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Los jóvenes de las parroquias están convocados a un Encuentro de Cuaresma

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El viernes 4 de marzo se celebrará el Encuentro de Cuaresma para jóvenes de las parroquias, organizado por la Acción Católica General de Málaga. Tendrá lugar en el Seminario Diocesano.

Comenzará a las 17.00 horas, con la acogida y la oración de inicio. Se presentarán tres testimonios de servicio en las periferias, que ayudarán a los participantes a ponerse en sintonía con la Cuaresma: Paco Ríos (Los Asperones), Dani Delós (La Palmilla) y Sara Buccheri (Fundación Don Bosco).

Tras la exposición de los tres invitados se compartirá una merienda, al aire libre y, a las 20.30 horas dará comienzo el Adoremus, junto a la Diócesis de Málaga. 

El coste del encuentro será de 3€, que recogerán previamente los responsables de cada parroquia y el enlace para la inscripción está aquí.

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Una mañana en los invernaderos

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Nuestro obispo Antonio hacía tiempo que deseaba visitar nuestra “huerta almeriense”. Con las hermanas del Sagrado Corazón, los jesuitas y algunas seglares el pasado viernes, 18 de febrero ha podido hacer realidad su deseo en Santa María del Águila (El Ejido) visitando los invernaderos de Jerónimo y su familia.

Las explicaciones sobre esta realidad: el agua, la tierra, los controles, la subida de los abonos necesarios, los precios, los sueldos de los recolectores, etc han contribuido a que nuestro obispo conozca de primera mano un poco más algunos de los aspectos de nuestra tierra y de las personas que la habitan.

Sin lugar a dudas, dijo: “vale la pena estar orgulloso de nuestros productos y de nuestros agricultores”.

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El Obispo pide rogativas a Dios, por intencesión de la Virgen María, para pedir el don de la lluvia, en la clausura la Semana Diocesana de la Familia

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El Obispo de Huelva, D. Santiago Gómez Sierra, ha clausurado esta mañana, en la Catedral, la Semana Diocesana de la Familia que se ha celebrado en nuestra diócesis desde el pasado lunes, 14 de febrero. En su homilía, ha señalado a “la clave de la Misericordia como la fuente para superar las crisis matrimoniales y familiares”.

En esta celebración, presidida por D. Santiago, han estado también presentes el vicario general, P. Emilio Rodríguez, el vicario para la administración de los bienes y relaciones institucionales, Jaime J. Cano, el canónigo Victoriano Solís, el sacerdote Baldomero Rodríguez, muy vinculado a la delegación diocesano para la Familia y Vida, junto a los delegados José Antonio García y Pepa González, y los diáconos permanentes Manuel Díaz, Isabelo Larios y Juan Romero, además de un numeroso grupo de fieles.

A la conclusión de la Misa todos los presentes han dirigido una oración a la Virgen María, tal y como se viene haciendo en la Santa Iglesia Catedral durante las últimas semanas, como rogativa para pedir a Dios el don de la lluvia:

Rogativa a la Santísima Virgen de la Cinta
para pedir el don de la lluvia.

Dios te salve Virgen Pura
Reina del cielo y la tierra.
Madre de misericordia
de gracia y virtudes llenas.

Vida y dulzura en quien vive
toda la esperanza nuestra.
A ti, Reina, suspiramos
gimiendo y llorando penas.

En este tan triste valle
de lágrimas y miserias.
Ea pues Reina y Señora
Madre y Abobada nuestra.

Esos tus benditos ojos
a nosotros siempre vuelvas
ojos de misericordia,
de piedad y de clemencia.

Dulce Virgen de la Cinta
pide a tu hijo que llueva,
porque se secan los campos
y se pierden las cosechas.

A Jesús fruto bendito,
de tu vientre Hermosa Perla,
que mande aguas al campo
y en esta ciudad de Huelva.

Oh Clementísima Aurora,
Oh Piadosísima Reina.
Oh Pura Virgen María
por nosotros a Dios ruega.

Para que seamos dignos
de gozar de las promesas,
que nos hizo Jesucristo
de alcanzar la gloria eterna.

Ruega a Dios, Madre querida,
por nuestra ciudad de Huelva
y toda nuestra provincia.

D. Santiago Gómez Sierra ha pedido que esta oración se haga extensible en toda la diócesis, afectada de un modo especial por la ausencia de la lluvia.

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Concluye la Semana del matrimonio con la renovación de los compromisos matrimoniales en la Catedral

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Hoy Domingo, 20 de febrero de 2022, ha tenido lugar la Celebración de la Eucaristía de la Semana del Matrimonio que en el contexto del Año Familia Amoris Laetitia ha propuesto la Subcomisión Episcopal Española para la Familia y Defensa de la Vida a todas las diócesis de España.

