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“Que arraigue nosotros el amor que Tu Hijo ha dejado sembrado en la tierra”

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Homilía en la Eucaristía de inicio del Septenario del Cristo de la Salud, en Santa Fe, el 19 de marzo de 2022.

Queridísima Iglesia del Señor;

muy queridos D. Eduardo y D. Jorge (…);

Han sido meses muy raros. Llevamos un tiempo desde la última vez que yo celebré aquí la Novena en el Cristo de la salud. Hemos conocido a muchas personas que lo han pasado mal. Hemos perdido a muchas personas. Hemos vivido una cierta Pasión, como la del Señor, porque desde la Pasión de Cristo no hay sufrimiento humano que no sea una parte del sufrimiento de Cristo, hasta tal punto se ha unido el Señor con nosotros, con la humanidad entera, que no hay ningún sufrimiento humano, y no sólo de los cristianos… Nosotros formamos parte de Su cuerpo. Pero, como subrayaban algunos Padres de la Iglesia, y volvió a subrayar Juan Pablo II, “Jesucristo, el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo, a todo hombre”. Por lo tanto, ante todo lo que nos sucede, Dios no es indiferente y sé lo que estoy diciendo y en el momento en el que lo estoy diciendo. Vino la pandemia y nos ha diezmado en muchos aspectos. Y ha paralizado muchas cosas y ha ralentizado otras. Y cuando parecía que estábamos saliendo de la pandemia, empieza esta guerra en Europa, que es de alguna manera nuestra patria grande y nos afecta a nosotros decisivamente.

No quiero decir que el hecho de que esta guerra esté en Europa la haga más grave o importante para nosotros que otras guerras que hay. Vivimos en un mundo muy inestable. Hace muchos años, una guerra en Uganda causó millones de muertos. Hemos conocido también la guerra de Irak y, los que tenemos ya muchos años, conocimos la guerra de Vietnam. No ha dejado de haber guerras en el mundo y no hay unas que sean más importantes que otras. A Vietnam no podíamos ir, a Uganda no podíamos ir, a Iraq, el Líbano o Siria no podíamos ir. La guerra es, como han dicho muchas veces los Papas, una derrota de la humanidad. Es una derrota de lo que hay de divino en nosotros, que somos imagen y semejanza de Dios y que estamos hechos para Dios. Y Dios es Amor. Estamos hechos para querernos unos a otros, para tratarnos con cariño y con respeto unos a otros, para aprender unos de otros, más allá de las razas, de los colores, de las lenguas, de las tradiciones culturales. Como el Papa Francisco, Benedicto XVI, Juan Pablo II y el Concilio lo decían: Cristo es la fuente de nuestra vocación a la unión con Dios y a la unidad de todo el género humano. El Concilio dijo eso y que la Iglesia es como una semilla de esa unidad del género humano. Esa unidad que nos une a todos en un solo cuerpo; que nos hace sentirnos los unos parte de los otros. Es curioso. Según el relato de la Biblia, que está lleno de sabiduría, el hombre se aparta de Dios y cuando no había más que dos hermanos en el mundo, se dividieron y uno mató al otro. En cuanto perdemos a Dios, nos volvemos los unos contra los otros. Sin embargo, hasta del mismo mal Dios sabe sacar bien.

Estamos venerando la imagen preciosa del Cristo de la Salud, que es la imagen de un hombre que, viviendo uno de los tormentos más crueles que los hombres han inventado jamás para matar a otro ser humano, y Dios mismo ha querido vivir esa Pasión, para que nadie se sintiera incomprendido por Dios, para que nadie pudiera decir jamás “yo sufro tanto que Dios no me comprende”…. Tal vez algún sufrimiento humanamente hablando, mayor que el de la cruz, y es el de una madre que ve crucificar a su hijo y también ese sufrimiento Jesús ha querido que su Madre lo viviera, para que tampoco ninguna mujer pudiera decir “pero es que perder a un hijo, es lo peor, y eso Dios no lo podrá entender nunca”. Dios entiende nuestros sufrimientos. Se ha abrazado de hecho a nuestro sufrimiento de tal manera que, como os decía hace un momento, no hay sufrimiento humano, no hay dolor humano… también en sentido positivo, no hay amistad, no hay amor humano verdadero que no sea parte del dolor, del sufrimiento o del amor del Señor. Y en el dolor y el sufrimiento también está el amor del Señor.

