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Misa de acción de gracias en la Catedral por la proclamación como venerable de la hermana Juanita, religiosa Obrera del Corazón de Jesús

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Misa de acción de gracias en la Catedral por la proclamación como venerable de la hermana Juanita, religiosa Obrera del Corazón de Jesús

Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús, de Guadix, han vivido una celebración de acción de gracias, en la Catedral, por el nombramiento de “venerable” de la hermana Juanita, religiosa de esta congregación para la que hace 8 años se inició el proceso de canonización. La Congregación para la Causa de los Santos ha reconocido las virtudes heroicas de esta religiosa y la proclamó venerable el pasado 18 de febrero. La Misa de acción de gracias tuvo lugar en la celebración de 12 de la Catedral, el domingo 13 de marzo, y estuvo presidida por el obispo D. Francisco Jesús Orozco. Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús llevan dos años en la diócesis de Guadix y son las que se encargan de llevar el Albergue del Transeúnte. También colaboran en la Catedral y en la parroquia de Fátima, visitando a enfermos y en catequesis.

Hasta Guadix, para participar en esta celebración, se han desplazado la madre general y algunas religiosas del consejo general de la congregación. También han asistido dos hermanas carnales de la venerable Juanita, una de ellas también religiosa Obrera del Corazón de Jesús, y otros familiares de la misma, que falleció en olor de santidad el 5 de abril de 1990, en Córdoba, tras una larguísima enfermedad.

 

Biografía de la hermana Juanita, venerable

La hermana Juana (“Juanita”) Méndez Romero nació en Villanueva de Córdoba (Córdoba) el 30 de enero de 1937, la tercera hija de una familia humilde y trabajadora. Su padre, enviudó muy pronto, quedando al cuidado de sus seis hijos; trabajó en una finca de la fundadora de las Obreras del Corazón de Jesús, Madre M.ª Jesús Herruzo.

Juanita entró como interna a los 10 años en el Colegio de las Obreras de su pueblo natal. Era una niña sociable, con alto sentido de la amistad, que sabía escuchar y tratar a los demás. Comienza a sentir la llamada del Señor, manifestándose su especial gusto por el Sagrado Corazón de Jesús, Cristo Crucificado y el rezo del Vía Crucis. También vivía muy ilusionada con las misiones.

El 30 de octubre de 1950 comienza a manifestarse la enfermedad que la marcará durante toda su vida: el tifus. Es muy grave el 2 de noviembre, hasta temer por su vida. Mejora poco a poco, aunque sin poder moverse de su cama, y su cuerpo queda marcado por la gangrena y las llagas, que la acompañarán hasta su muerte.

En sus largos ratos de soledad y postración, comienza a profundizar en la oración y la meditación, la penitencia y el Vía Crucis, la lectura. Ofrece sus sufrimientos, penas y alegrías para la salvación de todos los hombres, por el Papa, la Iglesia y los sacerdotes, y sigue con su vocación apostólica y misionera. Siguiendo el consejo de su confesor, hizo voto de víctima. Vivía con paz y alegría, se sentía feliz y disfrutaba de las visitas de otras niñas de la Residencia. Su vida estaba plenamente llena de sentido.

En el año 1963 le proponen ser Obrera del Corazón de Jesús, su gran deseo desde la infancia. Tras solicitar los permisos oportunos por su enfermedad, es postulante y novicia, tomando el hábito el 19 de marzo de 1964. Su timidez y su natural reserva no le impiden crecer en su formación religiosa y su intensa vida interior y de oración. El 19 de marzo de 1966 hizo su profesión solemne, integrándose plenamente en la Comunidad de Obreras de Villanueva de Córdoba.

Se dedica a labores de costura, alternándolas con largos ratos de oración, lectura piadosa y profunda mortificación. Siempre fue un miembro activo de la vida en su comunidad. Nunca dejó de cultivar su espíritu misionero, relacionándose con los misioneros que pasaban por el pueblo y por carta. Atiende a las visitas que quieren conocerla, dejando edificados a los que se relacionan con ella, especialmente por su paz y su sonrisa, dando consejos y avisos con su gran capacidad de escucha, tolerancia, atención y respeto. Es catequista de grupos de Primera Comunión de la Escuela Hogar y de la Parroquia. Con los jóvenes también se relaciona, edificándoles con su jovialidad y sus constantes muestras de amor a Jesús Crucificado.