Siendo de gran importancia para la Diócesis de Almería la Familia, se ha llevado a cabo la iniciativa de un gran proyecto de acogida a todas las Familias y especialmente a todos los matrimonios mediante esta Celebración Eucarística en la S.A.I. Catedral de Almería, que ha estado presidida por nuestro Obispo D. Antonio, y en la que el gran número de matrimonios presentes han podido renovar sus compromisos matrimoniales.

Desde la Delegación de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida de la diócesis de Almería queremos agradecer a todos los Matrimonios participantes su asistencia y su testimonio de fe.

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El Obispo de Córdoba entrega una cruz pectoral al pastor de Jaén con una reliquia de San Juan de Ávila

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El Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, ha querido hacer entrega durante la CXLIX Asamblea Ordinaria de los Obispos del Sur de España de una cruz pectoral con una reliquia “ex ossibus” de San Juan de Ávila al Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico, que se ha incorporado a la Asamblea y para el que los Obispos han tenido palabras de acogida y bienvenida.

El pastor de la Diócesis le ha explicado que se trata de un regalo especial que contiene en el anverso a Cristo crucificado; en el reverso, en la parte superior el sello de san Juan de Ávila, seguido de la inscripción “Sepan todos que nuestro Dios es amor” (frase de san Juan de Ávila); y en el crucero va incrustada una reliquia del esternón del Santo Maestro. Además, más abajo contiene una efigie de San Juan de Ávila con su firma original y la inscripción DOCTOR ECCLESIAE, 7-X-2012, rematando en la parte inferior con el escudo de la Basílica Pontificia de Montilla.

La cruz pectoral fue diseñada por Ana Infante y labrada en oro por los plateros cordobeses Hnos. Soto.

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El Obispo se reúne con los diáconos permanentes y aspirantes

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Coincidiendo con la jornada de formación que el diaconado celebra mensualmente, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha querido reunirse este mes de febrero con los diáconos y aspirantes al diaconado, toda vez que ya celebrara una reunión previa con los sacerdotes  formadores de este colectivo y estaba especialmente interesado en conocer de primera mano esta realidad eclesial y diocesana.

A lo largo de la mañana hubo tiempo para el diálogo distendido así como para el conocimiento por parte de Don Sebastián de cada una de los circunstancias personales, familiares, pastorales y laborales que acontecen en toda y cada uno de los miembros de este colectivo.

Durante su intervención, nuestro prelado, se dirigió a los presentes haciendo especial hincapié en la importancia que el diaconado permanente tiene para el futuro de la Iglesia, tal y como se lo ha manifestado el Papa Francisco en su reciente visita «ad limina», durante la que le ha insistido en atender de manera especial la vocaciones al diaconado y fomentarlas en todas las parroquias.

El Obispo se mostró ilusionado e ilusionante con la familia diaconal y animó insistentemente a que la figura de Cristo Servidor esté más que nunca ejemplificada entre sus miembros.

La jornada culminó con un intercambio de experiencias e ideas donde pudieron participar diáconos, aspirantes y formadores y de cuyas intervenciones se quedó que en un futuro próximo urge ir atendiendo a lagunas de la conclusiones pastorales allí expresadas.

 

Andrés Borrego
Diácono permanente

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ENCUENTRO MULTIMEDIA “Un amor es para siempre”

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Mañana Martes, 22 de febrero, a las 20:30 horas  en la Iglesia del Espíritu Santo de Almería, concluimos los actos organizados para la semana del matrimonio,  celebrando el encuentro multimedia “Un Amor para Siempre”.

Una colaboración entre las Delegaciones de Pastoral Familiar y Pastoral Juvenil de la Diócesis para mostrar el sentido y la belleza del matrimonio cristiano.

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Sigue el trabajo sinodal en las parroquias de San Francisco de Asís y San Luis Gonzaga de Almería

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Siguen llegando a la comisión diocesana las conclusiones de los distintos grupos sinodales existentes en la diócesis. Desde la parroquia de San Francisco de Asís se han enviado las aportaciones de los jóvenes (13-14 años) a nuestra Iglesia de Almería, según se nos anima en esta segunda sesión. Jóvenes y catequistas han disfrutado de este encuentro que ha facilitado la escucha y el crecimiento personal.

También continúan los trabajos de los grupos de Acción católica general y Cáritas de la parroquia de San Luis. Bajo el título “recordar, recorrer y compartir nuestra Historia de Salvación”, han reflexionado con las preguntas propuestas por la comisión diocesana.