En la pandemia, yo sé cuántas familias necesitadas recibían ayuda de la Iglesia y, probablemente, también de alguna otra distancia, porque la bondad del corazón humano no está confinada a los límites de la Iglesia…, pero yo sé que diariamente más de cien personas recibían esa ayuda. Y vosotros estabais en ella, probablemente colaborando, llevando o distribuyendo junto con los jóvenes. También en esta guerra hay tesoros de humanidad. Me contaban el otro día una anécdota de las afueras de Kiev, en Ucrania. Había un piquete de cuatro soldados rusos y un grupo de los vecinos del barrio se habían echado a la calle, los habían rodeado, les habían quitado las armas y se habían apoderado de ellos. Los rusos, como se entienden, decían “nosotros veníamos aquí de maniobras y no sabíamos adónde veníamos”. Y uno de ellos se echó a llorar. Eran muy jóvenes. Una de las mujeres que los había capturado le dice: “Hijo mío, ¿cuántos años tienes?”. Y el chico que estaba llorando dijo: “18 años”. Le responde la mujer: “¿Tienes madre?”. Dice, “sí, claro”. Le pregunta: “¿En qué ciudad de Rusia vive?, ¿sabes su teléfono?”. Sacó entonces el móvil y le dice: “Pues, llama a tu madre, di que estás aquí, que te hemos cogido pero que no te vamos a hacer daño, te vamos a esconder en nuestras casas”. Esas cosas también pasan en tiempos de guerra.

También sabéis que hace 15 días hice una llamada a la diócesis para que hiciéramos lo que estuviera en nuestra mano por ayudar a Ucrania, que ha sido invadida injustamente. Con motivo de una de las guerras del Medio Oriente, la última guerra de Siria e Iraq, tuve la ocasión de coincidir con un sacerdote egipcio jesuita, que conoce muy bien el mundo islámico y el mundo árabe. Coincidía en Córdoba en un congreso que había de estudios mozárabes. Le dije: “Padre Samir, ¿quién se beneficia de esta guerra en el Medio Oriente?”. Me dijo: “Unos que no suelen salir nunca en los telediarios: los fabricantes de armas”. Las fábricas de armas son cada vez más caras, más sofisticadas. Un avión de guerra cuesta miles de millones de dólares, y se quedan viejos, y hay que usarlos. Es uno de los motores de la economía mundial. Entonces, esas fábricas y la vida de esas fábricas es más importante que la vida de los seres humanos. Esa es una de las tragedias más profundas de nuestro mundo, de la sociedad en que vivimos, donde, para que la economía siga a flote -o para que la economía no se hunda y haya después que reconstruirla, lo cual mueve otra economía-, somos capaces de sacrificar miles, millones de vidas humanas.

¿Cuál es el modo de resistir a una situación así? Primero, mirar a Jesús y saber que el Señor no se ha echado para atrás en el amor a nuestra humanidad, porque a nosotros a veces nos dan ganas de renegar de nuestra humanidad y decir que no tenemos arreglo. Dios no se echa para atrás a pesar de nuestras miserias, de nuestros pecados y de estos pecados sociales en los que nos embarramos. Nuestro Cristo se llama el Santísimo Cristo de la Salud. No sólo le pedimos que nos dé la salud. Pedimos que nos dé la salud plena, es decir, la vida plena. Una vida plena no puede ser más que una vida de amistad, de amor, de perdón… Entonces, Señor, danos la posibilidad de poder construir, de ser constructores de un poquito de amor alrededor nuestro, y con eso estamos cambiando el mundo, facilitando que el mundo cambie, ofreciéndole al Señor un gesto de perdón, un gesto de amor que mueve el corazón de los hombres.

A mí me ha sorprendido muchísimo la respuesta que ha habido a la llamada que yo hice. Hoy estaban buscando un tráiler de 25 toneladas para llevarlo a Polonia y llevar todos los medicamentos. El otro día acompañaba yo a los que estaban cargando un autobús con medicinas. Lo estaban cargando hasta en los asientos, en todas partes. Y cuando estaban terminando de cargar el autobús aparecieron allí tres coches. Tres coches que venían cargados de medicinas, de primeros auxilios. Eran médicos. El caso es que, el pasillo del seminario es muy grande, cuando yo llegué sobre las cinco de la tarde, estaba lleno. Después de cargar dos autocares y cuatro furgonetas, aquello parecía que todavía tenía espacio y me dijeron a la mañana siguiente “vuelve a estar lleno, está lleno a desbordar”. Unos farmacéuticos se han juntado y aparecieron más de dos toneladas de medicamentos ya clasificados, puestos en cajas. Es un volcarse de la gente conmovedor.

Hay que confiar. Confiando en Dios podemos confiar en el ser humano. Nuestros corazones están hechos para el bien. Entre la gente que estaba colocando medicamentos (yo era muy consciente, y algunas personas me lo dijeron), una persona me dijo “yo no soy la iglesia”. Yo le dije: “Yo no te he preguntado nada, hija. Tú sigue recogiendo que aquí estamos todos a lo mismo”. Ese es el fruto de la muerte de Cristo. Si no, os aseguro que en un par de generaciones estábamos todos en la barbarie, por mucha tecnología que tuviéramos. Así que lo único que cambia el mundo es poner amor donde no hay amor. Y esa especie de explosión de amor que está habiendo en nuestros días es fruto de que sabemos que hay un amor infinito, que no se acaba, que no se cansa, que no se fatiga. El amor que resplandece en el cuerpo muerto de Cristo, en la noche de Su Pasión, en la noche de la Última Cena: “Esta es mi carne, esta es mi sangre derramada por vosotros”. Cristo da Su vida por la esperanza, por la vida, y para que pueda florecer en el mundo el amor de todos, una y otra vez. El Enemigo nos tienta a dividirnos, al odio y a la desesperación. Una y otra vez, el Señor nos rescata para poder empezar de nuevo la siembra de un amor que corresponde mucho más profundamente a nuestro corazón. No estamos hechos para el odio. Ningún hombre está hecho para el odio y si el odio nace, a veces es porque se ha sembrado previamente ese odio, porque uno ha sido odiado y ha experimentado el odio de otros. Pero el amor también es capaz de cambiar el corazón.

