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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

El de Guadix es uno de los obispos que van a predicar en una novena especial, pues se celebra un año jubilar en Montilla con motivo del 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila

El obispo de la diócesis de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, presidió el sábado 2 de mayo, en Montilla (Córdoba), la celebración del segundo día de la novena en honor a San Juan de Ávila, en la basílica dedicada al santo. La novena se está celebrando en el marco del año jubilar concedido con motivo del 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.

Durante la Eucaristía, el prelado centró su homilía en la figura del Maestro Ávila, recordando cómo tuvo lugar su ordenación sacerdotal, apoyándose en las crónicas de la época y en los testimonios recogidos en su proceso de canonización.

Asimismo, destacó la dimensión reformadora de San Juan de Ávila y su decisivo magisterio en favor de la renovación de la Iglesia, subrayando su compromiso con la restauración de la fe católica en un momento clave de la historia.

En esta segunda jornada de cultos han participado de manera especial la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Montilla, que se ha sumado a la celebración en este tiempo de gracia para la ciudad y para la Iglesia.

Durante estos días de novena, organizada de manera especial por el centenario, diferentes obispos van a predicar, así como los arzobispos de Sevilla y Granada.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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1º de mayo de 2026. El trabajo humano al servicio de la vida digna

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Con motivo del 1º de mayo, Festividad de San José Obrero y Día Internacional del trabajo, quiero dar gracias a Dios por todas las personas que, con su trabajo, construyen cada día un mundo más habitable. También por tantos trabajadores y trabajadoras anónimos, “santos de la puerta de al lado”, que viven con generosidad y sacrificio sus tareas de cada día. San José, carpintero de Nazaret, nos muestra que el trabajo escondido, hecho con amor, puede ser lugar de encuentro con Dios y de servicio a la humanidad.

Además, quiero también reconocer a tantos trabajadores y trabajadoras cristianos que dedican su vida a llevar el Evangelio al mundo del trabajo y que desarrollan, desde su fe y la Doctrina Social de la Iglesia, un compromiso cristiano codo con codo con otros trabajadores en las distintas organizaciones del movimiento obrero, que luchan por la dignidad del trabajo y por los derechos de las personas trabajadoras, especialmente aquellas que sufren mayor precariedad, como son las personas migrantes.

El trabajo humano, que es una dimensión fundamental para la vida personal, familiar y social, sigue en muchas ocasiones concibiéndose y organizándose desde criterios economicistas e individualistas que lo precarizan y lo deshumanizan.

Vivimos un cambio de época que está imponiendo un nuevo paradigma económico y tecnológico que rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad. Un nuevo paradigma que identifica erróneamente vivir sin limitaciones con “la libertad”. Por otro lado, con los avances en la inteligencia artificial y la neurotecnología, el control sobre el trabajo y la vida de las personas se está ampliando. Las personas están siendo reducidas a meros productos de consumo que generan beneficios jamás vistos. Todo ello sucede en un momento en el que la destrucción del planeta es más evidente que nunca y donde el autoritarismo, la guerra y el armamentismo están debilitando la democracia y los derechos de las personas y de los pueblos.

En este contexto, el mundo obrero y del trabajo está viviendo un intenso proceso de precarización: precariedad laboral en el acceso al empleo, marcado por la inestabilidad; precariedad en las condiciones de trabajo, con pérdida de control y de derechos; y precariedad vital y social, derivada del impacto del empleo precario en la vida cotidiana y familiar. El IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social nos advierte de una cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social. En nuestra comunidad autónoma, por ejemplo, el 23% de la población andaluza —casi dos millones de personas— vive en exclusión social, y el 10% lo hace en exclusión severa. Dicho estudio señala como ejes principales de la exclusión la vivienda y el empleo.

Ante esta realidad, desde nuestra fe y la Doctrina Social de la Iglesia, tenemos que afirmar que el trabajo es un don de Dios. El ser humano está llamado mediante el trabajo a participar en su obra creadora. “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara” (Gn. 2, 15). Por ello, trabajar es una dimensión constitutiva del ser humano que lo acerca a Dios. Un trabajo que solo es digno si es decente. “Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer” (CV 63).