Su relación con sus Hermanas de Congregación es profundísima, viviendo en plenitud su vocación de Obrera y vibrando con el espíritu de sus Fundadores, animándolas especialmente a vivir la espiritualidad del Corazón de Jesús.

Para la Hermana “Juanita” Jesucristo es todo, fundamentando su vida en la unión con Cristo en el dolor. Escribirá: “Para Ti sólo cuenta el amor que pongamos en las cosas”. Siempre profesó gran amor, fe y cercanía a la Virgen María: su compañera de camino, alivio en el sufrimiento, modelo en el seguimiento de Jesús. Desde los 13 años en que se consagró por completo a Ella, cada año renovó su consagración personal en el día de la Inmaculada. Le decía: “Soy tuya para siempre”. Y durante las dolorosas curas diarias rezaba las tres partes del Rosario con su enfermera.

Tras cuarenta años en la cama, sólo pudiendo mover las manos, con su cuerpo completamente deformado y llagado, su salud se deterioró lentamente. Nunca se quejó abiertamente y nunca dejó de asistir a los actos comunitarios o de recibir las visitas; siempre complaciente y sonriente, siempre ocultando su sufrimiento, nunca triste ni frustrada.

En marzo de 1990 su salud empeora. El día 30, tras una transfusión, entra en coma profundo. Tras una aparente mejoría, falleció sin perder la conciencia y con gran serenidad a las 10:00 h. del 5 de abril, en presencia de la comunidad, su médico de cabecera y algunos familiares.

En su entierro, multitudinario, se leen unas notas que ella dejó preparadas: pide que nadie llore, porque está feliz junto al Padre y la Virgen, y da gracias por tantas personas que tanto han hecho por ella.

Sus restos mortales fueron primero sepultados en el cementerio municipal de Villanueva de Córdoba, y luego trasladados a la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús, en la Casa donde durante cuarenta años vivió su cruz unida a la de Cristo. En una capilla lateral, a los pies de un retablo con San José y Jesús Niño, su lápida lleva inscrita una de sus frases: “Quiero hacer de mi cama un altar desde el que con Jesús me ofrezca al Padre por un mundo mejor donde reine la paz y el amor”. Su tumba es frecuentada por fieles que desean encomendarse a su intercesión.

La vida de la Hermana Juanita estuvo marcada por el dolor físico vivido y ofrecido por los seres humanos que sufren y por la Iglesia, su sencillo trato y actitud de escucha y donación a cuantos se acercaron a ella, su intensa vida de oración y unión a Cristo Crucificado a quien tan ardientemente deseó imitar y unirse. Es un testimonio para todos los seres humanos que se empeñan en buscar un sentido al dolor y al sufrimiento en esta época en la que más bien se pretende huir del mismo, un ejemplo de felicidad y plenitud de vida en medio del dolor y de la enfermedad.

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“Hay motivos para la esperanza”

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Homilía en la Eucaristía de acción de gracias por el primer aniversario de D. Antonio.

Querida comunidad, hermanos en el episcopado que habéis querido estar para acompañar a nuestra diócesis en esta acción de gracias, en el primer aniversario de mi toma de posesión, aquel trece de marzo del año pasado en el que la pandemia y las circunstancias nos obligaron a hacerlo de una manera sucinta. Es fundamental arroparnos y amarnos sin medida para caminar juntos, y yo entre vosotros. Gracias de corazón por este año.

Si leemos los textos anteriores al evangelio de hoy, que acabamos de proclamar, veremos que a Jesús le había ido muy bien en su predicación por los pueblos de Galilea. Le seguían multitudes escuchando sus palabras y sobre todo maravillándose con sus signos. Tan solo unos días antes había multiplicado los panes y los peces (y tan bien le salió todo, que le quisieron hacer rey). Sus discípulos estaban que no cabían de entusiasmo con él. Pero eso de subir a Jerusalén no les hizo ni pinta de gracia. Y comenzó a hablarlos, por tres veces, que va a ser rechazado, que será ejecutado y que resucitará el tercer día. Y, sobre todo, la prueba de fuego, también para nosotros, que el que quiera seguirle que tome su cruz y le siga y el que quiera ser primero sea el servidor de todos. Todo su gozo en un pozo, pues algunos ya se habían repartido cargos importantes. No habían entendido nada. A los apóstoles les pasa como a nosotros tantas veces, como a Abran en la primera lectura: “al ponerse el sol, … un terror intenso y oscuro cayó sobre él”.

