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Fallece el sacerdote Manuel Martín de Vargas

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En la madrugada de hoy, 3 de abril, ha fallecido el sacerdote diocesano Manuel Martín de Vargas, a los 95 años de edad, tras unos días en los que su salud había empeorado gravemente. Martín de Vargas residía, junto a otros hermanos sacerdotes mayores, en la Casa Sacerdotal de Santa Teresa de Jornet de las HH. de los Ancianos Desamparados en Huelva. Sus restos mortales están en el Tanatorio Servisa de Huelva, mientras que el entierro tendrá lugar mañana lunes, 4 de abril, a las 10.00 h. en la Mayor de San Pedro de Huelva, lugar parroquia en la que ha desarrollado su servicio ministerial en los últimos años como adscrito. La celebración será presidida por nuestro obispo, Santiago Gómez Sierra.

Nació en Isla Cristina, el 27 de enero 1927, hijo de Manuel y de María. Estudió y se licenció en Derecho Civil, ejerciendo la abogacía y habiendo realizado estudios del Cuerpo Técnico de Administración del Estado. Lo que entonces se llamaba una vocación tardía le cambió la vida, y dejó su seguridad profesional, ya que era uno de los mejores abogados de Huelva, para seguir al Señor en el sacerdocio al que fue llamado.

Hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Huelva y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que se licenció en Sagrada Teología junto a su compañero, el Siervo de Dios Francisco Girón Fernández, vocación tardía y proveniente del mundo del Derecho como él. También se formó durante un tiempo en Lyón (Francia), con los Sacerdotes del Prado, asociación a la que perteneció. Recibió la ordenación presbiteral el 11 de julio de 1965, cuando contaba con 38 años de edad, por el Venerable Siervo de Dios José María García Lahiguera.

Su primer destino pastoral lo tuvo como coadjutor de la Parroquia de la Purísima Concepción, de Huelva y como Responsable de Vocaciones Juveniles. Después vino su etapa en el arciprestazgo de la Mina, como párroco de La Naya y Las Delgadas, donde al mismo tiempo trabajó manualmente en la construcción como peón de albañil, conforme a la espiritualidad del Prado, para la evangelización de los pobres, y con autorización del Obispo. Como cura obrero, trabajó en la fundición de cobre de Atlantic Copper. Hasta 1980 tuvo otros cargos pastorales, como Vicario Episcopal de la Zona Sur y coadjutor de la parroquia onubense de San Pablo. En el citado año marchó a Chimbote (Perú), en cuya diócesis ejerció su ministerio hasta 1985, en que fue nombrado párroco de San Francisco de Asís, en la barriada de Pérez Cubillas y administrador parroquial de San Rafael Arcángel. Entre 1987 y 1989 volvió a la diócesis de Chimbote, hasta 1989 en que fue nombrado como párroco de Aljaraque, volviendo de nuevo a Chimbote entre 1990 y 1993. Vuelto de nuevo a la Diócesis, entre 1993 y 1999 fue Delegado Diocesano de Cáritas, miembro del Consejo de Presbiterio y párroco de Encinasola. Entre 1999 y 2001 prestó sus servicios ministeriales en la diócesis cubana de Santa Clara. Una vez que regresó definitivamente a Huelva, a partir de 2001 fue Director del Secretariado de Misiones, miembro del Consejo Pastoral Diocesano, Consiliario de la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos de Huelva, así como vicario parroquial de las de Ntra. Sra. de los Dolores y de Ntra. Sra. del Carmen de Huelva.

Ya retirado, colaboró con la Parroquia Mayor de San Pedro, y, cuando la edad y la enfermedad hicieron mella en su vida, se trasladó a la Residencia de Santa Teresa Jornet, de las HH. de los Ancianos Desamparados. Allí ha sido llamado por el mismo Señor al que siguió un día en el sacerdocio. Ante Él habrá presentado sus manos, las mismas que un día fueron consagradas para hacer presente sacramentalmente a Cristo y para tocar sus llagas en las de los pobres. Que Él lo juzgue con misericordia y premie su generosidad y su fidelidad a la llamada, cuando dejándolo todo lo siguió. Descanse en paz.