Hoy día, como nos recordaba el Papa Francisco, “el gran tema es el trabajo”. Un trabajo que tiene que estar atravesado por el amor y la comunión. Y que tiene que incorporar la dimensión del cuidado de la persona que trabaja, de la naturaleza y de la sociedad. Solo así será un trabajo respetuoso con la dignidad de los trabajadores y podrá considerarse decente.

La Iglesia debe afrontar el reto de esta realidad del mundo obrero y del trabajo, del que forma parte la mayoría de la sociedad y de los miembros de la comunidad cristiana. Por ello, hemos de seguir impulsando la Pastoral del Trabajo como tarea de toda la Iglesia, que se haga presente en la vida parroquial, y al mismo tiempo, hemos de apoyar y alentar los Movimientos Apostólicos enviados por la Iglesia a este campo (Cfr., CEE: “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia”).

Para finalizar, quiero unirme a toda la comunidad cristiana para pedir a Jesucristo, el Divino Obrero de Nazaret, por intercesión de San José Obrero, que avancemos de manera real en el reconocimiento y la lucha por la plena dignidad de las personas del trabajo.

+ Jesús, Obispo de Córdoba

Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

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Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

El Seminario Metropolitano de Sevilla ha acogido este domingo 3 de mayo el Día de las Familias, una cita anual en la que el arzobispo de Sevilla comparte con los seminaristas y sus familiares, el equipo de formadores y la comunidad de teatinas presentes en el Seminario, una jornada de encuentro, compartir experiencias y vivencias.

La Jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía en la Capilla Mayor del Seminario presidida por monseñor Saiz Meneses, y concelebrada por el rector del Seminario, Andrés Ybarra, el vicerrector, Manuel Jiménez, entre otros sacerdotes vinculados con los seminaristas.

Al término de la misa, las madres de los diáconos seminaristas, que recibirán el orden sacerdotal el próximo mes de junio, fueron obsequiadas con un recuerdo como agradecimiento por haber entregado la vida de un hijo a la Iglesia.

«Una jornada de acción de gracias y de alegría serena»

«Detrás de cada vocación hay mucha oración escondida, mucho sacrificio silencioso, mucha fe vivida en casa y, no pocas veces, lágrimas ofrecidas al Señor», afirmó el arzobispo de Sevilla en su homilía. 

El arzobispo ha continuado explicando que el sacerdote es un hombre tomado por Dios para vivir de Dios y para dar a Dios a los hombres y es precisamente en el Seminario donde ha de aprender que la raíz de toda fecundidad apostólica está en la oración y el ministerio de la palabra. El Seminario sólo es el lugar para preparar académicamente a los seminaristas o entrenarlos pastoralmente, «es una casa donde el Señor va modelando el corazón del futuro pastor», ha apuntado. 

Monseñor Saiz Meneses ha agradecido a los formadores de nuestro Seminario por la tarea que llevan a cabo «tan importante como delicada» y a las familias por sembrar la fe en el hogar. «Gracias por haber enseñado a rezar, por haber acompañado con respeto, discreción y amor el camino vocacional de vuestros hijos, hermanos o nietos», continuaba el arzobispo. «No siempre habrá sido, pero habéis sostenido una historia que no es sólo vuestra: es una historia de Dios».

Por último, se ha dirigido a los seminaristas a los que ha apelado a amar al Seminario, reconociéndolo como una gracia: «Vivid con seriedad la formación humana y sed hombres de verdad, de palabra limpia, de corazón casto, de afectividad ordenada, de trato noble, de caridad fraterna», viviendo con profundidad esta etapa de formación espiritual. 

Tras la Eucaristía, la Eucaristía, la jornada continuó con un ágape fraterno donde el prelado hispalense dialogó con los seminaristas y sus familiares.

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Diana Navarro peregrina al Santuario de la Virgen de la Cabeza en una jornada de fe y convivencia con la comunidad trinitaria

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La cantante malagueña, Diana Navarro ha peregrinado este primero de mayo al Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar, donde ha vivido una intensa jornada de oración, convivencia y encuentro con la comunidad de Padres Trinitarios.