A la oscuridad solo se puede contraponer la luz. Es el momento de una nueva visión, de forjar la esperanza, es el momento del Tabor. Fijaros en los discípulos, fijémonos en nosotros; en un mundo lleno de contradicciones, de luchas de poder, de guerras cercanas y lejanas, de querer ser los primeros, del sinsentido y del vacío, allí donde el corazón ya casi se ha paralizado por ese “oscuro e intenso terror”, allí donde el horizonte se presenta entre tinieblas y demasiado cercano al sufrimiento, es entonces cuando ser revela la verdadera gloria de Jesús: el Padre que ama a su hijo. Y por muy mal que nos vaya en la vida, el Amor es la única luz de la fe, la única esperanza en nuestro camino, la única base de nuestra comunidad, eso si queremos ser iglesia y no estamos buscando otra cosa.

Muchas veces, en este mundo en que vivimos, nos podemos ver agobiados y paralizados por las circunstancias, como le ocurrió a Abran. Al principio era un hombre sin horizontes, sin visión, sin sentido. Además, era el hijo de Teraj, que significa “el que engendra muerte”. ¡Vaya panorama para comenzar una buena historia! Pero, ¿qué le pasó a Abran para llegar a ser el padre de los creyentes? Simplemente que aceptó, en medio de su noche, la alianza del Amor. Y “una antorcha ardiente pasó sobre su sacrificio” y el fuego de Dios aceptó el sacrificio de su altar y el de su vida. Como a Jesús en Getsemaní. Jesús se entrega a la oración y se convierte el mismo en antorcha ardiente –luz que desde dentro invade su cuerpo y sus vestidos- y su vida es aceptada por Dios, como la de Abrahán aquella noche: “Este es mi hijo, el Elegido, escuchadlo”.

Y todas las personas que le seguimos, como aquellos tres discípulos elegidos, vemos hoy a Jesús con Moisés, aquel que luchó contra la esclavitud, y con Elías, aquel que luchó contra la idolatría. ¡Qué gratificante es saber que las personas que dirigieron la primera Iglesia, la iglesia apostólica, a pesar de sus miedos, fueron creyentes con visión, porque fueron auténticos testigos, por ser personas que desde las señales del pasado (Moisés y Elías) supieron abrirse al futuro, por muy oscuro que éste se prefigurase! Sabían que el Dios comprometido con su pueblo –no como los ídolos– estaría empujándoles hacia la salvación –como Moisés–. Jesús fue para ellos la “antorcha ardiente” en la oscuridad de sus vidas.

El Tabor, querida comunidad, no es el monte donde pasar unos días de vacaciones espirituales, es el espacio del discernimiento, de la superación de las dudas y de los miedos y del afianzamiento en la fe. Es el lugar del encuentro con el Dios de la misericordia que nos ama. En el Tabor se superan las tentaciones de desear mirar atrás, a aquellos tiempos del desierto, recordáis: ¡hagamos tres tiendas! No, hoy estamos en el Tabor para escuchar sólo a Jesús y con él retomar el camino hacia abajo, un nuevo éxodo, hacia la llanura donde está la gente, el sufrimiento humano, el sinsentido y también la guerra… hacia abajo, porque el mismo Jesús tomó nuestra pobreza y se hizo uno de tantos. Queda clara nuestra misión, como personas y como iglesia, por si acaso tenemos otras tentaciones de poseer, de gloria, o de poder, como ya descubrimos el pasado domingo.