Me viene a la cabeza una anécdota de Stalin. Todos sabéis quién era Stalin y los millones de muertos que provocó. Hubo una mujer, que fue de las Juventudes Comunistas y que luego se convirtió, y esa mujer le dijo a Stalin directamente -era una pianista, dicen que probablemente la mejor pianista rusa-: “Que Dios te perdone todos tus crímenes y todo el daño que estás haciendo a la humanidad”. Stalin mató a muchos de sus compañeros y de sus amigos. A ella le prohibió dar conciertos, pero no la mató, y cuando Stalin se estaba muriendo pidió que le pusieran un disco de aquella pianista, que era la única que le había dicho “estás con tus pecados destruyendo el mundo”. Quiero decir que hasta el corazón de un criminal notorio, y uno de los más grandes que hemos conocido en la historia, tiene una fibra donde la verdad, el amor y el arrepentimiento pueden aparecer en un momento. Sólo Dios sabe lo que hay en el corazón del hombre.

Vamos a pedirTe, Santísimo Cristo de la Salud, que florezca, que crezca en nosotros, que arraigue nosotros el amor que Tu Hijo ha dejado sembrado en la tierra. “Si el grano de trigo no muere, no da fruto; pero sí si cae en la tierra y muere, da mucho fruto”. Pues, que ese fruto florezca en nuestros corazones, que podamos comunicarlo alrededor nuestro y contribuir a que pueda haber un mundo verdaderamente humano. Un mundo verdaderamente humano es sencillamente un mundo que vive y participa conscientemente de Tu amor, y que quiere que sea el amor la regla de nuestra vida.

Que así sea para los que estáis aquí en esta parroquia de Santa Fe, para los que nos escuchan a través de los medios de comunicación, y que así sea en toda la diócesis. Que así sea en todo el mundo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

Ermita de Santa Fe (Granada)
19 de marzo de 2022

Unidos a la consagración de Rusia y Ucrania a María

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El Cardenal Juan José Omella, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha enviado una carta a todos los obispos de la Iglesia en España en la que invita a unirse al acto de Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María. Esta consagración – recuerda la Oficina de Comunicaciones de la CEE – tendrá lugar el próximo 25 de marzo, a las 16.00 hora canaria en la Basílica de San Pedro y será presidida por el papa Francisco. A esa hora se inicia en Roma la jornada «24 horas para el Señor».

En España, ese día 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación, se celebra la Jornada por la Vida, con el lema «Acoger y cuidar la vida, don de Dios». En este sentido, el Cardenal Omella ha señalado que «sensibles al cuidado de la vida y a la necesidad de intensificar nuestra oración por la paz, invito, en nombre de la Conferencia Episcopal Española, a las diócesis, congregaciones religiosas, asociaciones y fieles laicos a unirse a la intención del Santo Padre en este acto».

Catedral

En este sentido, el obispo Álvarez ha pedido a los fieles de la diócesis unirse a esta intención del Santo Padre. El prelado presidirá la Misa ese viernes a las 19 horas en la Catedral que irá seguida de una vigilia de oración en la que habrá también la posibilidad de confesarse en el inicio de la propuesta 24 horas para el Señor que tendrá lugar los próximos días 25-26 de marzo. El lema escogido es “Por medio de Él tenemos el perdón” (Col 1,13-14).

El Papa

«El papa Francisco ha invitado a los obispos de todo el mundo y a sus presbíteros a unirse a él en la oración por la paz y en la consagración y encomienda de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María.» Así lo confirmó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, respondiendo a las preguntas de los periodistas, según recoge vaticannews.

El Papa pronunciará la oración en la tarde del viernes 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, en la Basílica de San Pedro, durante la celebración de la Penitencia prevista para las 16 horas. El mismo acto, en el mismo día, será realizado por todos los obispos del mundo. El cardenal Konrad Krajewski, limosnero pontificio, lo realizará en Fátima como enviado del Papa.

Ya en el Ángelus del pasado 13 de marzo, el Papa había invitado a toda la Iglesia a rezar: «Pido a todas las comunidades diocesanas y religiosas que aumenten los momentos de oración por la paz». En la audiencia general del 23 de febrero convocó una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania el Miércoles de Ceniza, afirmando: «Que la Reina de la Paz preserve al mundo de la locura de la guerra».