Muy vinculada al Santuario, la artista quiso detenerse ante la imagen de la patrona de la Diócesis de Jaén para rezar y poner bajo su intercesión a sus seres queridos, en un gesto de profunda devoción.

Tras este momento de recogimiento, Diana Navarro compartió el resto del día con la comunidad trinitaria y con los voluntarios que colaboran en el Santuario, participando en la vida cotidiana del enclave y mostrando una actitud cercana y sencilla.

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Carta pastoral para el mes de mayo: “María, madre de la alegría pascual”

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Queridos fieles diocesanos:

Al adentrarnos en el florido mes de mayo, mes que la piedad cristiana ha consagrado de manera singular a la Santísima Virgen María, nuestro corazón se vuelve con especial cariño hacia Aquella que, llena de gracia (cf. Lc 1,28), fue elegida por Dios para ser Madre de su Hijo y Madre nuestra. María se nos presenta en este tiempo como estrella que guía a la Iglesia en su peregrinar terreno y como modelo acabado de toda vida cristiana, pues en Ella contemplamos la criatura plenamente abierta a la voluntad divina.

No deja de ser profundamente significativo que el mes consagrado a nuestra Madre del cielo se inaugure con el día de la Madre, donde recordamos yhonramos a aquellas mujeres a quienes, después de Dios, debemos el don inmenso de la vida. Una buena ocasión para elevar una oración por nuestras madres, por aquellas que con generosidad nos llevaron en su seno, nos dieron a luz para este mundo y, con sacrificio, muchas veces humilde y escondido, velaron por nuestros primeros pasos, nuestras necesidades y nuestra educación humana y cristiana.

Mayo llega a nuestras tierras con el esplendor de la primavera, con los campos engalanados, con el perfume de las flores y con el despertar jubiloso de tantos pueblos y aldeas que, movidos por una fe arraigada y heredada de sus mayores, salen al encuentro de la Virgen en romerías, procesiones y peregrinaciones. Toda nuestra geografía diocesana se convierte en estos días en un mapa de fervor mariano, donde caminos, veredas y santuarios se llenan de plegarias, cantos, promesas, lágrimas de gratitud y súplicas confiadas.

Estas manifestaciones de piedad popular constituyen un verdadero tesoro espiritual para la Iglesia. «En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menos preciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo» (Evangelii gaudium 126).No son meras expresiones folclóricas ni tradiciones o costumbres vacías. Cuando brotan de una fe sincera, son escuela de evangelización, catequesis transmitida de generación en generación y confesión pública de que María sigue caminando con su pueblo, como signo de consuelo y de firme esperanza.Así lo canta el Prefacio IV de la Virgen: «Ella, como humilde sierva, escuchó tu palabra y la conservó en su corazón; admirablemente unida al misterio de la redención, perseveró con los apóstoles en la plegaria, mientras esperaban al Espíritu Santo, y ahora brilla en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza».

Ya enseñaba san Ambrosio que «María es figura de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo». En ella contemplamos anticipadamente lo que la Iglesia está llamada a ser en su plenitud: mujer fiel en la integridad de la fe, madre fecunda por la acción del Espíritu, esposa sin mancha unida inseparablemente a su Señor. María no es solamente miembro eminente de la Iglesia, sino su imagen más pura y acabada, el espejo donde el pueblo cristiano aprende a reconocerse y a comprender su propia vocación.

Por eso, donde está la Madre, allí aprende el pueblo a vivir como discípulo. Allí donde María es verdaderamente amada, florecen la oración confiada, la fidelidad sacramental, el amor a la Iglesia y la perseverancia en la esperanza. La religiosidad popular, cuando está bien fundamentada y orientada, es una expresión viva de la fe del pueblo santo de Dios, lugar donde la gracia sigue fecundando la historia cotidiana de los sencillos. En esas manifestaciones, humildes y sinceras, late una fe auténtica que, aunque a veces necesite purificación y formación, constituye un terreno fecundo donde el Señor sigue obrando maravillas.