Hermanas y hermanos que formáis el laicado, aquellos que habéis consagrado vuestra vida y vivís en pequeñas comunidades buscando la esencia del evangelio, queridos diáconos permanentes y sacerdotes en el servicio de la misión, querida diócesis (niños, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, pobres y ricos, sencillos y sabios), hay un futuro abierto, hay una esperanza cierta que, desde los primeros tiempos de la predicación evangélica, se recorre en comunidad, sin descartar a nadie, sumando fuerzas, viviendo en simplicidad y peregrinos, como el mismo Cristo. Mirémonos a los ojos y descubramos qué anida el corazón de cada uno de los que formamos la comunidad. Trabajemos juntos, porque somos el cuerpo de Cristo y no podemos entendernos solos. Unidos haremos Iglesia, forjaremos la comunidad. Por separado viviremos en la idolatría y en la esclavitud. No existe otro camino. Ejercitémonos en el diálogo, en la acogida, en la ternura, en el perdón. Si no es así, destruiremos la Iglesia.

Esta visión hoy del Tabor, igual que a Pedro, Santiago y Juan, nos da un espíritu de esperanza ¡es hora de soñar nuevos caminos!, es hora de creer en las promesas que la tozuda realidad nos hace olvidar. Es hora de desescombrar nuestras ruinas para que surja la Vida.  ¿Cómo se sentiría la iglesia destrozada y martirizada por las persecuciones? ¿Qué les animó a seguir adelante ante tanta muerte y desolación? Solo la fe en Aquel que nos ama, para que sólo derramemos amor.

Por eso cuando el pueblo de Dios estaba sin esperanza, cuando el análisis de la realidad mostraba obstinadamente la mortecina caducidad de todo lo que habían construido, cuando la gente aguantaba el tirón pensando sólo en sí misma, y ahogándose en su pequeño grupo, dice el Señor por medio del profeta Isaías:

Ensancha el espacio de tu tienda,

despliega sin reparo tus lonas,

alarga tus cuerdas, afianza tus clavijas,

pues vas a extenderte a un lado y a otro

tus hijos heredaran naciones y

repoblarán las ciudades desiertas.

Is 54,2-3

¿No os suena este texto al Sínodo que estamos trabajando y viviendo? “¡Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin reparo tus lonas!” Sin profecía, sin visión, el pueblo sufre. De verdad, pensemos en el amor de Dios: incondicional a pesar de la infidelidad, incansable a pesar de las huidas o de querer hacer nuestros propios caminos, su amor es la fuente de nuestra esperanza. Escuchemos y meditemos en comunidad la Palabra de Dios para pensar en grande, para crear, inventar, soñar, para buscar espacios concretos para el amor, acciones que ayuden a nuestras comunidades a sentir el gozo de ser Iglesia, esta iglesia que peregrina en esta historia que nos ha tocado vivir. ¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero

Obispo de Almería

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EN IMÁGENES: Eucaristía del primer aniversario de D. Antonio Gómez Cantero como pastor diocesano

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“Cuaresma y Familia”, charla cuaresmal en Guadix

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“Cuaresma y Familia”, charla cuaresmal en Guadix

El pasado día 10 de marzo de 2022, impulsada por nuestro obispo D. Francisco Jesús y organizada por la Delegación de Familia y Vida de la diócesis de Guadix y por la parroquia del Sagrario de la SARI Catedral de Guadix, se llevó a cabo una charla cuaresmal en dicha parroquia a cargo del sacerdote cordobés D. Manuel Hinojosa Petit, dentro del año “Familia Amoris Laetitia” y teniendo cómo telón de fondo la exhortación apostólica “Amoris Laetitia” y el mensaje del Papa Francisco para la cuaresma 2002.

Don Manuel Hinojosa nos insistió mucho en que no nos cansemos de hacer el bien, no nos cansemos de quitar el mal de nuestras vidas, no nos cansemos de orar (en las familias hay que aprender ese mensaje amable del Señor que siempre tiene una palabra de ánimo, de paz y de esperanza; la gracia de la oración vaya empapando la vida familiar), y no nos cansemos de hacer el bien de la caridad en la propia familia.

Así mismo nos animaba en esta cuaresma, y cómo lectura espiritual, a leer o volver a leer la exhortación apostólica “Amoris Laetitia” del Papa Francisco.

