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Los residentes de la Residencia Ballesol en “modo” Sínodo

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Desde la Parroquia Santa María de los Ángeles se viene atendiendo pastoralmente la Residencia Ballesol, con la celebración semanal de la eucaristía. Respondiendo a la llamada sinodal, y a iniciativa del párroco Alejandro Moreno Pérez, los residentes se han animado a formar un grupo de reflexión y trabajo del Sínodo.

Unos veinte residentes responden a la iniciativa, con una asistencia variable. Se encuentran los sábados por la tarde, animados por D. José Ramos Sánchez Sierra, activo y atento agente de pastoral que coordina y dinamiza esta y otras iniciativas. Él constata la alegría de los participantes, con un vivo interés en los temas, buena colaboración, y apertura para compartir vivencias religiosas personales, lo que va cohesionando a los componentes del grupo.

Dios quiera que esta pequeña comunidad siga su marcha más allá del Sínodo.

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La Sevilla cofrade se prepara para una Semana Santa con procesiones tras dos años de restricciones

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La Sevilla cofrade se prepara para una Semana Santa con procesiones tras dos años de restricciones

El pasado 10 de enero, la Hermandad del Amor anunció el comienzo del reparto de papeletas de sitio para una estación de penitencia que se llevará a cabo, Dios mediante, justo tres meses después. A finales de enero, la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía difundió unas recomendaciones a tener en cuenta por las cuadrillas de costaleros en unos ensayos que comenzaban a tomar las calles de una ciudad ávida de cualquier signo que revelara la inminencia de la Semana Santa. Y en este contexto, la sustitución de los besamanos y besapiés por actos de veneración, con la debida distancia de seguridad en cumplimiento de un estricto protocolo sanitario, dejó de ser noticia desde que los primeros estados de alarma establecieran un marco desconocido en nuestra esfera devocional. Y es que de estas saldríamos mejores, decían.

Está por ver que el nuevo orden post-covid suponga una mejora, si acaso aparente, en nuestros usos cívicos. En cualquier caso, los prolegómenos de la Cuaresma nos han adelantado evidencias de una nueva rutina cofrade, no tan distinta de lo que marcaba la tradición, pero sin duda más aséptica a la fuerza.

“Este año hay que procesionar”

Hace pocas fechas, el Arzobispo de Sevilla se hizo presente en uno de los primeros ensayos de costaleros de la Hermandad de La Paz, y sus palabras delataron un anhelo que comparte el resto de la ciudad tras dos años sin procesiones: “Después de la pandemia, María Santísima y Nuestro Señor se merecen la procesión… Y nosotros también nos la merecemos, porque –añadió- otro año no podemos aguantar, este año hay que procesionar”. En efecto, el deseo del arzobispo, ya abiertamente y sin reservas, es el de toda la Sevilla cofrade.

El caso es que los pronósticos sanitarios apuntan a una mejoría largamente esperada en los indicadores de la pandemia, y parece que, efectivamente, sólo cabe esperar que la meteorología nos devuelva unos cielos que nunca perdimos para que se cumplan los deseos que monseñor Saiz Meneses compartió ante la parihuela de la Virgen de La Paz.

Uno de los hábitos que nos dejaron los confinamientos fue el recurso a las modalidades online. Ya sea para la participación en la Misa dominical o para el seguimiento de ciclos formativos y reuniones de trabajo, las aplicaciones virtuales se han revelado como un recurso más que útil para agilizar tareas que tradicionalmente urgían una presencialidad que, en la situación actual, resulta poco recomendable. Es el caso de las reservas de papeletas de sitio, un trámite que, en teoría, este año no debe colapsar las sedes de nuestras corporaciones. Máxime si, como es el caso de la corporación de la Colegial del Divino Salvador, se adelantan hasta tres meses los plazos para realizar la conveniente reserva.

Al cierre de esta edición, aún no se han ofrecido detalles sobre los cortejos procesionales. Según se ha adelantado desde algunas hermandades, a priori, las juntas de gobierno extremarán las cautelas para que los templos acojan únicamente a quienes vayan a participar en los mismos. Hasta ahí nada que no se haya observado ya con anterioridad al año 2020 en numerosas cofradías. Está por ver en qué medida afectarán las normas sanitarias a la organización de los tramos de nazarenos y el transcurrir de estos por las calles. Pero el proceder de las hermandades, como de toda la Iglesia, durante estos años hace que pensemos en un retorno normalizado de las procesiones.

Comportamiento “ejemplar” de las hermandades

Marcelino Manzano, delegado diocesano de Hermandades, subraya esta circunstancia y califica de “ejemplar” el comportamiento de las hermandades. En su opinión, la Semana Santa “habrá de ser como siempre ha sido”, ya que “no caben muchos cambios porque tiene ya una tradición muy marcada, una estructura de organización de las procesiones que conforma su identidad”.