Las romerías, tan arraigadas en nuestra tierra, nos recuerdan que la vida cristiana es peregrinación. «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura» (Hb 13,14). Nuestra existencia entera es camino hacia la patria definitiva, hacia la Jerusalén celestial.Y en ese camino no peregrinamos solos. La Madre del Señor nos acompaña como acompañó a los discípulos en la espera de Pentecostés, perseverando con ellos en la oración (cf. Hch 1,14). Toda romería cristiana debe ser reflejo de esa peregrinación interior del alma hacia Dios, signo visible de un caminar invisible, pero más profundo: el del corazón que busca al Señor, que desea convertirse y que anhela llegar un día a la plenitud de la vida eterna.

Os invito, por ello, queridos romeros y peregrinos, a vivir nuestras romerías con sentido verdaderamente cristiano. Donde no falte la comunión, la gratitudy alegría que brota del Resucitado. Donde no se diluya lo verdaderamente esencial entre lo accesorio. Donde el fervor de la devoción no quede reducido a la emoción de un día ni a la tradición o costumbre social. Todo cuanto rodea externamente nuestras celebraciones ha de estar al servicio del encuentro con Dios, y no al contrario; pues cuando lo secundario ocupa el lugar de lo principal, la devoción pierde su alma y la tradición se vacía de su esencia.

No basta sólo con recorrer kilómetros tras una imagen bendita; es preciso que también el alma se mueva, que el corazón se ablande, que la conciencia se examine, en definitiva, que la vida se convierta.De poco sirve caminar con los pies si el corazón no avanza hacia Dios.

María siempre conduce a Cristo;ésta es la prueba de toda devoción mariana auténtica.Ella pronunció en Caná de Galilea las palabras que siguen siendo un programa para todo discípulo: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). La Virgen no se anuncia a sí misma, señala siempre al Hijo; no retiene para sí el amor de los fieles, sino que lo orienta hacia Jesucristo. Allí donde María es amada de verdad, Cristo es mejor conocido, más profundamente amado y más fielmente seguido.

Vivamos y anunciemos con renovado ardor la alegríapascual. Caminemos de la mano de María de Nazaret, mujer humilde, piadosa y trabajadora, olvidada de sí misma para entregarse a los demás, siempre disponible en el servicio y dócil a la voluntad divina, aun cuando los designios de Dios sobrepasaban su entendimiento. Que estas virtudes marianas sean las mejores flores que podamos ofrecer durante este mes consagrado a nuestra Madre del cielo. ¡Venid y vamos todos con flores a María!

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Jaén, a 1 de mayo de 2026
Fiesta de San José Obrero

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Encuentro de las pastorales gitanas de Granada y Guadix para celebrar al beato Ceferino, «el Pelé»

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Encuentro de las pastorales gitanas de Granada y Guadix para celebrar al beato Ceferino, «el Pelé»

Las pastorales gitanas de la archidiócesis de Granada y de la diócesis de Guadix se unieron el pasado 1 de mayo de 2026 para conmemorar la festividad del Beato Ceferino, cuya fecha litúrgica oficial es el próximo 4 de mayo. El encuentro tuvo lugar en la histórica Abadía del Sacromonte, en Granada, y congregaron a cerca de 70 personas en una jornada marcada por la oración y la convivencia.

El programa tuvo como momento más importante la solemne celebración de la Eucaristía, que estuvo presidida por el director del secretariado de Pastoral Gitana de la diócesis de Guadix, el sacerdote Juan Diego Tapia, que también es consiliario de la Pastoral Gitana en la archidiócesis de Granada. Concelebró el abad del Sacromonte, Antonio Fernández. Después, hubo una paella compartida y un tiempo de convivencia. Terminó la tarde con una fiesta en las tradicionales cuevas del Sacromonte. En esta cita de hermandad, el secretariado de Pastoral Gitana de la diócesis de Guadix contó con una participación de 19 personas.

El 4 de mayo es la fiesta litúrgica del beato Ceferino Giménez Maya, conocido como El Pelé, que ha sido el primer beato gitano, martirizado en la persecución religiosa que hubo en la Guerra Civil. El 4 de mayo conmemora el día de su beatificación, en 1997, por el papa San Juan Pablo II, pero el martirio tuvo lugar el 9 de agosto de 1936. Posteriormente, hubo otra beatificación de una mártir gitana, Emilia Fernández, la Canastera, que era de Tíjola, en Almería, y que fue beatificada por el papa Francisco en 2017. También fue martirizada en la persecución religiosa entre los años 1931 y 1939. Las imágenes de estos dos beatos gitanos presidieron la celebración.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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V Domingo de Pascua. Ciclo A. 3 de mayo de 2026

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V Domingo de Pascua. Ciclo A. 3 de mayo de 2026

Todos queremos saber quién es Jesús, dónde está y quién está a su lado. Este relato de Juan nos ayuda a comprender la figura de Jesús, la cual no se entiende sin el Padre; y su misión es la de dárnoslo a conocer a través de sí mismo.