Agradecer desde esta delegación diocesana a nuestro obispo por sus desvelos, interés y defensa incansable de la familia y de la vida, al párroco y vicario parroquial del Sagrario por su implicación y ayuda en la organización de todos los actos y actividades que se proponen y cómo no, a Don Manuel Hinojosa, por su magistral charla cuaresmal, que nos hizo reflexionar sobre tantos y verdaderos aspectos importantes de nuestras vidas.

Jesús e Inma

Delegados de Familia y Vida

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“La meta es la Gloria, el camino es la Cruz”

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El obispo de Córdoba ha presidido la santa misa retransmitida por Canal Sur este domingo, en San Jacinto

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha oficiado en la mañana de este domingo, 13 de marzo, la Misa de Regla del Cristo de la Clemencia, en la iglesia de San Jacinto y Nuestra Señora de los Dolores. Una ceremonia que ha sido ofrecida en directo por las cámaras de Canal Sur.

Ante el Cristo de la Clemencia y la Virgen de los Dolores, el pastor de la Diócesis ha recordado que el tiempo de Cuaresma es tiempo para la oración: “Vayamos con Jesús a la oración, encontremos momentos para entrar en oración”.

Monseñor Demetrio Fernández ha continuado explicando cómo el primer domingo de Cuaresma nos invitaba la liturgia “a entrar en la lucha contra Satanás” y en este segundo domingo, “Jesús nos presenta la meta hacia la que caminamos”. En este sentido, el Obispo ha asegurado que “seremos transformados, nuestra vida cambiará y seremos como Jesucristo”.

Haciendo alusión al Santísimo Cristo de la Clemencia, uno de los titulares de la Hermandad de los Dolores que fue incorporado a la cofradía en 1939, cuando la hermandad encargó la imagen de un crucificado a Amadeo Ruiz Olmos, el prelado ha insistido en la necesidad de acudir a él para darnos cuenta que “es tiempo de misericordia y de paz por parte de Dios para todos nosotros”.

Ha culminado la homilía instando a que el domingo de la Transfiguración nos anime a mirar a la meta, “cuando uno tiene clara la meta, no le importa el sacrificio, porque la vida cristiana también tiene algo de trabajo, en ella la meta es la gloria, el camino es la cruz”. Ha pedido que “con Jesucristo y con el Cristo de la Clemencia caminemos en la cruz y nos encontremos con Cristo crucificado”.

Nuevo azulejo del Cristo de la Clemencia

Previamente a la celebración, el Obispo ha bendecido el azulejo del Cristo de la Clemencia encargado por la propia Hermandad al ceramista Jesús Alcaraz.








La entrada “La meta es la Gloria, el camino es la Cruz” apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

“Jesús es el cumplimiento de las profecías y de la Ley”

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Homilía en la Eucaristía del II Domingo de Cuaresma, el 13 de marzo de 2022, en la S.I Catedral.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa de Jesucristo muy amada;
queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y amigos:

En este año, las Lecturas del Antiguo Testamento en la Cuaresma nos recuerdan cómo la historia de Dios con los hombres es una historia de amor, es una historia de alianzas y de alianzas de amor. En la de Abraham no se ve muy bien donde Dios le da al hombre su vida divina, de la manera en que el hombre le puede entender, y en eso la historia de Israel, desde los orígenes, es toda una historia del descubrimiento del amor de Dios y del descubrimiento del valor de la vida humana a la luz de ese amor.

En el primer Domingo de Cuaresma, recordábamos la Alianza de Dios con Noé, después del diluvio, donde Dios dice que nunca más habrá un diluvio que haga correr el peligro de la desaparición de los hombres, aunque se habían multiplicado muchísimo sus pecados. En la de hoy, es Abraham el que recibe el don de la alianza de Dios junto con una promesa: la promesa de tener un hijo que no tenía y la promesa de que su descendencia iba a ser tan numerosa como las estrellas del mar o como la arena de las playas. Todavía se trata de una alianza muy primitiva. Esa forma de partir los animales y de que venga fuego habla de un pueblo de Israel que no ha nacido todavía. Está realmente contenido en la figura de Abraham, pero el pueblo como tal no ha nacido aún. Y el pueblo de Israel, viviendo primero esa alianza de la que vendrá la Alianza con Moisés y la Ley que Moisés dirá a ese pueblo, y luego constituido en una cierta agrupación de tribus que hacía de hecho un verdadero pueblo, fueron profundizando en esa Alianza con Dios, que se descubría ya como una Alianza de amor.

