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San Luis de Tolosa

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Entre 1689-1691 se construyó un monumental retablo-tabernáculo, cuyas enormes dimensiones cubrían la estructura arquitectónica de la Capilla Mayor. Se asemejaba a una gran mampara semidecagonal adaptada a la fábrica del edificio, incorporando un templete exento provisto de un mecanismo de torno empleado para manifestar el Santísimo Sacramento.

También contaba con grandes hornacinas destinadas a esculturas. Su hechura se confió al arquitecto en madera José Fernández de Ayala (especialista en túmulos funerarios y construcciones efímeras para las celebraciones festivas) y al escultor Jerónimo Gómez Hermosilla. Tan colosal máquina quedó sin dorar y en 1769 se decidió desmontarlo, para emplear sus fragmentos en los nuevos retablos que pensaba construirse en diferentes capillas.

Patronos de Málaga

El programa iconográfico estuvo dedicado a los cuatro principales santos tutelares-patronos de Málaga: Ciriaco y Paula, Sebastián y Luis de Tolosa. Por fortuna, se conservan las cuatro esculturas realizadas por Jerónimo Gómez: los Mártires en la parroquia de su nombre (adonde fueron depositadas por el Cabildo después de la Guerra Civil) y las otras dos en la Catedral. El patronato del franciscano san Luis de Anjou, obispo de Tolosa, obedece a la coincidencia de su festividad con la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, el 19 de agosto de 1487. Revestido de pontifical con capa pluvial, mitra y báculo, extiende la mano derecha al espectador en demanda de limosna acorde a sus acciones caritativas.

Juan A. Sánchez López

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Mensaje de Cuaresma del Papa: «No nos cansemos de hacer el bien»

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Francisco ha hecho público el mensaje de Cuaresma de este año, centrado en la cita de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO 
PARA LA CUARESMA 2022

«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. 
Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

1. Siembra y cosecha

En este pasaje el Apóstol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jesús tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kairós, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. ¿Qué es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.

El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente «sigue derramando en la humanidad semillas de bien» (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra «viva y eficaz» (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegría, aún más grande es la llamada a ser «colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar también nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda.

¿Y la cosecha? ¿Acaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que sí. El vínculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: «A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa» (2 Co 9,6). Pero, ¿de qué cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad. En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea, no se pierde ningún «cansancio generoso» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el árbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos (cf. Rm 6,22).

En realidad, sólo vemos una pequeña parte del fruto de lo que sembramos, ya que según el proverbio evangélico «uno siembra y otro cosecha» (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los demás participamos en la magnanimidad de Dios: «Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra» (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios.

La Palabra de Dios ensancha y eleva aún más nuestra mirada, nos anuncia que la siega más verdadera es la escatológica, la del último día, el día sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el «fruto para la vida eterna» (Jn 4,36), que será nuestro «tesoro en el cielo» (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jesús usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrección (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrección de nuestro cuerpo: «Se siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo débil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual» (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: «Si lo que esperamos de Cristo se reduce sólo a esta vida, somos los más desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron» (1 Co 15,19-20), para que aquellos que están íntimamente unidos a Él en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos también unidos a su resurrección para la vida eterna (cf. Jn 5,29). «Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Mt 13,43).

2. «No nos cansemos de hacer el bien»

La resurrección de Cristo anima las esperanzas terrenas con la «gran esperanza» de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvación (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Efectivamente, incluso los mejores recursos son limitados, «los jóvenes se cansan y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen» (Is 40,30). Sin embargo, Dios «da fuerzas a quien está cansado, acrecienta el vigor del que está exhausto. […] Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, vuelan como las águilas; corren y no se fatigan, caminan y no se cansan» (Is 40,29.31). La Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9).

No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» ( Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad (cf. Is 7,9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia [2]; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf. Rm 5,1-5).

No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar [3].  No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 166). Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral (cf. ibíd., 43) hecha de «encuentros reales» ( ibíd., 50), cara a cara.

No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría (cf. 2 Co 9,7). Dios, «quien provee semilla al sembrador y pan para comer» (2 Co 9,10), nos proporciona a cada uno no sólo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc 10,25-37). La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 193).

