parroquia de Albuñol, localidad natal de la Sierva de Dios Madre Inés de Jesús.

La muestra, que se incluye dentro de las actividades para celebrar el aniversario fundacional, recorre mediante imágenes y objetos la identidad propia, las tres décadas de historía así como la situación actual del Movimiento en España y en el mundo.

La exposición no deja de ser una actividad pastoral más que emana del fuerte dinamismo apostólico que caracteriza a los seguidores del Venerable José Gras, pues mediante esta muestra el MAR pretende llevar a Jesús con nuevos métodos y nuevas expresiones a espacios, entorno y colectivos que no conocen la alegría del Evangelio.
Inaugurada en Benifaiò (Valencia) el pasado noviembre, la exposición recorrerá los enclaves en los que se encuentra el Movimiento hasta llegar el próximo junio a Ferrol (La Coruña) donde se clausurará.

Pablo Flores Paco
Delegado MAR Granada

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La Visita Ad Limina en El Espejo de la Iglesia

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La Visita Ad Limina en El Espejo de la Iglesia

La celebración de la eucaristía en las cuatro basílicas romanas ha centrado el desarrollo de los intensos días de la visita Ad limina que hoy cumple su quinto día. Esta es la jornada más especial del encuentro quinquenal porque se reúnen con el Papa Francisco. Durante estos días, hemos ido recogiendo las valoraciones del Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, de estos días provechosos e interesantes, en palabras de don Demetrio. Las sucesivas reuniones por Congregaciones y Dicasterios han permitido un intercambio de experiencias pastorales para agrandar la comunión entre las iglesias particulares. Durante las reuniones, los prelados han tenido ocasión de compartir opiniones sobre migración, educación, vida Consagrada o Catequesis, entre otras materias, siempre sostenidos por el trabajo previo que se envió desde cada una de las diócesis. En total han sido trece sesiones de trabajo para los Obispos de las provincias eclesiásticas de Sevilla, Granada y Mérida Badajoz en un acontecimiento eclesial en el que fieles y sacerdotes nos sentimos implicados.

Puedes escucharlo en este enlace

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Visita ad limina: hoy, Audiencia de nuestro arzobispo con el Papa Francisco

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Los obispos, momentos antes de salir a la audiencia con el Santo Padre.

Junto a D. Javier Martínez, también están los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada, Sevilla y Mérida-Badajoz.

Hoy viernes, 21 de enero, nuestro arzobispo D. Javier Martínez asiste a la Audiencia con el Papa Francisco, en el marco de la visita ad limina que, junto a sus hermanos en el episcopado de las provincias eclesiásticas de Granada, Sevilla y Mérida-Badajoz están realizando los obispos españoles. Esta semana, realizan esta visita ad limina el tercer grupo de obispos españoles, en el que se encuentra nuestro arzobispo.

En la entrevista realizada por el Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado al Vicario General con motivo de esta visita que los obispos realizan al Santo Padre cada cinco años, D. Francisco Javier Espigares Flores explicaba el deseo de la Archidiócesis de “trasladarle nuestra comunión, nuestro deseo de vivir la fe unidos en este camino sinodal que hemos comenzado”. “Transmitir al Papa la comunión, la adhesión a su mensaje, a su persona, darle las gracias por tantos beneficios que recibimos, porque es impresionante la vitalidad y la riqueza del magisterio del Papa Francisco en comunión con el Papa Benedicto XVI y sus predecesores”, subrayó. (Leer entrevista)

La visita concluirá mañana sábado, 22 de enero, con la visita a la Secretaría de Estado. Durante esta semana, además de peregrinar a las principales basílicas de Roma, como signo de comunión en la Iglesia universal, los obispos han conocido el trabajo en distintas congregaciones y dicasterios, como el de la Congregación para los obispos, el Sínodo de los obispos, que actualmente se encuentra en su fase diocesana, el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, las Congregaciones para los Institutos de Vida Consagrada y para el Clero, y los Dicasterios para la Comunicación y para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

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El papa recibe hoy en audiencia al obispo de Guadix y a los demás obispos que realizan la vista ad limina

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El papa recibe hoy en audiencia al obispo de Guadix y a los demás obispos que realizan la vista ad limina

 

Seguramente, este viernes 21 de enero es el día más importante en la visita ad limina que están realizando los obispos del sur de España, del 17 al 22 de este mes. Y lo es porque es el día en el que obispos se encuentran con el papa Francisco en audiencia privada. Los obispos tienen reservada en su agenda toda la jornada para esta audiencia y, aunque es previsible que no dure tantas horas, sí que será un encuentro pausado, sin prisas.

Uno de los deberes que tienen los obispos en su vista a la Santa Sede es celebrar en las cuatro basílicas mayores de Roma: San Juan de Letrán, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y, por supuesto, la Basílica de San Pedro. Así lo han hecho nuestros obispos. También, son obligados los encuentros con los responsables de los dicasterios y congregaciones romanas, a los que han presentado los informes preceptivos. Son encuentros interminables, que ocupan todas las mañanas de la visita ad limina y buena parte de las tardes. En estos encuentros, por lo que sabemos, se ha hablado de comunión, de sinodalidad -estamos en el primero de los años del Sínodo-, y se han ofrecido claves para afrontar el futuro con esperanza y compromiso.

Pero sobre todo, una visita ad limina es un encuentro con el papa, con el pastor de la Iglesia. Y ese encuentro tiene lugar este viernes 21 de enero. Con toda seguridad, el papa tendrá palabras para todos los obispos, pero también para cada una de las diócesis. Y es que Francisco se habrá estudiado esos informes que previamente se han enviado a Roma y que presentan la vida de las diócesis en los últimos años, desde la última visita pastoral, que fue en 2014.

La vista pastoral la están realizando los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada -a la que pertenece Guadix- y Sevilla. También la realizan los obispos de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. Y por lo visto en las imágenes que nos llegan desde Roma, están siendo días muy intensos, tanto en las celebraciones como en las reuniones y encuentros. Pero lo mejor llega hoy. Ya nos contarán los obispos qué les ha dicho el papa, qué nos dice a cada una de nuestras diócesis. Porque con el obispo, en esa vista ad limina, va la diócesis, estamos cada uno de nosotros.

En las fotos, Mons. Francisco Jesús Orozco saluda al papa en la audiencia general, en 2018, al poco de ser nombrado obispo de Guadix. En la foto de grupo, los obispos que realizan la visita ad limina posan en la escalinata del Colegio Español de Roma, donde se han alojado, antes de salir al encuentro con el papa.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

viernes 21 de enero visita ad limina

 

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