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VIDEO CAMPAÑA SEMINARIO: Nuestros seminaristas nos cuentan la vida del Seminario en el día de San José

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Más de 40 jóvenes en la Jornada vocacional en torno a San José

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El viernes 18 de marzo, víspera de San José el seminario abría sus puertas de nuevo para acoger a jóvenes que se plantean su vocación. En torno a cuarenta chavales y chavalas de entre 12 y 18 años se dieron cita junto a Delegado de Pastoral vocacional, D. Francisco Parrilla y los seminaristas mayores y menores.

La jornada comenzó con la proyección de la película “el camino de la vida” a la que siguió una reflexión compartida donde nuestro obispo D. Antonio estuvo presente respondiendo a las preguntas que le iban lanzando. Después de una merienda en los comedores del seminario se realizó una vigilia de oración ante el Santísimo.

Todos los presentes marcharon muy ilusionados de este encuentro, algunos de ellos con muchas preguntas sobre qué hacer con sus vidas y cómo responder al Señor.

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Juan Antonio y Jesús nos hablan de vocación y servicio en el ESPEJO DE LA IGLESIA

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Vía Crucis juvenil en Baza con una mirada al Seminario y la vocación sacerdotal

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Vía Crucis juvenil en Baza con una mirada al Seminario y la vocación sacerdotal

Los chicos y chicas que se están preparando para el sacramento de la Confirmación en Baza, han realizado un Vía Crucis Cuaresmal desde la iglesia de la Piedad hasta la parroquia de San Juan. Ha sido un acto sencillo, celebrado el 18 de marzo, víspera de San José, en el que los jóvenes han sido los encargados de llevar una cruz de madera cedida por la Cofradía de la Soledad y han realizado las lecturas de las catorce estaciones del Vía Crucis.

El Vía Crucis se ha desarrollado en un ambiente de silencio y recogimiento y ha contado con la presencia de varios sacerdotes de Baza, así como de los catequistas, los profesores de Religión y los hermanos mayores de la Cofradía de los Méndez y Virgen del Carmen y las hermanas mayores de la Cofradía del Silencio y Virgen de la Piedad.
El rezo del Vía Crucis ha concluido en el interior de la iglesia parroquial de San Juan Bautista con el testimonio vocacional del sacerdote Antonio David Pérez, con motivo de la campaña del Seminario que se está celebrando estos días en torno a San José.

Carlos Valle

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José Díaz: 50 años de ministerio sacerdotal en la diócesis de Guadix

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José Díaz: 50 años de ministerio sacerdotal en la diócesis de Guadix

 

En el Día del Seminario, cuando la Iglesia celebra la jornada más importante de oración por las vocaciones al sacerdocio, ofrecemos este testimonio del sacerdote José Día, ya jubilado, que cumplirá en unos días sus 50 años de cura y de servicio en la diócesis de Guadix.

Mi vocación sacerdotal se inició en el seminario Menor de Guadix, donde fui formado por los sacerdotes de la Compañía de Jesús, ya que mis respectivos Obispos Diocesanos, desde los años 40 en adelante, pusieron nuestros seminarios, Mayor y Menor, en manos de los Padres Jesuitas. Aquellos años post- conciliares fueron un tanto complejos y difíciles. Las vocaciones, por entonces, descendieron bastante, de ahí que solo dos seminaristas terminamos la Teología: D. Francisco Martín Martín, perteneciente a la diócesis de Granada, y un servidor, el único de la diócesis de Guadix.

Por fin llegó el día más deseado y anhelado; fue el 30 de abril de 1972. El Sr. Obispo de Guadix, D. Antonio Dorado Soto, me ordenaba Sacerdote en mi Parroquia de Santa María de Huéscar y al día siguiente, 1 de mayo, Festividad de San José Obre- ro, celebraba mi Primera Misa en la Iglesia del Con- vento de las Madres Dominicas de esta ciudad. Tras los meses de verano llegaron los primeros destinos. Así, el 7 de septiembre de 1972 fui nombrado Cura Ecónomo de Dehesas de Guadix y Encarga- do de Alicún de Ortega. El 15 de septiembre de 1973, Cura Ecónomo de Fonelas y Encargado de Huélago y Laborcillas, en donde estuve 12 años, siendo también, los tres últimos años, Arcipreste de Los Montes. Durante este periodo, trabajé con un buen número de jóvenes y niños formando una rondalla infantil con ellos… Fueron unos años de mucho trabajo que llenaron plenamente mi vida sacerdotal. El 5 de septiembre de 1984 fui nombrado Párroco de Castril y Encargado de Almontaras, Campocebas y Fuentevera; allí estuve 12 años. El 9 de Julio de 1996 me nombraron Párroco de Cúllar y Encargado de sus anejos. Allí conté con la compañía de mi paisano, D. Federico de la Rosa (Q.E.P.D.), sien- do también tres años Arcipreste de Jabalcón.