3. «Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos»

La Cuaresma nos recuerda cada año que «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día» (ibíd., 11). Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor (cf. St 5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que «es rico en perdón» (Is 55,7). En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda. Tenemos la certeza en la fe de que «si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos» y de que, con el don de la perseverancia, alcanzaremos los bienes prometidos (cf. Hb 10,36) para nuestra salvación y la de los demás (cf. 1 Tm 4,16). Practicando el amor fraterno con todos nos unimos a Cristo, que dio su vida por nosotros (cf. 2 Co 5,14-15), y empezamos a saborear la alegría del Reino de los cielos, cuando Dios será «todo en todos» (1 Co 15,28).

Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador y que «conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc2,19) nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2021, Memoria de san Martín de Tours, obispo.

FRANCISCO

[1] Cf. S. Agustín, Sermo, 243, 9,8; 270, 3; Enarrationes in Psalmos, 110, 1.

[2] Cf. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia (27 de marzo de 2020).

[3] Cf. Ángelus del 17 de marzo de 2013.

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La campaña vocacional del Seminario comienza con una cita de oración con los más jóvenes

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Se acerca el Día del Seminario y los seminaristas ponen en marcha la campaña vocacional, con la que proclamar al mundo la alegría de sentirse llamados por el Señor al sacerdocio. El primer acto de dicha campaña será una cita de oración con los más jóvenes de la diócesis, un Adoremus Vocacional.

La cita, organziada por el Seminario y la Delegación de Infancia y Juventud, tendrá lugar el viernes 4 de marzo, a las 20.30 horas, en el Seminario Diocesano de Málaga, bajo el lema «Aquí estoy, porque me has llamado».

Adoremus

Es una iniciativa diocesana de oración comunitaria para jóvenes. La Delegación de Infancia y Juventud ofrece este espacio de oración y encuentro con el Señor para todos los jóvenes de las parroquias, asociaciones, movimientos, colegios religiosos, cofradías y demás realidades diocesanas.

Consiste en ofrecer a los jóvenes una hora de adoración ante el Santísimo, «para ayudarles a experimentar su presencia real y viva entre nosotros. Una oración acompañada con cantos, salmos, proclamación de la Palabra, un espacio para el silencio y algún gesto que abra a la comunicación. Es sobre todo una invitación a rezar», explican desde la Delegación de Juventud.

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¿Qué es el Seminario Menor?

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El Seminario Menor es una experiencia vocacional destinada a jóvenes de entre 15 y 18 años, con inquietud vocacional.

Los jóvenes son convocados a una convivencia mensual, coordinada por los formadores y seminaristas diocesanos, y un acompañamiento vocacional durante la experiencia. 

Las próximas convocatorias tendrán lugar del 18 al 20 de marzo, del 14 al 17 abril, del 13 al 15 de mayo, del 17 al 19 de junio y del 3 al 10 de julio.

Uno de los jóvenes participantes en dicha experiencia explicaba así en COPE Málaga, lo que es el Menor.

Para más información sobre esta experiencia vocacional y otras organizadas por la diócesis, pueden ponerse en contacto con Fernando Luque, responsable del Menor y de la Delegación de Pastoral Vocacional, enviando un correo a vocacional@diocesismalaga.es

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Retiro de Cuaresma en Melilla

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El 26 de febrero, los religiosos, religiosas, personas de vida consagrada y sacerdotes que caminan como pueblo de Dios en Melilla han celebrado un retiro de preparación a la Cuaresma.

Ha tenido lugar en la capilla del Colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo, y ha estado dirigido por el párroco de San Agustín, Víctor Hugo Andrade CJM, quien celebró el pasado día 1 sus bodas de plata sacerdotales. 

En el retiro, además de tiempo de reflexión, adoración y oración, los alrededor de treinta participantes han compartido también momentos de encuentro fraterno en los que han celebrado el volver a reunirse y compartir la vida y la misión que cada uno desempeña.