La meta de Jesús es el Padre, unirse a él para siempre. Y ese ha de ser también el deseo más grande de todo creyente, pero no lo alcanzaremos sin Jesucristo.

Por eso, para llegar a Dios tenemos que pasar por Jesús, siendo él el camino para descubrir, conocer y llegar a Dios, y no hay otro camino. 

No tener un camino es no tener vida. Y cuando no tenemos vida vemos pasar los días y los acontecimientos, es decir, “vamos tirando de la vida”, sin ilusión, sin fututo, sin rumbo.

Vivimos muchas veces en una mentira de lo que queremos ser, pero sin ser en verdad nada. Y es que sin Dios vivimos de sueños, pero no el presente. 

Sólo Jesús es el camino que nos lleva a una verdadera meta, el Padre, que nos lo hace entender todo con una mirada nueva y que nos hace vivir la vida apasionadamente y en plenitud. 

DESARROLLO

Este relato del evangelio de Juan corresponde a una parte del llamado “discurso de despedida” de Jesús, en el que éste anuncia su partida al Padre, desarrollando la relación que hay entre ambos. Los discípulos expresan su temor a quedarse solos y muestran un sentimiento de orfandad. Para lo cual el Señor les pide que tengan fe en él, porque cuando llegue a su destino final los esperará, se producirá el reencuentro definitivo.

A partir de esas palabras de Jesús, da comienzo un diálogo a modo de preguntas, por parte de los discípulos, y respuestas, por parte del Señor. ¿A dónde va Jesús? No es un lugar, sino que su meta es el Padre, al cual nos presenta como su familia y nuestra familia, siendo él el nexo de unión entre el Padre y nosotros. ¿Cómo llegar al Padre? Solo hay un camino, y es el mismo Jesús. Y aquí la mayoría nos perdemos a la hora de hacer el camino, porque el problema no es desorientarse, cansarse, perderse… en el caminar, sino que el problema es no tener un camino en la vida. Porque el camino que tenemos que recorrer los que tenemos fe se llama Jesús, él es el camino que tenemos que andar para llegar a Dios, a ese Dios que queremos sentir cerca y que, desde nuestro deseo más profundo, queremos ver. Y para verlo, también es Cristo esa luz, porque, siendo el Padre y el Hijo una misma realidad, para conocer y ver a Dios no hay otra iluminación que no sea el mismo Jesucristo, que nos lo revela en su propia persona.

Pero Jesús se autodefine también como la vida. Todos queremos vivir, y vivir más y mejor: nadie en su sano juicio quiere morirse. A veces tenemos la sensación de que no vivimos porque los demás no nos dejan vivir. Queremos una vida feliz, y pensamos que cuanto más tenemos, más felices seremos. Y esa es una mentira que viene a descubrirnos Jesús. Sin Dios no seremos felices, pues mientras alguien no le dé sentido a tu vida, sentirás el vacío y la rutina de caminar por un camino que no te lleva a ninguna parte, un camino circular, que consiste en dar vueltas alrededor de ti mismo, cerrado y centrado en ti mismo. Tomar por camino a Jesús es cambiar de vida, pretender la profundidad y la radicalidad en nuestras decisiones, y ambas son la propuesta del Evangelio. 

Ser cristiano es ante todo creer en Jesús, habiendo tenido la suerte de encontrarlo en nuestra vida, porque es el encuentro con él lo decisivo para luego poder vivir el Evangelio. Cuando tienes esa experiencia de encuentro personal con Cristo vas descubriendo que él es la alegría, la fuerza, la luz, la vida… Y no porque te lo han contado, sino porque tú lo has experimentado, y solo así diremos: “Ciertamente, Jesús es el camino, la verdad y la vida”.