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Nueva superiora de las Hermanas Hospitalarias en Granada e inicio de la Campaña del Enfermo, en Iglesia Noticia

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Nueva superiora de las Hermanas Hospitalarias en Granada e inicio de la Campaña del Enfermo, en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 20 de febrero, a las 09:45 horas.

En este nuevo programa del ìIglesia Noticiaî anunciamos la elecciÛn de una nueva superiora de las Hermanas Hospitalarias en Granada. Se trata de sor Cristina Hern·ndez que en adelante estar· el frente de la FundaciÛn PurÌsima ConcepciÛn desde donde las religiosas viven su carisma de ìhospitalidadî dedic·ndose al cuidado de personas con enfermedades mentales o discapacidad intelectual.

Esta semana fue presentada en Granada la CampaÒa Mundial del Enfermo en una conferencia en el Centro Cultural Nuevo Inicio. Como novedad, la Pastoral de la Salud anunciÛ la prÛxima inauguraciÛn de un Centro de HumanizaciÛn de la Salud y de la Vida, que est· llamado a convertirse en un lugar de acogida y formaciÛn en el acompaÒamiento de enfermos.

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“Pedimos la vida del Hijo de Dios que se nos da en cada Eucaristía”

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Homilía en la Eucaristía del VII Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.I Catedral el 20 de febrero de 2022.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo;

queridos sacerdotes concelebrantes, diácono, santo pueblo de Dios;

queridos hermanos y amigos todos:

El Evangelio de hoy casi no necesita comentario, en el sentido de que pocos textos hay en el Evangelio que sean tan directos, tan explícitos, tan concretos.

Después de las bienaventuranzas de la semana pasada -“Dichosos los que lloran. Dichosos los pobres. Dichosos los que trabajan por la paz”- nos habla el Señor de algunas condiciones indispensables para participar en ella, en esa dicha que Jesucristo ha hecho accesible para los hombres. Lo que pasa es que esas condiciones nos parecen tremendas, muy tremendas. A mí me recuerda cuando Jesús le dice a Pedro: “Apártate de mí, Satanás, porque piensas como los hombres y no como Dios”. O cuántas veces les dice a los discípulos, en la barca, cuando la tormenta aquella: “Hombres de poca fe”. Eso me lo digo yo, hoy, a mi mismo: hombre de poca fe. Porque escuchamos esta palabra de Jesús y no nos lo tomamos especialmente en serio. Sin embargo, es clave, es central. Tan central que, en el Evangelio de hoy, está contenida la oración del Padrenuestro. Clave también porque estamos clausurando en esta misa la semana “Amoris Laetitia de la familia”, dedicada al matrimonio y a la familia, y doy la bienvenida a los matrimonios que han estado celebrándola. Me dicen que había alrededor de treinta matrimonios que hicieron la “Ruta romántica”. Una experiencia preciosa de caminar, marido y mujer, de manera que pudieran hablar entre ellos aparte de ver cosas bonitas por el Albaicín.

A mí me parece que el Evangelio de hoy… que sirve; que sirve para todo en la vida… Y no voy a decir que cuando Jesús pide que amemos y que perdonemos a nuestros enemigos, nuestro enemigo sea nuestro marido o nuestra esposa, no, pero sí que la vida matrimonial y especialmente en el mundo en que vivimos, está marcada por el conflicto. Y la necesidad de aplicar, no tanto la letra de este Evangelio, como su espíritu profundo, nos es imprescindible. Imprescindible para vivir, para vivir como cristianos. Para relacionarnos unos con otros, como cristianos, y cuanto más cerca estemos unos de otros, más necesario. Porque más posibilidad hay de roce, de conflicto, de malentendidos, de distanciamiento, sin que nos demos casi cuenta, por lo tanto, de malentendidos de todas clases. Este Evangelio es tan central que su contenido último lo tenemos en la oración del Padrenuestro: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