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Fallece el sacerdote diocesano Manuel Martín de Vargas

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En la madrugada de hoy, 3 de abril, ha fallecido el sacerdote diocesano Manuel Martín de Vargas, a los 95 años de edad, tras unos días en los que su salud había empeorado gravemente. Martín de Vargas residía, junto a otros hermanos sacerdotes mayores, en la Casa Sacerdotal de Santa Teresa de Jornet de las HH. de los Ancianos Desamparados en Huelva. Sus restos mortales están en el Tanatorio Servisa de Huelva, mientras que el entierro tendrá lugar mañana lunes, 4 de abril, a las 10.00 h. en la Mayor de San Pedro de Huelva, lugar parroquia en la que ha desarrollado su servicio ministerial en los últimos años como adscrito. La celebración será presidida por nuestro obispo, Santiago Gómez Sierra.

Nació en Isla Cristina, el 27 de enero 1927, hijo de Manuel y de María. Estudió y se licenció en Derecho Civil, ejerciendo la abogacía y habiendo realizado estudios del Cuerpo Técnico de Administración del Estado. Lo que entonces se llamaba una vocación tardía le cambió la vida, y dejó su seguridad profesional, ya que era uno de los mejores abogados de Huelva, para seguir al Señor en el sacerdocio al que fue llamado.

Hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Huelva y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que se licenció en Sagrada Teología junto a su compañero, el Siervo de Dios Francisco Girón Fernández, vocación tardía y proveniente del mundo del Derecho como él. También se formó durante un tiempo en Lyón (Francia), con los Sacerdotes del Prado, asociación a la que perteneció. Recibió la ordenación presbiteral el 11 de julio de 1965, cuando contaba con 38 años de edad, por el Venerable Siervo de Dios José María García Lahiguera.

Su primer destino pastoral lo tuvo como coadjutor de la Parroquia de la Purísima Concepción, de Huelva y como Responsable de Vocaciones Juveniles. Después vino su etapa en el arciprestazgo de la Mina, como párroco de La Naya y Las Delgadas, donde al mismo tiempo trabajó manualmente en la construcción como peón de albañil, conforme a la espiritualidad del Prado, para la evangelización de los pobres, y con autorización del Obispo. Como cura obrero, trabajó en la fundición de cobre de Atlantic Copper. Hasta 1980 tuvo otros cargos pastorales, como Vicario Episcopal de la Zona Sur y coadjutor de la parroquia onubense de San Pablo. En el citado año marchó a Chimbote (Perú), en cuya diócesis ejerció su ministerio hasta 1985, en que fue nombrado párroco de San Francisco de Asís, en la barriada de Pérez Cubillas y administrador parroquial de San Rafael Arcángel. Entre 1987 y 1989 volvió a la diócesis de Chimbote, hasta 1989 en que fue nombrado como párroco de Aljaraque, volviendo de nuevo a Chimbote entre 1990 y 1993. Vuelto de nuevo a la Diócesis, entre 1993 y 1999 fue Delegado Diocesano de Cáritas, miembro del Consejo de Presbiterio y párroco de Encinasola. Entre 1999 y 2001 prestó sus servicios ministeriales en la diócesis cubana de Santa Clara. Una vez que regresó definitivamente a Huelva, a partir de 2001 fue Director del Secretariado de Misiones, miembro del Consejo Pastoral Diocesano, Consiliario de la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos de Huelva, así como vicario parroquial de las de Ntra. Sra. de los Dolores y de Ntra. Sra. del Carmen de Huelva.

Ya retirado, colaboró con la Parroquia Mayor de San Pedro, y, cuando la edad y la enfermedad hicieron mella en su vida, se trasladó a la Residencia de Santa Teresa Jornet, de las HH. de los Ancianos Desamparados. Allí ha sido llamado por el mismo Señor al que siguió un día en el sacerdocio. Ante Él habrá presentado sus manos, las mismas que un día fueron consagradas para hacer presente sacramentalmente a Cristo y para tocar sus llagas en las de los pobres. Que Él lo juzgue con misericordia y premie su generosidad y su fidelidad a la llamada, cuando dejándolo todo lo siguió. Descanse en paz.

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“Tú eres, Señor, quien llenas de contenido nuestra vida”

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Homilía en la Eucaristía del V Domingo de Cuaresma, el 3 de abril de 2022, en la S.I Catedral. Ese día, nuestro arzobispo D. Javier festejó su 50 aniversario de ordenación sacerdotal.