Las fórmulas de la Alianza, a partir de la de Moisés, son un eco de las fórmulas del matrimonio en el pueblo de Israel; o al revés, las fórmulas del matrimonio son un eco de la alianza que Dios ha hecho con ellos. “Tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios”. Y esa fórmula se usaba, no con las mismas palabras: “Tú serás mi esposa y yo seré tu esposo”, en el matrimonio. ¿Pero todo eso qué nos dice? Que la historia de Dios con los hombres es la historia de un amor invencible, desde Abraham hasta Jesús, pasando por los profetas; por la promesa de una nueva Alianza que hicieron algunos de los profetas, porque el pueblo de Israel seguía pecando y seguía pecando una y otra vez. Se iba purificando la imagen que tenían de Dios. En Israel, al principio, había sacrificios humanos. Todavía en el Libro de los Jueces, cuando acababan de conquistar la tierra prometida, uno de ellos promete, si tiene la victoria, sacrificar a la primera persona de su casa y ofrecérsela a Dios, y resulta que se encuentra con su hija, hija única y queridísima, y cumple con su sacrificio. Era una religión muy primitiva que el Señor, a través de una historia de pecados y de misericordia…. Cada vez se hacía más evidente que la misericordia de Dios era más fuerte que todo y esa historia de alianzas de amor rotas, una y otra vez… En el profeta Oseas, Dios llama a su pueblo sencillamente “eres una mujer de la vida, me has abandonado a mí y te has entregado a los otros dioses, a todos tus amantes, por los caminos… por cualquier sitio. Vas a dejar de ser mi pueblo”. Luego Dios se arrepiente y dice “¡si no puedo!”, así que “yo te volveré a decir ‘pueblo mío’ y tú me dirás ‘Dios mío’”.

Esa Alianza se cumple en Jesús. Jesús es el cumplimiento de las profecías y de la Ley, de toda la ley antigua y de todo el Antiguo Testamento. Las figuras de Elías y de Moisés, que aparecen junto a Jesús en el momento de la Transfiguración, reflejan que Él es la culminación de todas esas alianzas de amor.

Nos disponemos a celebrar la Semana Santa, el Misterio Pascual de Cristo, y ese es el colmo del amor de Dios a nuestra pobre humanidad. Nuestra humanidad sigue siendo igual de pobre. Nosotros somos igual de pecadores que eran las personas en los siglos anteriores a Jesucristo, y que son muchos pueblos que no conocen a Jesucristo. No somos menos pecadores que ellos. Al revés. Porque, habiendo conocido al Señor, nuestros pecados tienen más de apostasía, tienen más de abandono de un amor que conocemos que no de un amor que no se conoce siquiera. Por lo tanto, de alguna manera, somos hasta más responsables de nuestro mal, pero también sabemos nosotros que no hay mal en este mundo… Soy muy consciente de lo que digo, y lo digo en este momento de la Historia donde estamos todos sacudidos, después de una pandemia, empieza a suceder esto en Ucrania, y de algún modo todos nos damos cuenta de que, dada la conexión que existe entre unos y otros, unas naciones y unos pueblos y otros, todos corremos peligro. Todos somos víctimas de esta guerra inhumana e injusta.

Que el Evangelio nos proponga la figura de Cristo, la figura de un Jesús transfigurado, en el que resplandecía la Gloria de Dios… Decían los Padre de la Iglesia que la finalidad de la transfiguración era la de poder preparar a los apóstoles para la Pasión, para que cuando vieran a Jesús azotado, humillado, marcado por los bofetones, ultrajado con la corona de espinas, crucificado como un malhechor, no se escandalizaran. Dios mío, se escandalizaron todos. Alguno, como Pedro, le negó. Pero habían visto la Gloria de Dios, y Pedro lloraba.