Sin duda, se observarán precauciones sanitarias que antes no teníamos, pero que, en opinión del delegado de hermandades y de numerosos hermanos mayores que ya se han manifestado en este sentido, “no habrán de afectar al desarrollo de la Semana Santa como la entendemos”. Así, habrá que dar cumplimiento a medidas que tenemos ya interiorizadas, y la experiencia de estos dos años avala una predicción razonablemente optimista.

Precedentes optimistas

Las hermandades en particular, y la ciudad en general, ya han comprobado que se puede hacer estación de penitencia observando las cautelas derivadas de las recomendaciones que nos vienen haciendo las autoridades sanitarias. El ejemplo de la salida de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder con motivo de la Santa Misión a Tres Barrios demuestra la capacidad de cofrades y público en general de adaptarse a una coyuntura desconocida hasta ahora. Lo mismo se puede decir de la salida extraordinaria de la Hermandad de la Candelaria o de la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes. La multitud que se congregó en todos esos casos en torno a los pasos no se tradujo en una incidencia llamativa del Covid en la capital andaluza.

No obstante, todas las llamadas a la prudencia son pocas. Tanto el Arzobispo, como el delegado diocesano de Hermandades y los responsables de las corporaciones cofrades, reiteran cada vez que hay ocasión esta apelación a una actitud consecuente con lo que ha supuesto el paso de la pandemia por nuestras vidas. La universalización de las vacunaciones y la actitud mayoritariamente responsable de la ciudadanía hacen que encaremos las procesiones de Semana Santa, después de dos años en blanco, con ciertas garantías.

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Meditaciones cuaresmales en la parroquia de San Miguel, de Guadix

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Meditaciones cuaresmales en la parroquia de San Miguel, de Guadix

Han comenzado en la parroquia de San Miguel, de Guadix, unas meditaciones cuaresmales, abiertas a todos los feligreses que quieran escucharlas y vivirlas. Se trata, así, de preparar este tiempo tan fuerte y especial que es la Cuaresma, que comenzó el miércoles pasado, Miércoles de Ceniza, y nos prepara para la Semana Santa.

Las meditaciones cuaresmales de la parroquia de San Miguel tienen como novedad que se ofrecen en dos momentos cada día: a las 9´30 de la mañana y a las 7 de la tarde. Están dirigidas por el párroco, Antonio Fajardo.
Estas meditaciones comenzaron el lunes día 7 y se van a prolongar hasta el viernes 11 de marzo, en el templo parroquial, donde, además, permanece en exposición permanente el santísimo Sacramento.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Este sábado 12 de marzo, Ultreya de Cursillos de Cristiandad en Guadix, en la iglesia de la Virgen de las Angustias

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Este sábado 12 de marzo, Ultreya de Cursillos de Cristiandad en Guadix, en la iglesia de la Virgen de las Angustias

El próximo sábado 12 de marzo, tendrá lugar una Ultreya de Cursillos de Cristiandad. En concreto es la Ultreya del último cursillo celebrado, el nº 158, a la que están invitados todos los que hicieron ese cursillo, que fueron en torno a la treintena. Pero como en todas las ultreyas, todos los que han hecho cursillos alguna vez están invitados a participar y volver a revivir aquella experiencia, para refrescarla o para impulsarla.

Tendrá lugar en la iglesia de la Virgen de las Angustias. Comenzará a las 4´30 de la tarde, con una charla sobre cómo vivir la cuaresma de colores, a cargo de Manuel Hinojosa, que es consiliario de honor del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, y una celebración de la Eucaristía. También habrá tiempo, lógicamente, para la convivencia.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

Ultreya Cursillos 2

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El antídoto para la clericalización del laicado: escuchar a todos

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Ahora que comenzamos la Cuaresma he recordado esta frase de san Pablo VI “la Iglesia existe para evangelizar”, sin duda, ese es su fin último, y toda nuestra vida como cristianos, como bautizados, debería estar orientada a ello. Vivimos en nuestro momento, nuestra vida es para vivirla, para que sea un don para los demás, aunque esta discurra ante un cambio de época; en una sociedad líquida (Bauman); en un enjambre digital (Byung-Chul Han); en un mundo interconectado, donde la soledad, las adicciones y mil problemas diversos campan a sus anchas, incluidos los execrables tambores de guerra que estamos oyendo nuevamente en nuestra vieja Europa. Como siempre, como en cada tiempo y circunstancia, los contrastes marcan nuestra vida, pero Dios nunca nos deja a la orilla del camino, aunque el día se vuelva oscuro, Dios siempre está cerca, por eso no solo debemos detectar el cambio, sino acogerlo. Dios nos da una gran esperanza a todos y a cada uno de nosotros. Dios nunca nos abandona, camina a nuestro lado, aunque no lo sintamos, no lo percibamos. Él es brisa, silencio, grito, huracán que nos mueve, nos sostienen y nos impulsa a llevarlo a los demás.