Posteriormente, D. Juan García Santa-Cruz me envió un año al Convictorio Sacerdotal de Salamanca. Allí convivíamos, descansábamos y nos renovábamos pastoralmente unos 40 sacerdotes de distintas diócesis españolas. Fue un año maravilloso de convivencia, y de compartir. Asistíamos por la mañana a clases en la Pontificia Universidad de Salamanca, junto con los seminaristas, y las tardes las dedicábamos a estudiar y a actualizarnos. Los fines de semana íbamos a ayudar a los sacerdotes de Salamanca y sus alrededores. Fue una magnífica experiencia y sobre todo muy enriquecedora.

A la vuelta de Salamanca estuve un año como   Párroco de Beas de Guadix y más tarde fui nombrado Pro-Vicario General del Obispado, Canciller-Secretario y Párroco de Santa Ana de Guadix. Posteriormente, me desempeñé como Vi- cario General, Moderador de Curia y Canónigo de la S.A.I. Catedral, así como Párroco del Sagrario de Baza y Capellán de las Madres Dominicas, siendo también, algunos años, Arcipreste de Baza, hasta el día de mi Jubilación, el pasado 14 de septiembre de 2021.

Quiero terminar dirigiendo mi mirada a María, nuestra Madre, que hizo posible la Encarnación del Hijo de Dios; ella nos enseña a captar el momento favorable en el que Jesús pasa por nuestra vida, como ha pasado por la mía a lo largo de estos 50 años de sacerdote, y cada día nos pide una respuesta disponible y gene- rosa. Por eso hoy quiero pedir al Señor que ninguna ocupación o preocupación aparte mi mente, mi corazón y mi vida de lo único importante en esta vida: Tú, Jesús, que vienes y me pides cada día alojarte en mi corazón, en mi vida, para que libre de temor, te sirva con santidad y justicia todos los días de mi vida. Por eso… «hoy y siempre, cantaré eternamente tus misericordias, Señor» (Sal.88)

José Díaz Guijarro

Sacerdote

(Testimonio tomado de la revista Migreda)

 

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Visita Pastoral a la Parroquia de San Antonio Abad (Churriana)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá durante la Visita Pastoral a la parroquia de San Antonio Abad en Churriana.

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO ABAD

(Churriana, 19 marzo 2022)

Lecturas: 2 Sm 7, 4-5.12.14.16; Sal 88, 2-5.27.29; Rm 4, 13.16-18.22; Mt 1, 16.18-21.24. (Solemnidad de San José)

1.- Queridos fieles de la parroquia de san Antonio Abad, en esta hermosa zona de Churriana; querido D. Antonio. Me acompaña el diácono permanente D. José, que está casado y tiene tres hijas.

Las lecturas de la festividad de San José nos presentan la visión y la contemplación de tres personajes: Abrahán, David y José. Entre ellos hay una gran distancia temporal. Todos ellos tienen en común dos cosas: 1) haber vivido una fe firme en Dios y una esperanza inquebrantable; se fiaron de Dios; 2) y haber sido destinatarios de la promesa divina; es decir, de una descendencia que salvaría a la humanidad. Estas dos características son motivos para dar gracias a Dios, porque nos tocan también a nosotros.

2.- Abrahán «esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones según le había sido dicho: Así será tu posteridad» (Rm 4, 18).

Recibió la promesa de tener descendencia a causa de su fe inamovible (cf. Rm 4, 13); se fio de Dios totalmente y fue hecho padre de muchas naciones según la promesa de Dios. Por eso es considerado nuestro padre en la fe (cf. Rm 4, 16).

Como lo hemos escuchado muchas veces nos parece normal, pero para un matrimonio que sea mayor, que no esté en edad de tener hijos, que reciba la promesa de que va a tener un hijo es difícilmente creíble. Aun así, Abrahán se fía de Dios y por ello el Señor le da descendencia.

La gran enseñanza para nosotros es que Abrahán se fio y recibió algo extraordinario, –no era ordinario tener hijos en edad avanzada–, y lo recibió precisamente por su fe.

3.- Y, ¿qué nos pasa a nosotros? Pues que nuestra fe es muy débil. Ni siquiera para las cosas que podríamos llamar normales tenemos fe y no nos acabamos de fiar de Dios; no acabamos de tener confianza. Rezamos el Padrenuestro con las siete peticiones y le pedimos que cuide de nosotros. Pero después hacemos una petición especial para que se haga como a nosotros nos gusta.

Entramos, pues, en una especie de contradicción. Rezamos el Padrenuestro diciendo: «hágase tu voluntad»; y después decimos: “Mira Señor, que se haga esto y esto; que se cumpla lo que te pido”. No es necesario poner ejemplos; pero podríamos enumera muchos temas: la salud, del trabajo, de la lotería.

A ver, ¿nos fiamos o no nos fiamos de Dios? Porque, si nos fiamos recemos el Padrenuestro, pidiendo que se haga la voluntad del Padre y que nos dé la fuerza para aceptarla, porque eso será lo mejor para nosotros. Pero nos cuesta rezar de esta manera.