Si el Evangelio que acabamos de leer fuera sólo un relato de algo que sucedió en Betania, a las afueras de Jerusalén, hace veinte siglos, podríamos tener todo el derecho del mundo a preguntarnos si algo así es posible; si algo así puede haber sucedido; si Jesús verdaderamente es el Señor de la vida y de la muerte.

Dejadme deciros que todos tenemos experiencia de vidas que no son vidas, de vidas que están tan marcadas por el sufrimiento, por las heridas que los seres humanos nos hacemos unos a otros, hasta sin darnos cuenta, hasta sin querer muchas veces, y que realmente no son vidas, porque es como si toda la promesa que cuando éramos niños hemos tenido siempre de que la vida es una promesa de alegría y de felicidad se hubieran frustrado una detrás de otra. Conocemos vidas que son así hasta que no pensamos apenas en ello, pero el número de los suicidios crece sin cesar en nuestra sociedad y nos extrañamos de ello. Pero no tendría que extrañarnos. En una sociedad que no conoce a Cristo con bastante frecuencia la muerte es un consuelo en relación con la vida. Es un alivio de unas vidas que no son vidas y que, a veces, son verdaderos infiernos en muchos sentidos.

En ese sentido, no somos conscientes quienes somos cristianos de quienes hemos recibido el don de la fe sin haberlo merecido, pero lo tenemos de cómo el encuentro con Jesucristo es verdaderamente el paso de la muerte a la vida. El padre del hijo pródigo, cuando su hermano protesta de que van a montar una fiesta porque el hijo ha vuelto dice “deberías alegrarte, porque este hermano tuyo, este hijo mío, estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”. Eso es verdad de todos nosotros. Y si de verdad hemos conocido a Jesucristo, nos damos cuenta de que una vida sin Él no sería nada porque tendría que ser la fatiga constante de estar generando, produciendo, fabricando una alegría que no brota del fondo de nuestro corazón; que no deja de ser un artificio, algo irreal, que no nace de nuestras entrañas, que nace como deseo, pero que la vida no para de frustrar.

Una vez, otra vez, otra vez, las películas románticas terminan con que el chico y la chica, si se quieren, se dan un beso final y después vivieron felices y ya está. No dice nada de lo que sucedió después y lo que sucede después a veces es verdaderamente doloroso. En todo caso, siempre exigente, de una salida de uno mismo que sin la Gracia de Dios es verdaderamente difícil, no que no se pueda dar, claro que se dan, pero que se dan amores que se parecen al amor de Dios fuera del cristianismo y en otras culturas. Pero también es verdad que lo más normal es que el hombre no sea capaz de salir de sí mismo. Que la mujer no sea tampoco capaz de salir de sí misma y de situarse de forma que se establezca una verdadera comunión de corazones, de pensamiento, de deseo, de caminar juntos hacia lo que sabemos que es la vida eterna. Y la vida eterna es Jesucristo. Cuando Jesús -lo dijo expresamente en el Evangelio de San Juan- lo dice hoy: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. En otra ocasión: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. La vida es como la meta. Tú eres, Señor, la vida de nuestra vida y sin Ti podemos engañarnos, podemos distraernos, muy fácilmente nos distraemos con la belleza o con las ocupaciones de las tareas de este mundo. Y no caemos en la cuenta de que Tú eres quien llenas de contenido nuestra vida; que llenas de alegría y de paz nuestro vivir.

Y no porque a una manera mágica nos hayas convertido en personas sin defectos, en personas sin límites, sin torpezas, sin conflictos. No. Sino porque Tu Presencia es capaz de regenerar una y un millón de veces nuestro propio corazón y mil millones de veces, si hiciera falta, porque Tú eres el Camino, es decir, el que nos conduce a la vida. Pero Tú eres la Verdad. Y la Verdad más profunda de Dios que Tú nos has revelado es justamente que Tú eres. Esa Verdad es Tu amor infinito por nosotros; Tu amor que no se cansa; Tu amor que no se fatiga; Tu amor que no nos echa para atrás a pesar de nuestras torpezas y de nuestros pecados. Señor, Te damos gracias.