Esto nos dicen dos cosas muy breves que no quiero dejar de deciros. Primero, que el cristianismo no consiste en creencias, ideas o pensamientos -lo decía Benedicto XVI y yo no hago más que repetir sus palabras-, sino en un encuentro con Cristo Resucitado y vivo, en Su cuerpo que es la Iglesia. Y por lo tanto, el lenguaje cristiano para el mundo es el lenguaje del testimonio. Testimonio de lo que uno ha visto y oído. No un discurso para convencer. No unas palabras bien puestas y bien ordenadas, o una retórica, sino el testimonio de que uno ha encontrado a Jesucristo, de que Jesucristo sostiene mi vida, sostiene mi esperanza todos los días y, si acudo a Él, no dejará de sostenerme. Eso es muy importante, porque a veces presentamos el cristianismo como si fuera una ideología y no lo es. El lenguaje cristiano por excelencia, hasta en la catequesis, es el testimonio. Todos los demás lenguajes pueden ser bonitos y pueden ayudar, pero el del testimonio es insustituible y, si nos falta ese encuentro con Jesucristo, seremos cristianos de barniz. Primero, porque ese cristianismo no sostiene nuestra propia esperanza, nuestra propia alegría. También en la liturgia de hoy se dice “no, no hagáis luto ni lloréis en este día de fiesta, porque el Señor es nuestra salvación”.

Hay una pedagoga muy poco conocida entre nosotros, pero una pedagoga cristiana de principios de siglo, muy cercana a Chesterton y muy conocida en el mundo anglosajón como la gran pedagoga cristiana de comienzos del siglo XX. Esta mujer decía: “Si a los cristianos nos importa todo y somos capaces de estudiar, nos interesa la religión griega y la mitología griega, la cultura griega y la cultura latina. Nos interesa todo lo que haya de bonito y de bueno en la historia de cualquier pueblo”. Lo mismo la cultura china, la cultura japonesa o las culturas precolombinas. Yo no las conozco apenas, pero sé que tienen valores y tienen experiencias bellas que pueden enseñarnos también a nosotros ciertas cosas. Pues, justo porque nosotros conocemos a Cristo, el Hijo de Dios, amamos todo lo humano que sea bello, todo lo humano que sea bueno, todo lo humano que sea verdadero. Lo reconocemos, lo amamos, lo sentimos como parte de nosotros, porque todo lo que hay de verdadero, bello y de bueno en la humanidad participa del Dios, cuyo amor, cuya verdad y cuya luz hemos encontrado en nosotros en Jesucristo.

Que el Señor nos ayude en este tiempo de Cuaresma, como pedíamos la semana pasada, a conocer mejor el Misterio de Cristo y a vivirlo. Conocer el Misterio de Cristo es conocer el amor sin límites de Dios por nuestra humanidad tan torpe, tan pobre. No sabemos vivir mucho tiempo sin meternos en líos y cuando se juega con fuego, pues es muy peligroso.

Todos sois conscientes, no necesito decirlo, que la Iglesia de Granada ha puesto una campaña en marcha para ayudar a Ucrania. En vuestras parroquias, en donde estéis vinculados a la Iglesia de alguna manera, como sea… Vamos a ayudar a ese pueblo que no se merece lo que le está pasando y vamos a ayudar de todas las formas posibles. Ayer salían las dos primeras furgonetas de la diócesis. Estaban ya casi en la frontera con Francia esta mañana, y ayer por la tarde salían las dos primeras. Van a seguir saliendo muchas más, porque ya hay 2 millones de refugiados. Hace dos días decía yo “va a haber cinco o seis”, y me dijeron “¡uy, se queda usted muy corto!”. Nosotros vamos a responder a la medida de nuestras fuerzas, no más, pero vamos a responder.

También sabéis que abrimos en el Albaicín la iglesia de San Nicolás, que es el patrono de Rusia, cuyo altar mayor ha sido decorado por un matrimonio ucraniano y hemos subido de la parroquia de San Andrés una imagen antigua de San Andrés, que es el patrono de Ucrania. Ese lugar está sin terminar, pero da igual. En estos momentos, puede ser un lugar para subir a rezar por la paz. No dejéis de hacerlo, si podéis, cuando os sea conveniente. Pero incluso si venís a Granada, no dejéis de pasar por allí, y es para pedir por la paz, aunque sea un Avemaría, un Padrenuestro o un “Reina de la Paz, ruega por nosotros”. Cualquier oración bien hecha, por breve que sea, el Señor la acoge y la oración de muchos, el Señor la acoge, sin duda.