4.- El segundo personaje es David. También él llega a ser rey por providencia divina. Era un pastor, el hijo pequeño de una gran familia; nunca había pensado que podría llegar a ser rey. Y, sin embargo, es elegido por Dios a través del profeta y es ungido unge rey. El segundo rey de la dinastía israelítica. Primero fue Saúl; hasta entonces no había tenido reyes Israel; había tenido jueces, profetas, dirigentes; pero el primer rey fue Saúl por petición del pueblo; y el segundo rey fue David, cuyo reinado fue consolidado por su hijo de Salomón.

David recibe la misma promesa de tener descendencia como Abrahán. En cierto momento David dice: «Voy a hacerle a Dios una casa, un templo grande, porque yo vivo en un palacio y la presencia de Dios y el arca de la alianza está en una tienda de lona» (cf. 2 Sm 7, 4-5). El profeta le responde que actúe como quiera, que el Señor lo aprueba; pero después le dice Dios: «Dile a David que no me va a hacer a mí el templo». Le dará la descendencia que le prometió, pero como ha derramado mucha sangre, no construirá el templo; su hijo será quien lo edifique; y así lo hizo Salomón (cf. 1 Re 5, 17-19).

David se fio de Dios y pudo llevar a cabo la misión que el Señor le encomendó. Aunque se sentía el más pequeño de la casa de su padre, el último de los pastores, el que no sabía manejar las armas cuando luchó contra Goliat. Dios se sirve de lo pequeño para llevar a cabo su voluntad de manera providencial.

Y nosotros estamos ahí. Dios puede servirse de nosotros, que somos pequeños, que no tenemos grandes dotes; somos personas sencillas, pero Dios puede hacer maravillas a través de nosotros si nos dejamos.

5.- El tercer personaje es san José, el esposo de la Virgen María; es el santo que hoy celebramos; es otro personaje sencillo de la historia. No era ningún dirigente, ni ningún político ni ningún orador. No ocupaba ningún cargo en su sociedad de entonces; era un simple carpintero. Y Dios lo eligió para una misión importantísima: cuidar del Hijo de Dios y de su madre María.

José también se fía a de Dios. Este es el denominador común de los tres personajes; se fían de Dios y creen en su Palabra.

José es capaz de llevar adelante la misión que Dios le pide; cuida del Hijo de María, aunque no sea su hijo propio. José acepta esa tarea.

6.- ¿Qué nos enseñan a nosotros estos tres personajes y de manera concreta san José? Que nos fiemos más de Dios, que aceptemos el plan que Él tiene en nuestra vida. A veces los cambios que ocurren en nuestra vida no los entendemos; incluso, en ocasiones, nos revelamos contra el Señor y, sin embargo, resulta que sirven para nuestro bien.

Imagino que no sería nada agradable cuando José se enteró que su esposa María está encinta y él no sabía nada; la prueba debió ser muy dura. A base de escucharlo nos parece normal, pero si eso ocurriera hoy en día, ¿quién se iba a creer que hay una intervención especial de Dios? Seguramente le tacharían de todo a él y a María. Pero, por ser bueno acogió a María; se lo pidió el Señor y se fio de Él.

7.- Vamos a pedirle a san José que nos ayude a fiarnos más de Dios. Con eso seremos receptores y destinatarios de lo que Él tiene pensado para nosotros, de las cosas buenas.

Gracias a que estos personajes se fiaron de Dios, hemos conocido nosotros a Cristo y hemos sido hechos hijos de Dios; porque hemos sido bautizados y el Señor nos ha adoptado como hijos.

La promesa que hizo Dios a Abrahán siguió en David y luego se cumplió en José. Cristo, el Hijo de Dios, ha venido a la Tierra y nos ha salvado. Ahora somos los destinatarios de esa salvación; ya estamos salvados.

8.- Que nadie piense que se salva por sus obras. Una cosa son la fe y las obras que se tienen que tener, y otra cosa es que la salvación nos la ha regalado Jesús; ya estamos salvados y perdonados de nuestros pecados.

Se trata de acoger ese regalo y dejar que el Espíritu Santo haga su trabajo, como lo hizo en María y en José. Debemos dejarnos llevar por el soplo del Espíritu, como una barca de vela se deja llevar por el viento. Porque la obra la hace Dios en nosotros, no la hacemos nosotros sobre nosotros mismos.

Los jóvenes, que aún tenéis la vida por delante, fiaros más de Dios, porque Él quiere hacer maravillas a través de nosotros. Si queréis seguir vuestros planes y no los que el Señor os plantea, al final, no disfrutaréis de lo que Él quiere. Fiaros un poco más de Él. Poneos más en sus manos. Preguntadle: «Señor, ¿Tú qué quieres de mí?».

9.- En este domingo se celebra el Día del Seminario, el día de las vocaciones sacerdotales. Vosotros soléis preguntar a vuestros hijos: ¿qué quieres ser de mayor?». Y ellos responden sus deseos.

La pregunta no está bien hecha; no hemos de preguntar qué quieres ser; más bien hemos de decirles: “Pídele al Señor que te diga qué quiere Él de ti”. Y siendo fieles a la voluntad del Señor saldremos ganando.