Yo creo que es una sabiduría inmensa que la Iglesia nos proponga esto justo antes de la Semana Santa, porque lo que sucede en la Semana Santa no es algo tampoco que sucedió hace 2000 años y que nos mueve a compasión, pues el dolor de Jesús o el dolor de su Madre es la revelación de la profundidad sin fondo de la Gracia y del Amor divinos. Es la revelación del triunfo de Dios sobre el mal que se echa sobre sus espaldas todo el mal del mundo, todo el mal de la historia humana. Y fijaros que para nosotros, en estas semanas, en este tiempo, la figura del mal de la historia ha dejado de ser una cosa abstracta. Cuando antes, a veces hablábamos del mal, nos parecía que el mal era cuando discutíamos sobre el que la tortilla de patata tenía que tener cebolla o no tenía que tener cebolla, y nos peleábamos por eso. Ahora nos damos cuenta, están siendo desplazados millones de hermanos nuestros, vemos las fotografías de sus cadáveres, vemos su rostro en el rostro de esas madres y de esos niños desplazados que han perdido a su familia o que han perdido su hogar, su casa, que no tienen a veces ni agua para beber, ni instrumentos con los que curar sus heridas, del cuerpo y las heridas más profundas a veces o casi siempre, o siempre las heridas más profundas del alma, que son más profundas que las del cuerpo.

Sólo el amor de Jesucristo es capaz de curar. Sólo el encuentro con Jesucristo es capaz de hacernos afirmar que, por muy fuerte que sea el mal del mundo, por muy repugnante que nos parezca el amor de Dios, no se va a retirar de la humanidad y no se va a retirar de nosotros, haciendo posible si abrimos nuestro corazón al Señor, que también en nuestro corazón nazca una semilla de vida, que a lo mejor no llega mas que a las personas que constituimos nuestra pequeña familia, o a nuestros compañeros del colegio y hasta nuestros amigos del barrio de la urbanización o del pueblo entero. Pero que donde hay un pequeño, por muy pequeño que sea, un pequeño gesto de amor verdadero allí está Dios. Y la única medicina que este mundo necesita se llama Dios. Y Dios ha venido a nosotros en Jesucristo y ha venido entre nosotros y a estar con nosotros y a compartir nuestra condición humana hasta la muerte, para que nosotros conozcamos, conozcamos el amor sin límites de Dios y podamos vivir la vida con esperanza, con alegría. No porque no veamos el mal. No porque tengamos que apartar nuestra mirada de la muerte y no pensar en ella. No. Podemos mirar a la muerte de frente, porque el Señor, Dios, en Su Hijo Jesucristo ha vencido a la muerte, ha vencido al mal, ha abrazado a la humanidad entera, nos abraza a cada uno.

Mis queridos hermanos, vamos a darLe gracias al Señor por ese amor que vamos a vivir y que vamos a celebrar en la Semana Santa, también con los recorridos de nuestras Imágenes, por nuestras calles, las Imágenes de la Pasión y de las Imágenes del Domingo de Resurrección de la Pascua. Pero espero que no sea sólo el paseo de esas Imágenes, sino que nuestro corazón se abra al amor infinito que esas Imágenes expresan, de forma que en nuestro corazón nazca una pequeña semilla de amor que pueda difundirse alrededor nuestro. Y estaremos así haciendo presente a Dios, porque Él ha querido quedarse con nosotros. Estar en nosotros, vivir en nosotros. La vida, ahora mismo, para este mundo, lo sois vosotros, somos nosotros. Y la gente se da cuenta que hay una alegría diferente, que hay un cariño diferente, que hay una capacidad de perdón diferente, que hay un modo de hacer las cosas hasta las más pequeñas, que es diferente, no porque ya están, no porque las hagamos mejor, porque acabamos, sino porque hay un amor que se manifiesta también en la tortilla de patatas y en cosas muy pequeñas y en el modo de tratar a un cliente en el mostrador y en todo, en nuestra manera de mirar a los seres humanos, en el cariño con que podemos mirar a todos, porque todos son imagen y semejanza de Dios y todos están llamados a ser hijos de Dios, a vivir como hijos de Dios. Y nuestra mirada, nuestro trato puede hacer que esa muerte se transforme en vida. Somos portadores de Cristo allí donde estamos.

Que el Señor nos conceda vivir esto, gozarlo, comunicarlo lo mejor que sepamos.

Palabras de D. Javier Martínez antes de la bendición final

No tenía la menor idea de que esta carta había llegado. Pensaba deciros que cincuenta años de sacerdocio son cincuenta años de paciencia del Señor y que al mismo tiempo de un privilegio muy grande, y ese privilegio de servir de la manera que permite mi torpeza y mis limitaciones, mi pequeñez, al pueblo que el Señor me ha confiado, a quien siempre he querido con toda mi alma y quiero con toda mi alma, seguro de que la misericordia de Dios nos haga estar juntos en la vida eterna. Y que con un deseo muy grande de que esa certeza podamos verla realizada todos. Y digo todos, porque si nos faltase alguien, no sería la vida eterna, no sería el Cielo. Decía el Papa que pidáis, que pida por él. Lo hacemos todos los días.