Pues bien, esta realidad descrita que nos trasciende, para nosotros como comunidad de creyentes se concreta en 2021, según los datos del Anuario Estadístico de la Iglesia, en que somos más de 1.344.403.000 millones de católicos en el mundo. Pero si contáramos a otros que también creen en Cristo, serían otros mil millones más, si a estos le sumamos otros creyentes: musulmanes (1.7 mm), hindúes (1.5 mm), budistas (440 m), y otras religiones (1 mm), en total de los casi 8.000 millones de personas que vivimos en el mundo, más de 6.000 millones son personas religiosas, de una u otro forma. En España más de un 60 por ciento de sus habitantes se consideran católicos. Según esto somos multitud y, sin embargo, a pesar de la presencia territorial en 69 diócesis, y de todo el trabajo pastoral, educativo, caritativo y social, la presencia del Evangelio está muy desdibujada en la vida diaria de una gran parte de nuestra sociedad. Quizá porque hemos dejado un poco de lado la dimensión social del Evangelio, porque nos falta valentía y audacia, y más unidad, o simplemente, porque, aunque somos creyentes, nos dejamos llevar por una vida cómoda y poco comprometida con los demás, con el anuncio de la Buena Noticia.

Jesús tiene que llegar a todos por atracción

La Iglesia en España mantiene una presencia creativa, pero con escaso eco social en una gran parte del país, hemos perdido algunas batallas, y desde hace años se suceden diversos mantras mediáticos, azuzados por intereses diversos, que emergen en los momentos más complejos; los acuerdos Iglesia-Estado, el triste y grave asunto de los abusos a menores -comportamientos que han generado mucho dolor en las victimas, en la Iglesia y en la sociedad, que hay que reparar y curar-, las inmatriculaciones, impuestos…; además de la agenda trazada respecto al aborto, la eutanasia y la cuestión de género. Si miramos hacia las cuestiones de la inmigración, el cambio climático o de la transformación digital, se producen también posturas muy polarizadas. Parece que cada vez somos menos y muy limitados en iniciativas de transformación social, pero queda mucha tarea y hay que seguir trabajando con ilusión y esperanza. Recordemos las palabras de Jesús: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16.15-18). Su mensaje es para todos, no podemos contentarnos con un grupito, Jesús tiene que llegar a todos, no con proselitismo, sino por atracción.

No obstante, del 60 por ciento de católicos en España, no todos son practicantes, de ellos un 20 por ciento suele cumplir con el precepto dominical, de este número, solo un pequeño grupo más comprometido en parroquias, movimientos, asociaciones, hermandades, colegios, son los que denominados laicos comprometidos; sobre estos, el clero y la vida consagrada se sustentan las estructuras pastorales, sociales, educativas y culturales de la Iglesia en nuestro entorno. En muchas de las obras educativas de titularidad eclesial, en residencias, y otras muchas iniciativas caritativas y sociales trabajan un buen número de estos laicos comprometidos. Se genera, así una especie de círculos de relación, de redes que se interrelacionan y grupos estables con responsabilidades en diversos campos pastorales. Además de este entorno eclesial laical, en los últimos años se ha incrementado, gracias a Dios, la presencia de personas jubiladas que desempeñan importantes tareas al servicio de los demás en nuestro entorno eclesial. Todo esto genera grandes sinergias, pero también diversos desajustes, pequeños conflictos y algunos desencuentros que muchas veces se resuelven con cercanía y buena voluntad.  En nuestra realidad más cercana, en el mundo de la piedad popular, por su importancia y singularidad, se generan además otros retos y oportunidades, propios de la realidad viva que estas organizaciones representan, y que tanto bien hacen en medio de nosotros. Sin duda, con más oración, más procesos de formación en todos estos ámbitos que hemos descrito, más vida de comunidad, más diálogo, lo negativo se diluirá y lo positivo se consolidará y crecerá.

 La lacra del clericalismo

Los laicos más comprometidos tienen, tenemos, ante nosotros, un gran problema moral, lo que el Papa Francisco ha definido en muchas ocasiones, como la lacra del clericalismo que aplica al clero, pero también de una forma muy precisa, al laicado. Sí, le preocupa y mucho la clericalización del laicado. Esto no es un relato que nos interpela desde el exterior. Es un gran reto que tenemos en el interior de nuestras estructuras y de nuestras iniciativas. Este clericalismo, ya sea de sacerdotes, religiosos o laicos, está siempre muy unido a la cuestión del abuso de poder, de ejercer el poder, de aprovecharse de la autoridad que se tiene para presionar, para imponer a una persona o entidad los propios intereses. El abuso es, sin duda, un acto de violación de confianza, este poder está asociado a la influencia negativa que se ejerce sobre el otro y no una autoritas que se recibe por la confianza y lealtad de todos.