La Virgen María cambió sus planes; José cambió sus planes; Abrahán cambió sus planes. Gracias a esos cambios nosotros hoy podemos vivir la fe en Cristo Jesús y ser salvados.

10.- La Visita pastoral tiene el objetivo de revisar nuestra vida de cristianos. Es un encuentro de la comunidad con el Obispo y un encuentro fraterno entre los fieles. Un encuentro con unas características especiales; no es una simple celebración, es mucho más.

Hemos hecho la visita a los enfermos y ahora estamos celebrando esta eucaristía; después tendremos un encuentro parroquial, una asamblea entre todos para compartir nuestra fe, nuestros retos, nuestras preocupaciones pastorales; para preguntarnos cómo vivimos la fe y cómo la celebramos. También cómo la vivimos hacia fuera, cómo damos testimonio fuera. ¿Qué espera la sociedad de los cristianos hoy? A lo mejor están esperando un testimonio y una palabra que nosotros no damos.

En la Visita pastoral tenemos que preguntarnos estas dos grandes cuestiones: ¿Cómo tengo que vivir y celebrar mejor la fe? Y, ¿cómo dar mejor testimonio fuera, para transformar la sociedad a la luz del evangelio?

11.- Nuestra sociedad adolece de muchas cosas. Tenemos muchos problemas, hay situaciones duras y no solamente por la guerra, sino por las desigualdades sociales que existen: por la pobreza, no sólo la física, sino también intelectual, pobreza cultural, pobreza espiritual. Hay muchas pobrezas y los cristianos tenemos que aportar luz a esta sociedad, que está un poco desquiciada; que no valora la familia ni la vida humana; donde todo vale y cualquier opinión es tan importante como otra; donde no hay nada objetivo, donde no hay nada absoluto.

En esta sociedad que nos toca vivir es donde nosotros hemos de aportar nuestro granito de arena, nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

Pedimos al Señor que nos ayude a vivir como discípulos suyos y como misioneros, como testigos del evangelio. A san José y a la Virgen les decimos que intercedan por nosotros, para que actuemos como ellos, con fe, fiándonos de Dios y aceptando la voluntad de nuestro Señor. Que así sea.

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Día del Seminario 2022 (Catedral-Málaga)

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DÍA DEL SEMINARIO

(Catedral-Málaga, 20 marzo 2022)

Lecturas: Ex 3, 1-8.13-15; Sal 102, 1-8.11; 1 Co 10, 1-6.10-12; Lc 13, 1-9. (Domingo Cuaresma III-C)

Sacerdotes al servicio de la Iglesia

1.- Celebramos hoy el “Día del Seminario”, en el que la Iglesia nos invita a dar gracias a Dios por los sacerdotes y a pedir al Señor vocaciones al ministerio sacerdotal. Es una buena ocasión para mostrar nuestra cercanía con los seminaristas, sus formadores y los candidatos al sacerdocio; y para pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

El Seminario es una comunidad educativa, donde se forman los futuros sacerdotes de nuestra Diócesis y debemos tenerlo presente siempre en nuestra oración y en nuestra vida eclesial. El Seminario debe ser algo cercano a todos nosotros.

Deseamos una renovación de nuestra Iglesia diocesana y de nuestro seminario, para responder mejor a los retos que la Iglesia y nuestro mundo tienen planteados, siguiendo la exhortación del Papa a la conversión pastoral de toda la Iglesia (cf. Evangelii gaudium, 27; 32), que debe tocar todos los aspectos de la vida eclesial: celebración de sacramentos y celebración de los mismos, formación, actividades y prioridades pastorales, acción caritativa, testimonio, compromiso y evangelización.

2.- En cada época la providencia divina suscita vocaciones sacerdotales. En las últimas décadas sucede algo similar a la falta de lluvia: nos encontramos en una sequía vocacional, con una fuerte disminución del número de sacerdotes y de vocaciones a la vida consagrada. Algo nos quiere decir el Señor con esto; tal vez nuestra vida cristiana es un poco lánguida y, como la higuera, un poco estéril.

Hemos de reconocer el don del sacerdocio y saber proponer a los jóvenes la belleza y la alegría de la vocación sacerdotal: “De esta manera se podrán sentar las bases indispensables para que toda vocación, incluida la sacerdotal, pueda ser percibida en su verdad, amada en su belleza y vivida con entrega total y con gozo profundo” (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 37).

Queridos fieles, hay que ayudar a los jóvenes a descubrir la belleza del ministerio sacerdotal y la belleza del matrimonio. Se está perdiendo la apreciación de lo hermoso que son los sacramentos; en esta sociedad, que se aparta de Dios, es preciso acentuar la identidad y el valor de la vida cristiana por parte de todos los fieles.