“Con la medida que midáis, seréis medidos”. Una de mis oraciones más frecuentes al Señor, “no me pidas a mí con la medida que mido yo, porque, entonces, no tengo esperanza”. Mi medida es siempre tan pequeña. El caso es que queremos que sea con la justicia de los hombres, pero es aquí donde la justicia de los hombres es tan radicalmente diminuta, tan pequeña, que no la podemos aplicar. En realidad, la justicia de los hombres es sólo una apariencia de justicia. Porque las diferencias que hay entre nosotros, entre unos y otros, no pasan de ser cien denarios, que era como una pequeña moneda. Cuando queremos que se establezca justicia entre nosotros, cuando queremos tener la razón y que la razón domine en nuestras relaciones sin apelar a la justicia, no nos damos cuenta de que nosotros no podemos aplicar esa misma lógica delante de Dios. No le podemos pedir a Dios que nos trate con justicia. Nadie -y nadie es nadie-, nadie saldríamos bien parados. Como, además, no podemos juzgar porque siempre nos equivocamos en la historia… Es verdad que esas personas podrían haber hecho esto de otra manera, o esta persona podría haber hecho esto de otra manera, pero ¿qué sé yo del camino que está haciendo esa persona? ¿Qué sé yo de la historia de la que viene? ¿Qué sé yo de la experiencia que tiene del perdón y de la misericordia de Dios? Y si no tiene ninguna, ¿Cómo puedo yo pedirle que actúe con justicia?

Os aseguro que Le pido a Dios que no obre conmigo con justicia. “Señor, no, no me midas con la medida con la que yo mido. No me perdones con la medida con la que yo perdono”. Me justifico un poco, tal vez por haber estudiado un poquito de griego y de arameo, y el “perdona nuestras deudas, como también nosotros”, como es una expresión muy vaga en las lenguas semíticas, tan vaga que puede significar “perdónanos nuestras deudas de modo que también nosotros podamos perdonar a los que nos ofenden”. Porque estoy convencido de que sólo la experiencia del perdón, sólo la experiencia de un perdón gratuito, de un perdón para el que no somos dignos, que no tenemos ningún derecho a reclamar… ninguno. Si todo lo que somos es fruto del amor de Dios y lo que hay de bueno en nosotros es fruto del amor de Dios; si sólo son nuestros pecados, ¿con qué cara me presento yo ante Dios a pedirLe que tengan los demás justicia conmigo, que actúen de acuerdo con lo que yo percibo como la razón y la justicia? No me queda más remedio que pedirLe a Dios que obre conmigo de una manera que no sea justa, para poder vivir, para poder seguir viviendo y para poder entrar en comunión con Él. Entrar en la vida de intimidad y de comunión con Él.

Mis queridos hermanos, vamos a recibir el don supremo, la vida del Hijo de Dios que se nos da en cada Eucaristía. ¿Quién podría pensar que tiene derecho a semejante don? Hemos recibido la vida divina en el Bautismo. Muchos de nosotros hemos sido confirmados con el Espíritu de Dios, que está vinculado tan estrechamente al perdón de los pecados: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. Si tantos dones divinos hemos recibido como nuestras vidas se parecen, tan poco al modo de vida de Dios, un modo hecho de amor, de misericordia, de perdón. Pero, además, no quiero apelar sólo a eso. Quiero decir que esa es la única medicina en un mundo como en el que estamos tan llenos de desconfianza, tan lleno de dolor, tan lleno de heridas por todas partes y de todas clases.

No hay otra medicina. No hay otro alivio a nuestra ansiedad, a nuestra tensión, a nuestra angustia incluso a veces, sino el saber que somos objeto de un amor infinito, sin límites, sin condiciones. Infinito en su densidad, en su calidad y en su profundidad, e infinito en su número también, porque tendré, Señor, que seguirTe pidiendo perdón todos los días y tengo conciencia de que siempre Te lo tendré que pedir, y espero en tu perdón. Mi esperanza está en Tu misericordia. No en mis obras. No en que yo voy a ser capaz de ser tan bueno como para vivir como un hijo de Dios. No lo espero de tu Espíritu, del Espíritu de tu Hijo que se entregó por mí, que se ha hecho uno conmigo a pesar de mi pobreza.

Termino con unas palabras de un Salmo: “No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados”. Acoge nuestras súplicas. Y esa es la única esperanza de un mundo nuevo, de un mundo humano. Es un mundo sobrehumano, pero es la única posibilidad de un mundo humano, porque, hechos a imagen de Dios, sólo lo sobrehumano es humano; pero no podemos con nuestras fuerzas. Por eso Te necesitamos a Ti. Por eso necesitamos Tu gracia. Por eso necesitamos la experiencia de tu amor que siempre es para con nosotros experiencia de perdón para ser capaces de perdonar a quienes nos ofenden o a quienes no llegan, o a quienes pensamos que no obran bien o que no obran como nosotros desearíamos que obraran con nosotros.

Que el Señor nos dé Su gracia, multiplique Su gracia a todos, para que se multiplique también en nosotros y en nuestros entornos y en el mundo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

20 de febrero de 2022
S.I Catedral de Granada

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