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Monseñor Zornoza tras el encuentro de los Obispos del Mediterráneo

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Después de varios días de trabajo en la ciudad de Florencia, donde el Encuentro «Mediterráneo frontera de la Paz» ha acogido a 60 Obispos y Alcaldes de 20 países del Mediterráneo, firmaron ayer la Declaración de Florencia donde se recoge el compromiso de promover la paz, el diálogo y la convivencia de la región. Este Documento, fruto de los trabajos y reflexiones de los Obispos y Alcaldes, es un documento para que lo lleven a sus ciudades, escuelas, comunidades religiosas y parroquias, para difundirlo y darlo a conocer, pero sobre todo para encarnarlo.

“Que los pueblos del Mediterráneo sean testigos para todo el mundo de una paz posible, la paz que parte de un corazón convertido al Evangelio y produce opciones concretas para el bien de todos”, lo dijo el Cardenal Gualtiero Bassetti, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.

Por otro lado, Mons. Rafael Zornoza, en una entrevista concedida a VaticanNews en relación a la situación territorial de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, declaraba que «Si hay una característica que a nosotros nos marca profundamente en la vida y en la pastoral pues es la inmigración. La emigración hoy es un problema común de todo el mundo, solo que la configuración de Cádiz y de Ceuta a las dos orillas del Estrecho de Gibraltar hace pues que sea un lugar natural, de paso, y por tanto, uno de los puntos calientes del mundo en el tema de la inmigración como todo el mundo sabe».

«Entonces, nosotros tenemos una sensibilidad especial unida pues a la Conferencia Episcopal Española -continua el prelado- que trabaja en ello y es muy sensible al problema de toda esta gente que emigra, a la defensa de los derechos de emigrar como de quedarse en sus países sabiendo pues que hay temas políticos que son enormemente difíciles y que deben ser los políticos y los gobiernos los que busquen soluciones y soluciones justas, nosotros nos encontramos de frente con un problema humanitario que antes que nada necesita una respuesta para la que afortunadamente tenemos una sensibilidad cristiana, de caridad, que nos hace empeñarnos fuertemente en este objetivo».

La Carta de Florencia quiere ser una «Llamada muy fuerte al diálogo, al encuentro, al respeto de los derechos, al reconocimiento de las comunidades religiosas, a los problemas de la paz, a la que somos no solamente sensible sino están hemos estado todo este encuentro muy marcados y preocupados y hemos rezado mucho por lo tremenda notica de la guerra en Ucrania y del tema de la inmigración. Aquí se han hecho llamadas propuestas como el acuerdo en una sensibilidad que nos une, pues para buscar vías de solución que nos ayuden a resolver estos problemas y que hagan del Mediterráneo un lugar de un verdadero encuentro, de paz y que ayuda a la convivencia de todos los pueblos».

Fotografía: VaticanNews

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En imágenes, la ceremonia de beatificación de 16 mártires granadinos

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Relicario de la beatificación.

El sábado 26 de febrero, la S.I Catedral acogía la beatificación de 16 mártires granadinos de la persecución religiosa en España en el siglo XX. El Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Granada ha elaborado una galería de imágenes, disponible en nuestro canal de Flickr y en www.archidiocesisgranada.es, pinchando en este enlace.

La ceremonia congregó a fieles procedentes de toda la provincia, especialmente de los pueblos vinculados a los nuevos beatos y sus familiares. Presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Marcello Semeraro, estuvo concelebrada por los obispos de Andalucía, el obispo auxiliar de Madrid y el arzobispo de Valencia, junto a nuestro arzobispo D. Javier. Asimismo, concelebraron algunos sacerdotes diocesanos.

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Pedir al Señor que nos encontremos con Él y que florezca en nuestra vida

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Pedir al Señor que nos encontremos con Él y que florezca en nuestra vida

Mons. Javier Martínez, a los asistentes en la vigilia de oración como preparación de la beatificación de 16 mártires granadinos.

En su mensaje final “de envío”, tras la vigilia de oración celebrada en la víspera a la beatificación de 16 mártires granadinos, el 25 de febrero, nuestro arzobispo D. Javier Martínez invitaba a los fieles a pedir al Señor “que nos encontremos” con Él y “que florezca en nuestra vida”.