La misión del seminario es acompañar a los jóvenes llamados por Dios para ser sacerdotes, ayudándoles en el discernimiento de su vocación y formándolos para servir al pueblo de Dios. El tiempo del Seminario es de “discernimiento” hasta que la Iglesia los llame de manera explícita; y mientras han de realizar un proceso de maduración y de discernimiento.

Del mismo modo que Jesucristo llamó a sus apóstoles y discípulos para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (cf. Mc 3, 14-15), el seminario es una comunidad que escucha su palabra, la interioriza y se pone en camino para seguir sus pasos (cf. Subcomisión episcopal para los Seminarios, Reflexión teológica con motivo del Día del Seminario 2022).

Se trata de experimentar la vida apostólica al estilo de Jesús con sus apóstoles, que los preparó para ser testigos de su vida, muerte y resurrección.

3.- El lema que orienta esta jornada es: «Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino». Está inspirado en el proceso sinodal en el que estamos inmersos, a instancias del papa Francisco, que nos ha invitado a toda la Iglesia a participar en el Sínodo que tendrá lugar en octubre de 2023.

Ya hemos hecho el proceso sinodal y celebrado una “Asamblea diocesana”; y aún tenemos que celebrar un “Encuentro diocesano” a final de curso.

La vocación sacerdotal es un servicio a la Iglesia. Las dos palabras “sacerdotes y servicio” van unidas inseparablemente. El ministerio sacerdotal es un servicio al pueblo de Dios; y vosotros, queridos seminaristas, debéis aprender a servir a los hermanos como parte integrante de vuestra vocación, porque solo desde la entrega recibe la vocación todo su sentido. El objetivo y el sentido de la llamada es para “servir”.

Todo cristiano está llamado a imitar a Jesús y a seguirlo, quien tomó la condición de Siervo y se hizo esclavo por nosotros (cf. Flp 2, 7. Él ha «está en medio de nosotros como el que sirve» (Lc 22, 27). De manera más exigente, el sacerdote debe vivir para servir a imitación del Maestro, «que no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mt 20, 28).

4.- Hoy pedimos a Dios, en este Día del Seminario, que nos regale las vocaciones al sacerdocio ministerial que la Iglesia necesita, para servirla tal como ella desea ser servida. No es suficiente querer servir según los deseos propios, sino que hay que hacerlo como ella quiere ser servida y en la tarea que la Iglesia nos pida, al estilo del Señor, cuyo servicio fue cumplir la voluntad del Padre. Jesús no hubiera deseado ir a la cruz, pero la aceptó.

La Iglesia, a la que pertenecemos y queremos servir, tiene unas necesidades concretas que deben ser atendidas. Jesucristo amó a su Iglesia y se entregó por ella; y nosotros estamos llamados a actuar del mismo modo.

Pedimos por la generosa respuesta de los llamados y por su fidelidad a la llamada del Señor; y también pedimos por los sacerdotes, para que vivan y sirvan con gozo su ministerio y sean estímulo para los jóvenes que se plantean la vocación al sacerdocio.

5.- En el evangelio nos presenta Jesús la parábola de la higuera que no da fruto: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró» (Lc 13, 6). La propuesta del dueño de la viña es arrancarla: «Córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?» (Lc 13, 7); ¿para qué la va a ocupar de balde?

Esta parábola revela la paciencia y la generosidad de Dios, quien, ante la esterilidad del árbol y gracias a la mediación del viñador, permite que se cultive con mayor esmero: «Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono» (Lc 13, 8).

Esto nos enseña que, cuando nos parezcan estériles nuestras comunidades, necesitan un cuidado mayor, más afecto, más trabajo, más generosidad, más paciencia. Y esto nos demuestra también las entrañas amorosas y misericordiosas de Dios, quien, a pesar de nuestra esterilidad, nos ama, nos cuida, nos protege, nos ayuda y nos mima.

6.- ¡Cuántas veces somos nosotros como esa higuera estéril, que no da frutos! Jesús podría arrancarnos y sacarnos del campo de la vida; sin embargo, tiene mucha paciencia con nosotros y espera que demos fruto abundante.

Por eso podemos recitar con el salmista la misericordia de Dios: «Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades» (Sal 102, 3). En esta Cuaresma suplicamos el perdón del Señor e imploramos su misericordia, su gracia y su ternura (cf. Sal 102, 4), que son eternas.

Pedimos a Santa María de la Victoria que nos acompañe en el camino cuaresmal y nos ayude a responder como ella a la llamada del Señor y a dar abundantes frutos de amor. Amén.

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«Rezamos juntos en la Catedral por la paz en Ucrania»

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NoticiaCatedral

Publicado: 19/03/2022: 28

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Juli Gavira, de los Misioneros de la Esperanza (MIES(; Francis Palomo, del Movimiento de Acción Cristiana (MAC); María José Ríos, del Espacio Todos Uno; y Titina Suárez, de la Comisión de Músicos Católicos de Málaga explicaron en los micrófonos del ESPEJO, en COPE Málaga, todos los detalles del encuentro de oración por la paz en Ucrania que se celebra en la Catedral. Aquí puedes escuchar el podcast.

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