Cuando pedimos por el Papa, pedimos por la Iglesia. Cuando pedís por el obispo, no pedís por Javier Martínez, porque Javier Martínez está vinculado con un anillo que no es muy llamativo, pero que es grueso y desde hace 36 años. a la Iglesia que el Señor me ha confiado. Entonces, pedir por el obispo es pedir por las necesidades de esta Iglesia, y yo sé que esa oración la escucha el Señor, la escucha siempre.

(…) Y quiero daros las gracias también de una manera muy, muy especial a todos aquellos que están viviendo en estas semanas el derroche de generosidad y de caridad y de fraternidad con nuestros hermanos de Ucrania. Ayer volvían a salir dos autobuses de Granada y a recoger 84 u 85 ucranianos más. Yo creo que entre lo cargados que van los autobuses que han salido, los dos trailers con 24 toneladas cada uno y otro que saldrá dentro de unos días, llevamos cerca de las mil toneladas de donativos granadinos de material médico, de suturas, de pinzas porque nos decían que los médicos estaban recogiendo la metralla de los cuerpos, sacándola con las manos y que estaba la gente muriendo en los hospitales por falta de cosas elementales. Entonces, medicinas, material, material médico, mantas, sacos de dormir siguen siendo cosas muy importantes porque aquí hace frío y sigue haciendo muchísimo frío. Y es una riada de gente que va a los campos de refugiados, casi todo madres con niños que yo no puedo más que dar las gracias y ver lo que ha sucedido en parroquias como Virgen de Gracia, Santa María Micaela, el Santo Ángel Custodio, por supuesto, pero también San Miguel en el Zaidín y luego en otras parroquias donde se han ido reuniendo cosas y se han ido llevando al seminario. Y ver eso y cómo se movilizan personas, creyentes y no creyentes, católicos y no católicos, y trabajando juntos y unidos por amor a nuestros hermanos que sufren, pues es de los espectáculos más bellos que puede uno ver en esta vida. Y como decía uno de nuestros contactos en Varsovia, “los milagros de la guerra”. Porque os aseguro que lo que está pasando aquí es un milagro, muchos milagros simultáneamente y todos pequeñitos, pero ninguno lo podríamos hacer seres humanos, ni proyectos humanos, ni cálculos humanos, ni nada. Ha sido un desbordarse de ese amor. Os decía yo que es siempre participación y signo, pero más que signo la participación misma del amor infinito de Dios.

Que el Señor os bendiga a todos, a todos los que habéis participado en eso, a todos los que oráis y oramos juntos por eso.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

3 de abril de 2022
Catedral de Granada

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Ayuda a Ucrania de la diócesis de Granada y Nota sobre la objeción de conciencia, en Iglesia Noticia

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Ayuda a Ucrania de la diócesis de Granada y Nota sobre la objeción de conciencia, en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 3 de abril de 2022, a las 09:45 horas.

Repasamos la última hora sobre la ayuda que la diócesis de Granada está brindando a las víctimas de la guerra en Ucrania. Para ello hablamos con una de las representantes del arzobispado que nos da a conocer los detalles y todo lo que aún siguen necesitando los refugiados ucranianos.

Recordamos a su vez la “Nota sobre la objeción de conciencia” publicada recientemente por los obispos españoles, de especial actualidad, y les informamos sobre la Solemne Veneración extraordinaria al Cristo de los Favores que tendrá lugar el próximo 8 de abril.

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Evangelio en idiomas y en lengua de signos. Domingo XIII del Tiempo Ordinario, 26 de junio

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El Evangelio del domingo en español, inglés, francés, neerlandés, alemán y lengua de signos española. Domingo XIII del Tiempo Ordinario, 26 de junio de 2022.