El poder que da fruto es el que ayuda a la comunidad, de acuerdo al Evangelio, que implica reconocer nuestra propia historia y la dignidad humana.  El beato Marcelo Spínola planteaba que “servir es reinar”, es decir solo desde el servicio se convalida el poder. Por tanto, poder y servicio, deben ser una sola realidad, desde una doble visión que se complementa. Sabemos bien que el poder desgasta y en algunas ocasiones hasta deshumaniza a quien lo ejerce. Se puede ejercer ese poder en la Iglesia y por desgracia no tener verdaderos sentimientos y actitudes cristianas. Sin duda, el ejercicio de la autoridad en la Iglesia debe de estar enraizado en el Evangelio, que lleva siempre a estar más cerca de las necesidades e inquietudes del Pueblo de Dios, de los no creyentes y de toda la sociedad.

En los últimos años en la Iglesia en España se han dado algunos pasos, quizá el más significativo fue el Congreso Nacional de Laicos, celebrado en 2020 en Madrid, para abrir horizontes. Los que tuvimos la oportunidad de participar de forma activa fuimos conscientes que vivimos un renovado Pentecostés, a pesar de la indiferencia que en algunos suscitó. El discernimiento y la sinodalidad fueron sus claves de bóveda. Trazándose cuatro líneas de acción para los próximos años en la Iglesia: crecer en el primer anuncio, en los procesos de formación, en el acompañamiento y en la presencia en la vida pública. Llegó la pandemia y más recientemente el Sínodo. La pandemia ha ralentizado, cuando no anulado muchas de nuestras acciones pastorales, pero el Sínodo está abriendo un nuevo estilo, un proceso, un camino que recorreremos en los próximos años, a pesar de que se intuyen muchas resistencias internas, o quizás cierto desinterés, cuando no la misma indiferencia ya apuntada. El Sínodo, lo sinodal, caminar juntos, no es una nueva moda, ni un invento, está plenamente en conexión con las conclusiones del Congreso Nacional de Laicos, del Evangelio. Este estilo de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia ha llegado para quedarse e interpelarnos a todos.

El camino sinodal no es un parlamento. El proceso sinodal es más que una democracia, porque las minorías son importantes, porque todos somos protagonistas.  La comunión y la escucha en la Iglesia se equilibran y complementan, para superar el déficit de corresponsabilidad y participación que vivimos. Confiamos en la acción del Espíritu Santo para que se superen sospechas y reticencias, y todos podamos avanzar por este camino juntos, un camino de escucha abierto a los demás.

Muchas veces me pregunto ¿Cuál es la tarea fundamental que tenemos que impulsar como Iglesia? Y siempre me viene la misma idea, la parábola del Buen Samaritano. A nosotros que nos sentimos Iglesia, que somos Iglesia nos toca realizar muchas tareas, pero creo que hay una esencial, reconocer las heridas de nuestro pueblo y curarlas.

Sobre el tema de la clericalización del laicado ha hablado recientemente, en un Simposium celebrado en Roma dedicado a la vocación sacerdotal, el Papa Francisco. En el mismo, pide el Papa que los sacerdotes mantengan cuatro cercanías: cercanía con Dios, con el obispo, con los hermanos presbíteros y con el pueblo que le fue confiado. Un texto para hacer oración pues muchas ideas planteadas son puro Evangelio, que todos, sacerdotes, vida consagrada y laicos, deberíamos saber aprovechar. Coincido con el Papa Francisco cuando habla que la clericalización del laicado, esos pequeños grupos, que aparentemente se puede interpretar como una élite en cada entorno pastoral donde se encuentren, pueden desnaturalizar su misión y convertirse en espacios endogámicos, y autorefenciales, sin ninguna o escaza capacidad de evangelizar. Todos hemos de reflexionar sobre esto porque no podemos reducir nuestra vida espiritual a una mera práctica religiosa, a ritos y rutinas. Por ello, sin cultivar la humildad, la escucha, la autocrítica, el acompañamiento, la paciencia será muy difícil seguir adelante. A los laicos el clericalismo también nos hace indiferentes, creando un cordón sanitario, cuando no un muro con nuestro entorno para no involucrarnos en sus vidas, generando incluso envidias, que es un pecado y sobre todo “una fatiga de la pedagogía del amor”, que generan calumnias y murmuración, como subraya el Papa a menudo. Nunca me han gustado los profetas de calamidades, pero si ver la verdad en cada situación, sin contemplar la realidad será muy complejo sanar heridas y construir nuevos procesos de comunión y evangelización. La sinodalidad nos ayuda a aislar el clericalismo, no desaprovechemos este camino por recorrer.

Me sorprendió la intervención del Cardenal Quellet en el Simposium al subrayar que “los abusos sexuales sólo son la punta del iceberg del clericalismo”, que tiene un gravísimo punto de referencia, que es el abuso de autoridad, de la confianza, que he apuntado más arriba. De ahí, que no sea bueno que nos refugiemos en modelos del pasado, mirándolo con añoranza, hemos de asumir nuestro momento presente y sus complejidades, mirando al futuro con esperanza. El Señor nos llevará de su mano y nos ayudará a discernir el horizonte a transitar. Hemos de plantear con sinceridad que no tenemos respuestas rápidas y para todo, quien diga que las tiene miente, por interés, por ideología o simplemente por capacidad para comprender en toda su anchura y profundidad los problemas que hoy transitan por el corazón de la humanidad.