Danos, Señor, buscarTe a Ti, Príncipe de la Paz, y que podamos nosotros celebrar la Pascua como una victoria de Tu amor sobre nuestros odios y sobre nuestras pasiones en general.

Que así sea para todos, para nosotros y para todos los hombres.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

13 de marzo de 2022
S.I Catedral de Granada

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Nuevo impulso para Caritas arciprestal de Níjar

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El pasado sábado, en la Parroquia de Campohermoso tuvo lugar un encuentro arciprestal de Cáritas. Después de muchos años sin realizarse actividades de este tipo en el arciprestazgo, se está llevando a cabo distintos encuentros arciprestales para animar, compartir y aunar esfuerzos en favor de la caridad.

Tras una oración y breve meditación dirigida por el párroco de Níjar, José Bonilla, hicieron una presentación Ana y Almudena, técnicas de Caritas diocesana sobre una dinámica de trabajo en grupos sobre fortalezas y debilidades de los equipos parroquiales que trabajan en la zona. A continuación, hubo un descanso y continuó una dinámica de reflexión y oración coordinada por el párroco de Cabo de Gata, Rafael Yebra.

Un total de más de cuarenta personas entre los que se encontraba los párrocos, los directores de las Cáritas parroquiales, las comunidades de vida religiosa de Campohermoso, y muchos miembros de las comunidades parroquiales que llevan a cabo una intensa colaboración y trabajo. Todo el encuentro estuvo coordinado por la responsable comarcal de Cáritas, Pepa Jurado. El encuentro concluyó con una agradable comida fraterna.

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Avance del Día del seminario, en Iglesia Noticia

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Avance del Día del seminario, en Iglesia Noticia

En este nuevo programa del “Iglesia Noticia” les hablamos del Día del Seminario que se celebrará el próximo 19 de marzo.

En nuestra diócesis de Granada hay tres seminarios diocesano: el Seminario Mayor San Cecilio, Seminario Misionero Redemptoris Mater y Seminario Menor Virgen de Nazaret.

Asimismo, también les contamos la participación granadina en el Encuentro Interdiocesano de las Delegaciones de Misiones y OMP que ha tenido lugar en Guadix.

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Granada con Ucrania, en El Espejo (COPE Granada y COPE Motril)

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Altar mayor de la iglesia de San Nicolás.

El programa está dedicado a la movilización en la Diócesis para ayudar a los refugiados ucranianos. Conocemos la llamada a esta movilización que realizó nuestro arzobispo esta semana.

También conocemos la rehabilitación de la iglesia de San Nicolás, que se abre como lugar de oración por la paz. Sus obras de recuperación en el edificio están concluidas y sólo queda concluir los trabajos artísticos en sus capillas del interior.

El Espejo puede escucharse los viernes a las 13:35 horas y, después, en internet en cope.es/granada y cope.es/motril. También en www.archidiocesisgranada.es en el apartado Noticias y El Espejo.

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Un encuentro muy productivo, la ultreya del Cursillo de Cristiandad 158

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Un encuentro muy productivo, la ultreya del Cursillo de Cristiandad 158

El sábado 12 de marzo tuvo lugar en Guadix, en la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, la primera ultreya después de la finalización de Curso de Cristiandad nº 158, celebrado en diciembre del pasado año.

Se reunieron un total de 20 cursillistas, más el sacerdote que impartió el curso, Manuel Hinojosa, y ambos párrocos de Guadix que participaron en el curso, Pedro Aranda y Alfonso García.

Comenzó el encuentro con la bienvenida de los asistentes: Después, hubo una charla formativa sobre el tiempo de Cuaresma y un tiempo de oración-meditación delante del Santísimo. Tras una merienda, que sirvió de espacio para la convivencia, finalizó la ultreya con la Santa Misa, en la que participaron los cursillistas.

Ha sido un encuentro muy productivo, en el que se han recordado las palabras del santo padre sobre uno de los prefacios para la Cuaresma.

 

María de la Torre

Vocal de Familia. MCC Guadix

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