En este sentido, D. Javier explicó que quien “se encuentra con Jesucristo se le nota”, de ahí que no haya que hacer esfuerzos para hacer misión. “Lo que tiene que suceder es que nos encontremos con Cristo y eso sale al exterior en la forma de estar, de vivir, de relacionarse, de valorar las cosas de la vida, de manera distinta, diferente”, señaló.

El Señor nos envía “a dar testimonio de lo que hemos vivido, de lo que hemos encontrado, de lo que somos”, explicó D. Javier Martínez.

La vigilia se celebró el 25 de febrero en la iglesia del monasterio de San Jerónimo, como preparación para la beatificación de 16 mártires granadinos de la persecución religiosa en España en el siglo XX. La ceremonia de beatificación se celebró el sábado día 26 en la S.I Catedral, presidida por el Prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos, Mons. Marcello Semeraro. El lema de esta beatificación es “Tu Gracia vale más que la vida”.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

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En imágenes, vigilia de oración para la beatificación de 16 mártires granadinos

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En imágenes, vigilia de oración para la beatificación de 16 mártires granadinos

Celebrada el 25 de febrero en la iglesia del monasterio de San Jerónimo.

En la víspera de la ceremonia de beatificación de 16 mártires granadinos de la persecución religiosa en España en el siglo XX, la iglesia del monasterio de San Jerónimo acogió la vigilia de oración, que ayudó a los participantes a prepararse para dicha ceremonia.

El martirio sufrido por odio a la fe y su testimonio de perdón a sus verdugos cuando morían acompañó a los jóvenes, mayores y adultos en esta vigilia, dirigida por nuestro arzobispo D. Javier, acompañado junto al Delegado para la Causa de los Santos, D. Eduardo García, y el comisario para la beatificación y Vicario de la zona territorial I, D. Francisco Tejerizo.

Con una invocación al Espíritu Santo y una llamada a la santidad, los fieles oraron. Acompañados por los cantos litúrgicos de distintos grupos diocesanos
–Comunidad Católica Shalom, Majo y Dan, Gen Rosso (Focolares) e Ixcis-, en la liturgia de la palabra se rezó con el Salmo 62, de donde está extraído el lema de esta beatificación: “Tu Gracia vale más que la vida”.

El Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Granada ha preparado una galería de fotos de los momentos vividos en la vigilia, que pueden verse pinchando en este enlace.

https://www.archidiocesisgranada.es/index.php/multimedia/fotos/set72177720297015889

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La petición de los jóvenes en el Sínodo: más encuentros y experiencias compartidas

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Jóvenes de distintas zonas pastorales, realidades y movimientos, así como varias religiosas, participaron el sábado en el Encuentro Sinodal de Jóvenes, que tuvo lugar en la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Alcantarilla. «Fue una mañana de trabajo provechosa, ilusionando a los jóvenes en el “caminar juntos”, escuchando y aportando lo que quiere cada uno de los participantes», explica el delegado de Pastoral Juvenil, Pedro López Baeza. La jornada comenzó con una oración, tras la que se hizo una presentación del Sínodo y después se trabajó en grupos, en los que los jóvenes respondieron a varias preguntas sobre su experiencia personal en la pastoral juvenil. Recuperar las experiencias vividas en las Jornadas Mundiales de la Juventud o en otros encuentros, fue unas de las demandas que hicieron. «La pandemia lo ha limitado todo, pero ellos quieren que cuando pase un poco esta situación se puedan volver a retomar este tipo de actividades, en las que los jóvenes puedan compartir sus experiencias, saliendo de sus grupos parroquiales y encontrándose con otros jóvenes que tengan la misma fe que ellos», añade López Baeza. La formación y el acompañamiento fue otra de las demandas que hicieron los jóvenes durante el tiempo de reflexión. La Delegación de Pastoral Juvenil enviará el cuestionario trabajado en el encuentro a todas las parroquias y grupos juveniles para que aquellos que no pudieron asistir también tengan posibilidad de hacer llegar sus aportaciones, e incluirlas en la síntesis que se enviará al Equipo Sinodal Diocesano, de parte de los jóvenes de la Diócesis de Cartagena.

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