Lo dicho sobre la clericalización del laicado me ha hecho recordar una carta enviada a Quellet por Francisco en 2016, donde de frente y por derecho recuerda aquella expresión: “es la hora de los laicos”, contestando con algo de preocupación, cuando no de sorna, que parece que hacía tiempo que el reloj estaba parado. Sabemos bien, que el clericalismo utiliza al laicado, le limita iniciativas y lo coloca en muchos casos en una situación de infancia eclesial, apagando proyectos y no animándolo lo suficiente a remover nuestra sociedad y generar una vocación de servicio, una vocación política en toda la grandeza de su dimensión para anunciar el Evangelio. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios, y no solo a unos pocos. Con cierta preocupación hemos de conferir que se ha generado una élite de laicos, ya apuntada, que trabajan, que están comprometidos en las obras de la Iglesia, en la parroquia, la diócesis…, muchas veces preocupados más en dominar espacios, qué en iniciar procesos, o al menos eso es lo que parece. Los laicos comprometidos son necesarios, pero si se clericalizan en su modo y estilo de actuar, no estarán siendo fieles a la vocación recibida y distorsionarán su misión dentro de la comunidad cristiana y en la misma sociedad.

Los laicos más comprometidos, desde su vocación bautismal, asumen su responsabilidad en lo posible en diversas tareas pastorales, sociales, caritativas, educativas… de la Iglesia, pero no pueden, ni deben sentirse dueños de su tarea. Sin embargo, como indique al principio, la Iglesia existe para evangelizar, junto al creyente que quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe en un mundo que está cambiando a toda velocidad. Por eso tendremos que ser más imaginativos y audaces. Ya que los ritmos de vida actuales son muy distintos a los de hace unos años, incluso de antes de la pandemia. Ahora que iniciamos la Cuaresma, camino hacia la Pascua, no nos cansemos de hacer el bien, y pidamos de nuevo la gracia para transformar nuestra vida y ponerla al servicio del Evangelio. Necesitamos nuevos espacios de oración y comunión, nuevos modelos para evangelizar más atractivos y significativos, desde el agradecimiento por lo recibido. Por eso, es importante animar a nuestros contemporáneos a vivir su fe donde viven y con quienes están, en la vida pública, esto es posible, no es una utopía, caminando juntos, escuchando a todos, podremos lograrlo. Pidámoslo al Señor con humildad y Él nos lo concederá si es lo que necesitamos y nos hace bien.

Enrique Belloso 

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La Acción Conjunta Contra el Paro reivindica la igualdad a través de un nuevo cómic

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La Acción Conjunta Contra el Paro reivindica la igualdad a través de un nuevo cómic

La Acción Conjunta Contra el Paro, plataforma de la Archidiócesis de Sevilla que trabaja por la dignidad del trabajo, continúa reflexionando sobre este tema a través de una serie de cómics.

En esta ocasión, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se aborda cómo influyen las precarias condiciones de trabajo en la mujer, especialmente en las mayores que cuando se jubilan se ven abocadas a la pobreza. A través de estos cómics, por tanto, tenemos “una oportunidad para acercarnos a la situación que viven muchas mujeres, especialmente en su relación con el trabajo, con el desempleo, con la desigualdad. Demasiadas mujeres sufren y lloran las injusticias de este mundo que las condena a seguir siendo discriminadas por ser mujer, por ser trabajadora y por ser pobre”, denuncian fuentes de la Pastoral Obrera de la Archidiócesis de Sevilla.

Así, con esta nueva entrega, la ACCP invita a “a profundizar en la situación que vive hoy la mujer y a que celebréis, en la Eucaristía, en una celebración de la Palabra, en oración o en reunión de grupo, la promesa de liberación que Dios nuestro Padre y Madre nos ofrece a todos los hombres y mujeres”.

Con éste son cinco los cómics que ya ha publicado la plataforma diocesana contra el paro con los que hace una llamada “a la conversión, al cambio de mentalidad y de vida, con una inculturación de la doctrina social de la Iglesia”. De esta forma, explican fuentes de la ACCP, “descubrimos la necesidad de concienciar sobre las duras condiciones de vida que sufren las personas con trabajos informales y precarios, y la gran desprotección en la que se encuentran. Por ello, queremos que esta concienciación llegue a las personas sencillas de una forma atractiva”.

Finalmente, mediante el uso de la narrativa gráfica “buscamos ayudar a crear empatía, provocar un cambio de mentalidad y una concienciación sobre la necesidad de trabajar por unas condiciones de trabajo dignas para todas las personas”.