Ciclo C

Evangelio en lengua de signos española

Evangelio según san Lucas 9, 51-62

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:

Gospel Lucas 9, 51-62

And it came to pass, when the time had come that He should be received up, He steadfastly set His face to go to Jerusalem, and He sent messengers before His face. And they went and entered into a village of the Samaritans to make ready for Him. But they did not receive Him, because His face was set as though He would go to Jerusalem. And when His disciples James and John saw this, they said, “Lord, wilt Thou that we command fire to come down from heaven and consume them, even as Elijah did?” But He turned and rebuked them and said, “Ye know not what manner of spirit ye are of. For the Son of Man is not come to destroy men’s lives, but to save them.” And they went to another village. And it came to pass that, as they went along the way, a certain man said unto Him, “Lord, I will follow Thee whithersoever Thou goest.” And Jesus said unto him, “Foxes have holes, and birds of the air have nests, but the Son of Man hath nowhere to lay His head.” And He said unto another, “Follow Me.” But he said, “Lord, suffer me first to go and bury my father.” Jesus said unto him, “Let the dead bury their dead, but go thou and preach the Kingdom of God.” And another also said, “Lord, I will follow Thee, but let me first go bid those farewell who are at home at my house.” And Jesus said unto him, “No man, having put his hand to the plow and looking back, is fit for the Kingdom of God.”

Évangile Lucas 9, 51-62

And it came to pass, when the time had come that He should be received up, He steadfastly set His face to go to Jerusalem, and He sent messengers before His face. And they went and entered into a village of the Samaritans to make ready for Him. But they did not receive Him, because His face was set as though He would go to Jerusalem. And when His disciples James and John saw this, they said, “Lord, wilt Thou that we command fire to come down from heaven and consume them, even as Elijah did?” But He turned and rebuked them and said, “Ye know not what manner of spirit ye are of. For the Son of Man is not come to destroy men’s lives, but to save them.” And they went to another village. And it came to pass that, as they went along the way, a certain man said unto Him, “Lord, I will follow Thee whithersoever Thou goest.” And Jesus said unto him, “Foxes have holes, and birds of the air have nests, but the Son of Man hath nowhere to lay His head.” And He said unto another, “Follow Me.” But he said, “Lord, suffer me first to go and bury my father.” Jesus said unto him, “Let the dead bury their dead, but go thou and preach the Kingdom of God.” And another also said, “Lord, I will follow Thee, but let me first go bid those farewell who are at home at my house.” And Jesus said unto him, “No man, having put his hand to the plow and looking back, is fit for the Kingdom of God.”

Evangelie Lucas 9, 51-62

Toen bijna de tijd gekomen was dat Jezus naar de hemel zou gaan, begon Hij in de richting van Jeruzalem te reizen. Hij stuurde boodschappers voor Zich uit om in een dorp in Samaria onderdak voor Hem te zoeken. Maar de mensen daar wilden Hem niet ontvangen, omdat Hij naar Jeruzalem reisde. Toen Jakobus en Johannes dat merkten, zeiden ze: «Heer, wilt U dat we net als de profeet Elia zeggen dat er vuur uit de hemel moet komen om hen te verbranden?» Maar Jezus draaide Zich naar hen om en zei: «Hoe kunnen jullie zoiets zeggen! De Mensenzoon is niet gekomen om mensen te doden, maar om mensen te redden.» En ze gingen naar een ander dorp. Terwijl ze onderweg waren, zei iemand tegen Jezus: «Ik zal U volgen, waar U ook heen gaat.» Jezus zei tegen hem: «Vossen hebben holen en vogels hebben nesten. Maar de Mensenzoon heeft geen plaats om te slapen.» Jezus zei tegen iemand anders: «Volg Mij.» Maar de man zei: «Mag ik dan wachten tot ik mijn vader heb begraven?» Maar Jezus zei: «Laten de doden hun doden maar begraven. Maar jij moet de mensen over het Koninkrijk van God gaan vertellen.» Weer iemand anders zei: «Ik zal U volgen, Heer, maar ik wil eerst afscheid nemen van mijn familie.» Maar Jezus zei tegen hem: «Mensen die bij het ploegen achterom kijken, zijn niet geschikt voor het Koninkrijk van God.»