Emilio José Fernández, sacerdote

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Pilas celebra el 375º aniversario de la ‘Antigua Estampa’ de su Simpecado

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Pilas celebra el 375º aniversario de la ‘Antigua Estampa’ de su Simpecado

Numerosos fieles y devotos de la Hermandad del Rocío de Pilas se han dado cita la mañana de este sábado 2 de mayo, congregados en torno a su Simpecado, para conmemorar los 375 años de la imagen más antigua de la Virgen del Rocío de esta localidad sevillana.

Tras ser trasladado desde la iglesia colegial del Divino Salvador, el Simpecado del Rocío de Pilas ha sido entronizado en el altar del trascoro de la Catedral de Sevilla para la celebración de la Eucaristía con motivo de esta efemérides. La celebración, en la que ha estado presente la ‘Antigua Estampa’ de la Virgen del Rocío original, ha sido presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses y concelebrada por los sacerdotes Manuel Ávalos, vicario episcopal para la zona Sur, y Francisco Javier Criado, párroco de Santa María la Mayor, de Pilas.

La Eucaristía ha estado acompañada musicalmente por la Sociedad Filarmónica de Pilas y el coro de la Hermandad del Rocío de Pilas, quienes han entonado la salve de la hermandad al concluir la celebración. Asimismo, la banda ha estrenado el poema sinfónico ‘𝑳𝒖𝒛 𝒆𝒏 𝒎𝒊 𝑪𝒂𝒎𝒊𝒏𝒐’, obra de Enrique Monsalves y dedicado al Simpecado de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Pilas.

 

«Al venerar a la Virgen del Rocío se renueva el compromiso cristiano»

El arzobispo en su homilía ha recordado a los presentes que la tradición rociera «es memoria creyente, huella de una fe recibida y testimonio de que otros antes que nosotros amaron a la Virgen, la invocaron y transmitieron esa devoción como un tesoro». Asimismo, aseguró que estas expresiones de piedad popular no son despreciadas por la Iglesia, sino que son valoradas cuando éstas conducen a Cristo y acercan a los sacramentos y la comunión de la Iglesia.

Monseñor Saiz Meneses ha subrayado el marcado sentido pastoral de esta celebración, ya que al venerar a la Virgen del Rocío, al honrar la estampa de 375 años de historia, se renueva el compromiso cristiano. «Hay que conservar viva la fe, vivir las tradiciones desde dentro, con verdad, con caridad, con formación cristiana seria, con amor a la Iglesia y con fidelidad al Evangelio». «Vuestra devoción rociera será fecunda si está unida a la vida sacramental y a la misión evangelizadora», ha explicado don José Ángel a los rocieros congregados en la Catedral, a los que ha pedido que al mirar la Antigua Estampa «recordemos de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde caminamos», pues «venimos de una historia de fe, somos hijos de la Iglesia y caminamos hacia Cristo».

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‘Mes de mayo, mes de María’, carta dominical del arzobispo de Sevilla para el 3 de mayo

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‘Mes de mayo, mes de María’, carta dominical del arzobispo de Sevilla para el 3 de mayo

Monseñor José Ángel Saiz Meneses dedica su carta dominical del 3 de mayo a la Virgen María, modelo de discípula y ejemplo para todas las madres que, precisamente este domingo, celebran su día.

Al respecto, el arzobispo de Sevilla recuerda que «la maternidad es un tesoro que nos señala la belleza de la vida y desde donde Dios nos habla, en lo más profundo de nuestra experiencia original, donde brota toda dignidad humana». En esta línea, don José Ángel insta a «cuidar de nuestras madres» y a estar atentos en los ambientes parroquiales para organizar iniciativas de encuentros que combatan la soledad en la que viven nuestros mayores, la mayoría mujeres.

En su carta, además, se centra en la figura de la Virgen María, destacando su ternura y exhortando a tener gestos de cariño hacia nuestra Madre.

Más adelante, el arzobispo hace una reflexión sobre el viaje del papa León XIV por África y lo que ha supuesto para «esta Iglesia joven y alegre en medio de las dificultades».

Puede leer la carta completa aquí.

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