Noticias relacionadas

Cómic nº 4 de la ACCP

Cómic nº 3 de la ACCP

Cómic nº 2 de la ACCP

Cómic nº1 de la ACCP

 

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La Renovación Carismática Católica quiere estar presente en la diócesis de Guadix

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La Renovación Carismática Católica quiere estar presente en la diócesis de Guadix

Los responsables de la Renovación Carismática Católica-RCCE-, en las diócesis del sur de España, se reunieron con el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, para presentarle este movimiento que tiene como misión principal “hacer presente hoy en el mundo la experiencia de Pentecostés”. El encuentro tuvo lugar el lunes 7 de marzo, en el obispado. Se da la circunstancia de que la diócesis de Guadix es la única en Andalucía en la que no existen grupos de Renovación Carismática.

Mosn. Orozco los escuchó y les abrió las puertas de la diócesis de Guadix para evangelizar en nuestra tierra, como movimiento de la Iglesia Católica.

La Renovación Carismática la forman grupos de todas las edades y condiciones -casados, solteros, religiosos, jóvenes y mayores- que desean vivir la buena noticia del Evangelio dando al mundo un testimonio de luz y esperanza. Entre sus fines están: tener un encuentro con Cristo, vivo y resucitado; redescubrir   la gracia bautismal y la propia identidad cristiana; hacer presente hoy en el mundo la experiencia de Pentecostés; y renovar la Iglesia y el mundo, con la ayuda de los dones y carismas del Espíritu Santo.

Más información sobre la Renovación carismática Cat´lica en su web: www.rcc-es.com

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS

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Tejedoras de paz

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La celebración del 8 de marzo ofrece una oportunidad para reflexionar acerca de las condiciones de vida de las mujeres en el mundo, así como acerca de su contribución a la creación de un mundo más humano y solidario. Sin duda, las mujeres son auténticas artesanas de cuidados y de justicia. En el contexto actual, marcado por la guerra, podemos decir que las mujeres son tejedoras de paz.

Como se sabe, la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, plantea una dinámica expansiva en círculos concéntricos cada vez más amplios, para impulsar la amistad social y la fraternidad universal. Así, por ejemplo, dice: “Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro” (FT 88). Por eso, “no puedo reducir mi vida a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a mi propia familia, porque es imposible entenderme sin un tejido más amplio de relaciones” (FT 89). De hecho, toda “relación, si es sana y verdadera, nos abre a los otros que nos amplían y enriquecen” (FT 89). Más aún, “el amor nos pone finalmente en tensión hacia la comunión universal” (FT 95), sabiendo también que “esta necesidad de ir más allá de los propios límites vale también para las distintas regiones y países” (FT 96). Veamos cómo las mujeres son tejedoras de paz en estos diversos niveles de la realidad.

En primer lugar, encontramos la familia. No es un tópico manido decir que la familia es la célula básica de la sociedad y que, en ella, las mujeres juegan un papel esencial, como artesanas de unidad. Podemos recordar ese dicho popular en el que se pregunta a una madre a cuál de sus hijos quiere más, y ella responde: “Al enfermo hasta que sane, al ausente hasta que regrese, al pequeño hasta que crezca y a todos hasta que me muera”. Cuidado, ternura, creatividad, fuerza, apoyo o firmeza son algunas de las virtudes que encarnan las mujeres en la familia, como vemos de un modo especialmente dramático en los locutorios de las cárceles, en las salas de espera de los hospitales, en los esfuerzos para llegar a fin de mes o en las iniciativas productivas en el mundo rural. “La idéntica dignidad entre el varón y la mujer nos mueve a alegrarnos de que se superen viejas formas de discriminación, y de que en el seno de las familias se desarrolle un ejercicio de reciprocidad. Si surgen formas de feminismo que no podemos considerar adecuadas, igualmente admiramos una obra del Espíritu en el reconocimiento más claro de la dignidad de la mujer y de sus derechos” (Amoris Laetitia, n. 54).

“En algunos barrios populares, todavía se vive el espíritu del ‘vecindario’, donde cada uno siente, espontáneamente, el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un ‘nosotros’ barrial” (Fratelli Tutti, n. 152). Es evidente que, en esa dinámica, las mujeres juegan un papel singularmente activo. Numerosas iniciativas populares, como asociaciones vecinales o proyectos de economía solidaria, conocen el impulso y el protagonismo de las mujeres. En diversas partes del mundo, este tejido comunitario (comedores populares, guarderías autogestionadas, cooperativas de producción y consumo, etc.) ha nacido y está vinculado a la comunidad cristiana y a la parroquia.

En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Sucesor de Pedro expresó su ardiente deseo de que la Iglesia fuera una madre de corazón abierto: “La Iglesia ‘en salida’ es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino” (n. 46). Y, en esto, las mujeres son también un vibrante modelo encarnado. Recordemos, por ejemplo, a la estadounidense Dorothy Day (fallecida en 1980), que comprometió su vida en servicio a los más pobres, desde las casas de hospitalidad del Catholic Worker. Su testimonio muestra que la amistad social va tejiendo relaciones de acogida incondicional que incluyen a los excluidos.