Evangelium Lucas 9, 51-62

Als die Zeit näher kam, dass Jesus wieder zu Gott zurückkehren sollte, brach er fest entschlossen nach Jerusalem auf. Unterwegs schickte er Boten voraus. Diese kamen in ein Dorf in Samarien und wollten dort für eine Unterkunft sorgen. Aber weil Jesus auf dem Weg nach Jerusalem war, weigerten sich die Bewohner, ihn aufzunehmen. Als seine Jünger Jakobus und Johannes das hörten, sagten sie: »Herr, das brauchst du dir doch nicht gefallen zu lassen! Sollen wir befehlen, dass Feuer vom Himmel fällt und sie vernichtet, so wie es damals bei Elia war?« Jesus drehte sich zu ihnen um und wies sie scharf zurecht. Dann gingen sie in ein anderes Dorf. Während Jesus mit seinen Jüngern unterwegs war, wurde er von einem Mann angesprochen: »Ich will mit dir gehen, ganz gleich wohin.« Jesus antwortete ihm: »Die Füchse haben ihren Bau und die Vögel ihre Nester; aber der Menschensohn hat keinen Platz, an dem er sich ausruhen kann.« Einen anderen forderte Jesus auf: »Komm, folge mir nach!« Er erwiderte: »Ja, Herr, aber vorher lass mich noch nach Hause gehen und meinen Vater bestatten.« Da antwortete Jesus: »Überlass es den Toten, ihre Toten zu begraben. Du aber sollst dich auf den Weg machen und die Botschaft von Gottes Reich verkünden.« Wieder ein anderer sagte zu Jesus: »Ich will mit dir kommen, Herr. Erlaube mir aber, mich vorher noch von meiner Familie zu verabschieden.« Ihm antwortete Jesus: »Wer beim Pflügen nach hinten schaut, den kann Gott in seinem Reich nicht brauchen.«

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«Lo que os cuento no es fácil para mí. La fe me ayudó a vivir esos momentos»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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«Pasión desde Emaús es una oración teatralizada que viviremos el Viernes de Dolores»

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NoticiaPodcasts diocesanos

Publicado: 03/04/2022: 24

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El Viernes de Dolores, 8 de abril, la parroquia de Santa María de la Amargura, representará, a las 20.00 horas, una oración teatralizada titulada «Pasión desde Emaús», con la que invitan a todos los grupos de la parroquia a profundizar en la Semana Santa de la mano de los discípulos de Emaús. En este podcast explica el párroco, Salvador Gil, en qué consiste la experiencia que preparan.

 

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«Este pregón surge de una profunda historia de amistad con Jesús»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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“Tenéis el reto de difundir la doctrina de San Juan de Ávila”

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Celebrado en Montilla el encuentro anual de Seminaristas del Sur en torno a la figura del Doctor de la Iglesia

 

Más de ciento cincuenta seminaristas de los Seminarios del Sur se dieron cita el sábado 2 de abril en Montilla para celebrar una jornada en torno a San Juan de Ávila. Anualmente los seminaristas del sur tienen una reunión y este año, al cumplirse el décimo aniversario del nombramiento de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia, el lugar elegido ha sido Montilla.

La jornada empezó en la parroquia de Santiago, donde tuvo lugar la presentación y la explicación del templo. Posteriormente María Jesús Fernández Cordero ofreció la conferencia “Sobre el abajamiento que requiere la alteza del oficio sacerdotal en San Juan de Ávila”.

El encuentro continuó en la Basílica del Santo Maestro con exposición del Santísimo, puntos de oración y confesiones y la santa misa presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. El prelado durante su homilía destacó de la figura del Patrón del Clero Secular Español que “cuanto más se le conoce más se siente uno atraído por él, los que estamos aquí tenemos el reto de conocerlo y asimilarlo para poder ser difusores de su doctrina y de su enseñanza”. Monseñor Demetrio Fernández apuntó que “el sacerdote, que tiene su vida planteada en clave de santidad, es una pieza fundamental en el futuro de la nueva época a la que camina la humanidad”.

El Obispo recordó a los seminaristas que “nuestra época está necesitada, los jóvenes y los adultos, los niños y los ancianos, tienen hambre de Dios aunque no lo sepan y a vosotros se os confía la evangelización”. Uno se hace sacerdote para “ser santo y santificar a los demás y aunque os veáis muy pobres, el que os ha llamado sabe cómo sois” apuntó.

El Pastor de la Diócesis terminó su alocución pidiendo a los seminaristas “abre tu corazón de par en par a la misericordia de Dios que te va a hacer capaz para representar a Jesucristo en medio de su pueblo”. Además de recordándoles que tienen “la preciosa tarea de conocer y dar a conocer al Santo Maestro”.

Por la tarde, después de la comida, visitaron la parroquia de San Francisco Solano y la casa de San Juan de Ávila.















































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