La función de las mujeres no se limita al ámbito local o a las iniciativas sociales; su rol benéfico se muestra también en el terreno nacional e internacional, así como en el campo de la política. Y esto se realiza de modos diversos y con mediaciones variadas. La contribución de una Chiara Lubich es diferente de la de una Angela Merkel, por mencionar dos figuras relevantes. La italiana Lubich, fundadora del movimiento de los focolares, impulsó una espiritualidad de unidad que se concreta en la economía de la comunión o en el movimiento político por la unidad. La canciller Merkel, por su parte, ha liderado con audacia el panorama europeo durante los últimos lustros. La lista podría ampliarse si echamos la vista atrás y evocamos la vida de Hildegard Burjan, hebrea convertida al catolicismo. Única mujer elegida en 1918 al parlamento austriaco, destaca por su alto compromiso social. Fue beatificada en el año 2012. Ellas son ejemplos de cómo se pueden forjar relaciones de paz en el espacio público.

Con el pasar de los años, vamos siendo más conscientes de la importancia de la ecología, de la necesidad de cuidar la casa común, de vivir en armonía con el conjunto de la creación y de avanzar en la conversión ecológica. Sin duda, la encíclica Laudato Si’ es un punto de referencia básico en este camino. Entre otras muchas cosas, leemos en ese documento pontificio: “Junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad” (LS 231). Una muestra relevante en este sentido la encontramos en la ecologista católica keniana Wangari Maatai, que en 1977 fundó al movimiento Cinturón Verde y que recibió el premio Nobel de la Paz en 2004 por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

En la exhortación Evangelii Gaudium, el Obispo de Roma termina sus reflexiones con una preciosa referencia a la Santísima Virgen, madre de Jesús: “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia” (n. 286). Que en este Día Internacional de la Mujer Nuestra Señora impulse a las mujeres a seguir esta senda indicada por el Santo Padre. Y que todos nosotros, varones y mujeres, sepamos reconocer, agradecer y alentar la espléndida contribución de tantas mujeres que a lo largo y ancho de nuestro mundo son, verdaderamente, tejedoras de paz y artesanas de solidaridad.

Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

 

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Día de la Mujer, vientos de cambio

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Día de la Mujer, vientos de cambio

La Pastoral Obrera ha querido sumarse a la conmemoración del 8 de marzo, Día de la Mujer, denunciando la situación que viven muchas mujeres, especialmente en su relación con el trabajo, la precariedad y el desempleo, una realidad que “hace sufrir a muchas personas, familias y deteriora a toda la sociedad”.

“Las mujeres sufren doblemente sus consecuencias, por la propia situación que afecta al conjunto del mundo obrero y del trabajo y por su condición de mujer. Así sufren más la degradación de los derechos laborales y sociales, viéndose sometidas a los trabajos más precarios y peor pagados; a ser las primeras en ir al paro, a ser las primeras a quienes se mira para atender a nuestros ancianos, discapacitados o enfermos, son las que acuden a Cáritas o a Cruz Roja para solicitar alimentos o recursos básicos; las que más sufren en primera persona los desahucios”, lamenta Diego Márquez, delegado diocesano de Pastoral Obrera.

Al respecto, ha señalado en un escrito publicado en la revista diocesana Iglesia en Sevilla que como Iglesia, “no podemos eludir nuestro deber de avivar la sensibilidad y la capacidad de respuesta de nuestras parroquias y comunidades cristianas que están sufriendo en sus propios miembros estos problemas, profundizar en las causas que han provocado esta situación y reivindicar soluciones”. Asimismo, ha apuntado que “el movimiento de liberación de las mujeres trae consigo vientos de cambio. La larga lucha de las mujeres por su emancipación es otro importante signo de los tiempos que la Iglesia debe hacer suyo”.

Finalmente, ha instado a la Iglesia diocesana a “optar por un modelo de persona que nos humanice, asentado sobre el proyecto de amor que Dios Padre-Madre a través de su hijo Jesús nos ofrece, por eso en esta conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora sigamos planteándonos cómo ser la Iglesia fiel a Jesucristo que el hombre y la mujer de hoy necesitan”.

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Alcanzar la equidad entre hombres y mujeres, una lucha en todos los rincones del planeta

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Alcanzar la equidad entre hombres y mujeres, una lucha en todos los rincones del planeta

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra hoy, 8 de marzo, Manos Unidas quiere poner el foco en las mujeres empobrecidas. Una desigualdad que la ONG de la Iglesia católica está denunciando con su campaña ‘Nuestra indiferencia los condena al olvido’.

Aunque el enfoque de género es un eje transversal en todas la intervenciones y proyectos que lleva a cabo la organización, en los últimos tres años la ONG de la Iglesia Católica ha aprobado 185 proyectos, por importe de 11,7 millones de euros destinados a promover, específicamente, los derechos y oportunidades de más de 375.000 mujeres.

De este modo, Manos Unidas entiende la desigualdad “como algo que va más allá de un desequilibrio económico y que reúne, al menos, tres características: discriminación en las oportunidades de vida, persistencia de las inequidades y el profundo deterioro en las condiciones para una vida digna”.

“Aunque las mujeres representan la mitad de la población mundial y, teóricamente, tienen los mismos derechos y deberes, y la misma dignidad que los hombres, en ningún lugar del mundo, ni siquiera en las sociedades más avanzadas, han conseguido la deseada igualdad», asegura María José Hernando, del departamento de Estudios de Manos Unidas.

Para hacer frente a estas situaciones discriminatorias, la organización reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y trabaja por la erradicación de prácticas como el matrimonio forzado o la ablación genital femenina. “Desde nuestros orígenes, la mujer ha sido eje transversal de todas nuestras iniciativas, pero tenemos, además, proyectos especialmente dirigidos a trabajar la equidad desde todos los ámbitos”, explica Encarni Escobar, del área de Proyectos de la ONG.

Contra la mutilación genital femenina

Entre ellos destaca el programa llevado a cabo en Mauritania donde la ONG trabaja para erradicar la mutilación genital femenina (MGF) que, pese a estar prohibida, está muy arraigada en las comunidades rurales más empobrecidas del país africano.

“Trabajamos en las regiones del Gorgol, del Brakna y de Nouakchott norte y sur, donde la prevalencia de esta práctica ancestral alcanza a cerca del 90 % de las niñas y jóvenes. Lo paradójico es que suelen ser las propias mujeres las que someten a sus hijas y nietas a esta práctica, convencidas de que así debe ser por mandato religioso”, lamenta Escobar.

Por este motivo, junto a su socio local, Manos Unidas procura contrarrestar el argumento cultural que perpetúa esta práctica y demostrar que no responde a una disposición religiosa. El uso de las redes sociales es, según Escobar, fundamental para este fin: “Aprovechamos que las mujeres jóvenes son usuarias de redes sociales en su día a día para que lideren las acciones contra esta práctica que la mayoría de ellas ha sufrido. Las jóvenes difunden la información a través de las redes y de vídeos que ellas mismas elaboran y, con esto, se está logrando un cambio de mentalidad de cara a las generaciones futuras”.

Desigualdad en la posesión de la tierra

Por otra parte, desde Manos Unidas denuncian que, a pesar de que las mujeres que viven en países en desarrollo y en zonas rurales tienen en la agricultura su mayor fuente de empleo, la mayor parte de sus trabajos se desarrollan en la economía informal. Además, solo el 15 % de las tierras del mundo está en manos de mujeres.

Para cambiar esta situación, la ONG católica centra su trabajo en “proveer a las mujeres de medios y capacitación para que puedan acceder a empleos mejor remunerados o para que monten sus propios negocios, así como formarlas para que hagan valer sus derechos en el seno de sus familias y comunidades y conseguir que sus hijas no sean víctimas, también, de la discriminación que ellas sufren”.

La violencia contra la mujer y los impactos de la pandemia

La violencia contra la mujer es otro de los ámbitos en los que Manos Unidas está haciendo un gran esfuerzo. “No podemos tolerar que el 30 % de las mujeres y niñas del mundo vivan con miedo a ser agredidas, a denunciar o a las reacciones en su entorno cercano tras las agresiones… Y todo ello ante la apatía de una gran parte de la sociedad”, aseguraba recientemente Ricardo Loy, secretario general de Manos Unidas y miembro del comité de género de la organización.

La ONG incluye en esa violencia la derivada de la trata, la utilización de la mujer como arma de guerra, las violaciones o las agresiones a las defensoras de los derechos de las mujeres o de las poblaciones más vulnerables, como los pueblos indígenas.

Asimismo, la pandemia está suponiendo un grave desequilibrio que está afectando de manera singular al día a día de millones de mujeres y niñas en el mundo. “Las medidas de confinamiento, las restricciones de movilidad, la crisis económica, el cierre de las escuelas y la masificación de los centros de salud, entre otros, están llevando a millones de mujeres a situaciones límite con una multiplicación de la carga de trabajo y estrés -señala María José Hernando, del departamento de Estudios de Manos Unidas-. Y esto tiene como consecuencia que el número de años para alcanzar la ansiada paridad haya aumentado en una generación, hasta situarse, según el Foro Económico Mundial, en 170 años”.

Finalmente, Escobar concluye asegurando que, “por experiencia, sabemos que las mujeres son agentes fundamentales del desarrollo, de creación de renta familiar y de beneficios sociales; y las iniciativas y proyectos que apoyamos destinados a favorecer la equidad y la promoción de las mujeres son esenciales en el trabajo constante por la igualdad y por los derechos de las mujeres y las niñas, que llevamos a cabo desde hace 63 años”.

 

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